La Familia, Transmisora de la Fe


V. Encuentro Mundial de la Familia (2006)

CATEQUESIS NOVENA

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Lectura bíblica: Jn 19, 25-27.

Enseñanza de la Iglesia:

1. La Virgen María está unida con vínculo indisoluble a la vida y la obra salvífica de su Hijo. Esta unión se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte. En el nacimiento, cuando presentó a los pastores y a los magos a su Hijo primogénito; en el Templo cuando, hecha la ofrenda propia de los pobres, lo presentó a Dios y oyó profetizar a Simeón que una espada atravesaría su alma; en la vida pública, con su intercesión en las bodas de Caná, suscitó el comienzo de los milagros de Jesús; durante la pasión, con su unión fiel a Cristo hasta el pie de la Cruz, sufriendo profundamente con Él y asociándose a su sacrificio con entrañas de Madre; en el momento de pasar de este mundo al Padre, siendo dada por Jesús agonizante al discípulo como Madre; y en Pentecostés, implorando, junto con los Apóstoles, el don del Espíritu y ejerciendo su maternidad en los comienzos de la Iglesia.

2. De este modo, concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el Templo, padeciendo con Él cuando moría en la Cruz cooperó de forma enteramente impar a la obra del Salvador -con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad- en la restauración de la vida sobrenatural en las almas. Así se convirtió en Madre de los hombres en el orden de la gracia. No obstante, esta misión maternal no oscurece ni disminuye la mediación única de Cristo, sino que sirve para demostrar su poder.

3. María está también profundamente unida a la vida y misión de la Iglesia. En efecto, la Iglesia, contemplando su profunda santidad, imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace también Madre; ya que, por la predicación de la Palabra de Dios, aceptada con fidelidad y por el Bautismo, engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios.

4. Además, en María la Iglesia admira y ensalza al fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser.

5. Por todo esto, la Iglesia presenta a María a los fieles para que la contemplen como primera obra de la redención, la veneren como Madre de Jesús y Madre suya y la imploren como su intercesora, tanto en el culto litúrgico como en las prácticas y ejercicios de piedad hacia ella recomendados por el Magisterio a lo largo de los siglos.

6. Así mismo recuerda a los fieles que la verdadera devoción a María no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad; sino que procede de la fe auténtica que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, a un amor filial hacia ella y a la imitación de sus virtudes.

7. Todos somos conscientes de haber recibido la devoción de la Virgen en el ámbito de nuestro hogar, como una herencia preciosa, a través del ejemplo y el testimonio de nuestros padres: el rezo del rosario en familia, el Ángelus y la Salve, la celebración de las fiestas marianas, el mes de mayo, las visitas a algún santuario, etc.

8. Las fiestas marianas han sido siempre momentos especiales para frecuentar los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Con frecuencia, la Patrona de tantas parroquias es un misterio de la vida de María, el cual se convierte por ello en punto importante de la vida de esa comunidad cristiana.

 

 Diálogo:

 Oración por la familia: Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquélla de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.