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CAMINO DE PERFECCIÓN I Santa
Teresa de Avila
Contenido
De la causa que me movió a
hacer con tanta estrechura este monasterio. Que trata cómo se han de descuidar
de las necesidades corporales, y del bien que hay en la pobreza. Prosigue en los confesores.
Dice lo que importa sean letrados. Torna a la materia que comenzó
del amor perfecto. En que trata de la misma
materia de amor espiritual, y da algunos avisos para ganarle. Trata del gran bien que es
desasirse de todo lo criado interior y exteriormente. Prosigue en la mortificación,
y dice la que se ha de adquirir en las enfermedades. Trata de cómo ha de tener en
poco la vida el verdadero amador de Dios, y la honra. Que trata del gran bien que
hay en no disculparse, aunque se vean condenar sin culpa. Que comienza a tratar de la
oración. -Habla con almas que no pueden discurrir con el entendimiento. JHS
Este libro
trata de avisos y consejos que da Teresa de Jesús a las hermanas religiosas e
hijas suyas de los monasterios que con el favor de nuestro Señor y de la
gloriosa Virgen Madre de Dios, Señora nuestra, ha fundado de la Regla primera
de nuestra Señora del Carmen. En especial le dirige a las hermanas del
monasterio de San José de Avila, que fue el primero, de donde ella era priora
cuando le escribió (1). En todo lo
que en él dijere, me sujeto a lo que tiene la madre Santa Iglesia Romana, y si
alguna cosa fuere contraria a esto, es por no lo entender. Y así, a los
letrados que lo han de ver, pido, por amor de nuestro Señor, que muy
particularmente lo miren y enmienden si alguna falta en esto hubiere, y otras
muchas que tendrá en otras cosas. Si algo hubiere bueno, sea para gloria y honr
de Dios y servicio de su sacratísima Madre, Patrona y Señora nuestra, cuyo
hábito yo tengo, aunque harto indigna de él (2). NOTAS 1 Un censor
anotó enseguida: «Yo he visto este libro, y lo que de él me parece está escrito
al cabo de él y firmado de mi nombre». El fin del libro se halla, en un papel
suelto, la «aprobación», pero sin firma. A lo largo del autógrafo, el mismo
censor tachó, enmendó y glosó profusamente el texto de la Santa. Los editores
han creído tratarse del P. Báñez, pero equivocadamente. 2 Tomamos
esta protesta del ms. de Toledo. Fue compuesta por la Santa al preparar el
libro para la edición. Precede el encabezamiento: «Comienza el tratado llamado
Camino de perfección». JHS PRÓLOGO
1. Sabiendo
las hermanas de este monasterio de San José cómo tenía licencia del Padre
Presentado Fray Domingo Bañes (1), de la Orden del glorioso Santo Domingo, que
al presente es mi confesor, para escribir algunas cosas de oración en que
parece podré atinar por haber tratado con muchas personas espirituales y
santas, me han tanto importunado les diga algo de ella, que me he determinado a
las obedecer, viendo que el amor grande que me tienen puede hacer más acepto lo
imperfecto y por mal estilo que yo les dijere, que algunos libros que están muy
bien escritos de quien sabía lo que escribe (2). Y confío en sus oraciones que
podrá ser por ellas el Señor se sirva acierte a decir algo de lo que al modo y
manera de vivir que se lleva en esta casa conviene (3). Y si fuere mal
acertado, el Padre Presentado que lo ha de ver primero, lo remediará o lo
quemará, y yo no habré perdido nada en obedecer a estas siervas de Dios, y
verán lo que tengo de mí cuando Su Majestad no me ayuda. 2. Pienso
poner algunos remedios para algunas tentaciones menudas que pone el demonio
(4), que -por serlo tanto- por ventura no hacen caso de ellas, y otras cosas,
como el Señor me diere a entender y se me fueren acordando, que como no sé lo
que he de decir, no puedo decirlo con concierto; y creo es lo mejor no le
llevar, pues es cosa tan desconcertada hacer yo esto. El Señor ponga en todo lo
que hiciere sus manos para que vaya conforme a su santa voluntad, pues son
éstos mis deseos siempre, aunque las obras tan faltas como yo soy. 3. Sé que no
falta el amor y deseo en mí para ayudar en lo que yo pudiere para que las almas
de mis hermanas vayan muy adelante en el servicio del Señor. Y este amor, junto
con los años y experiencia que tengo de algunos monasterios, podrá ser
aproveche para atinar en cosas menudas más que los letrados, que por tener
otras ocupaciones más importantes y ser varones fuertes no hacen tanto caso de
cosas que en sí no parecen nada, y a cosa tan flaca como somos las mujeres todo
nos puede dañar; porque las sutilezas del demonio son muchas para las muy
encerradas, que ven son menester armas nuevas para dañar. Yo, como ruin, heme
sabido mal defender, y así querría escarmentasen mis hermanas en mí. No diré
cosa que en mí, o por verla en otras, no la tenga por experiencia (5). 4. Pocos días
ha me mandaron escribiese cierta relación de mi vida, adonde también traté
algunas cosas de oración (6). Podrá ser no quiera mi confesor le veáis, y por
esto pondré aquí alguna cosa de lo que allí va dicho y otras que también me
parecerán necesarias. El Señor lo ponga por su mano, como le he suplicado, y lo
ordene para su mayor gloria, amén. NOTAS 1 Un censor
(quizá el mismo interesado) tachó: fray Domingo Bañes. El mismo repitió la
tacha sobre el propio nombre en el epílogo del libro (c. 42, n. 7). En cambio
la Autora, al preparar el ms. de Toledo para la edición tuvo en cuenta el nuevo
título del catedrático de Prima y tachó Presentado, para escribir entre líneas:
