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Dichos de los Sabios de Israel:  Dichos sobre la Escritura 1. Dios se complace en quien se ocupa de la Torá - 2. El Don de la Torá


E. JIMENEZ HERNANDEZ
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Dichos de los Sabios de Israel - nuestros hermanos mayores en la fe

PRESENTACION    

 

I. DICHOS SOBRE LA ESCRITURA

 

1. DIOS SE COMPLACE EN QUIEN SE OCUPA DE LA TORA 


1. Frutos del estudio de la Torá


2. Importancia de los mešalim

 

3. Cuatro tipos de personas  


4. La Šekinah se hace presente


5. La Torá vale más que el oro y la plata


6. Dar todos los bienes por la Torá


7. Nada hay sin importancia en la Torá


8. La humildad abre el corazón a la Torá 

 

2. EL DON DE LA TORA


1. Dios da la Torá a los hombres


2. Dios abre el oído para acoger la Torá 


3. La voz del Sinaí    


4. Pedagogía del Santo 


5. Dios llegó como novio 


6. Las Diez Palabras


7. Bajo el manzano te desperté 


8. Moisés rompe las Tablas


9. Allí donde te dio a luz tu madre 

 Dichos de los Sabios de Israel sobre la Escritura

 

                                   

      I. DICHOS SOBRE LA ESCRITURA

 

1. DIOS SE COMPLACE EN QUIEN SE OCUPA DE LA TORA

 

 

1. FRUTOS DEL ESTUDIO DE LA TORA

 

Los sabios, bendito sea El que los eligió, nos enseñaron a ocuparnos de la Torá.

Rabbí Meir dice: Todo el que se ocupa en el estudio de la Torá complace al Omnipotente tanto como el mundo entero. Es llamado compañero, amado, amante del Omnipotente y de las criaturas. Agrada al Omnipotente y a los hombres. La Torá le reviste de humildad y respeto, le hace justo, piadoso, recto y fiel; le aleja del pecado y le acerca a la gloria del Santo, bendito sea. Por él gozan los demás de consejo, prudencia, entendimiento y fuerza, según está dicho: “Míos son el consejo y el acierto, mía la inteligencia y mía la fuerza” (Pr 8,14). El estudio de la Torá concede autoridad, dominio y discernimiento. Cuando se le revelan los secretos de la Torá, ésta llega a ser para él un manantial que crece y un río que no se seca. Se vuelve modesto y paciente, perdona el insulto. La Torá lo engrandece y exalta por encima de todas las cosas.

Y R. Yehosúa b. Levi decía: Cada día una voz divina sale del monte Horeb y proclama: “¡Ay de las criaturas por menospreciar la Torá!”. Más grande es la Torá que el sacerdocio y la realeza, pues la realeza se adquiere mediante treinta méritos, el sacerdocio por veinticuatro, mientras que la Torá requiere cuarenta y ocho, a saber: estudio, atención, proclamación en alta voz, comprensión, temor de Dios, humildad, alegría, servicio a los sabios, puntualizar con los compañeros, discusión con los discípulos, compostura, conocimiento de la Escritura y de la Misnah, reducción de los negocios, de ocupaciones mundanas, de placeres, de sueño, de charlas vanas, de diversiones; requiere longanimidad, buen corazón, fe en los sabios, aceptación de las tribulaciones.

Se adquiere siendo alguien que conoce su lugar y se alegra con su porción, poniendo una cerca en torno a sus palabras y no reclamando méritos para sí; siendo alguien que se hace querer, que ama al Omnipotente y a las criaturas, que gusta de la caridad, de la rectitud y de la corrección; que se aleja de los honores; no alardea de sus estudios, ni se deleita dando órdenes; alguien que carga con el yugo de su compañero, le juzga favorablemente y lo conduce a la verdad y a la paz; ocupándose asiduamente en su estudio, preguntando y contestando, escuchando y profundizando lo escuchado, aprendiendo con intención de enseñar, estudiando para practicar, aumentando la ciencia de su maestro, reteniendo con fidelidad lo que ha oído y pronunciando las sentencias en nombre de quien las dijo, como hizo Ester y consiguió la salvación de Israel, según está escrito: “Y habló Ester en nombre de Mardoqueo” (Est 2,22).

