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Domingo 25 del Tiempo Ordinario A - 'Id también vosotros a mi viña'  - Iglesia del Hogar: en Familia, como Iglesia doméstica, preparamos la Acogida de la Palabra de Dios durante la celebración de la Misa dominical

Recursos adicionales para la preparación

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

 

1. Introducción a la Palabra

1. 1 Primera Lectura: Is 55, 6-9

Asusta mucho imaginarse un Dios que piensa, reacciona y actúa como los humanos: vacilante, dependiente de emociones momentáneas, dócil a sugestión, abierto al soborno, buscando su propio provecho. Nuestro Dios es totalmente otro.

1. 2 Segunda Lectura: Fil 1, 20-24.27

Cuando alguien desea morir lo colocamos en la categoría de los enfermos mentales o calificamos su deseo como una reacción momentánea ante las dificultades de la vida. ¿Es posible que un cristiano sea tan soberano ante la muerte que la decisión al respecto sea dictaminada exclusivamente por la preocupación de lo que es más útil para los hermanos?

1. 3 Evangelio: Mt 20, 1-16

El corazón humano mide y pesa y decide para que cada uno reciba lo justo, lo que merecen sus esfuerzos. El corazón de Dios tiene otra justicia que es proporcionada al amor. La justicia se transforma en justificación. ¿Al ver las bendiciones que reciben los demás hay justificación de quejarse aunque hayamos recibido menos, cuando Dios nos ha dado tanto por encima de toda justicia?

2. Reflexionemos

2. 1 Los Esposos

La vida cristiana exige esfuerzos y sacrificios y eso parece que durará toda la vida. Fácilmente nos formamos la idea que tenemos una cuenta corriente ahí donde San Pedro. Así cada vez cuando hacemos algo un bueno, lo escribe con letras y números de oro, en un libro inmenso. De esta manera cuando lleguemos al cielo tendremos entonces más “Haber” que “Deber”, y así necesariamente el Señor tiene que admitirnos al cielo. Algunas preguntas para reflexionar:

¿Cuando ganamos el derecho al perdón de nuestros pecados?

¿Cómo ganamos el derecho a la gracia que nos hace hijos de Dios?

¿Cuando ganamos el derecho a recibir los sacramentos?

¿Cómo ganamos el derecho de ser miembros del Cuerpo Místico?

Finalmente ¿cuando ganamos el derecho de que el Hijo de Dios se haga hombre, sufra y muera por nosotros?

No es por nada que los maestros de la vida espiritual nos enseñan que la oración más adecuada es la alabanza y la acción de gracias. ¿Qué esperamos?

2. 2 Con los hijos

Había quien quiso comprar el amor. Viajó por todo el mundo. Compró muchas cosas: sonrisas, apretones de mano, abrazos, palabras cariñosas, regalos, cuidados durante la enfermedad. Sin embargo todo le daba asco porque todo era frío como un cubo de hielo. No había  amor. Un día estaba sentado descansando al borde del camino. Ya no tenía plata porque había gastado todo en comprar el amor que no recibió. De repente pasaba una anciana por el camino que apenas pudo avanzar por su vejez. Al verlo tan triste se acercó, le puso la mano en la cabeza y le dijo: “Ánimo hijo, mientras que Dios viva no puedes estar triste”. Y las manos y las palabras de la anciana fueron tan cálidas como sólo lo puede ser el amor. Nuestro viajero no entendió nada. Cuando daba mucha plata no conseguía el amor. Cuando tenían nada que ofrecer se lo ofrecieron gratis.

En la familia nadie tiene el derecho al amor de los demás como para poder exigirlo como derecho. Sin embargo, nos queremos. Es un regalo que nos hacemos mutuamente cada día, cada hora aunque no lo digamos ni lo manifestemos siempre exteriormente. Es que Dios comenzó a dar su amor a los hombres y desde entonces los hombres tenemos que dar amor gratis, sin paga. El amor comprado ya no es amor.

3. Relación con la Santa Misa

Gratuitamente Dios nos involucra en su vida que es amor. Es por gracia y no por las obras, de otro modo la gracia no sería ya gracia (cf. Rom 10, 6). La eucaristía es un acto del amor ilimitado del Padre para con sus hijos.

