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Las Imágenes Sagradas y la Doctrina de la Fe católica (Tratado amplio)

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Si la Palabra de Dios representa aún las esencias celestes bajo las especies del bronce, el electro y las piedras multicolores, es porque el bronce, uniendo en él la doble apariencia del oro y la plata, manifiesta la pureza incorruptible, inagotable, sin defecto e intangible del oro y al mismo tiempo el resplandor brillante, luminoso y celeste de la plata; es porque al electro, por las razones ya dadas, es preciso atribuirle sea la figura del oro, sea la del fuego; y en cuanto a las imágenes multicolores de las piedras, es preciso pensar que ellas simbolizan, si son blancas, la figura de la luz, rojas la del fuego, amarillas la del oro, verdes la juventud y la flor del alma, y para cada forma encontrarás imágenes capaces de elevar el espíritu. San Máximo el Confesor  (580 - 662) Miembro de una conocida y rica familia de Constantinopla, emprendió una feliz carrera en la corte de Constantinopla, llegando a ser  secretario del emperador Heraclio.

En: Yarza, J., et alt., Textos y Documentos para la Historia del Arte, II, Arte Medieval, I, Edad Media y Bizancio, Ed. Gustavo Gili, 1982, Barcelona-España-pp. 30 y ss.)

 

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El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, ‘el honor dado a una imagen se remonta al modelo original’ (S. Basilio, spir. 18, 45), ‘el que venera una imagen, venera en ella la persona que en ella está representada’ (Cc de Nicea II: DS 601); cf Cc de Trento: DS 1821-1825; Cc Vaticano II: SC 126; LG 67). El honor tributado a las imágenes sagradas es una ‘veneración respetuosa’, no una adoración, que sólo corresponde a Dios:

El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen. (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 81, 3, ad 3).

 

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Juan Damasceno, conocido también como Ibn Mansur, fue funcionario de la corte califal y más tarde monje en el monasterio de San Sabas en Palestina. A él se debe uno de los más vastos compendios de la fe cristiana.
En la crisis de su tiempo, elaboró una síntesis teológica y defendió la legitimidad de los iconos como veneración de las imágenes --y no adoración--.
Intentó comprender el islam, emergente en aquella época; existieron los primeros diálogos entre el islam y el cristianismo así como intervenciones sobre los orígenes de la iconografía cristiana o la salvación en la materia.

 

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“La belleza y el color de las imágenes estimulan mi oración. Es una fiesta para mis ojos, del mismo modo que el espectáculo del campo estimula mi corazón para dar gloria a Dios” San Juan Damasceno (674 + 750 ca.)

 

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No te harás escultura alguna...’ Imagen 

2129 El mandamiento divino implicaba la prohibición de toda representación de Dios por mano del hombre. El Deuteronomio lo explica así: ‘Puesto que no visteis figura alguna el día en que el Señor os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a prevaricar y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea...’ (Dt 4, 15-16). Quien se revela a Israel es el Dios absolutamente Trascendente. ‘El lo es todo’, pero al mismo tiempo ‘está por encima de todas sus obras’ (Si 43, 27- 28). Es la fuente de toda belleza creada (cf. Sb 13, 3).

2130 Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento Dios ordenó o permitió la institución de imágenes que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado: la serpiente de bronce (cf Nm 21, 4-9; Sb 16, 5-14; Jn 3, 14-15), el arca de la Alianza y los querubines (cf Ex 25, 10-12; 
1 R 6, 23-28; 7, 23-26).

2131 Fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el séptimo Concilio Ecuménico (celebrado en Nicea el año 787), justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva ‘economía’ de las imágenes.

2132 El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, ‘el honor dado a una imagen se remonta al modelo original’ (S. Basilio, spir. 18, 45), ‘el que venera una imagen, venera en ella la persona que en ella está representada’ (Cc de Nicea II: DS 601); cf Cc de Trento: DS 1821-1825; Cc Vaticano II: SC 126; LG 67). El honor tributado a las imágenes sagradas es una ‘veneración respetuosa’, no una adoración, que sólo corresponde a Dios:

El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen. (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 81, 3, ad 3

 

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pintura en iglesia serbobosnia - Servia del 1200 - 1250 ca. 

 

 

Pregunta:

¿Es verdad que los católicos adoran imágenes?

 

Respuesta:

´¡Los católicos adoran estatuas!´ A pesar de que este reclamo es ridículo, la gente continúa haciendo esta acusación. Dicen que porque los católicos tienen estatuas en sus iglesias y oran delante de ellas, están violando el mandamiento de Dios: ´No te hagas ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni les rindas culto´ (Ex 20, 4-5). ´Realmente el pueblo cometió un gran pecado al hacerse un Dios de oro´ (Ex 32,31).


Este trabajo va a examinar los argumentos fundamentalistas de orden contra la antigua practica cristiana de usar imágenes y proveerá una respuesta bíblica a estos argumentos, mostrando la evidencia en las Escrituras para esta práctica.

Primero señalaremos que es correcto advertirle a la gente contra el pecado de la idolatría. Pero la acusación de que los católicos son idólatras porque tienen imágenes de Cristo y los Santos es completamente incorrecto, estando basados en un malentendido o ignorancia de lo que dice la Biblia sobre el propósito y el uso (ambos buenos y malos) de estatuas.

El escritor anticatólico Loraine Boettner, en su libro Catolicismo Romano, declara que es un pecado tener estatuas porque ´Dios ha prohibido el uso de imágenes en la adoración´ (pag. 281). Muchos protestantes abrazan esta afirmación y sin embargo si ellos ´estudiaran las Escrituras´ (Jn 5,39) encontrarían que la verdad es exactamente lo opuesto.

Aun cuando no queda ninguna duda de que Dios condenó la adoración de estatuas, hay que decir que El nunca condenó el uso de estatuas en la adoración. Pero aun mas, ¡en realidad El recomendó su uso!

Dios dijo que las hagamos

Mientras que los protestantes y otros citan Éxodo 20,4-5 para reforzar su acusación a los católicos ´adoradores de estatuas´ ellos se olvidan de numerosos otros pasajes donde el Señor ordena el labrado de estatuas ´...con dos seres alados de oro labrado a martillo en los dos extremos, haz el primer querubín en un extremo y el segundo en el otro. Los querubines formaran un cuerpo con el propiciatorio, en sus dos extremos. Estarán con las alas extendidas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno en frente al otro, con las caras vueltas hacia el propiciatorio´ (Ex 25, 18-20).

David le dio un plano a Salomón ´para el altar del incienso, oro acrisolado según el peso; asimismo el modelo de la carroza y de los querubines que extienden las alas y cubren el arca de la alianza de Yahveh. Todo esto conforme a lo que Yahveh había escrito de su mano para hacer comprender todos los detalles del diseño´ (1Cro 28, 18-19). Cabe notar que todo esto estaba dirigido de acuerdo a las Escrituras divinamente inspiradas. Ezequiel 41,18 describe a imágenes grabadas en el templo, ´estaban cubiertos de grabados alternados de seres alados y palmeras´.

El uso religioso de las imágenes

Durante una plaga de serpientes El envió a castigar a los malvados israelitas, Dios le dijo a Moisés: ´hazte una serpiente como esas y ponla en el asta de una bandera. Cuando alguien sea mordido por una serpiente, mire hacia la serpiente del asta, y se salvará´ (Núm. 21, 8-9).

El hecho de que uno debía mirar una estatua de bronce de una serpiente para ser sanado muestra que las estatuas podían ser usadas ritualmente y no meramente como decoraciones religiosas.

Los católicos usan estatuas, cuadros y otros objetos artísticos para recordar a la persona o la cosa que representa. De la misma manera que para recordar a nuestra madre nos servimos de su fotografía, así los católicos para recordar el ejemplo de los santos se sirven de sus imágenes.

Los católicos también usan estatuas como herramientas para enseñar. En la Iglesia primitiva eran especialmente útiles para la instrucción de los analfabetos. Muchos protestantes tienen ellos mismos cuadros de Jesús y otros cuadros bíblicos en sus escuelas dominicales con el proposito de enseñar a los niños, especialmente a aquellos que no han aprendido a leer. Los católicos también usan para conmemorar algunas personas y eventos, muy parecido a las escenas tridimensionales de la natividad que usan las iglesias protestantes. Si uno midiera a los protestantes con la misma regla entonces usando estas imágenes ´grabadas´, ellos estarían practicando la ´idolatría´ que ellos acusan a los Católicos de practicar. Pero el hecho es que no hay actos de idolatría en estos casos. Dios prohíbe la adoración de imágenes, pero no prohíbe la hechura de imágenes en general. Si así lo hiciera, todas las películas, videos, fotos, escenas del pesebre, cuadros, dibujos y toda clase de cosas estarían prohibidas, puesto que esas también son imágenes.

¿Qué hay sobre la genuflexión?

A veces los anticatólicos citan Deut 5,9, donde Dios dijo con respecto a las estatuas : ´no te inclines delante de ellos´. Puesto que muchos Católicos se inclinan o arrodillan frente a las estatuas de Jesús y de los Santos, los anticatólicos confunden la veneración legitima a una imagen sagrada con el pecado de idolatría. La realidad es que Deut 5,9 no le ayuda al argumento de los anticatólico.

Primero, recordar que si bien es cierto que la genuflexión puede ser usada como una postura en la adoración, no toda genuflexión es adoración. Por ejemplo, en Japón es costumbre que las personas muestren respeto y buenos modales al inclinarse al saludar (es el equivalente de dar la mano en occidente). Obviamente no se hacen ningún tipo de adoración en esto. El católico que se arrodilla frente a una estatua cuando ora no esta adorando y ni siquiera orándole a la estatua más que el protestante que esta arrodillado con una Biblia en sus manos cuando ora esta adorando u orándole a la Biblia.

Cuando las personas tenían que mirar a la serpiente de bronce para ser curados, no le estaban adorando, cosa que queda demostrada por el hecho de que, años después, cuando le empezaron a adorar (y hasta le dieron un nombre, ´Nehushtan´) como un dios-culebra, el rey justo Hezekiaah lo hizo destruir (2 Reyes 18,4).

¿´Escondiendo´ el segundo mandamiento?

Otros cargos hechos por los Protestantes es que la Iglesia Católica ´esconde´ el segundo mandamiento. Esto porque en el Catecismo Católico el primer mandamiento es; ´No tengas otros dioses aparte de Mi´ (Ex 20,3) y el segundo es: ´No hagas mal uso del nombre del Señor tu Dios´ (Ex 20,7). Argumentan que los católicos han eliminado la prohibición de la idolatría para poder justificar su uso de las estatuas religiosas.

Pero esto es falso. El hecho es que, los católicos simplemente agrupan los mandamientos de manera diferente de lo que los Protestantes han hecho tradicionalmente y los han abreviado para facilitar su memorización.

Que tal abreviación les resulta razonable también a los Protestantes se demuestra por la traducción que ellos mismos hacen del Mandamiento del Sábado como: ´Recuerden el Sábado para mantenerlo sagrado´, aunque el texto actual del mandamiento es bastante largo: ´Recuerda el día de descanso, para mantenerlo sagrado. Trabajaras seis días, pero el séptimo día es dedicado al Señor tu Dios, ese día no harás ningún trabajo tu o tus hijos, tus criados o tus criadas o tu ganado o tu jornalero que este en tu propiedad, porque el Señor hizo en seis días el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó ; por eso bendijo el Señor el día Sábado y lo hizo sagrado´ (Ex 20, 8-11). Martín Lutero reconoció que las declaraciones : ´No tendrás otros dioses delante de Mi´ (Ex 20,3) y ´No te hagas ningún ídolo o figura ni de lo que hay arriba en los cielos ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra´ (Ex 20,4) son en realidad dos partes de un mismo mandamiento y las abrevió a ´No tendrás otros dioses delante de Mi´. El catecismo de la Iglesia Católica explica que ´ la división y la enumeración de los mandamientos han variado en el curso de la historia. El presente Catecismo sigue la división de los mandamientos establecidos por San Agustín, la cual se ha hecho tradicional en la Iglesia Católica. Lo mismo sucede con la confesión luterana. Los patriarcas griegos han hecho una división un poquito diferente que se encuentra en las Iglesias Ortodoxas y las Comunidades Reformadas. (CCC 2066).

Algunos anticatólicos usan Deut 4,15-18 que dice ´...tengan cuidado de no caer en la perversión de hacer figuras que tengan forma de hombre o de mujer...´ y tratan de usar este texto para ´probar´ la prohibición de estatuas o imágenes.

Hemos demostrado ya que Dios no prohíbe la hechura de estatua o imágenes de varias criaturas (ejemplo : ángeles, serpientes, bueyes, flores, leones, etc.) con propósito religiosos (Cf. 1Re 6,29-32 ; 8,6-67 ; 2Cro 3,7-14). ¿Pero qué hay de estatuas o imágenes que representan a Dios mismo? Muchos protestantes dirán que esto esta mal porque Deut 4 dice que Dios no tiene forma, por tanto, no deberíamos tratar de hacer imágenes de El. ¿Pero, en realidad, Deut prohíbe esta clase de imágenes del Señor?.

La respuesta es NO

Al comienzo de su historia en Israel estuvo prohibido hacer representación de Dios porque El no se había revelado (todavía) en una forma visible. Si los israelitas hubiesen hecho representaciones de Dios, quizás se hubiesen visto tentados a adorarle en la forma de un animal o algún objeto natural (ejemplo, un toro o el sol) de la misma forma en que alaban tales imágenes los paganos que los rodeaban.

Pero después Dios si se reveló bajo formas visibles como Daniel 7,9 : ´Mientras yo contemplaba: se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura blanca como la nieve: los cabellos de su cabeza, puros como la lana. Su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente´. Los protestantes hacen descripciones del Padre bajo esta forma cuando hacen ilustraciones de las profecías del Antiguo Testamento.

El Espíritu Santo se reveló bajo por lo menos dos formas visibles -aquella de una paloma, en el bautismo de Jesús (Mt 3,16 ; Mc 1,10 ; Lc 3,22 ; Jn 1,32)- y como lenguas de fuego, en el día de Pentecostés (Hechos 2,1-4). Los Protestantes hacen uso de estas imágenes (especialmente de la paloma) cuando dibujan o pintan estos episodios bíblicos y cuando usan solapines del Espíritu Santo o cuando colocan emblemas de paloma en sus autos.

Pero más importante todavía es notar que en la Encarnación de Cristo, su Hijo, Dios mostró a la humanidad un icono de si mismo. Pablo dijo ´El es imagen (en griego: ikon) del Dios invisible, el primero nacido de toda creación´. Cristo mismo es el ´icono´ divino e intangible del Dios invisible e infinito del universo. Leemos de los Magos que cuando ´entraban a la casa vieron al niño con María su madre, y cayeron al suelo y le adoraron. Luego abriendo sus tesoros, le ofrecieron regalos, oro, incienso y mirra´ (Mt 2,11).

El fondo del asunto es que los protestantes también usan todo tipo de imágenes religiosas: retratos de Jesús y otros personajes bíblicos aparecen en una miríada de Biblias, libros de ilustraciones bíblicas, joyas, polos, stickers, cartas postales, CDs, y escenas del pesebre. Cristo es simbólicamente representado por medio del símbolo del ictus -el emblema del ´pez´-, popular entre los evangélicos americanos.

El sentido común nos dice que, puesto que Dios se ha revelado en varias imágenes, y especialmente en Jesucristo Encarnado, nos damos cuenta que no es malo que nosotros usemos imágenes de estas formas para fortalecer y profundizar nuestro conocimiento y amor a Dios. Ese es exactamente el propósito que tienen las estatuas de Jesús y de los santos católicos: ellas son imagen que representan personas a las que no podemos ver con nuestros ojos materiales.

