|
CAMINO DE
PERFECCIÓN (2) Santa Teresa de Avila Contenido En que declara qué es oración
mental. Trata cómo se ha de rezar
oración vocal con perfección, y cuán junta anda con ella la mental. En que declara qué es oración
de recogimiento, y pónense algunos medios para acostumbrarse a ella. Prosigue en la misma materia.
-Es muy bueno para después de haber recibido el Santísimo Sacramento. Acaba la materia comenzada con
una exclamación al Padre Eterno. Trata de estas palabras del
paternóster: «Dimitte nobis debita nostra». Dice cómo procurando siempre
andar en amor y temor de Dios, iremos seguras entre tantas tentaciones. Que habla del temor de Dios, y
cómo nos hemos de guardar de pecados veniales. CAPÍTULO 22
En que declara qué es oración mental.
1. Sabed, hijas, que no
está la falta para ser o no ser oración mental en tener cerrada la boca. Si
hablando, estoy enteramente entendiendo y viendo que hablo con Dios con más
advertencia que en las palabras que digo, junto está oración mental y vocal.
Salvo si no os dicen que estéis hablando con Dios rezando el Paternóster y
pensando en el mundo; aquí callo. Mas si habéis de estar, como es razón se
esté, hablando con tan gran Señor, que es bien estéis mirando con quién habláis
y quién sois vos, siquiera para hablar con crianza. Porque ¿cómo podéis llamar
al rey Alteza, ni saber las ceremonias que se hacen para hablar a un grande
(1), si no entendéis bien qué estado tiene y qué estado tenéis vos? Porque
conforme a esto se ha de hacer el acatamiento, y conforme al uso, porque aun
esto es menester también que sepáis. Si no, enviaros han para simple (2) y no
negociaréis cosa. Pues ¿qué es esto, Señor
mío? ¿Qué es esto, mi Emperador? ¿Cómo se puede sufrir? Rey sois, Dios mío, sin
fin, que no es reino prestado el que tenéis. Cuando en el Credo se dice
«vuestro reino no tiene fin», casi siempre me es particular regalo. Aláboos,
Señor, y bendígoos para siempre; en fin, vuestro reino durará para siempre.
Pues nunca Vos, Señor, permitáis se tenga por bueno que quien fuere a hablar
con Vos, sea sólo con la boca. 2. ¿Qué es esto,
cristianos, los que decís no es menester oración mental, entendéisos? (3) Cierto,
que pienso que no os entendéis, y así queréis desatinemos todos: ni sabéis cuál
es oración mental ni cómo se ha de rezar la vocal ni qué es contemplación,
porque si lo supieseis no condenaríais por un cabo lo que alabáis por otro. 3. Yo he de poner siempre
junta oración mental con la vocal, cuando se me acordare, porque no os
espanten, hijas; que yo sé en qué caen (4) estas cosas, que he pasado algún
trabajo en este caso, y así no querría que nadie os trajese desasosegadas, que
es cosa dañosa ir con miedo este camino. Importa mucho entender que vais bien,
porque en diciendo a algún caminante que va errado y que ha perdido el camino,
le hacen andar de un cabo a otro, y todo lo que anda buscando por dónde ha de
ir se cansa y gasta el tiempo y llega más tarde. ¿Quién puede decir es
mal, si comenzamos a rezar las Horas o el rosario, que comience a pensar con
quién va a hablar y quién es el que habla, para ver cómo le ha de tratar? Pues
yo os digo, hermanas, que si lo mucho que hay que hacer en entender estos dos
puntos se hiciese bien, que primero que comencéis la oración vocal que vais a
rezar, ocupéis harto tiempo en la mental. Sí, que no hemos de llegar a hablar a
un príncipe con el descuido que a un labrador, o como con una pobre como
nosotras, que como quiera que nos hablaren va bien (5). 4. Razón es que, ya que
por la humildad de este Rey, si como grosera no sé hablar con él, no por eso me
deja de oír ni me deja de llegar a sí ni me echan fuera sus guardas; porque
saben bien los ángeles que están allí la condición de su Rey, que gusta más de
estas groserías de un pastorcito humilde que ve que si más supiera más dijera,
que de los muy sabios y letrados, por elegantes razonamientos que hagan, si no
van con humildad (6). Así que no porque El sea bueno, hemos de ser nosotros
descomedidos. Siquiera para agradecerle el mal olor que sufre en consentir cabe
sí una como yo, es bien que procuremos conocer su limpieza y quién es. Es
verdad que se entiende luego en llegando, como con los señores de acá, que con
que nos digan quién fue su padre y los cuentos que tiene de renta y el dictado
(7), no hay más que saber. Porque acá no se hace cuenta de las personas para
hacerlas honra, por mucho que merezcan, sino de las haciendas. 5. ¡Oh miserable mundo!
