El divorcio, sus causas y complicaciones
Por
lo general, las causas de un divorcio son menos numerosas y más sencillas que
sus consecuencias.
El divorcio es la segunda causa más dolorosa después de la muerte. Todos sabemos
que somos mortales y que algún día, lo deseemos o no, vamos a tener que partir
de este mundo. En cambio el divorcio es una decisión voluntaria. Nadie está
obligado a divorciarse, pues la mayoría de los matrimonios se forman con las
intenciones que duren una vida entera. ¿Cómo nace entonces esa determinación de
romper un hogar? Veremos algunas causas:
1- Si la pareja, o uno de sus miembros no tiene claro lo que significa formar
una familia que cumpla con los votos hechos delante de Dios de permanecer
fielmente en el hogar, el resultado será una familia tambaleante que
difícilmente será estable. Si el comienzo de aquel matrimonio fue poco
promisorio, el futuro del mismo no puede ser mejor.
2- Cuando alguien viene de un hogar derrumbado va a tener la tendencia a
continuar con el modelo de vida que causó el daño en el hogar de sus padres. Eso
es lo único que esa persona conoce, lo cual llega a parecerle normal, y si ese
estilo de vida no se corrige a tiempo, seguirá destrozando nuevas vidas en el
futuro. Eso es lo que el Señor identificó como la dureza del corazón.
3- Cuando la pareja se casa por un motivo equivocado. Por ejemplo, porque viene
un hijo en camino, por interés a una herencia sustancial, por no quedarse solo
(a), por atracción física, etc.
4- Por una conducta infiel
5- Por alguna adicción incontrolable
6- Por mantener discordias permanentes
7- Derroche del dinero, por mal manejo del mismo y por negocios mal hechos
8- Excesiva intervención o control por parte de los suegros
CONSECUENCIAS EMOCIONALES:
Las consecuencias de un divorcio por lo general son devastadoras y de larga
duración, sin tomar en cuenta la calidad de vida que se tuvo durante ese
matrimonio. Si el matrimonio se caracterizó por haber sido estable y bueno, va a
dejar un dolor muy difícil de erradicar, a causa de los recuerdos imborrables
que quedaron en todos los miembros de la familia envuelta, y en el resto de los
familiares de la pareja. Los más afectados son siempre los hijos, porque ellos
no entienden ni aceptan las razones de una separación. Ellos se niegan a mirar
que una desgracia de esta clase pudiera llamar a la puerta de su hogar algún
día.
Si el matrimonio se caracterizó por ser inestable, con muchos malos entendidos y
discordias que hicieron la vida insoportable, igualmente dejará mucho dolor y
resentimiento por el hecho de haber confiado en alguien que no llenó las
expectativas y por el mejor tiempo de la juventud que se fue sin haber sido
aprovechado.
Es una tarea imposible para un niño tener que digerir la amarga realidad de que
uno de sus padres ya no está más en casa, y que el único tiempo que tienen para
compartir con el padre ausente es limitado y en un lugar neutral, porque el
padre que se fue ya no pertenece a esa casa a la cual entraba y salía con toda
libertad durante todos los años que vivieron juntos como una familia. Ahora en
cambio, si quiere ver a sus hijos tiene que tocar la bocina de su auto frente a
aquella casa que un día fue su hogar.
Esa visita, aunque trae felicidad a los hijos, es incompleta, porque siempre
habrá un asiento vacío, ya sea en el auto, o en el parque de recreaciones, o en
aquel restaurante que frecuentaban cuando el grupo familiar estaba completo.
En todo divorcio, siempre los más afectados son los hijos, no importa la edad
que tengan, porque para todo hijo es vital la unidad entre sus padres. Si el
niño está en edad escolar le va a afectar mucho en su rendimiento académico. Y
el hecho de verse siempre con uno de sus padres mientras que la mayoría de sus
compañeros andan y viven con ambos padres, hace que su amor propio se
desvalorice demasiado. Además de confundirse, su mente se va a saturar de
incógnitas cuyas explicaciones jamás lograrán satisfacer su alma infantil.
La separación de los padres hace que sus niños crezcan con temor; se les hace
más difícil poder establecer amistades de larga duración. Se han vuelto
desconfiados y creen que en cualquier momento y por cualquier causa van a ser
puestos a un lado de su círculo social. De modo que se les hace más fácil
permanecer lo suficientemente distantes como para que no los consideren como
antisociales, ni tan envueltos, para que el posible rechazo tan temido no les
resulte tan cruel.
Cuando esos niños llegan a la juventud siguen teniendo problemas de adaptación
en el medio ambiente donde se encuentren; ya sea el colegio o su lugar de
trabajo. Ellos sienten que han sido en parte responsables del divorcio de sus
padres, y eso hace que se sientan perseguidos por un sentimiento de culpabilidad
que los obliga a vivir a la defensiva...siempre huyendo de un fantasma
inexistente que los induce a pensar en la adversidad antes de que los hechos se
encajen en su lugar.