La idolatría condenada por la Iglesia

Desde los tiempos de los Apóstoles, la Iglesia Católica ha condenado clara y consistentemente al pecado de idolatría. La Iglesia primitiva de los primeros Padres nos advierte contra este pecado, y los concilios de la Iglesia también se ocuparon de este tema. Aquí unos ejemplos :

El segundo concilio de Nicea (787) que se ocupó especialmente de la cuestión de la veneración de imágenes sagradas, y de iconos, dijo: ´El que nos redimió de las tinieblas de la insanidad idolatra, Cristo Nuestro Dios, cuando tomó como su esposa a la Santa Iglesia Católica, sin mancha ni arruga, prometió que la guardaría y les aseguro a sus santos discípulos: `Yo estaré con vosotros hasta el día ultimo`. Esta promesa, sin embargo, no la hizo sólo a ellos , sino también a nosotros, que gracias a ellos hemos llegado a creer en su nombre. A esta gratuita oferta algunas personas no le dieron importancia, siendo atraídos por el traicionero mal abandonaron la verdadera forma de razonar ... y cayeron en la incapacidad de distinguir lo santo de lo profano, asegurando que los iconos de Nuestro Señor y de sus santos no eran diferentes de las imágenes de madera de los ídolos satánicos... Ciertamente que ese modo de pensar (el de la adoración de las imágenes) no esta de acuerdo con nuestra fe, que propiamente da adoración a la naturaleza divina, aun cuando haya gestos que tengan apariencia de adoración, como aquellos con los que se honra la figura de la vivificante cruz o los libros santos de los evangelios así como otros objetos sagrados´.

El catecismo del Concilio de Trento (1566) enseñó que se comete idolatría ´adorando ídolos e imágenes como si fueran Dios, o creyendo que ellos poseen alguna divinidad o virtudes que les de derecho a recibir nuestra adoración, a elevarle nuestras oraciones o a poner nuestra confianza en ellos´ (p. 374).

El Catecismo de la Iglesia Católica (1993) explica que ´la Escritura constantemente nos recuerda que hay que rechazar los ídolos, de plata y oro, la obra de manos de los hombres. Ellos tienen boca pero no hablan, ojos pero no ven´. Estos ídolos vacíos hacen vacíos a sus adoradores ´aquellos que los hacen son como ellos, así como todos aquellos que confían en ellos´ (Sal 115,4-5, 8). Dios, sin embargo, es el ´Dios viviente´ (Cf. Josué 3,10 ; Sal 42,3) que da la vida e interviene en la historia´.

´La idolatría no sólo se refiere a la falsa adoración pagana. Es una tentación constante en contra de la fe. La idolatría consiste en divinizar lo que no es Dios, sea esto dioses o demonios (por ejemplo, satanismo), el poder, el placer, la raza, los antepasados, el estado, el dinero, etc. .... La idolatría rechaza el Señorío único de Dios; es por tanto incompatible con comunión con Dios.

´La vida humana encuentra su unidad en la adoración de un solo Dios. El mandamiento de adorar sólo a Dios integra al hombre y lo salva de un desintegración sin fin.

´La idolatría es una perversión del sentido religioso innato del hombre, un idolatra es alguien que transfiere su indestructible noción de Dios a cualquier otra cosa que no sea Dios´ (CCC 2112-2114, citando Orígenes, Contra Celso 2:40).

www.apologetica.org 

 

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La literatura y el arte tienen gran importancia para la vida de la Iglesia, ya que pretenden estudiar la índole propia del hombre, sus problemas y su experiencia en el esfuerzo por conocerse mejor y perfeccionarse a sí mismo y al mundo; se afanan por descubrir su situación en la Historia y en el universo, por iluminar las miserias y los gozos, las necesidades y las capacidades de los hombres, y por diseñar un mejor destino para el hombre. Así, pueden elevar la vida humana, expresada en múltiples formas, según los tiempos y las regiones. Por tanto, hay que trabajar para que los que cultivan aquellas artes se sientan reconocidos por la Iglesia en su actividad y, gozando de una libertad ordenada, establezcan contactos más fáciles con la comunidad cristiana. La Iglesia debe reconocer también las nuevas formas artísticas que se amoldan a nuestros contemporáneos según la índole de las diferentes naciones o regiones. Acéptense en el santuario cuando, con su expresión adecuada y conforme a las exigencias de la liturgia, elevan la mente hacia Dios. De este modo se manifiesta mejor el conocimiento de Dios, la predicación evangélica se hace más transparente a la inteligencia humana y aparece como incorporada a las condiciones de su vida. Los fieles deben vivir estrechamente unidos a los otros hombres de su tiempo y procurar comprender perfectamente su forma de pensar y sentir que se expresan por medio de la cultura. Deben armonizar los conocimientos de las nuevas ciencias y doctrinas y de los más recientes descubrimientos con la moral cristiana y la enseñanza de la doctrina cristiana, para que la cultura religiosa y la rectitud de espíritu avancen en ellos al mismo paso que el conocimiento de las ciencias y los avances diarios de la técnica, y así ellos mismos sean capaces de examinar e interpretar todas las cosas con íntegro sentido cristiano.

Constitución Gaudium et spes, 62 – VATICANO II

 

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INICIO DEL CULTO CRISTIANO DE LAS IMÁGENES

 

 

I. Antecedentes

En la actualidad, tanto para los católicos como para los luteranos, las imágenes forman parte de la decoración de las iglesias. No ocurre así, sin embargo, con zwinglianos y calvinistas, los cuales tienen precedentes en la Iglesia antigua. Icona significa, en la Iglesia ortodoxa, presencia de la persona del representado. La gran estima de la Iglesia ortodoxa hacia los iconos es el resultado de la lucha iconoclasta, cuyo origen es muy controvertido.

 

La más antigua cristiandad no tiene ni posesión ni culto hacia las imágenes, siguiendo el mandato del decálogo de no tener ninguna imagen sobre la tierra bajo la cual postrarse:: «No te harás escultura, ni imagen alguna de nada de lo que hay arriba en el cielo, o aquí abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas, ni les darás culto» [11]. La trascendencia de Dios se veía no en las imágenes, sino en la Palabra y en la Historia de la salvación. Un segundo momento es la negación del poder mágico de las imágenes: «Si somos del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a oro, plata, piedra, o escultura hecha por arte y genio humanos»[12]. San Pablo añade en su Carta a los Romanos: «Alardeando de sabios, se han hecho necios y han trocado la gloria del Dios incorruptible por representaciones de hombres corruptibles, e incluso de aves, de cuadrúpedos y de reptiles» 13]. Para la fe cristiana es decisivo que a Dios, que es espíritu, hay que adorarlo en espíritu y en verdad, no en imágenes.

 

Para el escatologismo de la Iglesia primitiva el arte parecía vanidad, por lo que la representación de imágenes carecía de interés. Con Clemente de Alejandría se comienza a distinguir entre ídolon e ikonon .eidwlon, eikwn.[14]. El primero representaba una idea pagana, hecha por mano de hombre; el segundo, sin embargo, representaba la imagen de Dios. De hecho, la imagen de Dios es su Verbo; y una imagen del Verbo es la mente del hombre, el hombre verdadero .el gnous., que es un ser racional[15], creado a imagen y semejanza de Dios. Refiere dos pasajes de la Sagrada Escritura: 1 Co 4,4 .Cristo es imagen de Dios vivo. y Gn 1,26 .el hombre es creado según la imagen y semejanza de Dios: Kai eikona Qeou - kaq omoiwsin..

 

Muy parecida es la posición de Orígenes, quien en su polémica contra Celso cita a Ex 20,4-5 y atestigua con Clemente de Alejandría que lo que es perceptible por los sentidos está en contraste con el mundo espiritual. Según el pensamiento platónico, la belleza está más allá de los sentidos. En los dos autores se refutan las imágenes religiosas; la única imagen admisible de Dios es el hombre espiritual.

 

Otra desaprobación explícita la encontramos en san Ireneo (+202) en su Adversus Haereses. Los gnósticos eran proclives a hacer imágenes de Cristo, poniéndolas junto a otras de Pitágoras, Aristóteles y Platón, llegando así a un culto sincretista.

 

En tiempos de Decio, a mitad del siglo III, así como de Diocleciano, se refutan las imágenes. En el 306, con motivo del sínodo de Elvira, se prohiben las imágenes en las iglesias[16] Con Constantino I (306-337) la situación no cambia, pese al cambio radical que experimenta la Iglesia. ¿Era lícito representar a Cristo? Epifanio de Salamina (+403), famoso teólogo, preocupado por la pureza de la fe, en el testamento dirigido a su diócesis exhorta a no colocar imágenes ni en la iglesia ni en los cementerios, así como tampoco en lugares privados, para no hacer vagar la vista durante la oración y evitar las distracciones para mejor penetrar en el corazón y en la mente.

 

La tendencia de la Iglesia antigua, pues, es de rechazo hacia las imágenes. Hans-Georg Thümmel se atiene a los testimonios de la cristiandad oriental hastala iconoclastia. Llega a la conclusión de que las imágenes cristianas son bastante raras hasta el siglo VI. ¿Cuándo se da el cambio de tendencia? ¿Cuándo se da otro modo de pensar por primera vez? Es muy discutido entre los estudiosos. Al principio empieza a haber ornamentos con la iconografía bíblica de ángeles, palomas, áncoras .símbolo con barra transversal que llegará a convertirse en una cruz.. Así, Clemente de Alejandría, no obstante su desaprobación de las imágenes, llegará a aconsejar el acceso a Cristo mediante estos símbolos, si bien, evitando caer en la mentalidad pagana[17]. Comienza poco a poco a ilustrarse el contenido de la fe en locales comunes. Así, en un cementerio de Roma, a mitad del siglo III, encontramos representaciones bíblicas: el buen pastor, Noé en el arca, Daniel en el foso de los leones... Thümmel, como otros estudiosos, tiene dudas sobre la datación de estas imágenes. Esto demostraría que el origen de representar imágenes no viene directamente de la teología de la Iglesia oficial, sino de la piedad popular.

 

A mitad del siglo III encontramos también una sinagoga decorada con motivos bíblicos. Además, en Dura Europos .Irak. encontramos una capilla privada con representaciones del Nuevo Testamento. Con todo, no dejan de ser excepciones.

 

II. CAMBIO DE TENDENCIA

 

Entre los teólogos más abiertos empieza a darse una tendencia hacia un reconocimiento de las imágenes. Así, por ejemplo, los tres grandes capadocios. San Basilio Magno (+379), en su segunda carta De vita solitaria, en el capítulo III[18], habla de la vida de los santos como modelos a los que podemos mirar como imágenes hechas por un pintor. Hace un parangón entre el ejemplo mostrado en la Escritura y el arte figurativo. Tras este testimonio de Basilio asistimos a una polémica. En una homilía que posiblemente podría atribuirse a san Juan Crisóstomo .+407, es decir, una generación posterior a san Basilio. se invita a los pintores a representar la muerte de los mártires, poniendo a Cristo como árbitro del martirio[19]. En su Tratado sobre el Espíritu Santo, san Basilio enseña que en Dios Padre y su Unigénito se contempla una sola imagen de la divinidad, sin diferencia. No se divide la gloria, sino que es única: «El honor hecho a las imágenes se trasvasa al prototipo»[20]. Con estas palabras se suministra el fundamento teológico para una veneración de las imágenes.

 

Los dos Gregorios recomiendan la representación de las imágenes de los santos .no de Cristo. por un aspecto pedagógico, no de veneración. Paulino de Nola (+431) hace decorar su iglesia para la instrucción de los fieles. Esta idea fue acogida también por san Gregorio Magno (+604).

 

En Oriente, sin embargo, se va desarrollando una teología de las imágenes lentamente, para justificar el desarrollo de la práctica devocional. Hacia el siglo VI se cambia la imagen por el icono, lo cual supone un cambio de cualidad. La imagen servía como memoria y medio de enseñanza. Icono, sin embargo, llega a ser un modo de presencia del representado: recuerdo e invocación a la vez. Seestablece, pues, una relación entre el santo y el fiel, un medio de gracia. En el mismo siglo VI aparece el concepto de imagen no hecha por obra de mano humana, llegándose a la expresión de aceiropointoz eikwn mandulion. Según una tradición, Cristo había enviado al príncipe de Edesa .Akbar. un reflejo de su sudario: el .Santo Mandilion.[21]. Otra tradición habla de una mujer de Capadocia que encontró en un pozo una tela con el retrato de Cristo. A causa de su origen milagroso tales imágenes tuvieron una función taumatúrgica, convirtiéndose en reliquias, que después se considerarían como causa de la victoria de Bizancio frente a sus enemigos. En Occidente existe una tradición parecida con el sudario de la Verónica. A finales del siglo VI aparece la tradición de un primer retrato de la Virgen, el cual habría sido pintado por san Lucas. Entre los siglos VI y VII se veneran iconos para implorar la protección frente a peligros bélicos.

 

De todos modos, los teólogos se manifiestan muy cautos en estos siglos, si bien asistimos a una rehabilitación paulatina de las imágenes. Así aparece en los escritos del Pseudo-dionisio el Areopagita, a finales del siglo V y principios del VI. Una consecuencia de su teología es que la imagen apunta a una realidad más alta. Es distinta de la realidad espiritual, pero la representa, es un reflejo de la trascendencia, cuyo sentido está detrás de la imagen.

 

III. La lucha iconoclasta

 

Poco a poco la controversia iconoclasta da dando un giro hacia un enfrentamiento Iglesia-Estado. Su inicio está en conexión con la ascensión al poder de la dinastía Siríana. Esencialmente la iconoclastia era un problema interno bizantino, si bien tendrá consecuencias en la relación de la Iglesia oriental con el papado y el reino franco.

 

Se inicia la crisis con León III, más en concreto con una controversia del emperador con el patriarca de Constantinopla, Germán I (715-730). De una carta de Germán I resulta que la iniciativa de las medidas iconoclastas venían de ciertos grupos del interior de la Iglesia bizantina, más en concreto obispos de Asia Menor. A principios del 720 el obispo Constantino de Nakoleia y el metropolita Tomás de Klaudiúpolis, en una visita que realizan a Constantinopla, expresan su preocupación a Germán por la imágenes. Se trataba de un problema pastoral que venían a resolver con el patriarca de Constantinopla. En alguans regiones se asistía a una aversión importante hacia las imágenes. Germán se manifiesta a favor de las imágenes, pero no convence a sus interlocutores. Sin embargo, su pensamiento sobre las imágenes lo vemos expresado en dos cartas: una es la que envía al metropolita Juan de Synnada. En ella ser remonta a la unidad cuerpo-espíritu humano. La visión de la imagen lleva a la imitación del mandamiento de Dios de una manera más eficaz que la misma Palabra; conduce al amor de Dios y de los santos. La encarnación del Verbo permite representarlo en figura humana. Excluye una representación del Dios invisible, pero no del Dios hecho hombre.

 

La otra carta es la que envía al metropolita Tomás de Klaudiúpolis. Las imágenes invitan a una imitación. La imagen se limita a lo esencial de la vida de un santo e impulsa al fiel a imitar la vida de ese santo.. Una imagen es, pues, un resumen de una vida escrita. De nuevo recurre a la encarnación del Verbo para legitimar el uso de las imágenes. Además sirve para refutar a los herejes .en concreto a los gnósticos. que niegan la verdadera encarnación del Verbo[22]. Germán argumenta partiendo de la tradición de la Iglesia: las imágenes se legitiman a partir de su largo uso  en la historia de la Iglesia. Ciertamente que, como hemos visto en la evolución del culto a las imágenes, no sería una argumentación del todo correcta, si bien en aquel momento, en amplios estratos de la Iglesia bizantina, se vivía con total normalidad.

 

 

Según Germán, una veneración de las imágenes no era una idolatría. La Encarnación permite una adoración en espíritu y en verdad, no impidiendo una veneración. Las candelas ante las imágenes simbolizarían la luz de Dios; el incienso, la acción del Espíritu Santo. La veneración no es idolatría[23]. Argumenta de un modo hábil. Las imágenes no sustituyen a la Palabra, si bien la ilustran y profundizan su anuncio, según la estructura corpórea-espiritual del hombre. La Encarnación no sólo legitima, sino hace necesario el empleo de las imágenes.

 

Los argumentos de los adversarios se volvían contra el culto de las imágenes, y aquí estaba el verdadero núcleo del problema. El pueblo llano llegaba a la superstición, y esto preocupaba enormemente a estos obispos. Se usaban las imágenes como medio para curar enfermos, echar demonios, secar la mano de los ladrones, curar a los niños... Supersticiones, algunas de ellas, muy cercanas al paganismo. El obispo de Nakoleia no le dio la carta de Germán a su metropolita de Synnada.