Alabad mucho a Dios, hijas, que habéis dejado cosa tan ruin, adonde no hacen
caso de lo que ellos en sí tienen, sino de lo que tienen sus renteros y
vasallos; y si ellos faltan, luego falta de hacerle honra. Cosa donosa es ésta
para que os holguéis cuando hayáis todas de tomar alguna recreación, que éste
es buen pasatiempo, entender cuán ciegamente pasan su tiempo los del mundo. 6. ¡Oh Emperador nuestro,
sumo poder, suma bondad, la misma sabiduría, sin principio, sin fin, sin haber
término en vuestras obras, son infinitas, sin poderse comprender, un piélago
sin suelo de maravillas, una hermosura que tiene en sí todas las hermosuras, la
misma fortaleza! ¡Oh, válgame Dios! ¡quién tuviera aquí junta toda la
elocuencia de los mortales, y sabiduría para saber bien -como acá se puede
saber, que todo es no saber nada, para este caso- dar a entender alguna de las
muchas cosas que podemos considerar para conocer algo de quién es este Señor y
bien nuestro! 7. Sí, llegaos a pensar y
entender, en llegando, con quién vais a hablar o con quién estáis hablando. En
mil vidas de las nuestras no acabaremos de entender cómo merece ser tratado
este Señor, que los ángeles tiemblan delante de él. Todo lo manda, todo lo
puede, su querer es obrar. Pues razón será, hijas, que procuremos deleitarnos
en estas grandezas que tiene nuestro Esposo y que entendamos con quién estamos
casadas, qué vida hemos de tener. ¡Oh, válgame Dios!, pues acá, cuando uno se
casa, primero sabe con quién, quién es y qué tiene. Nosotras, ya desposadas,
antes de las bodas, que nos ha de llevar a su casa, pues acá no quitan estos
pensamientos a las que están desposadas con los hombres (8), ¿por qué nos han
de quitar que procuremos entender quién es este hombre y quién es su Padre y
qué tierra es ésta adonde me ha de llevar y qué bienes son los que promete
darme, qué condición tiene, cómo podré contentarle mejor, en qué le haré
placer, y estudiar cómo haré mi condición que conforme con la suya? Pues si una
mujer ha de ser bien casada, no le avisan otra cosa sino que procure esto,
aunque sea hombre muy bajo su marido. 8. Pues, Esposo mío, ¿en
todo han de hacer menos caso de Vos que de los hombres? Si a ellos no les
parece bien esto, dejen os vuestras esposas, que han de hacer vida con Vos. Es
verdad que es buena vida. Si un esposo es tan celoso que quiere no trate con
nadie su esposa, ¡linda cosa es que no piense en cómo le hará este placer y la
razón que tiene de sufrirle y de no querer que trate con otro, pues en él tiene
todo lo que puede querer! Esta es oración mental,
hijas mías, entender estas verdades. Si queréis ir entendiendo esto y rezando
vocalmente, muy enhorabuena. No me estéis hablando con Dios y pensando en otras
cosas, que esto hace no entender qué cosa es oración mental. Creo va dado a
entender. Plega al Señor lo sepamos obrar, amén (9). NOTAS 1 Hablar un grande,
escribió la Santa. Seguimos la enmienda de Fray Luis de León (p. 128). 2 Por simple, decía la 1ª
redacción, en la cual se lee a continuación un episodio acaecido a la Santa
durante su permanencia en el palacio de Dña. Luisa de la Cerda (cf. Vida c.
34): Y más habréis menester si no lo sabéis bien, de informaros y aun de
deletrear lo que habéis de decir. A mí me acaeció una vez; no tenía costumbre a
hablar con señores, e iba por cierta necesidad a tratar con una que había de
llamar «señoría», y es así que me lo mostraron deletreado. Yo como soy torpe y
no lo había usado, en llegando allá no lo acertaba bien. Acerté decirle lo que
pasaba y echarlo en risa, porque tuviese por bueno llamarla «merced»; y así lo
hice. 3 La 1ª redacción
proseguía: que querría dar voces y disputar -con ser la que soy- con los que
dicen que no es menester oración mental. 4 En qué caen: en qué
vienen a parar. 5 En la 1ª redacción: ...
primero que comencéis la oración vocal -que es rezar las horas o el rosario-,
ocupéis hartas horas en la mental. Sí, que no hemos de llegar a hablar con un
príncipe como con un labradorcillo o como con una pobre como nosotras, que no
va más que nos llamen tú que vos. 6 En la 1ª redacción
escribió: gusta más de estas groserías ... que de las 'teulogías' muy
ordenadas, si no van con tanta humildad. 7 Los cuentos de renta:
millones de renta. -El dictado: el título de dignidad al que correspondía el
«tratamiento»: merced, señoría, alteza, majestad... 8 Fray Luis en su edición
(p. 132) creyó necesario completar el original, redondeando el primer período:
«pues acá cuando uno se casa, primero sabe con quién... nosotras ya
desposadas... no pensaremos en nuestro esposo? -Su enmienda ha sido seguida por
casi todos los editores, a pesar de ser francamente superflua. Nótese el
paralelo entre la 1ª redacción: Pues acá, si uno se casa, primero sabe quién es
y cómo y qué tiene. Nosotras estamos desposadas y todas las almas por el
bautismo. Antes de las bodas y que nos lleve a su casa el desposado -pues no
quitan acá estos pensamientos con los hombres- ¿por qué nos han de quitar que
entendamos nosotras quién es este hombre? -Para la recta inteligencia del texto
teresiano, téngase en cuenta su precisión lexical y el ceremonial matrimonial
de entonces: «desposados» y «esposos» eran los dos prometidos después del
«desposorio» y antes de las «bodas» o matrimonio, con el cual pasaban a ser
«casados». Ya antes de las «bodas» era de rito que el «esposo» llevase la
esposa a la propia casa, para completar las «vistas». 9 La 1ª redacción
concluía así: No os espante nadie con esos temores. Alabad a Dios, que es
poderoso sobre todos y que no os lo pueden quitar. Antes la que no pudiere
rezar vocalmente con esta atención, sepa que no hace lo que es obligada; y que
lo está -si quiere rezar con perfección- de procurarlo con todas sus fuerzas,
so pena de no hacer lo que debe a esposa de tan gran rey. -Suplicadle, hijas,
me dé gracia para que lo haga como os lo aconsejo, que me falta mucho. Su
Majestad lo provea por quien es. CAPÍTULO 23
Trata de lo que importa no tornar atrás quien
ha comenzado camino de oración, y torna a hablar de lo mucho que va en que sea
con determinación.