Maestro, añadiendo luego del nombre: catedrático de Salamanca. -Sobre Báñez,
véase Vida c. 36, n. 15, nota 27. 2 Al margen
anotó uno de los censores: «San Gregorio escribió sobre Job los Morales
importunado de siervos de Dios confiando en sus oraciones, como él dice». 3 En la 1ª
redacción había escrito así: ... me han tanto importunado lo haga por tenerme
tanto amor que, aunque hay libros muchos que de esto tratan y quien sabe bien y
ha sabido lo que escribe, parece la voluntad hace aceptas algunas cosas
imperfectas y faltas más que otras muy perfectas; y, como digo, ha sido tanto
el deseo que las he visto y la importunación, que me he determinado a hacerlo,
pareciéndome por sus oraciones y humildad querrá el Señor acierte algo a decir
que les aproveche, y me lo dará para que se lo dé. 4 En la 1ª
redacción: Pienso poner algunos remedios para tentaciones de religiosas... 5 En la 1ª
redacción había añadido: o dada en oración a entender por el Señor. 6 Alude al
Libro de la Vida. CAPÍTULO 1
De la causa que me movió a hacer con tanta estrechura este monasterio.
1. Al
principio que se comenzó este monasterio a fundar (por las causas que en el
libro tengo escrito (1) están dichas, con algunas grandezas del Señor, en que
dio a entender se había mucho de servir en esta casa), no era mi intención
hubiera tanta aspereza en lo exterior ni que fuese sin renta, antes quisiera
hubiera posibilidad para que no faltara nada. En fin, como flaca y ruin; aunque
algunos buenos intentos llevaba más que mi regalo. 2. En este
tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia y el estrago que habían hecho
estos luteranos y cuánto iba en crecimiento esta desventurada secta (2). Dime
gran fatiga, y como si yo pudiera algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le
suplicaba remediase tanto mal. Parecíame que mil vidas pusiera yo para remedio
de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin e
imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el ser servicio del
Señor, y toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan
pocos amigos, que ésos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en
mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo
pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo, confiada
en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por él se
determina a dejarlo todo; y que siendo tales cuales yo las pintaba en mis
deseos, entre sus virtudes no tendrían fuerza mis faltas, y podría yo contentar
en algo al Señor, y que todas ocupadas en oración por los que son defendedores
de la Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que
pudiésemos a este Señor mío, que tan apretado le traen (3) a los que ha hecho
tanto bien, que parece le querrían tornar ahora ala cruz estos traidores y que
no tuviese adonde reclinar la cabeza. 3. ¡Oh
Redentor mío, que no puede mi corazón llegar aquí sin fatigarse mucho! ¿Qué es
esto ahora de los cristianos? ¿Siempre han de ser los que más os deben los que
os fatiguen? ¿A los que mejores obras hacéis, a los que escogéis para vuestros
amigos, entre los que andáis y os comunicáis por los sacramentos? ¿No están
hartos de los tormentos que por ellos habéis pasado? 4. Por
cierto, Señor mío, no hace nada quien ahora se aparta del mundo. Pues a Vos os
tienen tan poco ley, ¿qué esperamos nosotros? ¿Por ventura merecemos nosotros
mejor nos la tengan? ¿por ventura hémosles hecho mejores obras para que nos
guarden amistad? ¿qué es esto? ¿qué esperamos yo los que por la bondad del
Señor estamos sin aquella roña pestilencial, que ya aquéllos son del demonio?
Buen castigo han ganado por sus manos y bien han granjeado con sus deleites
fuego eterno. ¡Allá se lo hayan!, aunque no me deja de quebrar el corazón ver
tantas almas como se pierden. Mas del mal no tanto: querría no ver perder más
cada día. 5. ¡Oh
hermanas mías en Cristo! ayudadme a suplicar esto al Señor, que para eso os
juntó aquí; éste es vuestro llamamiento, éstos han de ser vuestros negocios,
éstos han de ser vuestros deseos, aquí vuestras lágrimas, éstas vuestras
peticiones; no, hermanas mías, por negocios del mundo; que yo me río y aun me
congojo de las cosas que aquí nos vienen a encargar supliquemos a Dios, de
pedir a Su Majestad rentas y dineros, y algunas personas que querría yo
suplicasen a Dios los repisasen todos. Ellos buena intención tienen y, en fin,
se hace por ver su devoción, aunque tengo para mí que en estas cosas nunca me
oye. Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como
dicen, pues le levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo,
¿y hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios se las diese,
tendríamos un alma menos en el cielo? No, hermanas mías, no es tiempo de tratar
con Dios negocios de poca importancia. 6. Por cierto
que, si no mirase a la flaqueza humana, que se consuela que las ayuden en todo
(y) es bien si fuésemos algo), que holgaría se entendiese no son éstas las
cosas que se han de suplicar a Dios con tanto cuidado. NOTAS 1 El Libro de
la Vida, de que se ha hablado en el n. anterior: cf. cc. 32-36. 2 Al margen
escribió el mismo censor (cf. Pról. n. 1 nota 2): «El intento que le motivó a
escribir vida tan estrecha» 3 Completar:
tan apretado le traen aquellos a los que... -Sigue una alusión a Lc 9, 58. CAPÍTULO 2
Que trata cómo se han de descuidar de las necesidades corporales, y del
bien que hay en la pobreza.
