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DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS

Prefacio
(notas)

1.   El Concilio Vaticano II prescribió la redacción de un “ Directorio sobre la formación catequética del pueblo cristiano”.(1) En cumplimiento de este mandato conciliar, la Congregación para el Clero se sirvió de una Comisión especial de expertos y consultó a las Conferencias episcopales del mundo, que remitieron numerosas sugerencias y observaciones al respecto. El texto preparado fue revisado por una Comisión teológica ad hoc y por la Congregación para la Doctrina de la Fe. El 18 de marzo de 1971 fue definitivamente aprobado por Pablo VI y promulgado el 11 de abril del mismo año, con el título Directorium Catechisticum Generale.

 

2.   Los treinta años transcurridos desde la clausura del Concilio Vaticano II hasta el umbral del tercer milenio, constituyen —sin duda— un tiempo muy rico en orientaciones y promoción de la catequesis. Ha sido un tiempo que, de algún modo, ha vuelto a hacer presente la vitalidad evangelizadora de la Iglesia de los orígenes y a impulsar oportunamente las enseñanzas de los Padres, favoreciendo el retorno actualizado al Catecumenado antiguo. Desde 1971, el Directorium Catechisticum Generale ha orientado a las Iglesias particulares en el largo camino de renovación de la catequesis, proponiéndose como punto de referencia tanto en cuanto a los contenidos como en cuanto a la pedagogía y los métodos a emplear.

Un camino recorrido por la catequesis en ese período se ha caracterizado por doquier por la generosa dedicación de muchas personas, por iniciativas admirables y por frutos muy positivos para la educación y la maduración de la fe de niños, jóvenes y adultos. Sin embargo, no han faltado —al mismo tiempo— crisis, insuficiencias doctrinales y experiencias que han empobrecido la calidad de la catequesis debido, en gran parte, a la evolución de! contexto cultural mundial y a cuestiones eclesiales no originadas en la catequesis.

 

3.   Fi Magisterio de la Iglesia nunca ha dejado, en estos años, de ejercer con perseverancia su solicitud pastoral en favor de la catequesis. Numerosos Obispos y Conferencias episcopales, en todos los continentes, han impulsado de manera notable la catequesis, publicando Catecismos valiosos y orientaciones pastorales, promoviendo la formación de peritos y favoreciendo la investigación catequética. Estos esfuerzos han sido fecundos y han redundado favorablemente sobre la actividad catequética de las Iglesias particulares. Una aportación particularmente rica para la renovación catequética fue el Ritual de la iniciación cristiana de adultos, promulgado el 6 de Enero de 1972 por la Congregación para el Culto Divino.

Es obligado recordar, de manera especial, el ministerio de Pablo VI, el Pontífice que guió a la Iglesia durante el primer período postconciliar. A este propósito, Juan Pablo II se manifiesta así:

“ Mi venerado predecesor Pablo VI sirvió a la catequesis de la Iglesia de manera especialmente ejemplar con sus gestos, su predicación, su interpretación autorizada del Concilio Vaticano II

—que él consideraba como la gran catequesis de los tiempos modernos—, con su vida entera ”.(2)

 

4.   Un hito decisivo para la catequesis fue la reflexión realizada por la Asamblea General de! Sínodo de los obispos acerca de la evangelización del mundo contemporáneo, que se celebró en octubre de 1974. Las proposiciones de esta Asamblea fueron presentadas al papa Pablo VI, que promulgó la Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, de! 8 de Diciembre de 1975. Este documento presenta, entre otros, un principio de particular importancia: la catequesis como acción evangelizadora dentro del ámbito de la misión general de la Iglesia. La actividad catequética, de ahora en adelante, deberá ser considerada como partícipe siempre de las urgencias y afanes propios del mandato misionero para nuestro tiempo.

Además, la última Asamblea Sinodal convocada por Pablo VI en octubre de 1977 escogió la catequesis como tema de análisis y reflexión episcopal. Este Sínodo vio “ en la renovación catequética un don precioso de! Espíritu Santo a la Iglesia de hoy ” (3)

 

5. Juan Pablo II asumió en 1978 esta herencia y formuló sus primeras orientaciones en la Exhortación apostólica Catechesi Tradendae, del 16 de octubre de 1979. Esta Exhortación forma una unidad totalmente coherente con la Exhortación Evangelii Nuntiandi y vuelva a situar plenamente a la catequesis en el marco de la evangelización.

A lo largo de su pontificado, Juan Pablo II ha ofrecido un magisterio constante de muy alto valor catequético. Entre sus discursos, cartas y enseñanzas escritas destacan las doce Encíclicas:

desde Redemptor Hominis a Ut Unum Sint. Estas Encíclicas constituyen por sí mismas un cuerpo de doctrina sintético y orgánico, en orden a la aplicación de la renovación de la vida eclesial postulada por cl Concilio Vaticano II.

En cuanto al valor catequético de estos documentos del Magisterio de Juan Pablo II destacan: Redemptor Hominis (4 marzo 1979), Dives in Misericordia (30 noviembre 1980), Dominum et

Vivificantem (18 mayo 1986) y, en razón de la reafirmación de la validez permanente del mandato misionero, Redemptoris Missio (7 diciembre 1990).

 

6. Por otra parte, las Asambleas Generales, ordinarias y extraordinarias, del Sínodo de los Obispos han tenido una particular incidencia en el campo de la catequesis. Por su particular relieve deben señalarse las Asambleas Sinodales de 1980 y de 1987, sobre la misión de la familia y sobre la vocación de los laicos bautizados. A los trabajos sinodales siguieron las correspondientes Exhortaciones apostólicas de Juan Pablo II Famíliaris Consortio (22 noviembre 1981) y Christifideles Laici (30 diciembre 1988). El mismo Sínodo extraordinario de 1985 ha influido, también, de manera decisiva sobre el presente y futuro de la catequesis de nuestro tiempo. En aquella ocasión se hizo balance de los veinte años de aplicación del Concilio Vaticano II, y los Padres sinodales propusieron al Santo Padre la elaboración de un Catecismo universal para la Iglesia Católica. La propuesta de la Asamblea sinodal extraordinaria de 1985 fue acogida favorablemente y hecha propia por Juan Pablo II. Culminado el paciente y complejo proceso de su elaboración, el Catecismo de la Iglesia Católica fue entregado a los obispos y a las Iglesias particulares mediante la Constitución apostólica Fidei Depositum clii octubre 1992.

