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Lo que creemos: I Parte (1-165) - Youcat el Catecismo joven de la Iglesia Católica

Páginas relacionadas 

creer con la Iglesia


¿Por qué podemos creer? 2

El hombre es "capaz" de Dios 3-6

Dios nos sale al encuentro 7-19

Los hombres responden a Dios 20-25

La profesión de fe cristiana 26-29

Creo en Dios Padre 30-70

Creo en Jesucristo 71-112

Creo en el Espíritu Santo 113-120

Creo en la Santa Iglesia católica 121-145

Creo en la comunión de los santos 146-149

Creo en el perdón de los pecados 150-151

Creo en la resurrección de los muertos 152-155

Creo en la vida eterna 156-165

 

 


1. ¿Para qué estamos en la tierra?
Estamos en la tierra para conocer y amar a Dios,
para hacer el bien según su voluntad y para ir un
día al cielo.
[1-3, 358]
Ser hombre quiere decir: venir de Dios e ir hacia Dios.
Tenemos un origen más remoto que nuestros padres.
Venimos de Dios, en quien reside toda la felicidad del Cielo y de la Tierra, y somos esperados en su bienaventuranza eterna e ilimitada. Mientras tanto vivimos en la tierra. A veces experimentamos la cercanía de nuestro Creador, con frecuencia no experimentamos nada en absoluto. Para que podamos encontrar el camino a casa, Dios nos ha enviado a su Hijo, que nos ha liberado del pecado, nos ha salvado de todo mal y nos conduce infaliblemente a la verdadera vida.
Él es "el camino y la verdad y la vida" (Jn 14,6). 285



Primera sección: ¿Por qué podemos creer?


2. ¿Por qué nos creó Dios?
Dios nos creó por un amor libre y
desinteresado. [1-3]
Cuando un hombre ama, su corazón se desborda.
Le gustaría compartir su alegría con los demás.
Esto le viene de su Creador. Aunque Dios es un
misterio, podemos sin embargo pensar en él al
modo humano y afirmar: nos ha creado a partir
de un "desbordamiento" de su amor. Quería
compartir su alegría infinita con nosotros, que
somos criaturas de su amor.



Capítulo I: El hombre es "capaz" de Dios


3. ¿Por qué buscamos a Dios?
Dios ha puesto en nuestro corazón el deseo de buscarle y encontrarle. San Agustín dice: "Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti". Este deseo y búsqueda de Dios lo denominamos  RELIGIÓN. [27­30]
Para el ser humano es natural buscar a Dios. Todo su afán por la verdad y la felicidad es en definitiva una búsqueda de aquello que lo sostiene absolutamente, lo satisface absolutamente y lo reclama absolutamente. El hombre sólo es plenamente él mismo cuando ha encontrado a Dios. "Quien busca la verdad busca a Dios, sea o no consciente de ello" (santa Edith Stein). 05, 281-285

Capítulo I: El hombres es "capaz" de Dios
4. ¿Podemos conocer la existencia de Dios mediante la razón?
Sí. La razón humana puede conocer a Dios
con certeza. [31-36, 44-47]
El mundo no puede tener su origen y su meta en sí mismo. En todo lo que existe hay más de lo que se ve. El orden, la belleza y la evolución del mundo señalan más allá de sí mismas, en
dirección a Dios. Todo hombre está abierto a la
Verdad, al Bien y a la Belleza. Oye dentro de sí la voz de la conciencia, que le impulsa hacia el Bien y le alerta ante el Mal. Quien sigue esta pista razonablemente encuentra a Dios.


Capítulo I: El hombres es "capaz" de Dios

5¿Por qué entonces los hombres niegan a Dios, si
pueden conocerlo mediante la razón?
Conocer al Dios invisible es un gran reto
para el espíritu humano. Muchos se
acobardan ante él. Otros no quieren
conocer a Dios, porque ello supondría tener
que cambiar su vida. Quien dice que la
pregunta acerca de Dios carece de sentido,
porque no se puede resolver, se lo pone
demasiado fácil. [37­38] 357


Capítulo I: El hombre es "capaz" de Dios
6. ¿Se puede acaso captar a Dios mediante conceptos?
¿Podemos hablar con sentido acerca de él?
Aunque los hombres somos limitados y la
grandeza infinita de Dios nunca cabe en los
conceptos humanos finitos, sin embargo,
podemos hablar acertadamente de Dios [39-43, 48]
Para decir algo acerca de Dios utilizamos imágenes imperfectas y representaciones limitadas. Cada palabra sobre Dios está por tanto bajo la reserva de que nuestro lenguaje no está a la altura de la grandeza de Dios. Por eso debemos purificar y perfeccionar una y otra vez nuestra manera de hablar de Dios.

 
Capítulo II: Dios nos sale al encuentro


7. ¿Por qué tuvo Dios que mostrarse para que sepamos cómo
es?
El hombre, mediante la razón, puede conocer que
existe Dios, pero no cómo es Dios realmente. Pero
como Dios quería ser conocido, se ha revelado a sí
mismo. [50-53, 68-69]
Dios no estaba obligado a revelarse a los hombres. Lo ha
hecho por amor. Como en el amor humano podemos saber algo de la persona amada sólo cuando nos abre su corazón, del mismo modo sólo sabemos algo de los más íntimos pensamientos de Dios porque el Dios eterno y misterioso se ha abierto por amor a nosotros. Desde la creación, pasando por los patriarcas y profetas hasta la
REVELACIÓN definitiva en su Hijo Jesucristo, Dios

Capítulo II: Dios nos sale al encuentro

8. ¿Cómo se revela Dios en el Antiguo Testamento?
En el ANTIGUO TESTAMENTO Dios se revela como el Dios que ha hecho el mundo por amor y que es fiel al hombre incluso cuando éste se separa de él por el pecado. [54-64,70-72]

Dios se da a conocer en la historia:
Sella con Noé una Alianza para salvar a todos los seres vivos.
Llama a Abraham para hacer de él "padre de muchedumbre de pueblos" (Gén 17,5b) y bendecir en él a "todas las familias de la tierra" (Gén 12,3b).
El pueblo de Israel, nacido de Abraham, será su propiedad personal.
Dios se da a conocer a Moisés por su nombre. Su nombre misterioso [YAHVÉ] significa "Yo soy" (Éx 3,14).
Libera a Israel de la esclavitud en Egipto, sella una alianza en el Sinaí y por medio de Moisés da a su pueblo la ley.
Una y otra vez envía Dios profetas a su pueblo, para llamarlo a la conversión y a la renovación de la Alianza.
Los profetas anuncian que Dios establecerá una Alianza nueva y eterna, que realizará una renovación radical y la redención definitiva.
Esta Alianza estará abierta a todos los hombres



Capítulo II: Dios nos sale al encuentro
9. ¿Qué nos muestra Dios de sí cuando nos envía a
su Hijo?
En Jesucristo Dios nos muestra toda la
profundidad de su amor misericordioso.
[65?66,73]
Por medio de Jesucristo el Dios invisible se hace
visible. Se hace hombre como nosotros. Esto nos
enseña hasta dónde alcanza el amor de Dios.
Lleva toda nuestra carga. Anda todos los caminos con nosotros. Está en nuestro abandono, nuestro dolor, nuestro miedo ante la muerte. Está allí donde no podemos avanzar más, para abrirnos la puerta hacia la Vida. ?314

Capítulo II: Dios nos sale al encuentro
10. ¿Está dicho todo con Jesucristo o continúa todavía después de él la revelación?
En Jesucristo Dios mismo ha venido al mundo. Él es la última Palabra de Dios. Oyéndole a él los hombres de todos los tiempos pueden saber quién es Dios y lo que es necesario para su salvación. [66­67]
Con el Evangelio de Jesucristo la REVELACIÓN de Dios está
concluida y completa. Para que la comprendamos, el Espíritu Santo nos introduce cada vez más profundamente en la verdad. En la vida de algunas personas entra la luz de Dios de un modo tan fuerte que ven "los cielos abiertos" (Hch 7,56). Así han surgido los grandes lugares de peregrinación como Guadalupe en México y Lourdes en Francia. Las "revelaciones privadas" de los videntes no pueden mejorar el Evangelio de Cristo. Pero nos pueden ayudar a comprenderlo mejor. Estas revelaciones no son vinculantes para todos. Su veracidad es comprobada por la Iglesia.

Capítulo II: Dios nos sale al encuentro

11. ¿Por qué transmitimos la fe?
Transmitimos la fe porque Jesús nos encarga: "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos" (Mt 28,19). [91]
Ningún cristiano auténtico deja la transmisión de la fe sólo en manos de los especialistas (maestros, sacerdotes, misioneros). Uno es cristiano para los demás. Esto quiere decir que todo cristiano auténtico desea que Dios llegue también a los demás. Se dice: "¡El Señor me necesita! Estoy bautizado, confirmado y soy responsable de que las personas de mi entorno tengan noticia de Dios y 'lleguen al conocimiento de la verdad'" (1 Tim 2,4b). La Madre Teresa empleaba una buena comparación: "A menudo puedes ver cables que cruzan las calles. Antes de que la corriente fluya por ellos no hay luz. El cable somos tú y yo. ¡La corriente es Dios! Tenemos el poder de dejar pasar la corriente a través de nosotros y de este modo generar la luz del mundo -JESÚS- o de negarnos a ser utilizados y de este modo permitir que se extienda la oscuridad". 123




Capítulo II: Dios nos sale al encuentro
12. ¿Cómo sabemos qué es lo que pertenece a la verdadera fe?
La verdadera fe la encontramos en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva de la IGLESIA. [76,80-82,85-87,97,100]
El NUEVO TESTAMENTO ha surgido de la fe de la Iglesia. Escritura y Tradición van unidas. La transmisión de la fe no se da en primer lugar a través de textos. En la Iglesia antigua se decía que la Sagrada Escritura estaba escrita "más en el corazón de la Iglesia que sobre pergamino". Ya los discípulos y los 0 APÓSTOLES experimentaron la nueva vida ante todo a través de la comunión de vida con Jesús. A esta comunión, que se continuó de un modo diferente tras la Resurrección, invitaba la Iglesia naciente a los hombres. Los primeros cristianos "perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones" (Hch 2,42). Estaban unidos entre síy sin embargo tenían espacio para otros. Esto es lo que constituye la fe hasta hoy: los cristianos invitan a otros hombres a conocer una comunión con Dios, que desde los tiempos de los apóstoles se ha mantenido inalterada en la Iglesia católica.

Capítulo II: Dios nos sale al encuentro

13. ¿Se puede equivocar la Iglesia en cuestiones de fe?
La totalidad de los fieles no puede equivocarse en la fe, porque Jesús prometió a sus discípulos que les enviaría el Espíritu de la verdad, que los sostendría en la verdad (Jn 14,17). [80-82,85-87,92,100]
Así como los discípulos creyeron de corazón en Jesús, un cristiano cuando pregunta por el camino de la vida puede fiarse completamente de la IGLESIA. Dado que Jesús mismo encargó a sus APÓSTOLES el ministerio
de la enseñanza, la Iglesia tiene un MAGISTERIO y no puede callar.
Ciertamente miembros aislados de la Iglesia pueden equivocarse e incluso cometer faltas graves, pero en su conjunto la Iglesia no puede desviarse de la verdad de Dios. La Iglesia es portadora a través de los tiempos de una verdad viva que es mayor que ella misma. Se habla del depositum fidei, del depósito de la fe que hay que custodiar. Si esa verdad es negada o deformada públicamente, la Iglesia debe hacer resplandecer de nuevo "lo que se ha creído en todas partes, siempre y por todos" (san Vicente de Lérins, + 450).




Capítulo II: Dios nos sale al encuentro

14. ¿Es verdadera la Sagrada Escritura?
"Los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad, porque escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor" (Concilio Vaticano II, DV 11). [103?107]
Ni la BIBLIA cayó ya acabada del cielo ni fue dictada a unos escribas autómatas. Más bien Dios "se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería" (Concilio Vaticano II, DV 11). Para que determinados textos fueran reconocidos como Sagrada Escritura se requería además la aceptación universal en la 0 IGLESIA. En las comunidades debía existir el consenso: "Sí, Dios nos habla a través de estos textos; esto está inspirado por el Espíritu Santo". Desde el siglo IV está establecido en el 0
CANON DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS cuáles de los muchos textos cristianos primitivos están inspirados realmente por el Espíritu Santo.


I (1­165), II (166­278), III (279­468), IV (469­527)

Capítulo II: Dios nos sale al encuentro
15. ¿ Cómo puede ser "verdad" la Sagrada Escritura,
si no todo lo que contiene es correcto?
La 0 BIBLIA no pretende transmitirnos
precisión histórica ni conocimientos de
ciencias naturales. Los autores eran además hijos de su tiempo. Compartían las
representaciones culturales de su entorno y en ocasiones estaban anclados en sus
limitaciones. Pero todo lo que el hombre
debe saber acerca de Dios y del camino de
la salvación se encuentra con certeza
infalible en la Sagrada Escritura.
[106?107,109]

Capítulo II: Dios nos sale al encuentro
16. ¿Cómo se lee correctamente la Biblia?
La Sagrada Escritura se lee correctamente en actitud
orante, es decir, con la ayuda del Espíritu Santo, bajo
cuya influencia se ha formado. Es la Palabra de Dios
y contiene la comunicación decisiva de Dios para
nosotros. [109­119,137]
La BIBLIA es como una larga carta de Dios a cada uno de
nosotros. Por eso debo acoger las Sagradas Escrituras con
gran amor y con reverencia. En primer lugar se trata de leer
realmente la carta de Dios, es decir, no de esco-ger detalles y
dejar de lado el conjunto. El conjunto debo interpretarlo
desde su corazón y misterio: Jesucristo, de quien habla toda
la Biblia, también el 0 ANTIGUO TESTAMENTO. Por tanto
debo leer las Sagradas Escrituras en la misma fe viva de la
Iglesia, de la cual han nacido. 0 491
1


Capítulo II: Dios nos sale al encuentro

17. ¿Qué importancia tiene el Antiguo Testamento para los cristianos?
En el ANTIGUO TESTAMENTO Dios se muestra como Creador y
como quien conserva el mundo y es guía y educador de los hombres. También los libros del Antiguo Testamento son Palabra de Dios y Sagrada Escritura. Sin el Antiguo Testamento no se puede comprender a Jesús. [121?123, 128?130, 140]
En el ANTIGUO TESTAMENTO comienza la gran historia del aprendizaje de la fe, que da un giro decisivo en el 0 NUEVO TESTAMENTO y que llegará a su meta con el fin del mundo y el retorno de Cristo. Y en esto el Antiguo Testamento es mucho más que un mero preludio del Nuevo. Los mandamientos y las profecías del pueblo de la antigua alianza y las promesas que se contienen en ellas para todos los hombres, no han sido revocados. En los libros de la antigua alianza se encuentra un tesoro insustituible de oración y de sabiduría; especialmente los salmos pertenecen a la oración cotidiana de la Iglesia.




Capítulo II: Dios nos sale al encuentro
18. ¿Qué importancia tiene el Nuevo Testamento para los cristianos?
En el NUEVO TESTAMENTO se completa la REVELACIÓN de Dios.
Los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan son el corazón de la Sagrada Escritura y el tesoro más preciado de la Iglesia. En ellos se muestra el Hijo de Dios tal como es y nos sale al encuentro.
En los Hechos de los Apóstoles aprendemos acerca de los inicios de la Iglesia y de la acción del Espíritu Santo.
En las cartas apostólicas se pone la vida de los hombres en todos sus aspectos ante la luz de Cristo.
En el Apocalipsis vemos anticipadamente el fin de los tiempos. [124­127,128-130,140]
Jesús es todo lo que Dios nos quiere decir. Todo el 0 ANTIGUO TESTAMENTO
prepara la Encarnación del Hijo de Dios. Todas las promesas de Dios encuentran su cumplimiento en Jesús. Ser cristiano quiere decir unirse cada vez más profundamente con la vida de Cristo. Para ello hay que leer y vivir los evangelios. Madeleine Delbrêl dice: "A través de su Palabra Dios nos dice quién es y lo que quiere; nos lo dice de manera definitiva y para cada día. Cuando tenemos en las manos el Evangelio deberíamos considerar que allí habita la Palabra que quiere hacerse carne en nosotros, apoderarse de nosotros para que comencemos de nuevo su vida en un lugar nuevo, en un tiempo nuevo, en un nuevo entorno humano".

Capítulo II: Dios nos sale al encuentro

19. ¿Qué función tiene la Sagrada Escritura en la
Iglesia?
La IGLESIA saca su vida y su fuerza de la
Sagrada Escritura. [103-104, 131-133, 141]
Con la excepción de la presencia de Cristo en la
sagrada EUCARISTÍA, no hay nada que la
IGLESIA venere más reverentemente que la
presencia de Cristo en la Sagrada Escritura. En la Santa Misa acogemos en pie el Evangelio, porque en las palabras humanas que escuchamos es Dios mismo quien nos habla. 128



Capítulo III: Los hombres responden a Dios


20 ¿Cómo podemos responder a Dios cuando él se dirige a nosotros?
Responder a Dios es creer en él. [142-149]
Quien quiera creer necesita "un corazón atento" (1 Re 3,9). Dios busca de muchas maneras establecer contacto con nosotros. En cada encuentro humano, en cada experiencia conmovedora en la naturaleza, en cada aparente casualidad, en cada reto, en cada dolor, está escondido un mensaje de Dios para nosotros. De manera más clara aún nos habla cuando se dirige a nosotros en su palabra o en la voz de la conciencia.
Nos habla como a amigos. Por ello debemos responderle también como amigos y creer en él, creer totalmente en él, aprender a comprenderle cada vez mejor ya aceptar sin reservas su voluntad.