 

Antes del 726 Germán ya se perfilaba como defensor de las imágenes. Su posición la mantiene incluso cuando el emperador León III empieza por esos años a tomar posiciónes contrarias. Se vislumbra la batalla. Teophanes Homologetes[24] es el historiador bizantino de aquellos años. Escribe una historia que abarca los años 284 hasta el 813. Su obra es la única fuente bizantina detallada que tenemos entre el 769 y el 813, que corresponde a la segunda fase de la iconoclastia. No tenemos escritos de los adversarios, pues fueron destruidos. Se remonta a la posición de Germán, cuya postura sería milagrosamente confirmada. La victoria de las fuerzas bizantinas sobre los árabes en Nicea el año 727 habría que adjudicarse a la protección de los Santos Padres que inauguraron el primer concilio en aquella ciudad, los cuales fueron representados en imágenes implorando la victoria. Teophanes reprocha a León III no ser fiel al voto de ortodoxia proclamado en su coronación imperial[25].

 

En lo que se refiere a León III, no tenía ningún comportamiento iconoclasta en el comienzo de su gobierno. Es más, siempre llevaba consigo una imagen de la Virgen. ¿Cuáles son los motivos de su cambio de actitud? Se han dado muchas opiniones, si bien no del todo satisfactorias para desentrañar la verdadera causa. Según Teophanes, el emperador, en el 726, habría hablado de secuestro de las imágenes. Los estudiosos piensas que León se habría pronunciado públicamente contra el culto a las imágenes, pero no parece que emanara un edicto. Interpretaba entonces la erupción de un volcán en Creta como un incendio de la ira divina a causa del culto a las imágenes. Poco después ordenó quitar la imagen de Cristo que estaba sore la Puerta de Hierro de su palacio. Era una imagen muy venerada por el pueblo, sobre todo por las mujeres, las cuales se lanzaron contra los soldados que quitaban la imagen, provocando su muerte. El castigo fue muy severo, poniendo después una inscripción en la puerta: sólo se veneraría la cruz de Cristo, pero no una imagen de Cristo. Es decir, se veneraría tan sólo un símbolo, pero no una imagen. Así los iconoclastas harán siempre hincapié en la cruz de Cristo.

 

Las fuentes se centran en dos motivos sobre el cambio del emperador: el influjo de los obispos del Asia Menor .episcopado muy tradicional e influyente en el ánimo del emperador.; y el influjo del Islam sobre León III. La primera hipótesis no está documentada, si bien no se debe excluir. La segunda es interesante. Teophanes habla de un edicto del califa Yazid II (720-724) prohibiendo las santas imágenes en su califato. León III llegaría a hacerse amigo de los sarracenos, sobre todo mediante cierto apóstata de la fe en Cristo y sostenedor de las doctrinas islámicas. Hacia el 721 Yazid, con una observancia fiel de la doctrina islámica, emana su edicto. Sin embargo, el Corán no prohibía la representación de seres vivos. Esto sí se daba en la Sunna. El edicto se extendía también a los cristianos que habitaban en territorios árabes. No se sabe en qué medida son destruidos los iconos cristianos. En enero del 724, tras la muerte del califa, se restituyen las imágenes a sus lugares de culto. Se había tratado, pues, de una medida transitoria. Los cristianos que viven en el califato de Damasco eran estimados. En el siglo VII encontramos funcionarios cristianos al servicio del califa, llevando la administración y la fiscalidad, así como la instrucción militar. Así, por ejemplo, el abuelo y el padre de san Juan Damasceno serán dos cargos muy importantes de esta administración. Y, curiosamente, será este santo uno de los mayores defensores de la veneración hacia las imágenes.

 

¿Todo esto influye en el ánimo de León? La influencia de Yazid no parece ser del todo fiable, por cuanto cuando León se manifiesta en contra de las imágenes, el califa de Damasco ya ha muerto y allí comienza de nuevo el culto hacia las imágenes.

 

La fecha que Teophanes nos da como el estallido de la iconoclastia (720) no parece que vaya asociada a la emanación de un acto administrativo contra las imágenes, pero sí el signo de un cambio de tendencia en la mente del emperador. De hecho se llegará al año 730, en el que ya se dictará un primer edicto contra las imágenes.

 

Las fuentes aluden a dos influjos negativos sobre León III: por una parte, la imitación del edicto dado años antes por el califa de Damasco, Yazid; por otra, el influjo del judaísmo. De todos modos, parece que ninguna de estas propuestas son fiables. Es verdad que el emperador no rechazó el influjo cultural árabe. Posiblemente fue el primer soberano bizantino que admitió la construcción de una mezquita en Constantinopla. El apelativo que se le dedica de «amigo de los sarracenos» viene de su relación amistosa con el califa de Damasco. Respecto al influjo hebreo, en el VII concilio ecuménico del 877 un patriarca oriental alude a que un judío había pronosticado muchos años de reinado a Yazid II si dictaba un decreto contra las imágenes. En la sociedad bizantina hay cierta tendencia antihebrea, por lo que parece improbable que el supuesto influjo judío sobre León III haya sido efectivo; es más, el emperador, al principio de su reinado, ordenó el bautismo de hebreos y montanistas.

 

Modernos estudiosos han barajado otras hipótesis. Entre ellas, una diferencia de mentalidad entre griegos y sirios. Se sostiene como probable un influjo de los paulinianos .secta armenia., los cuales no sólo expulsaron las imágenes de sus templos, sino que discutían la relación entre la Iglesia y el Estado. Otros ven un ataque directo hacia la Iglesia por parte de un Estado que ve con muy malos ojos cómo muchos varones ingresan en los monasterios y, por tanto, dejan de contribuir al fisco y al servicio militar .esto era particularmente grave en épocas de guerra.. Otros estudiosos han visto en León III un hombre iletrado, insensible hacia el mundo de la cultura, de la estética.

 

Otra vertiente para el estudio del iconoclasmo es la socioeconómica. Lacontroversia habría nacido de una protesta de las masas populares .favorables a las imágenes. contra la Iglesia estatal y el emperador. Se ha hecho notar que la iconoclastia más decidida provenía, con León III y con Constantino V, de los oficiales del ejército de Tebas. Sin embargo, las emperatrices Irene y Teodora, defensoras del papel de las imágenes, habrían sostenido a una clase artesana y mercantil urbana en contra de los militares. De todos modos, no ha sido probado ningún vínculo de la iconoclastia a determinados grupos sociales; no se podría individuar la controversia a ningún grupo social fijo.

 

La multiplicidad de intentos de comprensión que se han dado demuestra lo complejo de este fenómeno de la lucha por las imágenes. Sin embargo, hay muchos momentos sobresalientes que debemos hacer notar. La posición misma del emperador, considerado como cabeza de la Iglesia: era un hombre de fuerte personalidad, que llega a consolidar el Imperio contra los enemigos externos e internos. Políticamente León III ha sido uno de los mejores emperadores bizantinos. Sus éxitos militares reforzaron sus posiciones frente a la Iglesia. Asumió la práctica de los emperadores precedentes. Cuando publica su colección legislativa[26] .Ekloge: Eklogé., pretende una fundamentación cuasiapostólica del poder del emperador[27]. Lo que el Señor habría conferido al papado, también lo ha conferid al emperador.

 

León III no estaba del todo en contra de las imágenes, sino sólo de las imágenes religiosas, en especial de aquéllas que representaban a Cristo. Por ello, el poder imperial podía ser representado, pero no los iconos de Cristo. Es posible que en el conjunto de reformas que acometió viera como fundamental cortar los abusos que se estaban dando respecto al culto de las imágenes, intentando cortar de raíz un posible retroceso de la sociedad hacia el paganismo.

 

Un segundo elemento nos parece muy importante. Desde Justiniano I se dan repetidas tentativas para ganar el monofisismo a la fe ortodoxa, y con ello las provincias que eran más susceptibles de caer en manos persas; estas tentativas de compromiso se dieron incluso a pesar del dogma de Calcedonia. Precisamente esas provincias en peligro tenían un componente poblacional muy importante de hebreos y árabes, contrarios a las imágenes. Es muy posible que, en la mentalidad de León III, emprender una política iconoclasta atenuaría la posición de esas provincias en contra del Imperio bizantino.

 

El edicto en contra de las imágenes se da en el 730. El emperador esperó obtener el consenso de Germán I, patriarca de Constantinopla, pues desde Justiniano I el ideal de gobierno se había puesto en la armonía reinante entre Iglesia y Estado bizantino. En una reunión del consejo secreto del emperador .integrado por altas dignidades civiles y eclesiásticas. se invita a Germán firmarlo. El anciano patriarca rechaza esta propuesta .fue uno de los pocos patriarcas que se opuso a su firma., declarando: «No puedo cambiar la fe sin el asenso de un concilio ecuménico». El único camino posible para él es la renuncia a su cargo de patriarca .morirá tres años más tarde, en el 733.. Su colaborador más inmediato, Anastasio (730-753) le sucede. Será obediente al emperador, no poniendo ninguna objeción a nada.

 

¿Cuáles son las medidas concretas que toma el emperador? Es algo discutido. Sabemos que poco después hay una rebelión. Relatos posteriores favorables a las imágenes nos hablan de una persecución contra los escultores, pero no son fuentes del todo fiables; al menos, no se pueden contrastar por la falta de fuentes en sentido contrario. Pero lo que sí que es cierto es que la actitud iconoclasta del emperador tuvo su impacto en la relación con el papado. 

 

 

 

IV. Relaciones de León III con el papado

 

Bizancio mantiene cierto influjo sobre el papado por unos asientos que posee en el sur de Italia y por el exarcado de Rávena. Hasta el 684 el emperador bizantino insiste en el derecho de confirmar las elecciones papales. Hasta el 631 el resultado de tales elecciones venía simplemente comunicado al exarca. Con Martín I (649-655) se da un cambio, que provoca su arresto por Constanzo II en el 653, previo el permiso del exarca, y llevado a Constantinopla acusado de alta traición. El papado, desde el siglo VII comienza a orientarse de manera creciente hacia los nuevos reinos germánicos, precisamente por la tensión con Bizancio.  Las decisiones del Trulano II suponían un alejamiento casi irremediable entre el papa y Constantinopla. Cuando Sergio I (687-701) rechaza suscribir las decisiones del Concilio, el emperador ordena su arresto; pero no pudo consumarse, pues la población romana protegió a su obispo. La supremacía bizantina sobre Italia fue considerada por los italianos como una dominación extranjera. En tiempos de León III, además, no entendían por qué tenían que financiar sus lejanas campañas militares. De hecho, Gregorio II (715-731) rechaza el pago de estas tasas, lo cual será considerado por el emperador como una traición. Según las fuentes pontificias[28], el emperador ordenó al exarca de Rávena el arresto del papa, con el fin de provocar la elección de otro, más manejable. Pero en el 720 el exarca fue asesinado por una revuelta que protegía al papa. De todos modos, no se pensó en una ruptura de relaciones, pues Rávena suponía una especie de protección contra los longobardos, que en el 729 marchaban sobre Roma.

 

El edicto del 730 se dictaba para todo el Imperio, también para Italia. León III se esforzó en conseguir el consenso del papa. Se conservan dos cartas que llevan el nombre de Gregorio II, dirigidas a León III en los años 728 y 729[29]. Escritas en griego, hoy se discute su autenticidad. A favor de que correspondan verdaderamente a Gregorio II está E. Caspar, gran conocedor del papado en esta época: funda su testimonio favorable precisamente sobre Gregorio II, al que considera como el gran papa del siglo VIII, el cual llegaría a la separación definitiva con Bizancio. Tanto H. Grotz[30] como Jedin también son favorables a la autenticidad de estas cartas.

 

Sin embargo, J. Gouillard no llega a admitir la autenticidad de estas cartas que él mismo publica, fechándolas entre finales del siglo VIII y primera mitad del IX. El alemán H. Michels publica un artículo contra Grotz intentando demostrar la falsedad de estas dos cartas. Para ello se basa en los usos diplomáticos de la cancillería pontificia y atestigua en su autor una completa ignorancia de las reglar más fundamentales de la diplomática pontificia. Sin embargo, conoce bien el ambiente de Constantinopla, por lo que pudieran haber sido escritas allí. Son cartas que circulan en torno al año 800 en Oriente y defienden una posición netamente a favor de las imágenes.

 

Debemos ser prudentes, pues, al tomar estas cartas. En todo caso serían un testimonio antiiconoclasta del siglo VIII.

 

A san Gregorio II le sucede san Gregorio III (731-741), de origen sirio, el cual actuará enérgicamente contra el edicto del 730. A inicios de noviembre del 731 convoca un sínodo de obispos italianos, condenando a cuantos destruyeran imágenes de Cristo, de la Virgen y de los santos, pues todo esto iba contra las antiguas tradiciones apostólicas, vigentes entre los fieles.

 

Así fue obstaculizada en Italia la ejecución del edicto imperial. El legado del papa en Constantinopla[31] fue metido en prisión. En el 732 León III envió una gran flota contra el papa,  la cual naufragó en el Adriático. Ese mismo el emperador año toma una decisión que tendrá amplísimas consecuencias para el futuro: Calabria, Sicilia .también todo el sur de Italia. e Iliria, que eran restos del vicariato pontificio de Tesalónica, eran sustraídas de la jurisdicción del papa y puestas bajo la jurisdicción del patriarca de Constantinopla[32].

 

Para la Iglesia romana también tuvo consecuencias esta relación tensa con el Imperio bizantino. Ante la amenaza lombarda, en el 739 Gregorio III solicita una primera ayuda de los francos. Era la primera tentativa de alianza con un pueblo germánico. Se inicia así una evolución en vista a una alianza roana con el reino de los francos, la cual será efectiva en el 754 .en el 751 los lombardos, con la conquista de Rávena, habían puesto fin al exarcado bizantino y amenazaban directamente Roma.. Roma no abandonará los intentos de recuperar la jurisdicción sobre esas zonas sustraídas por León III, lo cual conduciría a tensiones en el siglo IX y al posterior cisma.

 

V. El monje-teólogo Juan Damasceno, defensor de las imágenes

 

Germán I había sido el último hombre de relevancia política y eclesiástica en defender, con argumentos de la tradición, las imágenes. Después de él no encontramos una voz autorizada en el Imperio bizantino que se eleve a favor de las imágenes. Pasando el tiempo, además de las declaraciones de los concilios a favor de las imágenes, la defensa más vehemente la encontraremos en san Juan Damasceno (650-750); la defensa de las imágenes es uno de los puntos de su vastísima obra teológica. De su vida se saben pocas cosas de seguro. Ya en el II concilio de Nicea .el séptimo concilio ecuménico: año 887. se le considera santo, basándose en una vida escrita sobre él por Juan VII de Jerusalén[33]. Nace en el seno de una familia noble árabe-cristiana. Su padre había sucedido a su abuelo como ministro de finanzas del califa. Juan recibe una gran formación escolástica; después de entra al servicio del califa, como su padre[34]. En tiempos de Abd-el-Malik (685-705) se produce un giro anticristiano en la política. Antes del 700 sabemos que ingresa en el monasterio de San Sabas de Jerusalén como monje. Juan V de Jerusalén lo ordena sacerdote y aprovecha sus cualidades de erudito, poeta y predicador. En el 726, durante la controversia iconoclasta, llega a ser el más notable propugnador del culto a las imágenes. Entre el 726 y el 730 redacta tres discursos famosos contra la iconoclastia[35].

 

Las afirmaciones teológicas de estos discursos las asume en su gran obra teológica de síntesis, Fuente del conocimiento. Intenta fundar sus argumentos sobre el uso y el culto a las imágenes desde un amplísimo punto de vista teológico, que resumimos de esta manera:

 

-En primer lugar tiene que afrontar el pasaje escabroso de condena de las imágenes en Ex 20. Según Juan debe interpretarse en la perspectiva de la acción unitaria de Dios en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento y en la época de la Iglesia. La prohibición del Antiguo Testamento hacia las imágenes se explica teniendo en cuenta la inclinación del pueblo hebreo hacia la idolatría. Sin embargo, se debe tener en cuenta que todo el Antigo Testamento es una sombra de la verdad. Para los cristianos, iluminados por el verdadero conocimiento de Dios, esta prohibición ya no es válida, sobre todo después de la encarnación de Cristo.

