Oficio de la Solemnidad de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús


-Ultimo Sábado de Mayo-

Solemnidad

 

 

Contenido

NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN

Primeras Vísperas

SALMODIA

Lectura breve I Jn 4, 16-17

Responsorio breve:

Preces

Maitines

SALMODIA

Primera Lectura

Responsorio  Apoc 12, 1; Ps 44, 10

Segunda Lectura

Responsorio

Laudes

SALMODIA

Lectura breve

Responsorio breve

Preces

Hora intermedia

Himno

SALMODIA

Lectura breve   Ef 1, 3-4

Himnos latinos

 

 

     Primeras Vísperas

 

     Himno (los himnos latinos en la pag. 22-24)

 

 

Madre Virgen,

Hija feliz de tu Hijo,

sublime y humilde a una

entre todas las criaturas.

Desde la eternidad

por Dios predestinada,

eres tu nuestro orgullo,

gloria de nuestra raza.

Te mostraste tan noble

que, en admirable cambio,

quiso el sumo Hacedor

hacerse en ti creado.

En tu virginal seno

tomo vida el amor inagotable,

con cuyo aliento crecen

en la tierra las flores celestiales.

Sea dada gloria al Padre,

al Hijo y al Espíritu,

que ya desde el comienzo te adornaron

con la veste admirable de la gracia.

Amén.

 

 

SALMODIA

Antífona 1. Dichosa eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al Creador del universo.

 

                Salmo 112

 

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa,

como madre feliz de hijos.

 

Antífona: Dichosa eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al Creador del universo

Antífona 2: Engendraste al que te creó y permanecerás virgen para siempre.

 

                Salmo 147

 

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;

ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

 

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz;

manda la nieve como lana,

esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas

y con el frío congela las aguas;

envía una orden, y se derriten;

sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre...

 

Antífona: Engendraste al que te creó y permanecerás virgen para siempre.

Antífona 3: Tú eres la mujer a quien Dios ha bendecido, y por ti hemos recibido el fruto de la vida.

 

                Cántico               Ef 1. 3-10

 

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

É1 nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos santos

e irreprochables ante él por el amor.

É1 nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

E1 tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

recapitular en Cristo todas las cosas

del cielo y de la tierra.

 

Antífona: Tú eres la mujer a quien Dios ha bendecido, y por ti hemos recibido el fruto de la vida.

 

 

Lectura breve                                            I Jn 4, 16-17

Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su  plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues, como él es , así somos nosotros en este mundo

Responsorio breve:

R/. Dichosa, tu, María, que has creído. * Has hallado gracia ante el Señor. Dichosa...

V/. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones.

*Has hallado gracia ante el Señor.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

*Dichosa, tu, María, que has creído. * Has hallado gracia ante el Señor.

 

 

Antífona al Magníficat:

Dios, por el gran amor con que nos amó, envió su Hijo al mundo, nacido de una mujer.

Preces

Ensalcemos a Dios Padre todopoderoso, que ha querido que María, Madre de su Hijo, fuera celebrada por todas las generaciones y pidámosle con fervor: Interceda por nosotros la llena de gracia.

Dios de la paz y del amor, que constituiste a María madre de misericordia,

concede que experimenten su amor maternal cuantos se encuentren en peligro.

Tu que hiciste que María participara en la virginidad y pobreza de la vida de Jesús,

haz que, por su intercesión, todos los religiosos ejerciten en su vida la caridad y santidad a que fueron llamados.

Tu, que fortaleciste a María ante la cruz de su Hijo y en su resurrección la llenaste de alegría,

levanta el ánimo de los atribulados y reafírmalos en la esperanza.

Tu que quisiste que María orara con los discípulos en la espera de la efusión del Espíritu Santo,

haznos, por su intercesión, participar el amor del Espíritu para que podamos ser verdaderos testigos de Cristo.

Tu, que coronaste a María como reina del cielo y Señora de los Ángeles,

haz que nuestros hermanos difuntos gocen por siempre en el cielo, en la compañía de los santos.

 

Padre nuestro...

 

Oración

 

Oh Dios, que has manifestado en Jesucristo las inefables riquezas de tu amor y quisiste asociar al misterio de su Corazón a Santa María la Virgen, te suplicamos nos concedas participar también nosotros de ese amor y ser cada día sus testigos en la Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Maitines

 

Invitatorio

Al celebrar la solemnidad de la Virgen María, alegrémonos en el amor de Cristo Salvador.