4. Vivencia familiar

¿Conocen el tablero de la comunicación familiar? Puede ser una pizarra o una tabla forrada con tela donde se pueden fijar mensajes, pensamientos y dibujos con alfileres. Está en un lugar visible para toda la familia pero no accesible para las visitas. Es algo de intimidad familiar. Allí todos pueden dejar algo para comunicarse. Una niña, en la edad difícil, dejó un día ahí el siguiente mensaje: “Estoy muy triste”. Quien describe su sorpresa cuando de repente se abre la puerta de su cuarto, la familia entera entra en fila india, sin pronunciar palabra, con un recipiente de agua. La mamá suavemente con un trapito moja la cara de la hija, el padre se la seca. Luego todos depositan, siempre en silencio, un beso en las mejillas de la niña y se retiran, siempre sin pronunciar palabra. 10 minutos más tarde la niña está en la sala familiar y participa sin rastro de tristeza. Podrían comenzar con colocar el tablero de comunicación familiar. A lo mejor se les ocurren a ustedes también algunas ideas encantadoramente “locas”.

5. Nos habla la Iglesia

El sagrado Concilio fija su atención en primer lugar en los fieles católicos. Y enseña, fundado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación. El único Mediador y camino de salvación es Cristo, quien se hace presente a todos nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia. El mismo, al inculcar con palabras explícitas la necesidad de la fe y el bautismo (cf. Mc 16,  16; Jn 3, 5), confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta. Por lo cual no podrían salvarse aquellos hombres que, conociendo que la Iglesia católica fue instituida por Dios a través de Jesucristo como necesaria, sin embargo, se negasen a entrar o a perseverar en ella.

A esta sociedad están incorporados plenamente quienes, poseyendo el Espíritu de Cristo, aceptan la totalidad de su organización y todos los medios de salvación establecidos en ella, y en su cuerpo visible están unidos con Cristo, el cual la rige mediando el Sumo Pontífice y los Obispos, por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno y comunión eclesiástica. No se salva, sin embargo, aunque esté incorporado a la Iglesia, quien, no perseverando en la caridad, permanece en el seno de la Iglesia “en cuerpo”, pero no “en corazón”. Pero no olviden todos los hijos de la Iglesia que su excelente condición no deben atribuirla a los méritos propios, sino a una gracia singular de Cristo, a la que, si no responden con pensamiento, palabra y obra, lejos de salvarse, serán juzgados con mayor severidad (Vaticano II, Constitución dogmática Luz de las gentes, 14)

 

6. Leamos la Biblia con la Iglesia

 

Año impar

Año par

Evangelio

Lunes

Esdras 1, 1-16

Prov tres, 27-34

Lc 8, 16-18

Martes

Esdras 6, 7-8. 12b. 14-20

Prov 21, 1-6. 10-13

Lc 8, 19-21

Miércoles

Esdras 9, 5-9

Prov 30, 5-9

Lc 9, 1-6

Jueves

Ag 1, 1-8

Eccl 1, 2-11

Lc 9, 7-9

Viernes

Ag 2, 1-9

Eccl 3, 1-11

Lc 9, 18-22

Sábado

Zac 2, 5-9a. 14-15a

Eccl 11, 9-12, 8

Lc 9, 43b-45

 

 

7. Oraciones

7. 1 Trisagio

Santo eres, oh Dios, único, invisible, sentado sobre los querubines. Santo y lleno de fortaleza, que en las alturas eres glorificado por voces angélicas. Santo e inmortal, único e inmaculado Salvador. Compadécete de nosotros. Digno es el Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder. Santo lleno de fortaleza. Porque todas las gentes vendrán y adorarán en tu presencia, oh Dios, diciendo: Santo e inmortal. La bendición, el honor y la gloria, la fortaleza y el poder a ti, nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén. Compadécete de nosotros. Amén. Aleluya

(de la liturgia mozárabe)

7. 2 Rezo del salmo 136

La familia repite el refrán: “… Porque es eterna su misericordia”.

 



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