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EL AMOR DE LA SABIDURÍA ETERNA


San Luis María
Grignion de Montfort
Traducción de
p. Pío Suárez B., s.m.m.

 

 

PRESENTACION

Este libro presenta el contexto fundamental de los demás escritos de san Luis María. Trata de la relación de Dios con la humanidad, poniendo de manifiesto, en primer lugar, el amor de Dios por la humanidad y su designio de salvarle de las consecuencias del pecado. Con la ayuda de numerosos textos de los libros sapienciales del Antiguo Testamento, el santo medita en el deseo extraordinario de Dios de amar a la humanidad y de ser amado por ella. Con san Pablo y san Juan, considera al Salvador, Jesucristo, como la encarnación de la Sabiduría divina y aplica a Jesucristo el título de “Sabiduría eterna y encarnada”. La “Sabiduría eterna” mencionada en el título de este libro designa, pues, a Jesucristo. En su consideración del amor de Dios por la humanidad, san Luis María hace resaltar que la muerte de Cristo en la Cruz  es la manifestación más grande de este amor. Llega incluso  a decir: “La Sabiduría es la Cruz y la Cruz es la Sabiduría”.

Apoyándose en la hipótesis que todos los humanos desean la felicidad, y que la “sabiduría” es el medio para lograrlo, examina las diferentes clases de sabiduría y concluye que la única verdadera sabiduría es la sabiduría de Dios, la Sabiduría eterna y encarnada que es Cristo. Los cristianos durante toda su vida deben buscar y adquirir esta Sabiduría, o en otras palabras, deben buscar conocer y amar a Jesucristo, Sabiduría eterna de Dios. Propone cuatro medios para adquirir y conservar la Sabiduría:

1. Deseo ardiente de la Sabiduría

2. Oración continua para obtener esta gracia

3. Mortificación universal

4. Tierna y verdadera devoción a la Santísima Virgen.

Declara que el cuarto medio, la devoción a la Santísima Virgen, es el medio más poderoso para adquirir y conservar la divina Sabiduría. Este tema lo desarrolla ampliamente en el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, lo mismo que en el Secreto de María. Considera el tercer medio, la mortificación universal,  como una participación en la Cruz de Cristo por la aceptación de cada una de las “cruces” y una mayor comprensión del amor de Cristo manifestado en sus sufrimientos. Este tema lo amplía  en la “Carta a los Amigos de la Cruz”.

 

INTRODUCCION DEL PADRE DE MONTFORT

 

1 - ORACION A LA SABIDURIA ETERNA 1

 

1. ¡Oh Sabiduría eterna,

Reina de los cielos y de la tierra!

Postrado humildemente en tu presencia,

te ruego que perdones mi atrevimiento

al tratar de hablar de tus grandezas,

siendo como soy tan ignorante y criminal.

¡No mires, por favor,

las tinieblas de mi entendimiento

ni las impurezas de mis labios!

Y, si las miras, que sea solamente

para destruirlas con una mirada de tus ojos

y el aliento de tu boca.

Posees tantas bellezas y dulzuras,

me has preservado de tantos peligros

y colmado de tantos favores...

Y, sin embargo, ¡eres tan desconocida y despreciada!

¿Cómo podré callar entonces?

No sólo la justicia y el agradecimiento,

sino hasta mi propio interés, me obligan a hablar de ti,

aunque balbuciendo como un niño.

Pero, balbuciendo y todo,

quiero aprender a hablar correctamente

cuando llegue en ti a la madurez perfecta. 2

2. Puede parecer que no hay orden ni concierto

en lo que escribo. Lo confieso.

Es que mi anhelo de poseerte es tan grande,

que –como dice Salomón–

te busco por todas partes,

sin encontrar el camino. 3

Quiero darte a conocer a todos.

Porque tú misma has prometido dar la vida eterna

a cuantos te esclarezcan

y den a conocer a los demás.

Acepta, pues, amable Soberana,

mi humilde balbucir

como si fuera un elocuente discurso.

Acepta los movimientos de mi pluma

como si fueran otros tantos pasos que diera en busca tuya.

Derrama desde tu excelso trono tantas luces y bendiciones

sobre cuanto quiero decir de ti y hacer por ti,

que cuantos lo oigan

se sientan inflamados por un anhelo renovado

de amarte y poseerte

en el tiempo y la eternidad.