Ese sentimiento de fracaso les impide levantar vuelo en todas sus actividades.
La frase: “Y SI ME VA MAL” les acompaña al comenzar todas sus empresas, por lo
tanto, piensan que sería más prudente no iniciar nada que conlleve cierto
riesgo, pero, la verdad es que toda empresa conlleva un grado de riesgos. Por
otro lado, como estas personas magnifican esos riesgos, la lógica les dice que
es mejor no despegar. Los comentarios emitidos no incluyen a todas aquellas
personas que han logrado sobreponerse a los efectos negativos que un divorcio
deja en las familias.
Cuando estas personas forman sus propios hogares, les acompaña el trauma que su
matrimonio se puede derrumbar cada vez que entre ellos se presenta un problema
igual o similar al que ellos acostumbraban ver entre sus padres. En estos casos,
la pareja que está en ventaja por no acarrear ningún trauma, tiene el deber
sagrado de darle a su cónyuge el respaldo emocional que le asegure una vida
unida y armoniosa.
Ningún divorcio es justificable cuando hay hijos de por medio, a menos que
exista violencia doméstica. En ese caso, la víctima tiene que armarse de valor y
abandonar el hogar inmediatamente después del primer incidente de abuso, y
regresar si lo desea una vez que el victimario dé señales convincentes y
permanentes de una total recuperación. Esa es la única circunstancia en que los
hijos aprueban una separación, más aún, ellos aplauden la dignidad de la persona
que no se prestó para esa deshonra tan ruin. Ese sería el único caso que no deja
huellas dolorosas en los hijos.
La unidad matrimonial es algo que debiera cultivarse y mantenerse tan saludable
como sea posible con tal de evitar su vulnerabilidad, sabiendo que su deterioro
envuelve a muchas personas en un dolor innecesario, y que puede evitarse si el
círculo familiar se atiende a tiempo y a plenitud.
Cuando una pareja lleva una vida demasiado turbulenta, se piensa que lo más
recomendable sería terminar con esa relación. Pero eso no mitiga el dolor porque
se sufre por el tiempo y oportunidades desperdiciadas. Por ende, siempre
existirá la auto recriminación: “¡por qué no hice esto, o aquello, cuando aún
estaba a tiempo para hacerlo, pero...no lo hice!
Al no existir violencia doméstica, la pareja tiene que pedir la ayuda divina
para que sus emociones maduren y así impedir que brote la violencia y vuelvan a
tener un nuevo amor. Son muchas las parejas que descubren sus virtudes y gozan
en esa base, en lugar de sacar a relucir solamente los puntos negativos.
No se logra ningún progreso cuando se trata de reformar a la otra persona. Ella
o él puede asumir una conducta que agrade a su cónyuge demandante pero ese
cambio, por no ser genuino sino forzado, no va a durar más de uno o dos meses.
Saldrá otra vez a relucir la verdadera personalidad de ese individuo.
Dios no nos ha dado la tarea de reformadores, sino de aceptarnos recíproca-mente
tal como somos. Con una actitud positiva vamos a descubrir que aún los defectos
de nuestra pareja nos pueden resultar divertidos. Recordemos que nadie es mejor
o peor que el otro. Somos diferentes, y esa diferencia es lo que le da el sabor
y la variedad a la vida matrimonial.
Como parejas, tenemos que amarnos así como Cristo amó a la iglesia, Él nos
acepta incondicionalmente, tal cual somos, y cuando voluntariamente nos dejamos
guiar por su Espíritu nos vamos asemejando más al verdadero modelo. Nosotros no
cambiamos por someternos a un proceso riguroso de reforma. Recordemos que
nuestra personalidad nunca cambia. Con la personalidad que hemos nacido vamos a
vivir toda nuestra vida. Lo único que se puede eliminar son los malos hábitos,
eso es posible no por fuerza de voluntad, sino por la presencia de Jesús quien
dijo “Sin mi nada podéis hacer”. Tan solo así gozaremos de una reforma genuina,
completa y permanente.
Otro dato conveniente recordar es que cuando se produce una ruptura, el que se
queda en casa demuestra más sabiduría. Con esa actitud está manifestando que no
tiene razón para huir, y que seguirá siendo el soporte necesario para todos sus
hijos especialmente para los que están en mayor desventaja. En cambio, el que se
va de su lugar, es como el ave que abandona su nido. Es capaz de dejarlo a la
intemperie, a su suerte, sin importarle el depredador, ni cómo queda cada uno de
los polluelos.
LA DISCRIMINACIÓN
En la mayor parte de los casos, una mujer divorciada va a sufrir discriminación
en diferentes lugares: en edificios de apartamentos de alquiler, en las
iglesias, en el momento de solicitar una línea de crédito. Va a ser abusada
financieramente por personas faltas de criterio como algunos mecánicos,
carpinteros, plomeros y comerciantes que ven su vulnerabilidad para tomar
ventaja de ellas. Todas estas personas tratarán de abultar los precios de sus
servicios profesionales, porque saben que sus clientes son personas crédulas y
sumisas. Se les recomienda a las tales, que se hagan acompañar de un familiar
cada vez que tengan que beneficiarse de dichos servicios.
