Los trres Advientos de San Bernado de Claravalle.
-----Mensaje original-----
De: Rosa Santana Calderon
[mailto:rsantana@wiese.com.pe]
Enviado el: Lunes, 26 de Mayo de 2003 03:10 p.m.
Para: mscperu@catholic-church.org
Asunto:
Gracias por su mensaje, decía si no
encuentra lo que busca escríbanos, estoy buscando El tercer adviento de San
Bernardo, me encantaría leerlo y no lo encuentro, sé que está en la Biblioteca
de Autores Católicos, pero no tengo acceso a ella, mucho les agradeceré si lo
tienen y se toman la molestia de enviarmelo.
En el Corazón de Jesús,
Rosa María Santana
Estimada hermana en Cristo.
Que la alegría del Señor esté en su
corazón.
No conocemos una obra
específica de San
Bernardo sobre el tercer Adviento.
En cambio, le podemos ofrecer dos
pasajes de sus sermones que hablan de los tres advientos. El tercer Adviento
(= venida intermedia) ocurre durante todo el año, especialmente los domingos
cuando se
re-actualiza la Resurrección del Señor.
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VENDRÁ A NOSOTROS El VERBO DE DIOS
Conocemos tres venidas del Señor. Además de la
primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visibles, pero
ésta no. En la primera el Señor se manifestó en la tierra y vivió entre los
hombres, cuando - como él mismo dice- lo vieron y lo odiaron. En la última
contemplarán todos la salvación que Dios nos envía y mirarán a quien
traspasaron. La venida intermedia es oculta, sólo la ven los elegidos, en
sí mismos, y gracias a ella reciben la salvación. En la primera el Señor vino
revestido de la debilidad de la carne; en esta venida intermedia viene
espiritualmente, manifestando la fuerza de su gracia; en la última
vendrá en el esplendor de su gloria.
Esta venida intermedia es como un camino que
conduce de la primera a la última. En la primera Cristo fue nuestra redención;
en la última se manifestará como nuestra vida; en esta venida intermedia es
nuestro descanso y nuestro consuelo.
Pero, para que no pienses que estas cosas que decimos sobre la venida
intermedia son invención nuestra, oye al mismo Señor: El que me ama
guardará mi palabra; mi Padre lo amará y vendremos a fijar en él nuestra
morada. He leído también en otra parte: El que teme al Señor obrará
bien. Pero veo que se dice aún algo más acerca del que ama a Dios y guarda
su palabra. ¿Dónde debe guardarla? No hay duda que en el corazón, como dice el
profeta: En mí corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti.
Conserva tú también la palabra de Dios, porque son dichosos los que la
conservan. Que ella entre hasta lo más íntimo de tu alma, que penetre tus
afectos y hasta tus mismas costumbres. Come lo bueno, y tu alma se deleitará
como si comiera un alimento sabroso. No te olvides de comer tu pan, no sea que
se seque tu corazón; antes bien sacia tu alma con este manjar delicioso.
Si guardas así la palabra de Dios es indudable que Dios te guardará a ti.
Vendrá a ti el Hijo con el Padre, vendrá el gran profeta que renovará a
Jerusalén, y él hará nuevas todas las cosas. Gracias a esta venida,
nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del
hombre celestial. Y, así como el primer Adán irrumpió en todo el hombre y
lo llenó y envolvió por completo, así ahora lo poseerá totalmente Cristo, que
lo ha creado y redimido y que también un día lo glorificará. (San Bernardo,
Sermón 5 sobre el Adviento)
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Tres Advientos suyos (de Cristo), pues,
conocemos: a los hombres, en los hombres y contra los hombres. A todos
los hombres a la verdad sin diferencia alguna, pero no así en todos o contra
todos. Más por cuanto el primero y el tercero, como manifiestos, son
bastantes conocidos (se trata del nacimiento según la carne y la venida la
final de los tiempos), acerca del segundo, que es oculto y espiritual,
escucha al mismo Señor lo que dice:"El que me ama guardará mis palabras y mi
Padre lo amará y vendremos a él y en él haremos nuestra mansión"
(Jn 14,23). Bienaventurado aquel en quien
haces mansión, Señor Jesús. Bienaventurado aquel en
quien la sabiduría edifica su casa, labrada
de siete columnas. Bienaventurada el alma
que es asiento de la sabiduría. ¿Quién es esta? El
alma del justo. Con razón, ciertamente, porque la justicia y el juicio son
preparación de su trono. ¿Quién de ustedes, hermanos míos, desea disponer en
su alma asiento para Cristo?
Pues mira, . qué sedas, qué alfombras, qué
almohadas debes preparar. "La justicia, dice,
y el juicio son la preparación de tu
trono" (5 88,15). La justicia es aquella virtud que da a cada
uno lo que es suyo: da tú, pues, a cada uno lo que es suyo. Da al superior,
da la inferior, da al igual lo que a cada uno le debes y así celebrarás
dignamente el Adviento de Cristo, preparando de este modo en la justicia su
asiento.
Da, digo, al prelado la reverencia y obediencia de las cuales la una
pertenece al cuerpo y la otra al corazón. Pues no basta obedecer a los
mayores en lo exterior, sino que debemos también sentir altamente de ellos
en lo íntimo del corazón. Y aunque tan manifiestamente se conozca la vida de
un prelado que de ningún modo permita disimulación o excusa,
sin embargo por aquel Señor de quien viene toda potestad, al mismo que
entonteces no conocemos como tal, le debemos reputar superior a
nosotros y acreedor de nuestro respeto, no difiriendo a los méritos presente
de su persona, sino a la ordenación divina y dignidad del oficio.
Así también a nuestros hermanos, entre quienes
vivimos, por el mismo derecho de fraternidad y sociedad humana, somos
deudores de consejos y de auxilio, pues esto es lo que queremos también
nosotros que ellos nos den: consejo para que nuestra ignorancia aprenda y
auxilio que ayude a nuestra debilidad.
Pero de mucho más grave y peligrosa deuda están cargados aquellos que tienen
que dar cuenta por las almas de otros. ¿Qué haré yo
,infeliz? ¿Adónde me volveré, si sucede que guardo con descuido tan grande
tesoro, aquel rico depósito que para sí lo reputó Cristo más precioso llevar
muchas veces a diversos lugares? ¿Qué ánimo tendría yo en tan grande
peligro?
Así la digna preparación del trono para el Señor de la Majestad, en cuanto
toca al hombre, consiste en que, por una parte, procure observar los
mandamientos de la justicia, y, por otra, se repute siempre indigno e inútil
a sí mismo.
Servida.
Que Dios la bendiga.
Los MSC del Perú
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