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Felices los que tienen hambre y sed de la justicia, porque el Padre los saciará

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Capítulo 5: Cuarta Bienaventuranza



“Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4, 4)
“Que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” (Romanos 14, 17)

 

hambre y sed de justicia




1. ¿Qué hambre y qué sed?

1) No se trata de cualquier hambre ni de cualquier sed, sino del hambre y sed “de justicia.” Vamos a ver a qué hambre y sed se refiere Jesús durante su vida. Jesús declaró que tenía hambre de hacer la voluntad del Padre, junto al pozo de Jacob le pidió de beber a la mujer samaritana y en la Cruz gimió: tengo sed.


2. ¿Qué justicia?

2) Ni se trata de cualquier justicia sino de la “justicia de los hijos”. Es la que el Hijo”, Jesús, le enseña a practicar a los hijos. En las Bienaventuranzas y en el Sermón del Monte, la justicia de que nos habla Jesús, es la justicia que excede a la de los escribas y fariseos: "Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos." (Mateo 5,20)

3) Jesús se refiere pues a la justicia de los hijos, que da acceso al Reino del Padre. Esta justicia designa la vida en correcta relación filial respecto del Padre y fraterna respecto de los demás hijos del Padre, que son, por eso, hermanos. Se trata pues del hambre y la sed por esta justicia nueva, que Jesús viene a traer al mundo e inaugura con su vida y conducta. Se trata de un hambre de comunión filial de vida con el Padre y con el Hijo. De un hambre de caridad.

4) Acerca de esta justicia, refiriéndose a ella como la justicia del Reino de Dios, enseña también Jesús en el Sermón del Monte, contrastando dos hambres y dos necesidades, una material y otra amorosa: "No andéis pues preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer? ¿qué vamos a beber?... que por todas esas cosas se afanan los paganos. Y ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad el Reino de Dios y su justicia y todas esas cosas se os dará por añadidura." (Mateo 6,33)


3. El hambre de Jesús

5) "Después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, Jesús sintió hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: ´Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes´. Mas él respondió: ´Está escrito: No sólo de pan vive el hambre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.´" (Mateo 4,3-4)

6) Con el episodio de la tentación en el desierto Jesús nos enseña que si no miramos más allá del hambre física no vemos las verdaderas y totales dimensiones de la necesidad del hombre para ser feliz. No basta el bienestar, la saciedad física para ser feliz. Bienestar y felicidad no son lo mismo.

7) "En otra ocasión, los discípulos le rogaban, diciendo: ´Rabí, come´. Él les dijo: ´Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis´. Entonces los discípulos se decían entre sí: ´¿Le habrá traído alguien de comer?´ Jesús les dijo: ´Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y que llevar a cabo su obra.´" (Juan 4,31-35) Esta es el hambre bienaventurada de los hijos a la que se le promete que el Padre la saciará.

8) Al comienzo de la última cena, que es el memorial de su amor, Jesús confiesa: "ardientemente he deseado (epithumía epithúmêsa) comer esta pascua con vosotros antes de mi pasión". El deseo ardiente de comer con sus discípulos se refiere enseguida a un misterioso banquete celestial, que será la cita de encuentro del gran Nosotros divino-humano: "porque os digo que no lo comeré más hasta que se consume (plerôthê) en el Reino de Dios." (Lucas 22,15) El hambre y la sed de Jesús remiten al misterio del pan y del cáliz que entrega en la última cena y que significan su cuerpo y su sangre entregados por nosotros. El misterio del hambre y la sed de Jesús se expresan en la confesión de Pablo: "me amó y se entregó por mí." (Gálatas 2,20)


4. La sed de Jesús

9) El episodio de la Samaritana, junto al pozo de Jacob, contribuye a revelarnos el misterio de la sed de Jesús. Fatigado del camino, Jesús comienza pidiéndole de beber a la mujer. Pero enseguida pasa a ofrecerle un agua que quita la sed para siempre. En el Verbo hecho carne se nos revela así el misterio de la sed de Dios: sed de dar de beber, sed de calmar la sed.