1. No
penséis, hermanas mías, que por no andar a contentar a los del mundo os ha de
faltar de comer, yo os aseguro. Jamás por artificios humanos pretendáis
sustentaros, que moriréis de hambre, y con razón. Los ojos en vuestro esposo;
él os ha de sustentar. Contento él, aunque no quieran, os darán de comer los
menos vuestros devotos, como lo habéis visto por experiencia. Si haciendo
vosotras esto muriereis de hambre, ¡bienaventuradas las monjas de San José!
Esto no se os olvide, por amor del Señor. Pues dejáis la renta, dejad el
cuidado de la comida; si no, todo va perdido. Los que quiere el Señor que la
tengan, tengan enhorabuena esos cuidados, que es mucha razón, pues es su
llamamiento; mas nosotras, hermanas, es disparate. 2. Cuidado de
rentas ajenas, me parece a mí sería estar pensando en lo que los otros gozan.
Sí, que por vuestro cuidado no muda el otro su pensamiento ni se le pone deseo
de dar limosna. Dejad ese cuidado a quien los puede mover a todos, que es el
Señor de las rentas y de los renteros. Por su mandamiento venimos aquí;
verdaderas son sus palabras; no pueden faltar; antes faltarán los cielos y la
tierra (1.) No le faltemos nosotras, que no hayáis miedo que falte. Y si alguna
vez os faltare, será para mayor bien, como faltaban las vidas a los santos
cuando los mataban por el Señor, y era para aumentarles la gloria por el
martirio. Buen trueco sería acabar presto con todo y gozar de la hartura
perdurable. 3. Mirad,
hermanas, que va mucho en esto muerta yo, que para esto os lo dejo escrito; que
mientras yo viviere os lo acordaré, que por experiencia veo la gran ganancia:
cuando menos hay, más descuidada estoy, y sabe el Señor que, a mi parecer, me
da más pena cuando mucho sobra que cuando nos falta. No sé si lo hace como ya
tengo visto nos lo da luego el Señor. Sería engañar el mundo otra cosa,
hacernos pobres no lo siendo de espíritu, sino en lo exterior. Conciencia se me
haría, a manera de decir, y parecerme hía era pedir limosna las ricas, y plega
a Dios no sea así, que adonde hay estos cuidados demasiados de que den, una vez
u otra se irán por la costumbre, o podrían ir y pedir lo que no han menester,
por ventura a quien tiene más necesidad. Y aunque ellos no pueden perder nada
sino ganar, nosotras perderíamos. No plega a Dios, mis hijas. Cuando esto
hubiera de ser, más quisiera tuvierais renta. 4. En ninguna
manera se ocupe en esto el pensamiento, os pido por amor de Dios en limosna. Y
la más chiquita, cuando esto entendiese alguna vez en esta casa, clame a Su
Majestad y acuérdelo a la mayor. Con humildad le diga que va errada; y valo
tanto, que poco a poco se va perdiendo la verdadera pobreza. Yo espero en el
Señor no será así ni dejará a sus siervas. Y para esto, aunque no sea para más,
aproveche esto que me habéis mandado escribir por despertador. 5. Y crean,
mis hijas, que para vuestro bien me ha dado el Señor un poquito a entender los
bienes que hay en la santa pobreza, y las que lo probaren lo entenderán, quizá
no tanto como yo; porque no sólo no había sido pobre de espíritu, aunque lo
tenía profesado, sino loca de espíritu. Ello es un bien que todos los bienes
del mundo encierra en sí (2). Es un señorío grande. Digo que es señorear todos
los bienes de él otra vez a quien no se le da nada de ellos. ¿Qué se me da a mí
de los reyes y señores, si no quiero sus rentas, ni de tenerlos contentos, si
un tantito se atraviesa haber de descontentar en algo por ellos a Dios? ¿Ni qué
se me da de sus honras, si tengo entendido en lo que está ser muy honrado un
pobre, que es en ser verdaderamente pobre? 6. Tengo para
mí que honras y dineros casi siempre andan juntos, y que quien quiere honra no
aborrece dineros, y que quien los aborrece que se le da poco de honra.
