|
CAMINO DE PERFECCIÓN I Santa
Teresa de Avila
Contenido
De la causa que me movió a
hacer con tanta estrechura este monasterio. Que trata cómo se han de descuidar
de las necesidades corporales, y del bien que hay en la pobreza. Prosigue en los confesores.
Dice lo que importa sean letrados. Torna a la materia que comenzó
del amor perfecto. En que trata de la misma
materia de amor espiritual, y da algunos avisos para ganarle. Trata del gran bien que es
desasirse de todo lo criado interior y exteriormente. Prosigue en la mortificación,
y dice la que se ha de adquirir en las enfermedades. Trata de cómo ha de tener en
poco la vida el verdadero amador de Dios, y la honra. Que trata del gran bien que
hay en no disculparse, aunque se vean condenar sin culpa. Que comienza a tratar de la
oración. -Habla con almas que no pueden discurrir con el entendimiento. JHS
Este libro
trata de avisos y consejos que da Teresa de Jesús a las hermanas religiosas e
hijas suyas de los monasterios que con el favor de nuestro Señor y de la
gloriosa Virgen Madre de Dios, Señora nuestra, ha fundado de la Regla primera
de nuestra Señora del Carmen. En especial le dirige a las hermanas del
monasterio de San José de Avila, que fue el primero, de donde ella era priora
cuando le escribió (1). En todo lo
que en él dijere, me sujeto a lo que tiene la madre Santa Iglesia Romana, y si
alguna cosa fuere contraria a esto, es por no lo entender. Y así, a los
letrados que lo han de ver, pido, por amor de nuestro Señor, que muy
particularmente lo miren y enmienden si alguna falta en esto hubiere, y otras
muchas que tendrá en otras cosas. Si algo hubiere bueno, sea para gloria y honr
de Dios y servicio de su sacratísima Madre, Patrona y Señora nuestra, cuyo
hábito yo tengo, aunque harto indigna de él (2). NOTAS 1 Un censor
anotó enseguida: «Yo he visto este libro, y lo que de él me parece está escrito
al cabo de él y firmado de mi nombre». El fin del libro se halla, en un papel
suelto, la «aprobación», pero sin firma. A lo largo del autógrafo, el mismo
censor tachó, enmendó y glosó profusamente el texto de la Santa. Los editores
han creído tratarse del P. Báñez, pero equivocadamente. 2 Tomamos
esta protesta del ms. de Toledo. Fue compuesta por la Santa al preparar el
libro para la edición. Precede el encabezamiento: «Comienza el tratado llamado
Camino de perfección». JHS PRÓLOGO
1. Sabiendo
las hermanas de este monasterio de San José cómo tenía licencia del Padre
Presentado Fray Domingo Bañes (1), de la Orden del glorioso Santo Domingo, que
al presente es mi confesor, para escribir algunas cosas de oración en que
parece podré atinar por haber tratado con muchas personas espirituales y
santas, me han tanto importunado les diga algo de ella, que me he determinado a
las obedecer, viendo que el amor grande que me tienen puede hacer más acepto lo
imperfecto y por mal estilo que yo les dijere, que algunos libros que están muy
bien escritos de quien sabía lo que escribe (2). Y confío en sus oraciones que
podrá ser por ellas el Señor se sirva acierte a decir algo de lo que al modo y
manera de vivir que se lleva en esta casa conviene (3). Y si fuere mal
acertado, el Padre Presentado que lo ha de ver primero, lo remediará o lo
quemará, y yo no habré perdido nada en obedecer a estas siervas de Dios, y
verán lo que tengo de mí cuando Su Majestad no me ayuda. 2. Pienso
poner algunos remedios para algunas tentaciones menudas que pone el demonio
(4), que -por serlo tanto- por ventura no hacen caso de ellas, y otras cosas,
como el Señor me diere a entender y se me fueren acordando, que como no sé lo
que he de decir, no puedo decirlo con concierto; y creo es lo mejor no le
llevar, pues es cosa tan desconcertada hacer yo esto. El Señor ponga en todo lo
que hiciere sus manos para que vaya conforme a su santa voluntad, pues son
éstos mis deseos siempre, aunque las obras tan faltas como yo soy. 3. Sé que no
falta el amor y deseo en mí para ayudar en lo que yo pudiere para que las almas
de mis hermanas vayan muy adelante en el servicio del Señor. Y este amor, junto
con los años y experiencia que tengo de algunos monasterios, podrá ser
aproveche para atinar en cosas menudas más que los letrados, que por tener
otras ocupaciones más importantes y ser varones fuertes no hacen tanto caso de
cosas que en sí no parecen nada, y a cosa tan flaca como somos las mujeres todo
nos puede dañar; porque las sutilezas del demonio son muchas para las muy
encerradas, que ven son menester armas nuevas para dañar. Yo, como ruin, heme
sabido mal defender, y así querría escarmentasen mis hermanas en mí. No diré
cosa que en mí, o por verla en otras, no la tenga por experiencia (5). 4. Pocos días
ha me mandaron escribiese cierta relación de mi vida, adonde también traté
algunas cosas de oración (6). Podrá ser no quiera mi confesor le veáis, y por
esto pondré aquí alguna cosa de lo que allí va dicho y otras que también me
parecerán necesarias. El Señor lo ponga por su mano, como le he suplicado, y lo
ordene para su mayor gloria, amén. NOTAS 1 Un censor
(quizá el mismo interesado) tachó: fray Domingo Bañes. El mismo repitió la
tacha sobre el propio nombre en el epílogo del libro (c. 42, n. 7). En cambio
la Autora, al preparar el ms. de Toledo para la edición tuvo en cuenta el nuevo
título del catedrático de Prima y tachó Presentado, para escribir entre líneas:
Maestro, añadiendo luego del nombre: catedrático de Salamanca. -Sobre Báñez,
véase Vida c. 36, n. 15, nota 27. 2 Al margen
anotó uno de los censores: «San Gregorio escribió sobre Job los Morales
importunado de siervos de Dios confiando en sus oraciones, como él dice». 3 En la 1ª
redacción había escrito así: ... me han tanto importunado lo haga por tenerme
tanto amor que, aunque hay libros muchos que de esto tratan y quien sabe bien y
ha sabido lo que escribe, parece la voluntad hace aceptas algunas cosas
imperfectas y faltas más que otras muy perfectas; y, como digo, ha sido tanto
el deseo que las he visto y la importunación, que me he determinado a hacerlo,
pareciéndome por sus oraciones y humildad querrá el Señor acierte algo a decir
que les aproveche, y me lo dará para que se lo dé. 4 En la 1ª
redacción: Pienso poner algunos remedios para tentaciones de religiosas... 5 En la 1ª
redacción había añadido: o dada en oración a entender por el Señor. 6 Alude al
Libro de la Vida. CAPÍTULO 1
De la causa que me movió a hacer con tanta estrechura este monasterio.