10) "Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era como la hora sexta. Llegó una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: ´Dame de beber...´ La mujer samaritana le dijo:´¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?´ porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: ´Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ´Dame de beber´, tú le pedirías, y él te daría agua viva´"... Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna" (Juan 4, 6-10.13) La mujer, que no comprende las palabras de Jesús, responde: "Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed ni venga aquí a sacarla." (v. 15)

 

Hambre y sed de justicia




5. El Padre sediento de dar de beber a los sedientos

11) Para interpretar el sentido divino de esta escena hay que tener en cuenta que, en la Sagrada Escritura, los pozos son, proverbialmente, el lugar de memorables encuentros esponsales. El siervo que Abraham envía a traer esposa para Isaac, se encuentra a Rebeca junto a un pozo (Génesis 24, 11-21); Jacob encuentra a Raquel junto a un pozo (Génesis 29, 2-14) y Moisés encuentra junto a otro pozo a Séfora (Exodo 2, 16.22).

12) La Escritura compara también a la mujer amada con un pozo: "Bebe el agua de tu propia cisterna, los raudales de tu propio pozo..." ¡Sea bendito tu manantial y alégrate con la mujer de tu juventud." (Proverbios 5, 15.18) Y el cantar celebra a la amada como "fuente sellada" en un jardín cercado (Cantar 4,12); "Fuente de los huertos, pozo de agua vivas, corrientes que del Líbano fluyen." (Cantar 4,15)

13) Junto al pozo de Jacob, el Verbo eterno de Dios viene al encuentro de una humanidad que, sedienta de amor, no sabe amar, pero de cuyo amor Dios mismo está sediento y a la que quiere brindar en abundancia los torrentes del Espíritu Santo. Que esa humanidad sea representada por una mujer, una samaritana y una samaritana segregada hasta de su propia gente, expresa la misericordia con que el médico divino se inclina sobre los enfermos más necesitados: "No tienen necesidad de médico los sanos. No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores." (Marcos 2,17)

14) En la escena junto al pozo de Jacob - en efecto - Jesús se revela sediento del amor de una humanidad que no sabe amar. La mujer samaritana es representante de esa humanidad hosca, huraña y replegada sobre sí misma. Ella viene a buscar agua a la hora del rayo del sol para no encontrarse con las mujeres del pueblo, que venían tempranito con la fresca de la mañana. Ella ha tenido cinco maridos y, o no ha sabido retenerlos y la han abandonado o ella los ha abandonado uno tras otro. El que tiene actualmente se lo ha arrebatado a otra mujer, que sin duda la odia. No sólo representa a una humanidad que no sabe amar, sino que destruye amores y siembra odios y rivalidades. En asuntos de amor puede llamársela una fracasada y quizás una destructora. Es pues un digno símbolo de la humanidad herida por el pecado original, que no sabe amar y debe aprender ese arte supremo de un Maestro divino.

15) Dios Padre es Caridad. Caridad que da a su Hijo. Y la Caridad es un amor de amistad: sediento de amar y de ser correspondido. En el Padre, el deseo de ser correspondido, no proviene de una necesidad, de algo que le falte a Él. Sino del mismo dadivoso deseo de darnos el ser y de hacernos felices, pues nuestra felicidad consiste en amarlo y la suya en comunicarnos su felicidad. El Padre es feliz engendrando hijos con los que quiere llenar su casa. Nos ama y por amor a nosotros quiere que lo amemos. Es Sed deseosa de darnos de beber, porque para saciar nuestra sed nos ha creado como creaturas sedientas de su amor. "Nos has creado para ti y nuestro corazón está sediento hasta que beba en tu fuente".

