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La División entre Cristianos

 

 

Consulta

De: lucas

Enviado el: Miércoles, 08 de Mayo de 2002 07:37 p.m.

Para: mscperu@eurosport.com

Asunto: Consulta a los MSC Misioneros del Sagrado Corazón

quisiera saber mas sobre las divisiones del critianismo.Dede ya,muchas gracias.

 

 

Respuesta

Querido hermano en Cristo.

Estimado Lucas.

 

Que la alegría del Señor esté en su corazón.

 

Gracias por su consulta.

 

Pensamos que encontrará una excelente respuesta en el documento que adjuntamos.

 

Que disfrute del fruto de la inquietud del autor que mirar las cosas muy de cerca.

 

¡Que Dios le bendiga!

Se lo desean y por ello rezan

 

Los MSC Misioneros del Sagrado Corazón en el Perú

http://www.iespana.es/mscperu/

"Desgraciadamente los científicos del siglo 19 estaban tan dispuestos de concluir que cualquier opinión acerca de la naturaleza era un hecho patente, como lo eran las sectas del siglo 17 pensando que cualquier opinión acerca de las Sagradas Escrituras era la explicación obvia... y la confabulación grosera de dos formas de ignorancia impaciente ha llegado a conocerse como el pleito entre ciencia y religión".(Chesterton).        

 

 

 

Las Sectas

Un problema pastoral

 

Introducción

 

No se trata aquí de profundizar el tema de las sectas, examinando la diferencia entre una y otra, su organización interna, su origen, el grado de presencia o peligrosidad de cada una, etc. Más bien se trata de reflexionar sobre la vulnerabilidad de la Iglesia ante este fenómeno, sugiriendo algunas pistas para hacerla más segura internamente, de manera que pueda soportar el impacto sin mayores consecuencias.

Lo que más ha causado daño a la Iglesia en su manera de enfrentar el problema de las sectas, ha sido la perspectiva ecuménica, que le ha impedido evaluar con objetividad el sentido de su presencia, y el enfoque científico, que ha desviado la atención hacia aspectos de poco interés para el pueblo sencillo, que es el más afectado por su agresividad proselitista.

Acerca del problema de las sectas es muy sencilla. Según mi opinión, se trata de un problema esencialmente pastoral. La Iglesia Católica necesita adaptar su aparato ministerial a las circunstancias actuales, de manera que no haya comunidades, por más pequeñas que sean, que queden sin la debida atención pastoral. Lo mismo tiene que hacerse con relación a cada creyente: que cada católico tenga la oportunidad de una atención personal.

Otro detalle importante. Viviendo en un mundo cultural y religiosamente pluralista, es importante que la apologética constituya una parte esencial de la formación básica de cada católico; es decir, que cada católico desde sus primeros pasos en la fe conozca bien su identidad y la respuesta a las objeciones que le vienen de parte de los que tienen otras creencias. Solamente así el católico podrá vivir su fe con plena dignidad, sin ningún complejo de inferioridad frente a los que de muchas maneras tratan de cuestionarlo y hacerlo tambalear, haciendo uso de las técnicas más refinadas.

Y para que esto sea posible, nada mejor que poner la Biblia en las manos del católico desde el inicio de su formación cristiana, con la preparación a la primera comunión.

En realidad, lo que pasa es que, al no conocer la propia identidad y la respuesta a los cuestionamientos que le vienen de afuera, el católico se siente inseguro y se va con el primero que lo aborda y lo acompleja, convenciéndolo de que, siguiendo en la Iglesia Católica, no podrá alcanzar la salvación.

Ojalá que este documento pueda ayudar a todos, y especialmente a los pastores de la Iglesia, a enfocar mejor el problema de la sectas, para hacerle frente en la manera más adecuada, reestructurando la pastoral y creando un nuevo perfil del católico, capaz de vivir su fe en un mundo pluralista y tentador.

Si se logra esto, bienvenidas sean las sectas con todos sin sinsabores. Una vez más podremos comprobar como Dios sigue escribiendo derecho en renglones torcidos. Y ojalá que una vez alcanzado el nuevo equilibrio, la Iglesia recobre el fervor misionero de antaño, lanzándose a la evangelización con nuevos bríos y mejor equipada.

Tratándose de artículos preparados para el boletín “Iglesia y Sectas”, no es de extrañarse si se encuentran repeticiones, que de todos modos sirven para aclarar mejor las ideas.

 

Primera Parte

Apologética: Pro y Contra

ECUMENISMO Y SECTAS:

DOBLE LENGUAJE OFICIAL

De aquí surgió el problema; de aquí tiene que empezar la solución. Solamente unificando el lenguaje se podrá unificar la acción pastoral, llamando cada cosa por su nombre y dando a cada una su espacio específico en el terreno de la praxis.

 

El hilo de la madeja

 

Desde cuando empecé a trabajar en el problema de las sectas, me resultó difícil comprender la razón por la cual personas inteligentes pudieran rechazar rotundamente cualquier tipo de apologética, no obstante los estragos que las sectas estaban causando en las filas católicas. Su fervor en favor del ecumenismo me parecía fuera de lugar, inconcebible en un contexto tan ajeno al diálogo y la comprensión.

Después de años de reflexión, por fin me parece haber encontrado el hilo de la madeja, que consiste en el doble lenguaje oficial, que marcha sobre dos carriles paralelos, sin nunca encontrarse: ecumenismo o sectas. Ecumenismo en los documentos más importantes, destinados a la Iglesia universal y al gran público no católico (Decreto conciliar sobre el ecumenismo “Unitatis Redintegratio” y la encíclica de Juan Pablo II “Ut unum sint”, más la larga entrevista al mismo Papa, que fue publicada bajo el título “Cruzando el umbral de la esperanza”); sectas en los documentos de menor importancia, destinados a las Iglesias particulares de una determinada región (por ejemplo, los discursos del Papa durante su visita a México o su Discurso Inaugural a la IV Asamblea del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, el mes de octubre del ’92).

 

Visión triunfalista

 

Sin duda, no será fácil encontrar una justificación satisfactoria al manejo de este doble lenguaje en asuntos de tanta importancia y con consecuencias tan trascendentales. Sinceramente me temo que responde a una cierta visión triunfalista de la Iglesia, que quiere presentarse frente a la humanidad como segura de sí misma, lista para abanderar las grandes causas del diálogo y la comprensión entre los pueblos, las ideologías y los credos.

En este contexto, evidentemente, el problema de las sectas, como elemento disgregador en el mismo seno de la Iglesia, podría representar una nota discordante. Por eso no se menciona en los grandes documentos.

El hecho es que el doble lenguaje oficial fue interpretado como una doble manera de ver el problema de la división religiosa: una positiva y otra negativa. Visión positiva: ecumenismo; visión negativa: apologética. Además, las dos visiones no fueron captadas como complementarias, sino como alternativas y excluyentes: o ecumenismo o apologética.

 

Irse con la finta

Abordándose así el problema de la división religiosa, no fue difícil optar por el ecumenismo. Por eso, los responsables de los seminarios, las facultades de teología y los centros de formación para religiosas o laicos incluyeron en su plan de estudio la cátedra de ecumenismo como medio para enfrentar el problema de la división religiosa.

Como era de esperarse, lo único que lograron fue crear a gente acomplejada con relación al problema de las sectas, sin salirse del consejo de siempre: “No se metan con ellos”. Es que la realidad era muy diferente de la que soñaban con el ecumenismo. En lugar de comprensión, encontraron un rotundo rechazo, y en lugar de diálogo un monólogo con unas ganas desmedidas de proselitismo, con miras a expandir cada uno “su” iglesia, a expensas de la Iglesia Católica.

Ni modo. Así es cuando se quiere utilizar la misma receta para enfermedades diferentes. Para enfermedades diferentes, hay que utilizar medicinas diferentes: el ecumenismo para restablecer la unidad y la apologética para fortalecer la fe del católico e impedir la división.

Se fueron con la finta, atraídos por el nombre de la medicina o el color de la etiqueta. Y allá están las consecuencias. ¡Cuánto mejor hubiera sido ser claros desde un principio! Pan al pan y vino al vino.

Sofismas

Tratándose por lo general de personas cultas, no les resultó difícil inventar cualquier excusa para justificar su posición y seguir adelante por el mismo camino:

— La fe no se defiende, se vive.

— La Iglesia durará hasta el fin del mundo. Nadie la podrá destruir. Por lo tanto, es inútil tratar de defenderla.

— Es malo pelear. Puesto que la apologética enseña a pelear, es mala.

— ¿Por qué perder el tiempo con la apologética? Mejor dedicarse a la evangelización.

Evidentemente, se trata de sofismas y nada más, para confundir a la gente sencilla, aprovechándose de la propia autoridad y haciendo uso de razonamientos huecos que no tienen nada que ver con la realidad. En efecto, cualquiera entiende que no se trata de defender la fe en abstracto, sino de ayudar al católico de la calle a tener una idea clara acerca de su identidad y no dejarse confundir por las sectas. Esta aclaración puede representar el inicio de un camino hacia Dios.

Lo mismo por lo que se refiere al destino de la Iglesia. Aquí no estamos hablando de la Iglesia en general, sino de la Iglesia en concreto, en un determinado lugar. Pues bien, esta Iglesia, presente aquí y ahora, no tiene ninguna garantía de permanecer hasta el fin del mundo, como la misma experiencia enseña en relación a tantas comunidades católicas que a lo largo de la historia han desaparecido por completo.

Respecto a la manera concreta de llevar a cabo la defensa de la fe, no es cierto que se enseña a pelear. Una cosa es “dar razón” de la propia fe con argumentos (1Pe 3,15) y otra cosa es pelear. De otra manera habría que acusar al mismo Jesús de ser un peleonero por haber rechazado con argumentos las solicitaciones de Satanás (Mt 4,1-11) o por dar respuesta a los ataques de los fariseos (Jn 8,30-59).

Por último, no es difícil notar como oponer la apologética a la evangelización es una forma equivocada de plantear el problema. En realidad, no existe ninguna oposición entre apologética y evangelización; más bien, existe complementariedad. La apologética abre el camino y lleva a la evangelización y la evangelización, si quiere ser auténtica y eficaz, tiene que suponer la apologética.

De otra manera se arriesga con construir comunidades católicas con pies de barro: muchos conocimientos, mucho entusiasmo, pero a la mera hora todo se derrumba al no contar con bases firmes. Se van con la finta: la emoción, las muchedumbres o el líder carismático. Y para seguir con todo esto, se llega a dejar la Iglesia de Cristo con las enormes riquezas que posee.

El caballo de Troya

La experiencia enseña que muchos católicos “comprometidos” han dejado la Iglesia por irse con la finta, practicando un ecumenismo ingenuo, sin tener los pies bien puestos sobre la tierra (apologética). Ahí están tantas sectas nuevas nacidas de un malentendido ecumenismo: “El Castillo del Rey” (Monterrey, N.L.), “Vino Nuevo” (Cd. Juárez, Chih.) y “Monte María” (hoy, “Tierra Prometida”, en Tlalnepantla, Estado de México.), para mencionar los casos más clamorosos de México.

¿Queremos enfrentar seriamente el problema de las sectas? Empecemos por llamar a cada cosa por su nombre. Cierta forma de pudor o cierta visión triunfalista del problema resultan fuera de lugar en asuntos de tanta importancia. Puesto que cada palabra tiene su sentido específico, ¿por qué no empezamos con utilizar las palabras correctas en el asunto de la división religiosa? De otra manera seguiremos con la confusión y esta nunca nos podrá resultar de mucha utilidad para enfrentar un problema de tal magnitud, como es el de las sectas.

Ojalá que desde arriba empiecen a llegar señales claras al respecto, deslindando claramente los terrenos del ecumenismo de los terrenos de la apologética, que representa la base para cualquier tipo de diálogo. De otra manera, seguiremos perdiendo gente, fascinada por un ecumenismo irreal, que está actuando al interior de la Iglesia como un verdadero “Caballo de Troya”.

LAS SECTAS:

PERSPECTIVAS DIFERENTES

No es lo mismo ver el problema de las sectas desde el punto de vista de los “expertos” en la fe, que del pobre católico de la calle. Por lo tanto, en lugar de tantas palabras bonitas, ¿no sería mejor hacer algo para sacar al católico de la duda y a vivir su fe con dignidad?

¿Por qué a nivel mundial por lo general existe un claro rechazo por todo lo que huele a defensa de la fe de parte del clero, las religiosas y los laicos más preparados y comprometidos?. El motivo es muy sencillo. Ven el problema desde arriba y no desde abajo, es decir desde el pueblo sencillo, confundido y angustiado por los continuos ataques de las sectas.

Diálogo o nada

Claro que, viendo el problema desde arriba, no se ve ninguna necesidad de defender la fe. Ellos están seguros en su fe, ¿Qué van a defender? Nadie les puede arrebatar la fe que tienen bien cimentada. Mas bien, se trata de dialogar, aclarar matices y comprenderse, en espera de una intervención de lo alto que logre el “milagro” de la unidad.

En esta perspectiva, al ver que las sectas no aceptan el diálogo, se lavan las manos como diciendo: “Nosotros hicimos lo que pudimos, allá ustedes si no quieren aceptar nuestra invitación al diálogo”.

Y así las sectas avanzan, sin encontrar ningún obstáculo de parte de los “teólogos” y los pastores “ecuménicos”. Puerta abierta: hagan lo que quieran del rebaño. Y el rebaño desorientado se dispersa, sin que nadie se sienta responsable por lo que sucede.

 

Encuentro entre los grandes

Es la perspectiva de los que están arriba: solucionar el problema con un encuentro entre los grandes, como se intentó hacer al tiempo de la Reforma Protestante con un diálogo entre el Papa y el Emperador, los teólogos católicos y Lutero.

No se dan cuenta de que los tiempos cambiaron. Hoy todo se decide en la calle, de persona a persona, y no en las cátedras de las universidades o en los palacios de los grandes. Además, el problema es esencialmente pastoral y no teológico, de participación, más que de filosofía y teología pura. En concreto, uno se va con quien lo ayuda más a dar un sentido a su vida y a sentirse alguien.

Hoy la religión se volvió en un asunto cualquiera, sin la sacralidad de un tiempo. Todos pueden preparar su coctel religioso para ayudar a la gente a sentirse bien. No existe el culto por la verdad. Una vez preparado el propio coctel, no queda más que darlo a conocer lo más que se pueda como se hace con cualquier producto comercial, usando cualquier medio lícito o ilícito. La Biblia representa un ingrediente más para hacer aceptable la receta.

En este contexto, es absurdo hablar de diálogo para lograr la unidad. Las sectas están bien conscientes de que sus postulados no pueden resistir ante un mínimo de crítica seria a nivel bíblico o teológico. De hecho, al tropezarse con alguien mínimamente preparado en campo bíblico, de inmediato huyen.