 

2 - AVISOS DE LA SABIDURIA A LOS PRINCIPES Y PODEROSOS DE LA TIERRA (Sb 6)

 

3.  (Mejor es la Sabiduría que la fuerza. El prudente vale más que el valiente.) 4

1. Escuchen, reyes, y entiendan; apréndanlo, gobernantes del orbe hasta sus confines;

2.  presten atención los que dominan los pueblos y alardean de multitud de súbditos:

3.  el poder les viene del Señor, y el mando, del Altísimo; El indagará sus obras y explorará sus intenciones;

4.  siendo ministros de su reino, no gobernaron rectamente ni guardaron la ley, ni procedieron según la voluntad de Dios.

5.  Repentino y estremecedor vendrá contra ustedes, porque a los encumbrados se les juzga [implacablemente.

6.  A los más humildes se les compadece y perdona, pero los fuertes sufrirán una fuerte pena;

7.  el Dueño de todo no se arredra, ni le impone la grandeza; El creó al pobre y al rico y se preocupa por igual de todos,

8.   pero a los poderosos les aguarda un control riguroso. Se lo digo a ustedes, soberanos, a ver si aprenden a ser sabios y no pecan;

10. los que observan santamente su santa voluntad serán declarados santos; los que se la aprendan encontrarán quien [los defienda.

11. Ansíen, pues, mis palabras; anhélenlas, y recibirán instrucción.

4. 12 . La Sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven sin dificultad los que la aman, y los que van buscándola la encuentran;

13. ella misma se da a conocer a los que la desean.

14. Quien madruga por ella, no se cansa; la encuentra sentada a la puerta.

15. Meditar en ella es prudencia consumada; el que vela por ella, pronto se verá libre de preocupaciones;

16. ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos

y les sale al paso en cada pensamiento.

17. Su comienzo auténtico es un deseo de instrucción;
18. el afán por la instrucción es amor;
el amor es la observancia de las leyes; la custodia de las leyes es garantía de incorruptibilidad;

19. la incorruptibilidad acerca a Dios;

20. por tanto, el deseo de la sabiduría conduce al reino.

21. Así que, si les gustan los tronos y los cetros, respeten la sabiduría y reinarán eternamente.

(Amen la luz de la sabiduría todos los que gobiernan a los pueblos.)

22. Les voy a explicar lo que es la sabiduría y cuál es su origen, sin ocultarles ningún secreto; me voy a remontar al comienzo de la creación, dándola a conocer claramente, sin pasar por alto la verdad.

23. No haré el camino con la podrida envidia, que con la sabiduría ni se trata.

24. Muchedumbre de sabios salva al mundo y rey prudente da bienestar al pueblo.

25. Por tanto, déjense instruir por mi discurso, y sacarán provecho.

 

3 - REFLEXIONES DEL AUTOR

 

5.  No he querido, estimado lector, mezclar mis palabras insignificantes con la autoridad del Espíritu Santo. Permíteme ahora las siguientes reflexiones:

1. La Sabiduría es dulce, sencilla, atrayente y, a la vez, luminosa, excelente y sublime. Convoca a los hombres para enseñarles los medios de ser felices: los busca, les sonríe, los colma de favores, les sale al encuentro de mil maneras, hasta sentarse a la puerta de sus casas para esperarlos y darles pruebas de su amistad. ¿Es posible tener corazón y negárselo a esta dulce conquistadora?

6.  2. ¡Qué desgracia la de los ricos y poderosos, si no aman la Sabiduría! ¡Qué palabras tan aterradoras les dirige ella! ¡Imposible traducirlas a nuestro idioma! Repentino y estremecedor vendrá contra ustedes, porque a los encumbrados se les juzga implacablemente... Los fuertes sufrirán una fuerte pena... A los poderosos les aguarda un control riguroso. 5

Añadamos también a estas palabras las pronunciadas por la Sabiduría, o hechas decir por ella, a los ricos y poderosos después de la encarnación: ¡Ay de ustedes, los ricos! 6 Más fácil es que entre un camello por el ojo de una aguja, que no que entre un rico en el Reino de Dios. 7

Estas últimas palabras fueron repetidas tantas veces por la divina Sabiduría durante su vida terrestre, que tres evangelistas las han referido sin diferencia alguna. Lo que debería mover a los ricos a romper en llanto, lamentarse y gemir: Vamos ahora con los ricos; lloren a gritos por la desgracia que se les viene encima. 8

Mas, ¡ay! Ellos tienen su consuelo en este mundo; hechizados como se hallan por los placeres y riquezas, no se dan cuenta de los peligros que penden sobre su cabeza.