Capítulo III: Los hombres responden a Dios
21. ¿Qué es la fe?
La fe es saber y confiar. Tiene siete rasgos:
?? La fe es un puro don de Dios, que recibimos, si lo pedimos ardientemente.
?? La fe es la fuerza sobrenatural que nos es necesaria para obtener la salvación.
?? La fe exige la voluntad libre y el entendimiento lúci­do del hombre cuando acepta la invitación divina.
?? La fe es absolutamente cierta, porque tiene la garantía de Jesús. ?? La fe es incompleta mientras no sea efectiva en el amor.
?? La fe aumenta si escuchamos con más atención la voz de Dios y mediante la oración estamos en un intercambio vivo con él.
?? La fe nos permite ya ahora gustar por adelantado la alegría del cielo. [153­165, 179­180, 183­184]
Muchos dicen que creer les parece poco, que quieren saber. Pero la palabra "creer" tiene dos significados diferentes: cuando un paracaidista pregunta al empleado del aeropuerto: "¿Está bien preparado el paracaídas?", y aquél le responde, indiferente: "Creo que sí", no será suficiente para él; esto quiere saberlo seguro. Pero si ha pedido a un amigo que le prepare el paracaídas, éste le contestará a la misma pregunta: "Sí, lo he hecho personalmente. ¡Puedes confiar en mí!". Y el paracaidista replicará: "Te creo". Esta fe es mucho más que saber: es certeza. Y ésta es la fe que hizo partir a Abraham a la tierra prometida, ésta es la fe que hizo que los ?MÁRTIRES perseveraran hasta la muerte, ésta es la fe que aún hoy mantiene en pie a los cristianos persegui-dos. Una fe que afecta a todo el hombre.


Capítulo III: Los hombres responden a Dios
r
22 ¿Cómo funciona la fe?
Quien cree busca una relación personal con Dios y
está dispuesto a creer todo lo que Dios muestra
(revela) de sí mismo. [150­152]
Al comienzo del acto de fe hay con frecuencia una conmoción o una inquietud. El hombre experimenta que el mundo visible y el transcurso normal de las cosas no pueden ser todo. Se siente tocado por un misterio. Sigue las pistas que le señalan la existencia de Dios y paulatinamente logra la confianza de dirigirse a Dios y finalmente de adherirse a él libremente. En el evangelio de san Juan leemos: "A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Jn 1,18). Por eso debemos creer en Jesús, el Hijo de Dios, si queremos saber qué nos quiere comunicar Dios. Por eso creer es acoger a Jesús y jugarse toda la vida por él.


Capítulo III: Los hombres responden a Dios
23. ¿Hay contradicción entre la fe y la ciencia?
No hay una contradicción irresoluble entre fe y ciencia, porque no puede haber dos verdades. [159]
No existe una verdad de la fe que pudiera estar en conflicto con una verdad de la ciencia. Sólo hay una verdad, a la que se refieren tanto la fe como la razón científica. Dios ha querido tanto la razón, mediante la cual podemos conocer las estructuras razonables del mundo, como ha querido la fe. Por eso la fe cristiana fomenta y potencia las ciencias (naturales). La fe existe para que podamos conocer cosas que, aunque no son contrarias a la razón, sin embargo son reales más allá de la razón. La fe recuerda a la ciencia que no debe ponerse en el lugar de Dios y que tiene que servir a la creación. La ciencia debe respetar la dignidad humana en lugar de atacarla.




Capítulo III: Los hombres responden a Dios
24 ¿Qué tiene que ver mi fe con la Iglesia?
Nadie puede creer por sí solo, como nadie puede vivir por sí solo. Recibimos la fe de la Iglesia y la vivimos en comunión con los hombres con los que compartimos nuestra fe. [166­169,181]
La fe es lo más personal de un hombre, pero no es un asunto privado. Quien quiera creer tiene que poder decir tanto "yo" como "nosotros", porque una fe que no se puede compartir ni comunicar sería irracional. Cada creyente da su asentimiento libre al "creemos" de la 0 IGLESIA. De ella ha recibido la fe. Ella es quien la ha transmitido a través de los siglos hasta él, la ha protegido de falsificaciones y la ha hecho brillar de nuevo. La fe es por ello tomar parte en una convicción común. La fe de los otros me sostiene, así como el fuego de mi fe enciende y conforta a otros. El "yo" y el "nosotros" de la fe lo destaca la Iglesia empleando dos confesiones de la fe en sus celebraciones: el credo apostólico, que comienza con "creo" (0CREDO) y el credo de Nicea-Constantinopla, que en su forma original comenzaba con "creemos" (Credimus).

Segunda sección: La profesión de la fe cristiana
25. ¿Para qué necesita la fe definiciones y fórmulas?
En la fe no se trata de palabras vacías, sino de una realidad. A lo largo del tiempo se condensaron en la Iglesia fórmulas de la fe, con cuya ayuda contemplamos, expresamos, aprendemos, transmitimos, celebramos y vivimos esa realidad. [170-174]
Sin fórmulas fijas el contenido de la fe se disuelve. Por eso la Iglesia da mucha importancia a determinadas frases, cuya formulación precisa se logró en la mayoría de los casos con mucho esfuerzo, para proteger el mensaje de Cristo de malentendidos y falsificaciones. Las fórmulas de la fe son importantes especialmente cuando la fe de la Iglesia se traduce a las diferentes culturas y sin embargo tiene que mantenerse en su esencia. Porque la fe común es el fundamento de la unidad de la Iglesia.



Segunda sección: La profesión de la fe cristiana


26. ¿Qué son las profesiones de fe?
Las profesiones de fe son fórmulas sintéticas de la fe, que hacen posible una confesión común de todos los creyentes. [185?188, 192?197]
Este tipo de síntesis se encuentran ya en las cartas de san Pablo. La profesión de fe o credo de los apóstoles, de los
primeros tiempos del cristianismo, tiene una categoría
especial, porque es considerado como el resumen de fe de
los APÓSTOLES. La profesión de fe larga o símbolo de
Nicea­Constantinopla tiene una gran autoridad, porque
procede de los grandes concilios de la Cristiandad aún no
dividida (Nicea en el año 325 y Constantinopla en el 381) y hasta el día de hoy constituye la base común de los
cristianos de Oriente y Occidente.

Segunda sección: La profesión de la fe cristiana
27. ¿Cómo surgieron las profesiones de fe?
Las profesiones de fe se remontan a Jesús, que mandó a sus discípulos que bautizaran. En el bautismo debían exigir a las personas la profesión de una determinada fe, en concreto la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (0TRINIDAD). [188­191]
El germen de todas las fórmulas de fe posteriores es la fe en Jesús, el Señor, y el envío a la misión: "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). Todas las profesiones de fe de la 0 IGLESIA son desarrollo de la fe en este Dios trinitario. Comienzan con la confesión de la fe en el Padre, Creador y quien sostiene el mundo, se refieren luego al Hijo, por quien el mundo y nosotros mismos hemos encontrado la salvación, y desembocan en la confesión de fe en el Espíritu Santo, la persona divina por quien se da la presencia de Dios en la Iglesia y en el mundo.

Segunda sección: La profesión de la fe cristiana
28 ¿Qué dice la fórmula de fe de los apóstoles?
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
29 ¿Qué dice el credo largo de Nicea Constantinopla
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz.
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación, bajó del cielo;
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre.
Y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo,
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es Una, Santa, Católica y Apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.



Capítulo I: Creo en Dios Padre


30.. ¿Por qué creemos en un solo Dios?
Creemos en un solo Dios porque según el
testimonio de la Sagrada Escritura sólo hay un
Dios y porque, según las leyes de la lógica,
tampoco puede haber más que uno. [200­202, 228]
Si hubiera dos dioses, uno sería el límite del otro;
ninguno de los dos sería infinito, ninguno sería perfecto; de modo que ninguno de los dos sería Dios. La experiencia fundamental de Dios que tiene el pueblo de Israel es: "Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo" (Dt 6,4). Una y otra vez los profetas exhortan a abandonar los falsos dioses y a convertirse al único Dios: "Yo soy un Dios justo y salvador, y no hay ninguno más" (Is 45,22).



Capítulo I: Creo en Dios Padre

31. ¿Por qué revela Dios su nombre?
Dios revela su nombre porque quiere que se le pueda invocar. [203-213, 230-231]
Dios no quiere mantenerse en el anonimato. No quiere ser
adorado como un ser meramente sentido o intuido. Dios
quiere ser conocido y ser invocado como el verdadero y el que actúa. En la zarza ardiente, Dios da a conocer su nombre a Moisés: MHWH (Éx 3,14). Dios se hace invocable para su pueblo, pero continúa siendo el Dios escondido, el misterio presente. Por respeto a Dios el pueblo de Israel no pronunciaba (ni pronuncia) el nombre de Dios y lo sustituye por el apelativo Adonai (Señor). Justamente esta palabra es la que usa el 0NUEVO TESTAMENTO, cuando glorifica a Jesús como verdadero Dios: "Jesús es Señor" (Rom 10,9).




Capítulo I: Creo en Dios Padre
32. ¿Qué quiere decir que Dios es la Verdad?
"Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna" (1 Jn 1,5). Su palabra es verdad (Prov 8,7; 2 Sam 7,28), y su leyes verdad (Sal 119,142). Jesús mismo garantiza la verdad de Dios, cuando declara ante Pilato: "Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad" (Jn 18,37). [214?217]
No se puede someter a Dios a un procedimiento probatorio, porque la ciencia no puede convertirlo en un objeto verificable. Sin embargo, Dios mismo se somete a un procedimiento probatorio algo especial. Sabemos que Dios es la verdad por la absoluta credibilidad de Jesús. Él es "el Camino, la Verdad y la Vida". Esto lo puede descubrir toda persona que se comprometa con él. Si Dios no fuera "verdadero", la fe y la razón no podrían entablar un diálogo recíproco. Pero ellas pueden entenderse, porque Dios es la verdad y la Verdad es divina.

Capítulo I: Creo en Dios Padre
33. ¿Qué quiere decir que Dios es amor?
Si Dios es amor no hay nada creado que no sea sostenido y abrazado por una benevolencia infinita. Dios no sólo explica que él es amor, sino que lo demuestra: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13). [218-221]
Ninguna otra 0 RELIGIÓN dice lo que dice el cristianismo: "Dios es Amor" (1 Jn 4,8.16). La fe se apoya en esta palabra, aunque la experiencia del dolor y del mal en el mundo hace dudar a los hombres si verdaderamente Dios es bueno. Va en el ANTIGUO TESTAMENTO Dios comunica a su pueblo, por boca del profeta Isaías:
"Porque eres precioso ante mí, de gran precio y yo te amo. Por eso entrego regiones a cambio de ti, pueblos a cambio de tu vida. No temas, porque yo estoy contigo" (Is 43,4 5a), y añade: "¿puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. Mira, te llevo tatuada en mis palmas" (ls 49,15-16a), Que este lenguaje sobre el amor divino no son palabras vanas lo demuestra Jesús en la cruz, donde entrega su vida por sus amigos.

Capítulo I: Creo en Dios Padre
34. ¿Qué hay que hacer cuando se ha conocido a Dios?
Cuando se ha conocido a Dios hay que ponerlo en
el primer lugar de la vida. Con ello comienza una
nueva vida. A los cristianos se les debe conocer
porque aman incluso a sus enemigos. [222­227,229]
Conocer a Dios significa que quien me ha creado y me
ha querido, quien me mira con amor a cada segundo,
quien bendice y sostiene mi vida, quien tiene en su
mano el mundo y las personas que amo, quien me
espera ardientemente, quien quiere llenarme y
perfeccionarme y hacerme vivir eternamente con él, está aquí. No basta con asentir con la cabeza. Los cristianos deben asumir el estilo de vida de Jesús.




Capítulo I: Creo en Dios Padre
35. ¿Creemos en un solo Dios o en tres dioses?
Creemos en un solo Dios en tres personas (OTRINIDAD). "Dios no es soledad, sino comunión perfecta" (Benedicto XVI, 22.05.2005). [232-236,249-256,261,265-266]
Los cristianos no adoran a tres dioses diferentes, sino a un único ser, que es trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y sin embargo uno. Que Dios es
trino lo sabemos por Jesucristo: Él, el Hijo, habla de su Padre del Cielo ("Yo y el Padre somos uno", Jn 10,30). Él ora al Padre y nos envía el Espíritu Santo, que es el amor del Padre y del Hijo. Por eso
somos bautizados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19).


Capítulo I: Creo en Dios Padre
36. ¿Se puede deducir por lógica que Dios es trino?
No. La Trinidad (TRINIDAD) de Dios es un misterio. Sólo por Jesucristo sabemos que Dios es Trinidad. [237]
Los hombres no pueden deducir por medio de su propia razón el misterio de la Trinidad. Pero pueden reconocer la razonabilidad de este misterio, cuando aceptan la REVELACIÓN de Dios en Jesucristo. Si Dios estuviera solo y fuera solitario,
no podría amar desde toda la eternidad.
Iluminados por Jesucristo, podemos encontrar ya en el ANTIGUO TESTAMENTO (por ejemplo, Gén 1,2; 18,2; 2 Sam 23,2) e incluso en toda la creación huellas de la Trinidad.



Capítulo I: Creo en Dios Padre
37. ¿Por qué es Dios "Padre"?
Veneramos a Dios como padre por el hecho de que es el Creador y cuida con amor de sus criaturas. Jesús, el Hijo de Dios, nos ha enseñado además a considerar a su Padre como nuestro Padre y a dirigirnos a él como "Padre nuestro". [238­240]
Muchas RELIGIONES anteriores al cristianismo conocen ya el trato a Dios como "Padre". Ya antes de Jesús se hablaba en Israel de Dios como el Padre (Dt 32,6; Mal 2,10) y se sabía que es también como una madre (Is 66,13). El padre y la madre son en la experiencia humana la representación del origen y la autoridad, de aquello que protege y sostiene. Jesús nos muestra de qué modo es Dios realmente Padre: "Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Jn 14,9). En la parábola del hijo pródigo, Jesús responde al deseo más hondo que el ser humano tiene de un Padre misericordioso. ?511-527




Capítulo I: Creo en Dios Padre

38. ¿Quién es el "Espíritu Santo"?
El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad (0TRINIDAD) y de la misma naturaleza divina del Padre y del Hijo. [243-248,263-264]
Cuando descubrimos la realidad de Dios en nosotros, entramos en contacto con la acción del Espíritu Santo. Dios "envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo" (Gál 4,6), para que nos llene completamente. En el Espíritu Santo el cristiano encuentra una alegría profunda, la paz interior y la libertad. "Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: ¡Abbá, Padre!" (Rom 8,15b). En el Espíritu Santo, que hemos recibido en el Bautismo y la 0 CONFIRMACIÓN podemos llamar a Dios "Padre". 0113-120, 203-206, 310-311



Capítulo I: Creo en Dios Padre
39. ¿Es Jesús Dios? ¿Forma parte de la Trinidad?
Jesús de Nazaret es el Hijo, la segunda persona divina, a quien aludimos cuando rezamos: "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). [243­260]
O bien Jesús era un impostor al hacerse señor del SÁBADO Y dejar que se dirigieran a él con el título de "Señor", o era realmente Dios. Llegó a provocar escándalo al perdonar los pecados. Esto, a los ojos de sus contemporáneos, era un crimen digno de muerte.
Mediante los signos y los milagros, pero especialmente través de la Resurrección, los discípulos se dieron, cuenta, de quién era Jesús y lo adoraron como el Señor.
Ésta es la fe de la 0IGLESIA.



Capítulo I: Creo en Dios Padre
40. ¿Dios lo puede todo? ¿Es omnipotente?
"Para Dios nada hay imposible" (Lc 1,37). Es omnipotente. [268-278]
Quien en su angustia llama a Dios, cree en su omnipotencia. Dios ha creado el mundo de la nada. Es el Señor de la historia. Gobierna todas las cosas y lo puede
todo. Ciertamente es un misterio cómo emplea suomnipotencia. No es raro que las personas pregunten:
¿Dónde estaba Dios? A través del profeta Isaías Dios nos dice: "Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos" (Is 55,8). Con frecuencia la omnipotencia de Dios se muestra donde los hombres ya no esperan nada de ella. La impotencia del Viernes Santo fue el requisito de la Resurrección. 51,478,506-507

Capítulo I: Creo en Dios Padre
41 ¿Las ciencias naturales hacen innecesario al Creador?
No. La frase "Dios ha creado el mundo" no es una afirmación ya superada de las ciencias naturales. Se trata de una afirmación teológica, es decir, una afirmación sobre el sentido (theos = Dios, logos = sentido) y el origen divino de las cosas. [282­289]
El relato de la Creación no es un modelo explicativo del principio del mundo. "Dios ha creado el mundo" es una afirmación teológica sobre la relación del mundo con Dios. Dios ha querido que exista el mundo; él lo acompaña y lo llevará a plenitud. Ser creadas es una cualidad permanente en las cosas y una verdad elemental acerca de ellas.