A esta lista de posibles situaciones usted puede agregar alguna experiencia
personal o algo ocurrido a otra persona. Así podrá formar un cuadro más completo
de todo lo que puede sufrir una madre tan solo por el hecho de no tener al padre
de sus hijos junto a ella.
¿SOMOS UNA FAMILIA TODAVÍA?
Esta es una pregunta que está en la mente de todos los hijos que se ven
emplazados por la separación de sus padres. En esos momentos ellos sufren un
desconcierto tan grande que les impide ver su propia suerte con claridad. Por
esa causa ellos necesitan saber que el padre que va a estar a su cuidado les va
a ofrecer una seguridad permanente. Aunque ese padre se sienta necesitado de
refuerzos emocionales, tendrá que sacar fuerzas de alguna reserva con tal de
darles a sus hijos ese calor de hogar que tanto les urge.
No importa cuán grande sea el enojo que usted sienta contra su ex pareja, los
hijos no tienen que imponerse de los resentimientos que hay entre sus padres.
Por lo tanto, lo mejor que una madre puede hacer por sus hijos es hablar bien
del padre de sus hijos, de igual manera, lo mejor que un padre puede hacer es
hablar con nobleza acerca de la madre de ellos.
Aunque la realidad sea diferente, es mejor hacerlo de esa manera para evitarles
una catástrofe más destructiva aún. Tal vez en el futuro ellos lleguen a
comprender las razones que sus padres tuvieron para separarse. Sin embargo, es
mejor que todo se olvide y se sepulte sin sacarlo jamás a la superficie.
Ese pequeño grupo familiar que logra permanecer unido deberá levantar un muro de
protección contra personas bien intencionadas. En ocasiones, estas personas no
saben manejar situaciones tan íntimas y sensitivas de la familia, por lo tanto,
no logran el bien que se han propuesto. Ese muro tendrá que ser lo más tan
hermético posible para evitar que las cicatrices se abran y vuelvan a sangrar.
La atención hacia los niños, bajo ninguna circunstancia, debiera verse
disminuida. En la mayoría de los países existen grupos de apoyo emocional para
las familias que sufren el efecto de una separación. Y si no existieran dichos
grupos organizados, las familias afectadas debieran reunirse, no para llorar,
sino para motivarse a brindar actividades que ayuden a fortalecer a todos sus
participantes, comenzando por los niños más afectados.
LA RECUPERACIÓN
La recuperación tiene su período de duración el cual no se puede acortar para
evitar caer en una nueva tragedia. Muchas personas creen estar completa-mente
recuperadas cuando todavía no lo están y se lanzan prematuramente a la formación
de una nueva relación, para sufrir un nuevo fracaso. De esa manera, si no hacen
un alto en el camino, se van a causar a sí mismos un severo deterioro emocional.
Hay señales que muestran la sanidad emocional de alguien que viene saliendo del
desgarro que produce un divorcio. Por ejemplo, la persona vuelve a funcionar a
todo su potencial, tanto en sus trabajos y en su círculo social. Ya no se queja
de su desgracia ni habla negativamente de su ex pareja y se le oye decir con
gracia: “El tiempo que vivimos juntos fue bueno”.
“Si algún día vuelvo a casarme, será cuando esté completamente seguro (a) de que
esa relación va a ser permanente”.
“Siento la necesidad de una persona adulta en mi vida”.
“Ya no volveré a cometer los mismos errores, la vida misma me lo ha enseñado”.
“Mis errores los recuerdo no para rumiarlos, sino como una lección bien
aprendida”.
Tampoco hay que ignorar las pautas que los niños a veces suelen dar,
especialmente cuando dicen: “Papá, queremos una nueva mamá, ó, mamá queremos un
nuevo papá”. Ese mensaje no hay que ignorarlo porque ya lo han hablado entre
ellos, por lo tanto, es algo de suma importancia. Es un clamor del alma que no
se puede tomar livianamente para que no se sientan avasallados. Después de todo,
hay lógica en creer que es mejor un buen padrastro a tiempo, antes que un padre
desobligado y ausente.
El tema del divorcio es muy vasto con muchas ramificaciones y en algunos casos
muy complicadas. Pero bien vale la pena tocarlo y hacer lo mejor que podamos con
tal de salvaguardar lo único que es nuestro en la vida: lo único que lleva
nuestra sangre, parte de nuestros huesos y carne de nuestra carne. Esos son tus
hijos, ámalos y cuídalos entrañablemente. Si lo haces, te bendecirán el día de
mañana. Y si los abandonas, no desearán conocerte. ¡PIÉNSALO!
(cortesía www.lavoz.org/)