Entiéndase bien esto, que me parece que esto de honra siempre trae consigo
algún interés de rentas o dineros; porque por maravilla hay honrado (3) en el
mundo si es pobre; antes, aunque lo sea en sí, le tienen en poco. La verdadera
pobreza trae una honraza consigo que no hay quien la sufra; la pobreza que es
tomada por solo Dios, digo, no ha menester contentar a nadie, sino a él. Y es
cosa muy cierta, en no habiendo menester a nadie, tener muchos amigos. Yo lo
tengo bien visto por experiencia. 7. Porque hay
tanto escrito de esta virtud que no lo sabré yo entender, cuánto más decir, y
por no la agraviar en loarla yo, no digo más de ella. Sólo he dicho lo que he
visto por experiencia, y yo confieso que he ido tan embebida, que no me he entendido
hasta ahora. Mas, pues está dicho, por amor del Señor, pues son nuestras armas
la santa pobreza y lo que al principio de la fundación de nuestra Orden tanto
se estimaba y guardaba en nuestros santos Padres (que) me ha dicho quien la
sabe, que de un día para otro no guardaban nada), ya que en tanta perfección en
lo exterior no se guarde, en lo interior procuremos tenerla. Dos horas son de
vida, grandísimo el premio; y cuando no hubiera ninguno sino cumplir lo que nos
aconsejó el Señor, era grande la paga imitar en algo a Su Majestad. 8. Estas
armas han de tener nuestras banderas, que de todas maneras lo queramos guardar:
en casa, en vestidos, en palabras y mucho más en el pensamiento. Y mientras
esto hicieren, no hayan miedo caiga la religión de esta casa, con el favor de
Dios; que, como decía Santa Clara, grandes muros son los de la pobreza. De
éstos, decía ella, y de humildad quería cercar sus monasterios (4). Y a buen
seguro, si se guarda de verdad, que esté la honestidad y todo lo demás
fortalecido mucho mejor que con muy suntuosos edificios. De esto se guarden;
por amor de Dios y por su sangre se lo pido yo; y si con conciencia puedo
decir, que el día que tal hicieren se torne a caer (5). 9. Muy mal
parece, hijas mías, de la hacienda de los pobrecitos se hagan grandes casas. No
lo permita Dios, sino pobre en todo y chica. Parezcámonos en algo a nuestro
Rey, que no tuvo casa, sino en el portal de Belén adonde nació, y la cruz
adonde murió. Casas eran éstas adonde se podía tener poca recreación. Los que
las hacen grandes, ellos se entenderán; llevan otros intentos santos. Mas trece
pobrecitas, cualquier rincón les basta. Si porque es menester por el mucho
encerramiento tuvieren campo (y) aun ayuda a la oración y devoción) con algunas
ermitas para apartarse a orar, enhorabuena; mas edificios y casa grande ni
curioso nada, ¡Dios nos libre! Siempre os acordad se ha de caer todo el día del
juicio; ¿qué sabemos si será presto? 10. Pues
hacer mucho ruido al caerse casa de trece pobrecillas no es bien, que los pobres
verdaderos no han de hacer ruido; gente sin ruido ha de ser para que los hayan
lástima. Y cómo se holgarán si ven alguno por la limosna que les ha hecho
librarse del infierno; que todo es posible, porque están muy obligadas a rogar
por sus almas muy continuamente, pues os dan de comer; (6) que también quiere
el Señor que, aunque viene de su parte, lo agradezcamos a las personas por cuyo
medio nos lo da; y de esto no haya descuido. 11. No sé lo
que había comenzado a decir, que me he divertido. Creo lo ha querido el Señor,
porque nunca pensé escribir lo que aquí he dicho. Su Majestad nos tenga siempre
de su mano para que no se caiga de ello, amén. NOTAS 1 Cf. Lc. 21,
33. 2 En la 1ª
redacción se lee: ... todos los bienes del mundo encierra en sí y, creo, muchos
de los de todas las virtudes. En esto no me afirmo, porque no sé el valor que
tiene cada una, y lo que no me parece entiendo bien, no lo dirá; mas tengo para
mí que abraza a muchas. 3 Honrado:
ser objeto de honores. 4 Lo leyó en
una de las vidas de S. Clara. En 1526 se había editado en Toledo la Leyenda
mayor de S. Francisco y S. Clara, de S. Buenaventura (n. 13. BAC p. 144). 5 En la 1ª
redacción había escrito con mucha más fuerza: y si con conciencia puedo [?]
decir que el día que tal quisieren se torne a caer que las mate a todas, yendo
con buena conciencia, lo digo y lo suplicará a Dios. 6 El mismo
inciso en cursiva está tomado de la 1ª redacción. La Santa lo omitió por
descuido al pasar la página. Ya fray Luis de León (p. 10) lo introdujo en el
texto. La propia Santa, al corregir el ms. de Salamanca, enmendó entre líneas:
«muy obligadas de encomendarlos a Dios». CAPÍTULO 3
Prosigue lo que en el primero comencé a tratar, y persuade a las
hermanas a que se ocupen siempre en suplicar a Dios favorezca a los que
trabajan por la Iglesia. -Acaba con una exclamación.
