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Cuadro de texto: Si no encuentra lo que busca envíe un mensaje a los MSC.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 








 

 

 

Catequesis
sobre Jesucristo y su Reino (1997)

 Reuniones con Lecturas, Catequesis,
Oraciones y diálogo en grupos.

 

 

INDICE

El Reino de Dios está llegando.  Convertíos y creed en el Evangelio.

Convertíos al don de libertad y comunión.

Palabras  y signos del Reino

Jesucristo,  el Hijo de Dios hecho hombre

Obediente hasta la muerte de Cruz

Jesucristo revelador del hombre.  Principio y fin de la creación.

 

 

 

El Reino de Dios está llegando. 
 
Convertíos y creed en el Evangelio.

 

 

SEÑOR, TÚ ME SONDEAS

 

Señor, tú me sondeas y me conoces,

conoces cuando me siento y me levanto,

de lejos penetras mis pensamientos,

conoces mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi boca

y tú, Señor, ya te la sabes toda;

me aprietas por detrás y por delante,

me cubres con tu palma.

Todas mis sendas te son familiares.

Palabra de Dios

 

 

Lectura del profeta Isaías. 55, 1-3. 6-9.

 

Esto dice el Señor: Oíd, sedientos todos, acudid por agua también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor.

 

Salmo Responsorial. Isaías 12, 2-6

 

Si el Señor es mi luz y mi salvación,

Si el Señor es la defensa de mi vida,

Si el Señor es mi luz, ¿a quién temeré?

¿Quién me hará temblar?

El es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,

porque mi fuerza y mi poder es el Señor,

el fue mi salvación.

Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

Aquel día diréis:

"Dad gracias al Señor, invocad su nombre,

contad a los pueblos sus hazañas,

proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,

anunciadlas a toda la tierra;

gritad jubilosos, habitantes de Sión:

"Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel".

Si el Señor es mi luz y mi salvación,

Si el Señor es la defensa de mi vida,

Si el Señor es mi luz, ¿a quién temeré?

¿Quién me hará temblar?

 

 

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 4, 8-10. 14-16.

 

Queridos hermanos: Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo, como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

 

 

PERMANECED UNIDOS EN MI AMOR

 

Seguid unidos a mí y unidos siempre en mi amor,

y en la alabanza tendréis cantando al Padre un solo corazón

Permaneced unidos en mi amor como el sarmiento está unido a la vid.

Os mostraré mis caminos, os daré mi paz

y mi Espíritu os acompañará.

Permaneced unidos en mi amor, un solo cuerpo, una sola luz,

que alumbrará a todo corazón que necesite de mi amor.

Somos un solo cuerpo, y Jesús es la cabeza.

El ama a todos sus miembros sin importarle su pobreza.

 

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 14-18

 

En aquel tiempo, cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia".

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando la red en el lago. Jesús les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

 

Catequesis

 

¿Por qué estás aquí? Estás aquí porque el Señor te llama. Él, que te ama más que nadie, te ha traído aquí hoy, para mostrarte su amor, para regalarte su luz, para darte su paz.

El Señor te invita a descansar en Él. No importa ahora los problemas que tengas, las preocupaciones que te agobien, las dudas que te asalten… Sólo importa el amor que Dios te tiene. Sólo importa la historia de amor que Dios quiere vivir contigo. Por eso, ¡no te preocupes! ¡Descansa en el amor de Dios! ¡Él lleva tu vida! Él sabe lo que necesitas en cada momento. Y Él te dará lo que realmente te hace falta.

La fe no es una teoría. La fe es una vida, una historia de amor entre Dios y nosotros, entre Dios y tú. Dios te ama, Dios te busca desde toda la eternidad, quiere vivir una historia contigo, una historia de amor y de salvación.

Esta es la radical diferencia entre el cristianismo y las demás religiones: aquí no sólo eres tú quien busca a Dios: es Dios mismo quien te busca a ti. Es Dios mismo quien ha venido en persona -en Jesucristo- a hablarte al corazón y a mostrarte el camino de la vida.

Esto es un misterio que nunca comprenderás. Pero no importa. A Dios no se le estudia: a Dios se le ama. Y la fe, misterio de amor, es un don que has de pedir al Señor. El Señor sólo se revela a los pobres, a los pequeños.