1. Al
principio que se comenzó este monasterio a fundar (por las causas que en el
libro tengo escrito (1) están dichas, con algunas grandezas del Señor, en que
dio a entender se había mucho de servir en esta casa), no era mi intención
hubiera tanta aspereza en lo exterior ni que fuese sin renta, antes quisiera
hubiera posibilidad para que no faltara nada. En fin, como flaca y ruin; aunque
algunos buenos intentos llevaba más que mi regalo. 2. En este
tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia y el estrago que habían hecho
estos luteranos y cuánto iba en crecimiento esta desventurada secta (2). Dime
gran fatiga, y como si yo pudiera algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le
suplicaba remediase tanto mal. Parecíame que mil vidas pusiera yo para remedio
de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin e
imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el ser servicio del
Señor, y toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan
pocos amigos, que ésos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en
mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo
pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo, confiada
en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por él se
determina a dejarlo todo; y que siendo tales cuales yo las pintaba en mis
deseos, entre sus virtudes no tendrían fuerza mis faltas, y podría yo contentar
en algo al Señor, y que todas ocupadas en oración por los que son defendedores
de la Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que
pudiésemos a este Señor mío, que tan apretado le traen (3) a los que ha hecho
tanto bien, que parece le querrían tornar ahora ala cruz estos traidores y que
no tuviese adonde reclinar la cabeza. 3. ¡Oh
Redentor mío, que no puede mi corazón llegar aquí sin fatigarse mucho! ¿Qué es
esto ahora de los cristianos? ¿Siempre han de ser los que más os deben los que
os fatiguen? ¿A los que mejores obras hacéis, a los que escogéis para vuestros
amigos, entre los que andáis y os comunicáis por los sacramentos? ¿No están
hartos de los tormentos que por ellos habéis pasado? 4. Por
cierto, Señor mío, no hace nada quien ahora se aparta del mundo. Pues a Vos os
tienen tan poco ley, ¿qué esperamos nosotros? ¿Por ventura merecemos nosotros
mejor nos la tengan? ¿por ventura hémosles hecho mejores obras para que nos
guarden amistad? ¿qué es esto? ¿qué esperamos yo los que por la bondad del
Señor estamos sin aquella roña pestilencial, que ya aquéllos son del demonio?
Buen castigo han ganado por sus manos y bien han granjeado con sus deleites
fuego eterno. ¡Allá se lo hayan!, aunque no me deja de quebrar el corazón ver
tantas almas como se pierden. Mas del mal no tanto: querría no ver perder más
cada día. 5. ¡Oh
hermanas mías en Cristo! ayudadme a suplicar esto al Señor, que para eso os
juntó aquí; éste es vuestro llamamiento, éstos han de ser vuestros negocios,
éstos han de ser vuestros deseos, aquí vuestras lágrimas, éstas vuestras
peticiones; no, hermanas mías, por negocios del mundo; que yo me río y aun me
congojo de las cosas que aquí nos vienen a encargar supliquemos a Dios, de
pedir a Su Majestad rentas y dineros, y algunas personas que querría yo
suplicasen a Dios los repisasen todos. Ellos buena intención tienen y, en fin,
se hace por ver su devoción, aunque tengo para mí que en estas cosas nunca me
oye. Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como
dicen, pues le levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo,
¿y hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios se las diese,
tendríamos un alma menos en el cielo? No, hermanas mías, no es tiempo de tratar
con Dios negocios de poca importancia. 6. Por cierto
que, si no mirase a la flaqueza humana, que se consuela que las ayuden en todo
(y) es bien si fuésemos algo), que holgaría se entendiese no son éstas las
cosas que se han de suplicar a Dios con tanto cuidado. NOTAS 1 El Libro de
la Vida, de que se ha hablado en el n. anterior: cf. cc. 32-36. 2 Al margen
escribió el mismo censor (cf. Pról. n. 1 nota 2): «El intento que le motivó a
escribir vida tan estrecha» 3 Completar:
tan apretado le traen aquellos a los que... -Sigue una alusión a Lc 9, 58. CAPÍTULO 2
Que trata cómo se han de descuidar de las necesidades corporales, y del
bien que hay en la pobreza.