 

7. Este acontecimiento de tan profunda significación y el conjunto de hechos y de intervenciones magisteriales anteriormente señalados, imponían el deber de una revisión del Directorium Catechesticum Generale, a fin de adaptar este valioso instrumento teológico-pastoral a la nueva situación y a las nuevas necesidades. Recoger tal herencia y sistematizarla sintéticamente en orden a la actividad catequética, siempre en la perspectiva de la presente etapa de la vida de la Iglesia, es un servicio de la Sede Apostólica a todos.

El trabajo para la reelaboración del Directorio General para la Catequesis, promovido por la Congregación para el Clero, ha sido realizado por un grupo de Obispos y de expertos en teología y en catequesis. Seguidamente, ha sido sometido a consulta de las Conferencias episcopales, de diversos peritos e Institutos o Centros de estudios catequéticos; y ha sido en el respeto substancial a la inspiración y contenidos del texto de 1971.

Evidentemente, la nueva redacción del Directorio General para la Catequesis ha debido conjugar dos exigencias principales:

— por una parte, el encuadramiento de la catequesis en la evangelización, postulado en particular por las Exhortaciones Evangelii Nuntiandi y Catechesi Tradendae;

— por otra parte, la asunción de los contenidos de la fe propuestos por el Catecismo de la Iglesia Católica.

 

8. El Directorio General para la Catequesis, conservando la estructura básica del texto de 1971, se articula del siguiente modo:

— Una Exposición Introductoria, en la que se ofrecen pautas y orientaciones para la interpretación y la comprensión de las situaciones humanas y eclesiales, desde la fe y la confianza en la fuerza de la semilla del Evangelio. Son breves diagnósticos en orden a la misión.

— La Primera Parte (4) se articula en tres capítulos y enraíza de forma más acentuada la catequesis en la Constitución conciliar Dei Verbum, situándola en el marco de la evangelización presente en Evangelii Nuntiandi y Catechesi Tradendae. Propone, asimismo, una clarificación sobre la naturaleza de la catequesis.

— La Segunda Parte (5) consta de dos capítulos. En el primero, bajo el título “ Normas y criterios para la presentación del mensaje evangélico en la catequesis ”, con nueva articulación y en una perspectiva enriquecida, se recogen en su totalidad los contenidos del capítulo correspondiente del texto anterior. El capítulo segundo, completamente nuevo, está al servicio de la presentación del Catecismo de la Iglesia Católica, como texto de referencia para la transmisión de la fe en la catequesis y para la redacción de los Catecismos locales. El texto ofrece también principios básicos en orden a la elaboración de los Catecismos por las Iglesias particulares y locales.

— La Tercera Parte (6) aparece bastante renovada, formulando también la sustancia de una pedagogía de la fe, inspirada en la pedagogía divina; cuestión ésta que concierne tanto a la teología como a las ciencias humanas.

— La Cuarta Parte (7) tiene por título “ Los destinatarios de la catequesis ”. En cinco breves capítulos, se atiende a las muy diversas situaciones de las personas a las que se dirige la catequesis, a los aspectos relativos a la situación socio-religiosa y de modo especial, a la cuestión de la inculturación.

— La Quinta Parte (8) coloca, como centro de gravitación, la Iglesia particular, que tiene el deber primordial de promover, programar, supervisar y coordinar toda la actividad catequizadora. Adquiere un particular relieve la descripción de los respectivos roles de los diversos agentes (que tienen siempre su referencia en el Pastor de la Iglesia particular) y de las exigencias formativas en cada caso.

 

— La Conclusión exhorta a una intensificación de la acción catequética en nuestro tiempo y corona la reflexión y las directrices con una llamada a la confianza en la acción del Espíritu Santo y en la eficacia de la Palabra de Dios sembrada en el amor.

 

9. La finalidad del presente Directorio es, obviamente, la misma que perseguía el texto de 1971. Se propone, en efecto, indicar “ los principios teológico-pastorales de carácter fundamental

—tomados del Magisterio de la Iglesia y particularmente del Concilio Ecuménico Vaticano II— por los que pueda orientarse y regirse más adecuadamente la acción pastoral del ministerio de la palabra ” y, en concreto, de la catequesis. (9) El propósito fundamental era y es ofrecer reflexiones y principios, más que aplicaciones inmediatas o directrices prácticas. Tal camino y método se emplea, sobre todo, por la siguiente razón: únicamente si desde el principio se entiende con rectitud la naturaleza y los fines de la catequesis, como también las verdades y valores que deben transmitirse, podrán evitarse defectos y errores en materia catequética. (10)

Es competencia específica de los Episcopados la aplicación más concreta de estos principios y enunciados, mediante orientaciones y Directorios nacionales, regionales o diocesanos, Catecismos y demás medios que resulten idóneos para promover eficazmente la catequesis.

 

10.    Es evidente que no todas las partes del Directorio tienen la misma importancia. Lo que se dice de la divina revelación, de la naturaleza de la catequesis y de los criterios con los que hay que presentar el mensaje cristiano, tiene valor para todos. En cambio, las partes que se refieren a la situación presente, a la metodología y a la manera de adaptar la catequesis a las diferentes situaciones de edad o de contexto cultural, deben más bien recibirse como sugerencias e indicaciones.

