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EXORCISMO Informe (II): ¿Y CUANDO DIOS NO LIBERA? - escrito de autores varios


 
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Observador de la Actualidad 848

Exocismos - demonios - Satanás

 

¿Por qué no pudimos expulsarlo?

- Los escépticos son un problema

- No existe el fracaso divino

- Hay trabas de origen humano

- Una revelación: Tres clases de demonios

- "No puedo irme porque Dios no me lo permite"

«¿Por qué no pudimos expulsarlo?» (Mc 9, 28)
La necesidad de la fe y de cooperar con Dios

El Evangelio de san Marcos recoge el siguiente testimonio de un fallido exorcismo por parte de los discípulos de Cristo:

«Al llegar [Jesús] a donde estaban los discípulos, vio a muchísima gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos... Él les preguntó: ‘¿Sobre qué estaban discutiendo?’. Uno de entre la gente le respondió: ‘Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le rechinan los dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no pudieron’... En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al muchacho, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca. Jesús le preguntó al padre: ‘¿Cuánto tiempo hace que está así?’. Le contestó: ‘Desde niño; y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos’. Jesús le respondió: ‘¡Qué es eso de “si puedes”! ¡Todo es posible para el que cree!’. Inmediatamente el padre del muchacho exclamó: ‘¡Creo, ayúdame porque tengo poca fe!’. Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: ‘Espíritu mudo y sordo, Yo te lo ordeno: sal de él y no vuelvas más’. El demonio gritó, sacudió violentamente al muchacho y salió de él... Cuando...quedaron solos, los discípulos le preguntaron: ‘¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?’. Jesús les respondió: Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración y el ayuno’» (Mc 9, 14-29).

Los doce Apóstoles y los 72 discípulos habían recibido del Señor el poder de expulsar demonios (cfr. Mt 10, 8; Lc 10, 17), y lo usaron tal como Cristo les enseñó. Pero he aquí que se les presenta este extraño caso en el que quedan mal ante los escribas y ante el pueblo en general. Pareciera que actuar en el Nombre de Jesús no fuera suficiente en todos los casos.

Sin embargo, Dios, al permitir tal «fracaso», lo que hace es dar esta vital enseñanza: la necesidad de cooperar con Él. Su Nombre es más que suficiente para, sin esfuerzo alguno, expulsar demonios; pero la pedagogía divina siempre ha gustado de usar la parte humana como punto de partida; así, Jesús no alimentó a los cinco mil hombres apareciendo panes y pescados de la nada, sino que esperó a que alguien cooperara con lo que tenía: sus cinco panes y sus dos pescados; tampoco hizo que el vino apareciera sin más en las bodas de Caná, sino que pidió la cooperación humana que consistió en poner el agua y realizar el trabajo de llenar con ella las tinajas; también en todos los sacramentos Dios se vale de un signo sensible con el que el hombre coopera para que el Señor actúe.

En la expulsión de demonios el Señor quiere involucrar no sólo a los directamente involucrados —exorcistas, posesos y familiares— sino a toda su Iglesia a través de oraciones y ayunos.

En el pasaje bíblico Jesús también revela otra importante cuestión: la de la fe. Es posible ser liberado del demonio con ayuda de la fe. Esto mismo lo dicen los exorcistas actuales, como el padre Gabriel Amorth, quien ha constatado que el exorcismo «será más eficaz mientras más fuerte sea la fe». El presbítero François Dermin afirma: «El exorcista no hace una oración personal sino que reza en nombre de la Iglesia. Y si la fe se vuelve débil en el interior de la Iglesia no excluyo que esto contribuya a disminuir la eficacia del mismo exorcismo. Las fórmulas sin la fe no valen nada. Pero no es solamente la fe del exorcista sino la fe de la Iglesia. Y cuando digo Iglesia no me refiero a la Iglesia institucional, que siempre ha creído y enseñado la realidad del demonio... Hablo, en cambio, de los hombres de Iglesia; no todos los sacerdotes y obispos creen en estas cosas».