1. No
penséis, hermanas mías, que por no andar a contentar a los del mundo os ha de
faltar de comer, yo os aseguro. Jamás por artificios humanos pretendáis
sustentaros, que moriréis de hambre, y con razón. Los ojos en vuestro esposo;
él os ha de sustentar. Contento él, aunque no quieran, os darán de comer los
menos vuestros devotos, como lo habéis visto por experiencia. Si haciendo
vosotras esto muriereis de hambre, ¡bienaventuradas las monjas de San José!
Esto no se os olvide, por amor del Señor. Pues dejáis la renta, dejad el
cuidado de la comida; si no, todo va perdido. Los que quiere el Señor que la
tengan, tengan enhorabuena esos cuidados, que es mucha razón, pues es su
llamamiento; mas nosotras, hermanas, es disparate. 2. Cuidado de
rentas ajenas, me parece a mí sería estar pensando en lo que los otros gozan.
Sí, que por vuestro cuidado no muda el otro su pensamiento ni se le pone deseo
de dar limosna. Dejad ese cuidado a quien los puede mover a todos, que es el
Señor de las rentas y de los renteros. Por su mandamiento venimos aquí;
verdaderas son sus palabras; no pueden faltar; antes faltarán los cielos y la
tierra (1.) No le faltemos nosotras, que no hayáis miedo que falte. Y si alguna
vez os faltare, será para mayor bien, como faltaban las vidas a los santos
cuando los mataban por el Señor, y era para aumentarles la gloria por el
martirio. Buen trueco sería acabar presto con todo y gozar de la hartura
perdurable. 3. Mirad,
hermanas, que va mucho en esto muerta yo, que para esto os lo dejo escrito; que
mientras yo viviere os lo acordaré, que por experiencia veo la gran ganancia:
cuando menos hay, más descuidada estoy, y sabe el Señor que, a mi parecer, me
da más pena cuando mucho sobra que cuando nos falta. No sé si lo hace como ya
tengo visto nos lo da luego el Señor. Sería engañar el mundo otra cosa,
hacernos pobres no lo siendo de espíritu, sino en lo exterior. Conciencia se me
haría, a manera de decir, y parecerme hía era pedir limosna las ricas, y plega
a Dios no sea así, que adonde hay estos cuidados demasiados de que den, una vez
u otra se irán por la costumbre, o podrían ir y pedir lo que no han menester,
por ventura a quien tiene más necesidad. Y aunque ellos no pueden perder nada
sino ganar, nosotras perderíamos. No plega a Dios, mis hijas. Cuando esto
hubiera de ser, más quisiera tuvierais renta. 4. En ninguna
manera se ocupe en esto el pensamiento, os pido por amor de Dios en limosna. Y
la más chiquita, cuando esto entendiese alguna vez en esta casa, clame a Su
Majestad y acuérdelo a la mayor. Con humildad le diga que va errada; y valo
tanto, que poco a poco se va perdiendo la verdadera pobreza. Yo espero en el
Señor no será así ni dejará a sus siervas. Y para esto, aunque no sea para más,
aproveche esto que me habéis mandado escribir por despertador. 5. Y crean,
mis hijas, que para vuestro bien me ha dado el Señor un poquito a entender los
bienes que hay en la santa pobreza, y las que lo probaren lo entenderán, quizá
no tanto como yo; porque no sólo no había sido pobre de espíritu, aunque lo
tenía profesado, sino loca de espíritu. Ello es un bien que todos los bienes
del mundo encierra en sí (2). Es un señorío grande. Digo que es señorear todos
los bienes de él otra vez a quien no se le da nada de ellos. ¿Qué se me da a mí
de los reyes y señores, si no quiero sus rentas, ni de tenerlos contentos, si
un tantito se atraviesa haber de descontentar en algo por ellos a Dios? ¿Ni qué
se me da de sus honras, si tengo entendido en lo que está ser muy honrado un
pobre, que es en ser verdaderamente pobre? 6. Tengo para
mí que honras y dineros casi siempre andan juntos, y que quien quiere honra no
aborrece dineros, y que quien los aborrece que se le da poco de honra.