¿Qué es para tí el cristianismo? ¿Una doctrina, una moral, unos ritos…? No. Es mucho más que todo eso. El cristianismo es, fundamentalmente, una Buena Noticia, la buena noticia del amor de Dios.

Jesús se presenta ante los hombres como el mensajero de un acontecimiento presente, que acaba de comenzar y está en pleno desarrollo: el Reino de Dios está aquí. Esta es la buena noticia. Dios no se ha olvidado de su pueblo: Dios cumple sus promesas. Dios que había prometido guiar a su pueblo, Dios que había anunciado la salvación de su pueblo cumple sus promesas. Esta es la Buena Noticia.

Esta es la Buena Noticia: Dios no se ha olvidado de tí. Dios, que te ama desde toda la eternidad, te busca para hacer contigo obras grandes.

Dios se ha hecho hombre en Jesucristo para rescatarte de la muerte, para salvarte del pecado, para darte la plenitud de la vida. Mira tu vida. ¿Te das cuenta de que no acabas de ser feliz porque muchas veces eres esclavo?

 

Esclavo:

 

· del dinero

· del poder, de dominar a los demás y servirte de ellos

· de tu imagen, de tu look, de caer bien a los demás

· de tu prestigio, de tus notas

· de tu afectividad, de tener que sentirte querido

· de tu egoísmo

· …del pecado

 

Esta es tu esclavitud. Estas son las ataduras que no te dejan ser feliz. Las ataduras que te amargan y quitan la vida muchas veces…

Ante esta esclavitud puedes tener tres actitudes:

- Sentirte dios. Ser autosuficiente. Creer que lo puedes todo, que lo sabes todo, que este es el camino de la vida. Creer que tú eres el "señor" de tu vida.

- Estar ciego. No querer ver la realidad. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y hoy son muchos los que no quieren ver, los que viven en la mentira, los que se refugian en falsos paraísos (alcohol, droga, sexo, juego, imagen, diversión "desenfrenada"…). Al final encuentran que los paraísos no son más que espejismos en medio del tremendo desierto de su propio egoísmo.

- Ser humilde, sentirte pobre. Reconocer tu propia pobreza, reconocer tu impotencia. Ponerte en las manos de Dios, descubrir que tu fuerza y tu poder es el Señor y dejar que Él sea el Señor de tu vida.

Esta es la Buena Noticia: Jesús ha venido a anunciar la salvación a los pobres. A los que se sienten necesitados de Dios. Él ha venido a salvarte a tí que no puedes con tu vida, Él ha venido a ser tu luz, a ser tu camino, a darte la vida.

¿Qué has de hacer? El Reino de Dios no es un reino espectacular que se imponga por la fuerza. Es un Reino cuya única condición para entrar a formar parte de él es creer en el amor del Padre que se manifiesta en Jesús. Se entra en el reino de Dios por la humildad, por la conversión de los pecados, causa y raíz de todos los males.

Es lo único que el Señor te pide: que le abras del corazón, que le dejes entrar en tu vida, que confíes en Él, que le ames y le sigas cada día. Por ello no se impone por la fuerza. Simplemente se te ofrece como un don y se propone a tu colaboración.

Ahora bien. El Reino de Jesús no es de este mundo. No es un reino de dominación o tiranía, sino un reino de misericordia, el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz. Es el reino del amor de Dios que se hace cercano, encontradizo y presente entre los hombres.

El reino de Dios es la Buena Noticia. Jesús no sólo hace un anuncio de felicidad, sino una oferta y una proclamación. Las bienaventuranzas aseguran y conceden ya, aquí y ahora, alegría y felicidad anticipadas. Son una anticipación de lo que nos será dado en plenitud en el futuro.

Diálogo en grupos

¿Qué esperanzas y aspiraciones profundas están presentes en el corazón de los jóvenes de hoy? ¿Qué respuesta da el Evangelio de Jesús?

¿Qué "salvadores" presenta hoy nuestra sociedad? ¿En qué se diferencian de Jesucristo?

¿Tu vida, tu forma de vivir, de valorar las cosas, de enjuiciarlas, de comportarte, anuncia y hace presente el Reino de Dios? ¿Qué valores sería necesario y urgente subrayar más?

¿Cómo puedes conocer más a fondo a Jesús? ¿Qué cosas concretas -a tu alcance- te pueden ayudar?