 

11. Los destinatarios del Directorio son principalmente los Obispos, las Conferencias episcopales y, en general, cuantos, bajo su mandato y presidencia, desempeñan una responsabilidad en el campo de la catequesis. Es obvio que el Directorio puede ser un instrumento válido para la formación de los candidatos al sacerdocio, para la formación permanente de los presbíteros y para la formación de los catequistas.

Una finalidad inmediata del Directorio es prestar ayuda para la redacción de Directorios catequéticos y Catecismos. De acuerdo con las sugerencias formuladas por muchos Obispos, se incluyen numerosas notas y referencias, que pueden ser muy útiles para la elaboración de los mencionados instrumentos.

 

12. Puesto que el Directorio se dirige a Iglesias particulares, cuyas situaciones y necesidades pastorales son muy diversas, es evidente que únicamente las situaciones comunes o intermedias han podido ser tomadas en consideración. Esto sucede, igualmente, cuando se describe la organización de la catequesis en los diversos niveles. Al utilizar el Directorio téngase presente esta observación. Como ya se advertía en el texto de 1971, lo que será insuficiente en aquellas regiones donde la catequesis ha podido alcanzar un alto nivel de calidad y de medios, quizá parecerá excesivo en aquellos lugares donde la catequesis no ha podido todavía experimentar tal progreso.

 

13.    Al publicar este documento, nuevo testimonio de la solicitud de la Sede Apostólica por el ministerio catequético, se espera que sea acogido, examinado y estudiado con gran atención, teniendo en cuenta las necesidades pastorales de cada Iglesia particular; y también que pueda estimular en el futuro estudios e investigaciones más profundas, que respondan a las necesidades de la catequesis y a las normas y orientaciones del Magisterio de la Iglesia.

Que la Bienaventurada Virgen María, Estrella de la nueva evangelización, guíe al conocimiento de Jesucristo, Maestro y Señor.

 

“ Finalmente, hermanos, orad por nosotros para que la Palabra de Dios siga propagándose y adquiriendo gloria, como entre vosotros ” (2 Ts 3,1).

 

En el Vaticano, 15 de agosto de 1997

 

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA B.V. MARIA

 

 

 DARÍO CASTRILLÓN Hoyos

Arzobispo Emérito de Bucaramanga

Pro-Prefecto

 

CRESCENZIO SEPE

Arzobispo tit. de Grado

Secretario

 

EXPOSICIÓN INTRODUCTORIA

 

El anuncio del evangelio en el mundo contemporáneo

 

“ Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en pedregal, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó, y por no tener raíz se secó.

Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto.

Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento ”(Mc 4,3-8).

 

14. Esta Exposición Introductoria pretende estimular a los pastores y a los agentes de la catequesis a tomar conciencia de la necesidad de mirar siempre el campo de la siembra y a hacerlo desde la fe y la misericordia. La interpretación del mundo contemporáneo que aquí se presenta tiene, obviamente, un carácter de provisionalidad, inherente con la contingencia histórica.

 

“ Una vez salió un sembrador a sembrar ” (Mc 4,3)

 

15. Esta parábola es fuente inspiradora para la evangelización. “ La semilla es la Palabra de Dios ” (Lc 8,11). El sembrador es Jesucristo. Anunció el Evangelio en Palestina hace dos mil años y envió a sus discípulos a sembrarlo en el mundo. Jesucristo, hoy, presente en la Iglesia por medio de su Espíritu, sigue sembrando la Palabra del Padre en el campo del mundo.

La calidad del terreno es siempre muy variada. El Evangelio cae “ a lo largo del camino ” (Mc 4,4) cuando no es realmente escuchado; o cae “ en pedregal ” (Mc 4,5), sin penetrar a fondo en la tierra; o “ entre abrojos ” (Mc 4,7), sofocándose enseguida en el corazón de muchas personas, distraídas por mil afanes. Pero una parte cae “ en tierra buena ” (Mc 4,8), en hombres y mujeres abiertos a la relación personal con Dios y solidarios con el prójimo, y da fruto abundante.

Jesús, en la parábola, comunica la buena noticia de que el Reino de Dios llega a pesar de las dificultades del terreno, las tensiones, los conflictos y los problemas del mundo. La semilla del Evangelio fecunda la historia de los hombres y anuncia una cosecha abundante. Jesús hace asimismo una advertencia: sólo en el corazón bien dispuesto germina la Palabra de Dios.

 

Una mirada al mundo desde la fe

 

16. La Iglesia continúa sembrando el Evangelio de Jesús en el gran campo de Dios. Los cristianos, insertos en los más variados contextos sociales, miran al mundo con los mismos ojos con que Jesús contemplaba la sociedad de su tiempo. El discípulo de Jesucristo, en efecto, participa desde dentro de “ los gozos y esperanzas, de las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo ”, (11) mira la historia humana y participa en ella, no sólo con la razón sino con la fe. A la luz de ésta, el mundo aparece, a un tiempo, “ fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado y liberado por Cristo, crucificado y resucitado, una vez que fue quebrantado el poder del Maligno ”. (12)

 

El cristiano sabe que en toda realidad y acontecimiento humano subyacen al mismo tiempo:

— la acción creadora de Dios, que comunica a todo su bondad;

— la fuerza que proviene del pecado, que limita y entorpece al hombre;

— el dinamismo que brota de la Pascua de Cristo, como germen de renovación, que confiere al creyente la esperanza de una “ consumación ” definitiva. (13)

Una mirada al mundo, que prescindiese de alguno de estos tres aspectos, no sería auténticamente cristiana. Es importante, por eso, que la catequesis sepa iniciar a los catecúmenos y a los catequizados en una lectura teológica de los problemas modernos. (14)

 

EL CAMPO DEL MUNDO

 

17. Como madre de los hombres, lo primero que ve la Iglesia, con profundo dolor, es “ una multitud ingente de hombres y mujeres: niños, adultos y ancianos, en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, que sufren el peso intolerable de la miseria ” (15) Ella, por medio de una catequesis en la que la enseñanza social de la Iglesia ocupe su puesto, (16) desea suscitar en el corazón de los cristianos “ el compromiso por la justicia ” (17) y la “ opción o amor preferencial por los pobres ”, (18) de forma que su presencia sea realmente luz que ilumine y sal que transforme.