1. Pues digo que va muy
mucho en comenzar con gran determinación, por tantas causas que sería alargarme
mucho si las dijese. Solas dos o tres os quiero, hermanas, decir: (1) La una es que no es razón
que a quien tanto nos ha dado y continuo da, que una cosa que nos queremos
determinar a darle, que es este cuidadito (no,) cierto, sin interés, sino con
tan grandes ganancias), no se lo dar con toda determinación sino como quien
presta una cosa para tornarla a tomar. Esto no me parece a mí dar, antes
siempre queda con algún disgusto a quien han emprestado una cosa cuando se la
tornan a tomar, en especial si la ha menester y la tenía ya como por suya, o
que si son amigos y a quien la prestó debe muchas dadas sin ningún interés: con
razón le parecerá poquedad y muy poco amor, que aun una cosita suya no quiere
dejar en su poder, siquiera por señal de amor. 2. ¿Qué esposa hay que
recibiendo muchas joyas de valor de su esposo no le dé siquiera una sortija, no
por lo que vale, que ya todo es suyo, sino por prenda que será suya hasta que
muera? Pues ¿qué menos merece este Señor, para que burlemos de él, dando y
tomando una nonada que le damos? Sino que este poquito de tiempo que nos
determinamos de darle de cuanto gastamos en nosotros mismos y en quien no nos
lo agradecerá, ya que aquel rato le queremos dar, démosle libre el pensamiento
y desocupado de otras cosas, y con toda determinación de nunca jamás se le
tornar a tomar, por trabajos que por ello nos vengan, ni por contradicciones ni
por sequedades; sino que ya como cosa no mía tenga aquel tiempo y piense me le
pueden pedir por justicia cuando del todo no se le quisiere dar. 3. Llamo «del todo»,
porque no se entiende que dejarlo algún día, o algunos, por ocupaciones justas
o por cualquier indisposición, es tomársele ya. La intención esté firme, que no
es nada delicado mi Dios: no mira en menudencias. Así tendrá qué os agradecer;
es dar algo. Lo demás, bueno es a quien no es franco, sino tan apretado que no
tiene corazón para dar; harto es que preste. En fin, haga algo, que todo lo
toma en cuenta este Señor nuestro; a todo hace como lo queremos. Para tomarnos
cuenta no es nada menudo, sino generoso; por grande que sea el alcance, tiene
El en poco perdonarle. Para pagarnos es tan mirado, que no hayáis miedo que un
alzar de ojos con acordarnos de El deje sin premio. 4. Otra causa (2) es
porque el demonio no tiene tanta mano para tentar. Ha gran miedo a ánimas
determinadas, que tiene ya experiencia le hacen gran daño, y cuanto él ordena
para dañarlas, viene en provecho suyo y de los otros y que sale él con pérdida.
Y ya que no hemos nosotros de estar descuidados ni confiar en esto, porque lo
habemos con gente traidora, y a los apercibidos no osan tanto acometer, porque
es muy cobarde; mas si viese descuido, haría gran daño. Y si conoce a uno por
mudable y que no está firme en el bien y con gran determinación de perseverar,
no le dejará a sol ni a sombra. Miedos le pondrá e inconvenientes que nunca
acabe. Yo lo sé esto muy bien por experiencia, y así lo he sabido decir, y digo
que no sabe nadie lo mucho que importa. 5. La otra cosa es -y que
hace mucho al caso- que pelea con más ánimo. Ya sabe que, venga lo que viniere,
no ha de tornar atrás. Es como uno que está en una batalla, que sabe, si le
vencen, no le perdonarán la vida, y que ya que no muere en la batalla ha de
morir después; pelea con más determinación y quiere vender bien su vida -como
dicen- y no teme tanto los golpes, porque lleva adelante lo que le importa la
victoria y que le va la vida en vencer. Es también necesario
comenzar con seguridad de que, si no nos dejamos vencer, saldremos con la
empresa; esto sin ninguna duda, que por poca ganancia que saquen, saldrán muy
ricos. No hayáis miedo os deje morir de sed el Señor que nos llama a que
bebamos de esta fuente. Esto queda ya dicho (3), y querríalo decir muchas
veces, porque acobarda mucho a personas que aún no conocen del todo la bondad
del Señor por experiencia, aunque le conocen por fe. Mas es gran cosa haber
experimentado con la amistad y regalo que trata a los que van por este camino,
y cómo casi les hace toda la costa (4). 6. Los que esto no han
probado, no me maravillo quieran seguridad de algún interés. Pues ya sabéis que
es ciento por uno, aun en esta vida, y que dice el Señor: «Pedid y daros han»
(5). Si no creéis a Su Majestad en las partes de su Evangelio que asegura esto,
poco aprovecha, hermanas, que me quiebre yo la cabeza a decirlo. Todavía digo
que a quien tuviere alguna duda, que poco se pierde en probarlo; que eso tiene
bueno este viaje (6), que se da más de lo que se pide ni acertaremos a desear.
Esto es sin falta, yo lo sé. Y a las de vosotras que lo sabéis por experiencia,
por la bondad de Dios, puedo presentar por testigos (7). NOTAS 1 Dirá tres: nn. 1, 4, 5.