Entiéndase bien esto, que me parece que esto de honra siempre trae consigo
algún interés de rentas o dineros; porque por maravilla hay honrado (3) en el
mundo si es pobre; antes, aunque lo sea en sí, le tienen en poco. La verdadera
pobreza trae una honraza consigo que no hay quien la sufra; la pobreza que es
tomada por solo Dios, digo, no ha menester contentar a nadie, sino a él. Y es
cosa muy cierta, en no habiendo menester a nadie, tener muchos amigos. Yo lo
tengo bien visto por experiencia. 7. Porque hay
tanto escrito de esta virtud que no lo sabré yo entender, cuánto más decir, y
por no la agraviar en loarla yo, no digo más de ella. Sólo he dicho lo que he
visto por experiencia, y yo confieso que he ido tan embebida, que no me he entendido
hasta ahora. Mas, pues está dicho, por amor del Señor, pues son nuestras armas
la santa pobreza y lo que al principio de la fundación de nuestra Orden tanto
se estimaba y guardaba en nuestros santos Padres (que) me ha dicho quien la
sabe, que de un día para otro no guardaban nada), ya que en tanta perfección en
lo exterior no se guarde, en lo interior procuremos tenerla. Dos horas son de
vida, grandísimo el premio; y cuando no hubiera ninguno sino cumplir lo que nos
aconsejó el Señor, era grande la paga imitar en algo a Su Majestad. 8. Estas
armas han de tener nuestras banderas, que de todas maneras lo queramos guardar:
en casa, en vestidos, en palabras y mucho más en el pensamiento. Y mientras
esto hicieren, no hayan miedo caiga la religión de esta casa, con el favor de
Dios; que, como decía Santa Clara, grandes muros son los de la pobreza. De
éstos, decía ella, y de humildad quería cercar sus monasterios (4). Y a buen
seguro, si se guarda de verdad, que esté la honestidad y todo lo demás
fortalecido mucho mejor que con muy suntuosos edificios. De esto se guarden;
por amor de Dios y por su sangre se lo pido yo; y si con conciencia puedo
decir, que el día que tal hicieren se torne a caer (5). 9. Muy mal
parece, hijas mías, de la hacienda de los pobrecitos se hagan grandes casas. No
lo permita Dios, sino pobre en todo y chica. Parezcámonos en algo a nuestro
Rey, que no tuvo casa, sino en el portal de Belén adonde nació, y la cruz
adonde murió. Casas eran éstas adonde se podía tener poca recreación. Los que
las hacen grandes, ellos se entenderán; llevan otros intentos santos. Mas trece
pobrecitas, cualquier rincón les basta. Si porque es menester por el mucho
encerramiento tuvieren campo (y) aun ayuda a la oración y devoción) con algunas
ermitas para apartarse a orar, enhorabuena; mas edificios y casa grande ni
curioso nada, ¡Dios nos libre! Siempre os acordad se ha de caer todo el día del
juicio; ¿qué sabemos si será presto? 10. Pues
hacer mucho ruido al caerse casa de trece pobrecillas no es bien, que los pobres
verdaderos no han de hacer ruido; gente sin ruido ha de ser para que los hayan
lástima. Y cómo se holgarán si ven alguno por la limosna que les ha hecho
librarse del infierno; que todo es posible, porque están muy obligadas a rogar
por sus almas muy continuamente, pues os dan de comer; (6) que también quiere
el Señor que, aunque viene de su parte, lo agradezcamos a las personas por cuyo
medio nos lo da; y de esto no haya descuido. 11. No sé lo
que había comenzado a decir, que me he divertido. Creo lo ha querido el Señor,
porque nunca pensé escribir lo que aquí he dicho. Su Majestad nos tenga siempre
de su mano para que no se caiga de ello, amén. NOTAS 1 Cf. Lc. 21,
33. 2 En la 1ª
redacción se lee: ... todos los bienes del mundo encierra en sí y, creo, muchos
de los de todas las virtudes. En esto no me afirmo, porque no sé el valor que
tiene cada una, y lo que no me parece entiendo bien, no lo dirá; mas tengo para
mí que abraza a muchas. 3 Honrado:
ser objeto de honores. 4 Lo leyó en
una de las vidas de S. Clara. En 1526 se había editado en Toledo la Leyenda
mayor de S. Francisco y S. Clara, de S. Buenaventura (n. 13. BAC p. 144). 5 En la 1ª
redacción había escrito con mucha más fuerza: y si con conciencia puedo [?]
decir que el día que tal quisieren se torne a caer que las mate a todas, yendo
con buena conciencia, lo digo y lo suplicará a Dios. 6 El mismo
inciso en cursiva está tomado de la 1ª redacción. La Santa lo omitió por
descuido al pasar la página. Ya fray Luis de León (p. 10) lo introdujo en el
texto. La propia Santa, al corregir el ms. de Salamanca, enmendó entre líneas:
«muy obligadas de encomendarlos a Dios». CAPÍTULO 3
Prosigue lo que en el primero comencé a tratar, y persuade a las
hermanas a que se ocupen siempre en suplicar a Dios favorezca a los que
trabajan por la Iglesia. -Acaba con una exclamación.
1. Tornando a
lo principal (1) para lo que el Señor nos juntó en esta casa y por lo que yo
mucho deseo seamos algo para que contentemos a Su Majestad, digo que viendo tan
grandes males que fuerzas humanas no bastan a atajar este fuego de estos
herejes, con que (2) se ha pretendido hacer gente para si pudieran a fuerza de
armas remediar tan gran mal y que va tan adelante, hame parecido es menester
como cuando los enemigos en tiempo de guerra han corrido toda la tierra, y
viéndose el Señor de ella apretado se recoge a una ciudad, que hace muy bien
fortalecer, y desde allí acaece algunas veces dar en los contrarios y ser tales
los que están en la ciudad, como es gente escogida, que pueden más ellos a
solas que con muchos soldados, si eran cobardes, pudieron, y muchas veces se
gana de esta manera victoria; al menos, aunque no se gane, no los vencen;
porque, como no haya traidor, si no es por hambre, no los pueden ganar. Acá
esta hambre no la puede haber que baste a que se rindan; a morir sí, mas no a
quedar vencidos. 2. Mas ¿para
qué he dicho esto? Para que entendáis, hermanas mías, que lo que hemos de pedir
a Dios es que en este castillito que hay ya de buenos cristianos no se nos vaya
ya ninguno con los contrarios, y a los capitanes de este castillo o ciudad, los