Capítulo I: Creo en Dios Padre
42 ¿Se puede estar convencido de la evolución y creer sin embargo en el Creador?
Sí. La fe está abierta a los descubrimientos e hipótesis de las ciencias naturales. [282-289]
La Teología no tiene competencia científico-natural; las ciencias naturales no tienen competencia teológica. Las ciencias naturales no pueden excluir de manera dogmática que en la creación haya procesos orientados a un fin; la fe, por el contrario, no puede definir cómo se producen estos procesos en el desarrollo de la naturaleza. Un cristiano puede aceptar la teoría de la evolución como un modelo explicativo útil, mientras no caiga en la herejía del evolucionismo, que ve al hombre como un producto casual de procesos biológicos. La EVOLUCIÓN supone que hay algo que puede desarrollarse. Pero con ello no se afirma nada acerca del origen de ese "algo". Tampoco las preguntas acerca del ser, la dignidad, la misión, el sentido y el porqué del mundo y de los hombres se pueden responder biológicamente. Así como el "evolucionismo" se inclina demasiado hacia un lado, el CREACIONISMO lo hace hacia el lado contrario. Los creacionistas toman los datos bíblicos (por ejemplo, la edad de la Tierra, la creación en seis días) ingenuamente al pie de la letra.

Capítulo I: Creo en Dios Padre
43. ¿Es el mundo un producto de la casualidad?
No. Es Dios, no la casualidad, la causa del mundo. El mundo, ni por su origen, ni por su orden interno y su finalidad, es el producto de factores que actúen "sin sentido". [295-301,317-318,320]
Los cristianos creen que pueden leer la escritura de Dios en su Creación. A los científicos que hablan de que la totalidad del mundo es un proceso casual, sin sentido y sin finalidad, les replicó beato Juan Pablo II en el año 1985: "Hablar de azar delante de un universo en el que existe tal complejidad en la organización de sus elementos y una intencionalidad tan maravillosa en su vida, sería igual a abandonar la búsqueda de una explicación del mundo como él se nos muestra. De hecho, sería equivalente a aceptar efectos sin causa. Supondría la abdica-ción de la razón humana, que renunciaría de este modo a pensar ya buscar una solución a los problemas". 49




Capítulo I: Creo en Dios Padre

44 ¿Quién ha creado el mundo?
Dios solo, que existe ante todo más allá del tiempo y del espacio, ha creado el mundo de la nada y ha convocado al ser a todas las cosas. Todo lo que existe, depende de Dios y sólo perdura en el ser porque Dios quiere que exista. [290­292,316]
La Creación del mundo es, por decirlo así, una "obra en común" del Dios trino. El Padre es el Creador, el todopoderoso. El Hijo es el sentido y el corazón del mundo:
"Todo fue creado por él y para él" (Col 1,16). Sólo cuando conocemos a Jesucristo sabemos para qué es bueno el mundo, y comprendemos que el mundo avanza hacia una meta: la verdad, la bondad y la belleza del Señor. El Espíritu Santo mantiene todo unido; él es "quien da vida" (Jn 6,63).





Capítulo I: Creo en Dios Padre
45. ¿Las leyes de la naturaleza y las ordenaciones naturales también proceden de Dios?
Sí. También las leyes de la naturaleza y las ordenaciones naturales pertenecen a la Creación de Dios. [339, 346,354]
El hombre no es una hoja en blanco. Está marcado por el orden y las leyes del ser que Dios ha inscrito en su Creación. Un cristiano no hace, sin más, "lo que quiere". Sabe que se perjudica a símismo y a su entorno cuando niega las leyes naturales, usa
de las cosas contra su orden interno y quiere ser más listo que Dios, quien las creó. Sobrepasa la capacidad del hombre el pretender hacerse a sí mismo desde cero.

Capítulo I: Creo en Dios Padre
46. ¿Por qué el libro del Génesis describe la Creación como un trabajo de seis días?
En el símbolo de la semana laboral, que es coronada por un día de descanso (Gén 1,1-2,3), se expresa qué bien, qué hermosa y que sabiamente ordenada está la Creación. [337-342]
A partir de la simbología de un trabajo de seis días se pueden deducir principios importantes:
2. No hay nada que no haya sido llamado al ser por el Creador.
3. Todo lo que existe es bueno según su naturaleza.
4. También lo que se ha transformado en malo tiene un núcleo bueno
5. Los seres y cosas creados son interdependientes y se complementan.
6. La Creación, en su orden y armonía, refleja la extraordinaria bondad y belleza de Dios.
7. En la Creación hay una jerarquía: el hombre está por encima del animal, el animal por encima de la planta, la planta por encima de la materia inerte.
8. La Creación está orientada a la gran fiesta final, cuando Cristo venga a buscar al mundo y Dios sea todo en todos. 362

Capítulo I: Creo en Dios Padre
¿Por qué descansó Dios en el séptimo día?
El descanso de Dios apunta a la
consumación de la Creación, que está más allá de todo esfuerzo humano. [349]
Por mucho que el hombre trabajador sea el socio menor de su Creador (Gén 2,15), tanto menos puede él salvar la tierra mediante su esfuerzo. La meta de la Creación es "un nuevo cielo y una nueva tierra" (Is 65,17) mediante una redención que nos es concedida. Por eso el descanso dominical, que es un anticipo del descanso celestial, está por encima del trabajo que nos prepara para ello. 362



Capítulo I: Creo en Dios Padre
48. .¿Para qué ha creado Dios el mundo?
"El mundo ha sido creado para la gloria de Dios" (Concilio Vaticano I). [293-294,319]
No hay ninguna otra razón para la Creación más que el amor. En ella se manifiesta la gloria y el honor de Dios. Alabar a Dios no quiere decir por eso aplaudir al Creador. El hombre no es un espectador de la obra de la Creación. Para él, "alabar" a Dios significa, juntamente con toda la Creación, aceptar la propia existencia con agradecimiento. 489




Capítulo I: Creo en Dios Padre
La Providencia de Dios
49 ¿Dirige Dios el mundo y también mi vida?
Sí, pero de un modo misterioso; Dios conduce todo por caminos que sólo él conoce, hacia su consumación. En ningún momento deja de su mano
aquello que ha creado. [302­305]
Dios influye tanto en los grandes acontecimientos de la
historia como en los pequeños acontecimientos de nuestra
vida personal, sin que por ello quede recortada nuestra libertad y seamos únicamente marionetas de sus planes
eternos. En Dios "vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17 ,28). Dios está en todo lo que nos sale al encuentro en las vicisitudes de la vida, también en los acontecimientos dolorosos y en las casualidades aparentemente sin sentido. Dios también quiere escribir derecho por medio de los renglones torcidos de nuestra vida. Todo lo que nos quita y lo que nos regala, aquello en lo que nos fortalece yen lo que nos prueba: todo esto son designios I (1­165), y señales (166­278), de su voluntad. 43

Capítulo I: Creo en Dios Padre
La Providencia de Dios
50 ¿Qué papel juega el hombre en la providencia divina?
La consumación de la Creación a través de la providencia divina no sucede sin nuestra intervención. Dios nos invita a colaborar en la perfección de la Creación. [307­308]
El hombre puede rechazar la voluntad de Dios. Pero es mejor convertirse en un instrumento del amor divino. La Madre Teresa se esforzó toda su vida por pensar así: "Soy únicamente un pequeño lápiz en la mano de nuestro Señor. Él puede cortar o afilar el lápiz. Él puede escribir o dibujar lo que quiera y donde quiera. Si lo escrito o un dibujo es bueno, no valoramos el lápiz o el material empleado, sino a aquel que lo ha empleado". Si Dios actúa también con nosotros y a través nuestro, no debemos confundir nunca nuestros propios pensamientos, planes y actos con la acción de Dios. Dios no necesita nuestro trabajo como si a Dios le faltara algo sin él.

Capítulo I: Creo en Dios Padre
La Providencia de Dios
51 Si Dios lo sabe todo, ¿por qué no impide entonces el mal?
"Dios permite el mal sólo para hacer surgir de él algo mejor" (Santo Tomás de Aquino). [309­314,324]
El mal en el mundo es un misterio oscuro y doloroso. El mismo Crucificado preguntó a su Padre: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46). Hay muchas cosas incomprensibles. Pero tenemos una certeza: Dios es totalmente bueno. Nunca puede ser el causante de algo malo. Dios creó el mundo bueno, pero éste no es aún perfecto. En medio de rebeliones violentas y de procesos dolorosos se desarrolla hasta su consumación definitiva. De este modo se puede situar mejor lo que la Iglesia denomina el mal físico, por ejemplo, una minusvalía de nacimiento o una catástrofe natural. Por el contrario, los males morales vienen al mundo por el abuso de la libertad. El "infierno en la tierra" (niños soldado, ataques de terroristas suicidas, campos de concentración) es obra de los hombres la mayoría de las veces. Por eso la cuestión decisiva no es: "¿Cómo se puede creer en un Dios bueno cuando existe tanto mal?", sino: "¿Cómo podría un hombre con corazón y razón, soportar la vida en este mundo si no existiera Dios?". La Muerte y la Resurrec-ción de Jesucristo nos muestran que el mal no tuvo la primera palabra y no tiene tampoco la última. Del peor de los males hizo Dios salir el bien absoluto. Creemos que en el Juicio Final Dios pondrá fin a toda injusticia. En la vida del mundo futuro el mal ya no tiene lugar y el dolor acabará. D40, 286 287

Capítulo I: Creo en Dios Padre
El cielo y las criaturas divinas
52. ¿Qué es el cielo?
El cielo es el "medio" de Dios, la morada de los ángeles y los santos y la meta de la Creación. Con la expresión "cielo y tierra" designamos la totalidad de la realidad creada. [325­327]
El cielo no es un lugar en el universo. Es un estado en el más allá. El cielo está allí donde se cumple la voluntad de Dios sin ninguna resistencia. El cielo existe cuando se da la vida en su máxima intensidad y santidad -vida que no se puede encontrar como tal en la tierra-. Cuando con la
ayuda de Dios vayamos algún día al cielo, entonces nos espera lo "que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo
aman" (1 Cor 2,9). 0158, 285



Capítulo I: Creo en Dios Padre

El cielo y las criaturas divinas
53 ¿Qué es el infierno?
Nuestra fe llama "infierno" al estado de la separación eterna de Dios. Quien en la presencia de Dios ve con claridad el amor y sin embargo no lo acepta, se decide por este estado. [1033­1036]
Jesús, que conoce el infierno, dice que son "las tinieblas de fuera" (Mt 8,12). Expresado en nuestros conceptos es seguramente más frío que caliente. Con estremecimiento se adivina un estado de completo entumecimiento y de
aislamiento desesperado de todo lo que podría aportar a la vida ayuda, alivio, alegría y consuelo. 161-162




Capítulo I: Creo en Dios Padre

El cielo y las criaturas divinas
54. ¿Quiénes son los ángeles?
Los ángeles son criaturas de Dios puramente espirituales, que tienen inteligencia y voluntad. No son corporales, son inmortales y normalmente no son visibles. Viven constantemente en la presencia
de Dios y transmiten a los hombres la voluntad y la protección de Dios. [328­333,350­351]
Un ángel, escribió el cardenal Joseph Ratzinger, es "como el pensamiento personal mediante el cual Dios se vuelve
hacia mí". Al mismo tiempo los ángeles están completamente vueltos a su Creador. Arden en amor por él y le sirven noche y día. Nunca cesa su canto de alabanza. Los ángeles separados de Dios son llamados en
la Sagrada Escritura diablos o demonios.



Capítulo I: Creo en Dios Padre
El cielo y las criaturas divinas
55. ¿Se pueden establecer relaciones con los ángeles?
Sí. Se puede pedir ayuda a los ángeles y solicitar su intercesión ante Dios. [334-336,352]
Cada persona recibe de Dios un ángel custodio. Rezar al ángel de la guarda por uno mismo y por
otros es bueno y sensato. Los ángeles también se pueden hacer perceptibles por su cuenta en la
vida de un cristiano, por ejemplo como portadores de una noticia o como acompañantes que ayudan.
La fe no tiene nada que ver con los falsos ángeles del esoterismo.

Capítulo I: Creo en Dios Padre

La criatura hombre
56. ¿Tiene el hombre una posición privilegiada en la Creación?
Sí. El hombre es la cumbre de la Creación, porque Dios lo creó a su imagen (Gén 1,27). [343-344,353]
La creación del hombre se distingue claramente de la creación de los demás seres vivos. El hombre es
persona, es decir, puede decidir, con su voluntad y su inteligencia, a favor o en contra del amor.




Capítulo I: Creo en Dios Padre
La criatura hombre
57. ¿Cómo se debe comportar el hombre con los animales y otras criaturas?
El hombre debe honrar al Creador en las criaturas y tratarlas con cuidado y responsabilidad. Los hombres, los animales y las plantas tienen el mismo Creador, que por amor los llamó a la existencia. Por ello el amor a los animales es profundamente humano. [344,354]
Si bien le está permitido al hombre aprovechar y comer plantas Y animales, no le está permitido, sin embargo, torturar a los animales o mantenerlos de forma impropia a su especie. Esto contradice la dignidad de la Creación tanto como la explotación de la tierra a causa de una codicia ciega.

Capítulo I: Creo en Dios Padre
La criatura hombre
58. ¿ Qué quiere decir que el hombre ha sido creado "a imagen" de Dios?
A diferencia de los seres inanimados, de las plantas y de los animales, el hombre es una persona dotada de espíritu. Esta característica lo vincula más a Dios que a las demás criaturas visibles. [355­357,380]
El hombre no es algo, sino alguien, Al igual que decimos que Dios es persona, también lo decimos del hombre. Un hombre puede pensar más allá de su horizonte inmediato y evaluar toda la amplitud del ser; puede incluso conocerse a sí mismo con una distancia crítica y trabajar en sí mismo; puede percibir a otros como personas, captar su dignidad y amarlos. Entre todas las criaturas visibles, sólo el hombre es capaz de "conocer y amar a su Creador" (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes [GS] 12,3). El hombre está destinado a vivir en amistad con él (Jn 15,15).




Capítulo I: Creo en Dios Padre
La criatura hombre
59. ¿Para qué ha creado Dios al hombre?
Dios ha hecho todo para el hombre. Pero al
hombre, la "única criatura querida por Dios por sí misma" (GS 24), lo ha creado para que sea eternamente feliz. Y esto lo alcanza conociendo a Dios, amándole, sirviéndole y viviendo con agradecimiento a su Creador. [358]
El agradecimiento es amor reconocido. Quien es
agradecido se dirige libremente al autor del bien y
entra en una relación nueva y más profunda con él.
Dios quiere que conozcamos su amor y que vivamos ya desde ahora toda nuestra vida en relación con él. Esta relación dura eternamente.

Capítulo I: Creo en Dios Padre
La criatura hombre
60. ¿Por qué es Jesucristo el modelo mayor para el mundo?
Jesucristo es único, porque él no sólo nos muestra la verdadera esencia de Dios, sino el verdadero ideal del hombre. [358­359,381]
Jesús fue mucho más que un hombre ideal. Incluso las personas aparentemente ideales son pecadoras. Por eso ningún hombre puede ser la medida del hombre. Pero Jesús no tenía pecado. Qué significa ser hombre y qué hace al hombre eternamente digno de amor, en el sentido literal de la palabra, lo conocemos sólo en Jesucristo, que "ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado" (Heb 4,15b). Jesús, el Hijo de Dios, es el hombre real y verdadero. En él conocemos cómo ha querido Dios al hombre.

Capítulo I: Creo en Dios Padre

La criatura hombre
61. ¿ En qué consiste la igualdad de todos los hombres?
Todos los hombres son iguales porque tienen el mismo
origen en el único amor creador de Dios. Todos los
hombres tienen en Jesús su salvador. Todos los
hombres están destinados a encontrar su felicidad y su
bienaventuranza eterna en Dios. [360­361]
Por ello todos los hombres son hermanos y hermanas. Los
cristianos no sólo deben ser solidarios con otros cristianos,
sino con todos los hombres y oponerse enérgicamente a
divisiones racistas, sexistas y económicas de la única familia
humana. 280,517





Capítulo I: Creo en Dios Padre

La criatura hombre
62 ¿Qué es el alma?
El alma es lo que hace a cada hombre ser hombre: su principio vital espiritual, lo más íntimo de su ser. El alma es la causa de que el cuerpo material sea un cuerpo humano vivo. Por el alma el hombre es el ser que puede decir "Yo" y existe ante Dios como individuo inconfundible. [362­365, 382]
Los hombres son seres corporales y espirituales. El espíritu del hombre es más que una función del cuerpo y no se puede explicar a partir de la constitución material del hombre. La razón nos dice: Tiene que existir un principio espiritual que, unido al cuerpo, no sea, sin embargo, idéntico a éste. Lo llamamos "alma". Aunque el alma no se puede "probar" de modo científico, no se puede comprender al hombre como ser espiritual sin suponer este principio espiritual del hombre, que excede a la materia. 0 153-154, 163





Capítulo I: Creo en Dios Padre
La criatura hombre
63 ¿ De dónde procede el alma del hombre?
El alma humana es creada directamente por Dios y no "producida" por los padres. [366-368, 382]
El alma del hombre no puede ser ni el producto de un
desarrollo evolutivo ni el resultado de la unión genética del
padre y de la madre. El misterio de que con cada hombre
viene al mundo una persona espiritual única, lo expresa la
Iglesia diciendo: Dios le da un alma, que no muere, aun
cuando el hombre pierda su cuerpo en la muerte para
volverlo a encontrar en la resurrección. Decir: "Tengo alma",
significa: Dios no sólo me ha creado como ser, sino como
persona y me ha llamado a una relación con él que no tiene
fin.