 

Los derechos humanos

 

18. La Iglesia, al analizar el campo del mundo, es muy sensible a todo lo que afecta a la dignidad de la persona humana. Ella sabe que de esa dignidad brotan los derechos humanos, (19) objeto constante de la preocupación y del compromiso de los cristianos. Por eso su mirada no se interesa sólo por los indicadores económicos y sociales, (20) sino también por los culturales y religiosos. Lo que ella busca es el desarrollo integral de las personas y de los pueblos. (21)

La Iglesia advierte con gozo que “ una beneficiosa corriente atraviesa y penetra ya todos los pueblos de la tierra, cada vez más conscientes de la dignidad del hombre ”(22) Esta conciencia se expresa en la viva solicitud por el respeto a los derechos humanos y el más decidido rechazo a sus violaciones. El derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la creación de una familia, a la participación en la vida pública, a la libertad religiosa son, hoy, especialmente reclamados.

 

19.    Sin embargo, en bastantes lugares, y en aparente contradicción con la sensibilidad por la dignidad de la persona, los derechos humanos son claramente violados.(23) Y así se generan, en esos lugares, otras formas de pobreza, que no se sitúan sólo en el plano material: se trata de una pobreza cultural y religiosa que preocupa, igualmente, a la comunidad eclesial. La negación o imitación de los derechos humanos, en efecto, empobrece a la persona y a los pueblos igual o más que la privación de los bienes materiales. (24)

La obra evangelizadora de la Iglesia tiene, en este vasto campo de los derechos humanos, una tarea irrenunciable: manifestar la dignidad inviolable de toda persona humana. En cierto sentido es “ la tarea central y unifiadora del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la familia humana ”. (25) La catequesis ha de prepararles para esa tarea.

 

La cultura y las culturas

 

20. El sembrador sabe que la semilla penetra en terrenos concretos y que necesita absorber todos los elementos necesarios para poder fructificar. (26) Sabe también que, a veces, algunos de esos elementos pueden perjudicar la germinación y la cosecha.

La Constitución Gaudium et Spes subraya la gran importancia de la ciencia y de la técnica en la gestación y desarrollo de la cultura moderna. El espíritu científico que dimana de ellas “ modifica profundamente la tendencia cultural y las maneras de pensar ”(27) con grandes repercusiones humanas y religiosas. La racionalidad científica y experimental está profundamente enraizada en el hombre de hoy.

Sin embargo, la conciencia de que ese tipo de racionalidad no puede explicarlo todo gana hoy cada vez más terreno. Los propios hombres de ciencia constatan que, junto al rigor de la experimentación, es necesario otro tipo de sabiduría para poder comprender en profundidad al ser humano. La reflexión filosófica sobre el lenguaje hace ver, por ejemplo, que el pensamiento simbólico es una forma de acceso al misterio de la persona humana, inaccesible de otro modo. Se convierte, así, en indispensable un tipo de racionalidad que no divida al ser humano, que integre su afectividad, que lo unifique, dando un sentido más integral a su vida.

 

21. Junto a esta “ forma de cultura más universal ” (28) hoy se constata también un creciente deseo de revalorizar las culturas autóctonas. La pregunta del Concilio sigue viva: “ ¿De qué forma hay que favorecer el dinamismo y la expansión de la nueva cultura sin que perezca la fidelidad viva a la herencia de las tradiciones? ” (29)

— En muchos lugares se toma conciencia de que las culturas tradicionales son agredidas, por las influencias exteriores dominantes y por la imitación alienante de formas de vida importadas. De esta manera, se van destruyendo gradualmente la identidad y los valores propios de los pueblos.

— También se constata la enorme influencia de los medios de comunicación los cuales, muchas veces, por intereses económicos o ideológicos, imponen una visión de la vida que no respeta la fisonomía cultural de los pueblos a los que se dirige.

La evangelización tiene, así, en la inculturación uno de sus mayores desafíos. La Iglesia, a la luz del Evangelio, ha de asumir todos los valores positivos de la cultura y de las culturas, (30) y discernir aquellos elementos que obstaculizan a las personas y a los pueblos el desarrollo de sus auténticas potencialidades.

 

La situación religioso-moral

 

22. Entre los elementos que componen el patrimonio cultural de un pueblo, el factor religioso-moral tiene para el sembrador una particular relevancia. En la cultura actual se da una persistente difusión de la indiferencia religiosa: “ Son muchos los que, hoy en día, se desentienden de esta íntima y vital unión con Dios o la niegan de forma explícita ” (31)

El ateísmo, en cuanto negación de Dios, “ es uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo ”? (32) Adopta formas diversas, pero especialmente hoy aparece bajo la forma del secularismo, que consiste en una visión autónoma del hombre y del mundo “ que se explica por sí mismo sin que sea necesario recurrir a Dios ” (33)

En el ámbito específicamente religioso, se dan signos de una “ vuelta a lo sagrado ” (34) y de una nueva sed de las cosas trascendentes y divinas. El mundo actual testifica, de una manera cada vez más amplia y viva, “ el despertar de una búsqueda religiosa ” (35) Este fenómeno, ciertamente, no carece de ambigüedad. (36) El amplio desarrollo de las sectas y de los nuevos movimientos religiosos, y el resurgir del “ fundamentalismo ”, (37) son datos que interpelan seriamente a la Iglesia y que se deben analizar con cuidado.

