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El Rosario de la Virgen María, difundido en el segundo Milenio bajo el soplo de Dios

Rece el Rosario y contemple cada misterio para:
Recordar a Cristo con María  
Comprender a Cristo desde María 
Configurarse a Cristo con María 
Rogar a Cristo con María 
Anunciar a Cristo con María.

Autor: R. P. Emiliano Jiménez

Introducción

MISTERIOS DE GOZO

MISTERIOS DE LUZ

MISTERIOS DE DOLOR

MISTERIOS DE GLORIA

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Santo Rosario tomados de la mano de la Virgen María

 

INTRODUCCIÓN


"El Rosario de la Virgen María, difundido en el segundo Milenio bajo el soplo de Dios..., en su sencillez y profundidad, sigue siendo en el tercer Milenio una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad... En el Rosario, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor" (San Juan Pablo II, Rorsarium Virginis Mariae 1).

Con el trasfondo de las Avemarías, nos dice Juan Pablo II, en el rezo del Rosario pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. Los misterios -gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos- nos ponen en comunión vital con Jesús a través del corazón de su Madre. Y, al mismo tiempo que nos unimos con Cristo, el Rosario nos ayuda a sintonizar con el ritmo de la vida humana, dejando pasar por nuestro corazón la necesidades de la Iglesia, de la humanidad, de las personas a las que nos sentimos más unidas.

Recitar el Rosario es contemplar con María el rostro de Cristo. Con este texto queremos ayudar a descubrir ese rostro de Cristo, que se nos ofrece en la liturgia. Pues el Rosario "da soporte, introduce, recuerda y ayuda a vivir la Liturgia con plena participación interior, recogiendo así sus frutos en la vida cotidiana" (RVM 4).

El rezo del Rosario, en nuestra sociedad dispersiva y angustiada por tantas urgencias, exige un ritmo tranquilo, que sosiegue el espíritu del hombre y le lleve a descansar en el remanso de la contemplación. Juan Pablo II nos invitar a recorrer con María cinco pasos:

-Recordar a Cristo con María
-Comprender a Cristo desde María
-Configurarse a Cristo con María
-Rogar a Cristo con María
-Anunciar a Cristo con María.

Estas páginas no tienen otra finalidad que ayudar a vivir estas cinco cosas. A recordar a Cristo con María nos ayudan los prefacios de las fiestas marianas. A comprender a Cristo con María es a lo que nos lleva la Escritura, las lecturas de las celebraciones de la Virgen. A configurarnos con Cristo nos ayuda meditar con María la palabra recibida. Para rogar a Cristo con María nos servimos de la oración colecta de la fiesta que celebra ese misterio que meditamos. Y concluimos con una breve reflexión que nos mueva a transmitir a los demás lo contemplado: Anunciar a Cristo con María.

"Hacer memoria" con María de los misterios de Cristo significa abrirse a la gracia que Cristo nos alcanzó en ellos. Su encarnación, su vida, muerte y resurrección, al recordarlos en la liturgia, se actualizan para nosotros. El rezo del Rosario prolonga en la vida diaria la acción litúrgica. De este modo, María nos introduce gradual y progresivamente en el conocimiento de Cristo. No se trata de un conocimiento frío, intelectual, sino existencial, vivencial, que comporta la configuración con Cristo, el "tener los mismos sentimientos de Cristo" (Flp 2,5), "revestirse de Cristo" (Rm 13,14). María, figura de la Iglesia Madre, nos configura, nos modela, "nos da la forma de Cristo" (Cf Ga 4,19). Así Cristo, mediante el Espíritu, ora en nosotros. Y María, Esposa de Cristo en el Espíritu Santo, es la "ayuda adecuada" en la oración. Como dice el Catecismo: "La oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María" (CEC 2679).

El rezo de Rosario, que modela al cristiano según el corazón de Cristo, el da el impulso misionero para anuncia a Cristo con María, diciendo a todos: "Haced lo que Él os diga" (Jn 2,5)

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MISTERIOS DE GOZO1

 
1. La Encarnación del Hijo de Dios2

El primer ciclo, el de los "misterios gozosos", se caracteriza efectivamente por el gozo que produce el acontecimiento de la encarnación. Esto es evidente desde la anunciación, cuando el saludo de Gabriel a la Virgen de Nazaret se une a la invitación a la alegría mesiánica: "Alégrate, María". A este anuncio apunta toda la historia de la salvación, es más, en cierto modo, la historia misma del mundo. En efecto, si el designio del Padre es de recapitular en Cristo todas las cosas (cf. Ef 1, 10), el don divino con el que el Padre se acerca a María para hacerla Madre de su Hijo alcanza a todo el universo. A su vez, toda la humanidad está como implicada en el "fiat" con el que Ella responde prontamente a la voluntad de Dios.

Recordar a Cristo con María...

Porque la Virgen creyó el anuncio del ángel: que Cristo, por obra del Espíritu Santo, iba a hacerse hombre por salvar a los hombres; y lo llevó en sus purísimas entrañas con amor. Así, Dios cumplió sus promesas al pueblo de Israel y colmó de manera insospechada la esperanza de los otros pueblos.

Comprender a Cristo desde María...

So 3,14-15: Alégrate, hija de Sión, Yahveh está dentro de ti
1Co 15,10: Por la gracia de Dios soy lo que soy
Lc 1,2638: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

Configurarse a Cristo con María...

María es "la llena de gracia", colmada gratuitamente la gracia de su Hijo. También nosotros, junto con María "hemos recibido de su plenitud gracia tras gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo" (Jn 1,16-17). María es un icono de la gracia de Dios para todos nosotros. La gracia, presencia de Dios en ella, hace de María la Panagia, la toda santa. "El Señor está contigo", le dice el Ángel. El esplendor de la santidad de Dios se refleja plenamente en María. Así ella es la figura de la Iglesia, que según el designio de Dios es "toda gloriosa, sin mancha ni arruga o algo semejante, sino santa e inmaculada" (Ef, 5,27). María, la llena de gracia, muestra a la Iglesia, a cada cristiano, que todo comienza con la gracia, con la elección gratuita de Dios, que en Cristo se acerca a nosotros para configurarnos con Él.

Rogar a Cristo con María...

Dios todopoderoso, que, según lo anunciaste por el ángel, has querido que tu Hijo se encarnara en el seno de María, la Virgen, escucha nuestras súplicas y haz que sintamos la protección de María los que la proclamamos verdadera Madre de Dios.

Anunciar a Cristo con María...

La fe de María, en el instante de la Anunciación, es la culminación de la fe de Israel. Dios colocó a Abraham ante una promesa paradójica: una posteridad numerosa como las estrellas del cielo cuando es ya viejo y su esposa estéril. "Abraham creyó en Dios y Dios se lo reputó como justicia" (Gn 15,5). Así es como Abraham se convirtió en padre de los creyentes "porque, esperando contra toda esperanza, creyó según se le había dicho" (Rm 4,18). Como Abraham cree que Dios es capaz de conciliar la esterilidad de Sara con la maternidad, María cree que el poder divino puede conciliar la maternidad con su virginidad.

A los hombres, los mensajeros de Dios se dirigen siempre con el mismo saludo del ángel a María: "Gracia y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo. Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús, pues en El habéis sido enriquecidos en todo..., pues ya no os falta ningún don de gracia" (1Co 1,1-6). Pablo no se cansa de anunciar a los creyentes la gracia de Dios. Lo considera como la misión que le ha sido encomendada por Cristo: "dar testimonio del mensaje de la gracia de Dios" (Hch 20,24). El "Evangelio es la proclamación de la gracia de Dios" (Hch 14,3;20,32). Es su misma experiencia: "Por medio de Cristo hemos obtenido, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios" (Rm 5,2). María nos enseña a acogen a Cristo en nosotros, diciendo con ella: "He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38).


2. La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel 3

El regocijo se percibe en la escena del encuentro con Isabel, dónde la voz misma de María y la presencia de Cristo en su seno hacen "saltar de alegría" a Juan (cf. Lc 1, 44).

Recordar a Cristo con María...

Que por las palabras proféticas de Isabel, movida por el Espíritu Santo, nos manifiestas la grandeza de la Virgen María. Porque ella, por su fe en la salvación prometida, es saludada como dichosa, y por su actitud de servicio es reconocida como Madre del Señor por la madre del que le iba a preceder.


Comprender a Cristo desde María...

Ct 2,8-14: Llega mi amado, saltando sobre los montes.
Is 52,7: ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero de la buena nueva...
Lc 1,39-56: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
2S 6,2-16: María, que lleva en su seno al Mesías, es el arca de la nueva alianza

Configurarse a Cristo con María...

"El abrazo suave de la estéril y de la virgen"4 se hace canto de exultación a Dios ante la mutua experiencia de su bondad gratuita. Escuchar la voz de María es oír la voz de Cristo. Juan nunca olvido la voz que le hizo saltar de gozo en el seno de su madre. El Bautista, aún en el seno de su madre, exulta de alegría al oír la voz del Esposo de la nueva alianza, presente en el seno de María. Lo evoca más tarde: "El que tiene a la novia es el novio, pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz de novio. Esta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud" (Jn 3,29).

