5. Una de las finalidades de la presente Declaración conjunta es demostrar
que a partir de este diálogo, las iglesias luterana y católica romana[9]
se encuentran en posición de articular una interpretación común de nuestra
justificación por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo. Cabe señalar
que no engloba todo lo que una y otra iglesia enseñan acerca de la
justificación, limitándose a recoger el consenso sobre las verdades
básicas de dicha doctrina y demostrando que las diferencias subsistentes
en cuanto a su explicación, ya no dan lugar a condenas doctrinales.
6. Nuestra declaración no es un planteamiento nuevo e independiente de
los informes de los diálogos y demás documentos publicados hasta la fecha;
tampoco los sustituye. Más bien, tal como lo demuestra la lista de fuentes
que figura en anexo, se nutre de los mismos y de los argumentos expuestos
en ellos.
7. Al igual que los diálogos en sí, la presente Declaración conjunta se
funda en el convicción de que al superar las cuestiones controvertidas y
las condenas doctrinales de otrora, las iglesias no toman estas últimas a
la ligera y reniegan su propio pasado. Por el contrario, la declaración
está impregnada de la convicción de que en sus respectivas historias,
nuestras iglesias han llegado a nuevos puntos de vista. Hubo hechos que no
solo abrieron el camino sino que también exigieron que las iglesias
examinaran con nuevos ojos aquellas condenas y cuestiones que eran fuente
de división.
1. El mensaje bíblico de la justificación
8. Nuestra escucha común de la palabra de Dios en las Escrituras ha dado
lugar a nuevos enfoques. Juntos oímos lo que dice el evangelio: «De tal
manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo
aquel que en él cree no se pierda sino que tenga vida eterna» (San Juan
3:16). Esta buena nueva se plantea de diversas maneras en las Sagradas
Escrituras. En el Antiguo Testamento escuchamos la palabra de Dios acerca
del pecado (Sal 51:1-5; Dn 9:5 y ss; Ec 8:9 y ss;
Esd 9:6 y ss.) y la desobediencia humanos (Gn 3:1-19 y Neh
9:16-26), así como la «justicia» (Is 46:13; 51:5-8; 56:1; cf.
53:11; Jer 9:24) y el «juicio» de Dios (Ec 12:14; Sal
9:5 y ss; y 76:7-9).
9. En el Nuevo testamento se alude de diversas maneras a la «justicia» y
la «justificación» en los escritos de San Mateo (5:10; 6:33 y 21:32), San
Juan (16:8-11); Hebreos (5:1-3 y 10:37-38), y Santiago (2:14-26).[10]
En las epístolas de San Pablo también se describe de varias maneras el don
de la salvación, entre ellas: «Estad pues, firmes en la libertad con que
Cristo nos hizo libres» (Gá 5:1-13, cf. Ro 6:7); «Y todo
esto proviene de Dios que nos reconcilió consigo mismo» (2 Co
5:18-21, cf. Ro 5:11); «tenemos paz para con Dios» (Ro 5:1);
«nueva criatura es» (2 Co 5:17); «vivos para Dios en Cristo Jesús»
(Ro 6:11-23) y «santificados en Cristo Jesús» (1 Co 1:2 y
1:31; 2 Co 1:1) A la cabeza de todas ellas está la «justificación»
del pecado de los seres humanos por la gracia de Dios por medio de la fe (Ro
3:23-25), que cobró singular relevancia en el período de la Reforma.
10. San Pablo asevera que el evangelio es poder de Dios para la salvación
de quien ha sucumbido al pecado; mensaje que proclama que «la justicia de
Dios se revela por fe y para fe» (Ro 1:16-17) y ello concede la
«justificación» (Ro 3:21-31). Proclama a Jesucristo «nuestra
justificación» (1 Co 1:30) atribuyendo al Señor resucitado lo que
Jeremías proclama de Dios mismo (23:6). En la muerte y resurrección de
Cristo están arraigadas todas las dimensiones de su labor redentora por
que él es «Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras
transgresiones, y resucitado para nuestra justificación» (Ro 4:25).
Todo ser humano tiene necesidad de la justicia de Dios «por cuanto todos
pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Ro 1:18; 2:23
3:22; 11:32 y Gá 3:22). En Gálatas 3:6 y Romanos 4:3-9, San Pablo
entiende que la fe de Abraham (Gn 15:6) es fe en un Dios que
justifica al pecador y recurre al testimonio del Antiguo Testamento para
apuntalar su prédica de que la justicia le será reconocida a todo aquel
que, como Abraham, crea en la promesa de Dios. «Mas el justo por la fe
vivirá» (Ro 1:17 y Hab 2:4, cf. Gá 3:11). En las
epístolas de San Pablo, la justicia de Dios es también poder para aquellos
que tienen fe (Ro 1:17 y 2 Co 5:21). Él hace de Cristo
justicia de Dios para el creyente (2 Co 5:21). La justificación nos llega
a través de Cristo Jesús «a quien Dios puso como propiciación por medio de
la fe en su sangre» (Ro 3:2; véase 3:21-28). «Porque por gracia
sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios. No por obras...» (Ef 2:8-9).
11. La justificación es perdón de los pecados (cf. Ro 3:23-25;
Hechos 13:39 y San Lucas 18:14), liberación del dominio del pecado
y la muerte (Ro 5:12-21) y de la maldición de la ley (Gá
3:10-14) y aceptación de la comunión con Dios: ya pero no todavía
plenamente en el reino de Dios a venir (Ro 5:12). Ella nos une a
Cristo, a su muerte y resurrección (Ro 6: 5). Se opera cuando
acogemos al Espíritu Santo en el bautismo, incorporándonos al cuerpo que
es uno (Ro 8:1-2 y 9-11; y 1 Co 12:12-13). Todo ello
proviene solo de Dios, por la gloria de Cristo y por gracia mediante la fe
en «el evangelio del Hijo de Dios» (Ro 1:1-3).