Tu estilo de vida, ¿es una "buena noticia" para los que te rodean? ¿Qué tendrías que "poner" y qué tendrías que "quitar" para que tu estilo de vida fuera una "buena noticia" para los demás?

 

 

SE HA CUMPLIDO LA PROMESA

 

Se ha cumplido la promesa de nuestro Amigo al marchar;

no fue vana nuestra espera, con nosotros ya está,

ha llegado con su amor, con su fuerza y su poder,

y jamás imaginamos lo grandioso que iba a ser.

Aquí está, moviéndose eeee:

es un viento recio es un pueblo que se asombra.

Aquí está, moviéndose eeee:

es un fuego que se extiende, es un mar que se desborda.

Me han contado muchas cosas, muchas cosas he sabido,

he oído hablar de Él en la Iglesia desde niño.

Pero Él es más que todo eso, mucho más que todo eso,

no me bastan las palabras cuando quiero hablar de Él.

 

 

Convertíos al don de libertad y comunión.

 

COMO EL PADRE ME AMO

YO OS HE AMADO:

 

 

PERMANECED EN MI AMOR.

 

Si guardáis mis palabras

y como hermanos os amáis.

compartiréis con alegría

el don de la fraternidad.

Si os ponéis siempre en camino

sirviendo siempre a la verdad,

frutos daréis en abundancia,

mi amor se manifestará.

No veréis amor tan grande

como aquel que os mostré.

Yo doy la vida por vosotros:

amad como Yo os amé.

Si hacéis lo que os mando,

y os queréis de corazón

compartiréis mi pleno gozo

de amar como El os amó.

Palabra de Dios.

 

Lectura del profeta Ezequiel 36, 24-28

 

Esto dice el Señor: os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.

 

Salmo Responsorial. Salmo 102

 

 

La bondat i l'amor del Senyor duren per sempre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;

el rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura;

el sacia de bienes tus anhelos,

y como un águila se renueva tu juventud.

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia;

no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo;

no nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas.

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles;

porque él conoce nuestra masa,

se acuerda de que somos barro.

La bondat i l'amor del Senyor duren per sempre.

 

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 1-9

 

Entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.

 

Catequesis

 

En la primera catequesis vimos como la fe es una vida, una historia de amor entre Dios y nosotros, entre Dios y tú. Dios te ama, Dios te busca desde toda la eternidad, quiere vivir una historia de amor contigo, una historia de amor y de salvación.

El Evangelio es Buena Noticia de salvación, anuncio del amor de Dios que te reconcilia y te hace hijo suyo. Gratuita y amorosamente te invita a vivir en su compañía. La conversión, antes de ser una necesidad tuya, es una llamada amorosa de Dios Padre para que vuelvas a Él, una llamada a que vivas con Él y para Él.

Convertirte al Reino de Dios es lo mismo que comenzar a vivir como hijo de Dios, es poder volver a llamar Padre a Dios, es vivir con Él una intensa, viva y profunda relación de amor.

Creer en el Evangelio comporta aceptar y asumir la voluntad de Dios por encima de todo. Convertirse significa cambiar el modo de pensar y de vivir.

La conversión supone dejar los criterios y valores del mundo para vivir guiado únicamente por la luz de la Palabra de Dios. La conversión supone abandonar los ídolos de este mundo que te esclavizan para comenzar una vida nueva en la que Jesucristo, el más bello de los hombres, sea el único Señor y el único Maestro de tu vida. Convertirse significa tener a Cristo como el modelo de tu vida. Quien cree y se convierte se libra de falsos ídolos y se abre a una más plena comunión con Dios.

La conversión a la que llama Jesús supone renuncia, ciertamente. Pero la renuncia es la condición de la libertad verdadera, el precio de un bien superior: el Reino de Dios que es como un tesoro escondido.

Hay que elegir: o dejas que Jesucristo sea el Señor de tu vida, y entonces te conviertes en su discípulo: le amas, le escuchas, te fías de Él, le obedeces, le sigues, descansas en su voluntad... y, entonces andarás por el camino de la vida; o te empeñas en ser tú mismo tu propio dios, quieres llevar tu vida por donde te apetece, quieres seguir los criterios del mundo, no te fías de que el Evangelio sea de verdad buena noticia... y, entonces andarás por el camino de la muerte. Ese fue el pecado de Adán.

El Evangelio de Jesucristo es anuncio y tarea de libertad y liberación.