Rogar a Cristo con María...

Oh Dios, Salvador de los hombres, que por medio de la bienaventurada Virgen María, arca de la nueva alianza, llevaste la salvación y el gozo a la casa de Isabel, concédenos ser dóciles ala inspiración del Espíritu para poder llevar a Cristo a los hermanos y proclamar tu grandeza con nuestras alabanzas y la santidad de nuestras costumbres.

Anunciar a Cristo con María...

María nos invita a salir con urgencia a llevar el anuncio de Cristo a los demás. De forma original nos lo dice San Atanasio, patriarca de Alejandría, en este comentario del encuentro entre María e Isabel:

María saludó a Isabel: la madre del Señor saludó a la madre del siervo. La madre del Rey saludó a la del soldado. La Virgen saludó a la mujer casada. Y cuando se hubieron saludado, el Espíritu Santo, que habitaba en el seno de María, apremió al que estaba en el seno de Isabel, como quien incita al propio amigo: ¡De prisa, levántate! Sal, endereza las sendas del Mesías, para que El pueda realizar la salvación que se le ha encomendado.


3. El Nacimiento del Hijo de Dios en Belén5

La alegría, a la que invita el ángel a María, resuena en todo el evangelio de la infancia según Lucas. La resonancia de esta alegría se percibe en el saludo de María a Isabel: "Pues así que sonó la voz de tu salutación en mis oídos, exultó de gozo el niño en mi seno" (Lc 1,44). Y es un pregón de alegría el que resuena en la noche de Belén, cuando los ángeles anuncian a los pastores: "No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo: os ha nacido hoy un Salvador" (Lc 2,10).

Recordar a Cristo con María...

Porque por un admirable misterio y por un inefable designio, la santa Virgen concibió a tu Unigénito y llevó encerrado en sus entrañas al Señor del cielo. La que no conoció varón es madre, y después del parto permanece virgen. Se gozó, en efecto, de dos gracias: se admira porque concibió virgen, se alegra porque alumbró al Redentor.

Comprender a Cristo desde María...
Ga 4,4-7: Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer
Sal 21: Señor, desde el vientre materno tú eres Dios.
Lc 2,15b-19: Encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre.

Configurarse a Cristo con María...

La virginidad y maternidad están indisolublemente unidas, iluminándose mutuamente tanto en María como en la Iglesia. Tanto María como la Iglesia están virginalmente orientadas a unirse totalmente con Cristo en el Espíritu Santo, sin dejarse seducir por los ídolos o seducciones ideológicas del mundo. Por ello, ambas son fecundas, engendrando vida para el mundo. María es la puerta celestial por la que entró Dios visiblemente en este mundo. Ahí se manifiesta el título de Virgen Madre. En efecto, para engendrar a Dios en la carne, tenía que ser virgen, es decir, desposada con Dios; y como engendró a Dios en la carne, fue madre.
Romano el Melode pone en labios de María estas palabras dirigidas a su Hijo: "Tú eres mi fruto, tú eres mi vida. Por ti he sabido quién soy y que tú eres mi Dios. Por el sello inviolado de mi virginidad, yo puedo proclamar que tú eres el Verbo inmutable hecho carne"6.
Con la confesión de fe en la concepción y nacimiento virginal de Jesús, la Iglesia confiesa que Cristo, el Salvador, es puro don, irrupción gratuita de Dios. Y esto para todo cristiano. La salvación en Cristo es don y no conquista humana. Cristo es don, que se acoge en la fe, como María Virgen.

Rogar a Cristo con María...

Oh Dios, que enviaste a tu Hijo, palabra de salvación y pan de vida, desde el cielo al seno de la santa Virgen, concédenos recibir a Cristo como ella, conservando sus palabras en el corazón y celebrando con fe sus misterios.

Anunciar a Cristo con María...

Es María quien muestra a Cristo a los pastores. El Hijo de Dios, hecho hijo de María, ha asumido la condición humana. La humanidad se oculta bajo el velo de la humanidad. Los pastores encontraron a Jesús en los brazos de María y "se volvieron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído" Lc 2,20). Otros escucharon a los pastores y se maravillaron, pero ahí quedó todo: "escucharon la palabra, la recibieron con alegría, pero no echó raíces en ellos" (Lc 8,13). María, en cambio, "escuchó la Palabra y la conservó en su corazón bueno y recto y dio fruto con perseverancia" (Lc 8,15).San Agustín nos interroga: "¿Estás con los pastores que glorifican y alaban? ¿Estás con María que conserva y medita? ¿O estás con los que simplemente se maravillan? Son dichosos los que escuchan la palabra y la guardan".

María presenta a Cristo también a los magos, que "entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y lo adoraron postrados por tierra" (Mt 2,11). Hasta María, donde encuentran a Cristo les guía la estrella. La estrella, que les guía a Cristo, se hace imagen del caminar cristiano al encuentro con Dios. El itinerario de los magos es, pues, el símbolo de la vida cristiana como seguimiento de Cristo, como camino tras las huellas de Cristo. Quien se instala, como los sacerdotes de Jerusalén, puede conocer las profecías, pero no encuentra a Cristo. Quien se instala en la Jerusalén terrestre no subirá a la celeste. Con los magos, sin embargo, "muchos irán de oriente y de occidente a sentarse en la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos" (Mt 8,11). El creyente verá la luz de la estrella y saldrá de su casa, de su patria, y llegará "a encontrar al Niño y a María su madre".


4. La Presentación de Jesús en el Templo y purificación de Nuestra Señora7

Los dos últimos misterios, aun conservando el sabor de la alegría, anticipan indicios del drama. En efecto, la presentación en el templo, a la vez que expresa la dicha de la consagración y extasía al viejo Simeón, contiene también la profecía de que el Niño será "señal de contradicción" para Israel y de que una espada traspasará el alma de la Madre (cf. Lc 2, 34-35).

Recordar a Cristo con María...

Ésta es la Virgen Hija de Sión que, cumpliendo la ley, te presentó en el templo, gloria de tu pueblo Israel y luz de las naciones. Ésta es la Virgen puesta al servicio de la obra de la salvación, que te ofrece el Cordero sin mancha para ser inmolado en el ara de la cruz. Ésta es la Virgen Madre, gozosa de su descendencia bendita, que sufre por la profecía del anciano Simeón, pero se alegra por el pueblo que sale al encuentro del Salvador. De este modo, Señor, disponiéndolo tú, el mismo amor asocia al Hijo y a la Madre, el mismo dolor los une y una misma voluntad de agradarte los mueve.

Comprender a Cristo desde María...

Ml 3,1-4: Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.
Sal 23: El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.
Lc 2,27-35: A ti, una espada te traspasará el alma.

Configurarse a Cristo con María...

De Belén Jesús sube a Jerusalén, donde el anciano Simeón le proclama Mesías y Salvador, viendo en El la gloria del pueblo de Israel. Jesús ya en el seno de su madre comenzó la subida hacia Jerusalén y hacia el Templo. También ahora es María, la Madre, quien lleva por primera vez a Jesús a Jerusalén y al templo, para "ofrecerlo" (Lc 2,22) al Padre.

"El primogénito abre el seno materno" (Nm 3,12), permitiendo a los demás hermanos pasar por él. Jesús ha abierto el seno de la misericordia del Padre y ha pasado, el primero, a través de la muerte, dejándonos abierto el acceso al Padre. Así se ha ofrecido al Padre al ser presentado en el templo: "Por eso, al entrar en este mundo, dice: Sacrificios y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo... para hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hb 10,5.7).

Rogar a Cristo con María...

Te pedimos, Señor, que la Iglesia virgen guarde íntegra la nueva alianza del amor, e, imitando la humildad de tu esclava, que te presentó en el templo al autor de la nueva Ley, conserve sin mancha la fe, fortalezca la esperanza en el cielo, y alimente una caridad intensa.

Anunciar a Cristo con María...

Simeón, es el hombre de la esperanza, iluminado por el Espíritu Santo, revela a María el significado del rito: el primogénito es ofrecido totalmente a Dios para salvación de todos sus hermanos. Desde la Anunciación se le ha dicho a María que su hijo es el Salvador. Simeón se lo hace presente a la hora de ofrecerlo a Dios en el templo. Y además Simeón le aclara que su hijo salvará a los hombres como Siervo de Dios, que será "traspasado por nuestras culpas" (Is 53,5), de modo que también a ella "una espada le atravesará el alma". María, la mujer en enemistad desde Eva con la serpiente, se sitúa en el corazón del combate que acompañará a su Hijo, signo de contradicción: o con El o contra. San Bernardo nos invita a contemplar el alma traspasada de María, nuestra madre:

El amor de Cristo es como una flecha elegida, que no sólo hirió el alma de María, sino que la traspasó, para que en su seno virginal no quedara ni una pequeña parte vacía del amor y, así, ella amase a Dios con toda su persona y fuera realmente llena de gracia. La traspasó para llegar hasta nosotros y que todos nosotros participáramos de su amor y, así, ella se convirtiera en la madre de aquel amor del que Dios es Padre.8


5. El Niño perdido y hallado en el Templo9

Gozoso y dramático al mismo tiempo es también el episodio de Jesús de 12 años en el templo. Aparece con su sabiduría divina mientras escucha y pregunta, y ejerciendo sustancialmente el papel de quien "enseña". La revelación de su misterio de Hijo, dedicado enteramente a las cosas del Padre, anuncia aquella radicalidad evangélica que, ante las exigencias absolutas del Reino, cuestiona hasta los más profundos lazos de afecto humano. José y María mismos, sobresaltados y angustiados, "no comprendieron" sus palabras (Lc 2, 50).