Los escépticos son un problema

«Durante trescientos años la Iglesia ha abandonado los exorcismos. Los motivos son diversos...Sin embargo, en cada diócesis debe haber uno, ¡como mínimo! Pero ¿cómo los va a haber, si la gente no cree en el demonio, incluso sacerdotes y obispos?». Son palabras del padre Gabriel Amorth, quien constata que, si bien los Papas han sido muy claros recordando a todos los cristianos la existencia del demonio, no como una «personificación» del mal sino como una persona real (pero espiritual, sin cuerpo), en la práctica muchos han preferido construirse su propia fe, opuesta a la fe de la Iglesia. Y esto, por desgracia, se ha colado hasta niveles insospechados.

El 25 de noviembre de 1988, en un popular programa televisivo de Italia, un arzobispo invitado lanzó éstas respuestas en torno al ministerio del exorcismo: «¿Pero aún creen ustedes en estas cosas?», «Por principio jamás nombro exorcistas», «creo sólo en la parapsicología».

Basta con recurrir a la Biblia de América, publicada con aprobación de la CEM, para descubrir que hay sacerdotes que no creen en el diablo: en su «Vocabulario Bíblico» —preparado por Antonio G. Lamadrid, Joaquín Menchén y Miguel Salvador— se lee lo siguiente: «Demonio, demonios: Estos misteriosos personajes aparecen en la Biblia como personificación y representación del mal... Un antigua tradición pensaba que en realidad eran ángeles que habían perdido su condición de tales como castigo por haberse rebelado contra Dios... Satán significa ‘adversario’ y personifica la oposición frontal e irreductible a los planes de Dios... Cuando se desconocía el origen preciso de una enfermedad, sobre todo mental, se pensaba que el sujeto en cuestión estaba poseído por el demonio...». Según esta postura, los demonios no son ángeles rebeldes, ni pueden poseer a nadie y ni siquiera existen.

Pero, como advierte el presbítero José Antonio Fortea, «creer en Dios supone creer en lo que Él ha dicho. Y Él ha hablado de la existencia del demonio y ha advertido, al final del Padrenuestro: ‘líbranos del Mal’, que se puede traducir como ‘líbranos del Maligno’».

Cuenta el padre Francisco López Sedano, M.Sp.S., de la arquidiócesis de México: «No creía, nunca había percibido nada; entonces era un terreno que ni caso le hacía porque lo veía como teórico, fantasioso, pero no realista». Pero conoció a un sacerdote quien le hizo ver que al ser escéptico en esos terrenos iba contra la doctrina de la Iglesia y contra la enseñanza bíblica. El padre Francisco acabó por ser nombrado exorcista. Así, tras ver «casos y casos, ahora soy el primer convencido de que esto no es cuento, sino realidades muy terribles».

Otras veces el problema no radica en dudar de la existencia del demonio, sino en su poder, en lo que es capaz de hacer. Dice el padre François Dermin, italiano: «Cuando inicié el ministerio de exorcista estaba un poco perplejo sobre los maleficios, pero tuve que cambiar de idea».

Un sitio web católico de Costa Rica, http://www.diostesalvemaria.com, publica un artículo titulado «El diablo y el demonio ¿son lo mismo?». Ahí dice alegremente: «Gracias a Dios, con el avance de las ciencias bíblicas, la medicina y la psiquiatría, ya la Iglesia no habla de los demonios... y va dejando, poco a poco, su creencia en las posesiones. Para muestra un botón: El Concilio Vaticano II, en todos sus documentos, sólo menciona al Diablo tres veces y siempre en pasajes bíblicos (GS 13). El documento de Puebla no lo nombra ni una sola vez».

¿Cómo se puede derrotar a un enemigo si no se cree que exista?

Exorcismos - demonios - satanás



No existe el fracaso divino

Si hay algo que turba en serio a muchos cristianos es el hecho de tener que compaginar el triunfo de Cristo con la posibilidad de que aún hoy existan las posesiones demoniacas.

Piensan más o menos así: «Antes del sacrificio de Cristo y de su Resurrección, puede entenderse el poder de Satanás; ¡pero el Señor ya lo derrotó en la Pascua! ¿Cómo admitir entonces que los demonios aún pueden poseer a los humanos? ¡Sería como decir que Cristo fracasó!».

Pero no, Dios no fracasó. La Biblia enseña que el Señor vino «para deshacer las obras del diablo» (I Jn 3, 8); y si bien pudo realizar esto confinando ya a los demonios en el Infierno y desapareciendo todas las consecuencias del pecado (sufrimiento, enfermedad, muerte...), Él actúa de otra forma: permite que todo eso malo siga existiendo, pero saca de ello bienes incalculables. El triunfo de Cristo es tal que a los ángeles caídos «los despojó y los expuso públicamente a la burla, incorporándolos a su cortejo triunfal» (Col 2, 15); es decir, todo lo que ellos hacen repercutirá finalmente en gloria para Dios y bien para sus hijos, incluidas las posesiones demoníacas.