7.  3. Salomón asegura que hace una descripción fiel y exacta de la Sabiduría: ni la envidia ni el orgullo –contrarios a la caridad– le impedirán comunicar la ciencia que el cielo le ha dado. No teme, por ello, que otros puedan llegar a igualarlo o superarlo en dicho conocimiento. 9

A ejemplo de este gran hombre, voy a tratar de explicar lo que es la Sabiduría antes de la encarnación, durante la encarnación y después de ella, y los medios para alcanzarla y conservarla.

Pero no teniendo tanta ciencia ni tantas luces como él, tampoco debo temer tanto la envidia y el orgullo cuanto mi incapacidad e ignorancia. ¡Te ruego, pues, que me soportes y disculpes con caridad!

 

 

NOTAS:

 

1  Esta oración, con su título, es de san Luis María, y sirve de dedicatoria a la obra. La oración entera parece inspirada en Is 6,1–6 y en Jr 1,6, y constituye en cierta forma una inclusión oracional con la fórmula de consagración que aparece al final del escrito (Nos. 223–227). Es sintomático que el libro comience no sólo invitando a la oración, sino con una oración y con una oración culmine. En tratándose de la Sabiduría, la oración es el ambiente mejor, el clima connatural del diálogo...

2 Ef 4,13.

3 Sb 8,18.

4 El autor sigue el texto y la numeración de la Vulgata. Aquí seguimos el texto y la numeración correspondientes a los textos originales, como acostumbran la ediciones actuales de la Biblia, y ponemos entre paréntesis [(  )] los versículos que añade la Vulgata.

5  Sb 6,5–8.

6  Lc 6,24.  7  Mt 19,24.

8  St 5,1.

9  Sb 6,24–26.

 

CAPITULO PRIMERO 1

 

PARA AMAR Y BUSCAR A LA DIVINA SABIDURIA,

ES NECESARIO CONOCERLA

 

 

1 - NECESIDAD DE CONOCER A LA DIVINA SABIDURIA

 

8. ¿Se puede, acaso, amar lo que no se conoce? ¿Se puede amar con ardor lo que sólo se conoce imperfectamente?

¿Por qué es tan poco amada la Sabiduría eterna y encarnada, el adorable Jesús? ¡Porque poco o nada se le conoce! Apenas si hay alguien que estudie como es debido –junto con el Apóstol– 2 la sobreeminente ciencia de Jesucristo, la más noble, útil y necesaria de todas las ciencias y conocimientos del cielo y de la tierra.

9. 1. Es, ante todo, la ciencia más noble. Efectivamente, tiene por objeto lo más noble y sublime, a saber: la Sabiduría increada y encarnada, que encierra en sí misma toda la plenitud de la divinidad y de la humanidad, todo lo grandioso que hay en el cielo y en la tierra, todas las criaturas visibles e invisibles, espirituales y corporales.

Dice San Juan Crisóstomo que Nuestro Señor es un compendio de las obras divinas, una síntesis de todas las perfecciones de Dios y de las criaturas.

"Jesucristo, Sabiduría eterna, es todo cuanto puedes y debes desear. Anhela poseerlo. Corre en busca suya. El es, en efecto, la perla incomparable y preciosa por cuya adquisición no debes temer vender todos tus bienes." 3

Quien quiera gloriarse, que se gloríe de esto: de conocer y comprender que soy el Señor.4 Que no se alabe el sabio por su sabiduría, ni el fuerte por su fuerza, ni el rico por sus riquezas. El que se alabe, gloríese en conocerme y no en conocer otras cosas.