 

23. La situación moral que hoy se observa está muy relacionada con la religiosa. En efecto, se detecta un oscurecimiento de la verdad ontológica de la persona humana. Y esto sucede como si el rechazo de Dios quisiera significar la ruptura interior de las aspiraciones del ser humano. (38) Se asiste así, en muchas partes, a un “ relativismo ético que quita a la convivencia civil cualquier

punto seguro de referencia moral ” (39)

La evangelización encuentra en el terreno religioso-moral un campo preferente de actuación. La misión primordial de la Iglesia, en efecto, es anunciar a Dios, ser testimonio de El ante el mundo. Se trata de dar a conocer el verdadero rostro de Dios y su designio de amor y de salvación en favor de los hombres, tal como Jesús lo reveló.

Para preparar a tales testigos es necesario que la Iglesia desarrolle una catequesis que propicie el encuentro con Dios y afiance un vínculo permanente de comunión con Él.

 

LA IGLESIA EN EL CAMPO DEL MUNDO

 

La fe de los cristianos

 

24. Los discípulos de Jesús están inmersos en el mundo como levadura pero, al igual que en todo tiempo, no quedan inmunes de experimentar el influjo de las situaciones humanas.

Por ello, es necesario plantearse la situación actual de la fe de los cristianos.

La renovación catequética en la Iglesia, desarrollada durante los últimos decenios, ha dado ya frutos muy positivos. (40) La catequesis de niños, de jóvenes y de adultos ha dado origen a un tipo de cristiano verdaderamente consciente de su fe y coherente con ella en su vida. Ha favorecido en ellos, en efecto:

— una nueva experiencia viva de Dios, como Padre misericordioso;

— un redescubrimiento más hondo de Jesucristo, no sólo en su divinidad, sino también en su verdadera humanidad;

— el sentirse, todos, corresponsales de la misión de la Iglesia en el mundo;

— la toma de conciencia de las exigencias sociales de la fe.

25. Sin embargo, ante el panorama religioso actual, se hace necesario que los hijos de la Iglesia verifiquen: “ ¿en qué medida están también ellos afectados por la atmósfera de secularismo y relativismo ético? ”. (41)

Un primer grupo está constituido por el “ gran número de personas que recibieron el bautismo pero viven al margen de toda vida cristiana ”. (42) Se trata, en efecto, de una muchedumbre de cristianos no practicantes (43) aunque en el fondo del corazón de muchos el sentimiento religioso no haya desaparecido del todo. Despertarles a la fe es un verdadero reto para la Iglesia.

Junto a éstos, están también las “ gentes sencillas (44) que se expresan a menudo con sentimientos religiosos muy sinceros y con una “ religiosidad popular ” (45) muy arraigada. Tienen una cierta fe, “ pero conocen poco los fundamentos de la misma ” (46)

También existen numerosos cristianos, intelectualmente más cultivados, pero con una formación religiosa recibida sólo en la infancia, que necesitan replantear y madurar su fe bajo una luz distinta. (47)

26. No falta, tampoco, un cierto número de bautizados que, lamentablemente, ocultan su identidad cristiana sea por una forma de diálogo interreligioso mal entendida, sea por una cierta reticencia a dar testimonio de su fe en Jesucristo en la sociedad contemporánea.

Estas situaciones de la fe de los cristianos reclaman con urgencia del sembrador el desarrollo de una nueva evangelización, (48) sobre todo en aquellas Iglesias de tradición cristiana donde el secularismo ha hecho más mella. En esta nueva situación, necesitada de evangelización, el anuncio misionero y la catequesis, sobre todo a jóvenes y adultos, constituyen una clara prioridad.

 

La vida interna de la comunidad eclesial

 

27. Es importante considerar también la vida misma de la comunidad eclesial, su calidad interna.

Una primera consideración es descubrir cómo en la Iglesia se ha acogido y han ido madurando los frutos del Concilio Vaticano II. Los grandes documentos conciliares no han sido letra muerta:

se constatan sus efectos. Las cuatro constituciones —Sacrosanctum Concilium, Lumen Gentium, Dei Verbum y Gaudium et Spes— han fecundado a la Iglesia. En efecto:

— La vida litúrgica es comprendida más profundamente como fuente y culpen de la vida eclesial.

— El Pueblo de Dios ha adquirido una conciencia más viva del “ sacerdocio común (49) originado en el Bautismo. Así mismo, se descubre más y más la vocación universal a la santidad y un sentido más vivo del servicio a la caridad.

— La comunidad eclesial ha adquirido un sentido más vivo de la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura, por ejemplo, es leída, gustada y meditada de una manera más intensa.

— La misión de la Iglesia en el mundo se percibe de una manera nueva. Sobre la base de una renovación interior, el Concilio ha abierto a los católicos a la exigencia de una evangelización vinculada necesariamente con la promoción humana, a la necesidad de diálogo con el mundo, con las culturas y religiones, y a la urgente búsqueda de la unidad entre los cristianos.

 

28. En medio de esta fecundidad se deben reconocer también “ defectos y dificultades en la recepción del Concilio ”. (50) A pesar de una doctrina eclesiológica tan amplia y profunda, se ha debilitado el sentido de pertenencia eclesial; se constata, con frecuencia, una “ desafección hacia la Iglesia ”; (51) se la contempla, muchas veces, de forma unilateral, como mera institución, privada de su misterio.

En algunas ocasiones, se han dado posiciones parciales y contrapuestas en la interpretación y aplicación de la renovación pedida a la Iglesia por el Concilio Vaticano II. Tales ideologías y comportamientos han conducido a fragmentaciones y a dañar el testimonio de comunión, indispensable para la evangelización.

La acción evangelizadora de la Iglesia, y en ella la catequesis, debe buscar más decididamente una sólida cohesión eclesial. Para ello es urgente promover y ahondar una auténtica eclesiología de comunión, (52) a fin de generar en los cristianos una sólida espiritualidad eclesial.