12. Los justos viven por la fe que dimana de la palabra de Cristo (Ro
10:17) y que obra por el amor (Gá 5:6), que es fruto del Espíritu (Gá
5:22) pero como los justos son asediados desde dentro y desde fuera por
poderes y deseos (Ro 8:35-39 y Gá 5:16-21) y sucumben al
pecado (1 Jn 1:8 y 10) deben escuchar una y otra vez las promesas
de Dios y confesar sus pecados (1 Jn 1:9), participar en el cuerpo
y la sangre de Cristo y ser exhortados a vivir con justicia, conforme a la
voluntad de Dios. De ahí que el Apóstol diga a los justos: «...ocupaos en
vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros
produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Flp
2:12-13). Pero ello no invalida la buena nueva: «Ahora, pues, ninguna
condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Ro 8:1) y en
quienes Cristo vive (Gá 2:20). Por la justicia de Cristo «vino a
todos los hombres la justificación que produce vida» (Ro 5:18).
2. La doctrina de la justificación en cuanto problema ecuménico
13. En el siglo XVI, las divergencias en cuanto a la interpretación y
aplicación del mensaje bíblico de la justificación no solo fueron la causa
principal de la división de la iglesia occidental, también dieron lugar a
las condenas doctrinales. Por lo tanto, una interpretación común de la
justificación es indispensable para acabar con esa división. Mediante el
enfoque apropiado de estudios bíblicos recientes y recurriendo a métodos
modernos de investigación sobre la historia de la teología y los dogmas,
el diálogo ecuménico entablado después del Concilio Vaticano II ha
permitido llegar a una convergencia notable respecto a la justificación,
cuyo fruto es la presente declaración conjunta que recoge el consenso
sobre los planteamientos básicos de la doctrina de la justificación. A la
luz de dicho consenso, las respectivas condenas doctrinales del siglo XVI
ya no se aplican a los interlocutores de nuestros días.
3. La interpretación común de la justificación
14. Las iglesias luterana y católica romana han escuchado juntas la buena
nueva proclamada en las Sagradas Escrituras. Esta escucha común, junto con
las conversaciones teológicas mantenidas en estos últimos años, forjaron
una interpretación de la justificación que ambas comparten. Dicha
interpretación engloba un consenso sobre los planteamientos básicos que,
aun cuando difieran, las explicaciones de las respectivas declaraciones no
contradicen.
15. En la fe, juntos tenemos la convicción de que la justificación es
obra del Dios trino. El Padre envió a su Hijo al mundo para salvar a los
pecadores. Fundamento y postulado de la justificación es la encarnación,
muerte y resurrección de Cristo. Por lo tanto, la justificación significa
que Cristo es justicia nuestra, en la cual compartimos mediante el
Espíritu Santo, conforme con la voluntad del Padre. Juntos confesamos:
«Solo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por
algún mérito nuestro, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu
Santo que renueva nuestros corazones, capacitándonos y llamándonos a
buenas obras».[11]
16. Todos los seres humanos somos llamados por Dios a la salvación en
Cristo. Solo a través de Él somos justificados cuando recibimos esta
salvación en fe. La fe es en sí don de Dios mediante el Espíritu Santo que
opera en palabra y sacramento en la comunidad de creyente y que, a la vez,
les conduce a la renovación de su vida que Dios habrá de consumar en la
vida eterna.
17. También compartimos la convicción de que el mensaje de la
justificación nos orienta sobre todo hacia el corazón del testimonio del
Nuevo Testamento sobre la acción redentora de Dios en Cristo: Nos dice que
en cuanto pecadores nuestra nueva vida obedece únicamente al perdón y la
misericordia renovadora que de Dios imparte como un don y nosotros
recibimos en la fe y nunca por mérito propio cualquiera que este sea.
18. Por consiguiente, la doctrina de la justificación que recoge y
explica este mensaje es algo más que un elemento de la doctrina cristiana
y establece un vínculo esencial entre todos los postulados de la fe que
han de considerarse internamente relacionados entre sí. Constituye un
criterio indispensable que sirve constantemente para orientar hacia Cristo
el magisterio y la práctica de nuestras iglesias. Cuando los luteranos
resaltan el significado sin parangón de este criterio, no niegan la
interrelación y el significado de todos los postulados de la fe. Cuando
los católicos se ven ligados por varios criterios, tampoco niegan la
función peculiar del mensaje de la justificación. Luteranos y católicos
compartimos la meta de confesar a Cristo en quien debemos creer
primordialmente por ser el solo mediador (1 Ti 2:5-6) a través de
quien Dios se da a sí mismo en el Espíritu Santo y prodiga sus dones
renovadores (cf. fuentes de la sección 3).
4. Explicación de la interpretación común de la justificación
4.1 La impotencia y el pecado humanos respecto a la justificación
19. Juntos confesamos que en lo que atañe a su salvación, el ser humano
depende enteramente de la gracia redentora de Dios. La libertad de la cual
dispone respecto a las personas y las cosas de este mundo no es tal
respecto a la salvación porque por ser pecador depende del juicio de Dios
y es incapaz de volverse hacia él en busca de redención, de merecer su
justificación ante Dios o de acceder a la salvación por sus propios
medios. La justificación es obra de la sola gracia de Dios. Puesto que
católicos y luteranos lo confesamos juntos, es válido decir que:
20.Cuando los católicos afirman que el ser humano «coopera", aceptando la
acción justificadora de Dios, consideran que esa aceptación personal es en
sí un fruto de la gracia y no una acción que dimana de la innata capacidad
humana.