Capítulo I: Creo en Dios Padre
La criatura hombre
64 ¿Por qué ha creado Dios al hombre como varón y mujer?
Dios, que es amor y el prototipo de comunión, ha creado al hombre como varón y mujer para que conjunta-mente sean imagen de su esencia. [369-373,383]
Dios ha hecho al hombre de modo que sea varón o mujer y anhele la plenitud y la totalidad en el encuentro con el otro sexo. Los hombres y las mujeres tienen absolutamente la misma dignidad, pero expresan en el desarrollo creativo de su ser varón o mujer diferentes aspectos de la perfección de Dios. Dios no es varón ni mujer, pero se ha revelado como padre (Lc 6,36) y como madre (Is 66,13). En el amor del varón y la mujer, especialmente en la comunión del matrimonio, donde varón y mujer se hacen "una sola carne" (Gén 2,24), los hombres pueden intuir algo de la felicidad de la unión con Dios, en la que cada hombre encuentra su plenitud definitiva. Así como el amor de Dios es fiel, también el amor del varón y la mujer busca ser fiel; y este amor es creador al modo de Dios, porque del matrimonio brota nueva vida. ?260,400-401,416-417



Capítulo I: Creo en Dios Padre
La criatura hombre
65 ¿Qué pasa con las personas que tienen tendencias homosexuales?
La Iglesia cree que el hombre y la mujer, en el orden de la Creación, están hechos con necesidad de complementarse y para la relación recíproca, para que puedan dar la vida a sus hijos. Por eso la Iglesia no puede aprobar las prácticas homosexuales. Pero los cristianos deben respeto y amor a todos los hombres, con independencia de su orientación sexual, porque todos los hombres son respetados y amados por Dios. [2358­2359]
No hay ningún hombre sobre la tierra que no proceda de la unión de hombre y mujer. Por ello para algunas personas con tendencia homosexual es una experiencia dolorosa no sentirse atraídos eróticamente hacia el otro sexo y tener que echar en falta la fecundidad corporal de su unión, como corresponde en realidad a la naturaleza del hombre y al orden divino de la Creación. Sin embargo, Dios llama con frecuencia a sí por caminos poco comunes: una carencia, una pérdida o una herida -aceptada y consentida- pueden convertirse en el trampolín para lanzarse a los brazos de Dios; de ese Dios que todo lo hace bien y a quien descubrimos aún más grande en la Redención que en la Creación. 415



Capítulo I: Creo en Dios Padre
La criatura hombre
66 ¿ Estaba en el plan de Dios que los hombres sufrieran y murieran?
Dios no quiere que los hombres sufran y mueran. La idea original de Dios para el hombre era el paraíso: la vida para siempre y la paz entre Dios, el hombre y su entorno, entre el hombre y la mujer. [374­379,384,400]
A veces sentimos cómo debería ser la vida, cómo deberíamos ser nosotros, pero de hecho vivimos en la discordia con nosotros mismos, estamos determinados por el miedo y por pasiones incontroladas y hemos perdido la armonía original con el mundo y en último término con Dios. En la Sagrada Escritura se expresa la experiencia de esta alienación en el relato del "pecado original". Adán y Eva tuvieron que abandonar el paraíso, en el que vivían en armonía consigo mismos y con Dios, porque se introdujo el pecado. La fatiga del trabajo, el sufrimiento, la mortalidad y la tentación ante el pecado son señales de la pérdida del paraíso.

Capítulo I: Creo en Dios Padre
El hombre caído
67. ¿Qué es el pecado?
En el fondo el pecado es el rechazo de Dios y la negativa a aceptar su amor. Esto se muestra en el desprecio de sus mandamientos. [385­390]
El pecado es más que un comportamiento incorrecto; tampoco es una debilidad psíquica. En lo más hondo de su ser, todo rechazo o destrucción de algo bueno es el rechazo del Bien por excelencia, el rechazo de Dios. En su dimensión más honda y terrible, el pecado es la separación de Dios y con ello la separación de la fuente de la vida. Por eso también la muerte es la consecuencia del pecado. Solamente en Jesús comprendemos la inconmensurable dimensión del pecado: Jesús sufrió el rechazo de Dios en su propio cuerpo. Tomó sobre sí la violencia mortal del pecado, para que no nos toque a nosotros. Para ello tenemos la palabra Redención. ?224-237,315-318,348-468




Capítulo I: Creo en Dios Padre
El hombre caído
68. ¿Pecado original? ¿Y qué tenemos que ver nosotros con el pecado original de Adán y Eva?
El pecado en sentido propio es una culpa de la que hay que responder personalmente. El término "pecado original" no se refiere por tanto a un pecado personal, sino al estado caído de la humanidad en el que nace cada individuo antes de pecar por decisión propia. [388­389,402­404]
Por pecado original, dice Benedicto XVI, tenemos que entender que "todos llevamos dentro de nosotros una gota del veneno de ese modo de pensar reflejado en las imágenes del libro del GÉNESIS. Esta gota de veneno la llamamos pecado original. [ ... ] El hombre no se fía de Dios. Tentado por las palabras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios [ ... ] es un competidor que limita nuestra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando lo dejemos de lado; es decir, que sólo de este modo podemos realizar plenamente nuestra libertad. [ ... ] El hombre no quiere recibir de Dios su existencia y la plenitud de su vida. [ ... ] Al hacer esto, se fía de la mentira más que de la verdad, y así se hunde con su vida en el vacío, en la muerte" (Benedicto XVI, 8.12.2005).

Capítulo I: Creo en Dios Padre

El hombre caído
69. ¿ Estamos obligados a pecar por el pecado
original?
No. Pero el hombre está profundamente
herido por el pecado original y tiende a
pecar. Sin embargo, con la ayuda de Dios, es
capaz de hacer el bien. [405]
No deberíamos pecar en ningún caso. Pero, de
hecho, pecamos una y otra vez, porque somos
débiles, ignorantes y caemos en la tentación. Por
lo demás, un pecado a la fuerza no sería tal
pecado, porque el pecado implica siempre la
decisión libre.



Capítulo I: Creo en Dios Padre
El hombre caído
70. ¿Cómo nos saca Dios del remolino del mal?
Dios no se limita a contemplar cómo el hombre se
destruye cada vez más a sí mismo y a la creación a
través de la reacción en cadena del pecado. Nos envía
a Jesucristo, el Salvador y Redentor, que nos arranca
del poder del pecado. [410­412,420­421]
"Nadie me puede ayudar": esta formulación de la experiencia
humana ya no es válida. Llegue a donde llegue el hombre a
través de sus pecados, hasta allí ha enviado Dios Padre a su
Hijo. La consecuencia del pecado es la muerte (cf. Rom 6,23).
La consecuencia del pecado es sin embargo también la
maravillosa solidaridad de Dios, que nos envía a Jesús como
amigo y salvador. Por eso al pecado original se le llama
también felix culpa: "Oh feliz culpa que mereció tal
redentor" (liturgia de la Vigilia Pascual).



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios . . .


71. ¿Por qué se llaman "evangelio", es decir, "buena
nueva" los relatos sobre Jesús?
Sin los evangelios no sabríamos que Dios nos
envía a su Hijo por su amor eterno, para que,
a pesar de nuestros pecados, podamos
retornar a la comunión eterna con Dios. [422-
429]
Los relatos acerca de la vida, muerte y resurrección
de Jesús son la mejor noticia del mundo.
Testimonian que el judío Jesús de Nazaret, nacido
en Belén, es "el Hijo de Dios vivo" (Mt 16,16) hecho
hombre. Fue enviado por el Padre para que "todos
se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1
Tim 2,4).



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios .. . . . .
72. ¿Qué significa el nombre "Jesús"?
Jesús en hebreo significa "Dios salva". [430
435,452]
En los Hechos de los Apóstoles dice san Pedro:
"Bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro
nombre por el que debamos salvarnos" (Hch 4,12).
Todos los misioneros, en el fondo, llevaron a los
hombres esta noticia.




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
73. ¿Por qué se le da a Jesús el titulo de "Cristo"?
En la fórmula "Jesús es el Cristo" se expresa el núcleo de la fe cristiana: Jesús, el sencillo hijo del carpintero de Nazaret, es el Mesías esperado y el Salvador. [436­440,453]
Tanto la palabra griega "Christos" como la
hebrea "Messias" significan "ungido". En Israel
eran ungidos reyes, sacerdotes y profetas. Los 0
APÓSTOLES experimentaron que Jesús está
ungido "con la fuerza del Espíritu Santo" (Hch
10,38). Por Cristo nos llamamos cristianos, como
expresión de nuestra alta vocación.

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
74 ¿Qué quiere decir "Jesús es el Hijo único de Dios"?
Cuando Jesús se denomina a sí mismo "Hijo único de Dios" (Hijo único o Unigénito, Jn 3,16) y así es testimoniado por Pedro y otros, se expresa con ello que entre todos los hombres sólo Jesús es más que un hombre. [441­445,454]
En muchos lugares del NUEVO TESTAMENTO (Jn 1.14.18; 1 Jn 4,9; Heb 11,7 entre otros) se llama "Hijo" a Jesús. En el Bautismo y en la Transfiguración una voz celestial designa a Jesús como "el Hijo amado". Jesús comunica a sus discípulos su relación única con el Padre del cielo: "Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11,27). Que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios se manifiesta en la Resurrección, aunque ya lo era eternamente junto al Padre.



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios.
75. ¿Por qué los cristianos llaman "Señor" a Jesús?
"Vosotros me llamáis 'el Maestro' y 'el Señor' y
decís bien, porque lo soy" (Jn 13,13) [446­451,455]
Los primeros cristianos hablaban con naturalidad de
Jesús como el "Señor", sabiendo que en el 0
ANTIGUO TESTAMENTO esta denominación estaba
reservada para dirigirse a Dios. Mediante numerosos
signos Jesús les había demostrado que él tiene poder
divino sobre la naturaleza, los demonios, el pecado y la
muerte. El origen divino de la misión de Jesús se reveló
en la Resurrección de los muertos. Santo Tomás
confiesa: "Señor mío y Dios mío" (Jn 20,28). Esto quiere
decir para nosotros: si Jesús es el Señor, un cristiano no
debe doblar su rodilla ante ningún otro poder.
1


Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
76. ¿Por qué se hizo Dios hombre en Jesús?
"Por nosotros, los hombres, y por nuestra
salvación, bajó del cielo" (CREDO de
Nicea-Constantinopla). [456-460]
En Jesucristo, Dios ha reconciliado al mundo
consigo y ha liberado a los hombres de la
cautividad del pecado. "Porque tanto amó Dios al
mundo, que entregó a su Unigénito" (Jn 3,16). En
Jesús Dios asumió nuestra carne humana mortal
(0 ENCARNACIÓN), compartió nuestro destino
terreno, nuestros sufrimientos y muerte y se hizo en todo igual a nosotros, excepto en el pecado.
r

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios

77 ¿Qué significa que Jesucristo es a la vez verdadero Dios y verdadero hombre?
En Jesús Dios se ha hecho realmente uno de nosotros con ello nuestro hermano; pero no por ello dejó de ser a la vez Dios y por tanto nuestro Señor. El concilio de Calcedonia, del año 451, declaró que la divinidad y la humanidad están unidas entre sí en la única persona de Jesucristo "sin confusión ni división". [464­467,469]

La Iglesia se ha esforzado durante largo tiempo para poder expresar la relación entre divinidad y humanidad en Jesús. La divinidad y la humanidad no están enfrentadas, de modo que Jesús sólo fuera parcialmente Dios y parcialmente hombre. Como no es cierto que la naturaleza divina y la naturaleza humana se mezclen en Jesús. En Jesús Dios no ha tomado sólo en apariencia un cuerpo humano (docetismo), sino que se hizo realmente hombre. Tampoco se trata en la humanidad y en la divinidad de dos personas diferentes (nestorianismo). Finalmente, tampoco es cierto que en Jesucristo la naturaleza humana desaparezca al ser asumida en la naturaleza divina (monofisismo). Contra todas estas herejías la Iglesia ha mantenido firme la fe en que Jesucristo es, en una persona, a la vez verdadero Dios y verdadero hombre. La conocida fórmula "sin separación y sin confusión" (Concilio de Calcedonia) no pretende explicar lo que es inalcanzable a la inteligencia humana, sino que, por así decir, fija los pilares de la fe. Designa la "dirección" en la que se puede buscar el misterio de la persona de Jesús.



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios . . .
78. ¿Por qué sólo podemos comprender a Jesús como
misterio?
Puesto que Jesús se adentra en el misterio
de Dios, no se le puede comprender si
excluimos la realidad divina invisible. [525-
530,536]
El lado visible de Jesús nos remite al invisible.
En la vida de Jesús vemos numerosas realidades
que están poderosamente presentes, pero que sólo podemos comprender como misterio. Estos
misterios (Misterio) son por ejemplo la
filiación divina, la Encarnación y la Resurrección
de Cristo.



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios.
79. ¿Tenía Jesús un alma, un espíritu y un cuerpo como
nosotros?
Sí. Jesús "trabajó con manos de hombre, pensó
con inteligencia de hombre, obró con voluntad de
hombre, amó con corazón de hombre" (Concilio
Vaticano II, GS 22,2). [470­476]
A la humanidad plena de Jesús pertenece también que tuviera un alma y que se desarrollara espiritualmente.
En esta alma estaba radicada su identidad humana y
su particular auto-conciencia. Jesús conocía su unidad
con su Padre celeste en el Espíritu Santo, por quien se
dejaba guiar en todas las situaciones de su vida.



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
80. ¿ Por qué es virgen María?
Dios quiso que Jesucristo tuviera una verdadera madre humana, pero sólo a Dios como Padre, porque quería establecer un nuevo comienzo, que no se debiera a ninguna fuerza del mundo, sino únicamente a él. [484-504, 508-510]
La virginidad de María no es ninguna idea mitológica ya superada, sino un dato fundamental para la vida de Jesús. Nació de una mujer, pero no tenía un padre humano. Jesucristo es un nuevo comienzo en el mundo, fundado desde lo alto. En el evangelio de san Lucas, María pregunta al ángel: "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?" (= no tengo relaciones con ningún hombre; Lc 1,34); a lo que responde el ángel: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti" (Lc 1,35). Aunque la Iglesia, desde sus orígenes, ha sufrido burlas a causa de su fe en la virginidad de María, siempre ha creído que se trata de una virginidad real y no meramente simbólica. 117

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
81. ¿Tuvo María otros hijos además de Jesús?
No. Jesús es el único hijo carnal de María.
[500,510]
Ya en la Iglesia primitiva se partía de la base de la virginidad perpetua de María, lo que excluía a hermanos carnales de Jesús. En arameo, la lengua materna de Jesús, hay una única palabra para hermano, hermana, primo y prima. Cuando en los evangelios se habla de "hermanos y hermanas" de Jesús (por ejemplo en Mc 3,31-35), se trata de parientes cercanos de Jesús.

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios.