-En la 1ª redacción alegaba la razón de su brevedad: En otros libros están
dichas. 2 Cf. la 1ª en el n. 1. 3 En el c. 19, n. 15. 4 Les hace toda la costa:
paga los gastos. 5 Doble alusión a Mt 19,
29 y Lc 11, 9. 6 Este viaje: el camino
de oración (cf. n. 5 fin). 7 La 1ª redacción
concluía: Esto es sin falta; yo sé que es así. Si no hallaren ser verdad, no me
crean cosa de cuantas os digo. Ya vosotras, hermanas, lo sabéis por experiencia
y os puedo presentar por testigos, por la bondad de Dios. Por las que vinieren
es bien esto que está dicho. CAPÍTULO 24
Trata cómo se ha de rezar oración vocal con perfección,
y cuán junta anda con ella la mental.
1. Ahora, pues, tornemos
(1) a hablar con las almas que he dicho que no se pueden recoger ni atar los
entendimientos en oración mental ni tener consideración. No nombremos aquí
estas dos cosas, pues no sois para ellas, que hay muchas personas en hecho de
verdad que sólo el nombre de oración mental o contemplación parece las
atemoriza, [2] y porque (2) si alguna viene a esta casa, que también, como he
dicho, no van todos por un camino. Pues lo que quiero ahora aconsejaros
(y) aun puedo decir enseñaros, porque, como madre, con el oficio de priora que
tengo, es lícito) (3), cómo habéis de rezar vocalmente, porque es razón
entendáis lo que decís. Y porque quien no puede pensar en Dios puede ser que
oraciones largas también le cansen, tampoco me quiero entremeter en ellas, sino
en las que forzado habemos de rezar, pues somos cristianos, que es el
Paternóster y Avemaría; porque no puedan decir por nosotras que hablamos y no
nos entendemos, salvo si no nos parece basta irnos por la costumbre, con sólo
pronunciar las palabras, que esto basta. Si basta o no, en eso no me entremeto,
los letrados lo dirán (4). Lo que yo querría hiciésemos nosotras, hijas, es que
no nos contentemos con solo eso. Porque cuando digo «credo», razón me parece
será que entienda y sepa lo que creo; y cuando «Padre nuestro», amor será
entender quién es este Padre nuestro y quién es el maestro que nos enseñó esta
oración. 3. Si queréis decir que
ya os lo sabéis y que no hay para qué se os acuerde, no tenéis razón; que mucho
va de maestro a maestro, pues aun de los que acá nos enseñan es gran desgracia
no nos acordar; en especial, si son santos y son maestros del alma, es
imposible, si somos buenos discípulos (5). Pues de tal maestro como quien nos enseñó
esta oración y con tanto amor y deseo que nos aprovechase, nunca Dios quiera
que no nos acordemos de El muchas veces cuando decimos la oración, aunque por
ser flacos no sean todas. 4. Pues cuanto a lo
primero, ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas; que así lo hacía El
siempre que oraba (6), y no por su necesidad, sino por nuestro enseñamiento. Ya
esto dicho se está que no se sufre hablar con Dios y con el mundo, que no es
otra cosa estar rezando y escuchando por otra parte lo que están hablando, o
pensar en lo que se les ofrece sin más irse a la mano; salvo si no es algunos
tiempos que, o de malos humores -en especial si es persona que tiene
melancolía- o flaqueza de cabeza, que aunque más lo procura no puede, o que
permite Dios días de grandes tempestades en sus siervos para más bien suyo, y
aunque se afligen y procuran quietarse, no pueden ni están en lo que dicen,
aunque más hagan, ni asienta en nada el entendimiento, sino que parece tiene
frenesí, según anda desbaratado. 5. Y en la pena que da a
quien lo tiene, verá que no es a culpa suya. Y no se fatigue, que es peor, ni
se canse en poner seso a quien por entonces no le tiene, que es su
entendimiento, sino rece como pudiere; y aun no rece, sino como enferma procure
dar alivio a su alma: entienda en otra obra de virtud. Esto es ya para personas
que traen cuidado de sí y tienen entendido no han de hablar a Dios y al mundo
junto. Lo que podemos hacer
nosotros es procurar estar a solas, y plega a Dios que baste, como digo, para
que entendamos con quién estamos y lo que nos responde el Señor a nuestras
peticiones. ¿Pensáis que está callado? Aunque no le oímos, bien habla al
corazón cuando le pedimos de corazón. Y bien es consideremos
somos cada una de nosotras a quien enseñó esta oración y que nos la está
mostrando, pues nunca el maestro está tan lejos del discípulo que sea menester
dar voces, sino muy junto. Esto quiero yo entendáis vosotras os conviene para
rezar bien el Paternóster: no se apartar de cabe el Maestro que os le mostró. 6. Diréis que ya esto es
consideración, que no podéis ni aun queréis sino rezar vocalmente; porque
también hay personas mal sufridas y amigas de no se dar pena, que como no lo
tienen de costumbre, esla recoger el pensamiento al principio; y por no
cansarse un poco, dicen que no pueden más ni lo saben, sino rezar vocalmente. Tenéis razón en decir que
ya es oración mental. Mas yo os digo, cierto, que no sé cómo lo aparte (7), si
ha de ser bien rezado lo vocal y entendiendo con quién hablamos. Y aun es
obligación que procuremos rezar con advertencia. Y aun plega a Dios que con
estos remedios vaya bien rezado el Paternóster y no acabemos en otra cosa
impertinente. Yo lo he probado algunas veces, y el mejor remedio que hallo es
procurar tener el pensamiento en quien enderezó las palabras. Por eso tened
paciencia y procurad hacer costumbre de cosa tan necesaria (8). NOTAS 1 Cf. c. 19, n. 2 s, cuyo
tema ahora reanuda; cf. además el c. 21, n. 3. 2 Léase por (cf. Fr. Luis
p. 139). -Como he dicho: cf. c. 17, n. 2; c. 20, n. 1 s; c. 19, n. 9. 3 Súplase es (cf. Fr.
