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Dichos de los Sabios de Israel: 31. Lujuria - 32. Cuidado con los Ojos - 33. Pecados leves

E. JIMENEZ HERNANDEZ

Páginas relacionadas 

 

Dichos de los Sabios de Israel- Los Hermanos mayores de los Cristianos

31. LUJURIA


1. La lujuria y la idolatría


2. La humildad vence la tentación

 

32. CUIDADO CON LOS OJOS


1. La Mirada

2. Alianza de Job con sus ojos


3. La inclinación al mal nace con el hombre


4. La inclinación al bien, don de Dios


6. Dominio de sí 

 

33. PECADOS LEVES


1. Un pecado lleva a otro 


2. Huye de la ocasión de pecar


3. El mal conduce con engaño a la muerte


5. No confíes en tu fuerza 

6. Sólo el Señor salva


7. Cuidados divinos para librar al hombre del pecado


8. Cercas que defienden del pecado

 

 

Dichos de los Sabios de Israel - La Lujuria

 

                                                        31. LUJURIA

 

1. LA LUJURIA Y LA IDOLATRIA

Enseñaron los sabios, bendita sea su memoria: El exilio viene al mundo por la idolatría y por las relaciones sexuales ilícitas. Por la idolatría, según se dice: “Derruiré los lugares altos y os desparramaré por las naciones” (Lv 26,30-33). El Santo, bendito sea, le dijo a Israel: Puesto que vosotros queréis la idolatría, os exiliaré a un lugar donde haya idolatría.

Por las relaciones sexuales ilícitas. ¿De qué manera? R. Yismael dijo: Cuando Israel se abandona a las relaciones sexuales ilícitas, la Sekinah se aleja de ellos, según se dice: “Que El no vea cosa deshonesta en ti, porque se retiraría de ti” (Dt 23,15).

No irritará el hombre a su Creador ni le enojará con actos ilícitos, no pondrá su pensamiento en mujer ajena ni mirará con deseos libidinosos a las mujeres; si alguien quiere permanecer puro, será asistido desde los cielos, y el Santo, bendito sea, lo acompañará en su santidad y no dejará que la inclinación al mal lo domine. Por eso, El nos dijo: “No cometerás adulterio” (Ex 20,14).

 

 

2. LA HUMILDAD VENCE LA TENTACION

 

Una vez estaba R. Mattia b. Jeres sentado, explicando la Torá. Su rostro se parecía al sol, resplandeciente como el rostro de Moisés, nuestro maestro (Ex 34,29-35), y su expresión era la de los ángeles. Era tal su temor de los cielos que nunca en su vida había levantado los ojos hacia la mujer de su prójimo. Pues bien, mientras estaba ocupado en la Torá, pasó Satán y, al verle el rostro iluminado, le envidió. Se dijo Satán: ¿Es posible que un hombre como éste no peque?

¿Qué hizo Satán? Subió a los cielos y se presentó ante el Santo, bendito sea, y le dijo:

-Señor del mundo, dame permiso para tentar a R. Mattia b. Jeres.

-Ve.

Se fue y lo encontró sentado, ocupado en la Torá. ¿Qué hizo? Tomó la forma de una mujer bella como no había habido desde los tiempos de Naama, hermana de Tubal-Caín, por la que se perdieron los mismos ángeles, como está dicho: “Y vieron los hijos de Dios que las hijas del hombre eran bellas y se procuraron esposas de entre ellas, las que más les placieron” (Gn 6,2). Se puso, bajo este semblante, frente a él. Cuando él la vio, se volvió hacia la izquierda. Ella entonces se sentó a la izquierda. Entonces él volvió su cara hacia la derecha y, al ver que ella se movía de un lado a otro, buscando colocarse siempre ante él, se dijo: “temo que me domine el instinto del mal y me haga pecar”.

¿Qué hizo entonces aquel hombre piadoso? Dijo a sus discípulos, que estaban sentados ante él:

-Traedme clavos y fuego.

Cuando se los llevaron, puso los clavos en el fuego hasta que se pusieron al rojo vivo y, luego, se los puso en los ojos.

Al ver esto Satán, se estremeció del susto y cayó sobre su rostro entre estertores. Subió al cielo y refirió al Santo, bendito sea, lo que acababa de ver. Le dijo el Santo, bendito sea:

-¿Acaso no te dije que no podrías vencerle? Su humildad le da una fortaleza invencible.

Luego llamó el Santo, bendito sea, a su arcángel Rafael y le dijo:

-Ve a curar los ojos de R. Mattia b. Jeres.

Fue Rafael y se puso ante él, diciéndole:

-El Santo, bendito sea, me ha enviado a curarte los ojos.

Pero R. Mattia le contestó:

-Déjame así, pues lo hecho, hecho está.

