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Mitos homosexuales
Sue Bohlin
(cortesía
probe.org)
En este ensayo estaremos considerando algunos de
los mitos homosexuales que han permeado nuestra cultura, con la esperanza de
contestar sus argumentos. Gran parte del material está tomado del excelente
libro de Joe Dallas, A Strong Delusion: Confronting the "Gay Christian"
Movement. {1} Si bien
la información en este ensayo podría resultar útil, nuestra oración es que
usted pueda compartirla de forma serena y compasiva, recordando que la
homosexualidad no es solo un tema político y moral; tiene que ver también con
personas que están sufriendo mucho.
El 10% de la población es homosexual.
En 1948, el Dr .Alfred Kinsey publicó un estudio
denominado Sexual Behavior in the Human Male (El comportamiento sexual en
hombres varones), donde decía que entre el 10% y el 47% de la población
masculina era homosexual. {2}
Obtuvo estas cifras de un conjunto de 5.300 sujetos masculinos que él
consideró que reflejaban al típico estudiante universitario. Sin embargo,
muchos de los hombres que le brindaron los datos en realidad eran agresores
sexuales, prisioneros, proxenetas, asaltantes, ladrones, prostitutos y otros
criminales, así como cientos de activistas homosexuales.{3}
La cifra de 10% fue circulada ampliamente por Harry Hay, el padre del
movimiento de los "derechos civiles" de los homosexuales, instando a que la
homosexualidad dejara de ser considerada como un acto de sodomía sino
perteneciente a una minoría del 10%.{4}
Las cifras de Kinsey quedaron expuestas como
completamente falsas inmediatamente después, y por muchos otros científicos
posteriormente. La cifra real está más cerca del 2 ó 3%.{5}
Pero la cifra de 10% ha sido difundida tan frecuentemente en la prensa que la
mayoría de las personas la considera válida. No es así.
La gente nace homosexual.
La columnista Ann Landers lo dijo, y millones de
personas lo creen. El problema es que no hay datos que apoyen esta afirmación.
Hay tres formas de verificar rasgos innatos: estudios de mellizos, disecciones
del cerebro y estudios de vinculación genética.
{6} Los estudios de
mellizos demuestran que algo distinto de la genética debe explicar la
homosexualidad, porque casi la mitad de los gemelos estudiados no tenían la
misma preferencia sexual. Si la homosexualidad fuera heredada, los gemelos
deberían ser ambos heterosexuales o ambos homosexuales. Además, ninguno de los
estudios de mellizos han sido replicados, y otros estudios de mellizos han
producido resultados completamente diferentes.
{7} El famoso estudio del
Dr. Simon LeVay de los cerebros de sujetos muertos arrojó resultados
cuestionables con relación a su precisión. Él no estaba seguro de la
orientación sexual de las personas del estudio, y el Dr. LeVay aun admite que
no sabe si los cambios en las estructuras del cerebro fueron la causa de la
homosexualidad o causados por la homosexualidad.
{8} Finalmente, un estudio
anterior que intentó mostrar un vínculo entre la homosexualidad y el cromosoma
X todavía tiene que ser replicado, y un segundo estudio en realidad contradijo
los resultados del primero. {9}
Aun cuando se comprobara algún día que la homosexualidad está genéticamente
relacionada, innato no significa necesariamente normal. Algunos niños
nacen con fibrosis cística, pero eso no la convierte en una condición normal.
Las tendencias innatas hacia ciertos
comportamientos (como la homosexualidad) no hacen que esos comportamientos
sean morales. Las tendencias hacia el alcoholismo, la obesidad y la violencia
ahora se considera que tienen una influencia genética, pero no son buenos
comportamientos. Las personas que nacen con tendencias hacia esos
comportamientos tienen que luchar mucho contra sus tentaciones naturales hacia
la ebriedad, la glotonería y la ira física.
Y, dado que nacemos como pecadores en un mundo
caído, tenemos que enfrentar las consecuencias de la Caída. Solo porque
nacemos con algo no significa que sea normal. No es cierto que "Dios hace a
algunas personas homosexuales". Todos nosotros tenemos efectos de la Caída que
tenemos que enfrentar.