 

El salmo invitatorio como en el Ordinario.

 

 

     Oficio de Lectura

 

     Himno (Los himnos latinos, en la pg. 22-24)

 

Tu ocupas, Oh María,

de la creación entera la alta cumbre,

sublime como nadie,

colmada de belleza.

Te elevas sobre todos,

por ser tu la elegida

para engendrar al Hijo

que tu Creador fuera.

Porque al que es proclamado

Rey, en la cruz pendiente, te asociaste,

en su pasión cruenta,

eres de todos Madre.

Adornada con tal magnificencia,

mira nuestra alabanza, complacida,

y, en tu bondad acepta,

la gratitud que es siempre a ti debida.

Sea dada gloria al Padre,

al Hijo y al Espíritu,

que ya desde el comienzo te adornaron

con la veste admirable de la gracia.

Amén.

 

SALMODIA

Antífona 1. María ha recibido la bendición del Señor, le ha hecho justicia el Dios de salvación.

 

                Salmo 23

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos.

-¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

-E1 hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos

ni jura contra el prójimo en falso

Ése recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

- Éste es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

- ¿Quién es ese Rey de la gloria?

-E1 Señor, héroe valeroso;

el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

- ¿Quién es ese Rey de la gloria?

-E1 Señor, Dios de los ejércitos.

É1 es el Rey de la gloria.

 

Antífona 1: María ha recibido la bendición del Señor, le ha hecho justicia el Dios de salvación.

 

Antífona 2: El Altísimo ha consagrado su morada.

 

                Salmo 45

 

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,

poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,

y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,

que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,

el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;

Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;

pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,

las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,

rompe los arcos, quiebra las lanzas,

prende fuego a los escudos.

"Rendíos, reconoced que yo soy Dios:

más alto que los pueblos, más alto que la tierra".

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

 

Antífona: El Altísimo ha consagrado su morada.

Antífona 3: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María!

 

                Salmo 86

 

Él la ha cimentado sobre el monte santo;

y el Señor prefiere las puertas de Sión

a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,

ciudad de Dios!

"Contaré a Egipto y a Babilonia

entre mis fieles;

filisteos, tirios y etíopes

han nacido allí".

Se dirá de Sión: «Uno por uno

todos han nacido en ella;

el Altísimo en persona la ha fundado. »

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:

«Éste ha nacido allí.»

Y cantarán mientras danzan:

«Todas mis fuentes están en ti.»

 

Antífona: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María!

 

V/. María conservaba todas estas cosas.

R/. Meditándolas en su corazón.

 

Primera Lectura

 

Del libro de Ester                           14, 3-19¸15, 1-2.

 

Oración de la reina Ester por la salvación del pueblo

 

En aquellos días, la reina Ester, rezó así  al Señor, Dios de Israel: "Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro.

Desde mi infancia, oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido.

Nosotros hemos pecado contra ti dando culto a otros dioses: por eso, nos entregaste a nuestros enemigos. ¡Eres justo, Señor!

Y no les basta nuestro amargo cautiverio, sino que se han comprometido con sus ídolos, jurando invalidar el pacto salido de tus labios, haciendo desaparecer tu heredad y enmudecer a los que te alaban, extinguiendo tu altar y la gloria de tu templo, y abriendo los labios de los gentiles para que den gloria a sus ídolos y veneren eternamente a un rey de carne.

No entregues, Señor, tu cetro a los que no son nada. Que no se burlen de nuestra caída. Vuelve contra ellos sus planes, que sirva de escarmiento el que empezó a atacarnos.

Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación, y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos. Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices.

A nosotros, líbranos con tu mano; y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti, protégeme tú, Señor, que lo sabes todo, y sabes que odio la gloria de los impíos, que me horroriza el lecho de los incircuncisos y de cualquier otro extranjero.

Tú conoces mi peligro. Aborrezco este emblema de grandeza que llevo en mi frente cuando aparezco en público. Lo aborrezco como un harapo inmundo, y en privado no lo llevo. Tu sierva no ha comido a la mesa de Amán, ni estimado el banquete del rey, ni bebido vino de libaciones. Desde el día de mi exaltación hasta hoy, tu sierva sólo se ha deleitado en ti, Señor, Dios de Abrahán.