 

El pueblo sencillo

Veamos ahora el problema desde el punto de vista del pueblo sencillo, que ama su fe, pero no la conoce suficientemente. Por este motivo, frente a los cuestionamientos de las sectas (imágenes, bautismo de los niños, apostasía general, fin del mundo, virginidad de María, bestia del Apocalipsis, 666, etc.), se siente inseguro, tambalea y cae.

¿Qué pasa, al contrario, cuando conoce su identidad y está preparado para dar una respuesta a sus ataques? Se siente seguro en su fe y, en lugar de sentirse confundido al contacto con las sectas, la afirma más y hasta logra meter alguna duda en la mente de los que lo quieren confundir.

De hecho, en aquellos lugares donde se trabaja en esta línea (pueblo, barrio, ciudad o diócesis), las sectas no avanzan. Es que la sorpresa y el engaño, juegan un papel muy importante en el avance de las sectas. Es como cuando se acerca un huracán, sí se está prevenido, se reducen los daños.

Atrapados al pasado

Hoy se están repitiendo los errores del pasado. Para los “sabios”, la historia aún no ha llegado a ser la “maestra de la vida”. ¿Qué sucedió en el pasado?. Que mientras se concentró todo el esfuerzo en tratar de sanar la herida del Cisma de Oriente (año 1,054), no se prestó la debida atención a las inconformidades (herejías que se iban presentando por aquí y por allá), hasta que llegó Lutero y se fraguó la Reforma Protestante, infligiendo otra herida al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

¿Qué hubiera pasado si, en lugar de preocuparse tanto por el pasado, hubieran prestado más atención al presente, tratando de enfrentar la problemática presentada por los inconformes? Tal vez se hubiera evitado un desgarre tan grave para la Iglesia.

Problema emergente

Ahora bien, en el momento actual, ¿cuál es el problema que se está gestando con una increíble rapidez y una enorme fuerza arrolladora? El de las sectas, es decir la manía de fundar cada quien su iglesia independiente. Y nosotros, en lugar de ayudar al pueblo sencillo a tener motivos para quedarse “orgullosamente” católico, insistimos en el diálogo, el aprecio y el respeto, como si todo fuera lo mismo, y esto, para no perjudicar el diálogo ecuménico.

De seguir así de aquí a no muchos años nos encontraremos frente a otra grande división, de proporciones imprevisibles. Mientras soñamos con la unidad, estamos propiciando mayores divisiones. Y así Latinoamérica, el “continente de la esperanza”, el más católico de los cinco continentes, se está volviendo en un continente esencialmente protestante, de corte fundamentalista y agresivo.

 

Euforia y desencanto

Gracias a Dios, ya está pasando el momento de la euforia. Los responsables se están dando cuenta de que la solución al problema de la división aún queda muy lejos de vislumbrarse; no está a la vuelta de la esquina, como se pensaba antes.

El mundo ortodoxo aún encuentra en sí mismo serias resistencias para un acercamiento con Roma; el anglicanismo, al aceptar la ordenación de las mujeres, dejó de tener un lugar especial en el diálogo con los católicos y se acercó más al ámbito protestante; los luteranos, que pensaban haber dado un paso significativo en el entendimiento con el mundo católico mediante la declaración conjunta de teólogos luteranos y teólogos católicos acerca de la justificación, se ven frenados por la falta de aceptación de dicha declaración por parte de los responsables de la Iglesia Católica por no responder plenamente a los postulados de su Fe.

Ojalá que, frente a esta realidad y el fracaso de tantos grupos “ecuménicos” que prácticamente se volvieron en nuevas sectas al margen de sus iglesias de origen, “los de arriba” empiecen a ser más cautelosos y menos soñadores, y empiecen a reflexionar seriamente sobre el problema de las sectas para ver cómo ayudar al católico necesitado de orientación, antes que sea demasiado tarde.

 

Opción por los pobres

Desgraciadamente, con eso de las sectas, una vez más podemos constatar que de hecho para muchos la opción por los pobres no deja de ser una pose y nada más. Para ellos los pobres les valen un comino. Lo que buscan es codearse con los grandes, aparentar apertura y sentirse superiores al “vulgo” (el pueblo). No quieren ensuciarse las manos con la apologética, ayudando al hermano confundido y angustiado a encontrar una respuesta a las dudas dejadas por los miembros de las sectas.

Según ellos, es mejor hablar de amor, diálogo y comprensión, cuando en la práctica lo que hacen las sectas es sembrar el odio y la división. Frente a esta realidad, lo mejor que se puede hacer es dejar cualquier tipo de demagogia y tratar de amar de veras al prójimo, ayudándolo a fortalecerse en la fe y sentirse seguro frente a los ataques de las sectas.

Amor, sí; pero amor de veras, no de palabra y nada más. Lo mismo con el diálogo. Hay que estar preparado para dialogar con todos. De otra manera, es como lanzar a los soldados a la guerra sin armas.

Esto es precisamente lo que pretendemos hacer los que trabajamos en el campo de la apologética: amor a los hermanos más necesitados y ayudarlos a vivir su fe con dignidad, sin miedo a toparse con alguien que no la comparte y la ataca.

 

Como el profeta Jeremías

Nunca faltarán los falsos profetas, siempre dispuestos a estar de acuerdo con todos, atraídos por el prestigio y la comodidad. Así el pueblo queda siempre más desamparado frente a la embestida del enemigo. Es lo que está pasando con el problema de las sectas.

 

Falsas esperanzas

Gritar y gritar, poner en guardia, suplicar... y no ser escuchado, hasta no ver con los propios ojos el derrumbe del pueblo de Dios en muchos lugares, por culpa de gente irresponsable que anuncia “visiones falsas”: ésta ha sido la historia de muchos profetas del pasado y ésta ha sido y sigue siendo mi historia.

Recuerdo que antes de empezar mi experiencia misionera entre los indígenas chinantecos del estado de Oaxaca (México), al mencionar en un encuentro eclesial el peligro de las sectas, escuché este comentario: “Aquí, entre los indígenas, las sectas no representan un verdadero peligro. ¿Cuándo lograrán quitarles a nuestros inditos las imágenes de los santos?”. Así que, según esta opinión, compartida por muchos, el apego de los indígenas hacia sus imágenes iba a representar el principal baluarte para la preservación de su fe católica.

¿Y qué pasó? Que llegaron las sectas, atacaron directamente a las imágenes, privándolas de su magia cautivadora, y la fe católica se derrumbó. Comunidades enteras cambiaron de rostro. En lugar de pensar en una seria reestructuración de la pastoral, enfrentando seriamente el problema de la ignorancia religiosa, se fueron por la tangente, al considerar precisamente la ignorancia religiosa como garantía de defensa contra la invasión de las sectas. Al estilo de muchos políticos, que, en lugar de luchar para sacar al pueblo de la ignorancia, tratan de hundirlo siempre más, para seguir explotándolo, precisamente a causa de su ignorancia.

Parece una locura: considerar como aliada a la ignorancia para luchar en contra del error. ¿No sería mucho mejor confiar en el “esplendor de la verdad” y luchar con todos los medios para llevar a todos la luz del Evangelio y así prevenir al pueblo contra el peligro de la mentira y el engaño?

Ni modo. Nunca han faltado y nunca faltarán los falsos profetas, que hablan por su cuenta, no de parte de Dios, para agradar, quitar preocupaciones, hacer que la gente se sienta bien... y vivir del presupuesto. En lugar de enfrentar seriamente los problemas, prefieren alimentar falsas esperanzas. Lo que, sin duda, resulta mucho más cómodo para todos.

Cuántas veces he oído repetir: “Este pueblo es muy mariano. Nunca la Virgen permitirá que las sectas avancen”. En lugar de ver qué se puede hacer para ayudar al pueblo “mariano” a no dejarse confundir por las sectas, se echa el paquete a la Virgen, dando la vuelta al compromiso.

Sería como decir: “Oh Virgen Santa, ponemos en tus manos el problema de las sectas. No nos vayas a defraudar. Si mañana las cosas andan mal, acuérdate que tú tendrás la culpa y no nosotros”. Cómo sería diferente decir: “Oh Virgen María, ayúdanos a fortalecer la fe de tu pueblo. Danos ideas, fuerza y valor para buscar los medios mejores para enfrentar con éxito el problema de las sectas”.

 

El ecumenismo como pretexto

Nada peor que escudarse en el ecumenismo para no hacer nada. ¡Ojalá qué todos los que se declaran en favor del ecumenismo, hicieran algo para favorecer la unidad! Sin embargo, al momento de la verdad, uno se da cuenta de que se trata de pura palabrería. Nada concreto. Ningún encuentro, ningún diálogo...

En el fondo, para muchos se trata de una pose y nada más. Dar la impresión de ser abiertos, sentirse seguros, tener en la mano la carta buena que un día será garantía de victoria... sin mover ni un solo dedo en favor del pueblo, que se confunde y cede bajo la presión de las sectas.

Un día me comentó un sacerdote con orgullo:

— Soy el capellán de los evangélicos.

— ¿¡Cómo!?

— Soy el capellán de la cárcel y me llevo muy bien con los evangélicos.

— ¿Qué piensan los evangélicos acerca de la Iglesia?

— No nos interesa nada la Iglesia. A nosotros interesa solamente Cristo.

Y me comentó acerca del cambio de vida que se da entre ellos, su fervor apostólico... en fin, todo lo bueno que tienen los evangélicos. Y él, el pastor de los católicos, ¿qué hacía? Nada: mirar y nada más, feliz con su ecumenismo, mientras los evangélicos, muy buenos, predicaban el Evangelio y le robaban las ovejas bajo sus mismas narices.

En lugar de aprender de los evangélicos su fervor apostólico y empezar a evangelizar a los católicos, se sentía satisfecho con admirar el fervor de los evangélicos, llevarse bien con ellos y permitirles que hicieran estragos en las filas católicas, tanto, “lo que vale es Cristo y no la Iglesia”. ¡Qué bonito pretexto para no hacer nada y sentirse satisfecho, inteligente y moderno!

Otro sacerdote me dijo:

— En mi parroquia hay dos equipos de fútbol: uno católico y otro evangélico. Yo soy capellán de los evangélicos. Me llevo muy bien con ellos. Son más disciplinados, no toman... Me siento mejor con los evangélicos que con los católicos.

Así que vive de los católicos: bautismos, matrimonios, misas... y convive con los evangélicos. Y todo esto, en nombre del ecumenismo. Es que quiere la mesa ya puesta: va donde está ya todo listo. En lugar de luchar por convertir a los católicos, prefiere meterse con los católicos “ya convertidos” en evangélicos y seguir viviendo de los católicos “paganos”. Y, al hacer esto, se siente más importante, de vanguardia, mirando a los demás con un sentido de desprecio a causa de sus ideas “atrasadas”. En otros tiempos, esta actitud tenía un nombre muy preciso: traición. ¡Qué bueno que son pocos los que piensan de esa manera!

El precio de la paz

Desgraciadamente, en muchos casos el no hacer nada para ayudar a los “débiles en la fe” se ha vuelto en el precio que hay que pagar para establecer “buenas relaciones” con los demás grupos religiosos, que se desarrollan a costa de este tipo de católicos.

Se prefiere hablar de diálogo, respeto, testimonio, misión compartida, etc., para sentirse bien y dar una buena imagen de la fe, evitando meter los puntos sobre las íes, para no lastimar, o peor, causar un atraso en el proceso ecuménico. Y como siempre, los pobres pagan el pato. Los grandes se llevan bien entre sí y los pobres quedan angustiados y al antojo de los más astutos. El espíritu del mundo se vuelve en norma para establecer buenas relaciones entre los distintos grupos religiosos. Portándose así, mientras se habla de paz y unidad, aumenta la división y la discordia.

Pues bien, puesto que de hoy en adelante es oportuno hablar a nivel continental y no solamente latinoamericano (cf. Sínodo Especial para América), podemos afirmar con toda certeza que este es precisamente el estilo “norteamericano” de enfocar el problema de las sectas. Normalmente se invierte poco para atender a los católicos latinoamericanos. Por este abandono, muchos dejan la Iglesia Católica para pasar a lo que sea: sectas, luteranos, anglicanos bautistas, presbiterianos, etc.

Todos se aprovechan. Y los pastores ven y callan, para no meterse en problemas, echando la culpa de todo a la escasez de medios económicos y a la falta de preparación de los católicos latinoamericanos. Haciendo esto, ven disminuir la secular oposición de parte del protestantismo hacia la Iglesia Católica y aumentar su aceptación en la sociedad norteamericana, saliendo así de su aislamiento histórico. Como siempre, una paz y un prestigio a costa de los más débiles.

En la capital de un país sudamericano, el obispo anglicano pidió a un profesor del seminario católico que lo tuviera informado acerca de los seminaristas en crisis para hacerles su ofrecimiento: matrimonio, sueldo y parroquia. Y todo esto en nombre del ecumenismo, como si el problema de la fe se redujera a la búsqueda de buenas relaciones y unos cuántos dólares.

Conclusión

El pueblo católico se encuentra en grandes apuros por la acción demoledora de las sectas. Es necesario hacer algo para fortalecer su fe, aclarando su identidad y dando una respuesta acertada a los ataques del enemigo.

En esta lucha, el ejemplo de los auténticos profetas del pasado nos puede ser de inspiración y consuelo, especialmente en los momentos de mayor dificultad. Y que el engaño de los falsos profetas pueda ser descubierto a tiempo, como en el caso de los antiguos profetas, precisamente (Jer 28).

CAMINOS DE SALVACIÓN

Con el pretexto de que existen distintos caminos de salvación, se llega a vanificar el misterio de la Encarnación, el papel de la Iglesia y el mandato de Cristo de ir y predicar el Evangelio a todas las gentes. Distintos caminos de salvación, SI; todos iguales, NO.

Voluntad salvífica y universal

En la Biblia vemos claramente como Dios ama a todos los hombres y quiere que todos lleguen a la salvación. He aquí los pasajes bíblicos mas significativos al respecto.

¿Cómo no voy a tener compasión de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que aún no distinguen entre el bien y el mal, y una gran cantidad de animales? (Jon 4,11).En las generaciones pasadas, él permitió que cada pueblo siguiera su propio camino; aunque no dejó de darse a conocer por sus beneficios, enviándoles desde el cielo lluvias y temporadas fructíferas, y llenando de alimento y alegría sus corazones (Hech 14,16-17).Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4).

Con el fin de que buscaran a Dios a ver si, aunque sea a tientas, lo podían encontrar; y es que en realidad no está lejos de cada uno de nosotros (Hech 17,27).