 

-El mismo Dios ha mantenido el sistema de comunicación en imágenes, apareciéndose en figura velada a Jacob, a Moisés, a Elías y a Daniel. Los relatos del Antiguo Testamento son typos, anticipación del futuro.

 

-Es más, los mismos relatos ya son en sí mismos imágenes. Una imagen pretende demostrar algo[36]. Es una semejanza, una representación .un paradigma., un retaro de algo, el cual muestra en sí mismo lo que representa. No es completamente igual al prototipo, al cual representa[37].

 

-Recurre a la filosofía platónica para dar una respuesta a este problema. Parangona la imagen con la idea platónica de arquetipo de la realidad terrena. El arquetipo puede existir sin la imagen, mas no a la inversa. La imagen es una representación del arquetipo, lo manifiesta y establece una relación con el contenido representado en quien contempla. Es decir, establece una relación con Cristo y, por Él, con la Santísima Trinidad. Es, pues, un medio de gracia.

 

-No podemos hacernos una imagen del Dios omnipotente, pero Dios mismo ha hecho una imagen de su Hijo. Con la Encarnación es dignificada la naturaleza humana y, por tanto, se puede representar a Cristo. Si bien la divinidad de Cristo no puede ser representada, el hecho de formar una sola persona con la naturaleza humana .se da la compenetración de ambas naturalezas, realidad que se ha llamado perichoresis, legitima una representación en imagen de Cristo.

 

-La iconoclastia nace no sólo por la existencia de las imágenes, sino, sobre todo, por su culto. Así es como Juan Damasceno intentará justificar su veneración. De la misma manera que hay una relación entre imagen u arquetipo, el honor se traspasa de la imagen a lo representado por ella. El concepto de veneración .proskónesis daba lugar a malentendidos. Juan distingue entre una adoración a Dios y una veneración a las imágenes, aunque se use el mismo término de proskónesis para ambas realidades[38]. Hay una primera proskónesis según el sericio del culto que nosotros damos a Dios: es una adoración, una relación directa con Dios, único ser venerable por naturaleza. En otro escalón, también hay una veneración de honor, esta vez tributada a los santos. Esto preparará las decisiones del segundo concilio de Nicea.

 

Estos escritos provocaron la aversión de Constantino V hacia Juan. Así, deforma la raíz de su apellido árabe, la cual significaba .victorioso., para que signifique .bastardo.. Jua, ya de edad muy avanzada, muere poco antes de que se convoque el sínodo iconoclasta de Hierea (754), el cual le condena con un anatema cuatro veces repetido. De otra parte, ya en vida Juan Damasceno gozaba de la estima de los iconódulos, de la ortodoxia oriental y de la católica occidental. Venerado como santo, León XIII le proclama doctor de la Iglesia en 1890.

 

VI. Culmen de la controversia sobre las imágenes bajo Constantino V. El concilio iconoclasta de Hiereia el año 754

 

Constantino V (741-775) era también, como su padre, iconoclasta. Coronado por su padre como co-emperador en el 720 cuando sólo contaba con dos años de edad, bajo su reinado la iconoclastia llegará a ser un factor decisivo en la política. Lleva como sobrenombre kopronymos, apelativo despectivo que equivaldría a .el sucio.. Teophanes nos da la versión iconódula sobre este sobrenombre: en su bautismo, siendo niño, habría manchado la pila bautismal con sus excrementos; esto provocaría un vaticinio por parte de Germán I, el cual profetizaría un futuro desastroso con ese niño. Sin embargo, nos parece más fiable otra explicación a este sobrenombre: el emperador tenía pasión por los caballos, y, sin lavarse, entraría directamente de las caballerizas al salón del trono, lo cual provocaría el disgusto de los cortesanos ante su suciedad.

 

Hombre muy enérgico, entabló luchas armadas notables. Estando en guerra contra los árabes, en el 742, se rebela su cuñado Artabaste, haciéndose proclamar nuevo emperador. El usurpador toma apoyos en los iconódulos. El patriarca Anastasio (730-754), que antes había apoyado a los iconoclastas, ahora se pone de parte del usurpador. En mayo del 743 llega Constantino a la ciudad imperial y ejecuta un castigo humillante sobre el patriarca en el hipódromo[39] .a Artabasdo y a sus hijos les hijo desfilar cargados de cadenas y con los ojos arrancados.; no obstante, conservó su sede, volviendo a la adulación de los mejores tiempos. La iconoclastia llegará a convertirse en un factor político, como un signo de lealtad hacia su persona.

 

Mientras se empeña en la lucha contra los árabes en la parte oriental .en Armenia y en Mesopotamia., pierde el poder en Italia. En el 751 los lombardos conquistan Rávena y su entorno. Bizancio, pues, ya no estaba en condiciones de defender Italia ni Roma. Un enviado de Constantino llega al papa, Esteban II (752-757) con la petición de que se acerque a Pavía y pida al rey lombardo, Estulfo, la restitución a Bizancio de los territorios conquistados. Esteban se acerca a Pavía y después a Pipino, rey de los francos (754), lo cual significa una auténtica revolución en el papado en su influencia posterior en Occidente. Esta nueva orientación hacia los francos, y, por ello, alejamiento de Bizancio, viene en gran parte motivada por la iconoclastia de Constantino V: el papa no podía colaborar con un emperador hereje.

 

Con la rebelión de Artabasdo salen a la luz las divisiones de la sociedad bizantina. Había defensores de las imágenes en el episcopado, en la administración, en el pueblo y, sobre todo, en los monjes. Ya bajo el emperador León III, el patriarca de Constantinopla, Germán, había señalado que sólo un concilio ecuménico podría decidir en una cuestión de fe, decidir sobre este problema de las imágenes.

 

Ante esta experiencia de su padre, Constantino V actuará de un modo más sistemático. En primer lugar, su objetivo es la convocatoria de un concilio ecuménico. Para asegurar el éxito había que convencer primeramente a los indecisos y alejar a los adversarios. Para asegurar una mayoría favorable trató de confiar las sedes episcopales a sus secuaces, fundando nueve diócesis, las cuales encomendó a obispos hostiles a las imágenes. Asimismo provocó manifestaciones públicas para ganar al pueblo a su causa. Tenía una gran formación teológica, redactando una serie de escritos[40] que perseguían el mismo objetivo: leídos en asambleas públicas, debían anticipar los resultados de un futuro concilio.

 

El emperador trata de fundar una refutación teológica contra el culto de las imágenes, sobre todo contra la de Cristo. Su argumentación es muy hábil. Se presente, en primer lugar, como defensor de la ortodoxia, lo cual le lleva a la afirmación de las dos naturalezas en Cristo sin mezcla. Después de esta confesión cristológica toma posiciones sobre a identidad del arquetipo y la imagen: una imagen es buena cuando es idéntica a lo que representa. ¿Cómo es posible representar a Cristo en su doble naturaleza? La divinidad de Cristo es ilimitada y, por eso, no representable. Pero, si se le representa bajo figura humana, llega a ser una persona humana sólo, porque falta el elemento divino. Tal imagen, que representa a Cristo s´lo cmo hombre, no se puede referir al dogma cristológico. La verdadera imagen de Cristo no puede encontrarse en una pintura hecha por mano de hombre, sino en la Eucaristía, estando presente el Resucitado como Dios y como hombre. Usando la fórmula de las dos naturalezas .en vez de la calcedoniana en dos naturalezas. intentaba aproximarse a los monofisitas. Si la representación de Cristo es ilegítima .porque va contra el dogma., con mayor razón el culto hacia las imágenes es intolerable. En otros escritos a los obispos recoge una colección de textos patrísticos contra las imágenes.

 

Nada más adherirse los obispos a estas teorías, redacta otros escritos contra la Virgen y los santos. Así convoca el concilio de Hieria, en un palacio imperial, el cual se desarrollará entre el 10 de febrero y el 8 de agosto del 754. La fuente principal sobre este concilio la tenemos en Teophanes. Asistieron 338 obispos. Los iconódulos negaron autoridad ecuménica a este concilio, pues faltaron las sedes patriarcales .ni el papa, ni Constantinopla, Jerusalén, Antioquía, Alejandría y Constantinopla[41]. El emperador confía la presidencia del concilio a Teodoro, arzobispo de Éfeso. El emperador, hábil político, sólo hace elegir el nuevo patriarca de Constantinopla cuando se aprueben los decretos del concilio.

 

No obstante, el concilio fue menos cómodo de lo que supuso al principio el emperador. Su resultado final se ha conservado no en modo directo, sino a través del II concilio de Nicea del 787, donde fueron leías las conclusiones de Hieria párrafo por párrafo. El concilio de Hierea subrayaba los anatemas de seis concilios ecuménicos anteriores; se consideraba a sí mismo como ecuménico. Se revalida la unidad indivisible y no mezclada de las dos naturalezas en Cristo .asunto en el que Constantino V no era manifiestamente ortodoxo.. En cuanto a las imágenes, se llega a hacer un problema teológico de lo que fue un problema pastoral en su origen: ni siquiera podría ser representada la humanidad de Cristo, pues equivaldría a una negación del carácter teándrico de Cristo, una caída en el nestorianismo y en el arrianismo. La única imagen legítima de Cristo es la Eucaristía. Se funda en pasajes bíblicos, sobre todo en Jn 4,24[42]: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».

 

A diferencia de los escritos imperiales, procura moverse en el ámbito de la teología calcedoniana. No obstante, extiende la refutación de las imágenes a las de la Virgen, los santos y lo smártires. Después de los anatemas, se declara a sí mismo como VII santo concilio, con decisiones vinculantes para toda la Iglesia. Al final el emperador declara a Constantino de Sylaion .al sur del Asia Menor. como patriarca de Constantinopla. Los decretos conciliares fueron leídos ante el pueblo en el foro de Constantinopla. Condena a los defensores de las imágenes, a Germán y al obispo de Chipre. Por cuatro veces es condenado Juan Damasceno. Así, todo defensor de las imágenes sería considerado no sólo enemigo del emperador, sino también hereje.

 

Según Nicea II hubo muchas persecuciones, se destruyeron y profanaron muchas imágenes y se cerraron muchos monasterios. Sin embargo, es difícil dar una fiabilidad total a estos relatos, pues no nos han llegado fuentes iconoclastas. Posiblemente la acción iconoclasta fue especialmente brutal en Constantinopla y su entorno. En otras partes del Imperio las medidas tomadas dependían mucho de los responsables locales. Muchas imágenes fueron destruidas y sustituidas por otras de animales y plantas: al lugar de la imagen de Cristo se puso la cruz. También se persiguieron las reliquias, siendo muchas de ellas destruidas.

 

En los diez años siguientes al concilio no parece que hubiera una persecución sistemática, debido a la amenaza de los búlgaros. Sólo en los años sesenta se ven persecuciones más violentas, con el martirio de monjes[43], si bien no parece que fueran muchos los que murieron.

 

El monacato fue el alma de la oposición y también el centro de las iras más feroces del emperador. Muchos monjes fueron obligados a prestar el servicio militar. Las necesidades de la guerra eran perentorias. Con estas medidas, además de la persecución contra los iconódulos, se pretendía impedir que muchos jóvenes se acercaran a los monasterios.

 

En el 775 muere Constantino V en una batalla contra los búlgaros. El ejército le fue siempre fiel. Las controversias continuaron durante unos decenios más.
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[11]Ex 20,4-5.

[12]Hch 17,29.

[13]1,22-23.

[14]Protektikos, 195.

[15]PG 8,214B.

[16]C. 36.

[17]Pedagogos III 59,2.

[18]PG 32, 228C-229B.

[19]PG 31, 489AB.

[20]Capít. 18, 45: PG 32, 119C.

[21]Esta tradición está viva en Occidente en tiempos de las cruzadas.

[22]PG 98, 173B.

[23]PG 98, 184 BC.

[24]Chronographia I y II, a cargo de C de Boor, 1883-85.

[25]O.c., II, p. 407.

[26]PG 113, 456A.

[27]Se vale para ello del pasaje evangélico de Jesús resucitado encargando a Pedro el pastoreo de la Iglesia .Jn 21,15ss...

[28]Liber Pontificalis.

[29]Están publicadas por J. Gouillard en un artículo de la revista Trovaux et Mémories 3 (1966), p. 243-307.

[30]En otro artículo en la revista Archivio Historico Pontificio 18 (1980), pp. 9-40.

[31]Este cargo recibía el nombre de .apocrisario..

[32]A finales del siglo IX el papa Nicolás I se lamentaba de esta medida adoptada por León III .Epp. IV, 438, en Monumenta Germanica Historia..

[33]PG 94, 429-490.

[34]Vivió en el califato de Damasco; lejos, pues, de una influencia directa de León III.

[35]Han sido publicados en una edición crítica muy buena, por el padre benedictino B. Kotter. También están editados en la colección de Ciudad Nueva: Juan Damasceno, defensa de las imágenes sacras. Defensa apologética. (1983).

[36]Imag. III, 16, 2-8.

[37]Esta idea ya estaba presente en san Basilio.

[38]Imag. I, 14.

[39]Le hizo montar de espaldas sobre un asno, dando la vuelta a un hipódromo atestado de gente.

[40]Se conservan algunos fragmentos, editados por H. Hennephof, Textus Byzantini ad Iconomachiam pertinentes, Leiden 1969; también en G. Dumeige, Nicée, en Histoire des Conciles oecuméniques 4, Paris 1978.

[41]Anastasio había muerto poco antes.

[42]Curiosamente este pasaje será empleado siglos más tarde por Zwinglio en su disputa contra las imágenes.

[43]PG 100, 1069-1186.

 

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Una imagen definida "ảχειροποίητος" cuando, es decir "no echa por mano humana".

 

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San Gregorio de Nacianceno (330-390) obispo

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica)


  

doctor de la Iglesia Católica

Homilía sobre la Pascua 9, 22,26,28

“He aquí a mi servidor a quien he elegido, mi bienamado”


El Verbo de Dios que es eterno, invisible, incomprensible, incorporal, principio nacido del principio, luz nacida de la luz, fuente de la vida y de la inmortalidad, réplica exacta del primer modelo, marca imborrable, resemblanza idéntica del Padre (Hec 1,3), intención y pensamiento de éste, progreso hacia su imagen (Gn 1,27). Se hace carne para salvar la carne, se une a un alma razonable para salvar mi alma; quiere purificar lo semejante por lo semejante y se hace plenamente hombre, excepto en lo que concierne al pecado… Él que enriquece a los demás se empobrece, pues adopta la pobreza de mi carne para que yo me enriquezca de su divinidad. Él que es plenitud se empequeñece, se desprende de su propia gloria por poco tiempo, para que yo, participe de su plenitud.

¡Qué tesoro de bondad! ¡Qué gran misterio en favor mío! He recibido la imagen, y no la he conservado. ¡El Verbo ha participado de mi carne para salvar la imagen y hacer la carne inmortal¡ Se une a nosotros por una segunda unión, mucho más asombrosa que la primera… Era necesario que el hombre fuera santificado por un Dios hecho hombre; después de haber abatido a nuestro tirano, nos liberaría y nos conduciría hacia él, por la mediación del Hijo, por el honor del Padre. Es así como el Hijo se muestra obediente en todas las cosas referentes a él, para cumplir su plan de salvación.


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Rogad, pues, al Dueño  de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 37-38)


Muy bueno, esto de los re-verendos…  - Hay otros dos versículos que hablan de dar culto no sólo a Dios:


Colosenses 2:18

Que nadie os prive de vuestro premio haciendo alarde de humildad y de dar culto a los ángeles (metiéndose en lo que no ha visto), hinchado de vanidad por su propia mente carnal,


2 Tesalonicenses 2:4

el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios O ES OBJETO DE CULTO; tanto, que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.


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La gran civilización clásica y la judeocristiana no se oponen entre sí, sino que convergen en el único plan de Dios.