Hay trabas de origen humano
Existen diversas razones por las cuales algunas víctimas de las acciones extraordinarias del Maligno no logran ser liberadas.

Cuando una persona advierte que algo le ocurre, algo que no parece tener su origen en causas naturales sino preternaturales, lo más probable es que busque algún tipo de solución; pero puede encontrarse con una serie de obstáculos humanos que impidan su liberación. He aquí algunos:

1) QUE RECURRA A LA MAGIA

«Nunca será suficiente la insistencia sobre lo importante que es recurrir a los medios de Dios y no a los hechiceros, aunque se tenga la impresión de que los medios de Dios sean lentos de actuar —dice el padre Gabriel Amorth—. El recurso a los magos, a quien enmascara su forma de actuar bajo el nombre equívoco de ‘magia blanca’ (que siempre es un recurso al demonio), como quien hace otro maleficio para quitar un maleficio ya hecho, no puede sino agravar el mal.

«Si posteriormente la víctima finalmente se confía a un exorcista, además del leve mal inicial es necesario liberarlo del grave mal provocado por el mago».

2) QUE NO HALLE UN EXORCISTA

Hay diócesis que no cuentan con ningún exorcista. En las que sí los hay éstos suelen atender también a gente de otras ciudades y hasta de otros países; pero no todas las personas tienen las posibilidades de viajar para conseguir ayuda.

Sin embargo, «si un obispo, al ser requerido —advierte el padre Gabriel—, no interviene personalmente o por medio de un sacerdote delegado, comete pecado de omisión». Hay obispos que han intentado instaurar el ministerio del exorcismo en sus diócesis, pero no han hallado sacerdotes dispuestos a aceptar el cargo de exorcistas.

El padre Amorth denuncia la incongruencia de muchos sacerdotes que, por una parte, creen muy poco en la acción extraordinaria de Satanás, pero «si un obispo les propone que hagan un exorcismo, se asustan como si pensaran: ‘Si dejo al diablo en paz, él me dejará en paz. Si lo combato, él me atacará’».

Pero, «¿no es tonto temer a un vencido?», pregunta el padre Gabriel; y anima: «El sacerdote debe creer en su sacerdocio; debe creer en los poderes que el Señor le ha dado». Además revela: «Se hace rabiar más al demonio con las confesiones, es decir, arrebatándole así las almas, que exorcizar, que significa quitarle los cuerpos. Por esto un sacerdote que tiene el valor de confesar no debería tener miedo de exorcizar».


3) QUE EL EXORCISTA NO ESTÉ BIEN PREPARADO

La Biblia narra el episodio de unos exorcistas improvisados: «Algunos exorcistas ambulantes judíos hicieron la prueba de pronunciar el nombre del Señor Jesús sobre los poseídos por los malos espíritus, diciendo: ‘Yo los conjuro por ese Jesús que anuncia Pablo’... El espíritu malo les respondió: ‘Yo conozco a Jesús y sé quién es Pablo, pero ustedes, ¿quiénes son?’. Y el hombre poseído por el espíritu malo, abalanzándose sobre los exorcistas, los dominó a todos y los maltrató de tal manera que debieron escaparse de esa casa desnudos y cubiertos de heridas» (Hch 19, 113-16).

Dice el padre Gabriel: «Conozco algunos exorcistas que ni siquiera tienen el Ritual; no conocen ni las normas a seguir ni las plegarias adecuadas que se deben rezar». Hay cosas que el exorcista necesita saber; por ejemplo, que el demonio se vale de todo para no dejarse descubrir; «también durante los exorcismos trata de esconderse... Algunas veces no contesta o da respuestas tontas, no atribuibles a un espíritu inteligente, como es el demonio. En ocasiones finge que ha salido del cuerpo del poseído y que ha cesado de atormentarlo, esperando así substraer al individuo de las bendiciones del exorcista».