Luis p. 139: lo que ahora quiero aconsejaros... es cómo habéis de rezar). 4 En la 1ª redacción
escribió: si os basta o no, no me entrometo. Eso es de letrados: ellos lo dirán
a las personas que les diere Dios luz para que se lo quieran preguntar. Y en
los que no tienen nuestro estado no me entremeto. 5 ... y si es maestro del
alma y somos buenos discípulos, es imposible [no nos acordar de él], sino
tenerle mucho amor y aun honrarnos de él y hablar en él muchas veces. -Así, en
la 1ª redacción. 6 Doble alusión bíblica:
a Mt 6, 6 y a Lc 6, 12 y 22, 41. -En el ms. de Toledo la propia Autora enmendó
esta afirmación demasiado perentoria, así: que así lo hacía Su Majestad muchas
veces. -Con las palabras lo primero la Santa se refiere al «cómo habéis de
rezar vocalmente, que se propuso tratar en el n. 1-2: su plan abarca dos
puntos: el 1o, exponer la oración vocal en general; el 2o, cómo rezar en
especial el paternóster y avemaría. De hecho, sólo expondrá la oración
dominical, omitiendo el comentario a la salutación angélica (cf. c. 42, nota
7). 7 No sé cómo lo aparte:
no sé cómo se pueda separar la oración mental de la vocal. 8 La 1ª redacción
concluía así: Por eso, tened paciencia, que esto es menester para ser monjas y
aun para rezar como buenos cristianos, a mi parecer. CAPÍTULO 25
En que dice lo mucho que gana un alma que reza
con perfección vocalmente, y cómo acaece levantarla Dios de allí a cosas
sobrenaturales.
1. Y porque no penséis se
saca poca ganancia de rezar vocalmente con perfección, os digo que es muy
posible que estando rezando el Paternóster os ponga el Señor en contemplación
perfecta, o rezando otra oración vocal; que por estas vías muestra Su Majestad
que oye al que le habla, y le habla su grandeza, suspendiéndole el
entendimiento y atajándole el pensamiento (1), y tomándole -como dicen- la
palabra de la boca, que aunque quiere no puede hablar si no es con mucha pena;
[2] entiende que sin ruido de palabras le está enseñando este Maestro divino,
suspendiendo las potencias, porque entonces antes dañarían que aprovecharían si
obrasen. Gozan sin entender cómo gozan. Está el alma abrasándose en amor y no
entiende cómo ama. Conoce que goza de lo que ama y no sabe cómo lo goza. Bien
entiende que no es gozo que alcanza el entendimiento a desearle. Abrázale la
voluntad sin entender cómo. Mas en pudiendo entender algo, ve que no es éste
bien que se puede merecer con todos los trabajos que se pasasen juntos por
ganarle en la tierra. Es don del Señor de ella y del cielo, que en fin da como
quien es. Esta, hijas, es
contemplación perfecta. 3. Ahora entenderéis la
diferencia que hay de ella a la oración mental, que es lo que queda dicho: (2)
pensar y entender qué hablamos y con quién hablamos y quién somos los que
osamos hablar con tan gran Señor. Pensar esto y otras cosas semejantes de lo
poco que le hemos servido y lo mucho que estamos obligados a servir es oración
mental. No penséis es otra algarabía, ni os espante el nombre. Rezar el
Paternóster y Avemaría o lo que quisiereis, es oración vocal. Pues mirad qué mala
música hará sin lo primero: (3) aun las palabras no irán con concierto todas
veces. En estas dos cosas (4) podemos algo nosotros, con el favor de Dios; en
la contemplación que ahora dije, ninguna cosa: Su Majestad es el que todo lo
hace, que es obra suya sobre nuestro natural. 4. Como está dado a
entender esto de contemplación muy largamente, lo mejor que yo lo supe
declarar, en la relación que tengo dicho escribí para que viesen mis confesores
de mi vida (6) -que me lo mandaron-, no lo digo aquí ni hago más de tocar en
ello. Las que hubiereis sido tan dichosas que el Señor os llegue a estado de
contemplación, si le pudieseis haber, puntos tiene y avisos que el Señor quiso
acertase a decir, que os consolarían mucho y aprovecharían, a mi parecer y al
de algunos que le han visto, que le tienen para hacer caso de él; que vergüenza
es deciros yo que hagáis caso del mío, y el Señor sabe la confusión con que
escribo mucho de lo que escribo. ¡Bendito sea que así me sufre! Las que -como
digo- tuvieren oración sobrenatural, procúrenle después de yo muerta; las que
no, no hay para qué, sino esforzarse a hacer lo que en éste va dicho, y deje al
Señor, que es quien lo ha de dar y no os lo negará si no os quedáis en el
camino, sino que os esforzáis hasta llegar a la fin (7) NOTAS 1 Pensamiento, en la vaga
acepción de «imaginación». 2 Queda dicho en el c.