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Desde siempre la Iglesia sostiene y promueve el mundo del arte, convencida de que su lenguaje es un vehículo privilegiado de progreso humano y espiritual. Vale la pena recordar también en esta circunstancia la inscripción que mi venerado predecesor Benedicto XIV hizo grabar en la puerta de ingreso del Museo cristiano:  "Ad augendum Urbis splendorem et asserendam religionis veritatem" ("Para promover el esplendor de la ciudad de Roma y afirmar la verdad de la religión cristiana"). BENEDICTO PONT. MAX. XVI. Sábado 16 de diciembre de 2006


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la barca de la Iglesia que Cristo fundó, triunfará…, portae inferi non praevalehunt) (Matth. 16,18) las puertas del infierno no prevalecerán, le dijo Cristo a su Iglesia Católica - «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea 


…que andamos en lo correcto, recurramos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la cual define los términos referidos, de la siguiente manera:

Veneración. (Del lat. veneratĭo, -ōnis). f. Acción y efecto de venerar.

Venerar. (Del lat. venerāri). tr. Respetar en sumo grado a alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que representa o recuerda.


Así que con toda claridad se desprende de lo anterior que el hecho de “venerar” a alguien no tiene relación con la “adoración”, como nos quieren forzar a aceptar los amigos evangélicos, quienes parecieran no querer darse el trabajo de revisar el diccionario, cada vez que se los he intentado explicar de esta manera.

Por otra parte, ellos podrían argumentar que estas definiciones “no están en la Biblia” – alguno podrá decir incluso que el Diccionario de la Lengua Española la dirige el Vaticano o sostener otra ilusa teoría conspirativa tipo Dan Brown –, muletilla que repiten hasta la saciedad cuando quieren defender sus posturas.

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A continuación, recurramos una vez más al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y estudiemos el significado de “reverendo” y otros términos:

Reverendo, da. (Del lat. reverendus). adj. Digno de reverencia. ||

Reverencia. (Del lat. reverentĭa). f. Respeto o veneración que tiene alguien a otra persona

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De lo anterior se desprende que, si los evangélicos insisten en sostener que “venerar = adorar”, por tanto, ellos deben reconocer que sus pastores, al hacerse llamar “Reverendo”, están afirmando que son dignos de recibir reverencia, y como claramente hemos visto, reverencia es igual a respeto o veneración. En otras palabras nuestros amigos, los pastores evangélicos, dicen al emplear el título “Reverendo”, que son dignos de veneración. Y como todos los evangélicos dicen que “veneración = adoración”, por obvias razones, sus pastores estarían diciendo que ellos son dignos de adoración. Y la grey evangélica, al saludar a sus pastores y llamarles “Reverendo”, estarían reconociendo la validez de dicho título, y por tanto, les estarían “adorando”.

No es mi afán incomodar a los amigos evangélicos con este artículo, sino más bien hacerles ver el error en el cual incurren cada vez que nos acusan a los católicos de “adorar” a María y los santos, cuando nosotros les explicamos que lo que hacemos es venerarlos. Su postura equivocada no soporta el análisis lógico más sencillo como el que acabo de hacer, tanto así que si empleamos el sentido que ellos quieren darle a la palabra “venerar” entonces esto termina volteándose contra ellos mismos, como en el caso de sus “reverendos”.

No tengo por cierto, ninguna oposición a que sus líderes se llamen Reverendos y por tanto sean dignos de reverencia y veneración, por ende. Al contrario, tienen todo el derecho de emplear el título que mejor consideren. Me merecen el mayor respeto por el trabajo que hacen – aunque tal vez en la otra vereda – y creo por tanto que son dignos de recibir todo el respeto y veneración de su comunidad.

Pero así como creo lo anterior, creo también que los católicos tenemos todo el derecho de venerar a María, la madre de nuestro Señor, y a los santos, nuestros hermanos, quienes nos han antecedido en el encuentro con Jesús. Tenemos todo el derecho de brindarles el mayor respeto y veneración, por lo que vivieron y predicaron, por su martirio en muchos casos, por su vida santa. Bíblicamente ha quedado demostrado que podemos venerarlos, y también que, veneración no es igual a adoración. Los católicos única y exclusivamente adoramos a Dios, sólo a Él. A María y a los santos, los veneramos, cosa muy diferente a la adoración.

-       Ad mayorem Dei gloria – MMX.II.25

http://infocatolica.com/blog/apologeticamundo.php/1002250204-title#more7026


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Segundo Concilio de Nicea. Año 787

 

VII concilio ecuménico. Papa Adriano I. Contra los iconoclastas

 

Papa Adriano I. Contra los iconoclastas. Emperatriz regente, Irene. Regula la querella de los iconoclastas pronunciándose por el culto de las imágenes, pero distinguiendo cuidadosamente el culto de veneración del culto de adoración, que sólo es debido a Dios. 

Reivindícase la legitimidad del uso y del culto a las sagradas imágenes. 

Entre Oriente y Occidente, y entre sus capitales imperiales como fueron Roma y Constantinopla hubo siempre antagonismo ya fuere en el aspecto político como en el religioso. Si el Papa es el primero en la cristiandad, el segundo lugar lo ocupa, sin duda, el patriarca de Constantinopla. A mediados del siglo noveno un ambicioso personaje ocupó la silla patriarcal, su nombre fue Focio; cometió toda clase de arbitrariedades y exacerbó los ánimos de los orientales contra Roma. Esta grave situación decidió la apertura de un nuevo concilio.

Magisterio del C.E II de Nicea 
·  Definición sobre las sagradas imágenes y la tradición. SESION VII

I. Definición ...Entrando, como si dijéramos, por el camino real, siguiendo la enseñanza divinamente inspirada de nuestros Santos Padres, y la tradición de la Iglesia Católica pues reconocemos que ella pertenece al Espíritu Santo, que en ella habita, definimos con toda exactitud y cuidado que de modo semejante a la imagen de la preciosa y vivificante cruz han de exponerse las sagradas y santas imágenes, tanto las pintadas como las de mosaico y de otra materia conveniente, en las santas iglesias de Dios, en los sagrados vasos y ornamentos, en las paredes y cuadros, en las casas y caminos, las de nuestro Señor y Dios y Salvador Jesucristo, de la Inmaculada Señora nuestra la santa Madre de Dios, de los preciosos ángeles y de todos los varones santos y venerables. Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseo de los originales y a tributarles el saludo y adoración de honor, no ciertamente la latría verdadera que según nuestra fe sólo conviene a la naturaleza divina; sino que como se hace con la figura de la preciosa y vivificante cruz, con los evangelios y con los demás objetos sagrados de culto, se las honre con la ofrenda de incienso y de luces, como fue piadosa costumbre de los antiguos. "Porque el honor de la imagen, se dirige al original", y el que adora una imagen, adora a la persona en ella representada.

II. Prueba. Porque de esta manera se mantiene la enseñanza de nuestros santos Padres, o sea, la tradición de la Iglesia Católica, que ha recibido el Evangelio de un confín a otro de la tierra; de esta manera seguimos a Pablo, que habló en Cristo [2 Cor. 2,17], y al divino colegio de los Apóstoles y a la santidad de los Padres, manteniendo las tradiciones [2 Thess. 2, 14] que hemos recibido; de esta manera cantamos proféticamente a la Iglesia los himnos de victoria: Alégrate sobremanera, hija de Sión; da pregones, hija de Jerusalén; recréate y regocíjate de todo tu corazón: El Señor ha quitado de alrededor de ti todas las iniquidades de sus contrarios; redimida estás de manos de tus enemigos. El señor rey en medio de ti: no verás ya más males, y la paz sobre ti por tiempo perpetuo [Soph. 3, 14 s; LXX].

III. Sanción. Así, pues, quienes se atrevan a pensar o enseñar de otra manera; o bien a desechar, siguiendo a los sacrílegos herejes, las tradiciones de la Iglesia, e inventar novedades, o rechazar alguna de las cosas consagradas a la Iglesia: el Evangelio, o la figura de la cruz, o la pintura de una imagen, o una santa reliquia de un mártir; o bien a excogitar torcida y astutamente con miras a trastornar algo de las legitimas tradiciones de la Iglesia Católica; a emplear, además, en usos profanos los sagrados vasos o los santos monasterios; si son obispos o clérigos, ordenamos que sean depuestos; si monjes o laicos, que sean separados de la comunión.
·  De las sagradas elecciones. SESION VII

Toda elección de un obispo, presbítero o diácono hecha por los principes, quede anulada, según el canon [Can. apost. 30] que dice: "Si algún obispo, valiéndose de los príncipes seculares, se apodera por su medio de la Iglesia, sea depuesto y excomulgado, y lo mismo todos los que comunican con él. Porque es necesario que quien haya de ser elevado al episcopado, sea elegido por los obispos, como fue determinado por los Santos Padres de Nicea en el canon que dice [Can. 4]: "Conviene sobremanera que el obispo sea establecido por todos los obispos de la provincia. Mas si esto fuera difícil, ora por la apremiante necesidad o por lo largo del camino, reúnanse necesariamente tres y todos los ausentes den su aquiescencia por medio de cartas y entonces se le impongan las manos; mas la validez de todo lo hecho ha de atribuirse en cada provincia al metropolitano".
·  De las imágenes, de la humanidad de Cristo, de la tradición

Nosotros recibimos las sagradas imágenes; nosotros sometemos al anatema a los que no piensan así...

Si alguno no confiesa a Cristo nuestro Dios circunscrito según la humanidad, sea anatema...

Si alguno rechaza toda tradición eclesiástica, escrita o no escrita, sea anatema.
·  De los errores de los adopcianos
[De la Carta de Adriano Si tamen licet a los obispos de las Galias y de España, 793]

Reunida con falsos argumentos la materia de la causal perfidia, entre otras cosas dignas de reprobarse, acerca de la adopción de Jesucristo Hijo de Dios según la carne, leíanse allí montones de pérfidas palabras de pluma descompuesta. Esto jamás lo creyó la Iglesia Católica, jamás lo enseñó, jamás a los que malamente lo creyeron, les dio asenso...

Impíos e ingratos a tantos beneficios, no os horrorizáis de murmurar con venenosas fauces que nuestro Libertador es hijo adoptivo, como si fuera un puro hombre, sujeto a la humana miseria, y, lo que da vergüenza decir, que es siervo... ¿Cómo no teméis, quejumbrosos detractores, odiosos a Dios, llamar siervo a Aquel que os liberó de la esclavitud del demonio?... Porque si bien en la sombra de la profecía fue llamado siervo [cf. Iob 1, 8 ss], por la condición de la forma servil que tomó de la Virgen,... esto nosotros... lo entendemos como dicho, según la historia, del santo Job, y alegóricamente, de Cristo...

www.mercaba.org - 2005-05-23

 

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IMÁGENES: ARTE CRISTIANO.

 

HUMANITAS Nº 24

ARTE LITÚRGICO EN LA CATEDRAL DE SAN BERNARDO.

JUAN FRANCISCO ECHEÑIQUE.

  

Introducción histórica
A pesar de la prohibición vetero-testamentaria para el pueblo de Israel de no hacer imágenes de Dios, la Iglesia, heredera de este pueblo, hace posible con su mismo nacimiento un arte litúrgico. Ya que Dios se hace visible en Jesucristo, “quien me ve a mí ve al Padre”, se puede representar desde ese momento la imagen de Jesús, de la Virgen, los hombres y el cosmos, cristificados.
La Iglesia recibe el contexto artístico de la época y toma aquello que le es útil para expresar la fe. Después de una larga evolución y depuración de un arte naturalista y antropocéntrico heredado del Helenismo, nos encontramos hacia el siglo VI con un nuevo arte original ya formulado, que presenta otra visión del hombre y de las cosas, un arte teológico y trascendente, que será propio del cristianismo.
Más tarde en los siglos VII y VIII tras la crisis iconoclasta, que duró mas de un siglo, se termina de precisar su teología y su canonicidad, principalmente en dos Concilios: el Concilio quinisexto y el séptimo Concílio Ecuménico en Nicea. En este período la actuación de los Papas a favor de las imágenes fue relevante, especialmente la defensa que hace el Papa San Gregorio II (el Grande) en contra de aquellos que rechazaban la representación de Cristo y de los Santos. Debido a esto, en respuesta a la herejía iconoclasta, se instituye en Occidente por el Papa Gregorio III, la fiesta de Todos los Santos el 1º de noviembre.
El arte cristiano se va desarrollando junto con las fiestas litúrgicas, los dogmas de los concilios y la teología de los Padres de la Iglesia. Después del Edicto de Milán, en el S. IV, en que la Iglesia deja de ser perseguida, una nueva era comienza para ella. Saliendo de su reclusión forzada, abre sus puertas al mundo antiguo, se construyen las grandes Basílicas y los fieles dejan de ser una minoría oculta. A partir de esta época se desarrollan la mayor parte de las fiestas litúrgicas y el arte cristiano comienza un desarrollo monumental, al servicio de una multitud de fieles.
Este arte, con sus características propias, pero con sus coloraciones locales, va a expandirse a todas las naciones cristianizadas. Del siglo IX al XIII, en Occidente va a florecer el magnífico arte Románico, posteriormente el Occidente cristiano va a tener una evolución hacia un arte más humanista y naturalista, hasta desembocar en el Renacimiento Italiano, aquí la visión teológica propia del arte cristiano, se deja de lado para volver a los conceptos helénicos, en dónde el hombre vuelve a ser el centro del Universo y la confianza se pone en la visión del estado actual de las cosas. Después de esta época, la Iglesia de Occidente, a pesar del cambio de visión en el arte, va a seguir desarrollando un arte religioso bajo los nuevos conceptos, el cual también hace crisis a fines del S. XIX. En el S. XX los templos se comienzan a despojar de imágenes, ya sea por influencia del protestantismo o por las mismas tendencias de la arquitectura y del arte contemporáneo.
El arte eclesial, en el mundo cristiano oriental por estar rigurosamente vinculado a la Liturgia y a la teología, fue guardado celosamente sin cambios fundamentales, pero en el S. XVII por influencia del Renacimiento italiano, las Iglesias de Oriente también cambian sus principios y estética en el arte. En el S. XX las Iglesias ortodoxas inician una renovación del arte litúrgico, retomando las fuentes de este arte. En el catolicismo romano hay una búsqueda de volver a un arte propiamente sacro y vemos muchas tentativas, con influencia de las tendencias geométricas del arte contemporáneo. 
Hoy nos encontramos ante un real interés de retomar también el arte propiamente cristiano, que durante doce siglos fue común a toda la cristiandad. 
Hay varia Encíclicas y Cartas pastorales del Papa Juan Pablo II, que se refieren a este arte que las Iglesias de Oriente supieron guardar. El acercamiento de los dos pulmones de la cristiandad, que el Papa promueve, pasa justamente por la adopción y el reconocimiento de aquellos tesoros que nos son comunes: los Concilios Ecuménicos, los Padres de la Iglesia y el arte litúrgico, entre otros.