82. ¿No es escandaloso llamar a María "Madre" de Dios?
No. Quien llama a María Madre de Dios confiesa
con ello que su hijo Jesús es Dios. [495,509]
Cuando la cristiandad primitiva discutía quién era Jesús,
el título Theotokos ("la que da a luz a Dios") se convirtió
en el signo de identidad de la interpretación ortodoxa de
la Sagrada Escritura: María no sólo había dado a luz a un hombre, que después de su nacimiento se hubiera
"convertido" en Dios, sino que ya en su seno su hijo es el
verdadero Hijo de Dios. En esta cuestión no se trata en
primer lugar de María, sino de nuevo de la cuestión de si
Jesús es a un mismo tiempo verdadero Dios y verdadero
hombre. 117





Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
83 ¿Qué significa la "Inmaculada Concepción de María"?
La Iglesia cree que "la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano" (Dogma de 1854; 0 DOGMA). [487­492,508]
La fe en la "Inmaculada Concepción" de María existe desde el inicio de la Iglesia. Hoy, a veces, se entiende mal esta expresión. Significa que Dios preservó a María del pecado original, y además desde el principio. Pero no dice nada sobre la concepción de Jesús en el vientre de María. Y en ningún caso es una minus-valoración de la sexualidad en el cristianismo, como si el marido y la mujer se "mancharan" cuando engendran a un hijo. ?68-69



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
84. ¿Fue María únicamente un instrumento de Dios?
María fue mucho más que un mero
instrumento pasivo de Dios. También
mediante su asentimiento activo se realizó la
Encarnación de Dios. [493-494,508-511]
Al ángel que le dijo que daría a luz al "Hijo del
Altísimo", María le respondió: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). La salvación de la humanidad por medio de Jesucristo comienza por tanto con una solicitud de Dios, con el consentimiento libre de una persona, y con un embarazo antes de que María estuviera casada con José. A través de estos caminos tan poco comunes, María se convirtió para nosotrosen la "puerta de la Salvación". ?479

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
85. ¿Porqué María es también nuestra madre?
María es nuestra madre porque Cristo, el
Señor, nos la dio como madre. [963-966,973]
"Mujer, ahítienes a tu hijo". "Ahí tienes a tu
madre" (Jn 19,26b-27a). En estas palabras que
Jesús dirigió a Juan desde la cruz ha entendido
siempre la Iglesia que Jesús confiaba toda la
Iglesia a María. De este modo María es también
nuestra madre. Podemos invocarla y suplicar su
intercesión ante Dios. ?147-149





Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
86. ¿Por qué Jesús no se manifestó nunca en público a lo largo
de treinta años de su vida?
Jesús quería compartir con nosotros su vida y santificar con ello nuestra vida cotidiana. [531-534,
564]
Jesús fue un niño que recibió de sus padres amor y afecto y
fue educado por ellos. De este modo creció "en sabiduría, en
estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres" (lc 2,51
52); perteneció a una comunidad rural judía y participó en
los rituales religiosos; aprendió un oficio artesanal y tuvo
que mostrar en él sus capacidades. El hecho de que Dios
quisiera, en Jesús, nacer en una familia humana y crecer en ella, ha hecho de la familia un lugar de Dios y la ha
convertido en prototipo de la comunidad solidaria.

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
87. ¿Por quéJesús se dejó bautizar por Juan, aunque no tenía pecado?
Bautizar significa sumergir. En su bautismo, Jesús se sumergió en la historia de pecado de toda la humanidad. Con ello instituyó un signo. Para redimirnos de nuestros pecados sería sumergido un día en la muerte, pero por el poder de su Padre sería despertado de nuevo a la vida. [535­537, 565]
Los pecadores -soldados, prostitutas, publicanos- salían al encuentro de Juan el Bautista, porque buscaban "el bautismo de conversión para perdón de los pecados" (Lc 3,3). En realidad, Jesús no necesitaba este bautismo, pues él no tenía pecado. El hecho de que se sometiera a este bautismo nos demuestra dos cosas. Jesús toma sobre sínuestros pecados. Jesús ve su bautismo como anticipación de su Pasión y su Resurrección. Ante este gesto de su disponibilidad a morir por nosotros, se abre el cielo: "Tú eres mi Hijo, el amado" (Lc 3,22b).




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios . .
i88. ¿Por qué fue tentado Jesús? ¿Acaso podía ser
tentado realmente?
A la verdadera humanidad de Jesús
pertenece la posibilidad de ser tentado.
Pues en Jesús no tenemos un salvador
"incapaz de compadecerse de nuestras
debilidades, sino que ha sido probado en
todo, como nosotros, menos en el pecado"
(Heb 4,15). [538­540, 566]




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
89. ¿A quién promete Jesús el "reino de Dios"?
Dios quiere "que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2,4). El "reino de Dios" comienza en las personas que se dejan transformar por el amor de Dios. Según la experiencia de Jesús son sobre todo los pobres y los pequeños. [541­546,567]
Incluso las personas que están alejadas de la Iglesia encuentran fascinante que Jesús, con una especie de amor preferencial, se dirija primero a los excluidos sociales. En el sermón de la montaña son los pobres y los que lloran, las víctimas de la persecución y de la violencia, todos los que buscan a Dios con un corazón puro, todos los que buscan su misericordia, su justicia y su paz, los que tienen un acceso preferente al reino de Dios. Los pecadores son especialmente invitados: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Mc 2,17).




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
90 ¿Hizo Jesús milagros o son sólo cuentos piadosos?
Jesús hizo verdaderos milagros, así como los APÓSTOLES. Los
autores del Nuevo Testamento se refieren a sucesos reales. [547-550]
Ya las fuentes más antiguas nos informan de numerosos milagros, incluso de resurrecciones de muertos, como confirmación del anuncio de Jesús: "Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios" (Mt 12,28). Los milagros sucedieron en lugares públicos, las personas afectadas eran conocidas a veces incluso por su nombre, por ejemplo el ciego Bartimeo (Mc 10,46-52) o la suegra de Pedro (Mt 8,14-15). También hubo milagros que representaban para el entorno judío delitos escandalosos (por ejemplo la curación de un paralítico en SÁBADO, la curación de leprosos), y que, sin embargo, no fueron negados por los judíos contemporáneos de Jesús.



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios

91 ¿Por qué hizo Jesús milagros?
Los milagros que hizo Jesús eran signos del comienzo del reino de Dios. Eran expresión de su amor a los hombres y confirmaban su misión. [547­550]
Los milagros de Jesús no eran una representación mágica. Él estaba lleno del poder del amor salvífica de Dios. Por medio de los milagros, Jesús muestra que es el Mesías y que el reino de Dios comienza en él. De este modo se podía experimentar el inicio del nuevo mundo: liberaba del hambre (Jn 6,5-15), de la injusticia (Lc 19,8), de la enfermedad y la muerte (Mt 11,5). Mediante la expulsión de demonios comenzó su victoria contra el "príncipe de este mundo" (Jn 12,31; se refiere a Satanás). Sin embargo, Jesús no suprimió toda desgracia y todo mal de este mundo. Se fijó especialmente en la liberación del hombre de la esclavitud del pecado. Le importaba ante todo la fe que suscitaba a través de los milagros. 241-242




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
92. ¿Para qué llamó Jesús a los apóstoles?
Jesús tenía un gran círculo de discípulos a su alrededor, eran hombres y mujeres. De ese círculo elige a doce hombres, a los que llamó DAPÓSTOLES
(Lc 6,12-16). Los apóstoles recibieron de él una formación especial y diferentes tareas: "y los envió a proclamar el reino de Dios y a curar" (Lc 9,2). Jesús llevó consigo sólo a estos doce apóstoles a la última cena, donde les encargó: "Haced esto en memoria mía" (Lc 22,19b). [551-553,567]
Los apóstoles se convirtieron en testigos de la Resurrección y garantes de su verdad. Después de la muerte de Jesús continuaron su misión. Eligieron a sucesores para su ministerio: los OBISPOS. Los sucesores de los apóstoles ejercen en nuestros días los poderes otorgados por Jesús: gobiernan, enseñan y celebran los misterios divinos. La unión de los apóstoles se convirtió en el fundamento de la unidad de la Iglesia ( SUCESIÓN APOSTÓLICA). Entre los Doce destaca una vez más Pedro, a quien Jesús le otorgó una autoridad especial: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16,18). En esta posición especial de Pedro entre los apóstoles tiene su origen el ministerio del Papa. D137

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
93. ¿Por qué se transfiguró Jesús en el monte?
El Padre quería manifestar ya en la vida terrena
de Jesús la gloria divina de su Hijo. La Transfiguración de Cristo tenía que ayudar después a los discípulos a comprender su muerte y resurrección. [554­556, 568]
Tres evangelios relatan cómo Jesús, en la cumbre de un
monte, a la vista de sus discípulos, comienza a brillar (se "transfigura"). La voz del Padre celestial llama a Jesús "el Hijo amado", a quien hay que escuchar. Pedro quiere "hacer tres tiendas" y retener el momento. Pero Jesús está en camino hacia su Pasión. Se trata sólo de fortalecer a sus discípulos.


Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios

94. ¿Sabía Jesús que iba a morir cuando entró en
Jerusalén?
Sí. Jesús había anunciado en tres ocasiones
su Pasión y su Muerte, antes de dirigirse
consciente y voluntariamente (Lc 9,51) al
lugar de su Pasión y de su Resurrección.
[557-560,569-570]




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
95 ¿Por qué eligió Jesús la fecha de la fiesta judía de la Pascua para su Muerte y Resurrección?
Jesús eligió la fiesta de la Pascua de su pueblo como símbolo de lo que iba a suceder con él en la Muerte y Resurrección. Al igual que el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto, así también nos libera Cristo de la esclavitud del pecado y del poder de la muerte. [571­573]
La fiesta de la Pascua era la fiesta de la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto. Jesús subió a Jerusalén para liberarnos a nosotros de un modo aún más hondo. Celebró con sus discípulos el banquete de la Pascua. Durante esta celebración él mismo se convirtió en cordero pascual. Como "nuestra víctima pascual" (1 Cor 5,7b) ha sido inmolado, para, de una vez para siempre, establecer la reconciliación definitiva entre Dios y los hombres. ?171



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios . ..
96. ¿Por qué se condenó a un hombre de paz como Jesús
a morir en la cruz?
Jesús colocó a su entorno ante una cuestión
decisiva: o bien él actuaba con poder divino, o
bien era un impostor, un blasfemo, un
infractor de la ley, y debía 0 rendir cuentas por ello según la ley. [574­576]
En muchos aspectos Jesús fue una provocación
única para el judaísmo tradicional de su tiempo.
Perdonaba pecados, lo que sólo puede hacer Dios;
relativizaba el mandamiento del sábado; se hacía
sospechoso de blasfemia y se le reprochaba ser un
falso profeta. Para todos estos delitos la ley preveía
la pena de muerte.


Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios

97 ¿Son culpables los judíos de la muerte de Jesús?
Nadie puede atribuir a "los judíos" una culpa colectiva en la muerte de Jesús. Lo que la Iglesia confiesa con certeza, por el contrario, es la responsabilidad de todos los pecadores en la muerte de Jesús. [597­598]
El anciano profeta Simeón predijo que Jesús llegaría a ser "signo de contradicción" (Lc 2,34b). Existió el rechazo decidido de Jesús por parte de las autoridades judías, pero entre los fariseos, por ejemplo, hubo también partidarios secretos de Jesús, como Nicodemo y José de Arimatea. En el proceso de Jesús estuvieron implicadas diferentes personas y autoridades romanas y judías (Caifás, Judas, el Sanedrín, Herodes, Poncio Pilato), cuya culpa individual sólo Dios conoce. La tesis de que todos los judíos de entonces o los que viven actualmente sean culpables de la muerte de Jesús es absurda y no se sostiene según la Biblia. ?135





Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
98. ¿Quería Dios la muerte de su propio Hijo?
No se llegó a la muerte violenta de Jesús por desgraciadas circunstancias externas. Jesús fue "entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto" (Hch 2,23). Para que nosotros, hijos del pecado y de la muerte, tengamos vida, el Padre del Cielo "a quien no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro" (2 Cor 5,21). La grandeza del sacrificio que Dios Padre pidió a su Hijo corresponde sin embargo a la grandeza de la entrega de Cristo: "y ¿qué diré?: 'Padre, líbrame de esta hora'. Pero si por esto he venido, para esta hora" (Jn 12,27). Por ambas partes se trata de un amor que se demostró hasta el extremo en la Cruz. [599­609, 620]
Para librarnos de la muerte, Dios se lanzó a una misión arriesgada: introdujo en nuestro mundo de muerte una "medicina de la inmortalidad" (san Ignacio de Antioquía): su Hijo Jesucristo. El Padre y el Hijo eran aliados inseparables en esta misión, dispuestos y deseosos de asumir sobre sí lo máximo por amor al hombre. Dios quería llevar a cabo un intercambio para salvarnos para siempre. Quería darnos su vida eterna, para que gocemos de su alegría, y quería sufrir nuestra muerte, nuestra desesperación, nuestro abandono, para estar en comunión con nosotros en todo. Para amarnos hasta el final y más allá. La muerte de Cristo es la voluntad del Padre, pero no su última palabra. Desde que Cristo murió por nosotros, podemos cambiar nuestra muerte por su vida.




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
99. ¿Qué sucedió en la Última Cena?
Jesús lavó los pies a sus discípulos la víspera de su
muerte; instituyó la D EUCARISTÍA e inauguró el
sacerdocio de la Nueva Alianza. [610­611]
Jesús mostró su amor hasta el extremo de tres maneras: lavó los pies a sus discípulos y mostró que está entre nosotros como el que sirve (cf. Lc 22,27). Anticipó simbólicamente su muerte redentora, pronunciando sobre los dones del pan y del vino estas palabras: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros" (Lc 22,19s). De este modo instituyó la Sagrada D EUCARISTÍA. Y al mandar a sus APÓSTOLES: "Haced esto en memoria mía" (1 Cor 11,24b), los convirtió en sacerdotes de la Nueva Alianza. D208-223

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios . . ..
100. ¿Tuvo Jesús miedo ante la muerte en el Huerto de los
Olivos, la noche antes de morir?
Puesto que Jesús era verdaderamente hombre,
experimentó en el Huerto de los Olivos
verdaderamente el miedo humano ante la
muerte. [612]
Con las mismas fuerzas humanas que tenemos todos
nosotros Jesús tuvo que luchar por su asentimiento
interior a la voluntad del Padre de dar su vida para
la vida del mundo. En su hora más difícil,
abandonado por todo el mundo e incluso por sus
amigos, Jesús se decidió finalmente por un sí. "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad" (Mt 26,42) 476



Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
101. ¿Por qué tuvo Jesús que redimirnos precisamente en la Cruz?
La Cruz, en la que Jesús inocente fue ajusticiado cruelmente, es el lugar de la máxima humillación y abandono. Cristo, nuestro Redentor, eligió la Cruz para cargar con la culpa del mundo y sufrir el dolor del mundo. De este modo, mediante su amor perfecto, ha conducido de nuevo el mundo a Dios. [613­617,622623]
Dios no nos podía mostrar su amor de un modo más penetrante que dejándose clavar en la Cruz en la persona del Hijo. La cruz era el instrumento de ejecución más vergonzoso y más cruel de la Antigüedad. Los ciudadanos romanos no podían ser crucificados por grandes que hubieran sido sus culpas. De este modo Dios penetra en lo más profundo del dolor humano. Desde entonces ya nadie puede decir: "Dios no sabe lo que yo sufro".




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
102. ¿Por qué debemos nosotros también aceptar el sufrimiento en nuestra vida y así "cargar con la cruz" y con ello seguir a Jesús?
Los cristianos no tienen que buscar el dolor, pero cuando se enfrentan a un dolor que no se puede evitar, éste puede cobrar sentido para ellos si unen su dolor al dolor de Cristo: "Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas" (1 Pe 2,21). [618]
Jesús dijo: "El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a símismo, que cargue con su cruz y me siga" (Mc 8,34). Los cristianos tienen la tarea de mitigar el dolor en el mundo. Sin embargo, siempre habrá dolor. En la fe podemos aceptar nuestro propio dolor y compartir el ajeno. De este modo el dolor humano se hace uno con el amor redentor de Cristo y con ello se hace parte de la fuerza divina que transforma el mundo hacia el bien.




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios . . ..
103. ¿Murió Jesús realmente o quizás pudo resucitar
precisamente porque sólo había sufrido la muerte en
apariencia?
Jesús murió realmente en la Cruz; su cuerpo fue
enterrado. Esto lo atestiguan todas las fuentes.
[627]
En Jn 19,33 ss los soldados comprueban expresamente la
muerte de Jesús: abren el costado de Jesús muerto con
una lanza y ven que salen sangre yagua. Además se dice
que a los crucificados con él les quebraron las piernas,
una medida para acelerar el proceso de la muerte; esta
medida ya no era necesaria en el caso de Jesús en el
momento en cuestión, porque él ya estaba muerto.


Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
104.¿Se puede ser cristiano sin creer en la
Resurrección de Cristo?
No. "Si Cristo no ha resucitado, vana es
nuestra predicación y vana también vuestra
fe" (1 Cor 15,14). [631,638,651]




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
105. ¿Cómo llegaron a creer los discípulos que Jesús había resucitado?
Los discípulos, que antes habían perdido toda esperanza, llegaron a creer en la Resurrección de Jesús porque lo vieron de formas diferentes después de su muerte, hablaron con .él y experimentaron que estaba vivo. [640644,656]
Los acontecimientos de la Pascua, que ocurrieron hacia el año 30 en Jerusalén, no son ninguna historia inventada. Bajo la impresión de la muerte de Jesús y de la derrota de su causa común, los discípulos huyeron ("Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel", Lc 24,21) o se refugiaron tras las puertas cerradas. Sólo el encuentro con Cristo resucitado los liberó de su espanto y los llenó de una fe entusiasta en Jesucristo, el Señor de la vida y de la muerte.