21.Según la enseñanza luterana, el ser humano es incapaz de contribuir a
su salvación porque en cuanto pecador se opone activamente a Dios y a su
acción redentora. Los luteranos no niegan que una persona pueda rechazar
la obra de la gracia, pero aseveran que solo puede recibir la
justificación pasivamente, lo que excluye toda posibilidad de
contribuir a la propia justificación sin negar que el creyente participa
plena y personalmente en su fe, que se realiza por la Palabra de Dios.
4.2 La justificación en cuanto perdón del pecado y fuente de
justicia
22.Juntos confesamos que la gracia de Dios perdona el pecado del ser
humano y, a la vez, lo libera del poder avasallador del pecado,
confiriéndole el don de una nueva vida en Cristo. Cuando los seres humanos
comparten en Cristo por fe, Dios ya no les imputa sus pecados y mediante
el Espíritu Santo les transmite un amor activo. Estos dos elementos del
obrar de la gracia de Dios no han de separarse porque los seres humanos
están unidos por la fe en Cristo que personifica nuestra justificación (1
Co 1:30): perdón del pecado y presencia redentora de Dios. Puesto que
católicos y luteranos lo confesamos juntos, es válido decir que:
23. Cuando los luteranos ponen el énfasis en que la justicia de Cristo es
justicia nuestra, por ello entienden insistir sobre todo en que la
justicia ante Dios en Cristo le es garantida al pecador mediante la
declaración de perdón y tan solo en la unión con Cristo su vida es
renovada. Cuando subrayan que la gracia de Dios es amor redentor («el
favor de Dios»)[12] no por
ello niegan la renovación de la vida del cristiano. Más bien quieren decir
que la justificación está exenta de la cooperación humana y no depende de
los efectos renovadores de vida que surte la gracia en el ser humano.
24. Cuando los católicos hacen hincapié en la renovación de la persona
desde dentro al aceptar la gracia impartida al creyente como un don,[13]
quieren insistir en que la gracia del perdón de Dios siempre conlleva un
don de vida nueva que en el Espíritu Santo, se convierte en verdadero amor
activo. Por lo tanto, no niegan que el don de la gracia de Dios en la
justificación sea independiente de la cooperación humana (cf. fuentes de
la sección 4.2).
4.3 Justificación por fe y por gracia
25. Juntos confesamos que el pecador es justificado por la fe en la acción
salvífica de Dios en Cristo. Por obra del Espíritu Santo en el bautismo,
se le concede el don de salvación que sienta las bases de la vida
cristiana en su conjunto. Confían en la promesa de la gracia divina por la
fe justificadora que es esperanza en Dios y amor por él. Dicha fe es
activa en el amor y, entonces, el cristiano no puede ni debe quedarse sin
obras, pero todo lo que en el ser humano antecede o sucede al libre don de
la fe no es motivo de justificación ni la merece.
26.Según la interpretación luterana, el pecador es justificado sólo por la
fe (sola fide). Por fe pone su plena confianza en el Creador y
Redentor con quien vive en comunión. Dios mismo insufla esa fe, generando
tal confianza en su palabra creativa. Porque la obra de Dios es una nueva
creación, incide en todas las dimensiones del ser humano, conduciéndolo a
una vida de amor y esperanza. En la doctrina de la «justificación por la
sola fe» se hace una distinción, entre la justificación propiamente dicha
y la renovación de la vida que forzosamente proviene de la justificación,
sin la cual no existe la fe, pero ello no significa que se separen una y
otra. Por consiguiente, se da el fundamento de la renovación de la vida
que proviene del amor que Dios otorga al ser humano en la justificación.
Justificación y renovación son una en Cristo quien está presente en la
fe.
27. En la interpretación católica también se considera que la fe es
fundamental en la justificación. Porque sin fe no puede haber
justificación. El ser humano es justificado mediante el bautismo en cuanto
oyente y creyente de la palabra. La justificación del pecador es perdón de
los pecados y volverse justo por la gracia justificadora que nos hace
hijos de Dios. En la justificación, el justo recibe de Cristo la fe, la
esperanza y el amor, que lo incorporan a la comunión con él.[14]
Esta nueva relación personal con Dios se funda totalmente en la gracia y
depende constantemente de la obra salvífica y creativa de Dios
misericordioso que es fiel a sí mismo para que se pueda confiar en él. De
ahí que la gracia justificadora no sea nunca una posesión humana a la que
se pueda apelar ante Dios. La enseñanza católica pone el énfasis en la
renovación de la vida por la gracia justificadora; esta renovación en la
fe, la esperanza y el amor siempre depende de la gracia insondable de Dios
y no contribuye en nada a la justificación de la cual se podría hacer
alarde ante Él (Ro 3:27). (Véase fuentes de la sección 4.3)
4.4 El pecador justificado
28. Juntos confesamos que en el bautismo, el Espíritu Santo nos hace uno
en Cristo, justifica y renueva verdaderamente al ser humano, pero el
justificado, a lo largo de toda su vida, debe acudir constantemente a la
gracia incondicional y justificadora de Dios. Por estar expuesto, también
constantemente, al poder del pecado y a sus ataques apremiantes (cf. Ro
6:12-14), el ser humano no está eximido de luchar durante toda su vida con
la oposición a Dios y la codicia egoísta del viejo Adán (cf. Gá
5:16 y Ro 7:7-10). Asimismo, el justificado debe pedir perdón a
Dios todos los días, como en el Padrenuestro (Mt 6:12 y 1 Jn
1:9), y es llamado incesantemente a la conversión y la penitencia, y
perdonado una y otra vez.