Así que para todos existe alguna posibilidad (camino) de salvación. En el fondo, ¿qué son el budismo, el musulmanismo y el conjunto de creencias y ritos que tenían los antiguos indígenas de México, si no “caminos de salvación”, es decir puntos de encuentro entre el amor misericordioso de Dios y la búsqueda del hombre?

Solamente algún fanático, con mente cerrada y enfermiza, puede pensar que fuera del cristianismo, o más bien, su manera de entender y vivir el cristianismo, todo es oscuridad, maldad y perdición.

Respeto y aprecio

En una sociedad pluralista, la actitud de tolerancia, respeto y aprecio por las distintas creencias, opiniones y valores representa algo fundamental. Solamente así se puede garantizar un espíritu de convivencia pacífica y colaboración entre todos, condición esencial para el progreso de los pueblos y las naciones.

Exigencias de la verdad

Pero al mismo tiempo no es correcto pensar que todos los caminos tienen la misma importancia y cada uno está libre de escoger el camino que más le guste o llame la atención, sin mayores consecuencias.

Es que la verdad tiene sus exigencias. No se puede impunemente conocer la verdad y darle las espaldas, para seguir con los propios criterios y así evitar entrar en conflicto consigo mismo o la sociedad, como hicieron los judíos del tiempo de Cristo. Una vez conocida la verdad, se hace necesaria su aceptación o se incurre en el pecado contra el Espíritu Santo, que es precisamente el Espíritu de la verdad (Mt 12,31-32).

Ahora bien, cada camino manifiesta un cierto grado de acercamiento y comprensión del misterio de Dios, hasta llegar a la plenitud en Cristo y su Iglesia. Cuando alguien, en su búsqueda de Dios llega a esta luz, no la puede rechazar así nomás, por intereses particulares. Es como cerrarle el paso a Dios y darle la espalda. Lo que representa una actitud extremadamente negativa, un pecado radical, que puede comprometer seriamente su destino final.

He aquí lo que dijo Jesús a este respecto:

El motivo de esta condenación está en que la luz vino al mundo pero los hombres prefirieron la oscuridad a la luz, porque su conducta era mala. Todo el que obra mal detesta la luz y la rehuye por miedo a que su conducta quede descubierta. Sin embargo, aquel que actúa conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que toda su conducta está inspirada por Dios (Jn 3,19-21).

El problema de la cosmovisión

Subrayando demasiado el sentido salvífico que tienen esencialmente todas las religiones (se habla de semina Verbi = semillas del Verbo), se puede llegar a vanificar el misterio de la Encarnación, el papel de la Iglesia y el mandato de Cristo de ir y predicar el Evangelio a todas las gentes.

“Si todos se pueden salvar siguiendo el camino que ya tienen — opinan algunos —, ¿por qué no dejarlos así como están, evitándoles tantos sufrimientos, que pueden surgir con el anuncio del Evangelio, que muchas veces choca con la propia cosmovisión y sensibilidad?”.

Promoción humana y evangelización

¿Cuál sería, entonces, el papel del misionero? Dedicarse a la promoción humana. A los que piensan y actúan de esta manera, yo les digo: “Respeto su manera de pensar. Sigan con su promoción humana, que tanta falta hace para aliviar tantas miserias. Pero acuérdense de que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). Si ustedes no perciben la importancia del Evangelio en orden a la plena realización del hombre, dejen a otros que lo hagan. No quieran acapararlo todo, queriendo imponer a toda costa su visión del problema”.

A este respecto, así se expresa el Papa Juan Pablo II:

“Si se analizan las aspiraciones del hombre contemporáneo en relación con el sacerdote se verá que, en el fondo, hay en el mismo una sola y gran aspiración: tiene sed de Dios. El resto — lo que necesita a nivel económico, social y político — lo puede pedir a muchos otros. ¡Al sacerdote se le pide Cristo! Y de él tiene derecho esperarlo, ante todo mediante el anuncio de la Palabra.

Los presbíteros —enseña el Concilio— “tienen como primer deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios” (Presbyterorum ordinis)” (Juan Pablo II, Don y Misterio, p. 82, México 1997).

Conversión y sacrificio

No hay vuelta de hoja: no puede haber cambio, superación o conquista, sin sacrificio. Algo hay que dejar para avanzar. Algo hay que dejar para aceptar la salvación plena en Cristo Jesús. Esto vale para los individuos, las familias, los pueblos y las naciones. Querer aceptar a Cristo, siguiendo como antes, con la misma manera de pensar, los mismos valores y la misma cosmovisión, es un absurdo.

Evidentemente, cada forma de desprendimiento tiene que llevar siempre consigo un cierto sufrimiento:

“Sin derramamiento de sangre no hay salvación” (Heb 9,22).

Ecumenismo malentendido

Aplicando al interior del cristianismo esta manera de pensar, se llega a considerar las divisiones internas como “maneras diferentes de entender y vivir el Evangelio”, como si, en el fondo se tratara simplemente de “denominaciones diferentes”, sin ningún perjuicio en orden al plan de Dios y la salvación. Así que, en el fondo, no habría gran diferencia entre católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, etc. Todo se reduciría a un problema de palabras y tradiciones particulares, sin ninguna relevancia en orden al plan de Dios y la salvación. Por lo tanto, sin mayores consecuencias uno podría tranquilamente pasarse del catolicismo, al anglicanismo, luteranismo, etc.

Un ex-seminarista católico, ordenado sacerdote anglicano, así explicaba la decisión de su cambio: “Me gusta más la moral anglicana”. Así de simple. Y todo esto en un contexto ecuménico. Lo mismo pasa con sacerdotes, que por motivos sentimentales no dudan en cambiarse de Iglesia y llegan hasta ser ordenados obispos. La explicación: “Es que allá se admiten sacerdotes y obispos casados”.

Conclusión

 

Con el pretexto del ecumenismo y el respeto para con todos, se llega a la más grande confusión doctrinal, como si todo fuera lo mismo, quedando obsoletos los conceptos de herejía, apostasía, o excomunión.

En asuntos de tanta importancia, como son el Evangelio de Cristo y la salvación, es necesario ser extremadamente cuidadosos.

Una cosa es el respeto, el diálogo y la apertura para con todos, y otra cosa es pensar que todo es lo mismo. El mejor servicio que le podamos prestar al hombre, es encaminarlo hacia la búsqueda y la aceptación plena, sin reservas, de la verdad. No por nada dijo Jesús:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).

LOS RIESGOS DE LA FE

No todo lo que luce es oro. Lo mismo pasa con la fe: no todo lo que se llama fe, es fe auténtica. Puede haber engaño, trampa... En realidad, para muchos la fe se ha vuelto en un producto comercial. Hay superofertas de fe. Por lo tanto, hoy más que nunca se necesita mucho discernimiento en el campo de la fe.

La fe es como un tesoro, que hay que saber buscar y cuidar. Y hay caminos que llevan a ella. Lo importante es no absolutizar un camino, ni darle un valor más grande del que tiene en la realidad.

Caminos o medios para llegar a la fe.

— La vista.

“Creo porque veo”, parece que diga este tipo de creyente. La fe por la vista. ¿Y qué se ve? El sol, la luna, las estrellas, la naturaleza que nos rodea (Rom 1,20) y una multitud de creyentes con sus ritos y objetos sagrados.

Consecuencia: “Donde hay algo bonito, llamativo y misterioso, o donde hay gente que cree, allá está Dios”. Lo que no corresponde siempre a la realidad.

— El sentimiento.

“Creo porque siento”. La música, el arte, el teatro, el testimonio y cierta manera de presentar la palabra de Dios, crean emociones y favorecen el desahogo, el olvido y la liberación de ataduras de tipo sicológico.

Consecuencia: “Donde hay emoción, allá está Dios; más emoción y más presencia de Dios”. Es lo que piensan muchos.

— La inteligencia.

“Creo porque pienso”. El razonamiento, la reflexión y la intuición llevan a conclusiones, que rebasan la simple experiencia y observación diarias.

Consecuencia: “Donde hay conocimiento, allá está Dios; el que más sabe, es el que más conoce a Dios”. Si no se añaden otros elementos, puede tratarse de un conocimiento “filosófico” de Dios, muy diferente del conocimiento “experiencial” de Dios.

Peligro:

Quedarse con el camino o medio

El camino o medio, en lugar de ser un trampolín para llegar a la fe, se puede transformar en una

trampa, que atrapa e impide el paso hacia la fe auténtica.

   Idolatría.

En lugar de pasar de la creatura al Creador, el hombre se queda con la creatura: los elementos de la naturaleza considerados como dioses o sus representaciones, las imágenes.

Otro peligro: confundir al hombre que habla de Dios con el mismo Dios o quedarse atrapados por la multitud de los creyentes, como dice el refrán: “¿Adónde va Vicente? Adonde va la gente”.

   Sicologismo.

En lugar de pasar de la emoción pasajera y superficial a la paz profunda y duradera, que puede derivar solamente de un encuentro real con Dios, el hombre se queda con las emociones y busca continuamente nuevas maneras para acrecentarlas, volviéndose dependiente de todo lo que pueda despertar nuevas y más intensas emociones: cantos, aplausos, oración, música, ruidos y testimonios verdaderos o falsos.

Dios, la idea de Dios, se vuelve en un ingrediente más para el coctel sicológico. Dios se vuelve en un medio más para olvidar los problemas, tener confianza y despertar las emociones. Hasta se habla de teoterapia = terapia (o curación) con Dios.

Para sus adeptos, lo ideal sería vivir continuamente en un estado de conciencia alterado. Igual que los alcohólicos y los drogadictos. Sus encuentros de oración parecen formas de “entretenimiento religioso”.

   Egolatría.

En lugar de ser un medio para llegar a Dios, la inteligencia se pone en el mismo lugar de Dios. Se sigue hablando de Dios, pero no como un Dios personal, creador, salvador y remunerador. El concepto de Dios se desvanece en pura palabrería. Se llega a la religión-ficción. Cada quien se esfuerza por inventar su sistema religioso, dando a las palabras y a los conceptos un sentido arbitrario.

La búsqueda de Dios se vuelve en un juego de palabras. En lugar de buscar la verdad, el hombre prefiere incursionar por caminos inéditos, dando origen a nuevos conceptos e inebriándose en ellos. Se deja deslumbrar por sus descubrimientos y busca la salvación en sí mismo, en su capacidad de inventar sistemas de salvación. Siguiendo en este camino, el hombre llega a ponerse en lugar de Dios y a considerarse como Dios mismo.

Otros, manipulando los datos de la fe, llegan sencillamente a identificar a Dios con ciertos valores, entendidos siempre en una manera subjetiva: justicia, paz, libertad, igualdad, dignidad, cultura, ecología, etc. Y se quedan con lo humano, sin llegar nunca a la fe auténtica en el único Dios, que existe realmente y, por lo tanto, puede proporcionar una salvación real.

Cambio de actitud:

prueba de autenticidad

¿Cómo podemos saber si alguien llegó realmente a la fe y no se quedó entrampado en el medio? Cuando uno realiza en sí mismo un cambio de actitud en la línea del amor, entonces quiere decir que llegó a la fe auténtica (Mc 1,15; 1Jn 4,7). “Donde hay amor, allá está Dios”, porque “Dios es amor” (1Jn 4,8).

Si no se produce este cambio de actitud, todo el proceso religioso se vuelve ilusión. Puede haber emoción, entusiasmo, euforia, gran cantidad de gente, mucho razonamiento e idealismo, pero no está Dios. En realidad, donde está Dios no puede haber división, presión sicológica, explotación, desprestigio, engaño u odio. No se puede hablar muy bonito de Dios y al mismo tiempo inyectar odio hacia todo lo que se opone a la propia idea de Dios o explotar de una forma indiscriminada a los propios seguidores.

Iglesia Católica

En la Iglesia Católica, para llevar a la fe, por lo general se ha manejado el primer medio (imágenes, procesiones, fiestas, ritos y objetos sagrados) y el tercero (catecismo y textos de teología); muy poco el segundo medio, es decir, el sentimiento. Esto explica cierta tendencia hacia la idolatría en las masas populares y hacia el frío conceptualismo en la gente más culta religiosamente (jerarquía y teólogos), que trata de formar al pueblo a su imagen y semejanza.

Sin embargo, desde hace algún tiempo en los movimientos apostólicos, que representan la vanguardia evangelizadora de la Iglesia, ya se busca un cambio en la búsqueda de los medios para llegar a la fe, haciendo un uso abundante del sentimiento: Movimiento de Renovación en el Espíritu Santo, Movimiento de Cursillos de Cristiandad, Escuela de la Cruz, Encuentros conyugales, etc. Uniendo el sentimiento a la doctrina auténtica, se pueden formar verdaderas comunidades cristianas.

Sectas

En las sectas, generalmente se maneja el primer medio y el segundo, es decir, la vista (gran concentración de gente) y el sentimiento. No falta algún grupo, por ejemplo, la Iglesia Universal del Reino de Dios, que utiliza también objetos sagrados, como el agua bendita, el aceite bendito, la sal bendita, la sangre de Cristo, las flores benditas, etc., en su afán de confundirse con la Iglesia Católica.

Puesto que no cuentan con una base ni racional ni bíblica para justificar la existencia de sus grupos, generalmente las sectas huyen del uso de la razón, resolviéndose todo en un montón de citas, desconectadas entre ellas, y de sueños, visiones y opiniones personales de sus líderes.

Su estilo es esencialmente propagandístico, lleno de slogans, que no resisten al más pequeño análisis racional. Falta de fundamento y coherencia interna. Todo es manipulación. Además, se aprovechan de todo para buscar una legitimación, no teniendo reparo en apoyar a las dictaduras más contradictorias (por ejemplo, el pinochetismo y el sandinismo) o desprestigiar a los demás, inventando, inflando ciertos hechos (por ejemplo, las cruzadas, la inquisición, el caso Galilei, etc.) o tergiversando su sentido. Para las sectas es una ley aquel refrán popular que dice: “En la guerra y en el amor, todo se vale”.

Cuando tratan de presentar una visión sistemática de su fe, el resultado se parece más bien a una religión-ficción que a un verdadero sistema teológico (ejemplo, los testigos de Jehová y los mormones). Por eso rehuyen el diálogo con gente preparada en campo bíblico y teológico. Es que sus afirmaciones no resisten frente a un mínimo de crítica seria.

Equilibrio

Afortunadamente, con la entrada del laicado en la escena de la evangelización, muchas cosas están cambiando dentro de la Iglesia. El lenguaje se está haciendo más inmediato y accesible al gran público de hoy. Además, se está realizando un cierto equilibrio entre la mente, el corazón y los sentidos.