4) QUE SE TOMEN DEMASIADAS «PRECAUCIONES»

Aunque las posesiones son raras, hay exorcistas con una exagerada tendencia a ser «precavidos». Dice el padre Juan José Gallego, único exorcista de Cataluña, que siempre pide certificados psiquiátricos porque debe ser cauteloso. El sacerdote español Pedro Barrajón, L.C., cuenta: «A la mayoría de los que acuden a mí les aconsejo un buen psicólogo, y si esto no funciona, entonces vamos por otro camino». El problema es que, de este modo, la víctima puede pasar años antes de que encuentre verdadera ayuda. Dice el padre Amorth que «el objeto del exorcismo es doble. Se propone liberar al poseso. Pero tiene primordialmente el fin de diagnóstico; pero tal fin a menudo es ignorado. Es verdad que el exorcista, antes de proceder, interroga a la persona afectada o a familiares para verificar si existen o no las condiciones para administrar el exorcismo. Pero también es verdad que sólo mediante el exorcismo puede contar con certeza si hay o no intervención diabólica».

Señala que existe «el peligro de no saber reconocer que un exorcismo no necesario nunca ha provocado mal alguno (al principio y en casos inciertos, todos hacemos uso de exorcismos breves, dichos en voz baja, que pueden parecer bendiciones). No hemos tenido, por lo tanto, remordimientos. Y sí, por el contrario, nos hemos arrepentido de no haber sabido reconocer a un endemoniado omitiendo el exorcismo en los casos en que la presencia del diablo se evidenció más tarde».

5) QUE LA VÍCTIMA NO AYUDE EN LO QUE LE CORRESPONDE

A la persona que acude al exorcista se le pide, desde antes de comenzar el exorcismo, que tenga una conversión, que se confiese, que todos los días ore y lea el Evangelio, que acuda a Misa y comulgue; también cuando la liberación ya se logró, pues en las primeras semanas el demonio intenta regresar. Si una persona no está dispuesta a hacer su parte, especialmente dejando su estado de pecado, no tiene sentido iniciar un proceso de liberación.

Por otro lado, si bien a veces bastan exorcismos de una hora o de pocos días, otros pueden requerir varios años, incuso más de una década, por lo que el poseído suele desmoralizarse y darse por vencido; no acude a sus citas a menos que sea prácticamente obligado por sus familiare sy amigos. «He tenido casos —cuenta el padre Gabriel—de personas que, muy cerca ya de la liberación, dejaron completamente los exorcismos». Pero, «mientras que en las enfermedades el enfermo mejora progresivamente hasta sanar, aquí sucede lo contrario: lapersona atacada está cada vez peor, y cuando ya no puede más, llega el alivio». Por tanto, la perseverancia juega en la liberación un lugar muy importante.

D. R. G. B.

Exorcismos - demonios - satanás



Una revelación: Tres clases de demonios
Jesucristo hizo la siguiente revelación privada a santa Brígida de Suecia (madre de santa Catalina de Suecia) en el siglo XIV:

«Yo soy el que fui enviado a las entrañas de la Virgen por Aquel que me enviaba, tomé carne y nací.......

«Refiriéndome ahora a los posesos, digo que se admiran algunos de que el espíritu no se aparte del poseído, y en esto pueden considerar mi grandísima justicia, pues Yo no le hago mayor injuria al demonio que al ángel en el Cielo. Y pues es justicia que como una cosa viene, así se retire; y pues el espíritu llega alguna vez desde lejos, así también se retirará lentamente.

«Tres clases de demonios hay. Una es como el aire, que con facilidad se escurre, y obscurece la conciencia del hombre para que hable y haga cosas impúdicas: esta clase de espíritus malos viene fácilmente, y sale lo mismo.

«La segunda clase es como el fuego, que con la impaciencia aflige todo el cuerpo y la carne, y hace al hombre la vida tan amarga, que desearía morir más que vivir, y por impaciencia es impelido a todo lo que le sugiere aquel espíritu impuro: esta clase tan fácilmente como viene, sale, pero quedando la dolencia en el cuerpo.

«La tercera clase de demonios es como el humo, y al modo que el humo dondequiera que entra lo mancha todo y se mezcla con todas las cosas, así también esta clase de demonios se mezcla totalmente con el alma y cuerpo del hombre. Por tanto, como el humo cuando encuentra un agujero va saliendo poco a poco y desde lejos, de la misma manera este espíritu, que con las oraciones principió a salir, se irá poco a poco, hasta que el poseído se haya purificado por completo.