 

Situación de la catequesis: vitalidad y problemas

 

29. Muchos son los aspectos positivos de la catequesis en estos últimos años, que muestran su vitalidad. Entre ellos cabe destacar:

— El gran número de sacerdotes, religiosos y laicos que se consagran con entusiasmo y constancia a la catequesis. Es una de las acciones eclesiales más relevantes.

— También hay que destacar el carácter misionero de la catequesis actual y su tendencia a asegurar la adhesión a la fe por parte de los catecúmenos y de los catequizandos, en medio de un mundo donde el sentido religioso se oscurece. En esta dinámica se toma clara conciencia de que la catequesis debe adquirir el carácter de la formación integral, y no reducirse a una mera enseñanza: deberá empeñarse, en efecto, en suscitar una verdadera conversión. (53)

— En sintonía con lo anterior, tiene extraordinaria importancia el incremento que va adquiriendo la catequesis de adultos (54) en el proyecto de catequesis de numerosas Iglesias particulares. Esta opción aparece como prioritaria en los planes pastorales de muchas diócesis. Igualmente, en algunos movimientos y grupos eclesiales ocupa un lugar central.

— Favorecido sin duda por las orientaciones recientes del Magisterio, el pensamiento catequético ha ganado, en nuestro tiempo, en densidad y profundidad. En este sentido, muchas Iglesias particulares cuentan ya con adecuadas y oportunas orientaciones pastorales.

30. Algunos problemas, sin embargo, deben hoy ser examinados con particular cuidado, tratando de encontrar solución a los mismos:

El primero se refiere a la concepción de la catequesis como escuela de fe, como aprendizaje y entrenamiento de toda la vida cristiana, concepción que no ha penetrado plenamente en la conciencia de los catequistas.

En lo que concierne a la orientación de fondo, el concepto de “Revelación ” impregna ordinariamente la actividad catequética; sin embargo, el concepto conciliar de “Tradición ” tiene un menor influjo en cuanto elemento realmente inspirador. De hecho, en muchas catequesis, la referencia a la Sagrada Escritura es casi exclusiva, sin que la reflexión y la vida dos veces milenaria de la Iglesia (55) la acompañe de modo suficiente. La naturaleza eclesial de la catequesis aparece, en este caso, menos clara. La interrelación entre la Sagrada Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio, “ cada uno a su modo ”, (569 no fecunda aún de modo armonioso la transmisión catequética de la fe.

— Respecto a la finalidad de la catequesis, que trata de propiciar la comunión con Jesucristo, es necesaria una presentación más equilibrada de toda la verdad del misterio de Cristo. A veces se insiste sólo en su humanidad, sin hacer explícita referencia a su divinidad; en otras ocasiones, menos frecuentes en nuestro tiempo, se acentúa tan exclusivamente su divinidad que no se pone de relieve la realidad del misterio de la Encarnación del Verbo. (57)

  Acerca del contenido de la catequesis, subsisten varios problemas. Existen ciertas lagunas doctrinales sobre la verdad de Dios y del hombre, sobre el pecado y la gracia, y sobre los novísimos. Existe la necesidad de una más sólida formación moral; se advierte una inadecuada presentación de la historia de la Iglesia y una escasa relevancia de su doctrina social. En algunas regiones proliferan catecismos y textos de iniciativa particular, con tendencias selectivas y acentuaciones tan diversas que llegan a dañar la necesaria convergencia en la unidad de la fe. (58)

— “ La catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental ”. (59) A menudo, sin embargo, la práctica catequética muestra una vinculación débil y fragmentaria con la liturgia: una limitada atención a los signos y ritos litúrgicos, una escasa valoración de las fuentes litúrgicas, itinerarios catequéticos poco o nada conectados con el año litúrgico y una presencia marginal de celebraciones en los itinerarios de la catequesis.

— En lo que concierne a la pedagogía, después de una acentuación excesiva del valor del método y de las técnicas por parte de algunos, no se atiende aún debidamente a las exigencias y originalidad de la pedagogía propia de la fe. (60) Se cae con facilidad en el dualismo “ contenido-método ”, con reduccionismos en uno u otro sentido. Respecto a la dimensión pedagógica, no se ha ejercido siempre el necesario discernimiento teológico.

— Por lo que concierne a la diversidad de culturas en relación al servicio de la fe, está el problema de saber transmitir el Evangelio en el horizonte cultural de los pueblos a los que se dirige, de modo que pueda ser percibido realmente como una gran noticia para la vida de las personas y de la sociedad. (61)

— La formación al apostolado y a la misión es una de las tareas fundamentales de la catequesis. Sin embargo, mientras crece en la actividad catequética una nueva sensibilidad para formar a los fieles laicos para el testimonio cristiano, el diálogo interreligioso y el compromiso en el mundo, la educación en el sentido de la “ misión ad gentes ” es aún débil e inadecuada. A menudo, la catequesis ordinaria concede a las misiones una atención marginal y de carácter ocasional.

 

LA SIEMBRA DEL EVANGELIO

 

31. Analizado el terreno, el sembrador envía a sus operarios a anunciar el Evangelio por todo el mundo, comunicándoles la fuerza de su Espíritu. Al mismo tiempo les muestra cómo leer los signos de los tiempos y les pide una preparación muy cuidada para realizar la siembra.

 

Cómo leer los signos de los tiempos

 

32. La voz del Espíritu que Jesús, de parte del Padre, ha enviado a sus discípulos resuena también en los acontecimientos mismos de la historia. (62) Tras los datos cambiantes de la situación actual, y en las motivaciones profundas de los desafíos que se le presentan a la evangelización, es necesario descubrir “ los signos de la presencia y del designio de Dios ” (63) Se trata de un análisis que debe hacerse a la luz de la fe, con actitud de comprensión. Valiéndose de las ciencias humanas, (64) siempre necesarias, la Iglesia trata de descubrir el sentido de la situación actual dentro de la historia de la salvación. Sus juicios sobre la realidad son siempre diagnósticos para la misión.