Posiblemente, en este cambio haya influido también la presencia de las sectas. No habría que extrañarse, puesto que este es el papel específico de toda forma de disidencia: poner el acento sobre aspectos olvidados o no subrayados suficientemente. Una vez que haya cumplido con su misión, normalmente tiende a desaparecer (cfr. el comunismo).

Y es lo que esperamos que suceda con las sectas: una vez que logran cuestionar a la Iglesia sobre ciertos aspectos y ésta logre asimilar dichos cuestionamientos, ojalá que se desinflen y desaparezcan.

Religiosidad popular

Al mismo tiempo, como era de esperarse, está cambiando también la religiosidad popular, que se está deslizando de la vista al corazón y a la inteligencia: menos procesiones, menos imágenes y más oración personal, participación en congresos, misiones populares y catequesis presacramental. La misma Biblia está entrando en la praxis de la religiosidad popular.

Aún no se trata de un catolicismo consciente y comprometido, pero hacia allí se está dirigiendo la mirada de las masas populares. Los hermanos “fuertes en la fe” siguen cuestionando y atrayendo con su testimonio a los hermanos “débiles en la fe”. Y ojalá que éstos sigan con la mirada hacia adelante, sin dejarse distraer y atrapar por un sin número de sirenas, que tratan con todos los medios de llamar su atención y desviarlos del camino auténtico.

Conclusión

Nadie nace creyente. A la fe se llega, la fe se vive y se comunica. Es un tesoro, que hay que saber buscar, cuidar y ofrecer, venciendo todo tipo de obstáculos. Hoy, ser católico auténtico es un reto.

 

URGE ALTERNATIVA A LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA

Ciertas superficialidad en campo doctrinal y mucho coqueteo con el pentecostalismo protestante. Consecuencia: un montón de sectas que están surgiendo de la Renovación Carismática. ¿Podemos quedar indiferentes ante esta situación?

Ecumenismo mal entendido

Es un hecho que la Renovación Carismática Católica nació viciada desde un principio. Con el correr de los años, los lazos con el pentecostalismo protestante se fueron estrechando siempre más al amparo de un malentendido ecumenismo. En realidad, en lugar de intentar un verdadero diálogo constructivo, se limitó a imitar sus expresiones cultuales, dejándose siempre más absorber por su espíritu declaradamente no católico.

Así la Renovación Carismática se fue volviendo cada día más en un Caballo de Troya, infiltrado en las masas católicas, para inyectarles un espíritu ajeno a su idiosincrasia propia y haciéndolas vulnerables a los influjos del pentecostalismo protestante.

Exodo hacia el pentecostalismo

Una vez acostumbrados al estilo pentecostal, muchos empezaron a sentir cierto rechazo hacia la austeridad del culto católico, tachándolo de aburrido y sin vida, confundiendo el entusiasmo, la euforia y la capacidad de crear estados de conciencia alterados con las señales de la presencia de Dios.

En cierta ocasión alguien me dijo: “La Renovación Carismática Católica tienes dos puestas: una para entrar y otra para salir”. De hecho, casi en todas partes la Renovación Carismática ha dado origen a sectas de tipo pentecostal. Un sacerdote de Brasil me mencionó 63 sectas que salieron de la Renovación Carismática en el sur de aquel país y me hablaba con cierta preocupación del peligro que el Movimiento Carismático algún día pudiera salirse masivamente de la Iglesia Católica, dando origen a una segunda Reforma Protestante.

Evidentemente se trata de una exageración; sin embargo, esto explica porqué existe un cierto rechazo de parte de muchos sacerdotes hacia este Movimiento, tan parecido al pentecostalismo protestante y que tantas bajas está causando en las filas católicas.

En México el caso más clamoroso está representado por el P. Gilberto Gómez V. de Monte María. Empezó hablando de ecumenismo, utilizando material pentecostal y haciéndose acompañar por pastores pentecostales, hasta apartarse completamente de la Iglesia Católica, dando origen a una secta más de corte pentecostal: Tierra Prometida. En Centro América y Estados Unidos abundan los casos parecidos.

Fidelidad

Así que, algo hay que hacer frente a esta situación, que se vuelve siempre más alarmante. ¿Qué? Ver lo bueno que tienen la Renovación Carismática en sus contenidos, sus métodos y estilo propio, y aprovecharlo, creando algo realmente católico desde las bases. Más que insistir en ciertas manifestaciones extraordinarias y particularmente llamativas (don de lenguas, don de sanación, milagros, exorcismo, etc.), es oportuno insistir en un verdadero cambio de actitud para seguir a Cristo (Mc 1,15), subrayando la importancia de la fidelidad al Evangelio en su conjunto y a la Iglesia con su jerarquía.

En efecto, no todo lo que luce es oro. Si no hay preparación sólida y sentido crítico es fácil pasar de la Renovación Carismática al pentecostalismo protestante, la Nueva Era y tantas formas más de sincretismo religioso. Es importante aclarar que el criterio de sentir bonito es engañoso y fácilmente puede hacer desviar del camino correcto. Espontaneidad, alegría, música, canto, danza... Sí: superficialidad doctrinal, separación o herejía, No.

La regla de oro: “Por sus frutos los conocerán” (Mt 7,16) tiene que ser aplicada también a la Renovación Carismática. Y por lo visto, teniendo presente ciertos frutos negativos que vuelven a presentarse sistemáticamente por aquí y por allá, es urgente pensar seriamente en una alternativa para la Renovación Carismática o por lo menos en una profunda revisión.

Pentecostalismo protestante, Renovación católica

y Nueva Era

UNA NUEVA MANERA

DE SENTIR Y VIVIR LA FE

Hay mucho parecido entre los tres movimientos religiosos (aunque la Nueva Era sea esencialmente un movimiento cultural con contenidos religiosos). Por lo tanto, es fácil el coqueteo entre los tres, el sincretismo y el paso de uno a otro.

No todo es malo

Si avanzan arrasando con todo, quiere decir que tienes algo que vale: espontaneidad, emoción, superación personal, sentido de búsqueda, armonía entre cuerpo y espíritu, participación, optimismo, etc.

Sin duda se trata de algo bueno, que, conjugado oportunamente, ofrece una visión de la vida muy diferente de la tradicional. Por eso atrae a la gente de una forma irresistible, dando resultados concretos e inmediatos de liberación, satisfacción y cierta paz interior.

Sentirse bien

En realidad, lo que el hombre actual busca y estos tres movimientos espirituales ofrecen, es ayudar al hombre a sentirse bien, más allá de cualquier sentido de pertenencia, coherencia o fidelidad. Por eso los seguidores de estos movimientos rehusan cualquier tipo de profundización y sistematización que los amarraría a ciertos “dogmas”, cerrando el paso a ulteriores búsquedas y experiencias.

Lo que vale es ensayar nuevas maneras de relacionarse consigo mismo, el mundo, el más allá y Dios, pasando fácilmente de una perspectiva a otra, de un grupo a otro, siempre buscando nuevas experiencias, emociones y poderes.

Por eso no es difícil encontrar a gente que pasa con toda naturalidad de un curso sobre el Espíritu Santo a otro sobre cristales, cuarzos, energía o control mental; gente que, sin ningún escrúpulo de conciencia, de un momento a otro deja su Iglesia para integrarse a otro grupo, que le ofrece mayores oportunidades para realizarse y sentirse mejor.

Cada uno con su coctel

Siendo muchos los ingredientes para el coctel religioso (sicología, parapsicología, religiones orientales, Biblia, astrología, esoterismo, magia, gnosis, espiritismo, etc.) y habiendo gustos muy diferentes, todo es cuestión de demanda y oferta, capacidad de descubrir recetas siempre más llamativas, que despierten el interés de la gente.

Al mismo tiempo, puesto que en todo el asunto la moda y el aburrimiento juegan un papel muy importante, más vale estar prevenidos, sondeando oportunamente el mercado y lanzando propuestas siempre más atrevidas y lo más originales posibles.

Ya los límites no son tan claros entre religión, curanderismo, sicología o superación humana. Cada quien entiende las cosas como puede y ve la conveniencia de cortar las antiguas creencias o integrarlas a las nuevas. Eclectismo y sincretismo son la base de esta nueva concepción de la vida.

Cuidado con la Renovación carismática

Sin duda tiene el grande mérito de haber traído a la Iglesia Católica aire nuevo con el gusto por la Palabra de Dios, la oración y tantas cosas más. Pero al mismo tiempo tiene su talón de Aquiles: su enorme parecido con el pentecostalismo protestante y la Nueva Era. Esto explica sus éxitos y sus fracasos.

Mucho cuidado entonces. En lugar de insistir tanto sobre los carismas tomados muchas veces como poderes y no como posibilidad de ofrecer un servicio a la comunidad, habría que insistir más sobre el concepto “cristiano” de Dios en contraposición al concepto vago presente en la Nueva Era, el sentido de la vida en este mundo, el papel de la Iglesia Católica en orden a la salvación, el compromiso misionero de todo creyente y el espíritu de solidaridad que tiene que animar a todo ser humano, para balancear el enfoque esencialmente individualista de los movimientos en cuestión.

Todo esto podría representar una buena garantía para resistir frente a cualquier tentación de dejar la propia Iglesia para buscar más allá de sus fronteras nuevas oportunidades de realización y satisfacción.

Además, habría que examinar atentamente la manera de ver el don de lenguas y de sanación, muchas veces entendidos como sellos que garantizan la presencia del Espíritu Santo, lo que sin duda no siempre responde a la realidad. También habría que aclarar el sentido de la cruz en la vida del cristiano, rechazando la idea "pentecostal" de que todo sufrimiento tiene que ser ajeno a la vida del cristiano, puesto que Cristo ya pagó por todos y por sus llagas hemos sido sanados (Is 53,5).

La misma praxis del diezmo (diez por ciento), que se está implantando en muchas partes en favor del Movimiento de Renovación está creando la idea de una Iglesia en la Iglesia, estrechando siempre más los lazos con el pentecostalismo protestante que mediante el diezmo está creando un liderazgo poderoso, agresivo y celoso, al estilo empresarial más que eclesial.

Claro que, si se aclara todo esto, muchos dejarán la Renovación Carismática para pasarse de plano con los pentecostales o los nuevaerianos (Amistad Cristiana, cristianos, amistad de vida, mujeres de éxito, cruzada estudiantil y profesional, teoterapia, meditación trascendental, etc.). Ni modo. Es el riesgo que corrió el mismo Jesús, cuando quiso aclarar las cosas (Jn 6,60).

Una revisión urgente

Evidentemente, lo que acabo de expresar, no refleja el problema en su totalidad. Quiere ser solamente un estímulo para una reflexión más profunda sobre el tema, antes que sea demasiado tarde. En efecto, el peligro que señalamos no es puramente teórico. Ya el virus del sincretismo ha afectado a muchos "renovados". Lo que pretendo con estas reflexiones es ayudar al Movimiento de Renovación a tomar conciencia de la situación y hacer algo concreto para remediarla. En realidad, lo que está en juego es demasiado grande con consecuencias trascendentales para la Iglesia. Se está jugando el presente y el futuro de la Nueva Evangelización que en el Movimiento de Renovación encuentra uno de los grandes pilares.

EL DIEZMO EN LA IGLESIA

Cómo solventar los gastos de la organización eclesiástica, promover la evangelización y vivir el espíritu de solidaridad.

Enseñanza bíblica

El diezmo (décima parte) es propio del Antiguo Testamento. Estaba reservado antes que nada para los miembros de la tribu de Leví (sacerdotes y levitas), que, por dedicarse al culto, habían quedado sin parcela al repartirse la tierra de Canaán (Núm 18,21-33; 2Cro 31, 5-19). Después, estaba destinado también para ayudar a los más necesitados, especialmente las viudas y los huérfanos (Dt 26, 12-14).

En el Nuevo Testamento no se habla del diezmo (décima parte) como medio para sostener económicamente a los ministros de culto. Lo importante es que el ministro (apóstol, predicador, etc.) pueda vivir honestamente, sin apremios de tipo económico (Mt 10, 9-10; 1Cor 9, 10-11; Lc 10,7). Y para las demás necesidades de la Iglesia, se hace hincapié en el espíritu de solidaridad. Algunos hasta llegan a vender sus bienes y propiedades para socorrer a las necesidades de los hermanos (Hech 2,44-45).

Situación actual

Cuando en la Iglesia Católica se usa la palabra “diezmo”, no se le da el sentido bíblico originario (décima parte), sino que se entiende como una aportación de los feligreses para hacer frente a las necesidades económicas de toda la comunidad eclesial.

“El quinto mandamiento (ayudar a la Iglesia en sus necesidades, n.d.r.) señala la obligación de ayudar, cada uno según su capacidad, a subvenir a las necesidades materiales de la Iglesia” (Código de Derecho canónico, canon 222). “Cada uno según su capacidad”, dice el Código de Derecho Canónico, no “décima parte”.

Para cumplir con esta obligación, en cada país las conferencias episcopales están dando normas precisas al respecto. En Italia, por ejemplo, es suficiente una declaración del ciudadano para que el Estado entregue a la Iglesia el 8 por mil de los impuestos que le cobra y con esto se cumple con el quinto mandamiento de la Iglesia. En México el diezmo anual corresponde a lo que uno gana en un día de trabajo. En Chile corresponde al uno por ciento de lo que cada uno gana.

Sin embargo, en la práctica, esta aportación de los feligreses católicos para hacer frente a las necesidades materiales de la Iglesia es insuficiente y en muchos casos puramente simbólica. Por lo general, las fuentes principales de la economía eclesiástica son dos: la limosna que los feligreses dan espontáneamente durante los actos litúrgicos y la que está ligada a la recepción de ciertos sacramentos, especialmente el bautismo y el matrimonio, con todo los inconvenientes que esta praxis conlleva.

Colectas especiales

Aparte de esta aportación mínima que la Iglesia exige para solventar los gastos más urgentes, existen colectas especiales para sostener sus obras: misiones, seminarios, centros formativos para laicos, templos, atención a los más pobres y necesitados, etc.

Cada católico, según su capacidad y sensibilidad particular, está invitado a dar su aporte económico para apoyar estas obras, que son fundamentales para la comunidad eclesial.

Movimientos y asociaciones

Siempre hubo en la Iglesia asociaciones de fieles, generalmente relacionadas con el culto y el testimonio de vida. Después del Concilio Ecuménico Vaticano II, empezaron a surgir movimientos laicales, abocados esencialmente a la evangelización. Necesitando de estructuras y planes de formación adecuados, tuvieron que enfrentar seriamente el problema económico, estableciendo normas de autofinanciamiento.

En este aspecto, el Neocatecumenado y la Renovación tuvieron más éxito, a diferencia de las Comunidades Eclesiales de Base que insisten más en un cambio de las estructuras sociales, dejando al individuo “frío” y sin una “experiencia” personal de la validez del camino que se está haciendo. Por este motivo, al momento de aportar económicamente, los primeros se sienten más motivados y los segundos menos.