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
106. ¿Hay pruebas de la. Resurrección de Jesús?
No hay pruebas de su Resurrección en el sentido de las ciencias positivas. Pero, como hecho histórico y trascendente a la vez, dio lugar a testimonios individuales y colectivos muy poderosos, por parte de un gran número de testigos de los acontecimientos de Jerusalén. [639­644,647,656­657]
El testimonio escrito más antiguo de la Resurrección es una carta que escribió san Pablo a los Corintios aproximadamente veinte años después de la muerte de Cristo: "Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto" (1 Cor 15,3-6). Pablo informa aquí de una tradición viva, que él se encontró en la comunidad primitiva, cuando uno o dos años después de la Muerte y Resurrección de Jesús llegó él mismo a ser cristiano a causa de su propio encuentro deslumbrante con el Señor resucitado. Como primer indicio de la realidad de la Resurrección entendieron los discípulos el hecho de la tumba vacía (Lc 24,5-6). y precisamente fueron mujeres, que según el derecho entonces vigente no eran testigos válidos, las que la descubrieron. Aunque se dice del U Apóstol Juan, ya ante la tumba vacía, que "vio y creyó" (Jn 20,8b), la certeza de que Jesús estaba vivo sólo se afianzó por medio de gran número de apariciones. La multitud de encuentros con el Resucitado acabaron con la Ascensión de Cristo a los cielos. Sin embargo hubo después y hay hoy encuentros con el Señor resucitado: Cristo vive.

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
107. ¿Volvió Jesús por la Resurrección al estado corporal que ten fa durante su vida terrena?
El Señor resucitado se dejó tocar por sus discípulos,
comió con ellos y les enseñó las heridas de la Pasión. Sin embargo, su cuerpo ya no pertenece únicamente a la
tierra, sino al ámbito divino del Padre [645­646]
Cristo resucitado, que lleva las heridas del Crucificado, ya no
está ligado al tiempo y al espacio. Podía pasar a través de
puertas cerradas y aparecerse en lugares diferentes y bajo una forma en la que no lo reconocían inmediatamente. La
Resurrección de Cristo no fue por tanto un retorno a la vida
terrena normal, sino la entrada en un nuevo modo de ser: "Pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él" (Rom 6,9).

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios . . .
108. ¿Qué ha cambiado en el mundo por la
Resurrección?
Puesto que ya no todo termina. con. La
muerte, la alegría y la esperanza han
entrado en el mundo. Después de que la
muerte "ya no tiene dominio" (Rom 6,9)
sobre Jesús, no tiene ya tampoco poder
sobre nosotros, que pertenecemos a Jesús.
[655,658]




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
109. ¿Qué quiere decir que Jesús ascendido a los cielos?
Con Jesús uno de nosotros ha llegado junto a Dios y está allí para siempre. En su Hijo, Dios está humanamente cercano a nosotros los hombres. Además Jesús dice en el evangelio de san Juan: "y cuando yo sea elevado. sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12,32). [659­667]
En el NUEVO TESTAMENTO, la Ascensión de Cristo a los cielos marca el final de
una cercanía especial del Resucitado con sus discípulos a lo largo de cuarenta días. Acabado este tiempo, Jesús entra con toda su humanidad en la gloria de Dios. La Sagrada Escritura expresa esto mediante los símbolos de la "nube" y el "cielo". "El hombre", dice el papa Benedicto XVI, "encuentra sitio en Dios". Jesucristo está ahora junto al Padre, de donde vendrá un día "a juzgar a los vivos y a los muertos". La Ascensión significa que Jesús ya no está en la tierra de forma visible, aunque está presente y está aquí.




Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
110. ¿Por qué es Jesucristo Señor del mundo entero?
Jesucristo es Señor del mundo y Señor de la historia porque todo fue creado para él. Todos los hombres han sido salvados por él y serán juzgados por él. [668­674, 680]
Él está sobre nosotros como el único ante quien doblamos la rodilla en adoración; está junto a nosotros como Cabeza de su Iglesia, en la que comienza ya ahora el reino de Dios; va por delante de nosotros como Señor de la historia, en quien los poderes de las tinieblas serán definitivamente derrotados y los destinos del mundo se cumplirán según el plan de Dios; sale a nuestro encuentro en gloria, en un día que no conocemos, para renovar y llevar a consumación el mundo. Su cercanía se puede experimentar sobre todo en la Palabra de Dios, en la recepción de los 0 SACRAMENTOS, en la atención a los pobres y allí "donde dos o tres están reunidos en mi nombre" (según Mt 18,20). 0157, 163

Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
111. ¿Quépasará cuando el mundo llegue a su fin?
Cuando el mundo llegue a su fin, vendrá Cristo,
visible para todos. [675-677]
Las conmociones dramáticas (Lc 18,8; Mt 24,3-14)
anunciadas en la Sagrada Escritura, la maldad que se
mostrará sin disimulo, las pruebas y persecuciones que
pondrán a prueba la fe de muchos, son sólo la cara
oscura de la nueva realidad: la victoria definitiva de
Dios sobre el mal se hará visible. La gloria, la verdad y
la justicia de Dios saldrán a la luz resplandeciente. Con
la venida de Cristo habrá "un cielo nuevo y una tierra
nueva". "y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no
habrá muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor, porque lo
primero ha desaparecido" (Ap 21,1.4) 164


Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios . . .
112. ¿Y cuando Cristo nos juzgue a nosotros y a todo el mundo?
A quien no quiere saber nada del amor, no
le puede ayudar Cristo; se juzga a sí mismo.
[678-679, 681-682]
Como Jesús es "el camino y la verdad y la vida"
(Jn 14,6), se mostrará en él lo que tiene
consistencia ante Dios y lo que no. Según el
criterio de lo que es la vida de Jesús saldrá a la
luz la verdad completa de todos los hombres, de
todas las cosas y de todos los pensamientos y
acontecimientos. 157,163




Capítulo III: Creo en el Espíritu Santo


113 ¿Qué quiere decir: Creo en el Espíritu Santo?
Creer en el Espíritu Santo es adorarle como Dios, igual que al Padre y al Hijo. Quiere decir creer que el Espíritu Santo viene a nuestro corazón para que como hijos de Dios conozcamos a nuestro Padre del cielo. Movidos por el Espíritu Santo podemos cambiar la faz de la tierra. [683­686]
Antes de su muerte Jesús había prometido a sus discípulos enviarles "otro Paráclito" (Jn 14,16), cuando ya no estuviera con ellos. Cuando después se derramó el Espíritu Santo sobre los discípulos de la Iglesia primitiva, entendieron lo que Jesús había querido decir. Experimentaron una seguridad profunda y la alegría de la fe y recibieron determinados CARISMAS; es decir, podían profetizar, sanar y hacer milagros. Hasta hoy existen personas en la Iglesia que tienen estos dones y estas experiencias. ?35-38,310-311



Capítulo III: Creo en el Espíritu Santo
114.¿Quépapel tiene el Espíritu Santo en la vida de Jesús?
Sin el Espíritu Santo no se puede comprender a
Jesús. En su vida se mostró como nunca antes la
presencia del Espíritu de Dios, que denominamos
Espíritu Santo. [689-691, 702-731]
Fue el Espíritu Santo quien llamó a la vida humana a
Jesús en el seno de la Virgen María (Mt 1,18), lo confirmó como el Hijo amado (Lc 4,16-19), lo guió (Mc 1,12) y lo vivificó hasta el final (Jn 19,30). En la Cruz Jesús exhaló el Espíritu. Después de su resurrección otorgó a sus discípulos el Espíritu Santo (Jn 20,20). Con ello el Espíritu pasó a la Iglesia: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo" (Jn 20,21).



Capítulo III: Creo en el Espíritu Santo
115 ¿Bajo qué nombres y símbolos se muestra el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo desciende sobre Jesús en forma de paloma. Los primeros cristianos experimentaron el Espíritu Santo como una unción sanadora, agua viva, viento impetuoso o fuego llameante. Jesucristo mismo habla de él como ayuda, consolador, maestro y espíritu de la verdad. En los 0 SACRAMENTOS de la Iglesia se otorga el Espíritu mediante la imposición de las manos y la unción con óleo. [691­693]
La paz que Dios estableció con los hombres después del diluvio se anunció a Noé por la aparición de una paloma. También la Antigüedad pagana conocía la paloma como símbolo del amor. De este modo los primeros cristianos comprendieron rápidamente por qué el Espíritu Santo, el amor de Dios hecho persona, descendió sobre Jesús en forma de paloma, cuando se hizo bautizar en el Jordán. Hoy en día la paloma es el signo de la paz conocido en todo el mundo y uno de los grandes símbolos de la reconciliación de los hombres con Dios (cf. Gén 8,10-11).



Capítulo III: Creo en el Espíritu Santo
116. ¿Qué quiere decir que el Espíritu Santo "habló por los
profetas"?
Ya en la antigua alianza Dios colmó a hombres y mujeres con el Espíritu Santo, de modo que alzaran su voz en favor de Dios, hablaran en su nombre y prepararan al pueblo para la llegada del Mesías. [683-688, 702-720]
En la antigua alianza Dios escogió hombres y mujeres
que estuvieran dispuestos a dejarse convertir por él en
consoladores, guías y amonestadores de su pueblo. Fue
el Espíritu de Dios el que habló por boca de Isaías,
Jeremías, Ezequiel y los demás profetas. Juan el
Bautista, el último de estos profetas, no sólo predijo la
llegada del Mesías. Se encontró con él y lo proclamó
como el liberador del poder del pecado.

Capítulo III: Creo en el Espíritu Santo
117. ¿Cómo pudo el Espíritu Santo obrar en, con y por medio de María?
María estaba totalmente disponible y abierta a
Dios (Lc 1,38). De este modo pudo convertirse,
por la acción del Espíritu Santo, en "Madre de
Dios", y como Madre de Cristo también en Madre
de los cristianos, y más aún, de todos los
hombres. [721-726]
María posibilitó al Espíritu Santo el milagro de los
milagros: la Encarnación de Dios. Ella dio su si a Dios:
"He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra" (Lc 1,38). Confortada por el Espíritu Santo
estuvo con Jesús a las duras y a las maduras, hasta la
Cruz. Allí Jesús nos la dio a todos nosotros como Madre
(Jn 19,25-27). ?80-85,479



Capítulo III: Creo en el Espíritu Santo
118. ¿Qué sucedió en Pentecostés?
Cincuenta días después de su Resurrección .envió Jesús desde el cielo el Espíritu Santo sobre sus discípulos. Dio comienzo entonces el tiempo de la Iglesia. [731-733]
El día de Pentecostés el Espíritu Santo hizo de los temerosos APÓSTOLES testigos valientes de Cristo. En poquísimo tiempo se bautizaron miles de personas: era la hora del nacimiento de la Iglesia. El prodigio de las lenguas de PENTECOSTÉS nos muestra
que la Iglesia existe desde el comienzo para todos; es universal (término latino para el griego católica) y misionera. Se dirige a todos los hombres, supera barreras étnicas y lingüísticas y puede ser entendida por todos. Hasta hoy el Espíritu Santo es el elixir vital de la Iglesia.



Capítulo III: Creo en el Espíritu Santo
119 ¿Qué hace el Espíritu Santo en la Iglesia?
El Espíritu Santo construye la Iglesia y la impulsa, le recuerda su 0 MISION. Llama a hombres a su servicio y les concede las gracias
necesarias. Nos introduce cada vez más profundamente en la comunión con el Dios trino. [733­741, 747]
Aunque la Iglesia, en su larga historia, en ocasiones haya dado la impresión de estar "dejada de la mano de Dios", a pesar de todas las faltas y deficiencias humanas, siempre está actuando en ella el Espíritu Santo. Sus dos mil años de existencia y los numerosos santos de todas las épocas y culturas son ya la prueba visible de su presencia en ella. Es el Espíritu Santo quien mantiene a la Iglesia en su conjunto en la verdad y la introduce cada vez más profundamente en el conocimiento de. Dios. Es el Espíritu Santo quien actúa en los SACRAMENTOS Y quien hace viva para nosotros la Sagrada Escritura. A las personas que se abren totalmente a él, les otorga también hoy sus gracias y dones (CARISMAS). 0203-206



Capítulo III: Creo en el Espíritu Santo
120 ¿Qué hace el Espíritu Santo en mi vida?
El Espíritu Santo me abre a Dios; me enseña a orar y me ayuda a estar disponible para los demás. (738-741)
"El huésped silencioso de nuestra alma", así llama san Agustín al Espíritu Santo. Quien quiera percibirlo debe hacer silencio. Con frecuencia este huésped habla bajito dentro de nosotros, por ejemplo en la voz de nuestra conciencia o mediante otros impulsos internos y externos. Ser "templo del Espíritu Santo" quiere decir estar en cuerpo y alma a disposición de este huésped, del Dios en nosotros. Nuestro cuerpo es por tanto, en cierto modo, el cuarto de estar de Dios. Cuanto más nos abramos al Espíritu Santo en nosotros, tanto más se convertirá en maestro de nuestra vida, tanto más nos concederá también hoy sus CARISMAS para la edificación de la Iglesia. De este modo, en lugar de las OBRAS DE LA CARNE, crecerán en nosotros los FRUTOS DEL ESPÍRITU. 0290-291,295-297,310-311




Capítulo III: Creo en la Santa Iglesia católica


121. ¿Qué significa "Iglesia"?
Iglesia viene del griego ekklesía = los convocados. Todos nosotros, quienes hemos sido bautizados y creemos en Dios, somos convocados por el Señor. Y juntos somos la Iglesia. Como dice san Pablo, Cristo es la Cabeza de la Iglesia. Nosotros somos su Cuerpo. [748­757]
Cuando recibimos los SACRAMENTOS y escuchamos la Palabra de Dios, Cristo está en nosotros y nosotros estamos en él: esto es la IGLESIA. La estrecha comunión de vida de todos los bautizados con Cristo es descrita en la Sagrada Escritura con una gran riqueza de imágenes. A veces se habla del Pueblo de Dios, otras de la esposa de Cristo; unas veces se llama madre a la Iglesia, otras, la familia de Dios o se la compara con los invitados a una boda. Nunca es la Iglesia una mera institución, nunca sólo la "Iglesia oficial", que uno podría rechazar. Nos irritarán las faltas y los defectos que se dan en la Iglesia, pero no nos podemos distanciar nunca de ella, porque Dios ha optado por ella de forma irrevocable y no se aleja de ella a pesar de todos sus pecados. La Iglesia es la presencia de Dios entre nosotros los hombres. Por eso debemos amarla.


Capítulo III: Creo en la Santa Iglesia católica
.
122.¿Para qué quiere Dios la Iglesia?
Dios quiere la Iglesia porque no nos quiere
salvar individualmente, sino juntos. Quiere
convertir a toda la humanidad en su pueblo.
[758-781,802-804]
Nadie alcanza el cielo de forma asocial. Quien sólo se
preocupa de sí mismo y de la salvación de su alma,
vive de forma asocial. Esto es imposible, tanto en el
cielo como en la tierra. El mismo Dios no es asocial;
no es un ser solitario, que se baste a sí mismo. El
Dios trinitario es en sí "social", una comunión, un
eterno intercambio de amor. Según el modelo de Dios, el hombre está hecho para la relación, el intercambio, el compartir y el amor. Somos responsables unos de otros.



Capítulo III: Creo en la Santa Iglesia católica

123.¿Cuál es la misión de la Iglesia?
La misión de la Iglesia es hacer brotar y crecer en
todos los pueblos el reino de Dios, que ha
comenzado ya con Jesús. [763-769,774-776,780]
Allí donde estuvo Jesús, el cielo tocó la tierra:
Comenzaba el reino de Dios, un reino de paz y justicia.
La Iglesia sirve a este reino de Dios. No es un fin en sí
misma. Tiene que continuar lo que ha comenzado con
Cristo. Debe actuar como lo haría Jesús. Continúa
realizando los signos sagrados de Jesús (SACRAMENTOS). Transmite las palabras de Jesús. Por eso la Iglesia, con todas sus debilidades, es realmente un fragmento de cielo en la tierra.



Capítulo III: Creo en la Santa Iglesia católica
124. ¿Por qué la Iglesia es más que una institución?
La Iglesia es más que una institución porque es un (
MISTERIO) que es a la vez humano y divino. [770-773, 779]
El amor verdadero no es ciego, sino que hace ver. Lo mismo ocurre cuando miramos a la Iglesia: vista desde fuera la Iglesia es únicamente una institución histórica, con logros históricos, pero también con errores e incluso crímenes: una Iglesia de pecadores. Pero esta mirada no es suficientemente profunda. Porque Cristo se ha comprometido de tal modo con nosotros pecadores que no abandona nunca a la Iglesia, incluso si le traicionáramos a diario. Esta unión inseparable de lo humano y lo divino, de pecado y de gracia, forma parte del misterio de la Iglesia. Por eso, vista con los ojos de la fe, la Iglesia es indestructiblemente santa. 0132


Capítulo III: Creo en la Santa Iglesia católica
125 ¿Qué es lo que hace único al Pueblo de Dios?
El fundador de este pueblo es Dios Padre. Su líder es Jesucristo. Su fuente de energía es el Espíritu Santo. La puerta de entrada al Pueblo de Dios es el bautismo. Su dignidad es la libertad de los hijos de Dios. Su ley es el amor. Si este pueblo permanece fiel a Dios y busca ante todo el reino de Dios, transforma el mundo. [781­786]
En medio de todos los pueblos de la tierra existe un pueblo que no es como ningún otro. No se somete a nadie, sólo a Dios. Debe ser como la sal, que da sabor; como la levadura, que lo penetra todo; como la luz, que aleja las oscuridades. Quien pertenece al Pueblo de Dios debe contar con entrar en contradicción abierta con las personas que niegan la existencia de Dios y desprecian sus mandamientos. Pero en la libertad de los hijos de Dios no hay que tener miedo a nada, ni siquiera a la muerte.