10. 2. Nada tan dulce como el conocimiento de la Sabiduría divina. ¡Dichosos quienes la escuchan! ¡Más dichosos quienes la desean y buscan! Pero ¡mucho más dichosos los que andan por sus caminos y saborean en su corazón esa dulzura infinita que constituye el gozo y felicidad del Padre y la gloria de los ángeles! 5

Si conociéramos la dicha interior que significa conocer la belleza de la Sabiduría, alimentarse a los pechos del Padre, 6 exclamaríamos con la esposa del Cantar de los Cantares: Son mejores que el vino tus amores.7 La leche de tus pechos es más dulce que vino delicioso y que todas las dulzuras de las cosas creadas, sobre todo cuando dirige a las almas que la contemplan estas palabras: Gusten y vean...8 Coman y beban y embriáguense 9 de mis dulzuras, pues su trato no desazona, su intimidad no deprime, sino que regocija y alegra. 10

11. 3. Este conocimiento es también el más útil y necesario, porque la vida eterna consiste en conocer al Padre y a su Hijo Jesucristo. 11 Conocerte a ti –dice el autor sagrado dirigiéndose a la Sabiduría– es justicia perfecta y acatar tu poder es la raíz de la inmortalidad.12 ¿Quieres, pues, realmente la vida eterna? –Consigue el conocimiento de la Sabiduría eterna.

¿Quieres alcanzar la santidad perfecta en este mundo? –Conoce la Sabiduría.

¿Quieres plantar en tu corazón la raíz de la inmortalidad? –Adquiere el conocimiento de la Sabiduría.

Pues, conocer a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, es saber lo suficiente; pero saberlo todo, y no conocerlo a El, es no saber nada. 13

12. ¿De qué le sirve al arquero saber tirar flechas a los lados del blanco si no sabe tirarlas al propio centro? ¿De qué nos servirán todas las otras ciencias necesarias a la salvación si carecemos de la de Jesucristo, única necesaria, centro y fin de todas ellas?

Aunque el Apóstol de las gentes sabía muchas cosas y era versadísimo en las letras humanas, confesaba que sólo quería conocer a Jesucristo crucificado. Con ustedes decidí ignorarlo todo, excepto a Jesucristo, y a éste crucificado.14

Digamos, pues, con él: Todo eso que para mí era ganancia, lo tuve por pérdida comparado con Cristo; más aún: cualquier cosa tengo por pérdida al lado de lo grande que es haber conocido personalmente a Cristo Jesús, mi Señor. 15

Veo y experimento ahora que esta ciencia es tan excelente, deliciosa, provechosa y admirable, que ya no tengo en cuenta las demás. Aquellas ciencias que en otro tiempo me habían agradado tanto, ahora me parecen tan vacías y ridículas, que entretenerme en ellas sería perder el tiempo. Les digo esto para que nadie los desoriente por discursos capciosos... Cuidado con que haya alguno que los capture con este sistema de vida.16 Les digo que Jesucristo es el abismo de todas las ciencias, con el fin de que no se dejen seducir por los hermosos y magníficos discursos de los oradores ni por los sofismas tan engañosos de los filósofos. Crezcan en el favor y el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo. 17

¡Bien! A fin de que todos crezcamos en la gracia y conocimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, Sabiduría encarnada, trataremos de él en los capítulos siguientes, después de distinguir diversas clases de sabiduría.

 

2 - DEFINICION Y DIVISION DEL ARGUMENTO

 

13.  Si nos atenemos al sentido del término "sabiduría" quiere decir "ciencia sabrosa", o sea, el gusto de Dios y de su verdad. 18

Hay varias clases de sabiduría:

En primer lugar, distingamos la sabiduría verdadera de la falsa. La verdadera es el gusto de la verdad, sin mentira ni disfraz. La falsa es el gusto de la mentira, con apariencia de verdad. La falsa es la sabiduría o prudencia humana. A la que el Espíritu Santo divide en terrena, carnal y diabólica. 19

La verdadera sabiduría se divide en natural y sobrenatural. La natural es el conocimiento de las cosas naturales en sus últimos principios. La sobrenatural es el conocimiento de las cosas sobrenaturales y divinas en su propio origen. La sabiduría sobrenatural se divide en sustancial e increada y en accidental y creada. La sabiduría accidental y creada es la comunicación que hace de sí misma a los hombres la Sabiduría increada; en otras palabras: es el don de la sabiduría. La Sabiduría sustancial e increada, a su vez, es el Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad, es decir, la Sabiduría eterna en la eternidad y Jesucristo en el tiempo.