29. Los luteranos entienden que ser cristiano es ser «al mismo tiempo
justo y pecador». El creyente es plenamente justo porque Dios le perdona
sus pecados mediante la Palabra y el Sacramento, y le concede la justicia
de Cristo que él hace suya en la fe. En Cristo, el creyente se vuelve
justo ante Dios pero viéndose a sí mismo, reconoce que también sigue
siendo totalmente pecador; el pecado sigue viviendo en él (1 Jn 1:8
y Ro 7:17-20), porque se torna una y otra vez hacia falsos dioses y
no ama a Dios con ese amor íntegro que debería profesar a su Creador (Dt
6:5 y Mt 22:36-40). Esta oposición a Dios es en sí un verdadero
pecado pero su poder avasallador se quebranta por mérito de Cristo y ya no
domina al cristiano porque es dominado por Cristo a quien el justificado
está unido por la fe. En esta vida, entonces, el cristiano puede llevar
una existencia medianamente justa. A pesar del pecado, el cristiano ya no
está separado de Dios porque renace en el diario retorno al bautismo, y a
quien ha renacido por el bautismo y el Espíritu Santo, se le perdona ese
pecado. De ahí que el pecado ya no conduzca a la condenación y la muerte
eterna.[15] Por lo tanto,
cuando los luteranos dicen que el justificado es también pecador y que su
oposición a Dios es un pecado en sí, no niegan que, a pesar de ese pecado,
no sean separados de Dios y que dicho pecado sea un pecado «dominado». En
estas afirmaciones coinciden con los católicos romanos, a pesar de la
diferencia de la interpretación del pecado en el justificado.
30. Los católicos mantienen que la gracia impartida por Jesucristo en el
bautismo lava de todo aquello que es pecado «propiamente dicho» y que es
pasible de «condenación» (Ro 8:1).[16]
Pero de todos modos, en el ser humano queda una propensión
(concupiscencia) que proviene del pecado y compele al pecado. Dado que
según la convicción católica, el pecado siempre entraña un elemento
personal y dado que este elemento no interviene en dicha propensión, los
católicos no la consideran pecado propiamente dicho. Por lo tanto, no
niegan que esta propensión no corresponda al designio inicial de Dios para
la humanidad ni que esté en contradicción con Él y sea un enemigo que hay
que combatir a lo largo de toda la vida. Agradecidos por la redención en
Cristo, subrayan que esta propensión que se opone a Dios no merece el
castigo de la muerte eterna[17]
ni aparta de Dios al justificado. Ahora bien, una vez que el ser humano se
aparta de Dios por voluntad propia, no basta con que vuelva a observar los
mandamientos ya que debe recibir perdón y paz en el Sacramento de la
Reconciliación mediante la palabra de perdón que le es dado en virtud de
la labor reconciliadora de Dios en Cristo (véase fuentes de la sección
4.4).
4.5 Ley y evangelio
31. Juntos confesamos que el ser humano es justificado por la fe en el
evangelio «sin las obras de la Ley» (Ro 3:28). Cristo cumplió con
ella y, por su muerte y resurrección, la superó en cuanto medio de
salvación. Asimismo, confesamos que los mandamientos de Dios conservan
toda su validez para el justificado y que Cristo, mediante su magisterio y
ejemplo, expresó la voluntad de Dios que también es norma de conducta para
el justificado.
32. Los luteranos declaran que para comprender la justificación es preciso
hacer una distinción y establecer un orden entre ley y evangelio. En
teología, ley significa demanda y acusación. Por ser pecadores, a lo largo
de la vida de todos los seres humanos, cristianos incluidos, pesa esta
acusación que revela su pecado para que mediante la fe en el evangelio se
encomienden sin reservas a la misericordia de Dios en Cristo que es la
única que los justifica.
33. Puesto que la ley en cuanto medio de salvación fue cumplida y superada
a través del evangelio, los católicos pueden decir que Cristo no es un
«legislador» como lo fue Moisés. Cuando los católicos hacen hincapié en
que el justo está obligado a observar los mandamientos de Dios, no por
ello niegan que mediante Jesucristo, Dios ha prometido misericordiosamente
a sus hijos, la gracia de la vida eterna[18]
(véase fuentes de la sección 4.5)
4.6 Certeza de salvación
34. Juntos confesamos que el creyente puede confiar en la misericordia y
las promesas de Dios. A pesar de su propia flaqueza y de las múltiples
amenazas que acechan su fe, en virtud de la muerte y resurrección de
Cristo puede edificar a partir de la promesa efectiva de la gracia de Dios
en la Palabra y el Sacramento y estar seguros de esa gracia.
35. Los reformadores pusieron un énfasis particular en ello: En medio de
la tentación, el creyente no debería mirarse a sí mismo sino contemplar
únicamente a Cristo y confiar tan solo en él. Al confiar en la promesa de
Dios tiene la certeza de su salvación que nunca tendrá mirándose a sí
mismo.
36. Los católicos pueden compartir la preocupación de los reformadores por
arraigar la fe en la realidad objetiva de la promesa de Cristo,
prescindiendo de la propia experiencia y confiando solo en la palabra de
perdón de Cristo (cf. Mt 16:19 y 18:18). Con el Concilio Vaticano
II, las católicos declaran: Tener fe es encomendarse plenamente a Dios[19]
que nos libera de la oscuridad del pecado y la muerte y nos despierta a la
vida eterna.[20] Al respecto,
cabe señalar que no se puede creer en Dios y, a la vez, considerar que la
divina promesa es indigna de confianza. Nadie puede dudar de la
misericordia de Dios ni del mérito de Cristo. No obstante, todo ser humano
puede interrogarse acerca de su salvación, al constatar sus flaquezas e
imperfecciones. Ahora bien, reconociendo sus propios defectos, puede tener
la certeza de que Dios ha previsto su salvación (véase fuentes de la
sección 4.6).
4.7 Las buenas obras del justificado
37. Juntos confesamos que las buenas obras, una vida cristiana de fe,
esperanza y amor, surgen después de la justificación y son fruto de ella.