1. Tornando a
lo principal (1) para lo que el Señor nos juntó en esta casa y por lo que yo
mucho deseo seamos algo para que contentemos a Su Majestad, digo que viendo tan
grandes males que fuerzas humanas no bastan a atajar este fuego de estos
herejes, con que (2) se ha pretendido hacer gente para si pudieran a fuerza de
armas remediar tan gran mal y que va tan adelante, hame parecido es menester
como cuando los enemigos en tiempo de guerra han corrido toda la tierra, y
viéndose el Señor de ella apretado se recoge a una ciudad, que hace muy bien
fortalecer, y desde allí acaece algunas veces dar en los contrarios y ser tales
los que están en la ciudad, como es gente escogida, que pueden más ellos a
solas que con muchos soldados, si eran cobardes, pudieron, y muchas veces se
gana de esta manera victoria; al menos, aunque no se gane, no los vencen;
porque, como no haya traidor, si no es por hambre, no los pueden ganar. Acá
esta hambre no la puede haber que baste a que se rindan; a morir sí, mas no a
quedar vencidos. 2. Mas ¿para
qué he dicho esto? Para que entendáis, hermanas mías, que lo que hemos de pedir
a Dios es que en este castillito que hay ya de buenos cristianos no se nos vaya
ya ninguno con los contrarios, y a los capitanes de este castillo o ciudad, los
haga muy aventajados en el camino del Señor, que son los predicadores y
teólogos; y pues los más están en las religiones, que vayan muy adelante en su
perfección y llamamiento, que es muy necesario; que ya, como tengo dicho (3),
nos ha de valer el brazo eclesiástico y no el seglar. Y pues para lo uno ni lo
otro no valemos nada para ayudar a nuestro Rey, procuremos ser tales que valgan
nuestras oraciones para ayudar a estos siervos de Dios, que con tanto trabajo
se han fortalecido con letras y buena vida y trabajado para ayudar ahora al
Señor. 3. Podrá ser
digáis que para qué encarezco tanto esto y digo hemos de ayudar a los que son
mejores que nosotras. Yo os lo diré, porque aún no creo entendéis bien lo mucho
que debéis al Señor en traeros adonde tan quitadas estáis de negocios y
ocasiones y tratos: es grandísima merced ésta; lo que no están los que digo
(4), ni es bien que estén, en estos tiempos menos que en otros; porque han de
ser los que esfuercen la gente flaca y pongan ánimo a los pequeños. ¡Buenos
quedarían los soldados sin capitanes! Han de vivir entre los hombres y tratar
con los hombres y estar en los palacios y aun hacerse algunas veces con ellos
en lo exterior. ¿Pensáis, hijas mías, que es menester poco para tratar con el
mundo y vivir en el mundo y tratar negocios del mundo y hacerse, como he dicho
(5), a la conversación del mundo, y ser en lo interior extraños del mundo y
enemigos del mundo y estar como quien está en destierro y, en fin, no ser
hombres sino ángeles? Porque a no
ser esto así, ni merecen nombre de capitanes, ni permita el Señor salgan de sus
celdas, que más daño harán que provecho. Porque no es ahora tiempo de ver
imperfecciones en los que han de enseñar; [4] y si en lo interior no están
fortalecidos en entender lo mucho que va en tenerlo todo debajo de los pies y
estar desasidos de las cosas que se acaban y asidos a las eternas, por mucho
que lo quieran encubrir, han de dar señal. Pues ¿con quién lo han sino con el
mundo? No hayan miedo se lo perdone, ni que ninguna imperfección dejen de
entender. Cosas buenas, muchas se les pasarán por alto, y aun por ventura no
las tendrán por tales; mas mala o imperfecta, no hayan miedo. Ahora yo me
espanto quién los muestra la perfección, no para guardarla (que) de esto
ninguna obligación les parece tienen, harto les parece hacen si guardan
razonablemente los mandamientos), sino para condenar, y a las veces lo que es
virtud les parece regalo. Así que no
penséis es menester poco favor de Dios para esta gran batalla adonde se meten,
sino grandísimo. 5. Para estas
dos cosas os pido yo procuréis ser tales que merezcamos alcanzarlas de Dios: la
una, que haya muchos, de los muy muchos letrados y religiosos que hay, que
tengan las partes que son menester para esto, como he dicho, y a los que no
están muy dispuestos, los disponga el Señor; que más hará uno perfecto que
muchos que no lo estén. La otra, que después de puestos en esta pelea, que
-como digo- (6) no es pequeña, los tenga el Señor de su mano para que puedan
librarse de tantos peligros como hay en el mundo y tapar los oídos, en este
peligroso mar, del canto de las sirenas. Y si en esto podemos algo con Dios,
estando encerradas peleamos por El, y daré yo por muy bien empleados los
trabajos que he pasado por hacer este rincón (7), adonde también pretendí se
guardase esta Regla de nuestra Señora y Emperadora con la perfección que se
comenzó. 6. No os
parezca inútil ser continua esta petición, porque hay algunas personas que les
parece recia cosa no rezar mucho por su alma; y ¿qué mejor oración que ésta? Si
tenéis pena porque no se os descontará la pena del purgatorio, también se os
quitará por esta oración, y lo que más faltare, falte. ¿Qué va en que esté yo
hasta el día del juicio en el purgatorio, si por mi oración se salvase sola un
alma? ¡Cuánto más el provecho de muchas y la honra del Señor! De penas que se
acaban no hagáis caso de ellas cuando interviniere algún servicio mayor al que
tantas pasó por nosotros. Siempre os informad lo que es más perfecto (8). Así que os
pido por amor del Señor pidáis a Su Majestad nos oiga en esto. Yo, aunque
miserable, lo pido a Su Majestad, pues es para gloria suya y bien de su
Iglesia, que aquí van mis deseos. 7. Parece
atrevimiento pensar yo he de ser alguna parte para alcanzar esto. Confío yo,
Señor mío, en estas siervas vuestras que aquí están, que veo y sé no quieren
otra cosa ni la pretenden sino contentaros. Por Vos han dejado lo poco que
tenían, y quisieran tener más para serviros con ello. Pues no sois Vos, Criador
mío, desagradecido para que piense yo dejaréis de hacer lo que os suplican. Ni
aborrecisteis, Señor, cuando andabais en el mundo, las mujeres, antes las
favorecisteis siempre con mucha piedad (9). Cuando os pidiéremos honras no nos
oigáis, o rentas, o dineros, o cosa que sepa a mundo; mas para honra de vuestro
Hijo, ¿por qué no nos habéis de oír, Padre eterno, a quien perdería mil honras
y mil vidas por Vos? No por nosotras, Señor, que no lo merecemos, sino por la
sangre de vuestro Hijo y sus merecimientos. 8. ¡Oh Padre
eterno! mirad que no son de olvidar tantos azotes e injurias y tan gravísimos
tormentos. Pues, Criador mío, ¿cómo pueden sufrir unas entrañas tan amorosas
como las vuestras que lo que se hizo con tan ardiente amor de vuestro Hijo y
por más contentaros a Vos (que) mandasteis nos amase) sea tenido en tan poco
como hoy día tienen esos herejes el Santísimo Sacramento, que le quitan sus
posadas deshaciendo las iglesias? ¡Si le faltara algo por hacer para contentaros!