¡Oh Dios poderoso sobre todos! Escucha el clamor de los desesperados, líbranos de las manos de los malhechores y a mí, quítame el miedo"

Al tercer día, Ester se puso sus vestidos de reina y llegó hasta el patio interior del palacio, frente al salón del trono. El rey estaba sentado en su trono real, en el salón, frente a la entrada. Cuando vio a la reina Ester, de pie en el patio, la miró complacido, extendió hacia ella el cetro de oro que tenía en la mano, y Ester se acercó a tocar el extremo del cetro.

Responsorio                                  Apoc 12, 1; Ps 44, 10

R/ Apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, * coronada de doce estrellas.

V/ De pie, a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de ofir, *coronada de doce estrellas.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Apareció...

 

Segunda Lectura

De la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, de Ecclesia (60,61,62 a).

 

María, cooperadora y humilde esclava del Señor.

 

Uno solo es nuestro Mediador según las palabras del Apóstol: Porque uno es Dios, y uno también el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó a si mismo para redención de todos (I Tim 2,5-6). Sin embargo, la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder. Pues todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo; se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta.

La Santísima Virgen, desde toda la eternidad, fue predestinada como Madre de Dios, al mismo tiempo que la encarnación del Verbo, y por disposición de la divina providencia fue en la tierra la madre excelsa del divino Redentor y, de forma singular, la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando él moría en la cruz, cooperó de forma única a la obra del Salvador, por su obediencia, su fe, su esperanza y su ardiente caridad, para restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por todo ello es nuestra madre en el orden de la gracia.

Ya desde el consentimiento que prestó fielmente en la anunciación y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta el momento de la consumación final de todos los elegidos, pervive sin cesar en la economía de la gracia esta maternidad de María

Porque, después de su asunción a los cielos no ha abandonado esta misión salvadora, sino que con su constante intercesión continúa consiguiéndonos los dones de la salvación eterna.

Con su amor materno, vela sobre los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y que se encuentran en peligro y angustia, hasta que sean conducidos a la patria del cielo. Por todo ello, la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora. Sin embargo, estos títulos hay que entenderlos de tal forma que no disminuyan ni añadan nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único mediador.

Ninguna criatura podrá nunca compararse con el Verbo encarnado, Redentor nuestro. Pero así como el sacerdocio de Cristo se participa de diversas formas tanto por los ministros sagrados como por el pueblo fiel, y así como la única bondad divina se difunde realmente de formas diversas en las criaturas, igualmente la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperación, participada de la única fuente.

La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador.

 

Responsorio

R/. Jesús dijo al discípulo, a quien amaba: Ahí tienes a tu madre. * Uno de los soldados, con la lanza, traspasó el costado de Jesús, y al punto salió sangre y agua

V/. Desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

*Uno de los soldados..

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

Jesús dijo al discípulo...

 

Se dice el Te Deum.

 

Oración

 

Oh Dios, que has manifestado en Jesucristo las inefables riquezas de tu amor y quisiste asociar al misterio de su Corazón a Santa María la Virgen, te suplicamos nos concedas participar también nosotros de ese amor y ser cada día sus testigos en la Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

     Laudes

 

Himno (Los himnos latinos, pg. 22-24)

 

Porque brillas en el cielo

cual luciente astro de amor,

eres para los mortales,

fuente viva de esperanza.

Así ofreces, Señora,

seguridad a quien confiado llega

al Corazón sagrado de tu Hijo,

implorando con fe misericordia.

Y tu favor alcanza,

no sólo el que algo implora,

sino que se adelanta

incluso a los deseos del que invoca.

Brillan en tí el amor y la misericordia,

en ti la excelsitud de todo bien,

cuanto hay de grande en la creación se advierte

en la contemplación de tu grandeza.

Sea dada gloria al Padre,

al Hijo y al Espíritu,

que ya desde el comienzo te adornaron

con la veste admirable de la gracia. Amén.

SALMODIA

Antífona: Dichosa eres, María, porque de ti vino la salvación del mundo; tu que ahora vives ya en la gloria del Señor, intercede por nosotros ante tu Hijo.

 

                Salmo 62, 2-9

 

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré como de enjundia y de manteca,

y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre...

 

Antífona: Dichosa eres, María, porque de ti vino la salvación del mundo; tu que ahora vives ya en la gloria del Señor, intercede por nosotros ante tu Hijo.