22. 3 Sin lo primero: la
oración vocal sin la mental. 4 En estas dos cosas:
oración mental y vocal. 5 Al margen del
autógrafo, uno de los censores anotó: «contemplación»; pero sobrevino el
segundo censor, tachó esta palabra y enmendó el texto teresiano así: «en la
contemplación que ahora dije, ninguna cosa [podemos], si no es disponernos con
la oración: Su Majestad es el que ve lo hace, que es obra suya...». 6 La relación que tiene
dicha (cf. prólogo n. 4) es el libro de la Vida. Trató ampliamente de la
contemplación en los cc. 14-21, y en casi toda la tercera parte del libro, cc.
22-31. Cf. especialmente el c. 14, nn. 2 y 6; y c. 18, n. 14. 7 En la 1ª redacción
varía todo este n.: ... como está todo lo mejor dado a entender en el libro que
digo tengo escrito, y así no hay que tratar de ello particularmente aquí: allí
dije lo que supe. Quien llegare a haberle Dios llegado a este estado de
contemplación de vosotras -que, como dije, algunas estáis en él-, procuradle,
que os importa mucho, de que yo me muera. Las que no, no hay para qué; sino
esforzarse a hacer lo que en este libro va dicho, de ganar por cuantas vías
pudiere y tener diligencia que el Señor se lo dé con suplicárselo y ayudarse.
Lo demás, el Señor mismo lo ha de dar y no lo niega a nadie que llegue hasta el
fin del camino peleando como queda dicho. CAPÍTULO 26
En que va declarando el modo para recoger el
pensamiento. -Pone medios para ello. -Es capítulo muy provechoso para los que
comienzan oración.
1. Ahora, pues, tornemos
a nuestra oración vocal para que se rece de manera que, sin entendernos, nos lo
dé Dios todo junto, y para -como he dicho- (1) rezar como es razón. La examinación de la
conciencia y decir la confesión y santiguaros, ya se sabe ha de ser lo primero. Procurad luego, hija,
pues estáis sola, tener compañía. Pues ¿qué mejor que la del mismo maestro que
enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y
mirad con qué amor y humildad os está enseñando. Y creedme, mientras pudiereis
no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos y El ve que
lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis -como
dicen- echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros
trabajos; tenerle heis en todas partes: ¿pensáis que es poco un tal amigo al
lado? 2. ¡Oh hermanas, las que
no podéis tener mucho discurso del entendimiento ni podéis tener el pensamiento
sin divertiros!, ¡acostumbraos, acostumbraos! Mirad que sé yo que podéis hacer
esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el
pensamiento en una cosa, y eslo muy grande. Mas sé que no nos deja el Señor tan
desiertos, que si llegamos con humildad a pedírselo, no nos acompañe. Y si en
un año no pudiéremos salir con ello, sea en más. No nos duela el tiempo en cosa
que tan bien se gasta. ¿Quién va tras nosotros? Digo que esto, que puede
acostumbrarse a ello, y trabajar andar cabe este verdadero Maestro. 3. No os pido ahora que
penséis en El ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas
consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis.
Pues ¿quién os quita volver los ojos del alma, aunque sea de presto si no
podéis más, a este Señor? Pues podéis mirar cosas muy feas, ¿y no podréis mirar
la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues nunca, hijas, quita vuestro
Esposo los ojos de vosotras. Haos sufrido mil cosas feas y abominaciones contra
El y no ha bastado para que os deje de mirar, ¿y es mucho que, quitados los
ojos de estas cosas exteriores, le miréis algunas veces a El? Mirad que no está
aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos (2). Como le
quisiereis, le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no
quedará por diligencia suya. 4. Así como dicen ha de
hacer la mujer, para ser bien casada, con su marido, que si está triste, se ha
de mostrar ella triste y si está alegre, aunque nunca lo esté, alegre (mirad)
de qué sujeción os habéis librado, hermanas), esto con verdad, sin fingimiento,
hace el Señor con nosotros: que El se hace el sujeto, y quiere seáis vos la
señora, y andar El a vuestra voluntad. Si estáis alegre, miradle resucitado;
que sólo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. Mas ¡con qué claridad y
con qué hermosura! ¡Con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! Como quien
tan bien salió de la batalla adonde ha ganado un tan gran reino, que todo le
quiere para vos, y a sí con él. Pues ¿es mucho que a quien tanto os da volváis
una vez los ojos a mirarle? 5. Si estáis con trabajos
o triste, miradle camino del huerto: ¡qué aflicción tan grande llevaba en su
alma, pues con ser el mismo sufrimiento la dice y se queja de ella! O miradle
atado a la columna, lleno de dolores, todas sus carnes hechas pedazos por lo
mucho que os ama; tanto padecer, perseguido de unos, escupido de otros, negado
de sus amigos, desamparado de ellos, sin nadie que vuelva por El, helado de
frío, puesto en tanta soledad, que el uno con el otro os podéis consolar. O
miradle cargado con la cruz, que aun no le dejaban hartar de huelgo. Miraros ha