Mas todo lo hizo cumplido. No bastaba, Padre eterno, que no tuvo adonde
reclinar la cabeza mientras vivió (10), y siempre en tantos trabajos, sino que
ahora las que tiene para convidar sus amigos (por) vernos flacos y saber que es
menester que los que han de trabajar se sustenten de tal manjar) se las quiten?
¿Ya no había pagado bastantísimamente por el pecado de Adán? ¿Siempre que
tornamos a pecar lo ha de pagar este amantísimo Cordero? No lo permitáis,
Emperador mío. Apláquese ya Vuestra Majestad. No miréis a los pecados nuestros,
sino a que nos redimió vuestro sacratísimo Hijo, y a los merecimientos suyos y
de su Madre gloriosa y de tantos santos y mártires como han muerto por Vos. 9. ¡Ay dolor,
Señor, y quién se ha atrevido a hacer esta petición en nombre de todas! ¡Qué
mala tercera (11), hijas mías, para ser oídas, y que echase por vosotras la
petición! ¡Si ha de indignar más a este soberano Juez verme tan atrevida, y con
razón y justicia! Mas mirad, Señor, que ya sois Dios de misericordia; habedla
de esta pecadorcilla, gusanillo que así se os atreve. Mirad, Dios mío, mis
deseos y las lágrimas con que esto os suplico, y olvidad mis obras, por quien
Vos sois, y habed lástima de tantas almas como se pierden, y favoreced vuestra
Iglesia. No permitáis ya más daños en la cristiandad, Señor. Dad ya luz a estas
tinieblas. 10. Pídoos
yo, hermanas mías, por amor del Señor, encomendéis a Su Majestad esta
pobrecilla y le supliquéis la dé humildad, como cosa a que tenéis obligación.
No os encargo particularmente los reyes y prelados de la Iglesia, en especial
nuestro obispo; (12) veo a las de ahora tan cuidadosas de ello, que así me
parece no es menester más. Vean las que vinieren que teniendo santo prelado lo
serán las súbditas, y como cosa tan importante la poned siempre delante del
Señor. Y cuando vuestras oraciones y deseos y disciplinas y ayunos no se
emplearen por esto que he dicho, pensad que no hacéis ni cumplís el fin para
que aquí os juntó el Señor (13). NOTAS 1 «Torna» al
c. q, n. 2 s: tema misionero de Francia y los protestantes. 2 Con que:
equivale a aunque (en la 1ª redacción había escrito aunque). Un corrector tachó
toda la frase («con que... gran mal») en el autógrafo. 3 En el n. 1. 4 Lo que no
están (libres de negocios etc.) los que digo (predicadores y teólogos, cf. n.
2). 5 En este
mismo n. 3. 6 En los nn.
2-3. -Al margen anotó el censor de turno: «cuánto importan letrados perfectos». 7 El
monasterio de San José. 8 Omite a
continuación un pasaje interesante de la 1ª redacción: «siempre os informad de
lo que es más perfecto, pues, como os rogaré mucho y daré las causas, siempre
habéis de tratar con letrados. Ya en la 1ª redacción enmendó la Santa este
pasaje. 9 La Santa
omitió aquí un hermoso pasaje tachado en la 1ª redacción: Ni aborrecisteis,
Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo, las mujeres, antes las
favorecisteis siempre con mucha piedad, y hallasteis en ellas tanto amor y más
fe que en los hombres, pues estaba vuestra sacratísima Madre en cuyos méritos
merecemos -y por tener su hábito- lo que desmerecimos por nuestras culpas. No
basta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas... que no hagamos cosa que
valga nada por Vos en público, ni osemos hablar algunas verdades que lloramos
en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa. No lo creo yo,
Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois juez justo y no como los jueces
del mundo, que -como son hijos de Adán y, en fin, todos varones- no hay virtud
de mujer que no tengan por sospechosa. Sí, que algún día ha de haber, Rey mío,
que se conozcan todos. No hablo por mí, que ya tiene conocida el mundo mi
ruindad y yo holgado que sea pública; sino porque veo los tiempos de manera que
no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres. (Los
suspensivos son nuestros e indican un paso ilegible del autógrafo). 10 Lc 9, 58.