haga muy aventajados en el camino del Señor, que son los predicadores y
teólogos; y pues los más están en las religiones, que vayan muy adelante en su
perfección y llamamiento, que es muy necesario; que ya, como tengo dicho (3),
nos ha de valer el brazo eclesiástico y no el seglar. Y pues para lo uno ni lo
otro no valemos nada para ayudar a nuestro Rey, procuremos ser tales que valgan
nuestras oraciones para ayudar a estos siervos de Dios, que con tanto trabajo
se han fortalecido con letras y buena vida y trabajado para ayudar ahora al
Señor. 3. Podrá ser
digáis que para qué encarezco tanto esto y digo hemos de ayudar a los que son
mejores que nosotras. Yo os lo diré, porque aún no creo entendéis bien lo mucho
que debéis al Señor en traeros adonde tan quitadas estáis de negocios y
ocasiones y tratos: es grandísima merced ésta; lo que no están los que digo
(4), ni es bien que estén, en estos tiempos menos que en otros; porque han de
ser los que esfuercen la gente flaca y pongan ánimo a los pequeños. ¡Buenos
quedarían los soldados sin capitanes! Han de vivir entre los hombres y tratar
con los hombres y estar en los palacios y aun hacerse algunas veces con ellos
en lo exterior. ¿Pensáis, hijas mías, que es menester poco para tratar con el
mundo y vivir en el mundo y tratar negocios del mundo y hacerse, como he dicho
(5), a la conversación del mundo, y ser en lo interior extraños del mundo y
enemigos del mundo y estar como quien está en destierro y, en fin, no ser
hombres sino ángeles? Porque a no
ser esto así, ni merecen nombre de capitanes, ni permita el Señor salgan de sus
celdas, que más daño harán que provecho. Porque no es ahora tiempo de ver
imperfecciones en los que han de enseñar; [4] y si en lo interior no están
fortalecidos en entender lo mucho que va en tenerlo todo debajo de los pies y
estar desasidos de las cosas que se acaban y asidos a las eternas, por mucho
que lo quieran encubrir, han de dar señal. Pues ¿con quién lo han sino con el
mundo? No hayan miedo se lo perdone, ni que ninguna imperfección dejen de
entender. Cosas buenas, muchas se les pasarán por alto, y aun por ventura no
las tendrán por tales; mas mala o imperfecta, no hayan miedo. Ahora yo me
espanto quién los muestra la perfección, no para guardarla (que) de esto
ninguna obligación les parece tienen, harto les parece hacen si guardan
razonablemente los mandamientos), sino para condenar, y a las veces lo que es
virtud les parece regalo. Así que no
penséis es menester poco favor de Dios para esta gran batalla adonde se meten,
sino grandísimo. 5. Para estas
dos cosas os pido yo procuréis ser tales que merezcamos alcanzarlas de Dios: la
una, que haya muchos, de los muy muchos letrados y religiosos que hay, que
tengan las partes que son menester para esto, como he dicho, y a los que no
están muy dispuestos, los disponga el Señor; que más hará uno perfecto que
muchos que no lo estén. La otra, que después de puestos en esta pelea, que
-como digo- (6) no es pequeña, los tenga el Señor de su mano para que puedan
librarse de tantos peligros como hay en el mundo y tapar los oídos, en este
peligroso mar, del canto de las sirenas. Y si en esto podemos algo con Dios,
estando encerradas peleamos por El, y daré yo por muy bien empleados los
trabajos que he pasado por hacer este rincón (7), adonde también pretendí se
guardase esta Regla de nuestra Señora y Emperadora con la perfección que se
comenzó. 6. No os
parezca inútil ser continua esta petición, porque hay algunas personas que les
parece recia cosa no rezar mucho por su alma; y ¿qué mejor oración que ésta? Si
tenéis pena porque no se os descontará la pena del purgatorio, también se os
quitará por esta oración, y lo que más faltare, falte. ¿Qué va en que esté yo
hasta el día del juicio en el purgatorio, si por mi oración se salvase sola un
alma? ¡Cuánto más el provecho de muchas y la honra del Señor! De penas que se
acaban no hagáis caso de ellas cuando interviniere algún servicio mayor al que
tantas pasó por nosotros. Siempre os informad lo que es más perfecto (8). Así que os
pido por amor del Señor pidáis a Su Majestad nos oiga en esto. Yo, aunque
miserable, lo pido a Su Majestad, pues es para gloria suya y bien de su
Iglesia, que aquí van mis deseos. 7. Parece
atrevimiento pensar yo he de ser alguna parte para alcanzar esto. Confío yo,
Señor mío, en estas siervas vuestras que aquí están, que veo y sé no quieren
otra cosa ni la pretenden sino contentaros. Por Vos han dejado lo poco que
tenían, y quisieran tener más para serviros con ello. Pues no sois Vos, Criador
mío, desagradecido para que piense yo dejaréis de hacer lo que os suplican. Ni
aborrecisteis, Señor, cuando andabais en el mundo, las mujeres, antes las
favorecisteis siempre con mucha piedad (9). Cuando os pidiéremos honras no nos
oigáis, o rentas, o dineros, o cosa que sepa a mundo; mas para honra de vuestro
Hijo, ¿por qué no nos habéis de oír, Padre eterno, a quien perdería mil honras
y mil vidas por Vos? No por nosotras, Señor, que no lo merecemos, sino por la
sangre de vuestro Hijo y sus merecimientos. 8. ¡Oh Padre
eterno! mirad que no son de olvidar tantos azotes e injurias y tan gravísimos
tormentos. Pues, Criador mío, ¿cómo pueden sufrir unas entrañas tan amorosas
como las vuestras que lo que se hizo con tan ardiente amor de vuestro Hijo y
por más contentaros a Vos (que) mandasteis nos amase) sea tenido en tan poco
como hoy día tienen esos herejes el Santísimo Sacramento, que le quitan sus
posadas deshaciendo las iglesias? ¡Si le faltara algo por hacer para contentaros!
Mas todo lo hizo cumplido. No bastaba, Padre eterno, que no tuvo adonde
reclinar la cabeza mientras vivió (10), y siempre en tantos trabajos, sino que
ahora las que tiene para convidar sus amigos (por) vernos flacos y saber que es
menester que los que han de trabajar se sustenten de tal manjar) se las quiten?