Regresó Rafael y refirió al Santo, bendito sea, tal respuesta. Le dijo El:

-Ve y dile que nunca le dominará la inclinación al mal.

Entonces R. Mattia consintió en ser curado y recobró la vista. De aquí que hayan dicho los sabios, bendita sea su memoria:

-A todo aquel que no pone sus ojos en mujer ajena, la inclinación al mal no le dominará.

Pero al que pone sus ojos en mujer ajena, ésta le llevará a la miseria, e incluso le matará, según está dicho: “En verdad el precio de una prostituta se limita a una hogaza de pan, pero una mujer casada exige suntuosa abundancia” (Pr 6,26). ¡Ay del adúltero en esta vida y en la otra vida!

 

 

 

 

Dichos de los Sabios de Israel - Cuidado con los ojos

 

 

 

                                        32. CUIDADO CON LOS OJOS

 

1. LA MIRADA

 

Rabbí Acha, hijo de Rabbí Josiah, enseñaba:

El que pone su mirada sobre una mujer, cae en poder del pecado.

Y Rabbí Simeón ben Lakisch decía:

No penséis que se llama adúltero sólo al que comete adulterio con su cuerpo. También a quien comete adulterio con sus ojos se le llama adúltero. ¿Cuál es la prueba? Está escrito: “El ojo del adúltero espía la oscuridad y piensa...” (Jb 24,25). Ya antes del acto se le llama adúltero.

Y los sabios, bendita sea su memoria, enseñaron: Más grave que el pecado es el deseo de pecar.

Rabbí Jakum enseñaba: El que transgrede el mandamiento “No desearás”, es como si hubiese transgredido todos.

 

 

2. ALIANZA DE JOB CON SUS OJOS

 

Job era “hombre perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Jb 1,8). Job solía decir: “Apártate de lo horrible y de lo que a ello se parezca”. También decía: “Una alianza concerté con mis ojos: ¿cómo puedo prestar atención a una doncella?” (Jb 31,1). Y si no miraba a una doncella, con la cual le está permitido a un hombre casarse o dársela por mujer a su hijo o a su nieto o al hijo de su hermana, y a ella misma le está permitido casarse con quien quiera, con mayor razón no miraba a la mujer de otro.

R. Yehudah b. Batira dice: Job deliberaba consigo mismo: ¿Cuál es, pues, la parte que envía Dios desde arriba y el lote que remite el Todopoderoso desde las alturas? (Jb 31,2). Si hubiera sido adecuado que se le dieran diez mujeres al primer hombre, Dios se las habría dado. Pero no era adecuado darle más que una sola mujer. También yo tengo bastante con mi mujer: mi parte es suficiente.

Otra interpretación de “Una alianza concerté con mis ojos, ¿cómo puedo prestar atención a una doncella?”: Pues se decía: No sea que yo la mire hoy y mañana venga otro hombre y la despose, entonces resultaría que yo estaba mirando a la mujer de otro hombre.[1]

 

 

Dichos de los Sabios de Israel - Cuidado con los ojos 

 

 

 

3. LA INCLINACION AL MAL NACE CON EL HOMBRE

 

R. Yehosúa decía: La inclinación al mal arranca al hombre de la vida de este mundo y de la vida del mundo venidero.

Al respecto se dice que la inclinación al mal es trece años mayor que la inclinación al bien. La inclinación al mal acompaña al hombre desde el seno materno, mientras que la inclinación al bien nace trece años después. Hasta entonces nada impide al hombre profanar los sábados, hacer daño a los demás o cometer acciones ilícitas. Sólo después de los trece años, cuando el hombre va a profanar el sábado, la inclinación al bien le dice: “Quien lo profane morirá sin remedio” (Ex 31,14). Si va a cometer una acción ilícita, la inclinación al bien le dice: “El adúltero y la adúltera morirán” (Lv 20,10).

Cuando un hombre va a cometer una acción ilícita, todos sus miembros le obedecen, porque la inclinación al mal gobierna los doscientos cuarenta y ocho miembros del cuerpo humano. Pero, si va a cumplir un mandamiento, sus miembros comienzan a oponerse, porque la inclinación al mal, que reside en sus entrañas, gobierna los doscientos cuarenta y ocho miembros del hombre. Por ello, la inclinación al bien parece un cautivo que sale de la prisión, según se dice: “De la cárcel salió para reinar” (Qo 4,14). Esto se refiere a la inclinación al bien.

 

 

4. LA INCLINACION AL BIEN DON DE DIOS

 

Esto se cumplió en el justo José. Cuando la malvada mujer de Putifar se acercó a él, lo humilló con sus palabras, pero él salió victorioso. Le dijo ella:

-Te meteré en prisión.

