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Dos Novenas a Nuestra Señora del Sagrado Corazón

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REFLEXIÓN :
Entre los cristianos, existe la tradición de las novenas, que son tiempos de oración más intensa y de esfuerzos sostenidos para alcanzar una vida cristiana más profunda.
Esos esfuerzos unidos a las oraciones que se hacen para pedir favores implican:
— una participación renovada de los sacramentos (eucaristía y penitencia);
— una práctica más intensiva de la caridad cristia­na en la familia y en el medio ambiente;
- una decisión personal de conversión...
En cuanto a la oración, puede ser útil tener a mano un texto, que se usa como guía.
Por ese motivo, se ofrecen dos textos de no­venas. Se espera que los mismos puedan ser de utilidad, cuando se desee intensificar, durante varios días, la oración de petición.
Sin embargo, es bueno recordar que e] Señor Jesucristo y Nuestra Señora son sensibles a nues­tra voluntad sincera de comunión con ellos, y a nuestros esfuerzos auténticos de vida cristiana.



Nuestra Señora del Sagrado Corazón





ORACIÓN
A
NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN

ACUÉRDATE, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, de las maravillas que Dios hizo en ti. Te escogió como Madre de su Hijo, a quien seguiste hasta la cruz. Te glorificó con El, escuchando con agrado tus plegarias por todos los hombres.

Con más confianza en el amor del Señor y en tu intercesión, venimos contigo a las fuentes de su corazón, de donde brotan para la vida del mundo la esperanza y el perdón, la fidelidad y la salvación ...

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, tú conoces nuestras necesidades: habla al Señor por nosotros y por todos los hombres. Ayúdanos a vivir en su amor; para eso, alcánzanos las gracias que le pedimos y las que nos son necesarias, Tu petición de Madre es poderosa: que Dios responda a nuestra esperanza, Amén.

NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN,
RUEGA POR NOSOTROS



Nuestra Señora del Sagrado Corazón





            Nueve meditaciones
sobre 

 el "Acuérdate.



Primer día

1. ACUÉRDATE, NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN, DE LAS MARAVILLAS QUE DIOS HIZO EN
TI!
Qué consuelo, Nuestra Señora del Sagrado Co­razón, saber que estás tan cerca de nosotros, es­cuchando con agrado nuestra oración! Porque eres nuestra Madre, conoces nuestras necesidades aun antes que te las expresemos. Sabes, de antemano, el motivo que nos trae a rezarte durante esta novena (Silencio).

iQué sería de nosotros, si llevando e] peso de nuestras inquietudes, dudas y sufrimientos, no tuviéramos libre el corazón para abrirnos a la Voluntad de Dios!

Por eso, nos dirigimos a ti, Madre, con una confianza total: escucha nuestra oración, ruega por nosotros ante tu Hijo, pero sobre todo, ayú­danos a compartir los sentimientos de su corazón y guárdanos en su Amor,

Nos, agrada nombrarte con el hermoso título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, un nom­bre que recuerda todas las maravillas con que el Amor del Señor te ha llenado.

Fuiste elegida por Dios. El te llenó de Graciay belleza. Desde el instante de tu concepción fuiste completamente Inmaculada. Eres para nos­otros un regalo del corazón de Dios.
Con ternura inmensa, el Señor se "inclinó so­bre ti", su humilde esclava. El te amó más que a todas las criaturas, para que tú seas en nuestra noche una luz de esperanza y de gozo.
Virgen pura, Madre del Hijo de Dios, hija pre­dilecta del Padre y Santuario del Espíritu Santo, con todas las generaciones te proclamamos biena­venturada! Acuérdate de las maravillas que el Amor del Señor hizo en ti, y, en nombre de este amor, ayúdanos a hacer todo lo que Jesús nos diga. Amén.



Acuérdate... Segundo día

2.EL TE ESCOGIÓ COMO MADRE DE • SU HIJO...
Acuérdate, Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, de las maravillas que el Señor hizo en ti, a fin de preparar tu corazón para acoger al Hijo de Dios. El Padre te amó desde siempre y te escogió entre todas las mujeres.
Este amor privilegiado de Dios te fue revelado el día de la Anunciación. Acuérdate de ese ins­tante cuando el Ángel Gabriel llegó en nombre del Altísimo para solicitar tu participación en la obra de la Salvación!
Con él volvemos a decirte: "alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Humilde esclava del Señor, tú aceptaste que todo se hiciera en ti según su Palabra y en tu seno el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros! .. .
Oh Nuestra Señora, con toda la Iglesia te acla­mamos como Madre de Dios, pues el Hijo Eterno del Padre quiso nacer de ti, quiso que su corazón de hombre fuera carne de tu carne ...
Este corazón del Mejor de entre todos los hom­bres, Cristo, lo sentiste vivir y palpitar contra tu propio corazón. Fuiste la primera en saber cuán grande es el amor de Dios manifestado en Jesucristo y, a pesar de todo, caminaste como noso­tros en la oscuridad de la fe.