Otra causa que marca la diferencia puede ser la siguiente; mientras el Neocatecumenado y la Renovación son movimientos más auténticamente laicales, por lo cual los mismos laicos se sienten obligados a luchar para seguir adelante con sus propias fuerzas, las Comunidades Eclesiales de Base se sienten más dependientes del clero, que las maneja con espíritu paternalista, lo que impide el desarrollo de un auténtico liderazgo laical, con una visión propia de la realidad y un sentido auténtico de responsabilidad.

Intentos de revivir el diezmo bíblico

Por la misma afinidad que existe con el pentecostalismo protestante, existen en la Renovación grupos que están tratando de restablecer el diezmo bíblico como medio de autofinanciamiento. Por lo general, se trata de asociaciones, movimientos o ministerios salidos de la Renovación y que se desarrollan alrededor de algún líder, generalmente laico.

Fascinados por su personalidad carismática, sus seguidores no tienen reparo en ponerse totalmente bajo su liderazgo, dispuestos a secundar sus planes a costa de cualquier sacrificio. No faltan casos en que todo el asunto se maneja como una empresa familiar, que se transmite de padre a hijo, al estilo de las sectas precisamente.

Se insiste en la obligatoriedad del diezmo, apegándose a la Biblia, sin tener en cuenta el hecho que se trata de algo propio del Antiguo Testamento y ligado al culto “oficial”, mientras ellos son grupos “particulares”. Para recalcar su obligatoriedad también en el Nuevo Testamento citan Lc 18,12, sin caer en la cuenta de que el fariseo en cuestión pertenece al Antiguo Testamento y no al Nuevo, dando una prueba más de su enorme parecido con el pentecostalismo protestante, profundamente imbuido de fundamentalismo bíblico.

Que quede bien claro: no estamos en contra de los movimientos ni del derecho que tienen de buscar las formas más apropiadas de autofinanciamiento. Lo que rechazamos es el afán de lucro a costa de la buena fe de la gente y la manipulación bíblica para lograr sus fines, en la línea de las sectas. Nos parece un camino extremadamente peligroso, como la experiencia ha demostrado ampliamente.

Conclusión

La Nueva Evangelización no puede prescindir de una reestructuración del aspecto económico, si quiere hacer frente a los nuevos retos que se presentan. No se puede dejar el asunto totalmente en las manos de la iniciativa privada, en una especie de “neoliberalismo eclesial”, con las consecuencias que todos podemos constatar: líderes religiosos que nadan en la abundancia y simples agentes de pastoral, que se ven obligados a limitar su acción por la situación de extrema penuria en que viven, o religiosas, que, para poder sobrevivir, tienen que dejar la evangelización y hacerse cargo de algún kinder, una escuelita o un dispensario médico.

Además, la Iglesia institucional tienen que velar por todo el rebaño y no solamente por los que se acercan espontáneamente, se sienten satisfechos por lo que reciben y están dispuestos a dar lo que sea para seguir siendo atendidos a su gusto.

Todo esto exige una adecuada planeación acerca de la manera de recaudar y distribuir los fondos con miras a una evangelización más organizada, eliminando lo más posible toda apariencia de lucro y luchando por llenar aquellos “vacíos pastorales”, que tanto daño nos están causando.

Ya no basta pensar solamente en cómo sostener el seminario o asegurar para el clero una digna jubilación. Hay que pensar en los diáconos permanentes, en los agentes de pastoral laicos y las religiosas comprometidas directamente en la evangelización. Hay que velar por su formación y, en la medida de lo necesario, asegurarles un apoyo económico. Hay que pensar, también en los pobres y necesitados.

Algo tiene que cambiar: vino nuevo en odres nuevos. O la Nueva Evangelización quedará frustrada o notablemente frenada.

LA VIDA RELIGIOSA,

¿HACIA DÓNDE VA?

Compromiso con la justicia y los pobres. ¿Y los valores eminentemente espirituales? ¿Y la evangelización directa? Evidentemente algo está cambiando.

Uno podría fácilmente imaginarse que el religioso (a) es el experto en las cosas de Dios. Para eso optó por los consejos evangélicos y las bienaventuranzas. Para llenarse de Dios y comunicarlo a los demás. El religioso tendría que ser místico de profesión, con todas las limitaciones humanas que se puedan imaginar.

Sin embargo, cuando uno frecuenta a los religiosos (as) más lúcidos o “avanzados” y se adentra en la literatura que está surgiendo en el ámbito de la vida religiosa, queda completamente decepcionado. No. El religioso no es el experto en las cosas de Dios, ni quiere serlo. Su especialidad va en otro sentido. Va más bien en la vertiente económica, política y social. La vida religiosa como tal quiere comprometerse antes que nada en favor de la justicia y los pobres.

Sus cuestionamientos están cargados de estadísticas y cifras, de reflexiones de orden filosófico, teológico, sociológico, etc. ¿Y la Palabra de Dios? ¿Y los Padres de la Iglesia? ¿Y aquel “sabor” específicamente cristiano y católico? Una que otra cita bíblica de corte revolucionario. Sus planteamientos y sus actitudes son esencialmente de conflicto dentro y fuera del ámbito eclesial. Ya no inspiran aquella paz, que deriva esencialmente del contacto con Dios y que pensábamos iba a ser su característica específica (¿Recuerdan a San Francisco de Asís: “Paz y Bien”?).

Entonces me pregunto: “¿No será una prueba más de la gran devaluación en qué están cayendo los valores espirituales? ¿No será que este tipo de vida religiosa se acerca a su ocaso?”.

En realidad, muchas instituciones religiosas en sus cuestionamientos y acciones se parecen más bien a sindicatos, partidos políticos o sociedades filantrópicas, que a comunidades de hermanos o hermanas, que optaron por hacer visible lo Invisible, ayudándonos a saborear aquellos bienes que son propios de la vida futura, cuando Dios será todo en todos.

Sin duda, es importante poder contar con gente que opte por arreglar las cosas de este mundo y gente que opte por hacernos entrever las cosas de allá, ayudándonos a entrar en contacto con lo Absoluto. Si la vida religiosa opta por lo primero, ¿a quién le tocará lo segundo?

Yo pensaba que al laicado le tocaba el papel de Martha y a la vida religiosa el de María. Pero ahora me entero que las cosas no están así. Los tiempos cambiaron y también los papeles están cambiando.

Así que ya sabes: si quieres luchar por un profundo cambio social en favor de la justicia y los pobres, no pienses en meterte en la política o el sindicato. En realidad, por este camino podrás lograr muy poco. Ingresa más bien en una orden o congregación religiosa y el éxito lo tienes asegurado, puesto que se trata de organizaciones especializadas para eso.

Si, al contrario, quieres hacer una experiencia de Dios (¿Existe todavía gente tan atrasada que quiera eso? Sí, existe, por gracia de Dios), entonces métete en un movimiento laical y lo lograrás. Y te transformarás en un apóstol, un misionero de los tiempos modernos, luchando por llevar el Evangelio a las almas más sedientas de Dios (“¡Qué lenguaje tan antigüito!”, dirán algunos religiosos, superexpertos en economía, comunicación, sociología, antropología, etc.).

Conclusión: los tiempos cambiaron, también la vida religiosa está cambiando. La pregunta es: “¿Hacia dónde va? ¿Qué busca?”. Sin duda está pasando por un período de prueba, una verdadera purificación. Vamos a ver qué queda.

Mientras tanto el laicado encuentra más espacio para moverse en lo específicamente laical (lo de siempre) y en la evangelización directa (lo nuevo). Después de todo, Dios sigue escribiendo derecho en renglones torcidos, llevando la historia hacia rumbos desconocidos e inimaginados apenas hace unos años. A Él sea la gloria y el honor por los siglos de los siglos. Amén.

LIBERACIÓN

Y EVANGELIZACIÓN

Un problema siempre actual en la conciencia cristiana. Todo depende de como se plantea.

Con etiquetas nuevas, el problema se propone continuamente: ¿Qué hacer primero: evangelizar o liberar al hombre de la pobreza y la marginación? ¿Llenar su estómago vacío o darle la Palabra de Dios?

Liberación obrera

De esta manera en un libro del inicio de los cincuenta se presenta el problema en Francia:

“¿Qué queréis, pues, que hagamos? Para nosotros sólo hay una actitud posible y verdadera: callarnos, callar mucho tiempo; callarnos durante años y años y participar en toda la vida, en todas las luchas, en toda la cultura latente de nuestra población obrera que, sin querer, hemos engañado tan frecuentemente. Incluso hemos renunciado a la intención de convertirlos, porque esta intención les parecía sospechosa y porque nosotros mismos seríamos incapaces quizá de conservar para adentro esta intención. Dada la educación que recibimos, tal intención nos llevaría a desestimar, por poco que sea, el propio valor de la liberación obrera que es esencial conseguir ante todo.(...)No creemos que pueda florecer la religión entre podredumbre. Así, pues, por el momento no miramos más que a trabajar con todas las gentes de buena voluntad para alejar la guerra y preparar el advenimiento de una sociedad asentada sobre bases más razonables y humanas.Entonces, y sólo entonces, será cuando el hecho religioso podrá plantearse correctamente (M. Montuclard, Evenements de la foi, pp. 59-61).

¿Y qué pasó? Que llegó el bienestar para la clase obrera y ésta se fue alejando siempre más de Dios. Falsos profetas de ayer y hoy. Pensar que existe una oposición entre la evangelización y la promoción humana, y que es imposible hacer las dos cosas al mismo tiempo.

Primero humanizar, después evangelizar.

Mons. Suenens, después cardenal y uno de los más grandes artífices del Concilio Ecuménico Vaticano II, así expresaba esta opinión, que él rechazaba rotundamente:

“El pecado que hay que combatir con armas puramente humanas — notémoslo — ¿no es acaso ante todo el pecado colectivo: el de la sociedad contra los pobres? En espera de esas reformas que serán únicamente el fruto de las revoluciones sociales y de las leyes, es inútil hablar a los desamparados de este mundo de la oración, del cielo y de lo demás; no os escucharán. Habladles de justicia, trabajad con ellos en las reformas que se imponen, y entonces el cristianismo significará algo a sus ojos.Entonces, y solamente entonces...Tal es el lenguaje de una pastoral que quiere ser realista y que se resume en este slogan: Es preciso humanizar en primer lugar; después evangelizar” (Mons. León José Suenens, La Iglesia en Estado de Misión, Bilbao 1955, p. 33).

También en América Latina no han faltado clérigos y laicos “comprometidos”, que con esta mentalidad han enfrentado el problema de la pobreza, con los resultados que todos conocemos. Decía un indígena de una diócesis muy “liberada”: “El obispo nos consiguió las tierras y los gringos nos entregaron la fe”. ¡Qué bonito elogio para un obispo: haberse preocupado de lo material, dejando a las sectas lo espiritual!

Evangelizar: nuestra tarea específica

Todos pueden luchar en favor del hombre, pero no todos pueden evangelizar. Cuidado, entonces con confundir la evangelización con la lucha por la promoción humana a secas. La evangelización va mucho más allá y tiene que animar cualquier obra de promoción humana. La evangelización es la tarea fundamental de la Iglesia, es la razón más profunda de su existir. A este propósito afirmó el Papa Pío XII: “La Iglesia no evangeliza civilizando, sino que civiliza evangelizando”. Y San Hilario: “¿Qué hay tan peligroso para el mundo como el no haber recibido a Cristo?”.

 

Cómo enfrentar el fenómeno sectario

UN PROBLEMA DE CONCIENCIA

Las sectas están llegando a todas partes, causando estragos en las iglesias históricas. Todas quieren hablar de Dios a su modo y buscar prosélitos a como dé lugar. ¿Cómo enfrentar esta nueva realidad, que está afectando profundamente el mundo de la Fe?

Todos estamos evangelizando

Es la opinión de algunos: “Todos estamos evangelizando. Mejor trabajar juntos, apoyándose mutuamente, que recalcar los defectos de los demás”.

Respuesta: “Así piensan ustedes; pero las sectas no piensan lo mismo. Lo primero que hacen, es hablar mal de la Iglesia Católica, creando un clima de desconfianza y rechazo hacia ella. Por lo tanto, no se puede evangelizar seriamente sin aclarar los aspectos manejados por las sectas”.

Además, ¿es cierto que “todos estamos evangelizando”? Yo me pregunto: “Si hoy viniera San Pablo y viera lo que está pasando, ¿pensaría lo mismo?”. “Si alguno les anuncia un Evangelio distinto del que han recibido, ¡sea anatema!” (Gál 1,9). El Evangelio es uno y nada más. No puede haber evangelios diferentes; no es lo mismo obedecer al Sucesor de Pedro o rechazarlo, creer en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y pensar que se trata de un mero recuerdo. ¿Cómo, entonces, podemos evangelizar juntos, apoyándonos mutuamente?

Según San Pablo, o se anuncia el Evangelio así como es o mejor callarse. Es que se confunde la tolerancia y el respeto hacia la persona con la doctrina que se predica. Nosotros tenemos que respetar a todos, pero no aceptar cualquier doctrina ni permitir que nuestros hermanos en la fe sean fácilmente engañados y llevados a “otro evangelio”, con el pretexto de que “todos estamos evangelizando”, “todo es Evangelio de Cristo”.

El que no está contra nosotros está con nosotros

Muchos se apoyan en esta cita bíblica (Mc 9,40) para concluir que cualquiera puede predicar el Evangelio por su cuenta, sin la necesidad de estar enchufado en la Iglesia que fundó Cristo personalmente, obedeciendo a sus pastores.

Antes que nada, es oportuno aclarar que las sectas están en contra de nosotros, conquistando a nuestra gente con las técnicas más refinadas, sin excluir el chantaje, la mentira, la calumnia, la presión sicológica, etc. Por lo tanto, Jesús no se refería a nuestra situación, cuando pronunció aquellas palabras. Para nuestro caso, más bien se pueden aplicar las palabras de Jesús con relación al buen pastor que da la vida por las ovejas, por no dejárselas arrebatar por el lobo rapaz (Jn 10,11-12).

Con esta recomendación, Jesús nos quiere poner en guardia contra la tentación de atacar a los que no están con nosotros, por el simple hecho de ser nosotros sus legítimos representantes. Evidentemente, esto no quiere decir que todo es lo mismo y que uno con toda libertad y sin mayores consecuencias puede adherirse a un grupo o a otro, estar en la Iglesia fundada por El o en otra fundada por cualquier charlatán.

Algo bueno están haciendo

Otra manera de pensar: “Las sectas están haciendo algo bueno, especialmente con relación a los que logran arrebatar de algún vicio. Por lo tanto, hay que dejarlos trabajar tranquilamente”.