El contestó:

-Yahveh libera a los cautivos (Sal 146,7).

-Te arrancaré los ojos.

-Yahveh da la vista a los ciegos (Sal 146,8).

-Te doblegaré.

-Yahveh endereza a los que se doblan (Ibidem).

-Haré de ti un malvado.

-Yahveh ama a los justos"(Ibidem).

-Yo haré de ti un pagano.

-Yahveh cuida a los extranjeros (Sal 146,9).

Y, finalmente, exclamó victorioso:

-¡Cómo voy a cometer esa gran vileza! (Gn 39,9).

 

 

5. LAS PALABRAS DE LA TORA VENCEN LA INCLINACION AL MAL

 

Por eso decía Yehosúa: No te asocies con el impío. Esto se refiere a la inclinación al mal, que está sentada a la puerta del corazón, según se dice: “El pecado acecha a la puerta como fiera que te codicia y que tienes que dominar” (Gn 4,7).

¿Cómo se la puede dominar? R. Simón b. Elazar pone un ejemplo: La inclinación al mal es semejante a un hierro que se coloca en el fuego. Mientras permanece en el fuego se puede hacer con él lo que se desee. Lo mismo ocurre con la inclinación al mal, que sólo se puede dominar con las palabras de la Torá, pues ellas son como fuego, según se dice: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer, y si tiene sed, dale de beber, pues así amontonarás brasas sobre su cabeza” (Pr 25,21).

 

 

6. DOMINIO DE SI

 

Ben Zoma decía: ¿Quién es el héroe entre los héroes? El que se domina a sí mismo, pues está dicho: “Mejor es el paciente que el héroe, y quien domina su ánimo es mejor que el conquistador de una ciudad” (Pr 16,32).

También decía:

¿Quién es sabios? El que aprende de todos.

¿Quién es fuerte? El que vence sus pasiones.

¿Quién es rico? El que se alegra con su porción.

¿Quién es honorable? El que honra a todos los hombres.

 

 

 Dichos de los Sabios de Israel - La lujuria

 

                                               

 33. PECADOS LEVES

 

1. UN PECADO LLEVA A OTRO

 

Ben Azzay dice: Sé rápido en cumplir un mandamiento leve y huye de la transgresión. El que comete un transgresión y, por parecerle leve, no lamenta el haberlo hecho, finalmente esa transgresión le llevará a cometer otras muchas. Porque un mandamiento conduce a otro y una transgresión lleva a otra.

Por ello, solía añadir: Si has caído en una transgre­sión, no te angusties demasiado por esa transgresión, sino por la transgresión siguiente.

Y por ello los sabios, bendita sea su memoria, dijeron: ¡Ay de los que empiezan a pecar un poco, atrayendo las culpas con cuerdas de vanidad! Van en aumento hasta que las culpas son tan resistentes como las coyundas de carretas.

 

 

2. HUYE DE LA OCASION DE PECAR

 

La Escritura dice: “No os acercaréis” (Lv 18,6), y más adelante se dice: “No te acercarás” (Lv 18,19). A lo que conduce a pecar no te acerques, aléjate de lo horrible y de todo lo que a ello se parezca. Por eso dijeron los sabios, bendita sea su memoria: Aléjate del pecado leve no sea que te conduzca a un pecado grave; apresúrate en cumplir un mandamiento menor, pues él te llevará a cumplir un mandamiento importante.

He aquí que la Escritura dice: “Tu vientre es montón de trigo cercado de lirios” (Ct 7,3). Se refiere a los mandamientos que son tiernos. Cercado de lirios, pues cuando Israel los cumple, ellos lo conducirán a la vida del mundo futuro. Ciertos mandamientos son menores, tiernos, como lirios, pero su cumplimiento conduce a la vida del mundo futuro.

 

 

3. EL MAL CONDUCE CON ENGAÑO A LA MUERTE

 

Está escrito: “Degolló ella sus víctimas, mezcló su vino y, asimismo, preparó su mesa” (Pr 9,2). Tales son los malvados: cuando un hombre se introduce entre ellos, le dan de comer, le dan de beber, lo visten, lo protegen y le dan mucho dinero. Pero tan pronto como se convierte en uno de ellos, cada uno le reclama lo suyo y se lo quitan. Sobre ellos se dice: “Hasta que una flecha le atraviesa el hígado; como se precipita un pájaro en la red, sin advertir que le va en ello la vida” (Pr 7,23).

 

 

4. QUIEN CAVA UNA FOSA CAE EN ELLA

 

También está escrito: “Quien cava una fosa, en ella cae, y al que demuele una cerca, le muerde la serpiente” (Qo 10,8). Esto se refiere a Dina, la hija de Lía, la cual, mientras sus hermanos y su familia estaban sentados estudiando en la casa de estudio, salía para ver las mujeres del país (Gn 34,1). ¿Cuál es la serpiente que la mordió? Fue Siquem, el hijo de Jamor.