Recordar a Cristo con María...

Ella, en Nazaret, al recibir con fe el anuncio del ángel, concibió en el tiempo como salvador y hermano para nosotros a tu Hijo, engendrado desde toda la eternidad. Allí, viviendo unida a su Hijo, alentó los comienzos de la Iglesia, ofreciéndonos un luminoso ejemplo de vida. Allí, la Madre, hecha discípula del Hijo, recibió las primicias del Evangelio, conservándolas en el corazón y meditándolas en su mente. Allí, la Virgen purísima, unida a José, el hombre justo, por un estrechísimo y virginal vínculo de amor, te celebró con cánticos, te adoró en silencio, te alabó con la vida y te glorificó con su trabajo.

Comprender a Cristo desde María...

Ga 4,4-7: Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer..., para que recibiéramos la filiación adoptiva
Sal 130: Guarda mi alma en la paz, junto a ti Señor
Lc 2,41-52: ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?

Configurarse a Cristo con María...

"Sus padres iban cada año a Jerusalén, por la fiesta de pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron a celebrar la fiesta" (Lc 2,41-42). Al final, Jesús "bajó con ellos a Nazaret" (v.51). Entre la subida y la bajada tiene lugar la revelación de Jesús, que llena de asombro a los que le escuchan en el templo (v.47), y a sus padres (v.48), que "no comprendieron lo que les decía" (v.50). Esta revelación está compendiada en las palabras: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" (v.49). Esta es la primera palabra de Jesús que nos ha recogido el Evangelio. Desde el comienzo Jesús pronuncia la palabra fundamental de su vida: "Mi Padre", revelando el misterio de su ser y de su misión. Su primera palabra se refiere al Padre que le ha engendrado eternamente y le ha enviado a hacerse hombre en el seno de María. También a su Padre celestial dirigirá su última palabra: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46). Y, una vez resucitado, también sobre el Padre será su última palabra: "Yo mandaré sobre vosotros el Espíritu que mi Padre ha prometido" (Lc 24,49).

Jesús recuerda a José y a María la ofrenda que han hecho de El al Padre en su primera presentación en el templo: él se debe a su Padre. Ellos "no entendieron sus palabras", pero "María las conservó en su corazón".

A través de las palabras de María oímos el eco del gemido de María Magdalena, en la mañana de Pascua: "Se han llevado a mi Señor y no sé dónde le han puesto" (Jn 20,13). Evoca también la tristeza de los discípulos, que han perdido al Maestro (Lc 24,17), a quien buscan (Lc 24,5) hasta que El se les aparece "al tercer día" (Lc 24,21). La diferencia entre María y los discípulos es que éstos son "torpes" para comprender y creer "lo que dijeron los profetas" (Lc 24,25). María, en cambio, "aunque no comprenda", "guarda la palabra en su corazón". Así, la memoria de la pérdida y encuentro del hijo a los doce años le ayuda a vivir en la esperanza, aguardando la mañana de Pascua. Ella, junto a la cruz, acepta que su Hijo ponga su relación con el Padre por encima de los vínculos familiares de la carne. Su fe, sin privarla del dolor, le permite aceptar que la "espada" anunciada le atraviese el corazón hasta la plena manifestación de la luz pascual.

Rogar a Cristo con María...

Señor, Padre santo, que, por una disposición admirable, quisiste que tu Hijo naciera de una mujer y le estuviera sometido, concédenos conocer más profundamente el misterio de la Palabra hecha carne, y llevar una vida escondida en la tierra hasta que, acompañados por la Virgen Madre, merezcamos entrar gozosos en tu casa.

Anunciar a Cristo con María...

El episodio del templo es la prefiguración de la prefiguración de la Pascua de Cristo. María, con su kénosis, nos invita a creer, celebrar y vivir el misterio pascual, el paso de la muerte a la vida. Así María es la creyente, que consiente a la palabra de Dios en la fe y se deja conducir dócilmente por ella, experimentando el misterio, que se le va aclarando progresivamente. María, guardando la palabra en su corazón, permite que ésta, como espada de doble filo, la traspase el corazón. De este modo sus pensamientos van siendo penetrados por el esplendor de esa palabra (Lc 2,35), que es luz que ilumina a las gentes (Lc 2,32). Es la figura del verdadero discípulo, que asiente a la iniciativa de Dios, dejándose plasmar por El. La Iglesia naciente se mira en ella como en un espejo para descubrir su verdadero rostro. Y así nos la ofrece a nosotros hoy.

"De este modo, dice Juan Pablo II, meditar los misterios gozosos significa adentrarse en los motivos últimos de la alegría cristiana y en su sentido más profundo. Significa fijar la mirada sobre lo concreto del misterio de la Encarnación y sobre el anuncio del misterio del dolor salvífico. María nos ayuda a aprender el secreto de la alegría cristiana, recordándonos que el cristianismo es ante todo evangelio, buena noticia, que tiene su centro o, mejor dicho, su contenido mismo, en la persona de Cristo, el Verbo hecho carne, único Salvador del mundo".

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MISTERIOS DE LUZ 10

Pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida pública de Jesús, la contemplación nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial "misterios de luz". En realidad, todo el misterio de Cristo es luz. Él es "la luz del mundo" (Jn 8, 12). Pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino (RVM 21).


1. El Bautismo de Jesús en el Jordán11

Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace "pecado" por nosotros (cf. 2 Co 5, 21), entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf. Mt 3, 17 par.), y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera.

Recordar a Cristo con María...

Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste descender tu voz desde el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús, para que los hombres reconociesen en él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres.

Comprender a Cristo desde María...

Is 42,1-4.6-7: Mirad mi siervo, en quien tengo mis complacencias
Is 12: Sacaréis agua con gozo de la fuente de la salvación
Hch 10,34-38: Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús de Nazaret
Mc 1,7-11: Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias

Configurarse a Cristo con María...

En el bautismo en el Jordán Cristo se hace pecado, cargando con nuestros pecados. En María vemos explicitada la eficacia de la obra de redención de Cristo. En ella se anticipa el triunfo de su Hijo sobre el pecado, salvación que se ofrece a cada hombre pecador en el bautismo La existencia de María, al contrario de la de todo hijo de Adán, se halla desde el primer instante bajo la gracia de Dios. Ni un momento estuvo marcada con el sello del pecado original, que está en el origen de nuestra concepción y de nuestra existencia. María es el signo de la total elección de Dios y de la entrega de todo su ser a Dios y a la lucha contra la serpiente. María, a través de su Hijo, inaugura la era del Reino de Dios, al ser totalmente salvada del pecado desde su misma concepción. María, en toda su persona, pertenece a Dios como su único Señor. Así es signo de la nueva creación que nace de lo alto, de Dios. En María vemos plenamente realizado el designio de Dios sobre nosotros. El plan del Padre estaba inscrito en el mundo mismo antes de la historia de los primeros hombres, pues todo es creado en Cristo y hacia Cristo y todo subsiste en El. María es para nosotros el espejo de la gracia bautismal.

Rogar a Cristo con María...

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia.

Anunciar a Cristo con María...

La antífona al Benedictus en las Laudes de la Epifanía, fiesta de la manifestación del Señor, canta: "Hoy, la Iglesia se ha unido a su Esposo celeste, porque Cristo, en el Jordán, la ha lavado sus pecados; los magos, cargados de presentes, acuden a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino". María nos invita a unirnos a Cristo virginalmente, con un corazón indiviso, para anunciarlo a todos los hombres como el único que sacia la sed de amor, que el hombre siente en lo interior de su ser.


2. La autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná12

Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná (cf. Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente.

Recordar a Cristo con María...

Ella, atenta con los nuevos esposos, rogó a su Hijo y mandó a los sirvientes cumplir sus mandatos: las tinajas de agua enrojecieron, los comensales se alegraron, y aquel banquete nupcial simbolizó el que Cristo ofrece a diario a su Iglesia. Este signo maravilloso anunció la llegada del tiempo mesiánico, predijo la efusión del Espíritu de santidad, y señaló de antemano la hora misteriosa en la que Cristo se adornó a sí mismo con la púrpura de la pasión y entregó su vida en la cruz por su esposa, la Iglesia.

Comprender a Cristo desde María...