16) Esta es la sed del Hijo, la que él grita muriendo en la cruz para que se cumpliera la Escritura, o sea el designio del Padre: "Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliera: ´¡Tengo sed!´" (Juan 19,28) Cumplía la voluntad del Padre de entregar a su Hijo para engendrar muchos hijos, nosotros, y éste era el cáliz que debía apurar: "Padre, si es posible pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya" (Mateo 26, 39) porque tengo sed de cumplir tu voluntad: "El cáliz que me ha destinado mi Padre ¿no lo voy a beber?" (Juan 18,11) cómo podría despreciarle esta copa de gloria, aunque terrible?

17) Y haciéndose él mismo cáliz de salvación, para saciar la sed del mundo, derrama en la cruz, por su costado abierto, sangre y agua.


6. El hambre de las muchedumbres

18) En el episodio de la primera multiplicación de los panes, Jesús se compadece de la ignorancia de la muchedumbre y les enseña largamente, mientras que los discípulos, quizás algo cansados de la larga enseñanza, empiezan a preocuparse porque la gente no tiene qué comer y los quieren mandar a comprar pan. Son dos miradas, dos misericordias sobre dos aspectos de la necesidad de la muchedumbre y dos urgencias, dos prioridades:

19) "Salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, y le dijeron: ´El lugar es desierto y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor y compren pan, pues no tienen qué comer´" (Marcos 6, 34-36)


7. Jesús no es insensible al hambre física

20) No es que Jesús sea insensible al hambre física. Cuando, por ejemplo, alrededor de la recién resucitada doceañera hija de Jairo, a causa de la sorpresa y del alborozo a nadie se le podía ocurrir pensar en eso, Jesús les llama la atención y se lo recuerda: "les dijo que le dieran a ella de comer." (Marcos 5,43) Los invitó a bajar los decibeles del asombro y a volver a una, tan santa como sensata, normalidad del desayuno, almuerzo y cena. Necesaria, por otra parte, para la convalecencia de la consumida preadolescente.

21) Y ya resucitado, mientras los discípulos levantaban las redes tras una noche de pesca infructuosa, Jesús los aguarda con una comida preparada y se divierte con la sorpresa. Desde la orilla les grita: "mijitos (paidía) ¿tienen algo de comer? Le respondieron: ¡No!" -Un no seco. Quizás algo malhumorado-. Conocemos el episodio y cómo: "al descender a tierra, vieron brasas puestas y un pescado encima de ellas, y pan." (Juan 21, 5.9)

22) No es, pues, que Jesús fuera insensible o ciego para el hambre. Con menos razón insensible para el hambre de una muchedumbre. Lo que pasa es que, Jesús se muestra en este episodio, más sensible al hambre espiritual.


8. La "compasión" inoperante de los apóstoles

23) Por otra parte, no se comprende bien que los discípulos se adelanten a representar la necesidad de la muchedumbre. La muchedumbre no le hubiera pedido permiso a Jesús para retirarse a comer, si la enseñanza de Jesús no la hubiese tenido cautivada y en vilo hasta el punto de hacerle olvidar la hora de la comida. Solitos se hubieran ido yendo, corridos por la necesidad.

24) A los apóstoles, presas de una compasión inoperante por un mal que no saben ni pueden, ni entienden que deban remediar, el hambre de la muchedumbre los preocupa, por lo visto, más que a la misma muchedumbre. Y ciertamente más que a Jesús, quien los desafía: "denles ustedes de comer". Jesús se ha vuelto loco: ¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?. No los habríamos gastado en eso ni aunque los hubiéramos tenido.

