"Somos MSC" - Testimonios personales


Capítulo 7

"Edificar la Vida en Cristo"

Johannes Lamers. 69 años (Alemania)

Mirando hacia atrás y contemplando el proceso de mi vocación como sacerdote en la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón quisiera nombrar tres elementos insoslayables.

1.    La vinculación de mis padres con la comunidad parroquial y su colaboración activa en ella.

2.       Mi formación espiritual en la organización juvenil "Bund Neudeutschland", la asociación de la juventud estudiantil católica, por nuestro capellán de grupo, profesor Josef Vedder.

3.    Mi primo, misionero en Oceanía, el Padre Johannes Lamers MSC, fallecido en 1969 en Ulamona (Papua-Nueva Guinea), arquidiócesis de Rabaul, y mi hermana de sangre, Sr. Elisabeth Lammers MSC, desta­cada actualmente en el hogar Santa Isabel en Oventrop-Arnsberg.

Una vocación a la vida sacerdotal y religiosa no se produce generalmente como un relámpago del cielo, aunque no quisiera ex­cluir esa posibilidad. Son elementos indirectos que han marcado el camino. En mi caso tampoco es la devoción al Sagrado Corazón lo que ha sido el factor desencadenante para la vocación. Fue otra espiritualidad que viví en mi juventud. Nos formamos en el grupo ju­venil del "ND" y su meta de formación fue la máxima de la asociación: "Edificar la vida en Cristo". Es cierto, posteriormente se podía encon­trar en todo ello la realidad de la devoción al Sagrado Corazón para que llegue a ser fundamento espiritual de la propia vocación.

1. He crecido en una familia de 9, mis 2 padres y 7 hermanos, 5 hermanos y 2 hermanas. Mi niñez y juventud fueron marcadas por los tiempos de guerra y posguerra. Años típicos de Alemania: 1943 la casa de Bochum fue destruida por los bombardeos. Fuimos evacuados a Borken en Westfalia, la tierra de mi madre. Solamente los tres hermanos más jóvenes estábamos con ella. El padre seguía en Bochum. Los hermanos mayores estaban en el frente, en el servicio social o evacu­ados a Pommern durante su adiestramiento.

Después de años, desde 1943, logramos en 1948 reunirnos y rehacer nuevamente la familia, una casita pequeña construida con las propias manos, pero éramos una familia.

En todos estos años, unidos a la familia o separados de ella, la fe y la pertenencia a la Iglesia y nuestra participación activa en ella eran ley suprema. En Borken, luego de la primera comunión, fui miembro de los niños cantores. De tos 24 integrantes 10 eran miembros de la parentela Evers (familia de la madre). Esto muestra cómo el ambiente en el cual me movía estaba estrechamente unido a la Iglesia y cómo desde niños vivíamos imbuidos por él. Más tarde fui acólito de mi parroquia en Bochum hasta mi paso a Hiltrup. Ayudé llevando frecuentemente encargos y prestando otros servicios.

Mirando hacia atrás puedo decir que hemos vivido una vida de familia que podría llamarse vida de iglesia doméstica. El padre era miembro del coro parroquial, los hermanos mayores también del coro y de los grupos juveniles. Nosotros, los tres menores, acólitos de la parroquia. La oración diaria, la misa dominical - frecuentemente acu­díamos también entre semana - la celebración de las fiestas religiosas en casa era algo natural. El ambiente religioso de la familia no era algo forzado o estrecho; era más bien abierto y reflexivo. Todos los hermanos hasta el día de hoy o hasta el día de su muerte han tenido un fundamento firme en todos los embates de la vida. Y la familia, a pesar de todo lo que acontecía, era siempre un hogar que nos ayudó a que la Iglesia católica fuera siempre para todos nosotros nuestra patria. En la familia y en la Iglesia siempre estábamos en casa.