Ex 19,3-8a: Haremos todo cuanto ha dicho el Señor
Sal 118: Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente
Jn 2,1-11: Haced lo que él diga

Configurarse a Cristo con María...
Iluminado por el Espíritu Santo, que conduce a los discípulos a la verdad plena (Jn 16,13), Juan nos narra el signo de las bodas de Caná, viendo la relación entre la revelación del Sinaí, Caná y la Cruz. Caná es la culminación de la revelación del Sinaí y el preludio de la revelación plena de la Pascua. En el comienzo y en el final de la obra de Cristo, está junto a Jesús su madre, la Mujer, símbolo de la Hija de Sión, la Virgen Israel, figura de la Iglesia naciente.
Juan ve en las bodas de Caná un símbolo de las bodas mesiánicas de Jesús con el nuevo pueblo de Dios, representado en María y los discípulos. Así Caná es un signo símbolo de la Nueva Alianza. María nos invita a dar nuestro sí a Cristo, el Esposo, para hacernos un solo cuerpo con él (1Co 6,15), un único espíritu (1Co 6,17).

Rogar a Cristo con María...

Señor, Padre santo, que quisiste, por disposición admirable, que la bienaventurada Virgen María estuviese presente en los misterios de nuestra salvación, concédenos, atendiendo a las palabras de la Madre de Cristo, hacer aquello que tu Hijo nos ha mandado en el Evangelio.

Anunciar a Cristo con María...

María acepta la voluntad del Hijo y se pone a su disposición, invitando a los sirvientes a hacer lo mismo: "Cuanto El os diga, hacedlo". María no sabe aún lo que El hará, ni qué sucederá, pero invita a ponerse a disposición de El. Lo que María pide a todos los discípulos de Jesús es que adopten la actitud de la alianza, la aceptación plena de su palabra, de la voluntad de Dios. Así ella mueve a los discípulos a creer en El (2,11).
La Iglesia es el sacramento de Cristo y tiene la tarea de conducir al hombre a Cristo. Icono de la Iglesia, María es pura relación a Cristo. Contemplando a María, los fieles no se detienen en ella; la imagen no forma pantalla, la madre conduce al Hijo. En Caná, María con su fe e intercesión prepara el "signo" que manifiesta la gloria de Cristo, suscitando la fe de los discípulos. En la Iglesia, María sigue siendo y haciendo lo mismo: Movida a compasión por la indigencia humana, sin vino, ella dispone el corazón de los hombres a la fe en la Palabra de Cristo y mueve a Cristo a darnos el "vino bueno" de la fiesta nupcial.


3. El anuncio de Jesús del Reino de Dios invitando a la conversión13

Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión (cf. Mc 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe (cf. Mc 2, 3-13; Lc 1, 47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia.

Recordar a Cristo con María...

Ella es la Virgen Madre, representada por la puerta oriental del templo: por ella pasó el Señor, para él sólo se abrió y permaneció intacta. Ella es la Virgen humilde, que nos abrió por su fe la puerta de la vida eterna que Eva había cerrado por su incredulidad. Ella es la Virgen suplicante, que intercede continuamente por los pecadores, para que se conviertan a su Hijo, fuente perenne de gracia y puerta del perdón siempre abierta.

Comprender a Cristo desde María...

Gn 28,10-17: No es sino la casa de Dios y la puerta del cielo
Sal 23: Elijo y consagro este templo
Mt 25,1-13: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Configurarse a Cristo con María...

María es la tierra buena, preparada por Dios, para sembrar en ella la Palabra del Reino. María acoge la Palabra con fe, diciendo constantemente en su vida: "Hágase en mí según tu palabra". María ante el anuncio de la Palabra no ha reído como Sara, no ha dudado como Zacarías: la ha acogido en la fe de Abraham. Como hija de Abraham, "no vaciló en su fe al considerar su cuerpo..., sino que, ante la promesa divina, no cedió a la duda con la incredulidad; más bien, fortalecido(a) en su fe, dio gloria a Dios, con el pleno convencimiento de que poderoso es Dios para cumplir lo prometido" (Rm 4,19-21; Lc 1,37).
María es, por tanto, la primera cristiana, la verdadera creyente que, predestinada por la gracia divina, entra en su plan de salvación por la total ofrenda de su ser, por la obediencia alegre y la plena confianza en la palabra de Dios. Así María es la bienaventurada creyente, la primera cristiana, la madre de los creyentes.


Rogar a Cristo con María...

Oh Dios, que en tu bondad has hecho a tu Hijo puerta de salvación y de vida, concédenos, por la acción previsora de la Virgen María, permanecer fieles en el amor de Cristo y que se nos abran las puertas de la Jerusalén celeste.

Anunciar a Cristo con María...

Desde el día en que aceptó ser la madre de Cristo hasta la hora de la cruz, María se ha mostrado fiel cumplidora de esa voluntad, como "sierva del Señor". Es el camino que María marca a la Iglesia para seguir a Cristo. Ella es el icono acabado de la Iglesia:

En el misterio de la Iglesia, que con razón es también llamada madre y virgen, precedió la santísima Virgen, presentándose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen como de la madre... La Iglesia contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace también madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad... y es igualmente virgen, que guarda pura e íntegramente la fe prometida al Esposo, y, a imitación de la Madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente una fe íntegra, una esperanza sólida y una caridad sincera (LG 63-64).


4. La Transfiguración del Señor 14

Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo "escuchen" (cf. Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo.

Recordar a Cristo con María...
Porque Cristo nuestro Señor reveló su gloria ante los testigos que Él escogió; y revistió con máximo esplendor su cuerpo, en todo semejante al nuestro, para quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz y anunciar que toda la Iglesia -su cuerpo- habría de participar de la gloria que tan admirablemente resplandecía en Cristo, su cabeza.

Comprender a Cristo desde María...
Dn 7,9-10.13-14: Su vestido era blanco la nieve
Sal 96: Reina el Señor, alégrese la tierra
2P 1,16-19: Nosotros escuchamos esta voz venida del cielo
Mc 9,2-10: Este es mi Hijo amado, escuchadlo

Configurarse a Cristo con María...

Para contemplar a María unida al misterio luminoso de la transfiguración podemos levantar los ojos al cielo y ver el gran signo que nos describe el Apocalipsis (Ap12). Al centro aparece una figura gloriosa: es una mujer vestida de la luz del sol, como lo está Dios mismo (Sal 104,2), apoyada sobre la luna, coronada de doce estrellas. Esta mujer evoca a la del Cantar de los Cantares: "¿Quién es ésa que surge como la aurora, bella como la luna, esplendorosa como el sol, terrible como escuadrones ordenados?" (6,10). Esta Mujer es la Madre, la Esposa, la Ciudad Santa, encinta del Mesías. Los dolores del parto aparecen en los profetas como imagen del preludio de la llegada del Mesías. Por ello, en esta Mujer, vestida del sol, encontramos un gran símbolo del misterio de María, la Virgen Madre que da a luz al Mesías.

Rogar a Cristo con María...

Dios nuestro, que en la Transfiguración gloriosa de tu Hijo unigénito fortaleciste nuestra fe con el testimonio de Moisés y Elías y nos dejaste entrever la gloria que nos espera, como hijos tuyos, concédenos seguir el Evangelio de Cristo para compartir con él la herencia de tu Reino.

Anunciar a Cristo con María...

La mujer del apocalipsis, María o la Iglesia, resplandece de luz como la luna. La luna puede ser muy hermosa. Pero su luz no le pertenece, es una luz recibida. La belleza de la luna no es más que un reflejo del esplendor del sol. Los Padres han aplicado este simbolismo a la Iglesia y a María: "hermosa como la luna" (Ct 6,10). La luz, el esplendor de la Iglesia, y de María, es gracia. En la Escritura y en la liturgia, la imagen del sol se aplica a Dios y a Cristo. El es el Sol de justicia: "Dios es luz" (1Jn 1,5) y la fuente de la luz (1Jn 1,7). La Mujer vestida del sol es la Iglesia vestida de Cristo. María no se anuncia a sí misma, siempre anuncia a Cristo. Y la Iglesia es fiel si sigue los pasos de María, iluminando a los hombres con la luz de Cristo.


5. La institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual15

Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad " hasta el extremo" (Jn 13, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio.

Recordar a Cristo con María...

Cristo nuestro Señor, verdadero y eterno sacerdote, al instituir el sacrificio perdurable se ofreció a ti como víctima salvadora, y nos mandó que lo ofreciéramos como memorial suyo. En efecto, cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos; y cuando bebemos su sangre, derramada por nosotros, quedamos limpios de nuestros pecados.

Comprender a Cristo desde María...
Ex 12,1-8.11-14: Prescripciones sobre la cena pascual
Sal 115: El cáliz de la bendición es comunión con la Sangre de Cristo
1Co 11,23-26: Cada vez que coméis este pan y bebéis de este cáliz proclamáis la muerte del Señor
Jn 13,1-5: Los amó hasta el extremo

Configurarse a Cristo con María...

La realidad profunda de la Iglesia es femenina, mariana, porque es el cuerpo de Cristo, Esposa del Cordero. María es virgen y también la Iglesia es virgen, porque sólo de Dios recibe su fuerza y fecundidad, sin confiar en el vigor "del varón". Así María es esposa y símbolo de la Iglesia esposa. María ha dado a Jesús su carne y Jesús da a la Iglesia su propia carne, haciéndose con ella una sola carne. La Eucaristía, en el corazón de la Iglesia, es este don total del Esposo a la Esposa, para hacer de nosotros carne de la carne de Dios. María es madre y símbolo de la Iglesia madre, que continuamente da la vida y el alimento de esa vida. María, desde el pesebre hasta la cruz, ha cuidado del cuerpo de Cristo y continúa este ministerio en la Iglesia

Rogar a Cristo con María...