¿Qué tiene de malo que dos hombres o mujeres
comprometidos y que se aman estén legalmente casados?
Hay dos aspectos del matrimonio: el legal y el
espiritual. El matrimonio es más que una convención social, como ser "mejores
amigos" con alguien, porque el matrimonio heterosexual suele dar como
resultado la producción de hijos. El matrimonio es una institución legal con
el propósito de ofrecer protección a mujeres y niños. Las mujeres necesitan
tener la libertad de dedicar su tiempo y sus energías a ser las principales
sustentadoras y cuidadoras de los hijos, sin verse forzadas a ser los sostenes
económicos también. El plan de Dios es que los niños crezcan en familias que
los mantengan, los protejan y los rodeen de seguridad.
Dado que las parejas homosexuales de hombres o
mujeres son incapaces, por naturaleza, de reproducirse, no necesitan la
protección legal del matrimonio para brindar un lugar seguro para la
producción y la crianza de los hijos. Fuera del aspecto sexual de la relación
homosexual, lo que tienen en realidad es una condición de "mejores amigos", y
eso no requiere de protección legal.
Por supuesto, una cantidad creciente de parejas
homosexuales están buscando tener un hijo juntos, sea por adopción,
inseminación artificial o como padres/madres sustitutos. A pesar del hecho de
que deben recurrir a un procedimiento externo para llegar a ser padres, la
presencia de adultos más niños en un hogar ad hoc no debería asegurar
automáticamente el reconocimiento oficial de su relación como de una familia.
Hay un movimiento en nuestra cultura que busca redefinir la "familia" de
cualquier forma que queramos, pero con una profunda falta de discernimiento de
los efectos de largo plazo de las personas involucradas. Los padres
homosexuales están haciendo una afirmación peligrosa a sus hijos: las madres
lesbianas están diciendo que los padres no son importantes, y los padres
homosexuales están diciendo que las madres no son importantes. Cada vez más,
los observadores sociales ven la importancia, tanto del padre como de la madre
en la vida de los hijos; uno de sus papeles es enseñar a los varones lo que
significa ser un varón y a las mujeres, lo que significa ser una mujer.
El otro aspecto del matrimonio es de una
naturaleza espiritual. Es cierto que esta respuesta al argumento del
matrimonio homosexual no hará ninguna diferencia para personas a las que no
les preocupa las cosas espirituales, pero hay muchos homosexuales a los que
les interesa profundamente Dios y anhelan tener una relación con Él. La
relación matrimonial --tanto su componente emocional como su componente
sexual, especialmente-- está diseñada para servir como una ilustración
terrenal de la relación entre Cristo y su esposa, la iglesia.
{10} Así como hay una
unidad mística entre un hombre y una mujer, que son muy distintos entre sí,
también hay una unidad mística entre dos seres muy diferentes, muy "otros": el
Hijo de Dios eterno y nosotros, humanos mortales y criaturas. El matrimonio,
según fue diseñado por Dios, es como la unión casi improbable entre una
mariposa y un búfalo, o el fuego y el agua. Pero las relaciones homosexuales
son la unión de dos individuos similares; la dinámica de unidad y diversidad
en el matrimonio heterosexual falta por completo y, por lo tanto, también
falta la dimensión espiritual que es tan intrínseca al propósito del
matrimonio. Tanto en un nivel emocional como físico, la similitud de varón y
varón, o de mujer y mujer, demuestra que las relaciones homosexuales no
reflejan la parábola espiritual que apunta a ser el matrimonio. Dios quiere
que las parejas de un matrimonio se complementen entre sí y no que se
reflejen. El concepto del matrimonio homosexual no funciona, sea que lo
miremos en un nivel social o espiritual.
Jesús no dijo nada sobre la homosexualidad.
Ya sea desde un púlpito o en un evento de derechos
homosexuales, a los activistas homosexuales les gusta señalar que Jesús nunca
abordó el tema de la homosexualidad; en cambio, Él estaba más interesado en el
amor. Lo que quieren decir es que, si Jesús no prohibió específicamente un
comportamiento, entonces ¿quiénes somos nosotros para juzgar a quienes lo
practican?