La fe en Dios, la confianza y la obediencia al Padre te hace plenamente libre. Te libera de todo aquello que te esclaviza, como vimos en la catequesis anterior:

·         Te libera de la esclavitud del dinero: La verdadera felicidad no está en el dinero y en las cosas de este mundo que nunca llenarán tu corazón, sino en Dios. Sólo Él puede llenar tu corazón. El Señor te anuncia la buena noticia de llamarte a seguirle en pobreza y te propone no buscar más que el Reino de Dios y su justicia. Te invita a confiar en Él, en su amor, en su providencia. La acumulación de riquezas y la ostentación en presencia de los pobres, la indiferencia ante ellos, supone negar a Cristo.

·         Te libera de la esclavitud del poder: la verdadera felicidad no está en dominar, sino en servir. Jesucristo, que conoce el corazón humano y fue él mismo tentado, advierte a los discípulos sobre la perversión del poder en el mundo e invita al servicio.

·         Te libera de la esclavitud de la ley: la verdadera felicidad no está en "tacañear" a Dios viviendo el Evangelio bajo mínimos, sino en entregarse generosamente a la aventura de ser santos a la que Dios te llama.

·         Te libera de la esclavitud del prestigio y de tu imagen: la verdadera felicidad no está en tener que fingir una vida irreal ante los demás para ser aceptado y querido por ellos, sino en poder descansar en el amor gratuito y generoso de Dios que te ama como eres. La felicidad no está en la mentira, sino que es la verdad la que te hace libre.

·         Te libera de tu afectividad: la verdadera felicidad no está en rodearse de "aduladores" que te halaguen el oído y te digan lo bueno y lo importante que eres; la verdadera felicidad no está en los afectos narcisistas, sino en la entrega generosa, gratuita, sin pedir nada a cambio, sino amando hasta dar la vida. Así te ama Dios.

·         Te libera de tu egoísmo: la verdadera felicidad no está en vivir pendiente de tí y en hacer que todos vivan pendientes de tí, sino en hacer la voluntad del Padre y en pasar por el mundo haciendo el bien. El que se busca a sí mismo se pierde. El que entrega su vida, la encuentra. La verdadera felicidad está en dejar que Dios sea el Señor de tu vida.

·         Te libera del pecado y de la muerte: la verdadera felicidad no está en dejarte llevar por tus instintos y tus pasiones, ni en seguir los criterios del mundo o el camino más cómodo y fácil, sino en vivir la vida nueva de los hijos de Dios, en vivir cada día con espíritu de conversión, tratando de ser fiel a Dios, tratando de vivir con el estilo de vida de Jesús, tratando de tener sus mismos sentimientos y actitudes.

·         Esta es la vida a la que Dios te llama: la vida nueva de los hijos de Dios. Para poder vivir esta vida, es fundamental que vivas diariamente de la fe. Es decir, que la fe no sea algo tangencial, exterior a tu vida, sino que la fe, la historia de amor y de salvación entre Dios y tú constituya el núcleo, el fundamento, el centro de tu vida.

·        Es fundamental que vivas la presencia y la acción de Dios en tu vida. Que vivas en comunión con Él, en permanente diálogo y relación. Que realmente puedas experimentarlo como Padre. A Dios, como a un amigo fiel, se lo puedes decir todo. Le puedes suplicar, alabar, pedir perdón y dar gracias; manifestarle la más plena confianza y la angustia al borde de la desesperación. Como se vive la fe, así es la vida de oración.

 

 

Diálogo en grupos

 

¿Qué conversión fundamental te pide el Señor a ti que quieres acoger la Buena Noticia del Evangelio del Reino de Dios y vivir según él?

¿Cuáles son las resistencias más habituales que sueles poner a la acogida del Reino de Dios y a vivir de acuerdo con Él? ¿Qué resistencias observas en tu ambiente respecto del Evangelio del Reino de Dios?

¿Qué promete y concede Jesús a los que se convierten al Evangelio y le siguen?

¿Cómo está tu relación filial con el Padre? ¿Cómo está tu vida de oración? ¿Qué cosas concretas te puedan ayudar a mejorar?

 

 

Vengo ante Ti, mi Señor

reconociendo mi culpa,

con la fe puesta en tu amor,

que tú me das como a un hijo.

Te abro mi corazón

y te ofrezco mi miseria

despojado de mis cosas

quiero llenarme de Ti.