Acuérdate, Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, de los lazos maternales que te unen al cora­zón de tu Hijo! Intercede por nosotros (Silencio). Prepara nuestro corazón para acoger su Amor y concédenos vivir como tú en la confiada aceptación de su Voluntad. Amén.



Acuérdate... Tercer día
3. (...) A QUIEN SEGUISTE HASTA LA CRUZ.
"De pie, junto a la cruz de Jesús, estaba su
Madre".
Nuestra Señora del Sagrado Corazón, esta cor­ta frase evangélica nos revela e] extraordinario misterio de amor que te unía a tu Hijo.

Por amor fuiste fiel hasta el final, Tú quisiste seguir a Jesús por el camino del Calvario, para estar junto a El mientras, clavado sobre la cruz, ofrecía su vida para salvación del mundo.
¿Quién podría expresar las angustias de tu co­razón maternal en aquel momento trágico? Sin embargo, cuando todo parecía derrumbarse a tu alrededor, permaneciste de pie. Madre Admira­ble, en ti el amor es más fuerte que la muerte: en la noche de la prueba tu amor no vaciló. Ante el corazón herido de tu Hijo te conviertes plena­mente en "Nuestra Señora del Sagrado Corazón".
Fue también por amor que Dios quiso tu pre­sencia al pie de la cruz. Al escogerte como Madre, te invitó igualmente a participar en su obra de salvación. Es verdad que Cristo es e] único Salva­dor y Mediador, y sólo El reconcilia al hombre con Dios.

Acaso, ¿no convenía que, en la nueva crea­ción, la Nueva Eva estuviera presente al pie del árbol de la vida, asociada al Nuevo Adán, entre­gando con El, al Pueblo de la Nueva Alianza, los frutos de la gracia y del perdón?
El Señor te escogió para que desempeñaras este papel único y, por eso, en ese momento so­lemne, te señaló como la mujer por excelencia, la Madre de todos los vivientes: "Mujer, he ahí a tu Hijo... ".
Acuérdate, Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, que te convertiste en Madre Nuestra al pie de la Cruz! No te alejes de nosotros cuando su­frimos, Ayúdanos a mantener la confianza pase lo que pase. Ayúdanos a mantenernos fuertes y animados en la prueba para que aprendamos co­mo tú a "completar en nosotros lo que falta a la Pasión de Cristo, en pro de su Cuerpo que es la Iglesia" (Col, 1, 25). Amén.




Acuérdate... cuarto día

4. TE GLORIFICO CON EL, ESCUCHAN­DO CON AGRADO TUS PLEGARIAS.
Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en Pas­cua tu fidelidad ha sido premiada. La oscuridad de la noche del Calvario abre paso a la luz del día de la Pascua. Así como fuiste asociada al Cristo sufriente, estás unida a El en la alegría y en la gloria.

En verdad, Jesús resucitado quiere comunicar a toda la humanidad lo que poseerá en adelante: una vida gloriosa, pues "aquél que resucitó a Je­sús de entre los muertos dará también la vida a nuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en nosotros" (Rom. 8, 11). Pero, en todo caso, Madre, el Señor no esperó la resurrección final. Por amor transfiguró ya todo tu cuerpo y alma, en su luz y en su vida!

Tu gloriosa asunción es al mismo tiempo un don de Dios y el fruto de tu fidelidad al respon­der a su amor; para todos nosotros, para el pue­blo de Dios en marcha, tu asunción es también un maravilloso signo de esperanza.

Si compartes ahora la gloria de tu Hijo, si estás junto a El, para siempre, con tu cuerpo glorifica­do y tu alma maternal, ¿no será para que al mismo tiempo estés más cerca de nosotros? ¿No eres para siempre nuestra Madre?

Tú que nos amas, tú que estás tan íntimamen­te unida a Jesús, nuestro Único Mediador, inter­cede por nosotros! Que, como acogió tu oración en Caná, atienda ahora las peticiones que tú le presentes en nuestro nombre. (Silencio),

Madre de la Iglesia, Madre de todos los hom­bres, habla por nosotros y de nosotros al Cora­zón de tu Hijo resucitado. Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.




Acuérdate... quinto día

5. TU CONOCES NUESTRAS NECESIDADES. HABLA AL SEÑOR POR NOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES.
Tu gloriosa asunción no te separó de tus hijos, ¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón!
Al contrario, sabemos que ahora estás para siempre junto a nosotros, maternalmente presen­te y atenta cada vez que nos dirigimos a Dios.
A pesar de nuestras miserias y debilidades, podemos orar con confianza apoyándonos en Tí.
Desde las bodas de Caná, pasando por el Cal­vario y el Cenáculo hasta llegar a este momento de nuestra historia.
¿No eres Tú nuestra embajadora ante el Cora­zón de tu Hijo, "para que, sostenidos por tu ma­ternal protección, nos unamos más íntimamente al Único Mediador y Salvador"? (Concilio. L.G. 62).
Por eso, te suplicamos a ti, María, que tan ma­ravillosamente cantaste a Dios tu reconocimien­to y tu amor, para que presentes a tu Hijo nues­tras alabanzas y nuestras acciones de gracias.
El Señor ha hecho maravillas también por nos­otros, pero... i cuán poco sabemos reconocerlas!