2. Los años de juventud en la asociación juvenil "Bund Neudeutschland" en Bochum fueron la segunda columna que me ha sostenido en camino hacia la vocación sacerdotal. Cursando secunda­ria - debe haber sido en los primeros años - entré a la asociación. Prueba de lobeznos, promesa de escudero y la promesa de caballero fueron en los últimos años de secundaria elementos decisivos durante el camino espiritual de la "edificación de la vida en Cristo". Reuniones de grupo semanales, excursiones con el grupo mayor y especialmente el campamento anual fueron momentos que me han mar­cado en esa espiritualidad específica de una comunidad sana. Partiendo de uno de estos campamentos - fue el año 1953 en Sundern/Sauerland - regresé con la firme convicción: "Tú quieres llegar a ser sacerdote". Es que los campamentos eran a la vez de esparcimiento y de formación. Hasta el día de hoy recuerdo los "círculos de Cristo" en los que nos reuníamos los alumnos de los años superiores y que eran dirigidos por el capellán del grupo.

Él sabía cómo transmitir a Cristo y darle un lugar en nuestro corazón. Mirando hacia atrás veo que estas reuniones de la tarde han sido decisivas para atreverme a iniciar el camino hacia el sacerdocio. A la vez me han animado a llevar mi vida caminando conscientemente junto con Cristo.

La sociedad de la gran ciudad ya en los años 50 no era homogénea. Muchos eran indiferentes y hasta críticos ante la Iglesia, también en el mismo salón de clase. En el salón había tos "distanciados", los compañeros luteranos (sólo hijos de pastores) y los fieles a la Iglesia que prácticamente pertenecían todos al ND. No nos encontrábamos "juntos" en la confrontación, sino en un altercado continuo. Inclusive nuestro profesor era alguien que había dejado la Iglesia. Era impor­tante tener una patria espiritual.

1954, después que mi hermana entrara en febrero al noviciado de las Hermanas de Hiltrup (Misioneras del Sagrado Corazón), cambié de colegio. Fui al colegio de los Misioneros del Sagrado Corazón "Kardinal von Galen" en Hiltrup para estudiar los últimos dos años de secunda­ria. Luego solicité la admisión al noviciado.

3. Existe un camino interior para todo sacerdote y religioso que lo ha llevado hasta la meta, es decir, alcanzar la realidad de su anhelo vocacional. Este anhelo lo vivirá a partir de este proceso también más tarde en su vida diaria de sacerdote y religioso. No creo que exista una ruptura.

Este camino está en dependencia o vinculación en la mayoría de los casos con una persona determinada que ha vivido este camino de manera atractiva y convincente. Puede ser también que esa persona estaba transitando por el mismo camino y lo ha "jalado" a uno.

La primera persona fue mi primo, el Padre Johannes Lamers MSC, la última mi hermana Elisabeth a la que seguí en 1954 a la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón.

A mi primo ni siquiera lo he conocido muy bien personalmente. Era misionero en Oceanía y en 1936 vino de vacaciones a Alemania por un año. En aquel entonces tenía yo dos años. Fue llamado a filas y fue enfermero militar hasta 1945 en Rusia. Comenzó a interesarme. La familia hablaba mucho de él y yo prestaba mucha atención. Un día vino de visita. Preguntó a cada uno de nosotros qué queríamos ser en el futuro. Yo - tenía 12 años - le dije con firme convicción: "Yo seré lo que eres tú". Esto valía desde entonces para mí y esta frase era verdad en adelante cuando se me aclaró la vocación. Así llegué a los Misioneros del Sagrado Corazón.

La espiritualidad del Sagrado Corazón nunca ha tenido influencia primordial en mi caminar hacia la Congregación. La hice mía en sus diversos aspectos durante los años de mi vida en comunidad. Vivo en ella y descubro en ella siempre de nuevo a Cristo en cuyo seguimiento y cargando la cruz vivimos, siendo felices y convencidos de estar en el camino verdadero.