 


 Dichos de los Sabios de Israel - El Pecado



5. NO CONFIES EN TU FUERZA


 

También leemos en los Escritos: “Mantén lejos de ella tu camino y no te acerques a las puertas de su casa” (Pr 5,8). Cuando se le dice a un hombre:

-No vayas a ese mercado, no entres en tal callejón, pues allí hay una prostituta. Es una mujer atractiva que seduce a todas las criaturas con su belleza.

Si él contesta:

-Estoy seguro de que, aunque vaya allí, no la miraré ni desearé su belleza.

Entonces se le dice:

-Aunque estés seguro, mantén lejos de ella tu camino.

R. Yehosúa b. Qorjah da otra interpretación: “Mantén lejos de ella tu camino”, se refiere al camino de la herejía.

Cuando se le dice a un hombre:

-No vayas entre los herejes, ni escuches sus palabras, para que no tropieces a causa de sus acciones.

Si él contesta:

-Estoy seguro de que, aunque vaya, no prestaré atención a sus palabras ni tropezaré a causa de sus acciones. 

Entonces se le dice:

-Aunque estés seguro, no vayas.

Por eso está dicho: “Mantén lejos de ella tu camino”. Y se añade: “Porque muchas son las víctimas que ha derribado” (Pr 7,26). Y para que no diga: “Voy a escuchar sus palabras y luego volveré”, la Escritura dice: “Cuantos en ella penetran no retornan ni alcanzan más los senderos de la vida” (Pr 2,19).

 

 

6. SOLO EL SEÑOR SALVA

 

Los sabios, bendita sea su memoria, recordaron:

Dijo Moisés a Israel: “Hermanos míos, sabéis que no es por medio de la sabiduría, ni de la inteligencia, ni de la fuerza, ni de la riqueza por las que el hombre puede tomar posesión de una ciudad, sino por la potencia del Santo, bendito sea” (Dt 8,17s). En efecto, ¡cuántos guerreros había en el ejército del impío Faraón! Pero toda su fuerza no le sirvió de nada frente al Santo, bendito sea. Además, ¡cuántos guerreros valientes combatirán contra vosotros, y el Santo, bendito sea, arrojará sobre ellos terror y espanto de modo que nadie resistirá frente a vosotros (Dt 1,30). Por ello, el Santo, bendito sea, escribirá en su Torá: “No se gloríe el valiente en su valentía” (Jr 9,22). Y si vosotros hacéis su voluntad, El os salvará de las manos de vuestros enemigos.

 

 

7. CUIDADOS DIVINOS PARA LIBRAR AL HOMBRE DEL PECADO

 

Para librar a los hombres del pecado, el Santo, bendito sea, diferenció a los hombres unos de otros por tres cosas: la voz, el gusto y la apariencia.

-Por la voz. ¿Por qué? Se enseña que el Santo, bendito sea, diferenció las voces de los hombres unas de otras, porque si no lo hubiera hecho habría habido mucha más fornicación en el mundo. Cuando un hombre saliera de su casa, podría entrar otro y poseer a su mujer en su propia casa. Por eso, el Santo, bendito sea, diferenció las voces humanas unas de otras, para que la voz de un hombre no se pareciera a la de otro.

-Por el gusto. ¿Por qué? Se enseña que el Santo, bendito sea, diferenció los gustos humanos unos de otros, porque si no lo hubiera hecho habrían sentido envidia unos de otros. Por eso, el Santo, bendito sea, diferenció los gustos unos de otros: el gusto de uno no se parece al de otro, y el gusto de éste no es como el del otro.

-Por la apariencia. ¿Por qué? Se enseña que el Santo, bendito sea, diferenció las apariencias de los hombres unas de otras, porque si no lo hubiera hecho las mujeres no habrían podido reconocer a sus maridos, ni los varones a sus mujeres. Por eso, el Santo, bendito sea, diferenció las apariencias unas de otras.

 

 

8. CERCAS QUE DEFIENDEN DEL PECADO

 

R. Aqiba dice: La cerca en torno al honor es evitar las bromas. La cerca en torno a la sabiduría es el silencio. La cerca en torno a los votos es la abstinencia. La cerca en torno a la santidad es la pureza. La cerca en torno a la humildad es el temor al pecado.

Pues, se dice, el silencio conduce a la sabiduría, la pureza a la santidad, la santidad conduce a la humildad y la humildad al temor al pecado.

 



     [1] Cfr. Mt 5,27-28.

 Dichos de los Sabios de Israel -. El pecado


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