El con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus
dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vayáis vos con El a consolar
y volváis la cabeza a mirarle (3). 6. «¡Oh Señor del mundo,
verdadero Esposo mío! -le podéis vos decir, si se os ha enternecido el corazón
de verle tal, que no sólo queráis mirarle, sino que os holguéis de hablar con
El, no oraciones compuestas, sino de la pena de vuestro corazón, que las tiene
El en muy mucho-, ¿tan necesitado estáis, Señor mío y Bien mío, que queréis
admitir una pobre compañía como la mía, y veo en vuestro semblante que os
habéis consolado conmigo? Pues ¿cómo, Señor, es posible que os dejan solo los
ángeles, y que aun no os consuela vuestro Padre? Si es así, Señor, que todo lo
queréis pasar por mí, ¿qué es esto que yo paso por Vos? ¿De qué me quejo? Que
ya he vergüenza, de que os he visto tal, que quiero pasar, Señor, todos los
trabajos que me vinieren y tenerlos por gran bien por imitaros en algo. Juntos
andemos, Señor. Por donde fuereis, tengo de ir. Por donde pasareis, tengo de
pasar». 7. Tomad, hija, de
aquella cruz. No se os dé nada de que os atropellen los judíos, porque El no
vaya con tanto trabajo. No hagáis caso de lo que os dijeren. Haceos sorda a las
murmuraciones. Tropezando, cayendo con vuestro Esposo, no os apartéis de la
cruz ni la dejéis. Mirad mucho el cansancio con que va y las ventajas que hace
su trabajo a los que vos padecéis, por grandes que los queráis pintar. Y por
mucho que los queráis sentir, saldréis consolada de ellos, porque veréis son
cosa de burla comparados a los del Señor. 8. Diréis, hermanas, que
cómo se podrá hacer esto, que si le vierais con los ojos del cuerpo en el
tiempo que Su Majestad andaba en el mundo, que lo hicierais de buena gana y le
mirarais siempre. -No lo creáis, que quien
ahora no se quiere hacer un poquito de fuerza a recoger siquiera la vista para
mirar dentro de sí a este Señor (que) lo puede hacer sin peligro, sino con
tantito cuidado), muy menos se pusiera al pie de la cruz con la Magdalena, que
veía la muerte al ojo. Mas ¡qué debía pasar la gloriosa Virgen y esta bendita
Santa! ¡Qué de amenazas, qué de malas palabras y qué de encontrones, y qué
descomedidas! Pues ¡con qué gente lo habían tan cortesana! Sí, lo era del
infierno, que eran ministros del demonio. Por cierto que debía ser terrible
cosa lo que pasaron; sino que, con otro dolor mayor, no sentirían el suyo. Así que, hermanas, no
creáis erais para tan grandes trabajos, si no sois para cosas tan pocas.
Ejercitándoos en ellas, podéis venir a otras mayores (8). 9. Lo que podéis hacer
para ayuda de esto, procurad traer una imagen o retrato de este Señor que sea a
vuestro gusto; no para traerle en el seno y nunca le mirar, sino para hablar
muchas veces con El, que El os dará qué le decir. Como habláis con otras
personas, ¿por qué os han más de faltar palabras para hablar con Dios? No lo
creáis; al menos yo no os creeré, si lo usáis; porque si no, el no tratar con
una persona causa extrañeza y no saber cómo nos hablar con ella, que parece no
la conocemos, y aun aunque sea deudo, porque deudo y amistad se pierde con la
falta de comunicación. 10. También es gran
remedio tomar un libro de romance bueno, aun para recoger el pensamiento, para
venir a rezar bien vocalmente, y poquito a poquito ir acostumbrando el alma con
halagos y artificio para no la amedrentar. Haced cuenta que ha muchos años que
se ha ido de con su esposo, y que hasta que quiera tornar a su casa es menester
mucho saberlo negociar, que así somos los pecadores: tenemos tan acostumbrada
nuestra alma y pensamiento a andar a su placer, o pesar, por mejor decir, que
la triste alma no se entiende, que para que torne a tomar amor a estar en su
casa es menester mucho artificio, y si no es así y poco a poco, nunca haremos
nada. Y tórnoos a certificar
que si con cuidado os acostumbráis a lo que he dicho (5), que sacaréis tan gran
ganancia que, aunque yo os la quisiera decir, no sabré. Pues juntaos cabe este
buen Maestro, muy determinadas a deprender lo que os enseña, y Su Majestad hará
que no dejéis de salir buenas discípulas, ni os dejará si no le dejáis. Mirad
las palabras que dice aquella boca divina, que en la primera entenderéis luego
el amor que os tiene, que no es pequeño bien y regalo del discípulo ver que su
maestro le ama. NOTAS 1 En el c. 24, n. 2. 2 Ct 2, 14. 3 Al margen del autógrafo
escurialense escribió la Santa, a modo de título del n. siguiente: exclamación.
4 En la 1ª redacción se
lee: Y creed que digo verdad -porque he pasado por ello-, que lo podréis hacer. 5 A lo que he dicho: en
la 1ª redacción: ... a considerar que traéis con vos a este Señor, y a hablar
con El muchas veces... CAPÍTULO 27
En que trata el gran amor que nos mostró el
Señor en las primeras palabras del Paternóster, y lo mucho que importa no hacer
caso ninguno del linaje las que de veras quieren ser hijas de Dios.
1. «Padre nuestro que
estás en los cielos» (1). ¡Oh Señor mío, cómo
parecéis Padre de tal Hijo y cómo parece vuestro Hijo hijo de tal Padre!