25) Es llamativo que los mismos apóstoles, en ocasión de la segunda multiplicación de los panes, opten por no mencionar las necesidades de la muchedumbre a pesar de que transcurran nada menos que ¡tres días!: "En aquellos días, como había una gran multitud y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ¿Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer; y si los envío en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos?. Sus discípulos le respondieron: ´¿De dónde podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto?´ Él les preguntó: ´¿Cuántos panes tenéis?´ Ellos dijeron: ´Siete.´ (Marcos 8, 1-5)

26) Tuvieron que ponerlos sobre la mesa, aunque pudiera ser de mala gana y el Señor les dejó una lección, que como tantas otras, tardaron muchos años y necesitaron la ayuda del Espíritu Santo para comprender: "Comieron y se saciaron; y recogieron, de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. Los que comieron eran como cuatro mil; y los despidió."(Marcos 8, 8-9)

27) Jesús les reprocha su incomprensión en estas materias: "Se habían olvidado de llevar pan, y no tenían ni un pan consigo en la barca. Y él les mandó, diciendo: ´Mirad, guardáos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes?. Discutían entre sí diciendo que no tenían panes.´ Jesús, comprendiéndolo, les dijo: ´¿porqué discutís diciendo que no tenéis panes?, ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿No recordáis? Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. ´Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis?´ Y ellos dijeron: Siete. Y les dijo: ´Cómo es que aún no entendéis?´" (Mc 8, 14.21)

28) A no dudarlo: los gestos y palabras de Jesús acerca del pan, del hambre y la comida, no son fáciles de entender y requieren una sabiduría de Hijos.

29) Sólo los Hijos pueden entender las palabras de Jesús cuando los tranquiliza: "No os angustiéis, pues, diciendo: ´¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?´, porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." (Mateo 6, 33)


9. Una comida de alianza de amistad

30) El hambre de la muchedumbre, que para los apóstoles hubiera sido motivo para desentenderse de ella y despedirla, es para Jesús ocasión de hacerse cargo de ellos y atárselos con un gesto hospitalario, con una alianza de pan y pescado salado.

31) Los Apóstoles no alcanzan a comprender el sentido de este gesto. Tampoco la muchedumbre beneficiada, que después lo busca para hacerlo rey y solamente porque les mató el hambre: "aquellos hombres, al ver la señal que Jesús había hecho, dijeron: ´Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo.´ Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerlo rey, volvió a retirarse al monte él solo." (Juan 6, 14-15)

32) No hay que extrañarse que haya todavía quien no entiende, como es el caso de algunos exegetas y predicadores tocados de racionalismo almidonado, que quieren explicar este pasaje sin milagro, y se sacan de la galera de su imaginación ingeniosas explicaciones, inequívocamente marcadas por su origen moralizante y puritano. Al estilo de "seamos solidarios y repartamos, que así alcanzará para todos."

33) Ninguna de estas clases de incomprensión le importa ni lo inhibe a Jesús. Abundan en sus parábolas sobre el banquete del Rey las alusiones y referencias a los invitados que no eran dignos. Eso no quita que para Jesús, toda comida, cualquier comida, sea algo más que consumir ración, porque está referida a una comunión de amor, divino-humana. El hombre es un peregrino a quien Dios da de comer de sus bienes terrenos, en su peregrinación hacia la patria celestial.

34) Jesús en cambio, ha visto en esa circunstancia de la desprovisión de la muchedumbre, la ocasión de sellar con ellos una alianza de hospedaje, dándoles de comer de lo poco que tienen.

35) Estaba muy extendida en oriente la costumbre y el deber sagrado de la hospitalidad. Era una verdadera institución religiosa, por la cual se pactaba con el huésped al que se le daba albergue, una alianza de amistad, una alianza fraterna. Esta alianza solía llamarse "de pan y sal", aunque pudiera ponerse en la mesa carnes, verduras y frutas para agasajar al peregrino desconocido y sellar con él un pacto de amistad. Tenemos un ejemplo de esa alianza de hospedaje en el episodio de la vida de Abraham cuando agasajó en su casa a los tres misteriosos visitantes (Génesis 18, 1-15, en especial vv. 3 -5).