Algunos elementos del simbolismo y significado del arte cristiano
El fundamento teológico del arte del icono, se basa en la cristología de los Padres. Gran parte de esta teología se precisa como respuesta a la herejía iconoclasta, la cual si se puede resumir, se diría que : La imagen de Jesús no representa ni su divinidad, ni su humanidad, sino la persona que une en ella inconmensurablemente sus dos naturalezas, sin confusión y sin división, según los términos del dogma de Calcedonia.
En el arte sagrado el retrato naturalista de un hombre es sólo un documento histórico, no puede en ningún caso remplazar la imagen litúrgica del icono. La visión que tienen los apóstoles Pedro, Juan y Santiago durante la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo, la que tienen también durante la Ascensión de nuestro Señor; luego la visión de San Juan en el Apocalipsis sobre la Jerusalén celeste y el trono, son algunos de los pasajes de las escrituras que fundamentan todo el sistema simbólico del arte cristiano.
En este lenguaje se ha descartado todo intento de traducir la realidad en el estado actual o todo acaparamiento ilusorio de ella, por eso que se descarta el recurso de la perspectiva, el color local, el naturalismo, las sombras, los fondos de paisajes, etc. El arte cristiano no desarrolla la perspectiva lineal, sino la perspectiva invertida que reafirma siempre el plano bidimensional, estando siempre el punto de fuga en quien mira, y no dentro de la escena. Esta perspectiva no crea una ilusión de la tercera dimensión, sino más bien una cuarta dimensión que junto con los fondos planos o dorados sugieren la trascendencia. Los colores son puros y simbólicos, no están confundidos en un color local, son más bien los colores de las flores. Por otro lado, la primavera en el plano cósmico es un símbolo de la nueva creación, que es la Resurrección del Señor.
El recurso de las sombras es desechado porque la luz proviene del Espíritu Santo, iluminando los cuerpos desde dentro. Los rostros de los Santos se representan de frente o de tres cuartos porque éstos dialogan con quienes los miran; sólo los personajes que no han alcanzado la santidad pueden ser representados de perfil. La estilización, la economía de medios y la representación de lo esencial, harán de este arte un equivalente visual de los Evangelios. La paz y la plenitud que manifiesta, es la experiencia misma de la oración y la experiencia de los Santos y místicos de la Iglesia.
Posteriormente a la crisis iconoclasta, se fue completando el programa iconográfico de la Iglesia en todos sus espacios: santuario, nave, nartex, cúpulas, ábsides, etc.
En las iglesias de Occidente, que hoy llevan tanto tiempo desconectadas del rigor simbólico, pictural y arquitectónico, se hace difícil retomar los programas del pasado. Pero apoyándose en esta tradición eclesial se pueden hacer adaptaciones, proponiendo algunos elementos para las iglesias contemporáneas. Curiosamente la búsqueda de espacios puros y esenciales en los conceptos contemporáneos de la arquitectura, se amalgama bien con la plástica sintética constructiva y simbólica del arte sacro cristiano. Hoy se está intentando en muchas partes con felices resultados y en Santiago tenemos varios ejemplos de ello.
La catedral de San Bernardo, es hoy quizás uno de los ejemplos importantes y significativos de este reencuentro de la arquitectura contemporánea con los símbolos del arte cristiano, tanto en la arquitectura como en la pintura. Con ello se retoma la evidente unidad de las artes en torno a la liturgia, en donde la arquitectura da la unidad. El resultado solemne, hierático y majestuoso no es otra cosa que el querer traducir la Majestad, la Trascendencia y Santidad del reino de Dios. 

Programa iconográfico de la Catedral de San Bernardo
La Catedral de San Bernardo en su arquitectura, procura dentro de un estilo contemporáneo recuperar el espacio basilical clásico con tres naves, en este caso conformando un sólo espacio, de planta cuadrada. Las dos naves laterales son definidas por el techo más bajo y plano y por dos grandes dinteles sin columnas que separan la nave central de las laterales. En la nave central se encuentra un techo de bóveda de cañón, mucho más alto, que termina en el Santuario con un cuarto de esfera. En el Santuario se encuentra el presbiterio y un deambulatorio por detrás y los costados, bajo el presbiterio y el altar se encuentra la cripta, todos estos elementos son recurrentes en las catedrales antiguas de Occidente.
Al espacio de ésta Catedral se adaptó un programa iconográfico que comprende:
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En el Santuario: Un gran friso de apóstoles, dos arcángeles, la Madre de Dios y San Juan Bautista. Al centro Cristo en Majestad, con los cuatro evangelistas (Pantocrator) , el friso termina con Santa Teresa de los Andes y el Padre Hurtado. Este tema se llama Intercesión, pues los Santos están dirigidos hacia Cristo con un gesto de alabanza e intercesión, un poco inclinados, signo de humildad y a la vez llevando el peso de los hombres por quienes interceden. Debajo del friso en los cuatro primeros medallones se pintaron cuatro Padres de la Iglesia: San Juan Crisóstomo, San Agustín, San Ambrosio de Milán y San Atanasio.
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En la nave: En los dos grandes dinteles que separan las naves laterales de la nave central, se distribuyeron diez de las doce grandes fiestas litúrgicas de la Iglesia, por motivos de adaptación al espacio arquitectónico, el cual está ritmado por las nervaduras de la bóveda. Los temas elegidos fueron: “La Anunciación y Visitación“, “La Natividad”, “El Bautismo de Jesús”, “La Transfiguración”, “La Santa Cena”, “La Crucifixión”, “La Resurrección”. “La Ascensión del Señor”, “Pentecostés” y “La Dormición o Asunción de la Virgen”. La lectura visual de estas fiestas se hace desde la Anunciación hacia la derecha, dando la vuelta por atrás, hasta el otro extremo.
Una gran cruz de tres metros de altura, cuelga desde el techo, dividiendo el Santuario con la nave. La cruz se ubica en este lugar porque este es la puerta de entrada al reino de Dios, simbolizado arquitectónicamente por el Santuario, lugar dónde se encuentra el altar.
Esta cruz, pintada según la técnica de los iconos y con fondo dorado está inspirada en las cruces bizantino-toscana de los siglos XII y XIII.

Explicación de las fiestas litúrgicas
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”Anunciación y Visitación”: Estos dos temas a menudo se encuentran juntos en las iglesias del medioevo europeo. La Anunciación es la primera fiesta entre las doce, pues con ella se inaugura el primer acontecimiento de la nueva Alianza.
La primera noticia que tenemos de esta fiesta es en Oriente, en el año 692. Las más antiguas representaciones las encontramos en las catacumbas de Pristilla y San Calixto. En el S. VI este tema ya es corriente. 
Vemos en esta imagen al arcángel San Gabriel, como mensajero de Dios, con el bastón en una mano simbolizando la autoridad, con la otra bendice a María y a la vez la saluda y le trasmite el mensaje. Su gesto, en general, expresa dinamismo y poder.
La Virgen, en este caso, adopta una actitud de escucha y recepción, ella acoge el mensaje del arcángel aceptándolo. Está vestida de púrpura oscuro en su túnica exterior, color que significa realeza y tierra húmeda (presta a dar vida). Su vestido de color azul o verde significa su santificación o divinización. Las tres estrellas en la frente y en los dos hombros, se encuentran en todas las representaciones de la Virgen, como un distintivo, significando su virginidad antes, durante y después del parto
La esfera arriba de ella, con un rayo que desciende, simboliza el cielo de los cielos en donde está el trono de Dios, a veces de esta esfera salen tres rayos que significan la acción Trinitaria. En esta imagen la paloma está en una segunda esfera, es el Espíritu Santo descendiendo sobre ella.
El velo rojo que une las dos arquitecturas, significa que el acontecimiento transcurre al interior, pero que en este lenguaje no se representa, ya que en el arte sacro, todo espacio expresa la trascendencia y lo ilimitado del reino.
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”La Natividad de nuestro Señor”: Antes del siglo IV, la fiesta de la Natividad coincidía con la fiesta de la Epifanía, tomando lugar también en el conjunto grandioso de las santas Teofanías, lo que explica sobre esta imagen los rayos de luz trisolar del círculo que representa el Trono de Dios.
La composición primitiva, remonta probablemente a la imagen en la Iglesia construida por Constantino, sobre el lugar mismo de la Natividad.
En Occidente, bajo la influencia franciscana, la Natividad reviste un carácter más pintoresco y popular, donde se acentúa el lado más humano del misterio.
En esta escena vemos varios acontecimientos reagrupados en una sola imagen, los que transcurren en diversos tiempos y lugares, pues el arte sacro no es ni historicista ni naturalista, sino que apunta a manifestar un misterio teológico.
La Virgen está recostada en un cojín a causa del parto, el Niño envuelto en bandeletas, según la costumbre de la época, que coincide con la costumbre de amortajar a los muertos. Él está sobre una cuna que es a la vez sarcófago y altar, la cual se encuentra dentro de una gruta que expresa las entrañas de la tierra; su obscuridad simboliza a la vez un lugar de muerte y de nacimiento. Cristo es el primer nacido vivo(espiritualmente) de entre los muertos, es decir, en una humanidad caída y en la obscuridad, debido al pecado original, “La luz nace en las tinieblas”, dice el cuarto evangelio. Dentro de la gruta están el asno y el buey, que significan a la vez: las naciones y los judíos; lo racional y lo irracional; el yugo de la ley y el fardo del cuerpo.
Al centro, la estrella que desciende del círculo, donde el acontecimiento toma su inicio.
San José en actitud de interrogación y que en este caso también está con un gesto de adoración. La imagen cuenta un drama universal que se reproduce a través de los siglos, la duda y la tentación de no creer que Cristo es Hijo de Dios y Dios mismo, que no hay otro mundo que el visible y por lo tanto, que no existe ningún otro medio de nacimiento que el natural. 
En el costado inferior a la derecha vemos la escena del baño, las dos mujeres que bañan al niño Jesús, representan el nacimiento de Cristo según la carne. Entonces, las dos escenas de la parte inferior representan los dos postulados del dogma: Cristo verdadero Dios y verdadero Hombre, el engendramiento divino y el nacimiento según la carne.
Los ángeles adoran al Niño y a la vez cantan las alabanzas, uno de ellos anuncia a los pastores el acontecimiento.
Los pastores, en este caso, están representados por uno joven y otro viejo que lleva el bastón terminado en una curva que permite atrapar a las ovejas por las patas.
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”El Bautismo de Jesús”: Hasta el siglo IV, el Nacimiento y el Bautismo de Jesús se celebraban el mismo día. La Teofanía, una de las fiestas más antiguas de la Iglesia, sintetizaba primeramente, todos los misterios de la manifestación del Señor al mundo.
Se encuentran ya en las catacumbas imágenes del Bautismo de Jesús, la más evidente es la de la catacumba “Pedro y Marcelino” S. IV. En la época de Constantino se supone que hubo una representación en una iglesia construida en el borde del Jordán, imagen que está representada en un pequeño recipiente de Monza, del S. IV. En la cúpula del baptisterio de los ortodoxos en Rávena, hacia el año 455, vemos una imagen del Bautismo de Jesús, como también en el batisterio de los arrianos (Rávena). 
En esta escena de la Catedral de San Bernardo, vemos a Jesús en medio de las aguas del Jordán, con sus riveras en zigzag, que recuerdan los bordes de la gruta de la Natividad y de la zona obscura en la imagen de la Resurrección. Aquí se trata de la tumba líquida en donde se opera la metanoia, prefiguración de la muerte y resurrección de Cristo y del bautismo de los cristianos. Cristo con la desnudez Adámica, da a la humanidad su vestido paradisíaco de gloria. El Espíritu Santo en forma de paloma sobre las aguas del Jordán suscita el segundo nacimiento de la nueva creatura, así como suscitó la Creación en sus comienzos, planeando sobre las aguas primordiales. El Espíritu Santo, bajo la forma de paloma, traduce el movimiento del Padre hacia el Hijo, el Espíritu revela su Humanidad al Padre y Él lo recibe como su Hijo, esto es lo que se conoce como Teofanía, Epifanía, es decir : manifestación de las tres personas de la Trinidad en su testimonio unánime. 
San Juan Bautista es aquel que sabe, el que indica el Cordero, el amigo del Esposo. Él viene como testimonio para dar testimonio de la luz, es el más grande, porque es el más pequeño.
A la derecha están los ángeles, lo propio de los ángeles es adorar a Dios. Las manos cubiertas a veces, es un signo de respeto. Un ángel levanta la cabeza para contemplar el cielo abierto o a la paloma.
La multitud de fieles (en pequeño) llevando niños, ilustran las palabras de San Pablo “vosotros que en Cristo os bautizasteis, de Cristo os revestisteis”.
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“La Transfiguración”: Las fechas más antiguas de esta fiesta se remontan al S. IV en Armenia y Siria. En el monte Sinaí los monjes la celebran desde el S.VII, pero en Occidente se tiene conocimiento de ella desde el S. IX. 
El tema iconográfico se remonta a Justiniano y se sitúa en los ábsides de las iglesias de este período, por ejemplo en San Apolinario en Rávena (549), en la iglesia del monasterio de Santa Catalina en el monte Sinaí.

 