Pero Rabbán Gamaliel añade: Es excelente el estudio de la Torá combinado con otra actividad, pues la fatiga de ambas ocupaciones hace olvidar el pecado; sin embargo todo estudio que no va acompañado de otra actividad acaba por ser vanidad que incita al pecado.

Los sabios, bendita sea su memoria, pusieron un ejemplo: Se parece a un camino empedrado que pasa junto a dos caminos, uno de fuego y otro de nieve. El que camina del lado del fuego será consumido por él, y el que camina del lado de la nieve se congelará. ¿Qué debe hacer? Caminar entre ambos y cuidar de su persona para no quemarse ni congelarse.

 

2. IMPORTANCIA DE LOS MEŠALIM

La Escritura se comenta con mešalim o proverbios. Esto se parece a un gran palacio en el que había muchas puertas, de forma que todo el que entraba se perdía. ¿Qué hizo un sabio? Tomó un ovillo de hilo y lo anudó a la puerta principal; entró desenrollando el ovillo y pudo salir por el mismo camino. Entonces comenzaron todos a penetrar y a salir siguiendo el hilo del ovillo.

El palacio es la Torá, que tiene muchas puertas o interpretaciones. El sabio es Salomón, y el ovillo lo constituyen los mešalim, de los que “Salomón compuso muchos" (Qo 12,9). No pienses, pues, que los ejemplos son algo despreciable, porque por su medio llega el hombre a comprender las palabras de la Torá.

Dijo R. Janina:

-Esto se asemeja a un pozo profundo, lleno de agua fresca, dulce y estupenda, de la que nadie podía beber. Vino uno que, atando cuerdas y sogas, sacó agua del pozo y bebió. Entonces todos comenzaron a sacar agua y a beber. De esta manera, pasando de un argumento a otro y de una parábola a otra, dominó Salomón lo más secreto de la Torá, según está escrito: “Proverbios de Salomón, hijo de David” (Pr 1,1).

 

 

3. CUATRO TIPOS DE PERSONAS

 

Nuestros sabios, bendita sea su memoria, enseñaron: Hay cuatro tipos de personas, según su actitud frente a los maestros: el tipo esponja, el tipo tamiz, el tipo embudo y el tipo filtro.

¿Cómo es el que se parece a la esponja? Es el alumno asiduo que se sienta ante los sabios para aprender la Escritura y, como la esponja, lo absorbe todo.

¿Cómo es el que se parece a un tamiz? Es el alumno inteligente que se sienta entre los discípulos de los sabios para escuchar la Escritura y, como el tamiz, deja pasar la harina común y guarda para sí la flor de harina; así deja pasar lo malo y guarda lo bueno de cada explicación.

¿Cómo es el que se parece a un embudo? Es el alumno tonto que se sienta ante los sabios y les escucha con la boca abierta y, como el embudo, lo que recibe por un lado lo pierde por otro; cada palabra, que llega a sus oídos, entra por uno y sale por el otro, de modo que una tras otra es olvidada y se va sin nada.

¿Cómo es el que se parece a un filtro? Es el mal alumno que se sienta entre los discípulos de los sabios y les escucha pero, como el filtro, deja pasar el vino y retiene los posos; así él deja pasar lo bueno y retiene lo malo.

R. Eliezer b. Yacob llama a este último “cuerno perforado”. Este actúa como un niño al que le han dado perlas. Vuelven y le dan pan y, entonces, tira las perlas y se queda con el pan. Vuelven y le dan un jarro de arcilla y, entonces, tira el pan y se queda con el jarro: he ahí lo que queda en sus manos.