Comunícale nuestro gozo por haber sido Salva­dos por El, por ser en El hijos del Padre y tem­plos del Espíritu Santo.

Dale nuestras gracias por la vida, la fe, el bau­tismo, la Eucaristía, y por la maravillosa esperan­za de contemplarle un día, contigo, eternamente.
Preséntale también nuestras peticiones....; tú sabes las ansias y deseos que llevamos en el cora­zón; tú sabes por qué, cada día de esta novena, venimos a orar. (Silencio).
Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Madre que tanto nos amas, te lo suplicamos, ruega por nosotros al Corazón de tu Hijo, fuente de toda gracia.
Preséntale igualmente las necesidades de nues­tros hermanos los hombres, particularmente de los que sufren en una sociedad regida por el egoísmo ciego, la competición más feroz, el en­gaño y la explotación.
Con ellos estamos asociados en una Fraterni­dad de oración: con ellos y por ellos te rogamos. Guárdanos a todos en la confianza, en la justicia y en la paz. Amén.




Acuérdate... sexto día

6. AYÚDANOS A VIVIR EN SU AMOR.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en la tar­de del Jueves Santo, tu Hijo Jesús nos mandó con insistencia guardar su mandamiento: "ámense los unos a los otros como yo les he amado. Esta es la señal por la cual se sabrá que ustedes son mis dis­cípulos: si tienen amor los unos por los otros" Un. f3, 34),

Para que nuestra caridad sea auténtica debe­mos, pues, amarnos los unos a los otros como Je­sús nos amó. El nos invitó a imitar de esta mane­ra, "en todas partes" y en todo tiempo, el amor mismo de su Corazón por todos los hombres.

Esto no es posible si no estamos unidos con todo nuestro ser a Jesucristo, para vivir de su amor y hacerlo presente en nuestro ambiente.

Por eso nos pide, ese mismo Jueves Santo: "per­manezcan en mi amor; si ustedes guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo permanezco en el Amor del Padre guardando sus mandamientos" Un, 15, 10).

Tú, que tan perfectamente cumpliste la volun­tad de Dios, tú que viviste tan íntimamente unida al amor de tu Hijo, ayúdanos a cumplir sus man­damientos, ayúdanos a permanecer en su amor, para que sepamos amar a nuestros hermanos con un amor total y desinteresado, "como Jesús nos amó".

Tenemos muchas cosas que pedirte durante es­ta novena, Madre buena. Pero ésta es la más im­portante: convierte nuestro corazón, ayúdanos a vivir en el amor de tu Hijo como tú supiste ha­cerlo, pon en nosotros los sentimientos del Cora­zón de Jesús, para gloria del Padre y servicio de nuestros hermanos. (Silencio).
Haznos testigos del amor, para que venga por fin el Reino de Cristo: "Reino de vida y verdad, reino de gracia y santidad, reino de justicia, de amor y de paz". Amén,



Acuérdate... séptimo día
7. CONDÚCENOS A LAS FUENTES DE AGUA VIVA QUE BROTAN DE SU CORAZÓN,
Cuando el pueblo hebreo, sediento y cansado, atravesó e] desierto en marcha hacia la Tierra Pro­metida, Dios le dio de beber, ordenando a Moisés golpear la roca con su bastón para hacer brotar una fuente de agua viva (Ex, 17, 3-7).

El pueblo de la Nueva Alianza, en marcha ha­cia la verdadera Tierra Prometida, tiene también necesidad de calmar su sed para seguir la marcha: como la Samaritana, aspira confusamente tener una fuente de agua viva que calme para siempre su sed (/n, 4, 13-15),

Y Jesús complace este deseo profundo: "Quien tenga sed, que se acerque a mí; quien crea en mí, que beba. Como dice la Escritura: De tu entraña manarán ríos de agua viva. Decía esto refiriéndo­se al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en El" (/n, 7, 37-38).

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, tú viste con tus propios ojos la realización de esta pará­bola: en la lanzada del soldado que atravesó el costado de tu Hijo y de cuyo corazón salió san­gre y agua, adivinaste con San Juan todo el significado de este misterio. Pues la roca es Cristo, dice San Pablo (7 Cor. 10, 4).

Más allá de la muerte, tu Hijo quiso abrir su Corazón para saciar nuestra sed para siempre. Según su promesa, nos da su Espíritu, la gracia, los sacramentos, la vida de Dios!