-Precede una alusión a Mc 7, 37. 11 Tercera:
intercesora, medianera. 12 Don Alvaro
de Mendoza (cf. Vida 33, 16). -En el ms. de Toledo añadió la Santa de propia
mano: ... y esta Orden de la Virgen sacratísima y las demás... 13 En la 1ª
redacción concluye así: y no permita el Señor esto se quite de vuestra memoria
jamás, por quien Su Majestad es. CAPÍTULO 4
En que persuade la guarda de la Regla, y de tres cosas importantes para
la vida espiritual. Declara la primera de estas tres cosas, que es amor del
prójimo, y lo que dañan amistades particulares (1).
1. Ya, hijas,
habéis visto la gran empresa que pretendemos ganar (2). ¿Qué tales habremos de
ser para que en los ojos de Dios y del mundo no nos tengan por muy atrevidas?
Está claro que hemos menester trabajar mucho, y ayuda mucho tener altos
pensamientos para que nos esforcemos a que lo sean las obras. Pues con que
procuremos guardar cumplidamente nuestra Regla y Constituciones con gran
cuidado, espero en el Señor admitirá nuestros ruegos; que no os pido cosa
nueva, hijas mías, sino que guardemos nuestra profesión, pues es nuestro
llamamiento y a lo que estamos obligadas, aunque de guardar a guardar va mucho. 2. Dice en la
primera Regla nuestra que oremos sin cesar (3). Con que se haga esto con todo
el cuidado que pudiéremos, que es lo más importante, no se dejarán de cumplir
los ayunos y disciplinas y silencio que manda la Orden. Porque ya sabéis que
para ser la oración verdadera se ha de ayudar con esto; que regalo y oración no
se compadece. 3. En esto de
oración es lo que me habéis pedido diga alguna cosa, y lo dicho hasta ahora,
para en pago de lo que dijere, os pido yo cumpláis y leáis muchas veces de
buena gana. Antes que
diga de lo interior, que es la oración, diré algunas cosas que son necesarias
tener las que pretenden llevar camino de oración, y tan necesarias que, sin ser
muy contemplativas, podrán estar muy adelante en el servicio del Señor, y es
imposible si no las tienen ser muy contemplativas, y cuando pensaren lo son,
están muy engañadas. El Señor me dé el favor para ello y me enseñe lo que tengo
de decir, porque sea para su gloria, amén. 4. No
penséis, amigas y hermanas mías, que serán muchas las cosas que os encargaré,
porque plega al Señor hagamos las que nuestros santos Padres ordenaron y
guardaron, que por este camino merecieron este nombre (4). Yerro sería buscar
otro ni deprenderle de nadie. Solas tres me extenderé en declarar, que son de
la misma Constitución, porque importa mucho entendamos lo muy mucho que nos va
en guardarlas para tener la paz que tanto nos encomendó el Señor, interior y
exteriormente: la una es amor unas con otras; otra, desasimiento de todo lo
criado; la otra, verdadera humildad, que aunque la digo a la postre, es la
principal y las abraza todas (5). 5. Cuanto a
la primera, que es amaros mucho unas a otras, va muy mucho; porque no hay cosa
enojosa que no se pase con facilidad en los que se aman y recia ha de ser
cuando dé enojo. Y si este mandamiento se guardase en el mundo como se ha de
guardar, creo aprovecharía mucho para guardar los demás; mas, más o menos,
nunca acabamos de guardarle con perfección. Parece que lo
demasiado entre nosotras no puede ser malo, y trae tanto mal y tantas
imperfecciones consigo, que no creo lo creerá sino quien ha sido testigo de
vista (6). Aquí hace el demonio muchos enredos, que en conciencias que tratan
groseramente de contentar a Dios se sienten poco y les parece virtud, y las que
tratan de perfección lo entienden mucho, porque poco a poco quita la fuerza a
la voluntad para que del todo se emplee en amar a Dios. 6. Y en
mujeres creo debe ser esto aun más que en hombres; y hace daños para la
comunidad muy notorios; porque de aquí viene el no se amar tanto todas, el
sentir el agravio que se hace a la amiga, el desear tener para regalarla, el
buscar tiempo para hablarla, y muchas veces más para decirle lo que la quiere y
otras cosas impertinentes que lo que ama a Dios. Porque estas amistades grandes
pocas veces van ordenadas a ayudarse a amar más a Dios, antes creo las hace
comenzar el demonio para comenzar bandos en las religiones; que cuando es para
servir a Su Majestad, luego se parece, que no va la voluntad con pasión, sino
procurando ayuda para vencer otras pasiones. 7. Y de estas
amistades querría yo muchas donde hay gran convento, que en esta casa, que no
son más de trece ni lo han de ser (7), aquí todas han de ser amigas, todas se
han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar; y guárdense de
estas particularidades, por amor del Señor, por santas que sean, que aun entre
hermanos suele ser ponzoña y ningún provecho en ello veo; y si son deudos, muy
peor, ¡es pestilencia! (8) Y créanme, hermanas, que aunque os parezca es éste