Este argumento supone que los Evangelios son más
importantes que el resto de los libros del Nuevo Testamento, y que solo los
dichos registrados de Jesús tienen importancia. Pero el Evangelio de Juan
mismo nos asegura que no es un registro exhaustivo de todo lo que Jesús dijo e
hizo, ¡lo cual significa que hay mucho que quedó afuera!{11}
Los evangelios no registran que Jesús condena la violencia contra la esposa o
el incesto; ¿esto los convierte en cosas aceptables? Además, los restantes
libros del Nuevo Testamento no son menos autoritativos que los Evangelios.
Toda escritura está inspirada por Dios, y no solo los libros con letras rojas
en el texto. Las prohibiciones específicas contra el comportamiento homosexual
en Romanos 1:26, 27 y 1 Corintios 6:9, 10 han sido tan ordenados por Dios como
lo que se registra en los Evangelios.
Sí sabemos, sin embargo, que Jesús habló
específicamente acerca de la intención de Dios al crear la sexualidad humana:
"Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al
principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y
madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? . . . por tanto,
lo que Dios juntó, no lo separe el hombre" (Mateo 19:4-6). El plan de Dios es
la heterosexualidad santa, y Jesús lo dijo claramente.
Las leyes levíticas contra el comportamiento
homosexual no son válidas hoy. Levítico 18:22 dice: "No te echarás con varón
como con mujer; es abominación". Los teólogos homosexuales sostienen que la
palabra "abominación" suele asociarse con la idolatría y la práctica religiosa
cananea de la prostitución cúltica, así que Dios no prohibió el tipo de
homosexualidad que vemos hoy.
Otros pecados sexuales, como el adulterio y el
incesto, están también prohibidos en los mismos capítulos donde se encuentran
las prohibiciones contra la homosexualidad. Todo pecado sexual está prohibido,
tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, completamente aparte de los
códigos levíticos, porque es una cuestión moral. Es cierto que no estamos
restringidos por las reglas y los rituales de Levítico que marcaban al pueblo
de Yahvé para su separación del mundo; sin embargo, la naturaleza del pecado
sexual no ha cambiado, porque la inmoralidad es una afrenta a la santidad y la
pureza de Dios mismo. Solo porque la mayor parte de Levítico no se aplica a
los cristianos hoy no significa que no se aplique ninguna parte.
El argumento de que la palabra "abominación" está
vinculada con la idolatría se contesta bien al examinar Proverbios 6:16-19,
que describe qué otras cosas el Señor considera que son abominaciones: los
ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente,
el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr
al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre
hermanos. La idolatría no juega ningún papel en estas abominaciones. El
argumento no tiene sentido.
Si las prácticas de Levítico 18 y 20 son
condenadas por su asociación con la idolatría, entonces sigue lógicamente que
serían permisibles si fueran cometidas fuera de la idolatría. Eso significa
que el incesto, el adulterio, el bestialismo y el sacrificio de niños (que
aparecen en estos capítulos) solo se condenan cuando están asociados con la
idolatría; en caso contrario, están permitidos. Ningún lector responsable de
estos pasajes estaría de acuerdo con una premisa de este tipo.
{12}
Llamar a la homosexualidad pecado es juzgar, y
juzgar es pecado.
Josh McDowell dice que el versículo más citado de
la Biblia solía ser Juan 3:16, pero ahora, que la tolerancia se ha convertido
en la virtud última, el versículo que más escuchamos que se cita es "No
juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mateo 7:1). La persona que dice que la
actividad homosexual está mal es llamada intolerante y homofóbica, y hasta
escuchamos a los que no creen en la Biblia citar el versículo sobre "no
juzgar".
Cuando Jesús dijo: "No juzguéis, para que no seáis
juzgados", el contexto deja en claro que estaba hablando de ponernos como
jueces de otras personas mientras estamos ciegos en cuanto a nuestra propia
pecaminosidad al señalar el pecado del otro. No hay dudas en cuanto a que hay
cierto fariseísmo penoso en la forma en que la iglesia trata con los que
luchan con las tentaciones de los deseos homosexuales. Pero hay una diferencia
entre estar de acuerdo con la norma de la Biblia, cuando declara que la
homosexualidad está mal, y condenar personalmente a un individuo por su
pecado. Estar de acuerdo con Dios en algo no significa necesariamente juzgar.