Virgen María, queremos llamarte Nuestra Se­ñora "del Sagrado Corazón" porque estás muy cerca de esta fuente de agua viva que brota del Corazón de tu Hijo. (Silencio).
Te suplicamos, ruega por nosotros, pecadores; mira a tus hijos que sufren; mira a todos los que no conocen aún e] Evangelio, a aquellos que te buscan con sincero corazón. Condúcelos a tu Hi­jo, para que los hombres de toda raza, lengua y nación vengan a sacar agua con gozo de las fuen­tes de salvación. Amén.



Acuérdate... octavo día

8. DE DONDE BROTAN PARA LA VIDA DEL MUNDO LA ESPERANZA Y EL PERDÓN, LA FIDELIDAD Y LA SALVACIÓN,
Nuestra Señora del Sagrado Corazón, todas las gracias que necesitamos brotan del Corazón de tu Hijo. — Tu Hijo que anuncia un nuevo modo de vivir, que da vida, que es vida, que es la plenitud de la vida, que es nuestra vida (fs. 65, 17-25; Lc, 7, 18-23; Jn, 11, 25-26; Hech. 2, 22-24; Mt. 28, 1-10)—.
Y tú, Madre nuestra, velas con solicitud para que tomemos parte de las gracias que brotan del Corazón de tu Hijo.
Te pedimos, con confianza, por nosotros mis­mos y por todos nuestros hermanos los hombres: en medio de las pruebas, líbranos de todo desa­liento. Que al contemplar el Corazón abierto de tu Hijo, veamos abiertas las puertas de la vida. (Silencio).

Sí, ahora tenemos acceso ante Dios; participa­mos de su Espíritu; ya podemos decir: ¡PADRE! iPADRE NUESTRO!

¿Cuántas veces Jesús podría dirigirnos el mismo reproche que a sus discípulos en medio de la tempestad: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe? ".
Ayúdanos, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, a mantener la fuerza de la fe, siendo hombres de esperanza.

Por tu oración, consigue, para nuestro mundo desgarrado por el odio, la paz que tu Hijo vino a traer; paz prometida en la noche de Navidad, paz que Cristo resucitado comunica a sus apóstoles reunidos en el Cenáculo. No es la paz del confort, de la resignación y la tranquilidad, la que te pedi­mos; no es la paz como la da el mundo; es la paz de Jesús fundada sobre la justicia y el amor,

Haz de nosotros, los constructores de la paz que se comprometen con generosidad al servicio de la justicia, siendo hombres justos; al servicio de la liberación, liberándonos nosotros primero.
Ten piedad de todas las víctimas de la guerra, o de la opresión. Ayúdanos a crecer en e] amor. Ayúdanos a construir un mundo fraterno y justo, "Reino de Justicia, de Amor y de Paz". Amén.


Acuérdate... noveno día


9. TU PETICIÓN DE MADRE ES PODEROSA, QUE DIOS RESPONDA A NUES­TRA ESPERANZA.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, hemos llegado al término de esta novena. Contemplando tu gracia y tu belleza, meditando la extraordina­ria relación de amor que te une al Corazón de tu Hijo, nuestra confianza en tu bondad y en el po­der de tu intercesión no cesa de crecer,
Aunque no seamos escuchados en el momento y la manera deseados, guardaremos siempre la misma confianza filial, pues nuestra oración nun­ca es inútil, y Tú sabes mejor que nosotros, como Madre que eres, lo que nos conviene.

Seguiremos, pues, rogándote; renovaremos el deseo de nuestra novena, pues la perseverancia es la mejor manifestación de confianza y la mejor manera de profundizar, gracias a Ti, lo que el Señor espera de nosotros. (Silencio).

Sin embargo, estamos seguros de esto: de una manera u otra, Tú, ya, nos has escuchado, pues una Madre no puede permanecer insensible a la llamada de sus hijos, aunque pecadores e indignos ....

Desde ahora, Te damos las gracias, Madre Buena, Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
Como ves, nuestra confianza descansa en Ti. Mira a tus hijos; ellos elevan sus manos hacia Ti: escucha sus ruegos, sobre todo de los que sufren y de los que lloran.,. Danos la esperanza, danos la paz, danos el amor de tu Hijo, y entonces po­dremos hacer plenamente la voluntad del Padre.

Si las pruebas deben continuar en nuestra vida, guárdanos en la misma confianza y en la misma paz. Cuida de nosotros, para que a la hora de nuestra muerte tengamos el gozo de ser acogidos por Ti cerca de tu Hijo. Tanto hoy como en la hora de nuestra muerte, quédate con nosotros, isé siempre nuestra Madre! Amén.