Este acontecimiento, ocurrido en el Monte Tabor, está en relación a la experiencia de la gloria de Dios ocurrida en el Monte Sinaí, a los profetas Elías y Moisés. (Exodo 24, 12-18; 33, 11-23; 34, 4b,5-6,8).
En el contexto del primer anuncio de la Pasión (Mt. 16, 21; Mc.8,31; Lc. 9, 22) Jesús quiere preparar ante la prueba a los tres apóstoles, Pedro, Santiago y Juan y les procura un breve instante de la visión de lo que es realmente el Reino de Dios, cuya experiencia definitiva deberá darse con la Resurrección.
Este acontecimiento es otra Teofanía Trinitaria, en donde se manifiesta la voz del Padre y el Espíritu Santo en la nube luminosa, la cual está simbolizada por el círculo y los rayos de luz alrededor de Cristo. Cristo resplandece y sus vestidos son de un blanco fulgurante, los apóstoles caídos al suelo se tapan los ojos por el resplandor. La conversación de Pedro con Jesús da testimonio, de que los mismos apóstoles están participando de la experiencia de gloria, de otra manera no lo habrían podido percibir con sus ojos. Moisés y Elías aparecen a ambos costados de Jesús, representando al Antiguo Testamento, la ley y los profetas que alcanzan su cumplimento en Cristo. Este acontecimiento, no solamente adelanta la Resurrección y la Glorificación del Señor, sino que muestra el destino ofrecido por Dios a los hombres: la participación en Cristo a la vida Trinitaria, la cual se llevará a cabo en plenitud, con la segunda venida de Cristo (la Parusía).
El círculo que rodea a Cristo, compuesto de tres anillos concéntricos que van del claro hacia el exterior y oscuro hacia el centro, simboliza por un lado la nube luminosa y el misterio de la Creación. En medio de él la luz es tan intensa que ella aparece tenebrosa, son las tinieblas resplandecientes que testimonian que Dios revelado por el Espíritu Santo queda inaccesible en su esencia. Es la misma nube luminosa que señalan las manifestaciones divinas en la Antigua Alianza. Los rayos y la estrella indican la participación de la luz divina a los apóstoles y a todo el universo creado.
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“La Santa Cena o Cena mística”: Después de Pentecostés, la Iglesia se constituye alrededor de la Eucaristía, celebrada como Cristo lo ordenó. En cada Eucaristía se retoma el relato del Jueves Santo. Los oficios del Jueves Santo meditan a la vez sobre la institución de la Eucaristía, la traición de Judas y el lavado de los pies.
La figuración narrativa de la Cena del Señor el Jueves Santo, la encontramos en el S. VI en un mosaico de San Apolinario el Nuevo en Rávena y en una miniatura del Código Purpúreos de Rossano (Calabria).
Cristo se encuentra en un extremo de un sigma lunar; según la usanza griego-romana el presidente de la comida se instala en el extremo derecho, a la izquierda en la imagen. Esta representación evoluciona con una mesa rectangular. Hacia el S. XIV Cristo es pintado al medio de la mesa, lo que indica que la antigua ordenanza de la presidencia ya no es comprendida. Los elementos de la mesa expresan que se trata de una cena, el pez destacado en ella es un símbolo de Cristo. Si bien la escena muestra la traición de Judas, esta es un resumen de todo el acontecimiento, por lo tanto, la institución de la Eucaristía. En nuestro caso los apóstoles están representados con aureolas, salvo Judas. La aureola de Cristo destaca por su cruz roja.
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“La Crucifixión”: Las más primitivas representaciones de la Crucifixión son de origen sirio, palestino y de Capodocia, en las que Cristo está vestido con túnica, vivo, con los ojos abiertos y erguido en la cruz. En las imágenes medievales del románico y en Toscana vemos todavía estas representaciones, aunque algunas con el torso desnudo.
Hacia el S. XII en Bizancio, se substituye por el Cristo muerto, desnudo, la cabeza inclinada y el cuerpo ligeramente flexionado. 
En esta Crucifixión de origen bizantino, aunque muestra los signos de la muerte, en su rostro expresa un profundo sueño, que significa la verdad dogmática de la incorruptibilidad. Jamás es representado el realismo de la carne agotada y muerta, ni el dolorismo de la agonía. Muerto y tranquilo, no ha perdido su nobleza real, guardando siempre su Majestad. Su carne es la carne resucitada, pues la cruz y la muerte de Cristo son vistas desde su Resurrección.
En nuestra escena, el Gólgota en que está plantada la cruz, está simbolizado abajo por una pequeña montaña, en la cual se encuentra una caverna con un cráneo, que es Adán en la obscuridad del mundo y de la muerte, él recibe la sangre de Cristo y es vivificado.
Al fondo los muros de Jerusalén; a la izquierda la Virgen, rígida por el dolor con las santas mujeres que la sostienen; Juan a la derecha, contemplativo, medita el misterio de la Pasión; un soldado a la izquierda con la lanza le traspasa el corazón ; al lado derecho el centurión que lo reconoce como el Mesías, este soldado pasa a ser un santo según la tradición; un grupo, abajo a la derecha, son aquellos que sortean su túnica. Sobre el muro de Jerusalén, a la derecha, se asoma un campanario que corresponde al de la Catedral de San Bernardo.
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”La Resurrección de Cristo”: Los textos del Evangelio no dicen nada sobre el momento mismo de la Resurrección. La iconografía permanece fiel a este silencio, por un gran respeto al misterio. Así, siguiendo las escrituras, las dos composiciones iconográficas de la Resurrección son: el descendimiento a los infiernos o Anáctasis (levantamiento) y las mujeres miroforas que concurren a la tumba. San Pablo, dice en la epístola a los Efesios (4, 9-11) “¿Qué quiere decir subió sino que antes bajó a las regiones inferiores de la tierra?. Este que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo”. En el Credo de Nicea-Constantinopla dice :”... descendió a los infiernos y al tercer día resucitó...”. Otras referencias de la escritura son : hechos 2, 24 ; 1 Corintios 15, 20-22, 26, 55; Hebreos 2, 14-16; Apocalípsis 1, 17-18.
Tenemos entonces en la escena del Descendimiento a los infiernos, una imagen más bien teológica y que ilustra el significado espiritual de la Resurrección.
La imagen más antigua que se conoce de este tema está en una columna del ciborióo de la catedral de San Marcos en Venecia S. IV, luego en tres placas sirio-palestinas del S.VII y en dos frescos del S. VIII en la iglesia Santa María la Antigua de Roma. Este tema se multiplica, sobre todo después de la crisis iconoclasta hacia el año 1000. 
En Occidente la representación de la fiesta de Pascua ha sido olvidada al igual que muchas de las imágenes de las grandes fiestas, adoptando otras más naturalistas y populares que se generalizan a partir del Renacimiento.
En nuestra imagen Cristo aparece con un movimiento de descenso y ascenso a la vez, resplandeciente, vestido de blanco, llevando el estandarte con la Cruz en la mano izquierda y con la derecha toma a Adán por la muñeca para levantarlo o sacarlo. Detrás de Adán está Eva, los dos representan no sólo a nuestros primeros Padres, sino a toda la Humanidad. A ambos lados de esta zona intermedia se encuentran los Justos y Santos que esperan la Resurrección de Cristo, entre ellos se ha incluido a Fray Francisco Valdés y al Cardenal Caro. Se destaca la figura de San Juan Bautista, el rey Salomón y David. El infierno propiamente tal es la caverna obscura, donde hay dos puertas separadas en forma de cruz, sobre las cuales está parado Cristo. Estas puertas arrancadas y las cerraduras esparcidas significan el triunfo de Cristo sobre la muerte y el infierno, ya el hombre no es prisionero de ellos y puede salir. En otras representaciones aparece Satanás encadenado en esta zona obscura.
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”La Ascensión del Señor”: En los comienzos, la fiesta de la Resurrección con la Ascensión y Pentecostés, constituían una sola fiesta de cincuenta días. Las más antiguas representaciones que existen de esta escena son: un pequeño recipiente (vasijas que se usaban para traer aceite de los lugares Santos de Palestina) en San Juan de Monza (Italia) y la miniatura de Rabula, los dos del S.VI. Ellas representan la Ascensión integrada a una Pentecostés, lo que expresa la intensa relación de la Ascensión de Cristo con el don del Espíritu Santo. En la imagen pintada en la Catedral, Cristo sube al cielo dentro de un círculo, que simboliza la nube luminosa. Comúnmente hay dos ángeles que sostienen este círculo, aquí fueron omitidos por razones de composición. 
Cristo está vestido de color ocre-oro, simbolizando el estado de gloria. Abajo, los apóstoles mirando el cielo y dos ángeles que dicen : ”Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando el cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá del mismo modo que le habéis visto subir al cielo”. La Virgen se ubica normalmente al centro de los apóstoles, en una actitud de orante, aquí por motivos de composición ella está en el grupo izquierdo.
Si aparece Pablo entre los apóstoles como en otras escenas de fiestas, a pesar que históricamente no estuvo presente, es por el carácter simbólico de este lenguaje, ya que el número doce representa la plenitud y Pablo será considerado uno de los grandes apóstoles.
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”Pentecostés”: El ejemplo más antiguo que se conoce de esta composición se remonta a un icono del S. VII en el monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí, en el cual se encuentran los elementos esenciales de esta imagen, que se desarrolla sobre todo a partir del S.IX. De alguna manera la composición de este icono reproduce el presbiterio antiguo ubicado en los ábsides de las catedrales, en cuyo centro esta el trono del Obispo seguido de los bancos del clero. El semi-círculo de la composición, junto con el símbolo numérico de los doce apóstoles, representa la plenitud de la Iglesia. 
En este caso, al centro se sitúa la Virgen como figura de la Iglesia. En otros casos el lugar central se encuentra vacío, representando el lugar de Cristo.
Los apóstoles tienen cada uno una posición diferente, lo que significa que el Espíritu Santo se manifiesta de un modo distinto en cada cristiano. Debajo del semi-círculo hay una pequeña cavidad negra en donde se encuentra un viejo rey vestido de rojo, representando al mundo, rojo por la sangre de la violencia y en la obscuridad por el estado caído en que se encuentra. En sus manos tiene un lienzo con doce rollitos, significando que él recibe de la Iglesia la predicación apostólica.
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”La Dormición o Asunción de la Virgen”: La fiesta fue oficializada, según la usanza de Jerusalén, en todo el Imperio por el Emperador bizantino Mauricio, entre el 588 y el 602 y fue introducida en Roma por el Papa Teodoro I entre el 642 y 649.
En las Escrituras nada hace alusión al fin terrestre de la Madre de Dios, pero la fe de la Iglesia se expresa también a través de los relatos apócrifos llamados ”Transitus Mariale”, los escritos de los Padres de la Iglesia y la Liturgia. En los Padres, los mejores testimonios aparecen a partir del S. VII, sobre todo en San Germán de Constantinopla, San Juan Damasceno y San Teodoro Estudita.
El dogma católico de la Asunción resume esta tradición, diciendo que la Virgen subió al cielo en cuerpo y alma.
La imagen tradicional de esta fiesta muestra a la Virgen en el momento de su Dormición, rodeada de fieles y de los apóstoles, que se presentan allí acudiendo milagrosamente de todas partes. Cristo en medio de la escena toma el alma de la Virgen (representada por un bebé) en sus brazos. En algunos iconos está además el cuerpo de la Virgen siendo conducido al cielo por dos ángeles; su glorificación o reencuentro de su cuerpo con su alma ocurre, según la tradición, tres días después de la Dormición.
En la imagen de la Catedral de San Bernardo, se ha tomado como modelo la Dormición de un tímpano de la catedral de Notre Dame de París (S. XIII), en donde se omitió la representación del alma de la Virgen. 
Junto a los apóstoles y fieles que rodean a la Virgen está el primer Obispo de Jerusalén Santiago y San Timoteo Obispo de Efeso.

 

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"Lo que es un libro para los que saben leer, es una imagen para los que no leen. Lo que se enseña con palabras al oído, lo enseña una imagen a los ojos. Las imágenes son el catecismo de los que no leen".

 

“En la antigüedad, nadie hacía imágenes de Dios. Pero ahora, después de que Dios se ha manifestado en la carne y ha vivido en medio de los hombres, hacemos imágenes del Dios visible. No hago la imagen de la Divinidad invisible: hago la imagen del cuerpo de Dios que he visto...”

“Que nadie piense que los cielos y las estrellas están animados pues son, en realidad, inanimados e insensibles.”

  

"No maldigas a la materia por deshonrosa, según lo hacen los maniqueos, pues en verdad que no lo es, como nada de lo que Dios ha creado es deshonroso. Malo es aquello que, no teniendo su causa en Dios, se debe a nuestra propia invención, a saber: el pecado."

 

"Hay gentes que creen innece­sario estudiar la naturaleza, arguyendo que prefieren estudiar la teología; pero hay que precaverse contra tales palabras, que pertenecen a gentes ociosas y haraganas, pues la teología encuentra muy buenas pruebas en una naturaleza bien estudiada, que es el fundamento de dicha teología. Esto equivale a decir que no hay oposición entre la razón y la fe."

Juan Damasceno (Yahia ibn Sargun ibn Mansur)

(Damasco, 675 - 749), Crisorroas, el Orador de Oro.

 

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...es por imágenes sensibles como El ha representado los espíritus supracelestes, en las composiciones sagradas que nos ofrecen los Dichos, a fin de elevarnos por medio de lo sensible a lo inteligible y, a partir de los símbolos que figuran lo sagrado, hasta las cimas simples de las jerarquías celestes.

 

(III) La jerarquía a mi entender es un orden sagrado, una ciencia, una actividad asimilándose, tanto como es posible, a la deiformidad y, según las iluminaciones de las que Dios le ha hecho don, elevándose en la medida de sus fuerzas hacia la imitación de Dios. Y si la Belleza que conviene a Dios, siendo simple, buena, principio de toda iniciación, es enteramente pura de toda diferencia, Ella hace participar a cada uno, según su valor, en la luz que está en Ella y Ella lo perfecciona en una muy divina iniciación dando forma armoniosamente a los iniciados en la inmutable semejanza de su propia forma.

(XII) O aún, para hablar más claramente, haciendo uso de imágenes apropiadas, inadecuadas seguramente para Dios que está separado de todas las cosas, pero más evidentes a nuestros ojos, digamos que la difusión del rayo solar atraviesa la primera materia, la más traslúcida de todas y a través de ella hace brillar más luminosamente sus propios resplandores, pero que, desde que se encuentra con materias más opacas, más reducida es su manifestación difusora, en razón de la inaptitud de las materias iluminadas a poseer un hábito transmisor del don de la luz, ella decrece poco a poco de este nivel hasta que finalmente la transmisión llega a ser casi imposible.


 

Si la Palabra de Dios representa aún las esencias celestes bajo las especies del bronce, el electro y las piedras multicolores, es porque el bronce, uniendo en él la doble apariencia del oro y la plata, manifiesta la pureza incorruptible, inagotable, sin defecto e intangible del oro y al mismo tiempo el resplandor brillante, luminoso y celeste de la plata; es porque al electro, por las razones ya dadas, es preciso atribuirle sea la figura del oro, sea la del fuego; y en cuanto a las imágenes multicolores de las piedras, es preciso pensar que ellas simbolizan, si son blancas, la figura de la luz, rojas la del fuego, amarillas la del oro, verdes la juventud y la flor del alma, y para cada forma encontrarás imágenes capaces de elevar el espíritu. San Máximo el Confesor  (580 - 662) Miembro de una conocida y rica familia de Constantinopla, emprendió una feliz carrera en la corte de Constantinopla, llegando a ser  secretario del emperador Heraclio.

En: Yarza, J., et alt., Textos y Documentos para la Historia del Arte, II, Arte Medieval, I, Edad Media y Bizancio, Ed. Gustavo Gili, 1982, Barcelona-España-pp. 30 y ss.)

 

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Esperamos a un Dios con rostro

 

 


Esperamos a un Dios con rostro; con un rostro humano que es verdaderamente de Dios. Es el misterio esencial del cristianismo, el misterio de la Encarnación. No somos náufragos a la deriva con esperanzas inciertas de salvación. No somos nosotros los que hemos de construir puentes entre la tierra y el cielo. Hay un puente, un Pontifex, un constructor de puentes que se ha hecho él mismo Puente: Jesucristo, Dios humanado. Dios que busca al hombre. El amor a Dios no procede del hombre, es Dios quien nos ha amado primero y ha venido a buscarnos, a darnos su amor y su vida para salvarnos y vuelve una y otra vez, año tras año… con rostro de niño.

Podía haber venido con rostro de adulto, poder tenía para ello, como pudo ser concebido en el seno virginal de María Inmaculada. Pero no, quiso asumir nuestra existencia enteramente igual a la nuestra con la única salvedad del pecado. Llega a la tierra despojado de toda gloria divina y de toda posible gloria humana. Ese minúsculo ser humano casi invisible es sacratísimo, tiene valor divino, es la naturaleza humana de una Persona divina. Es la fulminación de la soberbia, de la vanagloria, de la codicia, de la envidia, de la estupidez. Es el inicio de una nueva era de la Humanidad. Dios ya tiene rostro humano. Hay un rostro humano que manifiesta el rostro de Dios. Hay un embrión que es Dios y se está gestando en el seno de una Virgen.


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El hombre, creado imagen de Dios - Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación” (GS 22, 1). En Cristo, “imagen del Dios invisible” (Col 1,15; cf 2 Co 4, 4), el hombre ha sido creado “a imagen y semejanza” del Creador. En Cristo, redentor y salvador, la imagen divina alterada en el hombre por el primer pecado ha sido restaurada en su belleza original y ennoblecida con la gracia de Dios.

La imagen divina está presente en todo hombre. Resplandece en la comunión de las personas a semejanza de la unión de las personas divinas entre sí (cf. Capítulo segundo).

 

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Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen... Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión’ (FC 11).

‘Dios creó el hombre a imagen suya... hombre y mujer los creó’ (Gn 1, 27). ‘Creced y multiplicaos’ (Gn 1, 28); ‘el día en que Dios creó al hombre, le hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó ‘Hombre’ en el día de su creación’ (Gn 5, 1-2).

 

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1. El Símbolo de la fe habla de Dios "Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible"; no habla directamente de la creación del hombre. El hombre, en el contexto soteriológico del Símbolo, aparece con referencia a la Encarnación, lo que es evidente de modo particular en el Símbolo niceno-constantinopolitano, cuando se profesa la fe en Jesucristo, Hijo de Dios, que "por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo... y se hizo hombre".

Sin embargo, debemos recordar que el orden de la salvación no sólo presupone la creación, sino, más aún, toma origen de ella.

El Símbolo de la fe nos remite, en su concisión, al conjunto de la verdad revelada sobre la creación, para descubrir la posición realmente singular y excelsa que se le ha dado al hombre.

2. Como ya hemos recordado en las catequesis anteriores, el libro del Génesiscontiene dos narraciones de la creación del hombre. Desde el punto de vista cronológico es anterior la descripción contenida en el segundo capítulo del Génesis, en cambio, es posterior la del primer capítulo.

En conjunto las dos descripciones se integran mutuamente, conteniendo ambas elementos teológicamente muy ricos y preciosos.

3. En el libro del Génesis 1, 26, leemos que el sexto día dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre todos los animales que se mueven sobre ella".

Es significativo que la creación del hombre esté precedida por esta especie de declaración con la que Dios expresa la intención de crear al hombre a su imagen, mejor, a "nuestra imagen", en plural (sintonizando con el verbo "hagamos"). Según algunos intérpretes, el plural indicaría el "Nosotros" divino del único Creador. Esto sería, pues, de algún modo, una primera lejana señal trinitaria. En todo caso, la creación del hombre, según la descripción del Génesis 1, va precedida de un particular "dirigirse" a Sí mismo, "ad intra", de Dios que crea.

4. Sigue luego el acto creador. "Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y mujer" (Gen 1, 27). En esta frase impresiona el triple uso del verbo "creó" (bará), que parece dar testimonio de una especial importancia e "intensidad" del acto creador. Esta misma indicación parece que debe deducirse del hecho de que, mientras cada uno de los días de la creación se concluye con la anotación: "Vio Dios ser bueno" (cf. Gen 1, 3. 10. 12. 18. 21. 25), después de la creación del hombre, el sexto día, se dice que "vio Dios sermuy bueno cuanto había hecho" (Gen 1, 31).

5. La descripción más antigua, la "yahvista" del Génesis 2, no utiliza la expresión "imagen de Dios". Esta pertenece exclusivamente al texto posterior, que es más "teológico".