Hablamos de esta Sabiduría eterna.

14.  La contemplaremos, subiendo hasta su origen en la eternidad, en el seno del Padre, como objeto de sus complacencias. La veremos brillar en el tiempo, durante la creación del universo. Luego la contemplaremos en su encarnación y su vida mortal y, por último, la encontraremos gloriosa y triunfante en el cielo. Terminaremos nuestro estudio examinando los medios necesarios para adquirirla y conservarla.

Dejo, pues, a los filósofos los argumentos de su ciencia. Son inútiles. Y dejo a los alquimistas los secretos de su sabiduría mundana.

Con los hombres hechos, sin embargo, exponemos un saber; pero no un saber del mundo este... 20

Hablaré, pues, a las almas perfectas y predestinadas de la verdadera sabiduría, de la Sabiduría eterna, increada y encarnada.

 

 

NOTAS:

 

1 En forma muy pedagógica insiste el autor sobre la noción mínima que se debe tener de "sabiduría" para poder correr en busca de ella.

2 Ef 3,19.

3 San Bernardo, Vita Mystica seu de Passione Domini c 22 n 75: PL 184,679.

4 Jr 9,23-24.

5 Sabiduría y felicidad. La Sabiduría ofrece todos los dones (Sb 8,1ss). Pero entre los más señalados se halla el de la felicidad... Un hecho significativo en el Nuevo Testamento es que Jesús introduce su mensaje de "vida" proponiendo a sus seguidores las "bienaventuranzas" (Mt 5,3-12).

6 "Mamilla Patris"; la expresión se encuentra en Clemente de Alejandría. Es la experiencia misma de Dios y de sus dones. Es la "ciencia de los santos", la experiencia de Dios.

7 Ct 1,1.

8 Sl 34(33),9.

9 Ct 5,1.

10 Sb 8,16.

11Jn 17,3.

12 Sb 15,3.

13 Adaptación de un texto de San Agustín, Confesiones, 5, c 4, n 7: PL 32,708-709.

14 1Cor 2,2.  15 Flp 3,7-8.

16 Col 2,4.8.

17 2Pe 3,18.

18 La explicación sabiduría = ciencia sabrosa, que hace derivar "sabiduría" de "saber=tener buen sabor", se basa en una etimología popular... muy apropiada a la finalidad que busca el autor. Los términos en torno a "saborear" aparecen muchas veces en el P. de Montfort: cuando, hacia el final de su vida, envía en peregrinación al santuario de Saumur a treinta y tres penitentes, les da una consigna muy precisa: "No tendrán en esta peregrinación otra finalidad que: a) alcanzar de Dios... buenos misioneros...; b) alcanzar el don de sabiduría a fin de conocer, saborear y practicar la virtud y hacerla saborear y practicar por los demás." (BAC 451, 618). Esa etimología se encuentra ya en San Isidoro, Etym. 10: PL 82,392-393; en Santo Tomás, S. Th. I q.43 a.5 ad 2; en San Bernardo, Sermo 85, in Cant. n 8,9: PL 183,1191-1192.

19 St 3,15.17.

20 1Cor 2,6.

 

 

 

CAPITULO SEGUNDO

 

ORIGEN Y EXCELENCIA DE LA SABIDURIA ETERNA

 

 

15.  Aquí es preciso exclamar con san Pablo: ¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! 1 Su generación, ¿quién la contará? 2 ¿Habrá un ángel tan iluminado, un hombre tan atrevido, que intente narrar como conviene el origen de la Sabiduría?

Aquí es preciso cerrar los ojos para no quedar deslumbrado ante luz tan viva y resplandeciente.

Aquí es preciso que enmudezca toda lengua para no empañar tan acabada hermosura al tratar de darla a conocer.

Aquí es preciso que todo espíritu se anonade y adore, temeroso de verse oprimido por el peso inmenso de gloria de la divina Sabiduría al intentar sondearla.