Cuando el justificado vive en Cristo y actúa en la gracia que le fue
concedida, en términos bíblicos, produce buen fruto. Dado que el cristiano
lucha contra el pecado toda su vida, esta consecuencia de la justificación
también es para él un deber que debe cumplir. Por consiguiente, tanto
Jesús como los escritos apostólicos amonestan al cristiano a producir las
obras del amor.
38. Según la interpretación católica, las buenas obras, posibilitadas por
obra y gracia del Espíritu Santo, contribuyen a crecer en gracia para que
la justicia de Dios sea preservada y se ahonde la comunión en Cristo.
Cuando los católicos afirman el carácter «meritorio» de las buenas obras,
por ello entienden que, conforme al testimonio bíblico, se les promete una
recompensa en el cielo. Su intención no es cuestionar la índole de esas
obras en cuanto don, ni mucho menos negar que la justificación siempre es
un don inmerecido de la gracia, sino poner el énfasis en la
responsabilidad del ser humanos por sus actos.
39. Los luteranos también sustentan el concepto de preservar la gracia y
de crecer en gracia y fe, haciendo hincapié en que la justicia en cuanto
ser aceptado por Dios y compartir la justicia de Cristo es siempre
completa. Asimismo, declaran que puede haber crecimiento por su incidencia
en la vida cristiana. Cuando consideran que las buenas obras del cristiano
son frutos y señales de la justificación y no de los propios «méritos",
también entienden por ello que, conforme al Nuevo Testamento, la vida
eterna es una «recompensa» inmerecida en el sentido del cumplimiento de la
promesa de Dios al creyente (véase fuentes de la sección 4.7).
5. Significado y alcance del consenso logrado
40. La interpretación de la doctrina de la justificación expuesta en la
presente declaración demuestra que entre luteranos y católicos hay
consenso respecto a los postulados fundamentales de dicha doctrina. A la
luz de este consenso, las diferencias restantes de lenguaje, elaboración
teológica y énfasis, descritas en los párrafos 18 a 39, son aceptables.
Por lo tanto, las diferencias de las explicaciones luterana y católica de
la justificación están abiertas unas a otras y no desbaratan el consenso
relativo a los postulados fundamentales.
41. De ahí que las condenas doctrinales del siglo XVI, por lo menos en lo
que atañe a la doctrina de la justificación, se vean con nuevos ojos: Las
condenas del Concilio de Trento no se aplican al magisterio de las
iglesias luteranas expuesto en la presente declaración y, la condenas de
las Confesiones Luteranas, no se aplican al magisterio de la Iglesia
Católica Romana, expuesto en la presente declaración.
42. Ello no quita seriedad alguna a las condenas relativas a la doctrina
de la justificación. Algunas distaban de ser simples futilidades y siguen
siendo para nosotros «advertencias saludables» a las cuales debemos
atender en nuestro magisterio y práctica.[21]
43. Nuestro consenso respecto a los postulados fundamentales de la
doctrina de la justificación debe llegar a influir en la vida y el
magisterio de nuestras iglesias. Allí se comprobará. Al respecto,
subsisten cuestiones de mayor o menor importancia que requieren ulterior
aclaración, entre ellas, temas tales como: La relación entre la Palabra de
Dios y la doctrina de la iglesia, eclesiología, autoridad en la iglesia,
ministerio, los sacramentos y la relación entre justificación y ética
social. Estamos convencidos de que el consenso que hemos alcanzado sienta
sólidas bases para esta aclaración. Las iglesias luteranas y la Iglesia
Católica Romana seguirán bregando juntas por profundizar esta
interpretación común de la justificación y hacerla fructificar en la vida
y el magisterio de las iglesias.
44. Damos gracias al Señor por este paso decisivo en el camino de superar
la división de la iglesia. Pedimos al Espíritu Santo que nos siga
conduciendo hacia esa unidad visible que es voluntad de Cristo.
ANEXO
Fuentes de la Declaración conjunta
sobre la doctrina de la justificación
En las secciones 3 y 4 de la presente declaración se hace referencia a los
documentos del diálogo luterano-católico que figuran a continuación.
All Under One Christ, Statement on the Augsburg Confession by the
Roman Catholic/Lutheran Joint Commission, 1980, in: Growth in Agreement,
edited by Harding Meyer and Lukas Vischer, New York/Ramsey, Geneva, 1984,
241-247.
Commentsof the Joint Committee of the United Evangelical Lutheran
Church of Germany and the LWF German National Committee regarding the
document «The Condemnations of the Reformation Era. Do They Still
Divide?» in: Lehrverurteilungen im Gespräch, Göttingen, 1993
(hereafter: VELKD).
Denzinger-Schönmetzer, Enchiridion Symbolorum ...32nd to 36th
edition (hereafter: DS).
Denzinger-Hünermann, Enchiridion Symbolorum ...since the 37th
edition (hereafter: DH).
Evaluationof the Pontifical Council for Promoting Christian Unity
of the Study «Lehrverurteilungen - kirchentrennend?»,
Vatican, 1992, unpublished document (de aquí en adelante: PCPCU).
ustification by Faith, Lutherans and Catholics in Dialogue VII,
Minneapolis, 1985 (de aquí en adelante: USA).
The Condemnations of the Reformation Era. Do they Still Divide?.Edited
by Karl Lehmann and Wolfhart Pannenberg, Minneapolis, 1990 (de aquí en
adelante: LV:E)
Sección 3: La interpretación común de la justificación
(párrafos 14 y 18, LV:E 68f; VELKD 95)
- «... a faith centered and forensically conceived picture of
justification is of major importance for Paul and, in a sense, for the
Bible as a whole, although it is by no means the only biblical or Pauline
way of representing God's saving work» (USA, no. 146).
- «Catholics as well as Lutherans can acknowledge the need to test the
practices, structures, and theologies of the church by the extent to which
they help or hinder 'the proclamation of God's free and merciful promises
in Christ Jesus which can be rightly received only through faith' (para.