Respuesta: “Antes que nada hay que ver también el daño que están haciendo a las mismas personas que rescatan del vicio. Les quitan una dependencia y le crean otra. Los convencen de que, si dejan su iglesia, van a regresar a la vida de antes. Las presionan sicológicamente y las explotan económicamente”.

Otro detalle: “¿Por qué tenemos que dejar a otros una tarea que corresponde a nosotros? ¿Qué dijo Jesús, cuando le aconsejaron que despidiera a la gente para que fuera a buscar su alimento en otro lado? "Denles ustedes de comer" (Mc 6,37). Lo mismo tenemos que hacer nosotros. Si son nuestros hermanos en la fe, tenemos que hacer todo lo posible para ayudarles a resolver sus problemas y no sentirnos satisfechos porque "otros" se encarguen de hacerlo”.

La competencia ayuda a ser más activos

Es lo que piensan otros, y con eso justifican su actitud de simpatía o indiferencia hacia el fenómeno de las sectas. Como si se tratara de una competencia entre católicos y no católicos, y ellos estuvieran asistiendo a la pelea como simples espectadores. A ver quien gana, aplaudiendo a unos u otros según el caso.

Evidentemente, se trata de una actitud equivocada. Aquí no estamos hablando de extraños, sino de hermanos nuestros en la fe, que están siendo atacados. No podemos quedar indiferentes frente al drama de católicos, que se sienten impotentes frente a la embestida de las sectas. Tenemos que ayudarles a fortalecer su fe y así estar en grado de resistir a los ataques que le vienen de afuera. Dejarlos solos es traicionarlos.

Claro que la presencia de las sectas nos puede ayudar a despertar y lanzarnos a la tarea evangelizadora con mayor ahínco. En esta perspectiva, precisamente, hay que ver el fenómeno sectario, como algo que nos ayuda a revisar nuestros métodos para ser más eficaces en nuestra acción pastoral. Por la tanto, quedar indiferentes ante este fenómeno significa desperdiciar una grande oportunidad para hacer el punto de la situación y avanzar más.

El pastor y el sociólogo: puntos de vista diferentes

Para muchos, el avance de las sectas es un hecho inevitable. Hasta se hacen estadísticas, señalando su avance en el futuro. Evidentemente, todo esto puede ser cierto, siempre que nosotros nos quedemos mirando el fenómeno como simples sociólogos y no como pastores.

¿Qué tal si le entramos al ruedo como pastores realmente comprometidos con nuestro rebaño? No sólo podemos frenar el proceso, sino revertirlo completamente. Todo depende de nosotros. Hemos visto comunidades reintegrarse completamente a la Iglesia Católica, después de haber sido atrapadas por las sectas durante algún tiempo.

A Dios el juicio

Sin duda, hay distintas maneras de ver el fenómeno de las sectas. Solamente Dios sabe en realidad cuál es la manera mejor de enfrentarlo. Para nosotros, sin duda, representa un signo de los tiempos, con un mensaje que es necesario descifrar.

Por esto le estamos echando ganas, tratando de entender el significado de su presencia y buscando la manera mejor de sacarle jugo. Si otros tienen una visión diferente del problema, allá ellos. En este caso, como en otros, en el fondo se trata de un problema de conciencia.

 

El pastor, la oveja perdida y el lobo

LOS ALEJADOS, ¿SON CATÓLICOS?

Cuando uno deja la Iglesia, es fácil decir: “Nunca fue católico” . ¿Por qué, entonces se le administraban los sacramentos? Basta de pretextos y superficialidades. Antes de que los atrapen los lobos, ¿por qué no nos movemos nosotros? Es tiempo de ser “apostólicamente más agresivos”.

Un drama

Se sigue bautizando al por mayor, casando por la Iglesia con una preparación casi simbólica, administrando la unción de los enfermos a los que la soliciten..., pero cuando alguien deja la Iglesia y se va con otro grupo religioso se dice: “Nunca fue católico”. Y con eso uno se siente libre de cualquier responsabilidad, como si no hubiera pasado nada.

Si esto fuera cierto, ¿por qué, entonces, se sigue bautizando a los hijos de los que no practican la fe?, ¿por qué a estos se les sigue casando por la Iglesia? La pregunta es: “Los alejados, ¿siguen siendo católicos? Hasta qué punto? Si siguen siendo católicos, ¿cuál es nuestra responsabilidad para con ellos? ¿Es suficiente seguir administrándolos los sacramentos, sin antes haberlos acercado a Dios y a la comunidad cristiana?”.

Pastoral rutinaria

Sin duda, lo que está pasando actualmente dentro de la Iglesia, es muy lamentable. Sería como si en alguna sociedad se siguiera dando títulos de estudio a todos, aunque por diferentes motivos no contaran con la preparación adecuada. Todos serían médicos, ingenieros, maestros, sin siquiera saber leer.

Y es lo que está pasando actualmente dentro de la Iglesia. A veces se oye decir: “Fulano dejó la Iglesia y se fue con otro grupo religioso. Y pensar que estaba bautizado, confirmado y casado por la Iglesia. ¿Cómo fue posible todo esto?” Claro, recibió estos sacramentos sin tener conciencia de lo que esto implicaba. Sacramentos vacíos. Ritos, válidos de por sí, pero sin eficacia para los que los reciben.

Hay que recordar que los sacramentos no son ritos mágicos, válidos de por sí y con efectos seguros e iguales para todos. Su eficacia depende mucho de la participación de los que los reciben, antes, durante y después de su recepción. Así que la praxis de distribuir sacramentos así nada más, sin el soporte de un verdadero compromiso espiritual, no tiene ninguna base ni bíblica ni teológica; es más bien la expresión clara de un sistema pastoral rutinario, sin reflexión ni compromiso serio.

Que se encargue el lobo

Como manifestación clara de este espíritu de superficialidad, que pervade mucho ambientes católicos, tenemos la idea de que “también los demás grupos religiosos están evangelizando”. Como decir: “Visto que son muchas las ovejas perdidas y no tenemos ni medios ni ganas de buscarlas, que el lobo se encargue de ellas”.

¡Qué pastores ejemplares! Dejan para los lobos las ovejas perdidas. Se llevan bien con ellos y saben compartir con ellos el rebaño, para que se alimenten y no sufran. Según la Biblia, se trataría más bien de mercenarios, a los cuales “no les interesan las ovejas” (Jn 10,13).

Misiones internas

Si estamos luchando por dar a conocer el Evangelio a los que están fuera de la Iglesia, ¿por qué no tenemos que luchar, antes que nada, para darlo a conocer a los que están dentro de la Iglesia? Pensar que no podemos, no tenemos los medios..., es pecar por falta de fe. Claro que podemos. Si los que dejaron la Iglesia, tienen la capacidad de visitar y anunciar “su” Evangelio a todos los que se quedaron dentro de la Iglesia, ¿por qué nosotros no vamos a trata de evangelizar a nuestros hermanos en la fe?

Cuando hacemos las visitas domiciliarias, muchos, al vernos, se alegran y nos dicen: “¡Que bueno que también ustedes se están preocupando por nosotros! Estamos cansados de recibir visitas solamente de parte de gente, que pertenece a otros grupos religiosos y tratan de arrancarnos la fe”.

Así que, podemos y debemos hacer algo para enfrentar seriamente el problema de los alejados. Tenemos que ser “apostólicamente más agresivos”, pasar al ataque, no quedarnos sentados viendo como tantos hermanos nuestros están siendo arrebatados por el lobo rapaz o se quedan excluidos del banquete, al que están llamados por su bautismo.

Parroquias y diócesis misioneras

Es necesario que cada parroquia y cada diócesis cuente con misioneros propios, que se dediquen a “pescar” (Mc 1,17), acercándose periódicamente a todos los alejados, para conocer su situación y emprender, caso, por caso, un camino de acercamiento a Dios y a la Iglesia.

Es tiempo de despertar. Es tiempo de organizarnos para buscar a la oveja perdida, no conformándonos con esperarla. Es tiempo de ensayar una nueva manera de ser Iglesia: una Iglesia más solidaria en todos los aspectos, no solamente en el aspecto material y cultural. Es necesario que resurja la misión. O nos hundimos. Aire nuevo o muerte por asfixia.

EL CONSEJO DE JETRÓ

En lugar de resignarnos a confiar a las sectas el exceso de trabajo pastoral, ¿por qué no intentamos organizar mejor la parroquia para poder atender debidamente a todos los miembros del Pueblo de Dios?

No nos damos abasto

Es la queja de muchos pastores de la Iglesia: “No nos damos abasto; hay mucho trabajo. Con solo tratar de atender a los que de por sí se acercan a nosotros, ya tenemos trabajo de sobra”.

¿Y los alejados? “Olvídense. Si no alcanzamos a atender debidamente a los que ya de por sí piden nuestros servicios, imagínense si vamos a meter más carne al fuego. ¿Quién los va a atender después?

También los demás están evangelizando

Es que si no hacemos nada para acercar a los alejados, estos se van con las sectas. “Mejor —contestan—. En el fondo, todos estamos trabajando por lo mismo. Lo que nosotros no logramos hacer, que lo hagan otros”.

Así de simple. Y con esto, están convencidos de tener criterios muy amplios respecto a la evangelización, piensan que están favoreciendo el plan de Dios y se sienten libres de cualquier responsabilidad.

¿Y la fidelidad al Evangelio?

Así que, en el fondo, todo es lo mismo: creer o no en la Eucaristía, aceptar o no el papel de Pedro y sus sucesores en la guía del Pueblo de Dios, favorecer o no la unidad entre los discípulos de Cristo, etc. En el fondo, se trata de detalles insignificantes. Lo importante es creer en Dios, orar y dejarse guiar por la Palabra de Dios.

Y con eso, uno se siente moderno y se lleva bien con todos. Al contrario, ¡qué feo es oír hablar de apostasía, herejía y traición a Cristo! Sin duda se trata de un lenguaje ya superado, propio de tiempos pasados, cargados de fanatismo e intolerancia.

Ni modo. Siempre hubo y siempre habrá falsos profetas, que buscan siempre lo más fácil y cómodo, que quieren estar siempre sobre la cresta de la ola, cuyo único ideal es pasarla bien. Para ellos, hablar de fidelidad a Cristo y a su Iglesia no tiene sentido.

Buscar colaboradores

Entonces, ¿qué tenemos que hacer para poder atender debidamente a todos los católicos, que normalmente acuden a la Iglesia, y al mismo tiempo buscar a los alejados? Tenemos que organizarnos mejor, teniendo en cuenta el consejo que Jetró dio a Moisés:

“Elige de entre el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres fieles e incorruptibles, y ponlos al frente del pueblo como jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta y jefes de diez.

 

Ellos juzgarán al pueblo en todo momento; te presentarán a ti los asuntos más graves, pero en los asuntos de menor importancia, juzgarán ellos. Así se aliviará tu carga, pues ellos te ayudarán a llevarla (Ex 18, 21-22)”.

Pues bien, Moisés escuchó el consejo de Jetró, su suegro, y le fue bien. ¿Por qué nosotros no hacemos lo mismo? En nuestro caso, el que no aprenda a organizar el trabajo pastoral, delegando funciones, aunque no pare de trabajar, de todos modos no alcanza a llegar a todos y no logra satisfacer a nadie plenamente.

¿Qué sería de la Iglesia, si los pastores se dedicaran a formar a sus colaboradores más inmediatos, como pueden ser los diáconos permanentes con sus familias, los dirigentes de los distintos movimientos apostólicos y en general los laicos más comprometidos? No sé sentirían solos en la tarea de la evangelización y el pastoreo del Pueblo de Dios. Al mismo tiempo habría mejor atención pastoral para todos los feligreses, más búsqueda de la oveja perdida y más satisfacción de parte de todos.

Conclusión

Con el cuento de que “también los demás están evangelizando”, muchos pastores de la Iglesia se están durmiendo, dejando a la oveja perdida a la merced del lobo rapaz.

Es tiempo de despertar y lanzarnos al “buen combate” (1 Tim 1,18), con todas las fuerzas, antes de darnos por vencidos. Cristo y la Iglesia lo exigen. El pueblo lo reclama. Es hora de hacer realidad el grande sueño de Juan Pablo II: la Nueva Evangelización.

DOS GRANDES VACÍOS PASTORALES

Un uso adecuado de los medios masivos de comunicación y un contacto personal con la gente.

Por lo general, con la Nueva Evangelización, que cada día está cobrando más forma, se nota dentro de la Iglesia un cierto interés hacia la pastoral sectorial (niñez, juventud, tercera edad, familia, obreros, indígenas, etc.) y la formación de pequeñas comunidades cristianas con distintas inspiraciones y matices.

Sin embargo, aún se pueden notar claramente dos grandes vacíos pastorales, puntualmente aprovechados por las sectas: una adecuada atención hacia las grandes masas mediante un uso adecuado de los medios masivos de comunicación (Radio, televisión y prensa) y una atención personalizada hacia el individuo, dentro de la comunidad y fuera (visitas domiciliarias).

Contacto con las masas

Claro, algo ya se está haciendo en el campo de los medios masivos de comunicación, pero generalmente se trata de algo esporádico y sin profesionalismo, dejado en las manos de gente de buena voluntad, que no cuenta con los recursos económicos necesarios ni con la debida preparación académica. Ojalá que se tome más conciencia del problema y se empiece a enfrentarlo con seriedad. Todo es cuestión de sensibilidad y sano realismo. El aspecto económico viene después. Si hay dinero para otras cosas, puede haber dinero también para eso.

Atención personal

La otra falla consiste en el descuido sistemático del individuo como tal. En realidad, dentro de la Iglesia, normalmente se dan relaciones de tipo masificante, aunque un catequista está hablando a una sola pareja, lo hace de una forma despersonalizada, como si estuviera hablando a muchas parejas al mismo tiempo.

¿Y qué decir de los alejados, que casi no tienen contacto alguno con la Iglesia institucional o con católicos comprometidos? Viven a la deriva. A ver quién los pesca. Y por ciento hay buenos pescadores en asecho. Lástima que no son de los nuestros.

Así que, tenemos que movernos más ser más creativos. No dejar la cancha libre a la competencia, por omisión, cobardía o pesimismo. Sin duda, entre nosotros, hay gente buena que puede dar mucho a la Iglesia. Sólo se trata de tener ideas claras y seguir dándole duro para despertar a ese gigante adormecido, que es la Iglesia Católica, y dentro de ella, más directamente, al laicado.

Ni oro ni plata:

LA FUERZA DE LA PALABRA

Hay tiempo y medios para todo. Para transmitir la Palabra, no hay ni tiempo ni medios. Es que la Palabra no rinde. Falta de fe.