 

1 - LA SABIDURIA DIVINA EN RELACION CON EL PADRE

 

 

16.  Sin embargo, ésta es la idea que de ella nos ofrece el Espíritu Santo –adaptándose a nuestra debilidad– en el libro de la Sabiduría escrito para nosotros: la Sabiduría eterna es efluvio del poder divino, emanación purísima del Omnipotente. Por eso nada inmundo se le pega. Es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad 3.

17.  Es la idea sustancial y eterna de la divina belleza, manifestada a san Juan Evangelista en el éxtasis maravilloso de la isla de Patmos, cuando exclamó: Al principio ya existía la Palabra –el Hijo de Dios o la Sabiduría eterna– la Palabra se dirigía a Dios, y la Palabra era Dios. 4

18.  En diversos pasajes de los libros salomónicos se habla de ella cuando se lee que la Sabiduría fue creada o, mejor, engendrada desde el principio, antes que todas las cosas y todos los tiempos.

Ella dice de sí misma: Desde el principio me tiene formada, desde el comienzo, antes de la tierra.

Cuando no existía el abismo... ya estaba. 5

19.  En esta belleza soberana encontró el Padre sus complacencias en la eternidad y en el tiempo. Así lo afirmó El mismo el día del bautismo y de la transfiguración de Cristo: Este es mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto. 6

Ella es aquella claridad luminosa e incomprensible, parte de cuyos rayos penetraron a los apóstoles, transportándolos en éxtasis durante la transfiguración: "(Ella) es una realidad noble, sublime, inmensa, infinita y más antigua que el universo". 7

Si no hallo palabras con las cuales expresar la infinita idea que me he formado de esta belleza y dulzura soberanas –aun cuando esta idea esté muy por debajo de la realidad– ¿quién podrá hacerse de ella una idea exacta y explicarla como conviene? ¡Solamente tú, Dios soberano! ¡Porque sabes qué es ella! Y puedes revelarla a quien tú quieres 8.

 

2 - ACCION DE LA SABIDURIA EN LAS ALMAS

 

20.   La Sabiduría se define a sí misma, sobre todo considerando sus efectos y acción en las almas 9. No mezclaré mis mezquinas palabras con las suyas para no disminuir su esplendor y sublimidad.

1.  La Sabiduría se alaba a sí misma

se gloría en medio de su pueblo;

2.  abre la boca en la asamblea de Dios

y se gloría delante de sus potestades.

(Será ensalzada en medio de su pueblo,

y admirada en la plena congregación de los escogidos,

y recibirá alabanzas de la muchedumbre de los elegidos,

y será bendita entre los benditos y dirá:)

21.  3.   Yo salí de la boca del Altísimo

y como niebla cubrí la tierra.

(Yo hice nacer en los cielos la luz indeficiente y)

4.   habité en el cielo

con mi trono sobre columnas de nubes;

5.  yo sola rodeé el arco del cielo

y paseé por la hondura del abismo;

6.  regí las olas del mar y los continentes

y todos los pueblos y naciones.

22. 7. Por todas partes busqué descanso

y una heredad donde habitar.

23. 8. Entonces, el creador del universo me ordenó,

el creador estableció mi morada:

"Habita en Jacob, sea Israel tu heredad."

24. 9.   Desde el principio, antes de los siglos me creó,

y no cesaré jamás.

10. En la santa morada, en su presencia ofrecí culto

y en Sión me establecí;

11. en la ciudad escogida me hizo descansar,

en Jerusalén reside mi poder.

25. 12. Eché raíces entre un pueblo glorioso,

en la porción del Señor, en su heredad.

13. Crecí como cedro del Líbano

y como ciprés del monte Hermón;

14. Crecí como palmera de Engadí y como rosal de Jericó,

como olivo crecí en la pradera

y como plátano junto al agua.

15. Perfumé como cinamono y espliego

y di aroma como mirra exquisita, como incienso, y ámbar, y bálsamo,

como perfume de incienso en el santuario.

16. Como terebinto extendí mis raíces,

un ramaje bello y frondoso;

17. como vid hermosa retoñé;

mis frutos y flores son bellos y abundantes.

26. 18. (Yo soy la madre del amor hermoso,

y del temor, y de la ciencia, y de la santa esperanza;

en mí toda gracia y el camino de la verdad;

en mí, toda la esperanza de vida y virtud.)