Imagine que estoy yendo a toda velocidad por una
autopista, y me detiene un oficial de policía. Se acerca a mi coche, luego de
verificar mi licencia y mi registro, y dice: "Usted acaba de exceder el límite
de velocidad, señora". Imagine que un ciudadano acusa al oficial de no actuar
de forma políticamente correcta: "Oiga, ¡usted me está juzgando! '¡No juzguéis
para que no seáis juzgados!'". El policía simplemente está indicando que
quebranté la ley. No está juzgando mi carácter, sino está comparando mi
comportamiento con la norma de la ley. Tampoco estamos juzgando cuando
repetimos lo que Dios ha dicho acerca de su ley moral. Lo que es pecado es
mirar con desprecio a alguien que ha caído en un pecado distinto que nosotros.
Eso es juzgar.
El pasaje de Romanos 1 sobre la homosexualidad no
describe a los verdaderos homosexuales, sino a homosexuales que participan en
un comportamiento homosexual que no es natural para ellos.
Romanos 1:26, 27 dice: "Por esto Dios los entregó
a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el
que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso
natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo
hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la
retribución debida a su extravío". Algunos teólogos homosexuales tratan de
explicar que el verdadero pecado del cual habla Pablo aquí son personas
heterosexuales que participan en actos homosexuales, porque no es natural para
ellos. La homosexualidad, sostienen, no es un pecado para los verdaderos
homosexuales.
Pero no hay nada en este pasaje que sugiera una
distinción entre "verdaderos" homosexuales y "falsos" homosexuales. Pablo
describe al comportamiento homosexual mismo como antinatural,
independientemente de quién lo practique. De hecho, escoge palabras poco
usuales para hombres y mujeres, palabras griegas que enfatizan la biología de
un varón y una mujer. El comportamiento descrito en este pasaje es antinatural
para varones y mujeres; la orientación sexual no es el tema para nada. Está
diciendo que la homosexualidad es biológicamente antinatural; no solo
antinatural para los heterosexuales, sino antinatural para todos.
Además, Romanos 1 describe a hombres "encendidos
en lascivia" unos con otros. Esto difícilmente parecería indicar a hombres que
eran heterosexuales por naturaleza pero que están experimentando con el sexo
homosexual. {13} Uno tiene
que hacer bastante gimnasia mental para hacer que Romanos 1 diga algo distinto
de lo que lectura llana nos lleva a entender: que toda actividad homosexual es
pecado.
Predicar contra la homosexualidad hace que
adolescentes homosexuales se suiciden.
Recibí un e-mail de una persona que me aseguró que
la sangre de adolescentes homosexuales estaba sobre mis manos porque decir que
la homosexualidad está mal hace que la gente se quite la vida. La creencia de
que los adolescentes homosexuales corren un alto riesgo de suicidio está
inspirada mayormente en un informe de 1989 de una fuerza de tareas federal
especial sobre la juventud y el suicidio. Este informe decía tres cosas:
primero, que los jóvenes homosexuales --hombres y mujeres-- daban cuenta de un
tercio de todos los suicidios adolescentes; segundo, que el suicidio es la
principal causa de muerte entre adolescentes homosexuales; y, tercero, que los
adolescentes homosexuales que se suicidan lo hacen por la "homofobia
internalizada" y la violencia dirigida contra ellos.
{14} Este informe ha sido
citado repetidamente en publicaciones, tanto convencionales como homosexuales.
El activista homosexual de San Franciso Paul
Gibson escribió este informe basado en una investigación tan deficiente que,
cuando fue presentada ante el Dr. Louis Sullivan, ex Secretario de Salud y
Servicios Humanos, éste tomó distancia oficialmente, junto con su
departamento, del informe.