 

Antífona 2: Tu eres la gloria de Jerusalén; tu, la alegría de Israel; tu el orgullo de nuestra raza.

 

     Cántico             Dn 3, 57-88. 56

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;

cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;

ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;

astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;

vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;

fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;

témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;

 noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;

 rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,

 ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;

 cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;

 mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;

 aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,

 ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;

bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;

siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;

santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,

ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,

alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

 (Al final de este cántico no se dice Gloria al Padre...)

 

Antífona: Tu eres la gloria de Jerusalén; tu, la alegría de Israel; tu el orgullo de nuestra raza.

Antífona 3: ¡Alégrate, Virgen María! Tu llevaste en el seno a Cristo, el Salvador.

 

                Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca

y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos

 y aplicar el castigo a las naciones,

 sujetando a los reyes con argollas,

 a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada

 es un honor para todos sus fieles.

 

Antífona: ¡Alégrate, Virgen María! Tu llevaste en el seno a Cristo, el Salvador.

 

Lectura breve

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.

Responsorio breve

R/. Permaneced en mi amor. *Pedid y se os dará para que vuestro gozo sea colmado. Permaneced...

V/. Permaneced en mí y yo en vosotros. *Pedid y ...

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Permaneced en mi amor...

 

Antífona al Benedictus: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

 

Preces

Exaltando al Salvador, que quiso nacer de la Virgen María, acudamos a él diciendo: Que tu Madre, Señor, interceda por nosotros.

Maestro bueno, que te hallaste con tu Madre presente en las bodas de Caná,

-haz que realicemos cuanto nos digas.

Cristo, que, hijo de María, te señalaste a tí mismo como manso y humilde de corazón,

dígnate aliviar a cuantos se sienten agobiados.

Redentor del mundo, que tuviste a tu madre junto a la cruz,

concédenos completar en nuestra carne lo que falta a tu pasión.

Salvador nuestro, que hiciste que María fuera testigo de la transfixión de tu costado,

concédenos que todos beban en las fuentes del amor y de la misericordia.

Rey de reyes, que coronaste a María en el cielo como Reina y Señora,

haznos partícipes de las riquezas de la luz y la salvación.

Padre nuestro,...

 

Oración:

Oh Dios, que has manifestado en Jesucristo las inefables riquezas de tu amor y quisiste asociar al misterio de su Corazón a Santa María la Virgen, te suplicamos nos concedas participar también nosotros de ese amor y ser cada día sus testigos en la Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

     Hora intermedia

 

Himno

 

Viva, viva, Nuestra Señora

del Sagrado Corazón

Una madre está en el cielo,

muy piadosa y muy potente,

la que abre al mundo la fuente

de las gracias del Señor.

Más que el sol resplandeciente,

más amable que la aurora.

Ella es Nuestra Señora

del Sagrado Corazón.

Siempre al lado de su Hijo,

es del mundo la esperanza,

ya que todo en cielo alcanza,

del Corazón de Jesús.

Del Señor la tesorera,

ante El la intercesora,

Ella es Nuestra Señora

del Sagrado Corazón.

 

 (Todo como en el común de la Sma. Virgen María)

 

     Segundas Vísperas

Himno

Tu escuchas, oh María,

a quien a ti se acoge,

confiados te pedimos

que atiendas nuestras súplicas.

Asístenos benigna,

si del mal la cadena nos arrastra,

rómpela con presteza

para que no caigamos en la culpa amarga.

Si del mundo la astucia

nos atrae con su imagen falseada,

socórrenos propicia, no olvidemos

de dirigir al cielo la mirada.

Cuando el mal nos aflija,

acude en nuestra ayuda;

concédenos la paz en nuestro tiempo,

mientras hacia el Señor peregrinamos.

Ampáranos benigna

en la hora de la muerte,

para que con tu ayuda,

podamos conseguir el premio eterno.

Sea dada gloria al Padre,

al Hijo y al Espíritu,

que ya desde el comienzo te adornaron

con la veste admirable de la gracia. Amén.

 

SALMODIA

Antíf. 1. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

 

                Salmo 121

 

¡Qué alegría cuando me dijeron:

"Vamos a la casa del Señor"!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,

a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia,

en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:

"Vivan seguros los que te aman,

haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios".

Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir: "La paz contigo".

Por la casa del Señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien.