¿Ya no había pagado bastantísimamente por el pecado de Adán? ¿Siempre que
tornamos a pecar lo ha de pagar este amantísimo Cordero? No lo permitáis,
Emperador mío. Apláquese ya Vuestra Majestad. No miréis a los pecados nuestros,
sino a que nos redimió vuestro sacratísimo Hijo, y a los merecimientos suyos y
de su Madre gloriosa y de tantos santos y mártires como han muerto por Vos. 9. ¡Ay dolor,
Señor, y quién se ha atrevido a hacer esta petición en nombre de todas! ¡Qué
mala tercera (11), hijas mías, para ser oídas, y que echase por vosotras la
petición! ¡Si ha de indignar más a este soberano Juez verme tan atrevida, y con
razón y justicia! Mas mirad, Señor, que ya sois Dios de misericordia; habedla
de esta pecadorcilla, gusanillo que así se os atreve. Mirad, Dios mío, mis
deseos y las lágrimas con que esto os suplico, y olvidad mis obras, por quien
Vos sois, y habed lástima de tantas almas como se pierden, y favoreced vuestra
Iglesia. No permitáis ya más daños en la cristiandad, Señor. Dad ya luz a estas
tinieblas. 10. Pídoos
yo, hermanas mías, por amor del Señor, encomendéis a Su Majestad esta
pobrecilla y le supliquéis la dé humildad, como cosa a que tenéis obligación.
No os encargo particularmente los reyes y prelados de la Iglesia, en especial
nuestro obispo; (12) veo a las de ahora tan cuidadosas de ello, que así me
parece no es menester más. Vean las que vinieren que teniendo santo prelado lo
serán las súbditas, y como cosa tan importante la poned siempre delante del
Señor. Y cuando vuestras oraciones y deseos y disciplinas y ayunos no se
emplearen por esto que he dicho, pensad que no hacéis ni cumplís el fin para
que aquí os juntó el Señor (13). NOTAS 1 «Torna» al
c. q, n. 2 s: tema misionero de Francia y los protestantes. 2 Con que:
equivale a aunque (en la 1ª redacción había escrito aunque). Un corrector tachó
toda la frase («con que... gran mal») en el autógrafo. 3 En el n. 1. 4 Lo que no
están (libres de negocios etc.) los que digo (predicadores y teólogos, cf. n.
2). 5 En este
mismo n. 3. 6 En los nn.
2-3. -Al margen anotó el censor de turno: «cuánto importan letrados perfectos». 7 El
monasterio de San José. 8 Omite a
continuación un pasaje interesante de la 1ª redacción: «siempre os informad de
lo que es más perfecto, pues, como os rogaré mucho y daré las causas, siempre
habéis de tratar con letrados. Ya en la 1ª redacción enmendó la Santa este
pasaje. 9 La Santa
omitió aquí un hermoso pasaje tachado en la 1ª redacción: Ni aborrecisteis,
Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo, las mujeres, antes las
favorecisteis siempre con mucha piedad, y hallasteis en ellas tanto amor y más
fe que en los hombres, pues estaba vuestra sacratísima Madre en cuyos méritos
merecemos -y por tener su hábito- lo que desmerecimos por nuestras culpas. No
basta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas... que no hagamos cosa que
valga nada por Vos en público, ni osemos hablar algunas verdades que lloramos
en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa. No lo creo yo,
Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois juez justo y no como los jueces
del mundo, que -como son hijos de Adán y, en fin, todos varones- no hay virtud
de mujer que no tengan por sospechosa. Sí, que algún día ha de haber, Rey mío,
que se conozcan todos. No hablo por mí, que ya tiene conocida el mundo mi
ruindad y yo holgado que sea pública; sino porque veo los tiempos de manera que
no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres. (Los
suspensivos son nuestros e indican un paso ilegible del autógrafo). 10 Lc 9, 58.
-Precede una alusión a Mc 7, 37. 11 Tercera:
intercesora, medianera. 12 Don Alvaro
de Mendoza (cf. Vida 33, 16). -En el ms. de Toledo añadió la Santa de propia
mano: ... y esta Orden de la Virgen sacratísima y las demás... 13 En la 1ª
redacción concluye así: y no permita el Señor esto se quite de vuestra memoria
jamás, por quien Su Majestad es. CAPÍTULO 4
En que persuade la guarda de la Regla, y de tres cosas importantes para
la vida espiritual. Declara la primera de estas tres cosas, que es amor del
prójimo, y lo que dañan amistades particulares (1).
1. Ya, hijas,
habéis visto la gran empresa que pretendemos ganar (2). ¿Qué tales habremos de
ser para que en los ojos de Dios y del mundo no nos tengan por muy atrevidas?