Por ello R. Dosa, el babilonio, dice: No tengas en consideración la jarra, sino lo que hay en su interior; hay jarra nueva llena de vino añejo y jarra vieja en la que no hay nada de nada.

 

 

4. LA ŠEKINAH SE HACE PRESENTE

 

R. Jalafta de Séforis dice: Cuando dos o tres se sientan en el mercado e intercambian palabras de la Torá, la Šekinah se revela sobre ellos, según está dicho: “Entonces hablaron uno a otro los temerosos de Dios y el Señor atendió y los oyó” (Ml 3,16).

R. Jananya b. Teradyon dice: Siempre que dos o tres se sientan juntos en el mercado sin intercambiar palabras de la Torá, he aquí que se trata de una reunión de cínicos, según se dice: “Y en reunión de cínicos no se sienta” (Sal 1,1).

Y R. Elazar b. R. Sadoq añade: Cuando dos o tres se sientan y comen en la misma mesa y no pronuncian sobre ella palabras de la Torá, es como si comieran sacrificios ofrecidos a los muertos, ya que está dicho: “Ciertamente todas las mesas están llenas de vómito repugnante y no queda espacio libre” (Is 28,8).

 

Dichos de los Sabios de Israel sobre la Escritura

 

 

5. LA TORA VALE MAS QUE EL ORO O LA PLATA

 
Contó R. Yosé b. Qisma: Cierta vez andaba yo de camino, cuando me encontré con un hombre que me saludó. Le devolví el saludo y entonces me preguntó:

-Rabbí, ¿de dónde eres?

Le respondí:

-De una gran ciudad de sabios y escribas.

Me propuso:

-Rabbí, ¿no querrías quedarte a vivir con nosotros en este lugar? Yo te daría mil millares de dinares de oro, piedras preciosas y perlas.

Le contesté:

-Aunque me dieras, hijo mío, toda la plata y el oro, todas las piedras preciosas y todas las perlas que hay en el mundo, yo no me quedaría a vivir sino en un lugar en que haya Torá, ya que en la hora en que el hombre expira no le acompañan plata ni oro, ni piedras preciosas ni perlas, sino únicamente la Torá y las buenas obras, según está dicho: “Cuando camines, te guiará; cuando duermas, velará sobre ti; cuando despiertes, te hablará” (Pr 6,22). Cuando camines, te guiará en este mundo; cuando duermas, velará sobre ti en la tumba; cuando despiertes, te hablará en el mundo venidero. Por eso, así está escrito en el libro de los Salmos de David, rey de Israel: “Más estimo yo la Torá de tu boca que miles de monedas de oro y plata” (Sal 119,72).

Y R. Yaqob enseña: Este mundo es como el vestíbulo del mundo venidero. Prepárate en el vestíbulo para que puedas tener acceso a la sala del banquete. Más vale una hora de paz en el mundo venidero que toda la vida de este mundo.

 

6. DAR TODOS LOS BIENES POR LA TORA

 

“Si alguien diera todos sus bienes...” (Ct 8,7). Rabbí Yojanán iba de viaje y se le juntó Rabbí Jiyá ben Abá. Llegaron a un campo y dijo R. Yojanán:

-Este campo era mío y lo vendí para poder dedicarme a la Torá.

Llegaron a una viña y R. Yojanán dijo:

-Esta viña era mía y la vendí para dedicarme a la Torá.

Llegaron a un olivar y repitió lo mismo. Entonces R. Jiyá se echó a llorar. Le preguntó R. Yojanán:

-¿Por qué lloras?

Le respondió:

-Lloro porque no dejaste nada para tu vejez.

Le replicó R. Yojanán:

-¡Jiyá, hijo mío! ¿Te parece una simpleza lo que hice? Pues vendí una cosa que fue hecha en seis días, como está escrito: “En seis días hizo Dios el cielo y la tierra” (Ex 20,11), y adquirí la Torá que fue dada en cuarenta días, como está escrito: “Estuvo allí con Yahveh cuarenta días” (Ex 36,28; Dt 9,9).