Dios nuestro, que nos has reunido para celebrar aquella Cena en la cual tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor, concédenos alcanzar por la participación en este sacramento, la plenitud del amor y de la vida.

Anunciar a Cristo con María...

Cristo al instituir la Eucaristía ofrece a sus discípulos el pan de la vida. Este pan que no perece lo distribuye en la mesa de la palabra y en la mesa eucarística. La palabra se hace carne que nutre y guía al banquete del Reino de los cielos. María, la que acogió la palabra para que en su seno se hiciera carne, nos invita, cada vez que celebramos la Eucaristía, a escuchar la Palabra y dejarla que nos transforme en el cuerpo de Cristo. Con el "Haced lo que Él os diga", nos anuncia a Cristo Palabra y Eucaristía. Lo dice Juan Pablo II:

Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jesús. Excepto en el de Caná, en estos misterios la presencia de María queda en el trasfondo. Los Evangelios apenas insinúan su eventual presencia en algún que otro momento de la predicación de Jesús (cf. Mc 3, 31-35; Jn 2, 12) y nada dicen sobre su presencia en el Cenáculo en el momento de la institución de la Eucaristía. Pero, de algún modo, el cometido que desempeña en Caná acompaña toda la misión de Cristo. La revelación, que en el Bautismo en el Jordán proviene directamente del Padre y ha resonado en el Bautista, aparece también en labios de María en Caná y se convierte en su gran invitación materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos: "Haced lo que él os diga" (Jn 2, 5). Es una exhortación que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida pública, siendo como el telón de fondo mariano de todos los "misterios de luz".

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MISTERIOS DE DOLOR16


Los Evangelios dan gran relieve a los misterios del dolor de Cristo. La piedad cristiana, especialmente en la Cuaresma, con la práctica del "Via Crucis", se ha detenido siempre sobre cada uno de los momentos de la Pasión, intuyendo que ellos son "el culmen de la revelación del amor" y la fuente de nuestra salvación. El Rosario escoge algunos momentos de la Pasión, invitando al orante a fijar en ellos la mirada de su corazón y a revivirlos.


1. La oración de Jesús en el huerto17

El itinerario meditativo se abre con Getsemaní, donde Cristo vive un momento particularmente angustioso frente a la voluntad del Padre, contra la cual la debilidad de la carne se sentiría inclinada a rebelarse. Allí, Cristo se pone en lugar de todas las tentaciones de la humanidad y frente a todos los pecados de los hombres, para decirle al Padre: "no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc 22, 42 par.). Este "sí" suyo cambia el "no" de los progenitores en el Edén. Y cuánto le costaría esta adhesión a la voluntad del Padre se muestra en los misterios siguientes, en los que, con la flagelación, la coronación de espinas, la subida al Calvario y la muerte en cruz, se ve sumido en la mayor ignominia: "Ecce homo"
En este oprobio no sólo se revela el amor de Dios, sino el sentido mismo del hombre. "Ecce homo": quien quiera conocer al hombre, ha de saber descubrir su sentido, su raíz y su cumplimiento en Cristo, Dios que se humilla por amor "hasta la muerte y muerte de cruz" (Flp 2, 8).


Recordar a Cristo con María...
La gloriosa Virgen María, Madre de nuestro Señor, con razón es proclamada bienaventurada, porque mereció engendrar a tu Hijo en sus entrañas purísimas. Pero con mayor razón es proclamada aún más dichosa, porque, como discípula de la Palabra encarnada, buscó solícita tu voluntad y supo cumplirla fielmente.

Comprender a Cristo desde María...
Si 51,13-18.20-22: Mi corazón gozaba con la sabiduría
Sal 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Mt 12,46-50: Señalando con la mano a los discípulos, dijo: éstos son mi madre y mis hermanos

Configurarse a Cristo con María...

Juan Pablo II a lo largo de la encíclica Redemptoris Mater nos describe el itinerario de la fe de María a la luz del camino recorrido por Abraham: "La fe de Abraham constituye el inicio de la antigua alianza, la fe de María da inicio a la nueva alianza" (n.14). "La obediencia de la fe" (Rm 4,11) culmina en el monte Calvario, que recuerda el monte Moria donde sube Abraham a sacrificar a su hijo Isaac (Gn 22). El peregrinar en la fe de Abraham es la expresión del camino interior de la historia de María, la creyente: "La bienaventurada Virgen María avanzó en la peregrinación de la fe y conservó fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz" (LG 58). El "punto de partida del itinerario de María hacia Dios" fue "el fiat mediante la fe" (RM 14). "En la penumbra de la fe" (RM 14) procede toda su vida, pasando "por la fatiga del corazón", "por la noche de la fe" (n.17) hasta llegar a la gloria plena del alba de la resurrección, el día que de lejos Abraham "vio y se alegró" (Jn 8,56).

Rogar a Cristo con María...

Señor, Dios nuestro, que en la bienaventurada Virgen María nos das el modelo del discípulo fiel que cumple tu palabra, abre nuestro corazones para escuchar el mensaje de salvación que, en virtud del Espíritu Santo, ha de resonar diariamente en nosotros y producir fruto abundante.

Anunciar a Cristo con María...

María, como nos la presenta el icono de la Pistéusasa, es "la que ha creído". Y el icono bizantino de la Odigitria, "la que indica el camino", nos la muestra indicándonos el camino de la salvación a través de la "obediencia de la fe": con la mano derecha nos muestra al Niño sostenido sobre su brazo izquierdo


2. La flagelación del Señor18

Recordar a Cristo con María...

Cristo, Señor nuestro, para ser consuelo del mundo, fue concebido con gozo por la siempre Virgen María, que lo engendró en sus entrañas purísimas. Ella, junto a la cruz del Hijo, después de soportar acerbísimos dolores, fue consolada por ti con la esperanza de la resurrección. Estando en oración con los apóstoles, pidió ardientemente y esperó confiada el Espíritu del consuelo y de la paz. Y ahora, elevada al cielo, consuela con amor de madre a todos lo que la invocan con fe, hasta que amanezca el día glorioso del Señor.

Comprender a Cristo desde María...

Is 61,1-3.10-11: El Espíritu del Señor me ha enviado para vendar los corazones desgarrados
Sal-Is 12,2-6: Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación
Mt 5,1-12: Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados

Configurarse a Cristo con María...

E camino de la fe de María, como discípula de Cristo, está marcado desde el principio por el signo de la espada anunciada por Simeón y que, a lo largo de su vida, traspasará su alma. Todas las escenas en que aparece María en el evangelio de la vida pública de Jesús están marcadas por el signo de la espada. Jesús ha llevado a su madre desde la relación física con El a una relación en la fe. Jesús, con sus bruscas ( (Lc 2,50; 11,28; Jn 2,4; Mc 3,34-35) respuestas va cortando los lazos carnales, para llevar a su madre a una fe totalmente abierta al plan de Dios, su Padre.

Es el Hijo el primero en usar la espada que atraviesa el alma de María. Pero así Jesús prepara a su madre para que pueda permanecer junto a la cruz entregando al Hijo al Padre por los hombres y alumbrando a la Iglesia como madre del Cristo, Cabeza y cuerpo: "Mujer, ahí tienes a tu hijo" (Jn 19,26). Como Jesús experimenta el abandono del Padre así la madre experimenta el abandono del Hijo. Así la fe de María llega a su plenitud para poder asumir la maternidad espiritual de todos los nuevos hermanos de Jesús.

Rogar a Cristo con María...

Oh Dios, que, por medio de santa María, enviaste el consuelo a tu pueblo, Jesucristo, nuestro Señor, concédenos, por intercesión de la Virgen, estar llenos de todo consuelo para que podamos consolar a nuestros hermanos.

Anunciar a Cristo con María...

El nacimiento de Jesús no concluye en Belén, sino que los dolores de parto se prolongan durante toda la vida de María hasta dar a luz al Cristo total, cabeza y miembros. San Bernardo comenta:
El amor de Cristo es como una flecha elegida, que no sólo hirió el alma de María, sino que la traspasó, para que en su seno virginal no quedara ni una pequeña parte vacía del amor y, así, ella amase a Dios con toda su persona y fuera realmente llena de gracia. La traspasó para llegar hasta nosotros y que todos nosotros participáramos de su amor y, así, ella se convirtiera en la madre de aquel amor del que Dios es Padre.19


3. La coronación de espinas20

Recordar a Cristo con María...

Porque a Cristo, autor de la nueva Alianza, le diste por Madre y asociada a la Virgen santa María, y la hiciste primicia de tu nuevo pueblo. Pues ella, concebida sin pecado y colmada de tu gracia, es en verdad la mujer nueva y la primera discípula de la nueva Ley. Ella es la mujer alegre en tu servicio, dócil a la voz del Espíritu Santo, solícita en al fidelidad a tu Palabra. Ella es la mujer dichosa por su fe, bendita en su Hijo y ensalzada entre los humildes. Ella es la mujer fuerte en la tribulación, firme junto a la cruz del Hijo y gloriosa en su salida de este mundo.