Románticos trovadores del siglo XX

Recorriendo los distintos países del continente americano, tengo la impresión de que pocos creen en la “Fuerza de la Palabra”. Por lo general, al hablar de “Misiones” y “Misioneros”, todos piensan en “oro y plata”, para realizar “obras”.

Al verme con mochila y huaraches (sandalias), rodeado de pobres campesinos vueltos en “misioneros populares”, muchos se quedan escépticos acerca del éxito de la misión, como pensando: “¿Y así ustedes creen que van a realizar la misión?”.

En realidad, los Apóstoles de la Palabra parecemos unos románticos trovadores de la Edad Media, catapultados en el mundo misionero del siglo XX, algo ridículos, como ridículo tenía que parecer David frente a Goliat, con una honda en la mano y una enorme gana de luchar por el pueblo.

Claro que, poco a poco, los escépticos empiezan a ponerse algo nerviosos frente a la eficacia de este nuevo tipo de “competencia”, de casa en casa, con la Biblia en la mano, un cantoral y algún folleto de explicación.

¿No será el miedo a enfrentarse cara a cara con el poder de la Palabra, eje fundamental de la predicación apostólica?

No tengo ni oro ni plata; pero lo que tengo te lo doy: en el nombre de Jesucristo, el nazareno, levántate y anda (Hech 3,6).

En nuestro caso, lo único que podemos compartir es el pan de la Palabra y nuestro enorme deseo de servir a Dios y a los hermanos, como los antiguos pescadores de Galilea vueltos en Apóstoles de Cristo. Y sin embargo, la gente nos escucha y queda fortalecida en la fe. Es que la misión auténtica tiene poco que ver con el dinero:

No lleven ni oro, ni plata, ni bolsas, ni alforjas para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento (Mt 10, 9-10).

¡Qué diferencia con la misión de hoy, en que se piensa que, sin dinero, no se puede hacer nada y que es necesario ayudar económicamente para ser escuchados.

Dinero y seguridad

Es triste notar como lo primero que preguntan todos (me refiero a gente de Iglesia) es: “¿Quién sostiene la obra? ¿Dónde tienen su casa? ¿Cómo se mantienen?” Como siempre dinero y seguridad. Entrega a Dios, claro, pero siempre con los pies bien puestos sobre la tierra: Dios y el dinero.

“¿Qué pasa, cuando se enferman?”, preguntan. “¿Y para la ancianidad, qué tienen previsto?”. Parecen todas preguntas sensatas, destinadas a evitar entusiasmos pasajeros y asegurar bases firmes y duraderas, cuando en realidad son el reflejo claro de la desconfianza en el amor del Padre, que se preocupa por el bien de sus hijos.

No se preocupen diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué nos vamos a vestir? Por todas esas cosas se afanan los paganos. Su Padre celestial ya sabe que necesitan todo eso. Busquen primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura (Mt 6, 31-34).

Gracias a Dios, la experiencia nos enseña que todo eso es cierto y que nunca nos ha faltado lo necesario para vivir y anunciar la Palabra en todos los países del continente americano, hasta en los más pobres. Otro dato importante: los pobres son los que más comprenden al pobre y saben compartir.

Claro que especialmente al principio, muchas posibles vocaciones quedan fácilmente frustradas frente a estos cuestionamientos, prefiriendo el cuartito con agua caliente y fría, el coche, la misa diaria y tantas cosas más a una vida de eternos peregrinos, sin ninguna seguridad humana y siempre expuestos al peligro. Es que el seguimiento de Cristo nunca ha sido fácil:

Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Lc 9,58).

Palabra y promoción humana

No faltan los pretextos para justificarlo todo: “El hombre no es solo espíritu. Es alma y cuerpo. En la evangelización hay que tener presentes los dos aspectos. De otra manera, no sería completa. Además, no se puede predicar a uno que tienen el estómago vacío. Primero hay que llenarle el estómago y después hay que hablarle de Dios”.

Por eso se ha tratado de unir siempre la Palabra de Dios con el colegio, el dispensario médico, el kinder, el asilo de ancianos, etc. Pero, ¿qué ha pasado? Que poco a poco se ha privilegiado lo material con relación a la espiritual, dejando a un lado la Palabra de Dios, hasta volverse en “expertos” en educación, salud y todo lo demás y eternos aprendices con relación a la Palabra. Y lo que es peor, poco a poco se empezó a dejar a los pobres por los pudientes. El pretexto: “También ellos son pobres espiritualmente; hay que atenderlos”.

Palabra y testimonio

Es evidente que no se puede evangelizar sin testimonio. Sin embargo, no hay que absolutizar el testimonio en detrimento de la Palabra. Donde no se puede hablar abiertamente del Evangelio, hay que limitarse al testimonio; pero, donde se puede hablar, hay que hablar.

Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo (Rom 10,9).

También aquí, de hecho, ¿qué ha pasado? Que se ha querido transportar a América Latina un estilo propio de ciertos países europeos (Francia, por ejemplo), donde, a mitad de este siglo, se llegó a la convicción de que hoy no es conveniente “hablar” del Evangelio (¿quién no recuerda la experiencia de los curas obreros en Francia?) y que la única manera de llegar a la gente consiste en vivir el Evangelio y testimoniarlo con la vida.

Bueno. Tal vez esto será cierto allá (yo lo dudo), pero no aquí. Entonces, ¿por qué tratar de transportar a un país la problemática y la experiencia de otro tan diferente? En realidad, gracias a Dios, aquí se puede hablar abiertamente de Dios. ¿Por qué no hablar, entonces? Aquí el pueblo tiene hambre de pan y hambre de la Palabra de Dios.

No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4,4).

¿No lo hacemos nosotros? Otros se encargarán de hacerlo (las sectas) a su manera, dándonos una prueba clara de que sí se puede y se debe hablar de Dios.

Palabra y sacramentos

Todos sabemos que la Palabra lleva al sacramento y sin Palabra el sacramento pierde gran parte de su eficacia. Sin embargo, por falta de organización, falta de personal y tantas cosas más, el hecho es que se cayó en el sacramentalismo; ritos al por mayor, sin una verdadera participación de parte del pueblo.

Así que, por lo visto, en toda la vida de la Iglesia, poco a poco la Palabra se ha vuelto en la cenicienta, siempre en el último lugar. Por lo tanto, es tiempo de reaccionar y poner la Palabra en el lugar que le corresponde. Es tiempo de hacer realidad el grande mandato de Cristo:

Vayan por todo el mundo y prediquen mi Evangelio a toda creatura (Mc 16,15).

Expertos en la Palabra

Es lo que necesitamos hoy con urgencia. Como hay expertos en sacramentos, educación, salud, niños, jóvenes, ancianos, etc., ¿por qué no tiene que haber “expertos” en comunicar la Palabra de Dios, a secas, sin mezclarla con otras cosas, que con el tiempo se vuelven en prioritarias, dejando la Palabra en la penumbra o eliminándola completamente?

En realidad, todos somos Iglesia y el testimonio global es de la Iglesia como tal, no de las distintas instituciones tomadas una por una. Teniendo presente esto, no todos estamos llamados a trabajar en todo, sino cada uno en lo suyo, haciendo bien lo que hace y tratando de colaborar con los demás. Es la doctrina del Cuerpo Místico de Cristo, llevada a la práctica de la Evangelización.

A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común (...). Si todo fuera un solo miembro, ¿dónde quedaría el cuerpo? Ahora bien, son muchos los miembros, mas uno el cuerpo (1 Cor 12, 7.20).

Ahora bien, lo que hoy se necesita en la Iglesia es el desarrollo de un ministerio especial, abocado a la transmisión de la Palabra de Dios a todos los niveles, para que la Palabra de Dios llegue a todos, creyentes y no creyentes, y sea levadura para un cambio a nivel personal y social. Que por lo menos la Biblia se vuelva en el libro de cabecera de todo católico.

“¿Dónde encontrar los medio económicos para subsistir y al mismo tiempo desarrollar este tipo de apostolado?” Nuestra experiencia nos enseña que esto es posible. Sin tantos lujos, evidentemente, y con un gran espíritu de sacrificio.

Cambio de mentalidad

Hoy es necesario un cambio de mentalidad con relación al papel de la Biblia en la vida del cristiano y de la Iglesia en general. No bastan los documentos oficiales ni las exhortaciones. Se necesita crear toda una cultura alrededor de la Palabra de Dios, acerca de su eficacia, la manera de vivirla y transmitirla.

Una vez superados los obstáculos señalados anteriormente, evitando de mezclar la Palabra de Dios con tantas otras cosas, es necesario buscar caminos concretos para llegar a todos y en la manera más oportuna.

El papel del laicado

Gracias a Dios, en esta línea ya algo se está moviendo dentro de la Iglesia. Por lo que se ve, en este aspecto el laicado lleva la delantera. Es que, al no contar con otros recursos, en la Palabra de Dios ha encontrado el alimento espiritual que necesita. Al mismo tiempo, al estar más cerca de los hermanos “débiles en la fe” y al tomar conciencia de su angustia por falta de luz, es el que más está luchando por llevar a todos la misma Palabra.

Ojalá que, frente a este realidad, el clero y la vida religiosa revisen sus pociones, haciendo una atenta evaluación de los compromisos que ya tienen, para dar más cabida a la Palabra en su vida y su ministerio. O se van a quedar rezagados, como aquel hijo que dijo sí y después no fue (Mt 21, 28-32).

 

Palabra de Dios, entrega a Cristo, experiencia de Dios y misión

LAS CUATRO BANDERAS

DE LAS SECTAS

Si las sectas avanzan, es por algo. ¿Qué pasará el día en que les arrebatemos sus grandes banderas? Se desplomarán, habiendo cumplido con su misión, que es la de despertar al gigante adormecido, la Iglesia Católica.

Estábamos acostumbrados a un catolicismo de masa, cuya mayoría era religiosamente indiferente y apática. Nos parecía que este era el destino de la religión: ir cada día más relegándose a las sacristías con grupitos de incondicionales frente a una masa amorfa e indiferente.

¿Y qué pasó? Que con la explosión de las sectas nos dimos cuenta de que nuestros análisis no era correcto. De pronto los apáticos se volvieron activos y entusiastas. Pues bien, ¿a qué se debe este cambio?

Primera bandera:

La Palabra de Dios es para todos

Pensábamos que la Palabra de Dios era algo difícil, reservada a los seminarios, los conventos y las escuelas de teología. Para el pueblo sencillo eran suficientes el catecismo y el devocionario.

Pues bien, llegaron las sectas y demostraron que no es así. La Biblia es para todos: niños y adultos, eruditos e ignorantes. El pueblo corrió tras ellos en busca de alimento espiritual más sólido y genuino. Y nosotros, la Iglesia de Cristo, nos quedamos atrás, con nuestro tesoro bien cuidado. Poseyendo la plenitud de la verdad, la escondimos. Los demás, abriendo la Biblia, dieron la impresión de contar con riquezas más grandes que las nuestras. Y muchos se fueron con ellos.

¿Qué pasará el día en que nosotros católicos pongamos la Biblia en el lugar que se merece, volviéndose en el principal alimento espiritual de todo creyente, empezando desde los niños que apenas se abren a la fe?

Segunda bandera:

La entrega a Cristo es para todos

Nosotros católicos pensábamos que la entrega personal a Cristo era solamente para los sacerdotes y las religiosas. Pues bien, llegaron las sectas y nos abrieron los ojos, recordándonos que la entrega a Cristo es para todos, una entrega consciente y definitiva a El como el único Salvador y Señor de la propia vida. Algo realmente entusiasmante y sencillo al mismo tiempo, al alcance de todos, que da sentido pleno a la vida y crea la conciencia de una igualdad esencial entre todos los miembros del pueblo de Dios.

¿Qué pasará el día en que entre nosotros católicos todo esto se vuelva “ley”, eliminando en los laicos aquel profundo complejo de inferioridad, que los atrapa y les impide elevarse hacia las cumbres de la santidad y el compromiso apostólico?

Tercera bandera:

La experiencia de Dios es para todos

Para muchos católicos sencillos, Dios es un ser familiar, con el cual tienen un trato continuo y amoroso, que da una profunda serenidad a la propia existencia. El problema está en que no tienen una conciencia clara acerca del “tesoro” que poseen.

Al contrario, las sectas buscan a propósito este tipo de experiencia y hacen alarde de ella, utilizando los recursos más variados: oración, ayuno, canto, testimonio, etc. Saben que se trata de un tesoro que se tiene que encontrar a como dé lugar, y, al encontrarlo, o tener la impresión de haberlo encontrado, sienten la obligación de comunicar a otros la buena nueva, creando en la comunidad un clima de euforia contagiosa.

¿Qué pasará el día en que entre nosotros católicos esa búsqueda se vuelva “ley”, haciendo del Dios lejano el Dios amigo e inseparable?

Cuarta bandera:

La misión es para todos

El que encontró a Dios y quedó marcado por esta experiencia, no puede quedar callado. Para él la misión se vuelve en el paso obligado. Si a esto se añade una mística particular y un sistema de “conquista” bien planeado, no hay que extrañarse de los resultados.

¿Qué pasará el día en que en el mundo católico la búsqueda constante de la oveja perdida se vuelva en un estilo normal de acción pastoral contando con una mística y una metodología específica con miras a recuperar a los alejados?

Lástima que aún estamos muy lejos de poder vislumbrar este cambio, empezando por los seminarios y las casas de formación para religiosas. Ni modo. Le tocará al laicado dar este paso tan importante en la vida de la Iglesia, como ya está pasando con muchos movimientos apostólicos.

De todos modos, el día en que esto suceda, podremos decir con toda razón: “¡Benditas las sectas que vinieron a despertarnos!”.

Papel de las sectas

En realidad, este es el papel de las sectas: poner de manifiesto ciertas deficiencias presentes en la Iglesia y tratar de dar una respuesta. En la medida en que su análisis es correcto y su respuesta acertada, las sectas avanzan.

Hasta que la Iglesia no tome conciencia de sus cuestionamientos y no les arrebate sus mejores banderas. Entonces las sectas se desplomarán habiendo cumplido con su misión, que consiste precisamente en despertar al gigante adormecido, que es la Iglesia Católica.

Lo mismo sucedió con el marxismo. Su misión consistió en despertar al mundo capitalista acerca del problema de la justicia social. Cumplida su misión, desapareció de la escena mundial. Lo que les deseamos a las sectas de todo corazón.

 

LA INFORMACIÓN RELIGIOSA

El Nuevo Nombre de la Apologética

No todo es lo mismo. Hay mucha diferencia entre un grupo y otro. Pero, ¿qué pasa, cuando nadie está capacitado para ofrecer una orientación oportuna en el momento de la duda?