 

6. NADA HAY SIN IMPORTANCIA EN LA TORA

 

Los sabios, bendita sea su memoria, enseñaron: Ven y observa que no encontrarás en la Torá ninguna palabra sobre la que no se puedan recopilar montañas de comentarios. Aún aquellas cosas que parecen inútiles en la Torá, como los finísimos trazos de las letras, son montículo sobre montículo, significando así que si cambias una sola tilde de la Torá puedes acarrear la destrucción del mundo y hacer de él una enorme montaña. Pero también para hacerte saber que es posible apilar montañas de exposiciones sobre un simple rasgo de las letras de la Torá.

Cada texto de la Escritura contiene innumerables significados, como está escrito: “No es ésta una palabra vacía para nosotros” (Dt 32,47). Y también está escrito: “Una cosa ha dicho Dios, dos he escuchado: porque de Dios es la potencia” (Sal 62,12).

Como la piedra golpeada con un martillo se rompe en muchos fragmentos, así también cada frase de la Escritura en muchos significados, según está dicho: “Como un martillo golpea la roca” (Jr 23,29).

 

7. LA HUMILDAD ABRE EL CORAZON A LA TORA

 

Enseñan los sabios, bendita sea su memoria, que observó el Santo, bendito sea, a todos los hombres que había creado y no encontró a ninguno tan digno de recibir la Torá como lo era Moisés. ¿Por qué mereció Moisés ser el novio de la Torá? Gracias a su humildad y temor de Dios, según está escrito: “Y Moisés se cubrió el rostro porque temió contemplar a Elohim” (Ex 3,6). Así subió Moisés, como pretendiente, junto a Dios para pedirle a su hija, la Torá.

También observó el Santo, bendito sea, todas las montañas de la tierra y no encontró ninguna tan digna de que sobre ella se diera la Torá y se posara sobre ella la Šekinah como el monte Sinaí. ¿Por qué? Porque se humilló a sí mismo frente al Hermón y al Siryon.

Por ello quien se acerque a la Torá con humildad, recibirá de ella el brillo que recibió el rostro de Moisés y el fuego que recibió el monte Sinaí, según está dicho: “El mira de cerca al humilde, pero al soberbio lo conoce de lejos” (Sal 138,6).


Dichos de los Sabios de Israel sobre la Escritura

 

 

                                              2. EL DON DE LA TORA

 

1. DIOS DA LA TORA A LOS HOMBRES

 

Los sabios, bendita sea su memoria, dijeron: Se parece a un rey que casó a su hija fuera de su región y sus paisanos le dijeron:

-¡Majestad! Lo honorable para ti es que tu hija se quede contigo en la región.

El rey les contestó:

-¡Qué os importa a vosotros!

Le contestaron:

-Quizá en el futuro quieras irte con ella y habitar en su casa por el amor que le tienes.

Pero El les replicó:

-Puedo casar a mi hija fuera de la región y seguir habitando aquí con vosotros.

Así mismo, cuando el Santo, bendito sea, habló de dar la Torá a Israel, los ángeles del servicio le interpelaron:

-¡Señor, “¡pon tu majestad por encima de los cielos”, es decir, tu honor y dignidad exigen que tu Torá esté en los cielos.

Pero el Santo, bendito sea, les contestó:

-¡Qué os importa a vosotros!

Le contestaron:

-Quizás en el futuro quieras posar tu Šekinah entre los de abajo.

Les respondió el Santo, bendito sea:

-Mi Torá la puedo poner entre los de abajo, pero Yo habito con vosotros en las alturas. Entregando en matrimonio a mi hija con su dote en otra región, también allí, por su belleza y encanto, se me honrará, pues todos sabrán que es la hija del rey, pero yo habitaré con vosotros en las alturas, como está escrito: “Su majestad sobre los cielos y de su alabanza está llena la tierra” (Ha 3,3).