Capítulo III: Creo en la Santa Iglesia católica
126.¿Qué quiere decir que "la Iglesia es el Cuerpo de
Cristo"?
Especialmente mediante los SACRAMENTOS del Bautismo y la EUCARISTÍA se establece una unión indisoluble entre Jesucristo y los cristianos.
Esta unión es tan fuerte que nos junta a él y a nosotros como cabeza y miembros de un
cuerpo humano y nos convierte en una
unidad. [787­795] 0146, 175, 200, 208, 217


Capítulo III: Creo en la Santa Iglesia católica
127. ¿Qué quiere decir que "la Iglesia es la esposa de Cristo"?
Jesucristo ama a la Iglesia como un esposo ama a su
esposa. Se vincula para siempre a ella y entrega su vida por ella. [796]
Quien ha estado enamorado una vez, intuye lo que es el amor.
Jesús lo sabe y se denomina a sí mismo esposo, que corteja a su esposa con amor ardiente y que desea celebrar la fiesta del amor con ella. Su esposa somos nosotros, la Iglesia. Ya en el 0
ANTIGUO TESTAMENTO se compara el amor de Dios por su pueblo con el amor entre esposo y esposa. Cuando Jesús nos corteja a cada uno de nosotros, ¡cuántas veces es un amante desgraciado, por así decir, enamorado de aquellos que no
quieren saber nada de su amor y no le corresponden!

Capítulo III: Creo en la Santa Iglesia católica
128 ¿Qué quiere decir que la Iglesia es "templo del Espíritu Santo"?
La Iglesia es el lugar del mundo donde el Espíritu Santo está plenamente presente. [797-801,809]
El pueblo de Israel adoraba a Dios en el templo de Jerusalén. Este templo ya no existe. Su puesto lo ha ocupado la Iglesia, que no está sujeta a un lugar determinado. "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20). Quien vivifica a la Iglesia es el Espíritu de Cristo: habita en la palabra de la Sagrada Escritura y está presente en los signos sagrados de los SACRAMENTOS. Habita en los
corazones de los fieles y habla en sus oraciones. Conduce a la Iglesia y le otorga sus dones (0CARISMAS), tanto los sencillos como los extraordinarios.
Quien se confía al Espíritu Santo puede experimentar también hoy verdaderos milagros. 0113-120,203-205,310-311



Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y
apostólica
129. ¿Por qué sólo puede haber una Iglesia?
Así como sólo existe un único Cristo, sólo puede existir un único cuerpo de Cristo, una única esposa de Cristo, y por tanto sólo una única Iglesia de Cristo. Él es la Cabeza; la Iglesia, su Cuerpo. Juntos forman el "Cristo total" (san Agustín). Así como el cuerpo tiene muchos miembros, pero es solamente uno, así la Iglesia una existe en y está formada por muchas Iglesias particulares (diócesis). [811­816, 866, 870]
Jesús edificó su Iglesia sobre el fundamento de los 0APÓSTOLES, que
permanece hasta hoy. Es la Iglesia que subsiste en la Iglesia católica. La fe de los APÓSTOLES, bajo la dirección del ministerio de Pedro, que "preside en la caridad" (san Ignacio de Antioquía), se transmitió en la Iglesia de generación en generación. También los SACRAMENTOS,
que Jesús confió al colegio apostólico, siguen actuando con la misma fuerza de su origen.



Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica .
130. ¿También los cristianos no católicos son nuestros hermanos y hermanas?
Todos los bautizados pertenecen a la Iglesia de Cristo. Por eso también los bautizados que están separados de la plena comunión con la Iglesia católica se llaman con razón cristianos y son por ello nuestros hermanos y hermanas. [817819]
Las rupturas de la única Iglesia de Cristo surgieron por falsificaciones de la doctrina de Cristo, por faltas humanas y por escasa disposición a la reconciliación (con frecuencia en los representantes de ambas partes). Los cristianos de hoy no son responsables de las divisiones históricas de la Iglesia. El Espíritu Santo actúa también en las IGLESIAS y COMUNIDADES ECLESIALES separadas de la Iglesia católica para la salvación de los hombres. Todos los dones en ellas presentes, como por ejemplo la Sagrada Escritura, los 0 SACRAMENTOS, la fe, la esperanza, la caridad y otros 0CARISMAS, proceden de Cristo. Donde habita el Espíritu de Cristo, hay una dinámica interna en dirección a la "reunificación", porque lo que pertenece a un mismo ser tiende a unirse.


Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
131. ¿Qué debemos hacer por la unidad de los cristianos?
Debemos escuchar las palabras y los hechos de Cristo, cuya voluntad declarada es "que todos sean uno" (Jn 17,21). [820­822]
Independientemente de la edad de cada cual, la unidad de los cristianos nos afecta a todos. La unidad fue uno de los deseos más importantes de Jesús: "Que todos sean uno [ ... ] para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17,21). Las divisiones son como heridas en el Cuerpo de Cristo, duelen y supuran. Las divisiones conducen a enemistades y debilitan la fe y la credibilidad de los cristianos. Para que el escándalo de la separación desaparezca del mundo es necesaria la conversión de todos los afectados, también el conocimiento de las propias convicciones de fe y las controversias con las de los otros, pero especialmente es necesaria la oración común y el servicio común de los cristianos a los hombres. Los responsables de la Iglesia no deben dejar que se interrumpa el diálogo teológico.


Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
132. ¿Por qué es santa la Iglesia?
La Iglesia no es santa porque todos sus miembros sean santos, sino porque Dios es santo y actúa en ella y por ella. Todos los miembros de la Iglesia están santificados por el bautismo. [823­829]
Siempre que nos dejamos tocar por el Dios trino, crecemos en el amor, somos santificados y santos. Los santos son amantes, no porque ellos sean capaces de amar por sí mismos, sino porque Dios los ha tocado. Ellos transmiten a los hombres el amor que han experimentado de Dios, cada uno en su modo propio, a menudo original. Llegados junto a Dios santifican también a la Iglesia, porque "pasan su cielo" apoyándonos a nosotros en el camino de la SANTIDAD. 124


Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
133. ¿Por qué se llama católica la Iglesia?
"Católico" (del griego katholon) quiere
decir estar referido a la totalidad. La Iglesia es católica porque Cristo la ha llamado a confesar toda la fe, a conservar y dispensar todos los SACRAMENTOS y a anunciar a todos la Buena Noticia; y la ha enviado a todos los pueblos. [830­631,849­856]



Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
134. ¿Quién pertenece a la Iglesia católica?
Pertenece a la plena comunión con la
Iglesia católica quien se vincula a
Jesucristo en unidad con el 0PAPA y los
OBISPOS mediante la confesión de la fe
católica y la recepción de los SACRAMENTOS. [836­838]
Dios quiso una Iglesia para todos. Por desgracia
los cristianos hemos sido infieles a este deseo de Cristo. Sin embargo hoy estamos aún unidos
entre nosotros estrechamente mediante la fe y el bautismo común.



Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
135. ¿Qué relación tiene la Iglesia con los judíos?
Los judíos son los "hermanos mayores" de los cristianos, porque Dios los amó en primer lugar y les habló primero a ellos. El hecho de que Jesucristo, como hombre, sea un judío, nos une. Que la Iglesia reconozca en él al Hijo de Dios vivo, nos separa. Estamos unidos en la espera de la venida definitiva del Mesías. [839­840]
La fe judía es la raíz de nuestra fe. La Sagrada Escritura de los judíos, que nosotros llamamos 0ANTIGUO TESTAMENTO, es la primera parte de nuestra Sagrada Escritura. La visión judeocristiana del hombre, cuya ética está marcada por los diez mandamientos, es el fundamento de las democracias occidentales. Es vergonzoso que los cristianos, a lo largo de muchos siglos, no hayan querido admitir este parentesco tan estrecho con el judaísmo y, con justificaciones pseudoteológicas, hayan contribuido a fomentar un odio a los judíos que a menudo ha tenido efectos mortales. El papa beato Juan Pablo II, con motivo del Jubileo del año 2000, pidió expresamente perdón por ello. El Concilio Vaticano II deja claro que no se debe imputar a los judíos como pueblo ninguna culpa colectiva en la muerte en cruz de Jesús. 96-97,335


Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
136. ¿Cómo ve la Iglesia a las demás religiones?
La Iglesia respeta todo lo que en las demás ORELIGIONES es bueno y verdadero. Respeta y fomenta la libertad religiosa como derecho humano. Sin embargo, ella sabe que Jesucristo es el único Salvador de los hombres. Sólo él es "el camino y la verdad y la vida" (Jn 14,6). [841­845,846­848]
Todo aquel que busca a Dios nos resulta cercano a los cristianos. Hay un grado especial de "parentesco" con los musulmanes. Al igual que el judaísmo y el cristianismo, el islam pertenece también a las RELIGIONES monoteístas (MONOTEÍSMO). También los
musulmanes veneran al Dios creador ya Abraham como padre de su fe. Para el Corán, Jesús es un gran profeta. María, su Madre, es la madre del profeta. La Iglesia enseña que todos los hombres que sin culpa suya no conocen a Cristo ni a su Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y siguen la voz de su conciencia, pueden alcanzar la salvación con la ayuda de la gracia. Sin embargo, quien ha conocido que Jesucristo es "el camino, la verdad y la vida", pero no quiere seguirle, no alcanza la salvación. Esto es lo que se expresa con la frase "Extra ecclesiam nulla salus" (Fuera de la Iglesia no hay salvación).


Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
137. ¿Por qué la Iglesia se llama apostólica?
La IGLESIA se llama apostólica porque, fundada
sobre los APÓSTOLES, mantiene su tradición y es
guiada por sus sucesores. [857­860, 869,877]
Jesús llamó a los APÓSTOLES como sus más estrechos
colaboradores. Fueron sus testigos oculares. Después de su
Resurrección se les apareció en varias ocasiones. Les
concedió el Espíritu Santo y los envió como sus mensajeros
autorizados por todo el mundo. En la Iglesia primitiva eran los garantes de la unidad. Su misión y poder los
transmitieron, mediante la de las manos, a los OBISPOS,
sus sucesores. Así se hace hasta hoy. Este proceso se
denomina SUCESIÓN APOSTÓLICA. 92


Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
138. ¿Cómo está estructurada la Iglesia una, santa, católica y apostólica? En la Iglesia hay LAICOS y clérigos (CLERO). Como hijos de
Dios tienen la misma dignidad. Tienen misiones de igual valor, pero diferentes. La misión de los laicos es orientar el mundo entero hacia el reino de Dios. Junto a ellos están los ministros ordenados (clérigos) con los ministerios del gobierno de la Iglesia, de la enseñanza y de la santificación. En ambos estados de vida hay cristianos que, en castidad, pobreza y obediencia, se ponen de modo especial al servicio de Dios (por ejemplo, los religiosos). [871­876, 934, 935]
Todo cristiano tiene la misión de testimoniar el evangelio con la propia vida. Pero Dios traza un camino propio para cada persona. A unos los envía como 0LAICOS, para que construyan el reino de Dios en medio del mundo, en la familia y en el trabajo. Para ello cuentan con los dones necesarios del Espíritu Santo en el bautismo y la CONFIRMACIÓN. A otros les encomienda el ministerio pastoral; tienen que gobernar, enseñar y santificar a su pueblo. Nadie se puede atribuir este encargo; es el Señor mismo quien lo concede y confiere la fuerza divina mediante el orden sagrado. De este modo pueden actuar en lugar de Cristo y dispensar los 0 SACRAMENTOS. 259



Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
139. ¿En qué consiste la vocación de los laicos?
Los LAICOS son enviados para comprometerse en la sociedad, para que el reino de Dios pueda crecer entre los hombres. [897 913,940-943]
Un D LAICO no es un cristiano de segunda clase, porque participa del sacerdocio de Cristo (sacerdocio común). Se ocupa de que las personas de su entorno (en el colegio, la formación, la familia y el trabajo) conozcan el Evangelio y aprendan a amar a Cristo. Mediante su fe influye en la sociedad, la economía y la política. Respalda la vida eclesial, asumiendo por ejemplo servicios de acólito o lector, se ofrece como responsable de grupos, participa en consejos y comisiones eclesiales (por ejemplo el consejo pastoral parroquial o el consejo económico). Los jóvenes deben reflexionar especialmente sobre el lugar que Dios quiere que ocupen.




Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
140. ¿Por qué la Iglesia no es una organización democrática?
El principio de la democracia es: todo poder emana del pueblo. Pero en la Iglesia todo poder emana de Cristo. por eso la Iglesia tiene una constitución jerárquica. Al mismo tiempo Cristo le otorgó, sin embargo, una estructura colegial. [874­879]
El elemento jerárquico en la Iglesia consiste en que es el mismo Cristo quien actúa en ella ' cuando los ministros sagrados por gracia de Dios hacen y dan lo que no podrían hacer ni dar por sí mismos, es decir, cuando dispensan, en lugar de Cristo, los 0SACRAMENTOS y enseñan con su autoridad.
El elemento colegial en la Iglesia consiste en que Cristo ha confiado la totalidad de la fe a una comunidad de doce APÓSTOLES, cuyos sucesores, bajo el primado de Pedro, dirigen la Iglesia. Partiendo de este enfoque colegial los concilios son un elemento irrenunciable de la Iglesia. Pero también en otros órganos colegiados de la Iglesia, en sínodos y consejos, pueden fructificar la multitud de los dones del Espíritu y la universalidad de la Iglesia de todo el mundo.



Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
141 ¿Cuál es la misión del Papa?
Como sucesor de san Pedro y cabeza del colegio episcopal, el PAPA es el garante de la unidad de la Iglesia. Tiene la potestad pastoral suprema y es la autoridad máxima en las decisiones doctrinales y disciplinares. [880-882,936-937]
Jesús otorgó a Pedro una primacía única entre los APÓSTOLES. Esto le convirtió en la autoridad suprema de la Iglesia primitiva. ROMA, la Iglesia local al frente de la cual estaba Pedro, y el lugar de su martirio, se convirtió después de su muerte en la orientación interior de la Iglesia naciente. Toda comunidad debía estar de acuerdo con Roma; ésta era la regla de la fe recta, plena y apostólica. Hasta nuestros días, todo OBISPO de Roma, como Pedro, es el supremo Pastor de la Iglesia, cuya verdadera Cabeza es Cristo. Sólo en esta función es elD PAPA el "Vicario de Cristo en la tierra". Como autoridad suprema pastoral y doctrinal, vela por la transmisión auténtica de la fe. Si es necesario debe retirar el permiso de enseñanza o suspender a ministros ordenados en casos de faltas graves en su ministerio en cuestiones de fe y moral. La unidad en cuestiones de fe y moral, que está garantizada por el MAGISTERIO, al frente del cual está el Papa, constituye una parte de la capacidad de resistencia y del atractivo de la Iglesia católica.


Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
142. ¿Pueden los obispos actuar y enseñar en contradicción con el Papa? ¿O el Papa contra los obispos?
Los OBISPOS no pueden actuar ni enseñar contra el PAPA, sino únicamente junto con él. El Papa, por el
contrario, puede, en casos claramente determinados, tomar decisiones sin el acuerdo de los obispos. [880­890]
No obstante, el PAPA en sus decisiones está sujeto a la fe de la Iglesia. Existe algo así como el sentido general de la fe de la Iglesia; una convicción fundamental en asuntos de fe, presente en toda la Iglesia y obra del Espíritu Santo, por así decir, el sentido común de la Iglesia, es decir lo que "ha sido creído siempre, en todas partes y por todos" (san Vicente de Lérins).


Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
143. ¿Es realmente infalible el Papa?
Sí. Pero el PAPA sólo goza de esta infalibilidad cuando proclama
con un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral. También las decisiones magisteriales del colegio episcopal en comunión con el Papa pueden tener carácter infalible, por ejemplo las decisiones de un Concilio Ecuménico cuando proponen una doctrina como definitiva. [888­892]
La infalibilidad del PAPA no tiene nada que ver con su integridad moral ni
con su inteligencia. Infalible es en realidad la Iglesia, pues Jesús le ha prometido el Espíritu Santo, que la sostiene en la verdad y la introduce en ella cada vez más profundamente. Cuando una verdad de fe evidente es negada o tergiversada de repente, la Iglesia debe tener una última palabra que exprese de forma vinculante lo que es verdadero y lo que es falso. Esta palabra es la del Papa. Como sucesor de Pedro y primero de los 0 OBISPOS, tiene el poder de formular la verdad cuestionada según la tradición de la fe de la Iglesia, de tal modo que se presente a los fieles para todos los tiempos como "segura para ser creída o mantenida de manera definitiva". Un caso particular de esto se da cuando el Papa proclama un dogma. Por eso un dogma no puede nunca tener un contenido "nuevo". Un dogma se proclama muy raramente. El último es de 1950.


Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica
144. ¿Cuál es la misión de los obispos?
Los D OBISPOS son los responsables de la Iglesia particular a
ellos encomendada y son corresponsables de toda la Iglesia. Ejercen su autoridad en comunión de unos con otros y para toda la Iglesia bajo la autoridad del PAPA. [886-887,893.896, 938-939]
Los OBISPOS tienen que ser ante todo DAPÓSTOLES, testigos fieles
de Jesús, que los ha llamado personalmente a su lado y los ha enviado. De este modo llevan a Cristo a los hombres y a los hombres a Cristo. Esto se realiza mediante la predicación, la celebración de los sacramentos y el gobierno de la Iglesia. Como sucesor de los APÓSTOLES, el obispo ejerce su ministerio con su propia autoridad apostólica; no es un comisionado o una especie de asistente del Papa, sino que actúa junto con el PAPA y bajo su autoridad.



Capítulo III: Creo en la Iglesia, una, santa, católica yapostólica
145. ¿Por qué quiere Jesús que existan personas que vivan para siempre una vida en pobreza, castidad y obediencia?
Dios es amor. Él desea también nuestro amor. Una forma de entrega amorosa a Dios es vivir como Jesús, pobre, casto y obediente. Quien vive así tiene la cabeza, el corazón y las manos libres para Dios y para los hombres. [914-933, 944-945]
No faltan nunca personas que se dejan conquistar totalmente por Jesús, de modo que, "por el reino de los cielos" (Mt 19,12), lo dejan todo por Dios, incluso dones tan hermosos como la propiedad privada, la autodeterminación y el amor conyugal. Esta vida según los
CONSEJOS EVANGÉLICOS en pobreza, castidad y obediencia muestra a todos los cristianos que el mundo no lo es todo. Sólo el encuentro "cara a cara" con el Esposo divino hará feliz al hombre de modo definitivo.



Capítulo III: Creo en la comunión de los santos

 
146. ¿Qué significa la "comunión de los santos"?
De la "comunión de los santos" forman parte todas las personas que han puesto su esperanza en Cristo y le pertenecen por el bautismo, hayan muerto ya o vivan todavía. Puesto que somos un cuerpo en Cristo, vivimos en una comunión que abarca el cielo y la tierra. [946­962]
La Iglesia es más grande y está más viva de lo que pensamos. A ella pertenecen los vivos y los muertos, ya se encuentren en un proceso de purificación o estén en la gloria de Dios. Conocidos y desconocidos, grandes santos y personas insignificantes. Nos podemos ayudar mutuamente sin que la muerte lo impida. Podemos invocar a nuestros santos patronos y a nuestros santos favoritos, pero también a nuestros parientes difuntos, de quienes pensamos que ya están junto a Dios. Yal contrario, podemos socorrer a nuestros difuntos que se encuentran aún en un proceso de purificación, mediante nuestras oraciones. Todo lo que cada uno hace o sufre en y para Cristo, beneficia a todos. La conclusión inversa supone, desgraciadamente, que cada pecado daña la comunión. 126



Capítulo III: Creo en la comunión de los santos
147. ¿Por qué ocupa María un lugar tan destacado en
la comunión de los santos?
María es la Madre de Dios. Estuvo unida a
Jesús en su vida terrena como ninguna otra persona, una cercanía que no se interrumpe tampoco en el cielo. María es la Reina del cielo y está muy cercana a nosotros en su sentimiento maternal. [972]
Porque ella se confió en cuerpo y alma y
asumiendo el riesgo ante una empresa peligrosa,
aunque fuera divina, María fue acogida en el cielo también en cuerpo y alma. Quien vive y cree como María, llega al cielo. 80-85



Capítulo III: Creo en la comunión de los santos
148. ¿Puede María ayudarnos realmente?
Sí. Que María ayuda es una experiencia desde el comienzo de la Iglesia. Millones de cristianos lo testifican. [967-970]
Como Madre de Jesús, María es también nuestra
Madre. Las buenas madres interceden siempre por
sus hijos. Y esta Madre con más motivo. Ya sobre la
tierra abogó ante Jesús por otros: por ejemplo cuando
libró de una situación embarazosa a una pareja de
novios en Caná. En la sala de Pentecostés oró en
medio de los discípulos. Puesto que su amor por
nosotros no cesa nunca, podemos estar seguros de que
intercede por nosotros en los dos momentos más
importantes de nuestra vida: "ahora y en la hora de
nuestra muerte". 85



Capítulo III: Creo en la comunión de los santos
149. ¿Se puede adorar a María?
No. Sólo se debe adorar a Dios. Pero podemos
venerar a María como Madre de nuestro Señor.
[971]
Entendemos por adoración el reconocimiento humilde e
incondicional de la absoluta sublimidad de Dios por
encima de todas las criaturas. María es una criatura
como nosotros. En la fe es nuestra Madre. Y debemos
honrar a los padres. Y esto se ajusta a la Biblia, porque
María misma dice: "Me felicitarán todas las
generaciones" (Lc 1,48b). Por eso la Iglesia tiene
santuarios marianos de peregrinación, fiestas, canciones
y oraciones marianas, como por ejemplo el 0 ROSARIO,
que es un resumen de los evangelios. 353,484



Capítulo III: Creo en el perdón de los pecados


150. ¿Puede realmente la Iglesia perdonar los pecados?
Sí. Jesús no sólo perdonó él mismo los
pecados, también confió a la Iglesia la
misión y el poder de librar a los hombres de sus pecados. [981-983,986-987]
Mediante el ministerio del sacerdote se concede al pecador el perdón de Dios y la culpa queda borrada tan completamente como si nunca hubiera existido. Esto lo puede realizar un  PRESBÍTERO sólo porque Jesús le hace partícipe de su propio poder divino de perdonar pecados. ?225-239



Capítulo III: Creo en el perdón de los pecados
151. ¿Qué posibilidades hay en la Iglesia para el perdón de los pecados?
El perdón de los pecados se da fundamentalmente en el SACRAMENTO del Bautismo. Después es necesario el sacramento de la Reconciliación (Penitencia, Confesión) para el perdón de los pecados graves. Para los pecados veniales se recomienda también la Confesión. La lectura de la Sagrada Escritura, la oración, el ayuno y la realización de buenas obras tienen también un efecto expiatorio. [976­980,984-987] 0226­239




Capítulo III: Creo en la resurrección de los muertos


152. ¿Por qué creemos en la resurrección de los muertos?
Creemos en la resurrección de los muertos
porque Cristo ha resucitado de entre los
muertos, vive para siempre y nos hace
participes de esta vida eterna. [988­991]
Cuando un hombre muere, su cuerpo es enterrado o incinerado. A pesar de ello creemos que hay una vida después de la muerte para esa persona. Jesús se ha mostrado en su Resurrección como Señor de la muerte; su palabra es digna de fe: "Yo soy la
resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque
haya muerto, vivirá" (Jn 11,25b). 103-108



Capítulo III: Creo en la resurrección de los muertos
153. ¿Por qué creemos en la resurrección de la "carne"?
El término bíblico "carne" designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad. Pero Dios no contempla la carne humana como algo de escaso valor. En Jesús él mismo tomó "carne" (ENCARNACTÓN), para salvar al hombre. Dios no sólo salva el espíritu del hombre, salva al hombre todo entero, en cuerpo y alma. [988­991,997­1001,1015]
Dios nos ha creado con cuerpo (carne) y alma. Al final del mundo él no abandonará la "carne", ni a su creación como si fuera un juguete viejo. En el "último día" nos resucitará en la carne. Esto quiere decir que seremos transformados, pero que nos encontraremos, no obstante, en nuestro elemento. Tampoco para Jesucristo fue un mero episodio el estar en la carne. Cuando el Resucitado se apareció, los discípulos contemplaron sus heridas corporales.

Capítulo III: Creo en la resurrección de los muertos
154. ¿Qué pasa con nosotros cuando morimos?
En la muerte se separan el cuerpo y el alma. El cuerpo se descompone, mientras que el alma sale al encuentro de Dios y espera a reunirse en el último día con su cuerpo resucitado. [992-1004, 1016-1018]
El cómo de la resurrección de nuestro cuerpo es un
misterio. Una imagen nos puede ayudar a asumirlo:
cuando vemos un bulbo de tulipán no podemos saber
qué hermosa flor se desarrollará en la oscuridad de la tierra. Igualmente no sabemos nada de la apariencia futura de nuestro nuevo cuerpo. Sin embargo, san Pablo está seguro: "Se siembra un cuerpo sin gloria, resucita glorioso" (1 Cor 15,43a).

Capítulo III: Creo en la resurrección de los muertos
155 ¿Cómo nos ayuda Cristo en la muerte, si confiamos en él?
Cristo nos sale al encuentro y nos conduce a la vida eterna. "No me recogerá la muerte, sino Dios" (santa Teresa del Niño Jesús). [1005­1014, 1016, 1019]
Contemplando la pasión y la muerte de Jesús incluso la muerte puede ser más llevadera. En un acto de confianza y de amor al Padre podemos decir "sí", como hizo Jesús en el Huerto de los Olivos. Esta actitud se denomina "sacrificio espiritual". El que muere se une con el sacrificio de Cristo en la cruz. Quien muere así, confiando en Dios y en paz con los hombres, es decir, sin pecado grave, está en el camino de la comunión con Cristo resucitado. Cuando morimos, no caemos más que hasta las manos de Dios. Quien muere no viaja a la nada, sino que regresa al hogar del amor del Dios que le ha creado. ?102



Capítulo III: Creo en la vida eterna


156. ¿Qué es la vida eterna?
La vida eterna comienza con el Bautismo. Va más allá de la muerte y no tendrá fin. [1020]
Cuando estamos enamorados no queremos que
este estado acabe nunca. "Dios es amor", dice la
primera carta de san Juan (1 Jn 4,16). "El amor", dice la primera carta a los Corintios, "no pasa nunca" (1 Cor 13,8). Dios es eterno, porque es amor; y el amor es eterno porque es divino.
Cuando estamos en el amor entramos en la presencia infinita de Dios. 285

Capítulo III: Creo en la vida eterna

157 ¿Seremos llevados a juicio después de la muerte?
El llamado juicio especial o particular tiene lugar en el momento de la muerte de cada individuo. El juicio universal, que también se llama final, tendrá lugar en el último día, es decir, al final de los tiempos, en la venida del Señor. [1021­1022]
Al morir, cada hombre llega al momento de la verdad. Ya nada puede ser eliminado o escondido, nada puede ser cambiado. Dios nos ve como somos. Llegamos ante su juicio, que todo lo hace "justo", porque, si hemos de estar en la cercanía santa de Dios, sólo podemos ser "justos" (tan justos como Dios nos quiso cuando nos creó). Quizá debamos pasar aún por un proceso de purificación, quizá podamos gozar inmediatamente del abrazo de Dios. Pero quizá estemos tan llenos de maldad y odio, de tanto "no" a todo, que apartemos para siempre nuestro rostro del amor, de Dios. Y una vida sin amor no es otra cosa que el infierno. 163
Capítulo III: Creo en la vida eterna

158. ¿En qué consiste el cielo?
El cielo es el momento sin fin del amor. Nada nos separa ya de Dios, a quien ama nuestra alma y ha buscado durante toda una vida.
Junto con todos los ángeles y santos podemos alegrarnos por siempre en y con Dios. [1023­1026, 1053]
Quien contempla a una pareja que se mira tiernamente; quien contempla a un bebé que busca mientras mama los ojos de su madre, como si quisiera almacenar para siempre su sonrisa, percibe una lejana intuición del cielo.
Poder mirar a Dios cara a cara es como un único y eterno momento de amor.





Capítulo III: Creo en la vida eterna
159. ¿Qué es el purgatorio?
El purgatorio, a menudo imaginado como un lugar, es más bien un estado. Quien muere en gracia de Dios (por tanto, en paz con Dios y los hombres), pero necesita aún purificación antes de poder ver a Dios cara a cara, ése está en el purgatorio. [1030­1031]
Cuando Pedro traicionó a Jesús, el Señor se volvió y miró a Pedro: "y Pedro salió fuera y lloró amargamente". Éste es un sentimiento como el del purgatorio. Y un purgatorio así nos espera probablemente a la mayoría de nosotros en el momento de nuestra muerte: el Señor nos mira lleno de amor, y nosotros experimentamos una vergüenza ardiente y un arrepentimiento doloroso por nuestro comportamiento malvado o quizás "sólo" carente de amor. Sólo después de este dolor purificador seremos capaces de contemplar su mirada amorosa en la alegría celestial perfecta.

Capítulo III: Creo en la vida eterna

160. ¿Podemos ayudar a los difuntos que se encuentran en el estado del purgatorio?
Sí. Puesto que todos los bautizados forman una comunión y están unidos entre sí, los vivos pueden ayudar a las almas de los difuntos que están en el purgatorio. [1032]
Una vez que el hombre ha muerto, ya no puede hacer nada para sí mismo. El tiempo de la prueba activa se ha terminado. Pero nosotros podemos hacer algo por los
difuntos que están en el purgatorio. Nuestro amor alcanza el más allá. Por medio de nuestros ayunos, oraciones y buenas obras, y especialmente por la
celebración de la Sagrada EUCARISTÍA, podemos pedir gracia para los difuntos. 146





Capítulo III: Creo en la vida eterna
161. ¿Qué es el infierno?
El infierno es el estado de la separación eterna de Dios, la ausencia absoluta de amor. [1033-1037]
Quien muere conscientemente y por propia voluntad en pecado mortal, sin arrepentirse y rechazando para siempre el amor misericordioso y lleno de perdón, se excluye a sí mismo de la comunión con Dios y con los bienaventurados. Si hay alguien que en el momento de la muerte pueda de hecho mirar al amor absoluto a la cara y seguir diciendo no, no lo sabemos. Pero nuestra libertad hace posible esta decisión. Jesús nos alerta constantemente del riesgo de separarnos definitivamente de él, cuando nos cerramos a la necesidad de sus hermanos y hermanas: "Apartaos de mí, malditos [ ... ] lo que no hicisteis con uno de éstos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo" (Mt 25,41.45) 53





Capítulo III: Creo en la vida eterna
162. Pero si Dios es amor, ¿cómo puede existir el infierno?
No es Dios quien condena a los hombres. Es el
mismo hombre quien rechaza el amor
misericordioso de Dios y renuncia
voluntariamente a la vida (eterna),
excluyéndose de la comunión con Dios. [1036-
1037]
Dios desea la comunión incluso con el último de los
pecadores; quiere que todos se conviertan y se salven.
Pero Dios ha hecho al hombre libre y respeta sus
decisiones. Ni siquiera Dios puede obligar a amar.
Como amante es "impotente" ante alguien que elige
el infierno en lugar del cielo. 51, 53


Capítulo III: Creo en la vida eterna
163 ¿Qué es el Juicio Final?
El JUICIO FINAL se celebrará al final de los tiempos, cuando vuelva
Cristo. "Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio" (Jn 5,29). [1038-1041,1058-1059]
Cuando Cristo venga en su gloria, toda su luz caerá sobre nosotros. La verdad saldrá abiertamente a la luz: nuestros pensamientos, nuestras obras, nuestra relación con Dios y los hombres: nada quedará oculto, Conoceremos el sentido último de la Creación, comprenderemos los maravillosos caminos de Dios para nuestra salvación y por fin recibiremos la respuesta a la pregunta de por qué el mal puede ser tan poderoso, cuando es Dios en realidad el único que tiene poder. El Juicio Final es también una fecha de juicio para nosotros. Aquí se decide si somos despertados para la vida eterna o si somos separados para siempre de Dios. Aquellos que hayan elegido la vida vivirán para siempre en la gloria de. Dios y le alabarán en cuerpo y alma. 110-112,157



Capítulo III: Creo en la vida eterna .
164. ¿Cómo se acabará el mundo?
Al final de los tiempos Dios dispondrá un cielo nuevo y una tierra nueva. El mal ya no tendrá poder ni atractivo. Los redimidos estarán cara a cara ante Dios, como sus amigos. Sus deseos de paz y justicia se verán cumplidos. Contemplar a Dios será su felicidad. El Dios trino habitará entre ellosy enjugará toda lágrima de sus ojos: ya no habrá muerte, ni luto, ni lamentos, ni fatiga. [1042­1050, 1060] ?110­112



Capítulo III: Creo en la vida eterna
165. ¿Por qué decimos "Amén" al confesar nuestra fe?
Decimos Amén -es decir, sí- al confesar nuestra fe porque Dios nos llama como testigos de la fe. Quien dice Amén, asiente con alegría y libremente a la acción de Dios en l Creación y en la Salvación. [1061­1065]
La palabra hebrea "Amén" procede de una familia de palabras que significan tanto "fe" como "solidez, fiabilidad, fidelidad". "Quien dice Amén pone su firma" (san Agustín). Este sí incondicional lo podemos pronunciar únicamente porque Jesús se ha revelado para nosotros en su Muerte y Resurrección como fiel y digno de confianza. Él mismo es el "Amén" humano a todas las promesas de Dios, así como el Amen definitivo de Dios para nosotros 571


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