Nueve meditaciones
sobre el texto mariano
del C o n c i l i o V a t i c a n o II





Primer día

EL PLAN DE AMOR DE DIOS SOBRE MARIA Y SOBRE NOSOTROS, CAUSA DE NUESTRA CONFIANZA
Nos encontramos aquí ante ti, Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Venimos a rezarte por,, . (intención de la novena),

Lo que primero nos mueve a estar aquí es el amor que Dios nos tiene, amor manifestado en su plan de salvación de los hombres y en ti, "ben­dita entre todas las mujeres", Madre que El esco­gió para su Hijo. Eva contribuyó a nuestra muer­te y derrota. Dios prometió que la descendencia de una mujer victoriosa nos devolvería la vida y la victoria. Para preparar nuestra salvación, e] Se­ñor escogió a Abraham, nuestro padre en la fe; como él, Nuestra Señora, tú serás la fuente de un pueblo innumerable porque, como Abraham, te confías al Señor y no vacilas en compartir el sa­crificio del Hijo que te dió para ser inmolado.

Del pueblo que Dios dirige a lo largo de los si­glos, tú eres la Hija favorecida, oh Nuestra Seño­ra: en ti la esperanza del mundo fue respondida; en ti la oración de los pobres se hizo poderosa; en ti toda fidelidad es perfecta; en ti reverdece nuestra raza; en ti Dios se hace hombre tomando de ti su cuerpo y su corazón,..

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, nueva Eva, Hija de Sión, Madre del Salvador, con todas las generaciones alabamos al Señor por sus mara­villas. Ya que en ti se acordó de la promesa hecha a nuestros padres en favor de Abraham y su raza por siempre, preséntale hoy nuestra oración. Su amor se extiende de generación en generación hasta nosotros: que por tu intercesión maternal nos alcance el favor que hoy le pedimos y nos renueve en la fe, la esperanza, la fidelidad y la acción de gracias! Amén,



Concilio... segundo día

2. NUESTRA RESPUESTA AL SEÑOR CON NUESTRA SEÑORA Y POR ELLA
Alégrate, Virgen María, llena de gracia, el Señor está contigo y bendito es el fruto de tus en­trañas, Jesús! Dios te escogió desde toda la eter­nidad para ser la madre de su Hijo! El Espíritu está sobre ti y el Señor vive en ti mejor que sobre el Arca de la Alianza, realizando con todos los hombres una alianza nueva en el amor.
Madre bendita entre todas las madres, tú muestras y ofreces a Jesús al mundo, y nos señales su corazón que es signo de amor: contigo, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, alabamos al Señor! El hizo por ti y por nosotros grandes cosas: santo es su nombre!

Pero El quiso contar con tu aceptación: te da­mos gracias por haber hecho tuyo su plan de sal­vación y por estar consagrada por completo, co­mo esclava del Señor, a la persona y obra de Je­sús. Obedeciendo te convertiste en fuente de sal­vación para ti y para todos los hombres.

¡Dichosa tú, que has creído! ¡Dichosa tú, que dijiste sí! ¡Dichosa tú, que has servido! Enséña­nos, Nuestra Señora, tu fidelidad y tu confianza perfecta al Señor. Ayúdanos a servirle mejor.

Haznos comprender que Dios también cuenta con nosotros para la salvación del mundo y pide, a través de la vida diaria, nuestro testimonio, nuestra oración y nuestra acción.

Que tu visita a tu prima Isabel nos enseñe a servir a los demás y que también nosotros les lle­vemos a Cristo. Que la paz prometida en su naci­miento llegue a todos los hombres. Que los po­bres sean recibidos por El como los pastores que lo hallaron "con su madre". Que todos nuestros hermanos gocen de la alegría de su amor y de su salvación! Y que por tu oración, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, también nos conceda, co­mo señal de sus mayores gracias, e] favor que hoy te pedimos. Amén.



Concilio... tercer día

3. ATENTOS A LA PALABRA DE DIOS COMO

MARÍA, SIERVA DEL SEÑOR



Nuestra Señora del Sagrado Corazón, tú renue­vas día tras día la ofrenda que hiciste al presen­tar a Jesús en el Templo, durante su infancia.

En Caná, donde Jesús descubre su gloria ante los hombres y comienza su misión, El hizo que tu fe aumentara todavía más: por la palabra "Mu­jer" te hizo comprender mejor cuán amplia es tu maternidad, Madre de Jesús-Salvador, desde ese momento eres, como quedará claro en la Hora de la salvación, la Madre de todos los salvados. Tú estás siempre atenta a nuestras necesidades: "No tienen más vino", dijiste; y, en señal de tu maternidad y de tu participación en la salvación, Jesús, en el vino del milagro, anuncia los sacramentos y la gracia futura.

Madre del Salvador, Nuestra Señora del Sagra­do Corazón, te presentamos hoy nuestras necesi­dades: las necesidades de la Iglesia, las necesida­des de todos los hombres. Háblale de nosotros a tu Hijo y guíanos hacia Aquel que nos muestras en tus brazos, Repítenos como dijiste en Caná: "Hagan lo que El les diga". Ayúdanos a escuchar­le y a servirle todos los días en nuestra vida que está llena de inquietudes y de trabajos.