Pero Rabbí Simón, en nombre de Rabbí Yehosúa ben Leví, dijo:

-En todo lugar en que posó su Torá posó también su Šekinah.

-¿Cómo lo sabemos?

-Lo dijo el rey David, según está escrito: “¡Que alaben el Nombre de Yahveh, porque sólo su Nombre es sublime, su majestad está en la tierra y en el cielo!” (Sal 148,13), primero en la tierra y después en el cielo.

 

 

2. DIOS ABRE EL OIDO PARA ACOGER LA TORA

 

Cuando se cumplía el tercer mes de la salida de Egipto, en ese mismo día, los israelitas Llegaron al Sinaí para recibir la Torá. Entonces el Santo, bendito sea, dio la Torá a Israel.

¿Por qué no se la dio en el momento de la salida de Egipto? Esto es lo que enseñan los sabios, bendita sea su memoria: Porque el Santo, bendito sea, se dijo: “les haré primero grandes bondades para hacerles conocer mi poder y bondad y, después de eso, recibirán mi Ley y mis mandatos”.

Esto se parece a un rey que quiso tomar mujer. ¿Qué hizo? Pues se dijo: “la colmaré de regalos y luego la tomaré por mujer”. Lo mismo hizo el Santo, bendito sea. Vio a la comunidad de Israel desnuda y la vistió, según está escrito: “Y te vestí de lino” (Ez 16,10). La vio descalza y la calzó, como está escrito: “Te calcé con zapatos de cuero fino” (Ibidem); llegó al mar y la hizo pasar. Vio que Amaleq venía contra ella y la salvó.

Cuando Israel vio las bondades y prodigios que el Santo, bendito sea, hizo por ellos, dijeron todos: “Lo que diga Yahveh haremos y obedeceremos”.

Cuando vio el Santo, bendito sea, a Israel, que estaba dispuesto a acoger la Torá con todo el corazón, lo bendijo y lo felicitó, según está escrito: “Dichoso tú, Israel, ¿quién como tú?” (Dt 33,29).

 

 

3. LA VOZ DEL SINAI

 

Cuentan los sabios, bendita sea su memoria, que, cuando hablaba el Santo, bendito sea, salían de su boca rayos y llamas de fuego; la voz volaba a través del aire del cielo y decía: Pueblo mío, casa de Israel, “Yo soy Yahveh, tu Dios, que te he sacado del país de Egipto” (Ex 20,2).

Cuando oyó Israel la palabra que salía de boca del Santo, bendito sea, retrocedió doce millas y se le salió el alma en su huida, como está dicho: “Se me ha salido el alma al escucharlo” (Ct 5,6). Volvió la Torá ante el Santo, bendito sea, y le dijo:

-Señor del universo, ¿a quién me has entregado, a los vivos o a los muertos?

Respondió el Santo, bendito sea:

-A los vivos.

-Pues todos éstos están muertos.

-En consideración a ti Yo los resucitaré.

¿Qué hizo el Santo, bendito sea? Hizo descender el rocío con el que El dará vida a los muertos en el mundo futuro, según está dicho: “Derramaste, oh Dios, una lluvia copiosa sobre tu heredad extenuada y la reanimaste” (Sal 68,10).

Además, cuando empezó el Santo, bendito sea, a hablar, temblaron estremecidos los seres superiores e inferiores. Israel no pudo entonces permanecer en pie. ¿Qué hizo el Santo, bendito sea? Envió dos ángeles a cada uno de los israelitas; a uno para que les pusiera la mano en el corazón y así no se les saliera el alma, y otro para que les alzara la cabeza, a fin de que pudieran ver a su Creador, pues el Santo, bendito sea, les concedió contemplar su gloria.