 

Algunos retos para la catequesis

 

33. Para poder expresar su vitalidad y eficacia, la catequesis debe asumir, hoy, los siguientes desafíos y opciones:

  ante todo debe ser propuesta como un servicio fundamental, interior a la evangelización de la Iglesia, y con un acentuado carácter misionero;

  debe dirigirse a sus destinatarios de siempre, que han sido y siguen siendo los niños, los adolescentes, los jóvenes y los adultos, y debe hacerlo a partir, sobre todo, de estos últimos;

  a ejemplo de la catequesis patrística, debe moldear la personalidad creyente y, en consecuencia, ser una verdadera y propia escuela de pedagogía cristiana;

  debe anunciar los misterios esenciales del cristianismo, promoviendo la experiencia trinitaria de la vida en Cristo como centro de la vida de fe;

*      debe considerar, como tarea prioritaria, la preparación y formación de catequistas dotados de una profunda fe.

 

PRIMERA PARTE

LA CATEQUESIS EN LA MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA

 

La catequesis en la misión evangelizadora de la Iglesia

 

“ Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio a toda la creación ”(Mc 16,15).

 

“ Id y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado ” (Mt 28, 19-20).

 

“ Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos... hasta los confines de la tierra ” (Hch 1,8).

 

El mandato misionero de Jesús

 

34.    Jesús, después de su resurrección, envió de parte del Padre al Espíritu Santo para que llevase a cabo desde dentro la obra de la salvación y animase a los discípulos a continuar su propia misión en el mundo entero, como él a su vez había sido enviado por el Padre. El fue el primero y más grande evangelizador. Anunció el Reino de Dios, (65) como nueva y definitiva intervención divina en la historia, y definió este anuncio como “ el Evangelio ”, es decir, la buena noticia. A él dedicó toda su existencia terrena: dio a conocer el gozo de pertenecer al Reino, (66) sus exigencias y su “ carta magna ”, (67) los misterios que encierra, (68) la vida fraterna de los que entran en él, (69) y su plenitud futura. (70)

 

Significado y finalidad de esta parte

 

35. Esta primera parte trata de definir el carácter propio de la catequesis.

El capítulo primero, de fundamentación teológica, recuerda brevemente el concepto de Revelación expuesto en la Constitución conciliar Dei Verbum. Dicha concepción determina, de manera específica, el modo de concebir el ministerio de la Palabra. Los conceptos de Palabra de Dios, Evangelio, Reino de Dios y Tradición, presentes en esta Constitución dogmática, fundamentan el significado de catequesis. Junto a ellos, el concepto de evangelización es referente obligado para la catequesis. Su dinámica y sus elementos, son expuestos, con una nueva y profunda precisión, en la Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi.

El capítulo segundo sitúa a la catequesis en el marco de la evangelización y la pone en relación con las otras formas del ministerio de la Palabra de Dios. Gracias a esta relación se descubre más fácilmente el carácter propio de la catequesis.

El capítulo tercero analiza más directamente la catequesis en sí misma: su naturaleza eclesial, su finalidad vinculativa de comunión con Jesucristo, sus tareas, y la inspiración catecumenal que la anima.

La concepción que se tenga de la catequesis condiciona profundamente la selección y organización de sus contenidos (cognoscitivos, experienciales, comportamentales), precisa sus destinatarios y define la pedagogía que se requiere para la consecución de sus objetivos.

El término “ catequesis ” ha experimentado una evolución semántica durante los veinte siglos de la historia de la Iglesia. En este Directorio la concepción de catequesis se inspira en los Documentos del Magisterio Pontificio post-conciliar y, sobre todo, en Evangelii Nuntiandi, Catechesi Tradendae y Redemptoris Missio.

 

CAPITULO 1

 

La revelación y su transmisión mediante la evangelización

 

“ Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en Cristo,... dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su designio benevolente, que en El se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza ” (Ef1,3-10).

 

La Revelación del designio benevolente de Dios

 

36. “ Dios, creando y conservando el universo por su Palabra, ofrece a los hombres en la creación un testimonio perenne de sí mismo ”. (71) El hombre, que por su naturaleza y vocación es “ capaz de Dios ”, cuando escucha el mensaje de las criaturas puede alcanzar la certeza de la existencia de Dios como causa y fin de todo y que El puede revelarse al hombre.

La Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II ha descrito la Revelación como el acto por el cual Dios se manifiesta personalmente a los hombres. Dios se muestra, en efecto, como quien quiere comunicarse a Sí mismo, haciendo a la persona humana partícipe de su naturaleza divina.(72) Es así como realiza su designio de amor.

 

 “ Quiso Dios, en su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad., para invitar a los hombres a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía ”. (73)

 

37. Este designio benevolente (74) del Padre, revelado plenamente en Jesucristo, se realiza con la fuerza del Espíritu Santo.

Lleva consigo:

— la revelación de Dios, de su “ verdad íntima ”, (75) de su “ secreto ”, (76) así como de la verdadera vocación y dignidad de la persona humana; (77)

— el ofrecimiento de la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios, (78) que implica la liberación del mal, del pecado y de la muerte; (89)

— la definitiva llamada para reunir a todos los hijos dispersos en la familia de Dios, realizando así entre los hombres la unión fraterna. (10)

 

La Revelación: hechos y palabras

 

38. Dios, en su inmensidad, para revelarse a la persona humana, utiliza una pedagogía: (81) se sirve de acontecimientos y palabras humanas para comunicar su designio; y lo hace progresivamente, por etapas, (82) para mejor acercarse a los hombres. Dios, en efecto, obra de tal manera que los hombres llegan al conocimiento de su plan salvador mediante los acontecimientos de la historia de la salvación y las palabras divinamente inspiradas que los acompañan y explican.