28)» (USA, no. 153).Regarding the «fundamental affirmation» (USA,
no. 157; cf. 4) it is said:
- «This affirmation, like the Reformation doctrine of justification by
faith alone, serves as a criterion for judging all church practices,
structures, and traditions precisely because its counterpart is 'Christ
alone' (solus Christus). He alone is to be ultimately trusted as
the one mediator through whom God in the Holy Spirit pours out his saving
gifts. All of us in this dialogue affirm that all Christian teachings,
practices, and offices should so function as to foster 'the obedience of
faith' (Rom. 1:5) in God's saving action in Christ Jesus alone
through the Holy Spirit, for the salvation of the faithful and the praise
and honor of the heavenly Father» (USA, no. 160).
- «For that reason, the doctrine of justification - and, above all, its
biblical foundation - will always retain a special function in the church.
That function is continually to remind Christians that we sinners live
solely from the forgiving love of God, which we merely allow to be
bestowed on us, but which we in no way - in however modified a form -
'earn' or are able to tie down to any preconditions or postconditions. The
doctrine of justification therefore becomes the touchstone for testing at
all times whether a particular interpretation of our relationship to God
can claim the name of 'Christian.' At the same time, it becomes the
touchstone for the church, for testing at all times whether its
proclamation and its praxis correspond to what has been given to it by its
Lord» (LV:E 69).
- «An agreement on the fact that the doctrine of justification is
significant not only as one doctrinal component within the whole of our
church's teaching, but also as the touchstone for testing the whole
doctrine and practice of our churches, is - from a Lutheran point of view
- fundamental progress in the ecumenical dialogue between our churches. It
cannot be welcomed enough» (VELKD 95; cf. 157).
- «For Lutherans and Catholics, the doctrine of justification has a
different status in the hierarchy of truth; but both sides agree that the
doctrine of justification has its specific function in the fact that it is
“the touchstone for testing at all times whether a particular
interpretation of our relationship to God can claim the name of
‘Christian’. At the same time it becomes the touchstone for the church,
for testing at all times whether its proclamation and its praxis
correspond to what has been given to it by its Lord” (LV:E 69). The
criteriological significance of the doctrine of justification for
sacramentology, ecclesiology and ethical teachings still deserves to be
studied further» (PCPCU 96).
Sección 4.1: La impotencia y el pecado humanos respecto a la
justificación (LV:E 42ff; 46; VELKD 77-81; 83f)
- «Those in whom sin reigns can do nothing to merit justification, which
is the free gift of God's grace. Even the beginnings of justification, for
example, repentance, prayer for grace, and desire for forgiveness, must be
God's work in us» (USA, no. 156.3).
- «Both are concerned to make it clear that ... human beings cannot ...
cast a sideways glance at their own endeavors ... But a response is not a
'work.' The response of faith is itself brought about through the
uncoercible word of promise which comes to human beings from outside
themselves. There can be 'cooperation' only in the sense that in faith the
heart is involved, when the Word touches it and creates faith» (LV:E
46f).
- «Where, however, Lutheran teaching construes the relation of God to his
human creatures in justification with such emphasis on the divine
'monergism' or the sole efficacy of Christ in such a way, that the
person's willing acceptance of God's grace - which is itself a gift of God
- has no essential role in justification, then the Tridentine canons 4, 5,
6 and 9 still constitute a notable doctrinal difference on justification»
(PCPCU 22).
- "The strict emphasis on the passivity of human beings concerning their
justification never meant, on the Lutheran side, to contest the full
personal participation in believing; rather it meant to exclude any
cooperation in the event of justification itself. Justification is the
work of Christ alone, the work of grace alone» (VELKD 84,3‑8).
Sección 4.2: La justificación en cuanto perdón del pecado y
fuente de justicia
(USA, nos. 98-101; LV:E 47ff;
VELKD 84ff; cf. también las citas de la sección 4.4)
- «By justification we are both declared and made righteous.
Justification, therefore, is not a legal fiction. God, in justifying,
effects what he promises; he forgives sin and makes us truly righteous» (USA,
no. 156,5).
- «Protestant theology does not overlook what Catholic doctrine stresses:
the creative and renewing character of God's love; nor does it maintain
... God's impotence toward a sin which is 'merely' forgiven in
justification but which is not truly abolished in its power to divide the
sinner from God» (LV:E 49).
- «The Lutheran doctrine has never understood the 'crediting of Christ's
justification' as without effect on the life of the faithful, because
Christ's word achieves what it promises. Accordingly the Lutheran doctrine
understands grace as God's favor, but nevertheless as effective power ...
'for where there is forgiveness of sins, there is also life and
salvation'» (VELKD 86,15‑23).
- «Catholic doctrine does not overlook what Protestant theology stresses:
the personal character of grace, and its link with the Word; nor does it
maintain ... grace as an objective 'possession' (even if a conferred
possession) on the part of the human being - something over which he can
dispose» (LV:E 49).
Sección 4.3: Justificación por fe y por gracia (USA,
nos. 105ff; LV:E 49-53; VELKD 87-90)
- «If we translate from one language to another, then Protestant talk
about justification through faith corresponds to Catholic talk about
justification through grace; and on the other hand, Protestant doctrine
understands substantially under the one word 'faith' what Catholic
doctrine (following 1 Cor. 13:13) sums up in the triad of 'faith,
hope, and love'» (LV:E 52).
- «We emphasize that faith in the sense of the first commandment always
means love to God and hope in him and is expressed in the love to the
neighbour» (VELKD 89,8-‑11).
- «Catholics ... teach as do Lutherans, that nothing prior to the free
gift of faith merits justification and that all of God's saving gifts come
through Christ alone» (USA, no. 105).