A pesar de esto, la descripción yahvista presenta, si bien de modo indirecto, la misma verdad. Efectivamente, se dice que el hombre, creado por Dios-Yavé, al mismo tiempo que tiene poder para "poner nombre" a los animales (cf. Gen 2, 19-20), no encuentra entre todas las criaturas del mundo visible "una ayuda semejante a él", es decir, constata su singularidad. Aunque no hable directamente de la "imagen" de Dios, el relato del Génesis 2 presenta algunos de sus elementos esenciales: la capacidad de autoconocerse, la experiencia del propio ser en el mundo, la necesidad de colmar su soledad, la dependencia de Dios.

6. Entre estos elementos, está también la indicación de que hombre y mujer son iguales en cuanto naturaleza y dignidad. Efectivamente, mientras que ninguna criatura podía ser para el hombre "una ayuda semejante a él", encuentra tal "ayuda" en la mujer creada por Dios-Yavé. Según el Génesis 2, 21-22, Dios llama a la mujer a la existencia, sacándola del cuerpo del hombre: de "una de las costillas" del hombre. Esto indica su identidad en la humanidad, su semejanza esencial, aun dentro de la distinción. Puesto que los dos participan de la misma naturaleza, ambos tienen la misma dignidad de persona.

7. La verdad acerca del hombre creado a "imagen de Dios" retorna también enotros pasajes de la Sagrada Escritura, tanto en el mismo Génesis ("el hombre ha sido hecho a imagen de Dios": Gen 9, 6), como en otros libros Sapienciales. En el libro de la Sabiduría se dice: "Dios creó al hombre para la inmortalidad, y lo hizo a imagen de su propia naturaleza" (2, 23). Y en el libro del Sirácida leemos: "El Señor formó al hombre de la tierra y de nuevo le hará volver a ella... Le vistió de la fortaleza a él conveniente y le hizo según su propia imagen" (17, 1. 3).

El hombre, pues, es creado para la inmortalidad, y no cesa de ser imagen de Dios después del pecado, aun cuando esté sometido a la muerte. Lleva en sí el reflejo de la potencia de Dios, que se manifiesta sobre todo en la facultad de la inteligencia y de la libre voluntad. El hombre es sujeto autónomo, fuente de las propias acciones, aunque manteniendo las características de su dependencia de Dios, su Creador (contingencia ontológica).

8. Después de la creación del hombre, varón y mujer, el Creador "los bendijo, diciéndoles: ´Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominadsobre los peces... y sobre las aves... y sobre todo cuanto vive´ " (Gen 1, 28). La creación a imagen de Dios constituye el fundamento del dominio sobre las otras criaturas en el mundo visible, las cuales fueron llamadas a la existenciacon miras al hombre y "para él".

Del dominio del que habla el Génesis 1, 28, participan todos los hombres, a quienes el primer hombre y la primera mujer han dado origen. A ello alude también la redacción jahvista (Gen 2, 24), a la que todavía tendremos ocasión de retornar. Transmitiendo la vida a sus hijos, hombre y mujer les dan en heredad esa "imagen de Dios", que fue conferida al primer hombre en el momento de la creación.

9. De este modo el hombre se convierte en una expresión particular de la gloria del Creador del mundo creado. "Gloria Dei vivens homo, vita autem hominis visio Dei", escribirá San Ireneo (Adv. Haer., IV, 20, 7). El hombre es gloria del Creador en cuanto ha sido creado a imagen de Él y especialmente en cuanto que accede al verdadero conocimiento del Dios viviente.

En esto encuentran fundamento el particular valor de la vida humana, como también todos los derechos humanos (que hoy se ponen tan de relieve).

10. Mediante la creación da imagen de Dios, el hombre es llamado a convertirse entre las criaturas del mundo visible, en un portavoz de la gloria de Dios, y en cierto sentido, en una palabra de su gloria.

La enseñanza sobre el hombre, contenida en las primeras páginas de la Biblia (Gen 1), se encuentra con la revelación del Nuevo Testamento acerca de la verdad de Cristo, que, como Verbo Eterno, es "imagen de Dios invisible", y a la vez "primogénito de toda criatura" (Col 1, 15).

El hombre creado a imagen de Dios adquiere, en el plan de Dios, una relación especial con el Verbo, Eterna Imagen del Padre, que en la plenitud de los tiempos se hará carne. Adán —escribe San Pablo— "es tipo del que había de venir" (Rom 1, 14). En efecto, "a los que de antes conoció (Dios Creador)... los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que éste sea el primogénito entre muchos hermanos" (Rom 8, 29).

11. Así, pues, la verdad sobre el hombre creado a imagen de Dios no determina sólo el lugar del hombre en todo el orden de la creación, sino que habla también de su vinculación con el orden de la salvación en Cristo, que es la eterna y consustancial "imagen de Dios" (2 Cor 4, 4): imagen del Padre. La creación del hombre a imagen de Dios, ya desde el principio del libro del Génesis, da testimonio de su llamada. Esta llamada se revela plenamente con la venida de Cristo. Precisamente entonces, gracias a la acción del "Espíritu del Señor", se abre la perspectiva de la plena transformación en la imagen consustancial de Dios, que es Cristo (cf. 2 Cor 3, 18). Así la "imagen" del libro del Génesis (1, 27), alcanza la plenitud de su significado revelado. Miércoles 9 de abril de 1986

 

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El hombre imagen de Dios,

 es sujeto de conocimiento y de libertad

 

1. "Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y mujer" (Gen 1, 27).

El hombre y la mujer, creados con igual dignidad de personas como unidad de espíritu y cuerpo, se diversifican por su estructura psico-fisiológica. Efectivamente, el ser humano lleva la marca de la masculinidad y la feminidad.

2. Al mismo tiempo que es marca de diversidad, es también indicador decomplementariedad. Es lo que se deduce de la lectura del texto "jahvista", donde el hombre, al ver a la mujer apenas creada, exclama: "Esto si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gen 2, 23). Son palabras de satisfacción y también de transporte entusiasta del hombre, al ver un ser esencialmente semejante a sí. La diversidad y a la vez la complementariedad psico-física están en el origen de la particular riqueza de humanidad, que es propia de los descendientes de Adán en toda su historia. De aquí toma vida el matrimonio, instituido por el Creador desde "el principio": "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; se unirá a su mujer: y vendrán a ser los dos una sola carne" (Gen 2, 24).

3. A este texto del Gen 2, 24, corresponde la bendición de la fecundidad, que relata el Gen 1, 28: "Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla...".La institución del matrimonio y de la familia, contenida en el misterio de la creación del hombre, parece que se debe vincular con el mandato de "someter" la tierra, confiado por el Creador a la primera pareja humana.

El hombre, llamado a "someter la tierra" —tenga cuidado de: "someterla", no devastarla, porque la creación es un don de Dios y como tal, merece respeto—, el hombre es imagen de Dios no sólo como varón y mujer, sino también en razón de la relación recíproca de los dos sexos. Esta relación recíproca constituye el alma de la "comunión de personas" que se establece en el matrimonio y presenta cierta semejanza con la unión de las Tres Personas Divinas.

4. El Concilio Vaticano II dice a este propósito: "Dios no creó al hombre en solitario. Desde el principio los hizo hombre y mujer (Gen 1, 27). Esta sociedad de hombre y mujer es la expresión primera de la comunión de personas. El hombre es, en efecto, por su íntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás" (Gaudium et spes 12).

De este modo la creación comporta para el hombre tanto la relación con el mundo, como la relación con el otro ser humano (la relación hombre-mujer), así como también con los otros semejantes suyos. El "someter la tierra" pone de relieve el carácter "relacional" de la existencia humana. Las dimensiones : "con los otros", "entre los otros" y "para los otros", propias de la persona humana en cuanto "imagen de Dios", establecen desde el principio el puesto del hombre entre las criaturas. Con esta finalidad es llamado el hombre a la existencia como sujeto (como "yo" concreto), dotado de conciencia intelectual y de libertad.

5. La capacidad del conocimiento intelectual distingue radicalmente al hombre de todo el mundo de los animales, donde la capacidad cognoscitiva se limita a los sentidos. El conocimiento intelectual hace al hombre capaz de discernir, dedistinguir entre la verdad y la no verdad, abriendo ante él los campos de la ciencia, del pensamiento crítico, de la investigación metódica de la verdad acerca de la realidad. El hombre tiene dentro de sí una relación esencial con la verdad, que determina su carácter de ser trascendental. El conocimiento de la verdad impregna toda la esfera de la relación del hombre con el mundo y con los otros hombres, y pone las premisas indispensables de toda forma de cultura.

6. Conjuntamente con el conocimiento intelectual y su relación con la verdad, se pone la libertad de la voluntad humana, que está vinculada, por intrínsecarelación, al bien. Los actos humanos llevan en sí el signo de la autodeterminación (del querer) y de la elección. De aquí nace toda la esfera de la moral: efectivamente, el hombre es capaz de elegir entre el bien y el mal, sostenido en esto por la voz de la conciencia, que impulsa al bien y aparta del mal.

Igual que el conocimiento de la verdad, así también la capacidad de elegir —es decir, la libre voluntad—, impregna toda la esfera de la relación del hombre con el mundo y especialmente con otros hombres, e impulsa aún más allá.

7. Efectivamente, el hombre, gracias a su naturaleza espiritual y a la capacidad de conocimiento intelectual y de libertad de elección y de acción, se encuentra,desde el principio, en una particular relación con Dios. La descripción de la creación (Cfr. Gen 1-3) nos permite constatar que la "imagen de Dios" se manifiesta sobre todo en la relación del "yo" humano con el "Tú" divino. El hombre conoce a Dios, y su corazón y su voluntad son capaces de unirse con Dios (homo est capax Dei). El hombre puede decir "sí" a Dios, pero también puede decirle "no". La capacidad de acoger a Dios y su santa voluntad, pero también la capacidad de oponerse a ella.

8. Todo esto está grabado en el significado de la "imagen de Dios", que nos presenta, entre otros, el libro del Sirácida: "El Señor formó al hombre de la tierra. Y de nuevo le hará volver a ella. Le vistió de la fortaleza a él conveniente(a los hombres) y le hizo a su propia imagen, infundió el temor de él en toda carne y sometió a su imperio las bestias y las aves. Diole lengua, ojos y oídos y un corazón inteligente; llenóle de ciencia e inteligencia y le dio a conocer el bien y el mal. Le dio ojos —¡nótese la expresión!— para que viera la grandeza de sus obras... Y añadióle ciencia, dándole en posesión una ley de vida. Estableció con ellos un pacto eterno y les enseñó sus juicios" (Sir 17, 1, 3-7, 9-10). Son palabras ricas y profundas que nos hacen reflexionar.

9. El Concilio Vaticano II expresa la misma verdad sobre el hombre con un lenguaje que es a la vez perenne y contemporáneo. "La orientación del hombre hacia el bien sólo se logra con el uso de la libertad La dignidad humana requiere que el hombre actúe según su conciencia y libre elección..." (Gaudium et spes17). "Por su interioridad es superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones y donde él personalmente decide su propio destino" (Gaudium et spes 14). "La verdadera libertad es signo eminente de la imagendivina en el hombre" (Gaudium et spes 17). La verdadera libertad es la libertad en la verdad, grabada, desde el principio, en la realidad de la "imagen divina".

10. En virtud de esta "imagen" el hombre, como sujeto de conocimiento y libertad, no sólo está llamado a transformar el mundo según la medida de sus justas necesidades, no sólo está llamado a la comunión de personas propias del matrimonio (communio personarum), de la que toma origen la familia, y consiguientemente toda la sociedad, sino que también está llamado a la Alianza con Dios. Efectivamente, él no es sólo criatura de su Creador, sino tambiénimagen de su Dios. La descripción de la creación ya en Gen 1-3 está unida a la de la primera Alianza de Dios con el hombre. Esta Alianza (lo mismo que la creación) es una iniciativa totalmente soberana de Dios Creador, y permanecerá inmutable a lo largo de la historia de la salvación, hasta la Alianzadefinitiva y eterna que Dios realizará con la humanidad en Jesucristo.

11. El hombre es el sujeto idóneo para la Alianza, porque ha sido creado "aimagen" de Dios, capaz de conocimiento y de libertad. El pensamiento cristiano ha vislumbrado en la "semejanza" del hombre con Dios el fundamento para la llamada al hombre a participar en la vida interior de Dios: su apertura a lo sobrenatural.

Así, pues, la verdad revelada acerca del hombre, que en la creación ha sido hecho "a imagen y semejanza de Dios", contiene no sólo todo lo que en él es "humanum", y, por lo mismo, esencial a su humanidad, sino potencialmente también lo que es "divinum", y por tanto gratuito, es decir, contiene también lo que Dios —Padre, Hijo y Espíritu Santo— ha previsto de hecho para el hombre como dimensión sobrenatural de su existencia, sin la cual el hombre no puede lograr toda la plenitud a la que le ha destinado el Creador. 23.IV.1986

 

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Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz (Mt 17, 2)

"En Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se revela la plenitud de la vocación humana: para que el hombre se convirtiera en Dios, el Verbo asumió la humanidad. El hombre, que experimenta continuamente el gusto amargo de su límite y de su pecado, no se abandona a la recriminación o a la angustia, porque sabe que en su interior actúa el poder de la divinidad. La humanidad fue asumida por Cristo sin separación de la naturaleza divina y sin confusión, y el hombre no se queda solo para intentar, de mil modos a menudo frustrados, una imposible ascensión al cielo: hay un tabernáculo de gloria, que es la persona santísima de Jesús el Señor, donde lo humano y lo divino se encuentran en un abrazo que nunca podrá deshacerse: el Verbo se hizo carne, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado. Él vierte la divinidad en el corazón enfermo de la humanidad e, infundiéndole el Espíritu del Padre, la hace capaz de llegar a ser Dios por la gracia.

Pero si esto nos lo ha revelado el Hijo, entonces nos ha sido otorgado acercarnos al misterio del Padre, principio de comunión en el amor. La Trinidad santísima se nos presenta entonces como una comunidad de amor: conocer a ese Dios significa sentir la urgencia de que hable al mundo, de que se comunique; y la historia de la salvación no es más que la historia del amor de Dios a la criatura que ha amado y elegido, queriéndola «según el icono del icono» -como se expresa la intuición de los Padres orientales-, es decir, creada a imagen de la Imagen, que es el Hijo, llevada a la comunión perfecta por el santificador, el Espíritu de amor. E incluso cuando el hombre peca, este Dios lo busca y lo ama, para que la relación no se rompa y el amor siga existiendo. Y lo ama en el misterio del Hijo, que se deja matar en la cruz por un mundo que no lo reconoció, pero es resucitado por el Padre, como garantía perenne de que nadie puede matar el amor, porque cualquiera que sea partícipe de ese amor está tocado por la Gloria de Dios: este hombre transformado por el amor es el que los discípulos contemplaron en el Tabor, el hombre que todos nosotros estamos llamados a ser".

Juan Pablo PP II, Carta Apostólica Orientale Lumen)

 

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El rostro de Cristo, alegría de todo hombre, imagen de Dios
 

 

Dios es «Amor eterno e infinito». De hecho, «esta es la palabra que resume toda la revelación: "Dios es amor"». 
«Y el amor es siempre un misterio, una realidad que supera la razón sin contradecirla, es más, exalta sus potencialidades». 
«Jesús nos ha revelado el misterio de Dios: Él, el Hijo, nos ha hecho conocer al Padre que está en los Cielos, y nos ha dado al Espíritu Santo, el Amor del Padre y del Hijo». 
«La teología cristiana sintetiza la verdad sobre Dios con esta expresión: una sola sustancia en tres personas».  
Dado que «Dios no es soledad, sino comunión perfecta», «la persona humana, imagen de Dios, se realiza en el amor, que es don sincero de sí mismo».

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

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¡Gloria al Jesucristo, fundamento de la Iglesia!

¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre del Salvador!

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias por venir a visitarnos


cap. 25 proverbios.

Vers.

21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber:

22 así acumulas carbones encendidos sobre tu cabeza y el Señor te recompensará.



cortesía: conocereislaverdad.com


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