A ti, que tan bien recibiste su Palabra, te con­sideró más dichosa, no porque fueras su madre, sino porque escuchaste su Palabra y la llevaste a la práctica. Meditaste las Beatitudes, de El apren­diste el Padre Nuestro. Sí, repítenos hoy "hagan todo lo que El les diga"; y "ibienaventurados los pobres! ; ibienaventurados los justos! ; ifelices los puros! ; ifelices los que luchan por la paz y la justicia! ; cuando recen, digan `Padre Nuestro'; si me aman, guardarán mis mandamientos; per­manezcan en mi amor".

Nuestra Señora de] Sagrado Corazón, haz que respondamos como tú al Señor, . . Mantennos atentos a las necesidades de nuestros hermanos como tú lo hiciste en Caná y concédenos, en se­ñal del amor del Señor y de su vida en nosotros, la gracia que te pedimos. Amén.




Concilio... cuarto día
4. MARÍA AL PIE DE LA CRUZ Y NUESTRA PARTICIPACIÓN EN LA SALVACIÓN
"De pie, cerca de la cruz, estaba María su Ma­dre". Aquí tenemos a la nueva Eva cerca de] nue­vo Adán, la Madre de los salvados cerca de] Re­dentor. Ella participa de su ofrenda y "se asocia, con corazón maternal, a su sacrificio consintien­do la inmolación de la víctima que había engen­drado...".
En este momento, oh Madre Nuestra, tú nos representas a todos. En ti se realiza nuestra parti­cipación en el sacrificio del Señor por la unión íntima a sus padecimientos y a su corazón. Como la primera de los redimidos, tú expresas también nuestro dolor, nuestro arrepentimiento, nuestro gozo de salvados y nuestra ofrenda. Es por esto que Jesús te dice: "He ahí a tu hijo", como nos dice: "He aquí a tu madre". En esta "Hora" de la salvación, Mujer, todos los humanos te son confiados porque tu fe es nuestra fe y tu ofrenda es también nuestra ofrenda.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, haznos amar a nuestro Salvador y vivir de su vida, de hoy en adelante, en la fidelidad y en el servicio. Extiende su gracia a todos los hombres y muéstrales e] costado abierto de donde brotó la fuente de la salvación. Pues "un soldado le hirió e] costado y de él salió sangre y agua", Nuestra Señora del Sa­grado Corazón, haznos comprender su amor con­templando a Aquél que traspasamos; lloraremos la muerte del Salvador y luego nos regocijaremos porque el pecado ha sido vencido, ha brotado la gracia! ¡Gloria al Cordero que ha sido inmolado! "Eran nuestros sufrimientos los que El llevaba, y Dios quiso que pesara sobre El, e] castigo que nos libera".

Oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón, de pie junto a la cruz y al Corazón de Jesús, enséña­nos también e] sentido del sufrimiento. Quere­mos completar hoy en nuestros cuerpos "lo que falta a la pasión de tu Hijo": debemos revivirla en el mundo haciendo de nuestras pruebas, de nuestra participación en los esfuerzos, en los tra­bajos, en las luchas de los hombres, una ofrenda unida a la del Señor y que prepare un mundo nuevo.
Danos el coraje de permanecer al pie de la cruz aceptando las tardanzas de Dios o sus silencios aparentes. Haznos comprender que, si la gracia pedida se dilata, es porque recibiremos, para nuestra salvación y la de nuestros hermanos, otras gracias mayores, y ellas serán para todos una se­ñal de amor. Amén.



Concilio... quinto día

5. LA PASCUA Y LOS COMIENZOS DE LA IGLESIA CON MARÍA, MADRE DE JESÚS
Desde las primeras horas, oh Nuestra Señora del Sagrado Corazón, pudiste sin duda alegrarte de la resurrección de Jesucristo. Durante la larga espera, en ti se mantuvo la fe de la Iglesia: ofre­cemos al Señor esta fe de su Madre, ofrecemos su fidelidad para que El guarde a la Iglesia persegui­da y guarde también a tantos hombres probados en el mundo, para que nos mantenga a nosotros en la esperanza y la fidelidad todos los días de nuestra vida.

La alegría pascual, oh Nuestra Señora del Sa­grado Corazón, es, sin duda, volver a Jesús. Es sobre todo saber que su amor es vencedor, que el hombre está redimido, que los tiempos nuevos han comenzado. Concede esta alegría a cada hombre contemplando las llagas y el costado he­rido de Jesucristo; que comprenda que El le ama, que está salvado, que sólo tiene que responder y devolver al Señor amor por amor.