27. 19. Venid a mí los que me amáis

y saciaos de mis frutos;

20. mi nombre es más dulce que la miel,

y mi herencia, mejor que los panales.

(Se hará memoria de mí en toda la serie de los siglos.)

28. 21. El que me come tendrá más hambre,

el que me bebe tendrá más sed,

22. el que me escucha no fracasará,

el que me pone en práctica no pecará.

(Los que me esclarezcan tendrán la vida eterna.)

23. Todo esto es el libro de vida,

la alianza con el Dios Altísimo

y el conocimiento de la verdad

(Eclo 24,1–23). 10

 29. Todos estos árboles y plantas a las cuales se compara la Sabiduría, y que poseen frutos y cualidades tan diferentes, simbolizan la gran variedad de estados, funciones y virtudes que produce en las almas.

Estas con como cedros, por la elevación de sus corazones hacia el cielo; como cipreses, por la meditación continua de la muerte; como palmeras, por la humildad en soportar sus fatigas; como rosales, por el martirio y efusión de su sangre; como plátanos al borde de las aguas; como terebintos, que extienden sus ramas a lo lejos, por la dilatación de su caridad para con el prójimo; como plantas olorosas (el bálsamo, la mirra, etc.), por la vida apartada y el deseo de ser más conocidos de Dios que de los hombres. 11

30. Después de haberse manifestado como madre y manantial de todos los bienes, la Sabiduría exhorta a todos los hombres a dejarlo todo para desearla solamente a ella. Pues no se da –en expresión de san Agustín– 12 sino a quienes la buscan con el ardor que merece realidad tan maravillosa.

En los versículos 21 y 22, la divina Sabiduría indica tres grados de piedad. El tercero de los cuales constituye la perfección. Son:

1. escuchar a Dios con humilde aceptación;

2. obrar en él y por él con perseverante fidelidad;

3. adquirir la luz y unción necesarias para inflamar a los demás en el amor a la Sabiduría y conducirlos a la vida eterna.

 

 

NOTAS:

 

1 Rm 11,33. El tema del capítulo: excelencia de la Sabiduría vista desde sus relaciones con Dios (16-19) y desde los frutos que produce en las almas (20-30).

2 Is 53,8: que, basados en el texto griego y latino, no en el original hebreo, aplican los Padres de la Iglesia a la generación del Verbo –en la eternidad– y a la concepción virginal del Señor –en el momento de la encarnación. La aplicación de la expresión quiere recalcar el poder  admirable del Señor y el origen misterioso de la Sabiduría.

3 Sb 7,25-26.

4 Jn 1,1.

5 Pr 8,23-24.

6 Mt 3,17.

7 Expresión tomada del antiguo oficio de la Transfiguración (himno de las primeras vísperas, estr. 2).

8 Mt 11,27; Lc 10,22: "Mi Padre me lo ha enseñado todo; quién es el Hijo lo sabe sólo el Padre; quién es el Padre lo sabe sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar."

9 La Sabiduría narra su origen y su historia. El autor sagrado identifica la Sabiduría con la ley de Israel (v 23). El texto fue aplicado en la liturgia a la Santísima Virgen (ver VD 264).

10 Los pasajes entre paréntesis son del texto largo adoptado por la Vulgata y seguido por el P. de Montfort.

11 Ver H. Bonnet, Los Símbolos tradicionales de la sabiduría.

12 San Agustín, De moribus Ecclesiae catholicae I c.17 n. 31: PL 32,1324.

 

 

 

CAPITULO TERCERO

 

MARAVILLAS DEL PODER DE LA SABIDURIA DIVINA EN LA CREACION DEL MUNDO Y DEL HOMBRE

 

EN LA CREACION DEL MUNDO

 

31. La Sabiduría eterna comenzó a brillar fuera del seno de Dios cuando –después de toda la eternidad– creó la luz, el cielo y la tierra.

Dice san Juan que todo fue creado por la Palabra, 1 es decir, por la Sabiduría eterna. Salomón, a su vez, la define como madre y artífice de todas las cosas. 2 Nótese bien que no la llama solamente artífice del universo, sino madre del mismo. Porque el artífice no ama ni cuida su obra, como lo hace la madre con su hijo.