Comprender a Cristo desde María...
Rm 5,12.17-19: Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia
Sal 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Mc 3,33-35: Quien cumpla la voluntad de Dios es mi madre

Configurarse a Cristo con María...

Ante lo que no entiende, María crucifica su razón, guarda silencio, un silencio de acogida, conservando en su corazón la palabra de Dios, que son los hechos de su Hijo. Es, a veces, un silencio doloroso, de renuncia, de abandono a los planes de Dios, el Padre de su Hijo. María fue preservada de todo pecado, pero no de "la fatiga de la fe". Si a Cristo le costó sudar sangre entrar en la voluntad del Padre, a María no se la privó del dolor, de la agonía en la peregrinación de la fe, para ser la madre, no sólo física, sino en la fe, de Jesús, "cumpliendo la voluntad de Dios" (Mc 3,33-35).

Rogar a Cristo con María...

Oh Dios, que has constituido a la Virgen María, modelada por el Espíritu Santo, en primicia de la nueva creación, concédenos abandonar nuestra antigua vida de pecado y abrazar la novedad del Evangelio, cumpliendo el mandamiento nuevo del amor.

Anunciar a Cristo con María...

Como la vida de Cristo, según el evangelio de Lucas, fue una lenta y decidida "subida a Jerusalén" (Lc 9,31), la vida de María fue igualmente un acompañar a Jesús en su camino hasta la cruz: "Mediante la fe, María está perfectamente unida a Cristo en su despojamiento. Es esta tal vez la más profunda kénosis de la fe en la historia de la humanidad" (RM 18). Esta kénosis se consumó bajo la cruz, pero comenzó mucho antes, en Nazaret y a lo largo de toda la vida pública de Jesús, en esa "peregrinación de la fe":
No es difícil notar una particular fatiga del corazón, unida a una especie de "noche de la fe" -usando una expresión de san Juan de la Cruz-, como un velo a través del cual hay que acercarse al Invisible y vivir en intimidad con el misterio. Pues de este modo María, durante muchos años, permaneció en intimidad con el misterio de su Hijo, y avanzaba en su itinerario de la fe (RM 17)21.


4. Jesús con la cruz a cuestas22

Recordar a Cristo con María...

Porque, para reformar al género humano has querido, con sabiduría infinita, que la nueva Eva estuviera junto a la cruz del nuevo Adán, a fin de que ella, que por obra del Espíritu Santo fue su Madre, por un nuevo don de tu bondad, comparta su pasión; y los dolores que no sufrió al darlo a luz, los padeciera, inmensos, al hacernos renacer para ti.

Comprender a Cristo desde María...
Rm 8,31b-39: No perdonó a su propio Hijo
Sal 17: En el peligro invoqué al Señor

Lc 23,27-31: Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?

Configurarse a Cristo con María...

Ser madre de Jesucristo implica acompañarle en su misión, participar de su misión, compartiendo sus sufrimientos, como dirá San Pablo: "Sufro en mi carne lo que falta a la Pasión de Cristo" (Col 1,24). María, como verdadera hija de Abraham, ha aceptado el sacrificio de su Hijo, el Hijo de la Promesa, pues Dios, que sustituyó la muerte de Isaac por un carnero, "no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros" (Rm 8,32), como verdadero Cordero que Dios ha provisto para que "cargue y quite el pecado del mundo" (Jn 1,29; Ap 5,6). María, pues, como hija de Abraham, acompaña a su Hijo que, cargado con la leña del sacrificio, la cruz, sube al monte Calvario. El cuchillo de Abraham, en María, se ha transformado en "una espada que le atraviesa el alma" (Lc 2,35).
Rogar a Cristo con María...

Señor, Dios nuestro, que para redimir al género humano, caído por el engaño del demonio, has asociado los dolores de la Madre a la pasión de tu Hijo, concede a tu pueblo que, despojándose de la triste herencia del pecado, se revista de la luminosa novedad de Cristo.

Anunciar a Cristo con María...

La "hora de Jesús", aún no llegada en Caná, llegado en el Calvario, cuando Jesús pasa de este mundo al Padre (Jn 13,1.19,27). Y la "hora de Jesús" es también, en cierto sentido, la hora de su Madre, pues inaugura para ella una nueva maternidad en relación a los que su Hijo rescata muriendo en la cruz. La hora de Jesús es la hora del ingreso del Hijo del hombre en la gloria del Padre (Jn 13,31-32); es también la hora en que hace hijos adoptivos a aquellos por quienes muere, los mismos a quienes declara hijos de su Madre, representados en el discípulo amado. San Ambrosio dice que "mientras los apóstoles habían huido, ella estaba junto a la cruz y contemplaba con mirada de ternura las heridas de su Hijo, porque ella no se fijaba en la muerte del Hijo sino en la salvación del mundo"23.


5. Jesús muere en la cruz 24

Recordar a Cristo con María...

Porque en tu providencia estableciste que la Madre permaneciera fiel junto a la cruz de tu Hijo, para dar cumplimiento a las antiguas figuras, y ofrecer un ejemplo nuevo de fortaleza. Ella es la Virgen santa que resplandece como nueva Eva, para que así como una mujer contribuyó a la muerte así también la mujer contribuyera a la vida. Ella es la misteriosa Madre de Sión que recibe con amor materno a los hombres dispersos, reunidos por la muerte de Cristo. Ella es el modelo de la Iglesia Esposa, que, como Virgen intrépida, sin temer las amenazas ni quebrarse en las persecuciones, guarda íntegra la fidelidad prometida al Esposo.

Comprender a Cristo desde María...

Jd 13,17-20: Vengaste nuestra ruina, en presencia de nuestro Dios
Sal 144: El Señor es cariñoso con todas sus criaturas
Jn 19,25-27: Junto a la cruz de Jesús estaba su madre

Configurarse a Cristo con María...

María ofreció a su Hijo ya en el templo25, con un ofrecimiento que llega a su culminación en el Calvario. Jesús es el primogénito ofrecido como Isaac pero no perdonado. Todo primogénito de Israel es rescatado de la muerte, como lo fueron en Egipto cuando murieron los primogénitos egipcios. Pero Jesús, el Primogénito del Padre, no fue liberado de la muerte, pues fue ésta la que nos ha liberado a todos de la muerte. Y María, no sólo se somete a las leyes que mandan la oblación del primogénito (Ex 13,11-16) y la purificación de la madre (Lv 12,6-8), sino que se nos presenta como tipo de la aceptación y de la oblación: acoge al Hijo del Padre para ofrecerlo por nosotros.

Rogar a Cristo con María...

Señor, Dios nuestro, por un designio misterioso de tu providencia completas lo que falta a la pasión de Cristo con las infinitas penas de la vida de sus miembros; concédenos que, a imitación de la Virgen María dolorosa que estuvo junto a la cruz de su Hijo moribundo, así nosotros permanezcamos junto a los hermanos que sufren para darles consuelo y amor.

Anunciar a Cristo con María...

Abraham sube al monte con Isaac, su único hijo, y vuelve con todos nosotros, según se le dice: "Por no haberme negado a tu único hijo, mira las estrellas del cielo, cuéntalas si puedes, así de numerosa será tu descendencia". La Virgen María sube al Monte con Jesús, su Hijo, y desciende con todos nosotros, porque desde la cruz Cristo le dice: "He ahí a tu hijo" y, en Juan, nos señala a nosotros, los discípulos por quienes El entrega su vida. María, acompañando a su Hijo a la Pasión, nos ha recuperado a nosotros los pecadores como hijos, pues estaba viviendo en su alma la misión de Cristo, que era salvarnos a nosotros.

Los misterios de dolor llevan el creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora.

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MISTERIOS DE GLORIA26


La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado!


1. La Resurrección del Señor27

Contemplando al Resucitado, el cristiano "descubre de nuevo las razones de la propia fe" (cf. 1 Co 15, 14), y revive la alegría no solamente de aquellos a los que Cristo se manifestó -los Apóstoles, la Magdalena, los discípulos de Emaús-, sino también el "gozo de María", que experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado.

Recordar a Cristo con María...

Porque en la resurrección de Jesucristo, tu Hijo, colmaste de alegría a la santísima Virgen y premiaste maravillosamente su fe: ella había concebido al Hijo creyendo, y creyendo esperó su resurrección; fuerte en la fe contempló de antemano el día de la luz y de la vida, en el que, desvanecida la noche de la muerte, el mundo entero saltaría de gozo y la Iglesia naciente, al ver de nuevo a su Señor inmortal, se alegraría entusiasmada.

Comprender a Cristo desde María...

Ap 21,1-5a: Vi la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo
Sal-Is 61,10s; 62,2s: Tú, María, eres la ciudad de Dios en que habita la Justicia
Mt 28,1-10: Decid a sus discípulos que ha resucitado

Configurarse a Cristo con María...