«Y cuando se hubieren derramado tantas lágrimas como son necesarias, y se hubieren hecho todas las abstinencias debidas, entonces saldrá del todo el mal espíritu, y el hombre se verá purificado; porque así como ese espíritu llegó paulatinamente y desde lejos, del mismo modo es justicia que se retire».

«No puedo irme porque Dios no me lo permite»

ANNELIESE MICHEL: POSESIÓN EXPIATORIA

La película El Exorcismo de Emily Rose está basada en hechos reales ocurridos en Baviera (Alemania). Una joven llamada Anneliese Michel (1952-1976) tuvo la amarga experiencia de pasar, a pesar de su buena vida espiritual, los últimos ocho años de su corta vida poseída por siete espíritus inmundos. Sus padres la llevaron a una clínica psiquiátrica, donde se le diagnosticó supuesta epilepsia; pero los largos tratamientos, en lugar de mejorarla, la empeoraron. Los demonios incluso le impedían comer. La familia al fin se convenció de que era un problema que escapaba a la ciencia, puesto que los crucifijos de la casa se volteaban solos de cabeza y las ventanas se rompían repentinamente como si alguien las golpeara. Se pidió ayuda a la Iglesia, y en septiembre de 1975, después de verificar que se trataba de una posesión, el obispo de Wurzburg, Josef Stang, asignó a los presbíteros Arnold Renz y Ernst Alt la orden de llevar a cabo el exorcismo. Las sesiones duraron unos diez meses. En ese tiempo Anneliese se encontró a través de un sueño con la Virgen María, quien le dio a elegir entre ser liberada de inmediato u ofrecer su martirio para que el mundo entendiera la existencia de los demonios y su capacidad de actuar en el mundo material. Anneliese aceptó esto último. En casos atípicos como éste, en donde la posesión no se dio por maleficio, por prácticas peligrosas o por abandono de la vida cristiana, se habla de posesión expiatoria.

ANTOINE GAY: MEDIO SIGLO CON EL DEMONIO

Antoine Gay (1790-1871) fue un francés de intensa vida cristiana que fue aceptado como hermano lego en una abadía; pero tuvo que dejar el monasterio a raíz de que fue víctima de la posesión de un demonio de nombre Isacaron.

Diversos presbíteros, obispos y médicos psiquiatras se interesaron en el caso y pudieron comprobar que se trataba de una posesión auténtica. Sin embargo, nunca se autorizó el exorcismo porque, preguntado en el nombre de la Santísima Trinidad, el demonio dijo hallarse ahí por órdenes de Dios, por lo que las autoridades eclesiásticas consideraron —acertadamente o no— que el Señor no estaría entonces de acuerdo en que se procediera al exorcismo. Así, Antoine Gay hubo de sufrir casi cincuenta años con el demonio dentro.

Mientras estuvieron certificando la posesión, los sacerdotes le hacían preguntas muy difíciles, y en Nombre de Dios el demonio Isacaron se veía obligado a admitir verdades cristianas y hasta a dar buenos consejos, y todo ello era para él motivo de tortura: «El sufrimiento más grande que Dios puede darme es ser obligado a destruir mi propio trabajo».

También decía:

«Yo digo, oh Dios de toda majestad, que Tú eres grande, que Tú eres poderoso, que Tú eres bueno, pero que Tú eres terrible para los demonios.

«¡Oh, Gran Señor, Tú no quieres destruirme, pero si yo tuviera el poder, te destruiría!

«Nosotros somos fuertes contra los débiles que están con nosotros, y somos débiles contra los fuertes que son de Dios.

«Considera al animal más grande que existe en el mar, la ballena: supón que unas moscas quieren pegarse a su cuerpo, he aquí lo que somos nosotros en relación al poder de tu Dios.

«Lo que me causa desolación es pensar que el fin de los tiempos se aproxima y que ya no podremos hacer el mal ni perder a las almas: el abismo será vuelto a cerrar sobre nosotros.

«Los impíos creen que nos dan placer pecando... ¡Infelices! No sospechan que desde ese momento nos convertimos en sus más crueles enemigos; y nos contenemos para demostrárselo después en el Infierno.

«¡Habitantes de la Tierra! Ustedes no tienen más que una cosa que temer: el pecado. El hambre, la sed, la muerte, no son nada, ¡sólo el pecado es terrible!.