{15} Las cifras del informe, tanto sus datos como sus conclusiones, son
sumamente cuestionables. Parte del informe cita a un autor que dice que tanto
como 3.000 jóvenes adolescentes se quitan la vida al año. Pero, en primer
lugar, ¡esto supera en mil el número total de suicidios adolescentes! Gibson
exageró sus cifras cuando dijo que un tercio de todos los suicidios
adolescentes son realizados por jóvenes homosexuales. Él obtuvo esta cifra de
mirar encuestas de homosexuales tomadas en centros de refugio para
adolescentes con problemas, muchos de los cuales tenían una orientación
homosexual, lo que reveló que los adolescentes homosexuales tenían entre dos y
cuatro veces las tendencias suicidas de los chicos heterosexuales. Gibson
multiplicó esta cifra elevada por el valor cuestionado de 10% de población
homosexual de Kinsey para llegar a la cifra de que el 30% de todos suicidios
adolescentes eran de homosexuales. David Shaffer, un psiquiatra de Columbia
University que se especializa en suicidios adolescentes, analizó en detalle
este estudio y dijo: "Luché por un largo tiempo con la matemática de Gibson,
pero finalmente me pareció más un truco mágico que matemáticas".
{16}
Las conclusiones del informe se contradicen con
otros informes más creíbles. Los investigadores de University of
California-San Diego entrevistaron a los sobrevivientes de 283 suicidios para
un estudio de 1986. Entre los que murieron, 133 tenían menos de 30 años de
edad, y solo el 7 por ciento era homosexual, y todos tenían más de 21 años de
edad. En otro estudio de Columbia University de 107 suicidios de adolescentes
varones, solo 3 eran conocidos como homosexuales, y 2 de estos murieron en un
pacto de suicidio. Cuando la organización Gallup entrevistó a unos 700
adolescentes que conocían a algún adolescente que se hubiera suicidado, ni uno
mencionó a la sexualidad como parte del problema. Los que casi se habían
matado mencionaron principalmente problemas con el sexo opuesto o baja
autoestima. {17}
Gibson no usó un grupo de control heterosexual en
su estudio. Las conclusiones y las estadísticas tienden a estar sesgadas sin
un grupo de control. Cuando el psiquiatra David Shaffer examinó las historias
clínicas de adolescentes homosexuales que se habían suicidado en el informe de
Gibson, encontró los mismos temas con los que luchan los chicos heterosexuales
antes del suicidio: "Las historias eran las mismas: una aparición en la corte
programada para el día de la muerte; una depresión prolongada; problemas de
droga y alcohol; etc.". {18}
Que cualquier adolescente experimente tanto dolor
que se quita la vida es una tragedia, independientemente de la razón. Pero no
es justo atribuir la responsabilidad de los suicidios de homosexuales, los
pocos que existen, a quienes están de acuerdo con Dios en que es un
comportamiento erróneo y dañino.
Notas
-
Dallas, Joe. A Strong Delusion: Confronting the "Gay
Christian" Movement. Eugene, Ore.: Harvest House, 1996.
-
Dr. Judith Reisman, "Kinsey and the Homosexual
Revolution," The Journal of Human Sexuality (Carrollton, Tex.: Lewis
and Stanley, 1996), 21.
-
Ibid., 26.
-
Ibid., 21.
-
Richard G. Howe, Homosexuality in America: Exposing
the Myths (encontrado en el sitio Web de American Family Association, en
http://www.afa.net) da esta cita: "Knight indica las siguientes fuentes
en apoyo de las cifras de 1%-3%: J. Gordon Muir, "Homosexuals and the 10%
Fallacy," Wall Street Journal, March 31, 1993; Tom W. Smith, "Adult
Sexual Behavior in 1989: Number of Partners, Frequency of Intercourse and
Risk of AIDS," Family Planning Perspectives (May/June 1991): 102; John O.G.
Billy, Koray Tanfer, William R. Grady, and Daniel H. Klepinger, "The Sexual
Behavior of Men in the United States," Family Planning Perspectives, The
Alan Guttmacher Institute, vol. 25, no. 2 (March/April 1993)."
-
Dr. Jeffrey Satinover, "The Gay Gene?", The Journal of
Human Sexuality, 4.
-
Dallas, 114.
-
Ibid., 112-114.
-
Ibid., 116.
-
Efesios 5:25-32
-
Juan 20:30
-
Dallas, 193.
-
Ibid., 195.
-
Peter LaBarbera, "The Gay Youth Suicide Myth," The
Journal of Human Sexuality, 65.
-
Ibid.
-
Ibid., 66.
-
Ibid., 67.
-
Ibid., 68.
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