A María se la menciona "junto a la cruz de su Hijo", pero no se la menciona en la resurrección. ¿Ha vivido María sólo mitad del misterio pascual de Cristo, que lo componen la muerte y la resurrección? Quien habla de María junto a la cruz es el evangelio de Juan. Y para Juan van unidas muerte y resurrección, cruz y exaltación: es el triunfo del amor sobre la muerte. El momento de la muerte es el momento en que se revela plenamente la gloria de Cristo. En el momento en que en el templo de Jerusalén se inmolaban los corderos pascuales, Jesús está ofreciéndose en la cruz como el Cordero pascual, que anula todos los sacrificios, inaugurando con su pascua la nueva alianza. Es el momento en que todo llega a "su cumplimiento". La muerte de Cristo es la victoria sobre la muerte. Así, pues, colocando a María junto a la cruz de su Hijo, Juan la sitúa en el corazón del misterio pascual.

Rogar a Cristo con María...

Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, llegar a alcanzar los gozos eternos.

Anunciar a Cristo con María...

Bajo la cruz, María ha experimentado los dolores de la mujer cuando da a luz (Jn 16,21). La "hora" de Jesús es la hora de María, "la mujer encinta que grita por los dolores del parto" (Ap 12,1). María, la madre de Cristo, es constituida madre de los discípulos de Cristo al acogernos como hermanos de Jesucristo, es decir, cuando con la resurrección Cristo es constituido "primogénito entre muchos hermanos" (Cf Col 1,18; Ap 1,5). Haciéndonos hijos adoptivos del Padre, nos ha entregado como hijos también a su madre: "He ahí a tu hijo".
San Ambrosio nos dice: "Que Cristo, desde lo alto de la cruz, pueda decir también a cada uno de vosotros: he ahí a tu madre. Que pueda decir también a la Iglesia: he ahí a tu hijo. Comenzaréis a ser hijos de la Iglesia cuando veáis a Cristo triunfante en la Cruz"28.


2. La Ascensión del Señor 29

El Rosario ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión.

Recordar a Cristo con María...

Porque el Señor Jesús, rey de la gloria, triunfador del pecado y de la muerte, ante la admiración de los ángeles, ascendió a lo más alto de los cielos, como mediador entre Dios y los hombres, juez del mundo y Señor de los espíritus celestiales. No se fue para alejarse de nuestra pequeñez, sino para que pusiéramos nuestra esperanza en llegar, como miembros suyos, a donde Él, nuestra cabeza y principio, nos ha precedido.

Comprender a Cristo desde María...
Hch 1,1-11: Se fue elevando a la vista de sus apóstoles
Sal 46: Dios asciende a su trono entre clamores de júbilo
Ef 1,17-23: Lo hizo sentar a su derecha en el cielo
Mt 28,16-20: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra

Configurarse a Cristo con María...

María y el discípulo amado, al pie de la cruz, con la mirada fija en el costado abierto de Jesús, forman conjuntamente la imagen de la Iglesia-Esposa, que contempla al Esposo, "levantado de la tierra, atrayendo a todos hacia El" (Jn 12,32). La vida profunda de Jesús, la vida de su corazón, simbolizada por el agua del Espíritu que sale de su costado, se convierte en la vida de la Iglesia. Así la Iglesia, como repiten los Padres, nació del costado traspasado de Jesús. María con su fe y con su mirada fija en la llaga del costado de Jesús invita a los creyentes, sus hijos, a acercarse al corazón de Jesús, donde la Iglesia habita en su misterio: "Cuando abrieron su corazón, ya había El preparado la morada, y abrió la puerta a su Esposa. Así, gracias a El, pudo ella entrar y pudo El acogerla. Así pudo ella habitar en El y El en ella"30.

Rogar a Cristo con María...

Llena, Señor, nuestro corazón de gratitud y de alegría por la gloriosa ascensión de tu Hijo, ya que su triunfo es también nuestra victoria, pues a donde llegó él, nuestra cabeza, tenemos la esperanza cierta de llegar nosotros que somos su cuerpo.

Anunciar a Cristo con María...

María cumple su misión como madre de todos los discípulos de Cristo, llevándonos a Cristo. Juan concluye su evangelio, diciéndonos: "Ellos miraban al que traspasaron" (19,31-37). ¿Quienes son los que miran? Los que están presentes al pie de la cruz: María y el discípulo, y con ellos todos los discípulos, toda la Iglesia. En esa mirada de María y de los discípulos al costado abierto de Jesús, la madre de Jesús ejerce su misión de madre. Como en Caná dice a los sirvientes que hagan todo lo que El les diga, orientándolos hacia Jesús, también ahora invita a mirar el costado abierto de su Hijo. El discípulo fija la mirada en el corazón de Jesús gracias a la mirada de la madre, que orienta siempre a los discípulos hacia el Hijo.


3. La Venida del Espíritu Santo31

En el centro de este itinerario de gloria del Hijo y de la Madre, el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso, Pentecostés, que muestra el rostro de la Iglesia como una familia reunida con María, avivada por la efusión impetuosa del Espíritu y dispuesta para la misión evangelizadora. La contemplación de éste, como de los otros misterios gloriosos, ha de llevar a los creyentes a tomar conciencia cada vez más viva de su nueva vida en Cristo, en el seno de la Iglesia; una vida cuyo gran "icono" es la escena de Pentecostés.

Recordar a Cristo con María...

Porque nos has dado en la Iglesia primitiva un ejemplo de oración y de unidad admirables: la Madre de Jesús, orando con los apóstoles. La que esperó en oración la venida de Cristo invoca al Defensor prometido con ruegos ardientes; y quien en la encarnación de la Palabra fue cubierta con la sombra del Espíritu, de nuevo es colmada de gracia por el Don divino en el nacimiento de tu nuevo pueblo. Por eso la santísima Virgen María, vigilante en la oración y fervorosa en la caridad, es figura de la Iglesia que, enriquecida con los dones del Espíritu, aguarda expectante la segunda venida de Cristo.

Comprender a Cristo desde María...

Hch 1,6-14: Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza
Sal 86: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Lc 8,19-21: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen

Configurarse a Cristo con María...

Después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, se reúnen en torno a su Madre los que representaban a la familia de Jesús según la carne, "los hermanos", y los que representaban la familia en la fe, "los discípulos y las mujeres que le seguían". María, fiel a Cristo hasta la cruz, participa de su gloria, viendo reunidos en torno a ella a los rescatados por su Hijo. Su gloria es su nueva maternidad. Esta es la última imagen de María que nos ofrece la Escritura en su vida terrena: María, la madre de Jesús, en medio de los discípulos constantes en la oración. Es la presencia orante en el corazón de la Iglesia naciente. El Vaticano II une el momento de la Anunciación y el de Pentecostés, diciendo:

Como quiera que plugo a Dios no manifestar solemnemente el sacramento de la salvación humana antes de derramar el Espíritu prometido por Cristo, vemos a los apóstoles perseverar unánimemente en la oración, con las mujeres y María la Madre de Jesús y los hermanos de Este (Hch 1,14); y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación (LG 59).

Rogar a Cristo con María...

Señor, Dios nuestro, que colmaste de los dones del Espíritu Santo a la Virgen María en oración con los apóstoles, concédenos, por su intercesión, perseverar en la oración en común, llenos del mismo Espíritu, y llevar a nuestros hermanos el Evangelio de la salvación.

Anunciar a Cristo con María...

Se ha dicho del Espíritu que es la humildad de Dios. El está en total referencia a otros: al Padre, del cual él es el Espíritu de paternidad; y al Hijo, del cual él es el Espíritu de filiación. No es el amante ni el amado, él es el amor, el lazo que une al Padre y al Hijo. María, invadida por el Espíritu Santo, vive como él en referencia al Padre, por quien ella es madre; y en referencia a Cristo, del cual es madre. Pero la humildad es siempre exaltada. El Espíritu, que es la humildad de Dios, es también su gloria, llamado "Espíritu de gloria" (1P 4,14). En él brilla la inmensa grandeza de Dios, su amor ilimitado. También María, en su humildad, es vestida del sol. "El Espíritu Santo, que por su poder cubrió con su sombra el cuerpo virginal de María, dando en ella inicio a la divina maternidad, al mismo tiempo hizo su corazón perfectamente obediente a aquella autocomunicación de Dios, que superaba todo pensamiento y toda capacidad del hombre"32. El Espíritu Santo es, en María, el sello del amor personal del Padre y del Hijo.


4. La Asunción de Nuestra Señora33

A esta gloria, que con la Ascensión pone a Cristo a la derecha del Padre, sería elevada Ella misma con la Asunción, anticipando así, por especialísimo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la resurrección de la carne.

Recordar a Cristo con María...

Porque ha sido llevada al cielo la Virgen Madre de Dios, figura y primicia de la Iglesia, garantía de consuelo y esperanza para tu pueblo, todavía peregrino en la tierra. Con razón no permitiste, Señor, que conociera la corrupción del sepulcro aquella que, de un modo inefable, dio vida en su seno y carne de su carne al autor de la vida.

Comprender a Cristo desde María...