- «The Reformers ..understood faith as the forgiveness and fellowship with
Christ effected by the word of promise itself. This is the ground for the
new being, through which the flesh is dead to sin and the new man or woman
in Christ has life (sola fide per Christum). But even if this faith
necessarily makes the human being new, the Christian builds his
confidence, not on his own new life, but solely on God's gracious promise.
Acceptance in Christ is sufficient, if 'faith' is understood as 'trust in
the promise' (fides promissionis)» (LV:E 50).
- Cf. The Council of Trent, Session 6, Chap. 7: «Consequently, in the
process of justification, together with the forgiveness of sins a person
receives, through Jesus Christ into whom he is grafted, all these infused
at the same time: faith, hope and charity» (Decrees of the Ecumenical
Councils, vol. 2, London/Washington DC, 1990, 673).
- «According to Protestant interpretation, the faith that clings
unconditionally to God's promise in Word and Sacrament is sufficient for
righteousness before God, so that the renewal of the human being, without
which there can be no faith, does not in itself make any contribution to
justification» (LV:E 52).
- «As Lutherans we maintain the distinction between justification and
sanctification, of faith and works, which however implies no separation» (VELKD
89,6-8).
- «Catholic doctrine knows itself to be at one with the Protestant concern
in emphasizing that the renewal of the human being does not 'contribute'
to justification, and is certainly not a contribution to which he could
make any appeal before God. Nevertheless it feels compelled to stress the
renewal of the human being through justifying grace, for the sake of
acknowledging God's newly creating power; although this renewal in faith,
hope, and love is certainly nothing but a response to God's unfathomable
grace» (LV:E 52f).
- «Insofar as the Catholic doctrine stresses that 'the personal character
of grace, and its link with the Word', this renewal ..is certainly nothing
but a response effected by God's word itself and that 'the renewal of the
human being does not contribute to justification, and is certainly not a
contribution to which a person could make any appeal before God' our
objection no longer applies» (VELKD 89,12-21).
Sección 4.4: El pecador justificado (USA, nos. 102ff;
LV:E 44ff; VELKD 81ff)
- «For however just and holy, they fall from time to time into the sins
that are those of daily existence. What is more, the Spirit's action does
not exempt believers from the lifelong struggle against sinful tendencies.
Concupiscence and other effects of original and personal sin, according to
Catholic doctrine, remain in the justified, who therefore must pray daily
to God for forgiveness» (USA, no. 102).
- «The doctrines laid down at Trent and by the Reformers are at one in
maintaining that original sin, and also the concupiscence that remains,
are in contradiction to God ..object of the lifelong struggle against sin
... After baptism, concupiscence in the person justified no longer cuts
that person off from God; in Tridentine language, it is 'no longer sin in
the real sense'; in Lutheran phraseology, it is peccatum regnatum,
'controlled sin'» (LV:E 46).
- «The question is how to speak of sin with regard to the justified
without limiting the reality of salvation. While Lutherans express this
tension with the term 'controlled sin' (peccatum regnatum) which
expresses the teaching of the Christian as 'being justified and sinner at
the same time' (simul iustus et peccator), Roman Catholics think
the reality of salvation can only be maintained by denying the sinful
character of concupiscence. With regard to this question a considerable
rapprochement is reached if LV:E calls the concupiscence that
remains in the justified a 'contradiction to God' and thus qualifies it as
sin» (VELKD 82,29-39).
Sección 4.5: Ley y evangelio
- En el magisterio paulino se alude a la ley hebrea en cuanto medio de
salvación. Ésta fue cumplida y superada en Cristo. Por lo tanto, esta
aseveración y sus consecuencias han de ser comprendidas.
- With reference to Canons 19f. of the Council of Trent VELKD
(89,28-36) says as follows: «The ten commandments of course apply to
Christians as stated in many places of the confessions. If Canon 20
stresses that a 'person ..is bound to keep the commandments of God,' this
does not apply to us; if however Canon 20 affirms that faith has salvific
power only on condition of keeping the commandments this applies to us.
Concerning the reference of the Canon regarding the commandments of the
church, there is no difference between us if these commandments are only
expressions of the commandments of God; otherwise it would apply to us.»
- The last paragraph is related factually to 4.3, but emphasizes the
'convicting function' of the law which is important to Lutheran thinking.
Sección 4.6: Certeza de salvación (LV:E 53-56;
VELKD 90ff)
- «The question is: How can, and how may, human beings live before God in
spite of their weakness, and with that weakness?» (LV:E 53).
- «The foundation and the point of departure (of the Reformers)..are: the
reliability and sufficiency of God's promise, and the power of Christ's
death and resurrection; human weakness, and the threat to faith and
salvation which that involves» (LV:E 56).
- The Council of Trent also emphasizes that «it is necessary to believe
that sins are not forgiven, nor have they ever been forgiven, save freely
by the divine mercy on account of Christ;» and that we must not doubt «the
mercy of God, the merit of Christ and the power and efficacy of the
sacraments; so it is possible for anyone, while he regards himself and his
own weakness and lack of dispositions, to be anxious and fearful about his
own state of grace» (Council of Trent, Session 6, chapter 9, 674).
- «Luther and his followers go a step farther: They urge that the
uncertainty should not merely be endured. We should avert our eyes from it
and take seriously, practically, and personally the objective efficacy of
the absolution pronounced in the sacrament of penance, which comes 'from
outside.' ... Since Jesus said, 'Whatever you loose on earth shall be
loosed in heaven' (Matt. 16:19), the believer ... would declare
Christ to be a liar ..if he did not rely with a rock-like assurance on the
forgiveness of God uttered in the absolution ..that this reliance can
itself be subjectively uncertain - that the assurance of forgiveness is
not a security of forgiveness (securitas); but this must not be
turned into yet another problem, so to speak: the believer should turn his
eyes away from it, and should look only to Christ's word of forgiveness» (LV:E
54f).