Ciertamente en el cambio religioso de mucha gente juega un papel muy importante el desconocimiento de la identidad del grupo al que uno pertenece y de los demás grupos que solicitan su nueva adhesión. Es un hecho que todos se presentan “disfrazados” bajo un manto de santidad y pureza de intenciones, haciendo alarde de un saber superior y un poder sobrenatural excepcional.

Curiosidad e ingenuidad

El católico normal, sin una preparación específica al respecto y animado por un espíritu de sinceridad (ingenuidad), no sospecha que hasta en el campo religioso pueda haber algún peligro de engaño o segundas intenciones. Por eso, fácilmente acepta escuchar a tal o cual predicador o creyente de un culto diferente o participar en algún encuentro o acto religioso.

“Puesto que todos hablan de Dios —piensa— ¿qué peligro puede haber? Cuando se trata de conocer a Dios, nunca es demasiado”.

Según él, allá tendrá una oportunidad más para profundizar su fe, conociendo algún aspecto nuevo o no manejado suficientemente en la propia Iglesia.

Piensa que en el fondo, todas las Iglesias buscan lo mismo, es decir la salvación del hombre, llevándolo hacia Dios: Iglesia Católica, Iglesia pentecostal, Iglesia Anglicana, Iglesia Gnóstica, Iglesia de la Cientología... Iglesia satánica. Bueno, cuando se trata de la Iglesia satánica, el juego se hace demasiado evidente y no es tan fácil que uno caiga en la trampa.

Pero, ¿qué pasa cuando se trata, por ejemplo, de la Iglesia Gnóstica? ¿Qué le impide a uno acercársele para conocer y experimentar algo nuevo? Parece una curiosidad sana y legítima, una actitud altamente positiva para avanzar en cualquier campo. ¿Por qué no aventarse?

Y se avienta y la curiosidad aumenta. Un mundo desconocido y fascinante se abre delante de sus ojos: nuevos conocimientos, poderes mágicos, valores diferentes... Hasta que surge una cierta turbación. Tiene la impresión de que todo su viejo mundo se está derrumbando, poniéndolo al borde de un precipicio, frente a un vacío enorme.

Duda

 

Entonces, surge la duda: “¿Ando bien o ando mal? ¿Qué hago? ¿Sigo adelante o retrocedo?” Es el momento en que se hace urgente una adecuada “información” acerca del origen del nuevo grupo religioso, sus contenidos básicos (una mezcla entre cristianismo, magia, esoterismo y ocultismo), su historia llena de luchar internas y divisiones, el testimonio casi siempre ambiguo de sus fundadores y dirigentes.

Pues bien, comparando todo esto con el origen, los contenidos y la historia de la Iglesia Católica, rápidamente se descubre la verdad.

Pero, ¿qué pasa, cuando en la parroquia o en el grupo apostólico, al que uno pertenece, nadie sabe algo al respecto? Ahí está el problema.

Conclusión

¿No les gusta la palabra “apologética”, por tener un sabor a rancio? Entonces, que usen otra más moderna y llamativa: “información religiosa”. Pero, hagan algo, por favor, para ayudar al católico “ingenuo”, que se encuentra acorralado por un montón de sirenas, sin saber a cuál hacerle caso o al católico que ya se encuentra al borde del precipicio en espera de una mano amiga que lo salve.

Sin duda, si el auxilio llega a tiempo, el drama tendrá un buen fin. De otra manera, se volverá en tragedia. Y es lo que está pasando a menudo, bajo las narices de tantos católicos “comprometidos” que no mueven ni un dedo para ayudar al hermano en peligro de perder la fe.

 

DIÁLOGO SOBRE LAS IMÁGENES

Para presentar en una forma amena la respuesta a los ataques de las sectas, la dramatización representa un recurso didáctico de suma importancia. A continuación se proporcionan los elementos básicos para un “diálogo” sobre el tema de las imágenes. Dependerá de cada quien, después, añadir y dosificar oportunamente sus propios ingredientes para que el “caldito” resulte lo más sabroso posible.

Imágenes e ídolos

¿Por qué ustedes católicos usan las imágenes, puesto que la Biblia las prohibe?

No te hagas estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo, en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra (Ex 20,4).

Aquí la Biblia no se está refiriendo a cualquier tipo de imágenes, sino a los ídolos. Para ustedes ¿es lo mismo imagen o ídolo?

Claro que es lo mismo.

Aquí está el error. Para nosotros católicos no es lo mismo. Existe una grande diferencia entre una imagen y un ídolo. Para nosotros imagen es cualquier tipo de figura o representación de alguien o algo mientras ídolo es un falso dios, una imagen o una estatua considerada como dios, con vida y poder (Sab 13-15), que se pone en el lugar de Dios, como en el caso del becerro de oro (Ex 32, 1).

Pues bien, en Ex 20, 4 la Biblia se está refiriendo a los ídolos y no a cualquier tipo de imagen, como las que tenemos nosotros ahora. De hecho, en el versículo anterior se habla claramente de “otros dioses”.

No habrá para ti otros dioses delante de mi (Ex 20,3).

De todos modos, en la Biblia no encontramos ninguna imagen. Siempre se habla en contra de las imágenes.

No es cierto. La misma Biblia presenta casos, en que Dios mismo ordenó construir alguna imagen.

Asimismo, harás dos querubines de oro macizo, labrados a martillo, y los pondrás en las extremidades del Lugar del Perdón, uno a cada lado (Ex 25,18).

Moisés habló por el pueblo y Yavé le respondió: “Haz una serpiente de bronce, ponla en un palo y todo el que la mire, sanará” (Núm 21,8).

Sin embargo, después la serpiente de bronce fue destruida.

Suprimió los santuarios de lomas, quebró las piedras paradas y cortó los troncos sagrados.

También destruyó la serpiente de bronce que Moisés había fabricado en el desierto, pues hasta ese tiempo, los israelitas le ofrecían sacrificios y la llamaban Nejustán (2 Re 18,4).

¿Por qué fue destruida? Por el hecho que se volvió en un ídolo y se le empezó a rendir culto, imitando a los paganos.

Adorar y venerar

Y es precisamente lo que ustedes católicos hacen con las imágenes y las estatuas: las llevan en procesión, las besan, les ponen flores y velas, se arrodillan delante de ellas, etc. Y esto es malo, puesto que, haciendo esto las están adorando.

Son tontos los que llevan en procesión una estatua de madera y rezan a un dios incapaz de salvarlos (Is 45,20).

Otra confusión entre adorar y venerar. Para usted, ¿es lo mismo adorar y venerar?

Claro que es lo mismo.

Para nosotros católicos no es así. Para nosotros, adorar es reconocer a una persona o un objeto como ser supremo, creador y dueño de todo; venerar es lo mismo que respetar. Así que nosotros católicos adoramos solamente a Dios, un solo Dios (Mt 4,10); mientras veneramos todo lo que está relacionado con Dios, como por ejemplo las imágenes del mismo Jesús, la Virgen y los Santos.

Por lo que se refiere a la manera práctica de realizar la “adoración” o la “veneración”, todo depende de la cultura de cada pueblo y la manera de entender de cada persona. Para nosotros por ejemplo, besar, ofrecer flores, llevar en procesión ... no es lo mismo que adorar. ¿Nunca usted besó a alguna persona o le llevó flores?

Es que los católicos se ponen de rodillas delante de las imágenes y esto está prohibido por la Biblia.

No te postrarás delante de ellas (Ex 20, 5).

Cuando Pedro entraba, salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies.

Pedro lo levantó diciéndole:

“Levántate, que también yo soy hombre” (Hech 10, 25 - 26).

Todo depende de lo que uno piensa, cuando se pone de rodillas delante de una persona o un objeto sagrado. Evidentemente, si uno piensa hacer un acto de adoración, como en el caso de Cornelio que confundió a Pedro con un dios, entonces es malo; sin embargo, si uno con aquel acto quiere solamente manifestar su respeto, entonces no es malo.

Todo esto está muy claro en la Biblia, donde encontramos casos de personas que se ponen de rodillas delante de otras personas, llevan en procesión el arca de la Alianza y se postran delante de ella.

Llegó hasta el hombre de Dios y se abrazó a sus pies (2 Re 4, 27).

David y toda la casa de Israel hacían subir el Arca de Yavé entre clamores y resonar de cuernos (2 Sam 6,15).

El Arca de Yavé dio la vuelta a la ciudad (Jos 6,11).

Entonces Josué y todos los jefes de Israel permanecieron postrados delante del Arca de Yavé hasta la tarde (Jos 7,5).

¿Para qué sirven las imágenes?

De todos modos, las imágenes no sirven para nada, como vemos claramente en la Biblia.

Los ídolos de los paganos son oro y plata, obras de manos humanas.

Tienen boca y no hablan; ojos pero de ciegos, oídos que nada oyen, y en su boca no hay aliento.

Así como son ellos, así serán sus autores y todo el que confíe en ellos (Sal 13, 15-18).

No restituyen la vista a ningún ciego ni sacan de la miseria a nadie (Bar 6,36).

Bueno, aquí se está hablando de los “ídolos de los paganos”, no de las imágenes que tenemos nosotros, es decir, de Jesús Crucificado, la Virgen María, San Martín de Porres, etc.

Cuando yo empecé a estudiar la Biblia, quise comprobar si esto es cierto: me acerqué a una estatua, le pase la mano delante de los ojos y no me volteó a ver.

Claro; nadie piensa que una imagen o una estatua mueve los ojos o camina. Si algún día pasara esto, correríamos espantados. Sencillamente, las imágenes y las estatuas de los santos son como las fotografías o los retratos de un ser querido. Sirven para acordarnos de Jesús, la Virgen y los Santos. Al mismo tiempo, les pedimos a Jesús, la Virgen y a los santos (no a sus imágenes o estatuas), que nos ayuden a vivir el Evangelio y alcanzar la salvación.

¿Qué hay que hacer con las imágenes?

Para alcanzar la salvación, basta escudriñar las Escrituras y cumplir lo que mandan. No se necesita ninguna imagen o estatua. Lo que dice la Biblia con relación a las imágenes, es muy claro. Hay que quemarlas. Yo por mi parte las quemé todas, cuando conocí la Palabra de Dios.

Quemarán las esculturas de sus dioses (Dt 7,25).

Otra vez lo mismo. ¿Es posible que no se da cuenta de que aquí se está hablando de los ídolos y no de nuestras imágenes? De todos modos, ¿está seguro de que realmente usted quemó “todas” las imágenes que tenía?

Claro que sí.

¿Acaso no tendrá su cédula o credencial?

Claro que sí. Aquí está.

Y la foto que está aquí, ¿no es una imagen? Si usted quemó todas las imágenes, ¿por qué no quemó también esta foto? Además, ¿por qué no quemó también todos los billetes que tiene, puesto que todos los billetes tienen la imagen de alguna gente famosa?

¿Nunca ha reflexionado sobre el hecho que también usted está hecho a imagen de Dios (Gen 1,26)? ¿Qué habría que hacer con usted: quemarlo? Entonces, ¿por qué tanto odio contra las imágenes?

 

Visitas Domiciliarias

Un método eficaz para cumplir con la orden de Cristo de ir por todo el mundo a predicar el Evangelio (Mc 16,15).

Las visitas domiciliarias son un método de evangelización. Es evangelizar de casa en casa; es cumplir con la orden de Cristo de ir por todo el mundo a predicar el Evangelio a toda creatura (Mc 16,15), a ejemplo de los Apóstoles que “todos los días enseñaban y anunciaban en el templo y en las casas la Buena Nueva de Cristo Jesús” (Hch 5,42).

Por lo tanto, todos los católicos más comprometidos, sobre todo los agentes de pastoral, deben ser entrenados para esta labor, que por experiencia es de mucha eficacia. Las visitas deben ser graduales. Es por eso que proponemos llevarlas a cabo en tres niveles (etapas). Cada nivel consta de cinco visitas con su tema correspondiente. Además, normalmente son dos personas que realizan las visitas.

Niveles

Primer Nivel

Los temas para las visitas pueden tomarse del libro “La Iglesia Católica y las sectas; Preguntas y respuestas”, de nuestras ediciones.

Visitas Temas

No. 1 La verdadera Iglesia de Cristo (pp. 5-14).

No. 2 El Bautismo (pp. 49-51).

No. 3 La Jerarquía en la Iglesia (pp. 15-19).

No. 4 La Virgen María y los "hermanos" de Jesús

(pp. 69-70).

No. 5 Las Imágenes (pp. 71-73).

Segundo Nivel

Los temas pueden tomarse del folleto “Catecismo Bíblico para adultos”, de nuestras ediciones.

Visitas Temas

No. 1 Lo que Dios ha hecho por nosotros (pp. 3-7).

No. 2 El hombre (pp. 9-15).

No. 3 Jesucristo (pp. 15-17).

No. 4 Volver a Dios (pp. 18-21).

No. 5 Las Bienaventuranzas (pp. 43-47).

Tercer Nivel

Los temas pueden tomarse del folleto “Siguiendo las huellas de Cristo”, de nuestras ediciones.

Visitas Temas

No. 1 Dios te ama (pp. 9-13).

No. 2 El pecado (pp. 15-18).

No. 3 La fe (pp. 20-22).

No. 4 El arrepentimiento (pp. 29-38).

No. 5 Aceptar y entregarse a Cristo (pp. 63-70).

Como se ve, los temas empiezan por fundamentar la fe de los católicos, aclarando posibles dudas, para pasar a una reflexión sobre el ser cristiano y concluir con una perspectiva de conversión.

II Como realizar las visitas domiciliarias

1.- Saludo inicial y diálogo

* Si la persona está ocupada en algún trabajo:

— ¡Buenos días! (O ¡Buenas tardes!, según sea el caso). Perdone que le interrumpamos en su trabajo, ¿podría atendernos un momento, por favor?

* Si la persona está descansando:

— Perdone que le interrumpamos en su descanso, ¿podría atendernos un momento, por favor?

* Posible respuesta:

— ¿Qué se le ofrece?—

— Permita que nos presentemos. Mi nombre es... (también el otro se presenta). Somos catequistas de la Iglesia Católica y le traemos un mensaje de parte de la parroquia... Como usted verá, existen muchos grupos religiosos y cada uno va enseñando su doctrina y esto ha causado una gran división a nivel religioso, familiar y social. Además, muchas personas ya no saben ni a quién creerle, pues no saben cuál es la Iglesia que está en la verdad. Es por eso que es necesario conocer cuál es la verdadera Iglesia fundada por Jesucristo y así saber cuál tiene la verdad. De eso deseamos hablarle un momento...

2.- Tema

1.- Cristo fundó una sola Iglesia... (Inicia el tema).

3.- Al terminar el tema

— Oración breve.

— Despedida:

(www.clerus.org)

 

 

 


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