¡Bendito seáis por siempre jamás! ¿No fuera al fin de la oración esta merced,
Señor, tan grande? En comenzando, nos henchís las manos y hacéis tan gran
merced que sería harto bien henchirse el entendimiento para ocupar de manera la
voluntad que no pudiese hablar palabra. ¡Oh, qué bien venía aquí,
hijas, contemplación perfecta! ¡Oh, con cuánta razón se entraría el alma en sí
para poder mejor subir sobre sí misma (2) a que le diese este santo Hijo a
entender qué cosa es el lugar adonde dice que está su Padre, que es en los
cielos! Salgamos de la tierra, hijas mías, que tal merced como ésta no es razón
se tenga en tan poco, que después que entendamos cuán grande es nos quedemos en
la tierra. 2. ¡Oh Hijo de Dios y
Señor mío!, ¿cómo dais tanto junto a la primera palabra? Ya que os humilláis a
Vos con extremo tan grande en juntaros con nosotros al pedir y haceros hermano
de cosa tan baja y miserable, ¿cómo nos dais en nombre de vuestro Padre todo lo
que se puede dar, pues queréis que nos tenga por hijos, que vuestra palabra no
puede faltar? (3) Obligáisle a que la cumpla, que no es pequeña carga, pues en
siendo Padre nos ha de sufrir por graves que sean las ofensas. Si nos tornamos
a El, como al hijo pródigo hanos de perdonar (4), hanos de consolar en nuestros
trabajos, hanos de sustentar como lo ha de hacer un tal Padre, que forzado ha
de ser mejor que todos los padres del mundo, porque en El no puede haber sino
todo bien cumplido (5), y después de todo esto hacernos participantes y
herederos con Vos. 3. Mirad, Señor mío, que
ya que Vos, con el amor que nos tenéis y con vuestra humildad, no se os ponga
nada delante, en fin, Señor, estáis en la tierra y vestido de ella, pues tenéis
nuestra naturaleza, parece tenéis causa alguna para mirar nuestro provecho; mas
mirad que vuestro Padre está en el cielo; Vos lo decís; es razón que miréis por
su honra. Ya que estáis Vos ofrecido (6) a ser deshonrado por nosotros, dejad a
vuestro Padre libre; no le obliguéis a tanto por gente tan ruin como yo, que le
ha de dar tan malas gracias (7). 4. ¡Oh buen Jesús, qué
claro habéis mostrado ser una cosa con El (8), y que vuestra voluntad es la
suya y la suya vuestra! ¡Qué confesión tan clara, Señor mío! ¡Qué cosa es el
amor que nos tenéis! Habéis andado rodeando, encubriendo al demonio que sois
Hijo de Dios, y con el gran deseo que tenéis de nuestro bien no se os pone cosa
delante por hacernos tan grandísima merced. ¿Quién la podía hacer sino Vos, Señor?
Yo no sé cómo en esta palabra no entendió el demonio quién erais, sin quedarle
duda (9). Al menos bien veo, mi Jesús, que habéis hablado, como Hijo regalado,
por Vos y por nosotros, y que sois poderoso para que se haga en el cielo lo que
Vos decís en la tierra. Bendito seáis por siempre, Señor mío, que tan amigo
sois de dar, que no se os pone cosa delante. 5. Pues ¿paréceos, hijas,
que es buen maestro éste, pues para aficionarnos a que deprendamos lo que nos
enseña, comienza haciéndonos tan gran merced? Pues ¿paréceos ahora que será
razón que, aunque digamos vocalmente esta palabra, dejemos de entender con el
entendimiento, para que se haga pedazos nuestro corazón con ver tal amor? Pues
¿qué hijo hay en el mundo que no procure saber quién es su padre, cuando le
tiene bueno y de tanta majestad y señorío? Aun si no lo fuera, no me espantara
no nos quisiéramos conocer por sus hijos, porque anda el mundo tal que si el
padre es más bajo del estado en que está el hijo, no se tiene por honrado en
conocerle por padre. 6. Esto no viene aquí,
porque en esta casa nunca plega a Dios haya acuerdo de cosa de éstas, sería
infierno; sino que la que fuere más, tome menos a su padre en la boca. Todas
han de ser iguales. ¡Oh Colegio de Cristo,
que tenía más mando San Pedro con ser un pescador y le quiso así el Señor, que
San Bartolomé, que era hijo de rey! (10) Sabía Su Majestad lo que había de
pasar en el mundo sobre cuál era de mejor tierra, que no es otra cosa sino
debatir si será buena para adobes o para tapias (11). ¡Válgame Dios, qué gran
trabajo traemos! Dios os libre, hermanas, de semejantes contiendas, aunque sea
en burlas. Yo espero en Su Majestad que sí hará. Cuando algo de esto en alguna
hubiese, póngase luego remedio y ella tema no sea estar Judas entre los Apóstoles;
denla penitencias hasta que entienda que aun tierra muy ruin no merecía ser
(12). Buen Padre os tenéis, que
os da el buen Jesús. No se conozca aquí otro padre para tratar de él. Y
procurad, hijas mías, ser tales que merezcáis regalaros con El, y echaros en
sus brazos. Ya sabéis que no os echará de sí, si sois buenas hijas. Pues ¿quién
no procurará no perder tal Padre? 7. ¡Oh, válgame Dios!, y
que hay aquí en qué os consolar, que por no me alargar más lo quiero dejar a
vuestros entendimientos; que por disparatado que ande el pensamiento, entre tal
Hijo y tal Padre forzado ha de estar el Espíritu Santo, que enamore vuestra
voluntad y os la ate tan grandísimo amor, ya que no baste para esto tan gran
interés. NOTAS 1 Mt 24, 35. 2 Entrar en sí y subir
sobre sí, eran expresiones corrientes entre los espirituales contemporáneos y
con significado más o menos alambicado. Aquí la usa la Santa para designar con
la primera la acción de recogerse al interior, y con la segunda una elevación
mística en general. -En otras ocasiones critica ella misma la teoría del «subir
sobre sí» (cf. Vida c. 22, nn. 1, 4, 5, 7; y Moradas IV, c. 3, nn. 2 y 6). 3 Lc 24, 35. 4 Lc 15, 20. |