 

Antífona: Alégrate, María, llena de gracia, el Señor esta contigo.

Antífona 2: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

 

                Salmo 126

 

Si el Señor no construye la casa,

en vano se cansan los albañiles;

si el Señor no guarda la ciudad,

en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,

que veléis hasta muy tarde,

que comáis el pan de vuestros sudores:

¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;

su salario, el fruto del vientre:

son saetas en mano de un guerrero

los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena

con ellas su aljaba:

no quedará derrotado cuando litigue

con su adversario en la plaza.

 

Anttífona: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Antífona 3: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

 

                Cántico                        Ef 1, 3-10

 

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos santos

e irreprochables ante él por el amor.

El nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

recapitular en Cristo todas las cosas

del cielo y de la tierra.

 

Ant. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

 

Lectura breve                                            Ef 1, 3-4

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El nos eligió en la persona de Cristo -antes de crear el mundo- para que fuésemos consagrados e irreprochables ante él por el amor.

 

Responsorio breve

 

R/. Seamos imitadores de Dios, * caminemos en su amor. Seamos...

V/. Como Cristo nos amó y se entregó por nosotros. *Caminemos en su amor

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Seamos imitadores de Dios, * caminemos en su amor.

Antífona al Magníficat: Dichosa eres María porque has creído en el amor que Dios nos tiene; hizo en tí cosas grandes.

 

La PRECES como en las Primeras Vísperas.

 

Oración

 

Oh Dios, que has manifestado en Jesucristo las inefables riquezas de tu amor y quisiste asociar al misterio de su Corazón a Santa María la Virgen, te suplicamos nos concedas participar también nosotros de ese amor y ser cada día sus testigos en la Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

 

 

Himnos latinos

 

 

Ad primas Vesperas

 

O virgo mater, filia

tui beata Filii,

sublimis et humillima

prae creaturis omnibus,

Divini tu consilii

fixus ab aevo terminus,

tu decus et fastigium

naturae nostrae maximum!

Quam sic prompsisti nobilem,

ut summus eius conditor

in ipsa per te fieret

arte miranda conditus.

In utero virgineo

amor revixit igneus,

cujus calore germinant

flores in terra caelici.

Patri sit et Paraclito

tuoque Nato gloria

qui veste te mirabili

circumdederunt gratiae.

Amen

 

Ad Officium lectionis

 

Rerum supremo in vertice

regina, Virgo, sisteris,

exuberanter omnium

ditata pulchritudine.

Princeps opus tu cetera

inter creata praenites,

praedestinata Filium,

qui protulit te, gignere.

Ut Christus alta ab arbore

rex purpuratus sanguine,

sic passionis particeps

tu mater es viventium.

Tantis decora laudibus,

ad nos ovantes respice,

tibique sume gratulans

quod fundimus praeconium.

Patri sit et Paraclito

tuoque Nato gloria,

qui veste te mirabili

circumdederint gratiae.

Amen

 

 

Ad Laudes matutinas

 

Quae caritatis fulgidum

es astrum, Virgo, superis,

spei nobis mortalibus

fons vivax es et profluus.

Sic vales, celsa Domina,

in Nati cor piisimi,

ut qui fidenter postulat,

per te securus impetret.

Opem tua benignitas

non solum fert poscentibus,

sed et libenter saepius

precantum vota praevenit.

 

In te misericordia,

in te magnificentia;

tu bonitatis cumulas

quidquid creata possident.

Patri si et Paraclito

tuoque Nato gloria,

qui veste te mirabili

circumdederunt gratiae.

Amen,

 

Ad secundas Vesperas

 

Maria, quae mortalium

preces amanter excipis,

rogamus ecce supplices

nobis adesto perpetim,

Adesto, si nos criminum

catena stringit horrida;

cito resolve compedes

quae corda culpis illigant.

Succurre, si nos saeculi

fallax imago pellicit,

ne mens salutis tramitem,

oblita coeli, deserat.

Succurre, si vel corpori

adversa sors impendeat;

fac sint quieta tempora,

aeternitas dum luceat.

Tuis et esto filiis

tutela mortis tempore,

ut, te iuvante, consequi

perenne detur praemium.

Patri sit et Paraclito

tuoque Nato gloria,

qui veste te mirabili

circundederunt gratiae.  Amen.

 

Amado sea en todas partes

el Sagrado Corazón de Jesús.

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