Y vieron su gloria. La voz iba y venía a sus oídos. La voz se apartaba de sus oídos y la besaban en la boca, y de nuevo se apartaba la Palabra de su boca y volvía al oído, como está dicho: “Que me bese con los besos de su boca” (Ct 1,2).

 

 Dichos de los Sabios de Israel sobre la Escritura

 

 

4. PEDAGOGIA DEL SANTO

 

Rabbí Simeón enseñó: ¿Con qué podemos comparar a los israelitas cuando salieron de Egipto? Se asemejan a un príncipe que estaba convaleciente. Cuando dijeron a su padre:

-Tu hijo debe ir a la escuela.

El padre contestó:

-Todavía mi hijo no ha recobrado el buen estado que perdió por su enfermedad. Es mejor que se relaje y dé gusto, comiendo y bebiendo durante tres meses, y después irá a la escuela.

Así también, cuando los israelitas salieron de Egipto, había entre ellos algunos muy debilitados por la opresión del barro y los ladrillos. Por ello, cuando los ángeles del servicio dijeron al Santo, bendito sea:

-Ha llegado la hora, dales la Torá.

El Santo, bendito sea, les contestó:

-Todavía no se han recuperado de la opresión del barro y los ladrillos. Es mejor que se relajen durante tres meses en Be'er con el maná y las codornices, y después les daré la Torá.

-¿Cuándo será?

-A los tres meses (Ex 19,1).

Sobre esto también enseñaron los sabios, bendita sea su memoria: El Santo, bendito sea, se dijo: Si hago entrar en la Tierra a Israel ahora, apenas recibida la Torá, cada uno se apegará al propio campo o a la propia viña, y no se ocupará de la Torá. Les haré peregrinar por el desierto cuarenta años y comerán el maná y beberán del pozo y así la Torá impregnará sus cuerpos.

 

 

5. DIOS LLEGO COMO NOVIO      

 

Rabbí Janina decía: Al tercer mes el día se hizo el doble de largo que la noche y los israelitas tenían que dormir hasta dos horas dentro del día. Moisés salió del campamento y fue despertándolos del sueño:

-Despertad de vuestro sueño que vuestro Dios está deseoso de entregaros su Torá. Ya el novio busca a la novia para llevarla a la alcoba.

Moisés se presentaba como padrino que saca a la novia, según está dicho: “Moisés sacó al pueblo del campamento para recibir a Dios” (Ex 19,17).

Y por su parte el Santo, bendito sea, se presentó como novio que sale a recibir a la novia para darle la Torá, como está escrito: “Yahveh, cuando Tú salías de Seír” (Jc 5,4), y también: “Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo” (Sal 68,8).

 

 

Dichos de los Sabios de Israel sobre la Escritura

 

 

6. LAS DIEZ PALABRAS

 

Así el Santo les dio sus Diez Palabras, que llegaban a los oídos de Israel, que las acogían con sus labios, en un beso de gozo. El Santo, bendito sea, complacido, les dijo:

-Ved, vosotros sois testigos que no hay como Yo en los cielos ni en la tierra, ved como Yo soy Uno y que me he revelado a vosotros en mi gloria y esplendor. Si alguien os dice: “Id a servir a otros dioses”, le responderéis: ¿Puede acaso un hombre que ha visto a su Creador, cara a cara, en su gloria, en su esplendor y en su grandeza, abandonarlo e ir en pos de la idolatría? No, “no tendrás otros dioses frente a mí. No te fabricarás escultura ni imagen alguna” (Ex 20,3-4).

Y añadió el Santo, bendito sea:

-Yo os he dado mi Torá para daros un dominio, no me irritéis ni rompáis mi pacto, dándome celos con los ídolos; no os postréis frente a los muertos, sino ante quien “da muerte y vida” (1S 2,6; Dt 32,39), en cuya mano está el alma de todo ser vivo. No os contagiéis de los gentiles, pues su vida es cosa vana, como está dicho: “Son cosa vana, obra ridícula; al tiempo de su castigo morirán; no es como esos la porción de Jacob, pues el modelador de todas las cosas es El” (Jr 10,15s).