Está claro que hemos menester trabajar mucho, y ayuda mucho tener altos
pensamientos para que nos esforcemos a que lo sean las obras. Pues con que
procuremos guardar cumplidamente nuestra Regla y Constituciones con gran
cuidado, espero en el Señor admitirá nuestros ruegos; que no os pido cosa
nueva, hijas mías, sino que guardemos nuestra profesión, pues es nuestro
llamamiento y a lo que estamos obligadas, aunque de guardar a guardar va mucho. 2. Dice en la
primera Regla nuestra que oremos sin cesar (3). Con que se haga esto con todo
el cuidado que pudiéremos, que es lo más importante, no se dejarán de cumplir
los ayunos y disciplinas y silencio que manda la Orden. Porque ya sabéis que
para ser la oración verdadera se ha de ayudar con esto; que regalo y oración no
se compadece. 3. En esto de
oración es lo que me habéis pedido diga alguna cosa, y lo dicho hasta ahora,
para en pago de lo que dijere, os pido yo cumpláis y leáis muchas veces de
buena gana. Antes que
diga de lo interior, que es la oración, diré algunas cosas que son necesarias
tener las que pretenden llevar camino de oración, y tan necesarias que, sin ser
muy contemplativas, podrán estar muy adelante en el servicio del Señor, y es
imposible si no las tienen ser muy contemplativas, y cuando pensaren lo son,
están muy engañadas. El Señor me dé el favor para ello y me enseñe lo que tengo
de decir, porque sea para su gloria, amén. 4. No
penséis, amigas y hermanas mías, que serán muchas las cosas que os encargaré,
porque plega al Señor hagamos las que nuestros santos Padres ordenaron y
guardaron, que por este camino merecieron este nombre (4). Yerro sería buscar
otro ni deprenderle de nadie. Solas tres me extenderé en declarar, que son de
la misma Constitución, porque importa mucho entendamos lo muy mucho que nos va
en guardarlas para tener la paz que tanto nos encomendó el Señor, interior y
exteriormente: la una es amor unas con otras; otra, desasimiento de todo lo
criado; la otra, verdadera humildad, que aunque la digo a la postre, es la
principal y las abraza todas (5). 5. Cuanto a
la primera, que es amaros mucho unas a otras, va muy mucho; porque no hay cosa
enojosa que no se pase con facilidad en los que se aman y recia ha de ser
cuando dé enojo. Y si este mandamiento se guardase en el mundo como se ha de
guardar, creo aprovecharía mucho para guardar los demás; mas, más o menos,
nunca acabamos de guardarle con perfección. Parece que lo
demasiado entre nosotras no puede ser malo, y trae tanto mal y tantas
imperfecciones consigo, que no creo lo creerá sino quien ha sido testigo de
vista (6). Aquí hace el demonio muchos enredos, que en conciencias que tratan
groseramente de contentar a Dios se sienten poco y les parece virtud, y las que
tratan de perfección lo entienden mucho, porque poco a poco quita la fuerza a
la voluntad para que del todo se emplee en amar a Dios. 6. Y en
mujeres creo debe ser esto aun más que en hombres; y hace daños para la
comunidad muy notorios; porque de aquí viene el no se amar tanto todas, el
sentir el agravio que se hace a la amiga, el desear tener para regalarla, el
buscar tiempo para hablarla, y muchas veces más para decirle lo que la quiere y
otras cosas impertinentes que lo que ama a Dios. Porque estas amistades grandes
pocas veces van ordenadas a ayudarse a amar más a Dios, antes creo las hace
comenzar el demonio para comenzar bandos en las religiones; que cuando es para
servir a Su Majestad, luego se parece, que no va la voluntad con pasión, sino
procurando ayuda para vencer otras pasiones. 7. Y de estas
amistades querría yo muchas donde hay gran convento, que en esta casa, que no
son más de trece ni lo han de ser (7), aquí todas han de ser amigas, todas se
han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar; y guárdense de
estas particularidades, por amor del Señor, por santas que sean, que aun entre
hermanos suele ser ponzoña y ningún provecho en ello veo; y si son deudos, muy
peor, ¡es pestilencia! (8) Y créanme, hermanas, que aunque os parezca es éste
extremo, en él está gran perfección y gran paz, y se quitan muchas ocasiones a
las que no están muy fuertes; sino que, si la voluntad se inclinare más a una
que a otra (que) no podrá ser menos, que es natural, y muchas veces nos lleva a
amar lo más ruin si tiene más gracias de naturaleza), que nos vayamos (9) mucho
a la mano a no nos dejar enseñorear de aquella afección. Amemos las virtudes y
lo bueno interior, y siempre con estudio traigamos cuidado de apartarnos de
hacer caso de esto exterior. 8. No
consintamos, oh hermanas, que sea esclava de nadie nuestra voluntad, sino del
que la compró por su sangre (10). Miren que, sin entender cómo, se hallarán
asidas que no se puedan valer. ¡Oh, válgame Dios!, las niñerías que vienen de
aquí no tienen cuento. Y porque son tan menudas que sólo las que lo ven lo
entenderán y creerán, no hay para qué las decir aquí más de que en cualquiera
será malo y en la prelada pestilencia (11). 9. En atajar
estas parcialidades es menester gran cuidado desde el principio que se comience
la amistad; esto más con industria y amor que con rigor. Para remedio de esto
es gran cosa no estar juntas sino las horas señaladas, ni hablarse, conforme a
la costumbre que ahora llevamos, que es no estar juntas, como manda la Regla
(12), sino cada una apartada en su celda. Líbrense en San José de tener casa de
labor; (13) porque, aunque es loable costumbre, con más facilidad se guarda el
silencio cada una por sí, y acostumbrarse a soledad es gran cosa para la
oración; y pues éste ha de ser el cimiento de esta casa (14), es menester traer
estudio en aficionarnos a lo que a esto más nos ayuda. 10. Tornando