32. Una vez creadas todas las cosas, la Sabiduría permanece en ellas para contenerlas, 3 sostenerlas y renovarlas.4 Esta belleza soberanamente recta, después de crear el mundo, estableció el orden maravilloso que reina en él. Y cuanto hay en él, lo escogió, organizó, sopesó, añadió y contó.

Extendió los cielos, colocó ordenadamente el sol, la luna, las estrellas y los planetas, estableció los fundamentos de la tierra, fijó límites y leyes al mar y a los abismos, moldeó las montañas: lo pesó y equilibró todo, hasta las mismas fuentes.

Finalmente –dice ella misma– yo estaba junto a Dios y dictaba leyes con precisión tan perfecta y con variedad tan agradable a la vez, que todo era como un juego con el cual me divertía y complacía a mi Padre. 5

33. Efectivamente, este inefable juego de la Sabiduría de Dios puede verse en las diferentes criaturas con que pobló el universo.

Porque,  sin hablar de las distintas especies de ángeles –casi infinitas en número–, ni del tamaño diferente de los astros, ni de la desigualdad de los temperamentos humanos, ¡qué admirables cambios no vemos en las estaciones y los tiempos! ¡Qué variedad de instintos en los animales! ¡Qué diversidad de especies en las plantas, de hermosura en las flores y de sabor en los frutos! El que es sabio lo comprenderá.6 ¿A quién se ha manifestado la Sabiduría? En efecto, sólo él comprenderá estos misterios de la naturaleza.

34. La Sabiduría ha revelado estos misterios a los santos, como leemos en sus biografías. Por ello, a veces se maravillaban tanto al contemplar la belleza, suavidad y orden que la divina Sabiduría ha colocado en las cosas más pequeñas, tales como las abejas, las hormigas, la espiga de trigo, una flor, un gusanillo de tierra, que quedaban arrobados y extasiados ante ellas.

 

 

2 - EN LA CREACION DEL HOMBRE

 

1.      El hombre, vivo retrato de la divinidad

 

35. Si el poder y dulzura de la Sabiduría eterna han brillado tanto en la creación, belleza y orden del universo, han fulgurado mucho más en la creación del hombre. Este, en efecto, constituye su obra maestra, la imagen viviente de su belleza y perfecciones, el vaso maravilloso de sus gracias, el tesoro admirable de sus riquezas y su único lugarteniente sobre la tierra: Tú que por tu Sabiduría formaste al hombre para que dominara las criaturas salidas de tus manos .7

36. Para gloria de este maravilloso y poderoso artista, sería preciso explicar aquí la belleza y excelencia originales que el hombre recibió de ella en su creación. Pero el pecado infinito que éste cometió 8 –cuyas tinieblas y manchas recayeron también sobre mí miserable hijo de Eva– ha entenebrecido de tal manera mi entendimiento, que sólo puedo hablar de ella con tremenda imperfección.

37. Hizo –por decirlo así– una copia o imagen resplandeciente de su inteligencia, de su memoria y voluntad para infundirla en el alma del hombre, para que éste fuera un vivo retrato de la divinidad 9. Encendió en su corazón la hoguera del amor puro de Dios. Formó para él un cuerpo totalmente luminoso, y encerró en él, como en síntesis, las múltiples perfecciones de los ángeles, de los animales y de las demás criaturas.

38. Todo en el hombre era luminoso, sin tinieblas; hermoso, sin fealdad; puro, sin mancha alguna; armonioso, sin desorden ni defecto o imperfección. Tenía en la inteligencia la luz de la Sabiduría como patrimonio para conocer con perfección a su Creador y a las criaturas. Tenía en el alma la gracia de Dios, para ser inocente y agradar al Altísimo. Estaba dotado de inmortalidad en el cuerpo. Ardía en su corazón el amor puro de Dios –sin temor a la muerte– y amaba a Dios continuamente y por él mismo, sin interrupción ni segundas intenciones. Por último, era tan divino, que vivía constantemente fuera de sí mismo, arrobado en Dios, sin pasiones que vencer ni enemigos que combatir.

¡Oh generosidad de la Sabiduría eterna para con el hombre! ¡Oh feliz estado el del hombre