1Cro 15,3s.15s; 161s: Introdujeron el arca de la alianza y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado
Sal 131: Ven, Señor, a tu morada
1Co 15,54-57: Nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo
Lc 11,27s: ¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno!

Configurarse a Cristo con María...

En María tenemos el primer testimonio de la victoria de su Hijo sobre la muerte. Con su asunción al cielo en cuerpo y alma, María es la primera testigo viviente de la resurrección. En su persona misma, María nos testimonia que el reino de Dios ha llegado ya. Ella proclama el triunfo de la obra salvadora del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En el "cielo aparece como signo" de esta victoria para toda la Iglesia. La asunción de la bienaventurada Virgen en cuerpo y alma al cielo afirma sobre María aquello que confesamos para nosotros en la fórmula de fe del símbolo apostólico: la resurrección de la carne y la vida eterna. San Juan Damasceno en una homilía sobre la Dormición de María imagina así la sepultura de la Virgen: "La comunidad de los apóstoles, transportando sobre sus espaldas a ti, que eres el arca verdadera del Señor, como en otro tiempo los sacerdotes transportaban el arca simbólica, te depositaron en la tumba, a través de la cual, como a través del Jordán, te condujeron a la verdadera tierra prometida, a la Jerusalén de arriba, madre de todos los creyentes, cuyo arquitecto es Dios".

María es el icono escatológico de la Iglesia, el signo de lo que toda la Iglesia llegará a ser: "La Madre de Jesús, de la misma manera que ya glorificada en los cielos en cuerpo y alma es la imagen y principio de la Iglesia que ha de ser consumada en el siglo futuro, así en esta tierra, hasta que llegue el día del Señor (2P 3,10), antecede con su luz al pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y de consuelo" (LG 68). Contemplando a María asunta al cielo, la Iglesia marcha hacia la Parusía, hacia la gloria donde la ha precedido su primer miembro. La Iglesia sabe que, acogiendo al Espíritu como María, se cumplirá en ella todo lo que se le ha prometido, y que en ella no ha hecho más que iniciarse, pero que lo contempla ya realizado en María, la Esposa de las bodas eternas. Y mientras peregrinamos por este mundo, María nos acompaña en el camino de la fe con corazón materno. Como dice un prefacio del Misal: "desde su asunción a los cielos, María acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina y protege sus pasos hacia la patria celeste, hasta la venida gloriosa del Señor".

Rogar a Cristo con María...

Dios nuestro, que recompensaste la profunda humildad de la Virgen María con la sublime dignidad de ser la Madre de tu Hijo, concédenos por sus méritos, aprovechar la gracia de la redención y recibir de ti la recompensa del cielo.

Anunciar a Cristo con María...

La Iglesia contempla a María "como purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser" (SC 103; MC 22). María es el inicio, el germen y la forma perfecta de la Iglesia; en ella se encuentra todo lo que el Espíritu derramará sobre la Iglesia. En María se celebra la promesa y la anticipación del triunfo de la Iglesia. De este modo, María "no eclipsa la gloria de todos los santos como el sol, al levantarse la aurora, hace desaparecer las estrellas", como se lamentaba santa Teresa de Lisieux de las presentaciones de la Virgen. Al contrario, la Virgen María "supera y adorna" a todos los miembros de la Iglesia34.

María es la garantía de lo que todos esperamos. La Asunción es una profecía para nosotros. Después de Pentecostés María no sale, como los apóstoles, a predicar, pero con su Asunción proclama y testimonia el anuncio de todos los apóstoles: que la muerte ha sido vencida por el poder de Cristo resucitado: "Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido devorada en la victoria" (1Co 15,54).


5. La Coronación de María Santísima35

Al fin, coronada de gloria -como aparece en el último misterio glorioso-, María resplandece como Reina de los Ángeles y los Santos, anticipación y culmen de la condición escatológica de  la Iglesia.

Recordar a Cristo con María...

Porque, con tu misericordia y tu justicia dispersas a los soberbios y enalteces a los humildes. A tu Hijo, que voluntariamente se rebajó hasta la muerte de cruz, lo coronaste de gloria y lo sentaste a tu derecha, como Rey de reyes y Señor de señores; y a la Virgen, que quiso llamarse tu esclava y soportó pacientemente la ignominia de la cruz de tu Hijo, la exaltaste sobre los coros de los ángeles, para que reine gloriosamente con él, intercediendo por todos los hombres como abogada de la gracia y reina del universo.

Comprender a Cristo desde María...
Is 9,1-3.5s: Su principado no tendrá límites
Sal 44: Escucha, hija, mira: inclina el oído
Lc 1,26-38: Aquí está la sierva del Señor

Configurarse a Cristo con María...

Como primera discípula de Cristo es también maestra, que nos enseña la fidelidad a Cristo. En la santidad de María, la Iglesia descubre la llamada de todos sus hijos a la santidad:
Mientras la Iglesia ha alcanzado en la santísima Virgen la perfección, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga (Ef 5,27), los fieles luchan todavía por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos (LG 65).
La Iglesia, contemplando la santidad de María, aprende el camino de la santidad. María testimonia a todos los cristianos la experiencia del Espíritu, que la ha colmado de gracia, les remite a Cristo, único mediador entre los hombres y el Padre, para asemejarse cada día más a su Esposo, como María se conformó a El en la fe. Mirando a María, esperanza realizada, la Iglesia aprende a vivir con los ojos puestos en las cosas de arriba, afianzándose en la certeza de los bienes futuros, sin instalarse en lo efímero y caduco de la escena de este mundo que pasa.

Rogar a Cristo con María...

Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos.

Anunciar a Cristo con María...

María, elevada al cielo es proclamada Reina del universo: "Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el curso de la vida terrena, en alma y cuerpo fue asunta a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejara más plenamente a su Hijo, Señor de los que dominan (Ap 19,16) y vencedor del pecado y de la muerte" (LG 59). En la gloria, María cumple la misión para la que toda criatura ha sido creada: ser "alabanza de la gloria" de Cristo (Ef 1,14).

La Iglesia proclama a María "reina de los patriarcas", pues es por ella por quien éstos son antepasados venerables; "reina de los profetas", pues es a su seno al que ellos anunciaron "el fruto bendito". María es la gloria de Israel y la gloria de la Iglesia. Dios, mirándola, "se acuerda de Abraham y de su descendencia para siempre" (Lc 1,55).

De este modo, los misterios gloriosos alimentan en los creyentes la "esperanza en la meta escatológica", hacia la cual se encaminan como miembros del Pueblo de Dios peregrino en la historia. Esto les impulsará necesariamente a dar un testimonio valiente de aquel "gozoso anuncio" que da sentido a toda su vida.

 



[1] RVM 20.

[2] Misas de la Virgen María (= MVM): n. 2 La Virgen María en la Anunciación del Señor.

[3] MVM: n. 3 Visitación de la Bienaventurada Virgen María.

     [4] SAN BUENAVENTURA, Lignum vitae 1,3.

[5] MVM: n. 4 Santa María, Madre de Dios.

     [6] ROMANO EL MELODE, Homilía de Navidad, II,1. Sobre la virginidad de María: CEC 496-511.

[7] MVM: n. 7 Santa María en la Presentación del Señor

     [8] SAN BERNARDO, Sermón 29 sobre el Cantar de los Cantares.

[9] MVM: n. 8 Santa María de Nazaret

[10] RVM 21.

[11] Domingo después del 6 de enero: El Bautismo del Señor.

[12] MVM: n. 9 La Virgen María de Caná”

[13] MVM: n. 46 La Virgen María, puerta del cielo

[14] Fiesta de la Transfiguración del Señor, 6 de agosto.

[15] Jueves Santo: Misa vespertina de la Cena del Señor.

[16] RVM 22.

[17] MVM: n. 10 Santa María, discípula del Señor

[18] MVM: n. 41 La Virgen María, madre del consuelo

    [19] SAN BERNARDO, Sermón 29 sobre el Cantar de los Cantares.

[20] MVM: n. 20 Santa María, la nueva mujer

     [21] SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida del Monte Carmelo L.II, cap. 3,4-6.

[22] MVM: n. 12 La Virgen María junto a la cruz del Señor (II).

     [23] SAN AMBROSIO, Expositio in Lucam 10,132.

[24] MVM: n. 11 La Virgen María junto a la cruz del Señor (I).

     [25] El verbo presentar (parastesai, poner delante) que usa Lc 2,22, es un verbo litúrgico-sacrificial; se usa para indicar la presentación de las ofrendas para el sacrificio.

[26] RVM 23.

[27] MVM: n. 15 La Virgen María en la resurrección del Señor.

     [28] SAN AMBROSIO, In Lucam VII,5: PL 15,1787.

[29] Solemnidad de la Ascensión del Señor.

     [30] Anónimo del siglo XVI.

[31] MVM: n. 17 La Virgen María del cenáculo

     [32] JUAN PABLO II, Dominum et Vivificantem, n.51.

[33] Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María

     [34] SAN BUENAVENTURA, De nativitate B.M.V., sermo 3.

[35] MVM: n. 29 La Virgen María, reina del universo

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