Sostenidos, cada uno de los israelitas, por sus dos ángeles, seguían escuchando al Señor, en la voz de los sabios, bendita sea su memoria:

-El librará de la angustia a todos los que confían en El, como salvó a Abraham, nuestro padre, del horno de fuego cuando Nimrod, el impío, le arrojó al horno por confiar en el Santo, bendito sea, y no querer postrarse ante su ídolo. El libró también a Ananías, Misael y Azarías del horno de fuego al que los arrojó Nabucodonosor, por confiar en Yahveh y no postrarse ante su ídolo. Cuando salieron del horno, se congregó todo el mundo, gobernantes y administradores, para ver si el fuego había tenido poder sobre aquellos hombres; vieron que los cabellos de su cabeza no estaban chamuscados, vieron que el fuego no había podido con ellos, y entonces comenzaron a alabar al Santo, bendito sea.

 

 

7. BAJO EL MANZANO TE DESPERTE

 

Dijeron los sabios, bendita sea su memoria: “Bajo el manzano te desperté” (Ct 8,5) se refiere al Sinaí. ¿Y por qué se compara con el manzano?

-Como el manzano produce sus frutos en el mes de Siván, también la Torá fue dada en el mes de Siván.[6]

Unos se preguntan:

-¿Por qué no bajo un nogal o cualquier otro árbol?

-Pues porque lo normal en los árboles es que den primero las hojas y luego los frutos, pero el manzano produce primero los frutos y luego las hojas. De la misma manera los israelitas antepusieron la actuación al oír, como está escrito: “Haremos y escucharemos” (Ex 24,7).

 

 

8. MOISES ROMPE LAS TABLAS

 

Cuentan los sabios, bendita sea su memoria: Cuando Moisés tomó las tablas y descendía del monte con ellas, las Palabras escritas en ellas sostenían el peso de las tablas de piedra y al mismo Moisés. Pero cuando vieron las danzas y el becerro, las Palabras huyeron de las tablas. Entonces las tablas de piedra se quedaron con todo su peso en las manos de Moisés. Moisés no pudo ya sostenerse a sí mismo ni tampoco a las tablas. Entonces las arrojó y se rompieron, como está escrito: “Y las rompió bajo el monte” (Ex 32,19).

Otros, en cambio, dijeron que Moisés, cuando contempló la tablas y vio que no había en ellas nada escrito, pues la Palabras habían volado, pensó:

-¿Cómo voy a entregar a Israel unas tablas que no traen nada para ellos? Mejor es que las rompa.

Pero el Santo, bendito sea, se irritó con Moisés y le dijo:

-Si tú hubieses tallado las piedras no las habrías roto... Ahora “corta tú dos tablas de piedra” (Dt 10,1).

Y Moisés preguntó:

-¿Y dónde cojo yo las tablas de piedra?

Y el Santo, bendito sea, mostró a Moisés la cantera que estaba debajo del trono de la gloria, como está escrito: “Y bajo tus pies, como una lastra trabajada de zafiro” (Ex 24,10).

 

 

9. ALLI DONDE TE DIO A LUZ TU MADRE

 

Se preguntaron los sabios, bendita sea su memoria: ¿Realmente fue en el Sinaí “donde les dio a luz su madre” (Ct 8,5)?

Dijo Berekiá:

-Se parece al caso de uno que haya pasado por un lugar peligroso y se haya librado de la muerte. Cuando le encuentra un amigo, le dice: ¿Pasaste por ese lugar? ¡Hoy te ha dado a luz tu madre! ¡Hoy has nacido de nuevo! Después de pasar por tantos sufrimientos eres un hombre nuevo.

 



 

 

     [5] Ritual hebreo.

     [6] Siván corresponde a mayo-junio.

 

Dichos de los Sabios de Israel sobre la Escritura

 


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