«Manténganse unidos fuertemente a María, esta poderosa Reina del Cielo que es el terror de los demonios, y no pereceréis. Invoquen a menudo a san José, él... tiene un gran poder»

SUFRIMIENTOS INTERIORES DE UN ALMA REPARADORA

Hay un libro titulado Advertencias del más allá, editado por Buonaventur Meyer, que desde su aparición y hasta la fecha ha suscitado muchas oposiciones. Trata el caso de una mujer adulta que, desde los 14 años, quedó poseída por varios espíritus inmundos, los cuales, durante los exorcismos, obligados por el poder de Dios y la intervención de María Santísima, hicieron muchas revelaciones. Los opositores insisten en que, como el demonio es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8, 44), no se puede creer nada de lo que dijo.

Ahora bien, ni el demonio ni ningún santo puede venir a revelar nuevas verdades de fe, puesto que la Revelación ya ha sido completada; lo que sí puede ocurrir es que, en casos extraordinarios, se den auténticas revelaciones privadas de origen divino, con lo cual no se añade nada nuevo al depósito de la fe, sino que se confirma. Y para ello Dios puede valerse de un vivo o de un muerto, de un espíritu bueno o de uno malvado, porque hasta los demonios mismos pueden dar testimonio de Cristo: «Sé quién eres Tú: el Santo de Dios» (Lc 4, 34).

El libro, pues, recoge el caso de una mujer suiza nacida en 1937, que desde niña, tras hacer su Primera Comunión, era de Misa y Comunión diaria. Pero repentinamente, en 1915, comenzó a experimentar bruscas angustias y escrúpulos tan profundos que la torturaban y ya no la dejaron. Sin embargo, su adhesión a Dios no aminoró; al contrario, le ofreció su sufrimiento.

Un médico opinó que la causa de los males eran los dientes, así que se los extrajo todos, con lo que sólo le agravó sus padecimientos. Durante años fue tratada por la medicina, hasta que el veredicto final de la psiquiatría fue que se hallaban frente a un caso inexplicable.

Pero la Divina Providencia no la abandonó: le puso en el camino a un buen hombre que, a pesar de lo que ocurría, quiso casarse con ella. Así lo hicieron en 1962, y hasta tuvieron dos hijos.

En 1974 la Iglesia determinó que la mujer estaba poseída, sólo que en este caso en particular los demonios no se manifestaban en su vida exterior sino en su vida interior, haciéndole experimentar parte de la desesperación de los espíritus condenados al infierno.

Se le hicieron exorcismos menores, consiguiéndose una liberación temporal. En 1975 se autorizó que se le realizara el exorcismo mayor, en el cual participaron cinco presbíteros. Los espíritus inmundos fueron expulsados uno a uno, pero siempre hacían afirmaciones teológicas antes de marcharse; y decían: ««Tengo todavía que hablar...», «Yo soy obligado a decir estas cosas para ustedes y la Iglesia», «Todo lo que les revelé fue contra mi voluntad».

Algunos casos de posesión hacen pensar, pues, que Dios ha ofrecido a algunas personas la gracia de fungir como verdaderas almas reparadoras e instrumentos para dar a la Iglesia y al mundo un mensaje que no tiene sino la finalidad de redirigir a la humanidad por el camino de la conversión y la salvación.

CAUSA DE SALVACIÓN

¿Por qué permite Dios una posesión demoniaca? Responde el padre Gabriel Amorth que cuando el Señor le da permiso al demonio para atormentarnos lo hace para fortalecernos en virtud. Llegan a presentarse algunos casos en los que el exorcista, por más que insista, no logra expulsar al demonio. Dice el sacerdote: «Hay gente a la que he tratado que ahora va a Misa, reza y hace ayuno. Yo les he preguntado: ‘Si no estuvieras poseído, ¿lo harías?’. Y me responden que no. Además, pregunto a los demonios mientras hago estos exorcismos: ‘¿Por qué te empeñas en quedarte?’. Y me dicen: ‘No puedo irme porque Dios no me lo permite. Si me fuera de esta persona, se alejaría de los sacramentos, y estando así, acude a Dios y es ferviente en la oración’. Luego es posible que esa cruz sea necesaria para su salvación y la de los que comparten esa cruz con ella: su entorno, su familia y sus amigos»

 

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