- «Today Catholics can appreciate the Reformer's efforts to ground faith
in the objective reality of Christ's promise, 'whatsoever you loose on
earth ...' and to focus believers on the specific word of absolution from
sins. ... Luther's original concern to teach people to look away from
their experience, and to rely on Christ alone and his word of forgiveness
[is not to be condemned]» (PCPCU 24).
- A mutual condemnation regarding the understanding of the assurance of
salvation «can even less provide grounds for mutual objection today -
particularly if we start from the foundation of a biblically renewed
concept of faith. For a person can certainly lose or renounce faith, and
self‑commitment to God and his word of promise. But if he believes in this
sense, he cannot at the same time believe that God is unreliable in his
word of promise. In this sense it is true today also that - in Luther's
words - faith is the assurance of salvation» (LV:E 56).
- With reference to the concept of faith of Vatican II see Dogmatic
Constitution on Divine Revelation, no. 5: «'The obedience of faith' ...
must be given to God who reveals, an obedience by which man entrusts his
whole self freely to God, offering 'the full submission of intellect and
will to God who reveals,' and freely assenting to the truth revealed by
Him».
- «The Lutheran distinction between the certitude (certitudo) of
faith which looks alone to Christ and earthly security (securitas),
which is based on the human being, has not been dealt with clearly enough
in the LV. ... Faith never reflects on itself, but depends
completely on God, whose grace is bestowed through word and sacrament,
thus from outside (extra nos)» (VELKD 92,2‑9).
Sección 4.7: Las buenas obras del justificado (LV:E
66ff, VELKD 90ff)
- «But the Council excludes the possibility of earning grace - that is,
justification - (can. 2; DS 1552) and bases the earning or merit of
eternal life on the gift of grace itself, through membership in Christ
(can. 32: DS 1582). Good works are 'merits' as a gift. Although the
Reformers attack 'Godless trust' in one's own works, the Council
explicitly excludes any notion of a claim or any false security (cap. 16:
DS 1548f). It is evident ...that the Council wishes to establish a
link with Augustine, who introduced the concept of merit, in order to
express the responsibility of human beings, in spite of the 'bestowed'
character of good works» (LV:E 66).
- If we understand the language of «cause» in Canon 24 in more personal
terms, as it is done in chapter 16 of the Decree on Justification, where
the idea of communion with Christ is emphasized, then we can describe the
Catholic doctrine on merit as it is done in the first sentence of the
second paragraph of 4.7: growth in grace, perseverance in righteousness
received by God and a deeper communion with Christ.
- «Many antitheses could be overcome if the misleading word 'merit' were
simply to be viewed and thought about in connection with the true sense of
the biblical term 'wage' or reward» (LV:E 67).
- «The Lutheran confessions stress that the justified person is
responsible not to lose the grace received but to live in it ... Thus the
confessions can speak of a preservation of grace and a growth in it. If
righteousness in Canon 24 is understood in the sense that it effects human
beings, then it does not apply to us. But if 'righteousness' in Canon 24
refers to the Christian's acceptance by God, it applies to us; because
this righteousness is always perfect; compared with it the works of
Christians are only 'fruits' and 'signs'» (VELKD 94,2-14).
- «Concerning Canon 26 we refer to the Apology where eternal life is
described as reward: '... We grant that eternal life is a reward because
it is something that is owed - not because of our merits but because of
the promise'» (VELKD 94,20-24).
N.de T. Se
dejaron en inglés o alemán las notas al pie de página y los documentos
de referencia que no se han publicado en español.
[1]Artículos de Esmascalda, II, 1; Libro de concordia,
292.
[2]«Rector et
judex super omnia genera doctrinarum», Weimar Edition of
Luther's Works (WA), 39,I,205.
[3]Cabe señalar que las
confesiones vinculantes de algunas iglesias luteranas solo abarcan la
Confesión de Augsburgo y el Catecismo menor de Lutero,
textos que no contienen condenas acerca de la justificación en
relación con la Iglesia Católica Romana.
[4]Report of the Joint
Lutheran-Roman Catholic Study Commission, published in Growth in
Agreement (New York; Geneva, 1984) - pp.168-189.
[5]Published by the
Lutheran World Federation (Geneva, 1994).
[6]Lutheran and
Catholics in Dialogue VII (Minneapolis, 1985).
[8]Gemeinsame
Stellungnahme der Arnoldshainer Konferenz, der Vereinigten
Kirche und des Deutschen Nationalkomitees des Lutherischen
Weltbundes zum Dokument
«Lehrverurteilungen-kirchentrennend?», Ökumenische Rundschau
44 (1995):99-102; including the position papers which underlie this
resolution, cf. Lehrverurteilungen im Gespräch, Die ersten
offiziellen Stellungnahmen aus den evangelischen Kirchen in
Deutschland (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1993).
[9]En la presente
declaración, la palabra «iglesia» se utiliza para reflejar las propias
interpretaciones de las iglesias participantes sin que se pretenda
resolver ninguna de las cuestiones eclesiológicas relativas a dicho
término.
[10]Cf.Malta
Report paras. 26-30 y Justification by Faith, paras.
122-147. At the request of the US dialogue on justification, the
non-Pauline New Testament texts were addressed in Righteousness in
the New Testament, by John Reumann, with responses by Joseph A.
Fitzmyer and Jerome D.Quinn (Philadelphia; New York: 1982),
pp.124-180. The results of this study were summarized in the dialogue
report Justification by Faith in paras 139-142.
[11]All Under One
Christ, para 14 in Growth in Agreement, 241-247.
[12]Cf.WA
8:106; American Edition 32:227.
[15]Cf. Apology
II:38-45, Libro de concordia, 105f.
[21]Condemnations
of the Reformation Era,27.