10. La Promesa: Ellos serán saciados. El banquete de bodas del Hijo

36) El comer y el dar de comer, se puede vivir en forma puramente biológica y profana o por el contrario, en forma más humana, es decir: espiritual, religiosa y hasta mística. Esta bienaventuranzas nos permite ubicar estos actos cotidianos en dimensiones de comunión: solidaridad humana, comunión religiosa y eucaristía cósmica.

37) Dios da de comer a todas sus creaturas. Dios es anfitrión desde el principio. Cuando ya al tercer día de la creación hace brotar las plantas de semilla y los árboles frutales con su fruto y su semilla adentro ya está pensando en el alimento de los seres que aún no ha creado. Y ya está pensando en el trigo y el vino de la última cena.

38) La obra creadora de Dios se presenta como la preparación de un gran banquete: prepara los alimentos, ilumina el salón, llama a la existencia a los invitados, les asigna sus lugares, al sexto día les da de comer y el séptimo se reposa en su compañía. (Gn 1,11-13.29.31)

La creación es un proyecto eucarístico y apunta al banquete de la sabiduría, a la última cena y al banquete de bodas del Hijo y al banquete eterno en la casa del Padre.

No hay comida profana. Toda comida es santa, porque es recibida del amor del Padre y es anticipo del banquete celestial.
39)

Dios se muestra también nutricio en la Alianza con Noé, después del diluvio: le dispensa el alimento al hombre y los animales (Génesis 9, 1-3). También en las promesas a Abraham y a los patriarcas, a quienes les promete hijos y una tierra para alimentarlos (Gn 15, 5-7). Envía a José a Egipto para que, en su momento, acoja a sus hermanos empujados por el hambre (Gn 37-47). Da de comer a su pueblo en el desierto y lo abreva de modo milagroso (Ex 16-17). Lo introduce en una tierra que mana leche y miel y le entrega plantíos, viñedos y olivares; riega esa tierra con rocíos y lluvias y la fecunda con su bendición (Ex 3,8; Nm 13,27-28; Dt 6,10-12; 8,10-16; 11,9-15; 32,13-15).

40) El alimento es un don de Dios creador, y es una promesa y una bendición del Dios salvador. Así lo celebran especialmente los salmos: "De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; en ellos beben las fieras de los campos, el asno salvaje apaga su sed... Desde tu morada riegas los montes, y la tierra se sacia de tu acción fecundante; haces brotar la hierba para los ganados, y forraje para los que sirven al hombre. Él saca pan de los campos, y vino que le alegra el corazón y aceite que da brillo a su rostro y alimento que le da fuerzas... los leoncillos rugen por la presa, reclamando a Dios su comida... todos aguardan que les eches comida a su tiempo, se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes" (Sal 103(104),10-15.21.27-28).

Él "hace brotar hierba en los montes para los que sirven al hombre; da su alimento al ganado y a las crías de cuervo que graznan" (Sal 146(147),8-9). "Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano y sacias de bienes a todo viviente" (Sal 144(145)15-16).

41) El profeta Isaías anuncia el banquete mesiánico: "Y el Señor de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de sustanciosos tuétanos y vinos generosos" (Isaías 25,6). Dios da de comer a todos, sacia a los pobres:"¡Venid, todos los sedientos, venid a las aguas! Aunque no tengáis dinero, ¡venid, comprad y comed! ¡Venid, comprad sin dinero y sin pagar, vino y leche! ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? ¡Oídme atentamente: comed de lo mejor y se deleitará vuestra alma con manjares! Inclinad vuestro oído y venid a mí; escuchad y vivirá vuestra alma" (Isaías 55, 1-2)

42) También los sapienciales celebran el banquete de Dios: "La Sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas, mató sus víctimas, mezcló su vino y puso su mesa. Envió a sus criadas, y sobre lo más alto de la ciudad clamó, diciendo a todo ingenuo: "Ven acá", y a los insensatos: ´Venid, comed de mi pan y bebed del vino que he mezclado. Dejad vuestras ingenuidades y viviréis; y andad por el camino de la inteligencia". (Proverbios 9, 1-6)

43) Todo es imagen del banquete de Dios donde se saciarán de la alegría del Reino los que tienen hambre y sed de su justicia: "vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos" (Mateo 8, 11) "El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo una fiesta de boda a su hijo" (Mateo 22,2). "Aleluya, el Señor, nuestro Dios Todopoderoso, reina. Gocémonos, alegrémonos démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero... .El ángel me dijo: ´Escribe: ´Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero" (Apoc 19, 7.9).