“ Este plan de la Revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas, de forma que

      las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan;

      a su vez, las palabras proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas ” (83)

39. También la evangelización, que transmite al mundo la Revelación, se realiza con obras y palabras. Es, a un tiempo, testimonio y anuncio, palabra y sacramento, enseñanza y compromiso.

La catequesis, por su parte, transmite los hechos y las palabras de la Revelación: debe proclamarlos y narrarlos y, al mismo tiempo, esclarecer los profundos misterios que contienen. Aún más, por ser la Revelación fuente de luz para la persona humana, la catequesis no sólo recuerda las maravillas de Dios hechas en el pasado sino que, a la luz de la misma Revelación, interpreta los signos de los tiempos y la vida de los hombres y mujeres, ya que en ellos se realiza el designio de Dios para la salvación del mundo. (84)

 

Jesucristo, mediador y plenitud de la Revelación

 

40. Dios se reveló progresivamente a los hombres, por medio de los profetas y de los acontecimientos salvíficos, hasta que culminó su revelación enviando a su propio Hijo: (85)

 

 “ Jesucristo, con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, y con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelación ”. (86)

Jesucristo no sólo es el mayor de los profetas sino que es el Hijo eterno de Dios hecho hombre. El es, por tanto, el acontecimiento último hacia el que convergen todos los acontecimientos de la historia de la salvación. (87) El es, en efecto, “ la Palabra única, perfecta y definitiva del Padre ”. (88)

 

41. El ministerio de la Palabra debe destacar esta admirable característica, propia de la economía de la Revelación: el Hijo de Dios entra en la historia de los hombres, asume la vida y la muerte humanas y realiza la alianza nueva y definitiva entre Dios y los hombres. Es tarea propia de la catequesis mostrar quién es Jesucristo: su vida y su misterio, y presentar la fe cristiana como seguimiento de su persona. (89) Para ello, ha de apoyarse continuamente en los evangelios, que “ son el corazón de toda la Escritura, por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador ” (90)

El hecho de que Jesucristo sea la plenitud de la Revelación es el fundamento del “ cristocentrismo ” (91) de la catequesis: el misterio de Cristo, en el mensaje revelado, no es un elemento más junto a otros, sino el centro a partir del cual los restantes elementos se jerarquizan y se iluminan.

 

La transmisión de la Revelación por medio de la Iglesia, obra del Espíritu Santo

 

42. La Revelación de Dios, culminada en Jesucristo, está destinada a toda la humanidad: “ Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad ” (1 Tm 2,4). En virtud de esta voluntad salvífica universal, Dios ha dispuesto que la Revelación se transmitiera a todos los pueblos, a todas las generaciones, y permaneciese íntegra para siempre. (92)

 

43. Para cumplir este designio divino, Jesucristo instituyó la Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles y, enviándoles de parte del Padre el Espíritu Santo, les mandó predicar el Evangelio por todo el mundo. Los Apóstoles, con palabras, obras y escritos, cumplieron fielmente este mandato. (93)

Esta Tradición apostólica se perpetúa en la Iglesia y por la Iglesia. Toda ella, pastores y fieles, vela por su conservación y transmisión. El Evangelio, en efecto, se conserva íntegro y vivo en la Iglesia: los discípulos de Jesucristo lo contemplan y meditan sin cesar, lo viven en su existencia diaria y lo anuncian en la misión. El Espíritu Santo fecunda constantemente la Iglesia en esta vivencia del Evangelio, la hace crecer continuamente en la inteligencia del mismo, y la impulsa y sostiene en la tarea de anunciarlo por todos los confines del mundo. (94)

 

44. La conservación íntegra de la Revelación, Palabra de Dios contenida en la Tradición y en la Escritura, así como su continua transmisión, están garantizadas en su autenticidad. El Magisterio de la Iglesia, sostenido por el Espíritu Santo y dotado del “ carisma de la verdad ”, ejerce la función de “ interpretar auténticamente la Palabra de Dios ” (95)

 

45. La Iglesia, “ sacramento universal de salvación ”, (96) movida por el Espíritu Santo, transmite la Revelación mediante la evangelización: anuncia la buena nueva del designio salvífico del Padre y, en los sacramentos, comunica los dones divinos.

A Dios que se revela se le debe la obediencia de la fe, por la cual el hombre se adhiere libremente al “ Evangelio de la gracia de Dios ” (Hch 20,24), con asentimiento pleno de la inteligencia y de la voluntad. Guiado por la fe, don del Espíritu, el hombre llega a contemplar y gustar al Dios del amor, que en Cristo ha revelado las riquezas de su gloria. (97)

 

La evangelización (98)

 

46. La Iglesia “existe para evangelizar ”, (99) esto es, para “ llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad ”. (100)

 

El mandato misionero de Jesús comporta varios aspectos, íntimamente unidos entre sí: “ anunciad ” (Mc 16,15), “ haced discípulos y enseñad ”, (101) “sed mis testigos ”, (102) “ bautizad ”, (103) “ haced esto en memoria mía ” (Le 22,19), “ amaos unos a otros ” (Jn 15,12). Anuncio, testimonio, enseñanza, sacramentos, amor al prójimo, hacer discípulos: todos estos aspectos son vías y medios para la transmisión del único Evangelio y constituyen los elementos de la evangelización.

Algunos de estos elementos revisten una importancia tan grande que, a veces, se tiende a identificarlos con la acción evangelizadora. Sin embargo, “ ninguna definición parcial y fragmentaria refleja la realidad rica, compleja y dinámica que comporta la evangelización ” (104) Se corre el riesgo de empobrecerla e, incluso, de mutilarla. Al contrario, ella debe desplegar “ toda su integridad ” (105) e incorporar sus intrínsecas bipolaridade