Después de la Ascensión, cuando Jesús nos va a preparar un lugar y nos envía a la misión, los apóstoles andan desamparados, la Iglesia se tambalea: pero tú diriges su oración, oh Nuestra Señora, tú imploras con ella el Espíritu del Señor, su fuerza, su impulso, su luz. Como el Espíritu te puso bajo su sombra, El se apoderó de los apóstoles: por ellos y por la Iglesia El nos toca. En el Espíritu del Hijo podemos decir a Dios "Padre Nuestro"; en El formamos la Iglesia; en El somos testigos del Cristo resucitado. Nuestra Se­ñora del Sagrado Corazón, que tu oración conti­nua nos guarde siempre en este espíritu, en este amor. Que ella nos haga vivir como hijos de Dios y testigos de Jesucristo.

Tu oración permanece. Dios te tiene en su glo­ria al lado del Hijo que conserva para siempre sus heridas. Nuestra Señora del Sagrado Corazón, háblale de nosotros, de la Iglesia, del mundo. Preséntale nuestra oración unida a la súplica de la Iglesia y con la insistencia de todos aquellos que con nosotros te imploran de manera especial. No permitas que nunca traicionemos esta fidelidad cristiana que tú representas por nosotros cerca del Señor, cantando el magnificat del gozo de los que fueron salvados por su amor. Amén.



Concilio.. sextp día.



6. LA MATERNIDAD ESPIRITUAL DE

MARÍA Y SU ORACIÓN POR NOSOTROS

Dios todopoderoso, creador y Padre nuestro, te alabamos y te damos gracias en honor de la Virgen María. En tu amor la pusiste aparte y la llamaste, de entre todas las criaturas, para ser la Madre del Salvador, del Dios-con-nosotros. Le diste el participar en la salvación de la humani­dad de un modo particular. Por su vida, orienta­da toda hacia ti, por su Sí repetido sin cesar, la Madre del Salvador quiso contigo la obra total de nuestra redención. Por eso la escogiste, por la Pa­labra de tu Hijo, como la Madre del discípulo amado y, por lo que nos dice Juan, sabemos que nos incluyó a todos.
Sí, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, te to­mamos por madre nuestra. Queremos que cada día nos hagas nacer poco a poco a la vida que nos viene del Corazón de tu Hijo. Sabemos que en e] cielo tú pides con nosotros a Aquel de quien nos viene toda gracia. Y nos gusta llamarte "esperan­za nuestra", pues tu intercesión maternal nunca nos ha fallado.
Sabemos que te inclinas y miras con a m or a nuestro mundo y sus necesidades, los hombres y sus preocupaciones. Sabemos que recoges y pre­sentas a tu Hijo nuestra alabanza y nuestra acción de gracias, nuestra fidelidad y nuestro amor.

Madre del Salvador, que tu oración con noso­tros y por nosotros conduzca a cada hombre a Jesucristo. Que ella nos haga vivir en El y en su gracia. Pedimos tu intercesión por todas nuestras necesidades, materiales y espirituales (especial­mente por,,. intención de la novena), igual que por todos Nuestros hermanos los hombres.

Por ti y contigo, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, damos gracias a Dios nuestro Padre por Cristo nuestro Mediador todopoderoso en el Es­píritu que nos hace vivir. Amén.



Concilio... séptimo día
7. MARÍA, NUESTRO MODELO EN LA FE, LA ESPERANZA Y EL AMOR
Virgen María, "tú brillas como un modelo de virtud sobre toda la comunidad de los elegidos", y con la Iglesia fijamos en ti nuestra mirada. Ilu­mina nuestra inteligencia y haz que arda nuestro corazón para contemplar con fruto tu fe, tu obediencia y tu amor a Dios.
Tú eres "dichosa, porque has creído" y tu fe se afianzó a medida que el Padre te descubría su designio de amor sobre tu Hijo y su misión de salvación. En Navidad reconoces en tu Hijo a Aquél que Dios envió para cumplir las promesas y realizar la nueva alianza. En el Templo aceptas de antemano el sufrimiento. En Caná ves crecer tu maternidad y encaminas la fe de los apóstoles cuando Jesús revela su gloria e inaugura su misión. Habiendo recibido y comprendido la enseñanza de Jesús, estás de pie junto a la cruz y participas de su ofrecimiento. Luego tu oración sos­tiene a la Iglesia naciente y educa su fe,., Y hoy, nosotros presentamos al Señor la fe tuya, Madre, y le alabamos por tu respuesta.

Tu fe guió tu obediencia y tu servicio. Desde la anunciación entras en e] plan de Dios y te sometes para siempre a su Palabra. Es por eso que Aquél, que por nosotros se hizo obediente hasta la muerte, no vaciló en darle más importancia a tu humilde obediencia a la Palabra que a tu divi­na maternidad.
Sierva del Señor y modelo de nuestra fe, supis­te responder mejor que todos los hombres al a­mor de nuestro Padre. En la vida ordinaria como en los momentos de grandes pruebas, tu amor creció en fidelidad, en testimonio discreto y efi­caz y tu unión cariñosa con Jesucristo se notaba en cada acción sin distraer tu atención por los demás. Te vimos fiel, de la Visitación a Caná, de la Cruz al Cenáculo, siempre amando, sirviendo, acompañando.
Mientras contemplamos tus virtudes, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, unidos al Corazón de Jesús, haznos penetrar más íntimamente en el misterio de su amor. Ayúdanos a adaptar nuestra vida a tu Hijo Jesucristo. Haznos acoger, aun en medio de las pruebas, la Palabra de Dios, progre­sar en la fe y servir al Señor y a nuestros herma­nos. Danos los signos de la gracia que te pedimos. Haznos, sobre todo, vivir como hijos de Dios siendo testigos para que un día podamos cantar contigo la gloria, el poder y e] amor de Dios Pa­dre nuestro Salvador, Amén.