Sugerencias para la oración con la cuarta Bienaventuranza

"Felices los que tienen hambre y sed de la justicia, porque el Padre los saciará”

Me pongo en oración y le pido a Jesús que me ilumine acerca de mi estado en relación con la cuarta Bienaventuranza. Le pido al Espíritu Santo que me ilumine para comprender cómo la vivió Jesús. Y le pido al Padre que me engendre a imagen y semejanza de su Hijo Jesús, para que pueda vivirla como Él la vivió y pueda entrar en el Reino de los Hijos. Pueden ayudarme algunas preguntas como las que siguen. Pero recordaré que las Bienaventuranzas no son leyes o mandamientos, ni se trata de hacer un examen moral, sino de pedir conocimiento interno de mi estado espiritual de hijo.

¿Cultivo con dedicación la comunión con el Padre como hijo suyo, saciando el hambre de caridad que tiene Él, en bien de sus mismos hijos? ¿Estoy convencido de que el auténtico amor al hermano nace de la comunión con el Padre?

¿Considero que el hambre y sed de justicia
me pide un alma misionera, que no escatima entrega en bien de las almas, gastando gozosamente mi vida en ese santo servicio?

¿Comprendo que no es lo mismo felicidad que bienestar? ¿Estoy persuadido de que el bienestar es el objetivo de la carne y de una sociedad de consumo, hedonista, mientras que la felicidad brota de la caridad filial, de los que se acogen a las promesas del Padre en sus bienaventuranzas? ¿Enseño eso a mis hijos, mis amigos, hermanos de comunidad, grupo apostólico, etc.?

¿Abro mi corazón a experimentar ese deseo
del Padre de tener su casa llena de hijos, comprados al precio de la sangre de su Unigénito, casa donde todo es pureza, alabanza, gratitud, comunión infinita y permanencia eterna en Él? ¿Comprendo por qué apremia mi espíritu misionero y ante todo, mi propia santificación?

¿Me ocupo de los hambrientos y sedientos de Dios, que son más de lo que imagino? ¿Me ocupo también de la caridad para con los necesitados que puedo socorrer en sus necesidades físicas, existenciales?

¿Qué cuestionamiento me hace el Señor con esta bienaventuranza en lo que se relaciona con mis posesiones muchas o pocas valiosas o no? ¿Cómo aligerar la barca para que navegue más rápidamente al puerto donde me esperan los hambrientos de Dios? ¿Los hermanos más pequeños de Jesús? Por el contrario ¿cómo cuido o colaboro para que el culto a Dios, la Liturgia de la Iglesia sea digna de tal Padre, con el Hijo y el E. Santo, contribuyendo a las necesidades de la Iglesia?

El Padre hizo de la Creación una espléndida Eucaristía. ¿Cómo la cuido, la mimo, la defiendo del deseo desenfrenado de dominio brutal de los comerciantes (Apocalipsis 18, 11), atentando o destruyendo la armonía del principio? ¿La contemplo como espejo del creador y me sirvo de ella con la gratitud y dignidad de un hijo que se acerca y participa en el banquete de su Padre? ¿Cómo trasciendo toda esta belleza, anuncio de la Eucaristía del Jueves Santo y de la Pascua eterna en el cielo? ¿Cómo nutro mi espíritu con estas verdades eternas y las enseño a los demás?


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