al amarnos unas a otras, parece cosa impertinente encomendarlo, porque ¿qué
gente hay tan bruta que tratándose siempre y estando en compañía y no habiendo
de tener otras conversaciones ni otros tratos ni recreaciones con personas de
fuera de casa, y creyendo nos ama Dios y ellas a él pues por Su Majestad lo
dejan todo, que no cobre amor? En especial, que la virtud siempre convida a ser
amada; y ésta, con el favor de Dios, espero en Su Majestad siempre la habrá en
las de esta casa. Así que en esto no hay que encomendar mucho, a mi parecer. 11. En cómo
ha de ser este amarse y qué cosa es amor virtuoso -el que yo deseo haya aquí- y
en qué veremos tenemos esta virtud, que es bien grande, pues nuestro Señor
tanto nos la encomendó y tan encargadamente a sus Apóstoles (15), de esto
querría yo decir ahora un poquito conforme a mi rudeza. Y si en otros libros
tan menudamente lo hallareis, no toméis nada de mí, que por ventura no sé lo
que digo. 12. De dos
maneras de amor es lo que trato: una es espiritual, porque ninguna cosa parece
toca a la sensualidad ni la ternura de nuestra naturaleza, de manera que quite
su puridad; otra es espiritual, y junto con ella nuestra sensualidad y flaqueza
o buen amor, que parece lícito, como el de los deudos y amigos. De éste ya
queda algo dicho (16). 13. Del que
es espiritual, sin que intervenga pasión ninguna, quiero ahora hablar, porque,
en habiéndola, va todo desconcertado este concierto; y si con templanza y discreción
tratamos personas virtuosas, especialmente confesores, es provechoso. Mas si en
el confesor se entendiere va encaminado a alguna vanidad, todo lo tengan por
sospechoso, y en ninguna manera, aunque sean buenas pláticas, las tengan con
él, sino con brevedad confesarse y concluir. Y lo mejor sería decir a la
prelada que no se halla bien su alma con él y mudarle. Esto es lo más acertado,
si se puede hacer sin tocarle en la honra. 14. En caso
semejante y otros que podría el demonio en cosas dificultosas enredar y no se
sabe qué consejo tomar, lo más acertado será procurar hablar a alguna persona
que tenga letras; -que habiendo necesidad dase libertad para ello-, y
confesarse con él y hacer lo que le dijere en el caso; porque, ya que no se
pueda dejar de dar algún medio, podíase errar mucho; y ¡cuántos yerros pasan en
el mundo por no hacer las cosas con consejo, en especial en lo que toca a dañar
a nadie! Dejar de dar algún medio, no se sufre; porque cuando el demonio
comienza por aquí, no es por poco, si no se ataja con brevedad; y así lo que
tengo dicho de procurar hablar con otro confesor es lo más acertado, si hay
disposición, y espero en el Señor sí habrá. 15. Miren que
va mucho en esto, que es cosa peligrosa y un infierno y daño para todas. Y digo
que no aguarden a entender mucho mal, sino que al principio lo atajen por todas
las vías que pudieren y entendieren con buena conciencia lo pueden hacer. Mas
espero yo en el Señor no permitirá que personas que han de tratar siempre en
oración puedan tener voluntad sino a quien sea muy siervo de Dios, que esto es
muy cierto, o lo es que no tienen oración ni perfección, conforme a lo que aquí
se pretende; porque, si no ven que entiende su lenguaje y es aficionado a
hablar en Dios, no le podrán amar, porque no es su semejante. Si lo es, con las
poquísimas ocasiones que aquí habrá, o será muy simple o no querrá
desasosegarse y desasosegar a las siervas de Dios. 16. Ya que he
comenzado a hablar en esto, que -como he dicho- (17) es gran daño el que el
demonio puede hacer y muy tardío en entenderse, y así se puede ir estragando la
perfección sin saber por dónde. Porque si éste (18) quiere dar lugar a vanidad
por tenerla él, lo hace todo poco aun para las otras. Dios nos libre, por quien
Su Majestad es, de cosas semejantes. A todas las monjas bastaría a turbar,
porque sus conciencias les dice al contrario de lo que el confesor y si las
aprietan en que tengan uno solo, no saben qué hacer ni cómo se sosegar; porque
quien lo había de quietar y remediar es quien hace el daño. Hartas aflicciones
debe haber de éstas en algunas partes. Háceme gran lástima, y así no os
espantéis ponga mucho en daros a entender este peligro (19). NOTAS 1 El presente
cap. corresponde a los caps. IV y V del autógrafo. En el n. 5 comenzaba nuevo
capítulo, pero la propia Santa anotó al margen del ms. de Toledo, luego de
tachar el título correspondiente: «No ha de haber aquí capítulo, que es el
mismo quinto». -Siguiendo esta indicación, reducimos a uno solo ambos
capítulos, pero conservamos el título del «quinto», en la segunda cláusula del
presente epígrafe. 2 La 1ª
redacción añadía: Por el prelado y obispo que es vuestro prelado, y por la
Orden, ya va dicho en lo dicho, pues todo es bien de la Iglesia, y eso cosa que
es de obligación... 3 Así se leía
en la versión castellana de la Regla carmelitana usada por la Santa: «Estén
todos los hermanos siempre en sus celdas, o junto a ellas, meditando y pensando
de noche y de día en la ley de Dios y velando en oraciones, si no estuvieren
ocupados en otros justos y honestos oficios y ejercicios. 4 La Santa
modificó intencionadamente este pasaje; en la 1ª redacción se leía: Plega al
Señor hagamos las que nuestro Padres ordenaron en la regla y constituciones
cumplidamente, que son con todo cumplimiento de virtud. La modificación del
texto se debió, probablemente, a la introducción de nuevas constituciones en el
monasterio reformado de S. José. 5 En este
punto concluía el cap. IV. 6 Como yo en
otras partes, añadió la Santa entre líneas en el ms. de Toledo. 7 La Santa amplió más tarde este número. Cf. Vida, c. 32, n. 13 nota 24. -Por eso, en el ms. de Toledo enmend |