Concilio.,. octavo día

8. LA PETICIÓN, POR NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN

De nuevo nos alegramos, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, por las maravillas que Dios hizo por ti, Y sabemos que tu función de salvación, por la cual e] Señor te colmó de gracias, no se ha terminado. Creemos que por tu "intercesión mul­tiplicada continúas obteniéndonos los dones de la salvación eterna". Y porque te quiso cerca de su Hijo y unida a El, pero también porque le serviste fielmente en la fe y el amor, sabemos que Dios escucha tu oración.
Tú conoces nuestras necesidades, Madre aten­ta. Como en Caná, tú sabes lo que nos hace falta y que aun los dones más humildes pueden ser para nosotros los signos de la extraordinaria ri­queza del amor de Dios.
Te rogamos, pues, primero por la Iglesia. Da a los que la dirigen, fuerza y luz para que la conduzcan en santidad y unidad. Ruega al Padre para que envíe obreros a la cosecha y haga más atentos y generosos a todos los que son llamados. Haz que, en fin, la salvación alcance a todas las naciones, en una Iglesia única, signo eficaz del amor de Dios entre los hombres. Y haz de nosotros, cada día, en el hogar, en e] trabajo, en la parroquia, en la comunidad y en nuestro ambiente de vida diaria, testigos activos de la fe y apóstoles de Jesucristo. Te rogamos por el mundo para que tenga vida abundante: que reconozca a Aquél que Dios envió, al que tú diste a luz y y al que nos muestras, y da a los hombres el co­nocerse y el amarse mejor, en una solidaridad que construya la paz y la justicia.

Te rogamos en particular por todos los que su­fren: los enfermos, los presos, los perseguidos, los pobres, los huérfanos, los exiliados. Por los que pasan hambre, por los que se sienten solos, por las víctimas de las guerras y de los desastres, ayúdanos a no ser indiferentes a la miseria de los demás. Ten presente también a los que luchan por liberar a sus hermanos, a los que buscan so­lucionar los problemas de los oprimidos de este país.

Te rogamos, Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, por todos aquellos que hoy, en el mundo entero, cuentan con nuestra oración. Y te confiamos, una vez más, apoyados también en su fraternal súplica, nuestra petición personal.

Del Corazón de Jesús manó sangre y agua, símbolos de las gracias de la salvación y del amor de Dios. Contigo, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, venimos a beber con alegría de las fuen­tes del Salvador. Amén.



Concilio... noveno día

9. NUESTRA CONFIANZA Y NUESTRA ESPERANZA

Nuestra Señora del Sagrado Corazón, glorificada en el cielo en cuerpo y alma. Tú eres la imagen y el principio de la Iglesia de los salvados. Para nosotros que caminamos aquí abajo al en­cuentro del Señor, tú eres un signo de esperanza. Bendito sea Dios en el honor de la Virgen María y por esta seguridad que nos da en ella de parti­cipar un día plenamente en la victoria de Cristo resucitado, en la vida del mundo futuro.
Bendito sea Dios que realizó en ti y contigo sus promesas de amor. Bendito sea Dios que fue tu Hijo y te hizo participar de su misión de salvación. Bendito sea Dios que te quiso cerca de la cruz y cerca de su corazón. Bendito sea Dios que te hizo asistir a la Iglesia y te tomó para siempre en su gloria, Bendito sea Dios por su amor!
Ahora que estás en su presencia y que compar­tes su gloria, háblanos de Dios, háblale por nosotros. Ruega por nosotros, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, mostrándonos el corazón y el amor de Cristo, haciendo tuya nuestra oración para que nuestra esperanza tenga señales que podamos algún día ver y oír.

Y sobre todo que nos envuelva en su amor con todos los hombres. Que algún día estemos cerca de él y cerca de ti. Y que cada día de la espera vivamos en la fidelidad y en la gracia, aunque las pruebas sean largas.

Porque somos sus hijos y vivimos su vida. Por­que El nos da una misión y espera nuestro testi­monio, nuestra ofrenda unida a la de Jesús. Porque El es nuestro Padre y nos ha dado a su Hijo y su Espíritu. Porque en ti, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Madre de Jesús y Madre nuestra, El nos llama a la esperanza. Amén.
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Nuestra Señora del Sagrado Corazón

 


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