extremo, en él está gran perfección y gran paz, y se quitan muchas ocasiones a
las que no están muy fuertes; sino que, si la voluntad se inclinare más a una
que a otra (que) no podrá ser menos, que es natural, y muchas veces nos lleva a
amar lo más ruin si tiene más gracias de naturaleza), que nos vayamos (9) mucho
a la mano a no nos dejar enseñorear de aquella afección. Amemos las virtudes y
lo bueno interior, y siempre con estudio traigamos cuidado de apartarnos de
hacer caso de esto exterior. 8. No
consintamos, oh hermanas, que sea esclava de nadie nuestra voluntad, sino del
que la compró por su sangre (10). Miren que, sin entender cómo, se hallarán
asidas que no se puedan valer. ¡Oh, válgame Dios!, las niñerías que vienen de
aquí no tienen cuento. Y porque son tan menudas que sólo las que lo ven lo
entenderán y creerán, no hay para qué las decir aquí más de que en cualquiera
será malo y en la prelada pestilencia (11). 9. En atajar
estas parcialidades es menester gran cuidado desde el principio que se comience
la amistad; esto más con industria y amor que con rigor. Para remedio de esto
es gran cosa no estar juntas sino las horas señaladas, ni hablarse, conforme a
la costumbre que ahora llevamos, que es no estar juntas, como manda la Regla
(12), sino cada una apartada en su celda. Líbrense en San José de tener casa de
labor; (13) porque, aunque es loable costumbre, con más facilidad se guarda el
silencio cada una por sí, y acostumbrarse a soledad es gran cosa para la
oración; y pues éste ha de ser el cimiento de esta casa (14), es menester traer
estudio en aficionarnos a lo que a esto más nos ayuda. 10. Tornando
al amarnos unas a otras, parece cosa impertinente encomendarlo, porque ¿qué
gente hay tan bruta que tratándose siempre y estando en compañía y no habiendo
de tener otras conversaciones ni otros tratos ni recreaciones con personas de
fuera de casa, y creyendo nos ama Dios y ellas a él pues por Su Majestad lo
dejan todo, que no cobre amor? En especial, que la virtud siempre convida a ser
amada; y ésta, con el favor de Dios, espero en Su Majestad siempre la habrá en
las de esta casa. Así que en esto no hay que encomendar mucho, a mi parecer. 11. En cómo
ha de ser este amarse y qué cosa es amor virtuoso -el que yo deseo haya aquí- y
en qué veremos tenemos esta virtud, que es bien grande, pues nuestro Señor
tanto nos la encomendó y tan encargadamente a sus Apóstoles (15), de esto
querría yo decir ahora un poquito conforme a mi rudeza. Y si en otros libros
tan menudamente lo hallareis, no toméis nada de mí, que por ventura no sé lo
que digo. 12. De dos
maneras de amor es lo que trato: una es espiritual, porque ninguna cosa parece
toca a la sensualidad ni la ternura de nuestra naturaleza, de manera que quite
su puridad; otra es espiritual, y junto con ella nuestra sensualidad y flaqueza
o buen amor, que parece lícito, como el de los deudos y amigos. De éste ya
queda algo dicho (16). 13. Del que
es espiritual, sin que intervenga pasión ninguna, quiero ahora hablar, porque,
en habiéndola, va todo desconcertado este concierto; y si con templanza y discreción
tratamos personas virtuosas, especialmente confesores, es provechoso. Mas si en
el confesor se entendiere va encaminado a alguna vanidad, todo lo tengan por
sospechoso, y en ninguna manera, aunque sean buenas pláticas, las tengan con
él, sino con brevedad confesarse y concluir. Y lo mejor sería decir a la
prelada que no se halla bien su alma con él y mudarle. Esto es lo más acertado,
si se puede hacer sin tocarle en la honra. 14. En caso
semejante y otros que podría el demonio en cosas dificultosas enredar y no se
sabe qué consejo tomar, lo más acertado será procurar hablar a alguna persona
que tenga letras; -que habiendo necesidad dase libertad para ello-, y
confesarse con él y hacer lo que le dijere en el caso; porque, ya que no se
pueda dejar de dar algún medio, podíase errar mucho; y ¡cuántos yerros pasan en
el mundo por no hacer las cosas con consejo, en especial en lo que toca a dañar
a nadie! Dejar de dar algún medio, no se sufre; porque cuando el demonio
comienza por aquí, no es por poco, si no se ataja con brevedad; y así lo que
tengo dicho de procurar hablar con otro confesor es lo más acertado, si hay
disposición, y espero en el Señor sí habrá. 15. Miren que
va mucho en esto, que es cosa peligrosa y un infierno y daño para todas. Y digo
que no aguarden a entender mucho mal, sino que al principio lo atajen por todas
las vías que pudieren y entendieren con buena conciencia lo pueden hacer. Mas
espero yo en el Señor no permitirá que personas que han de tratar siempre en
oración puedan tener voluntad sino a quien sea muy siervo de Dios, que esto es
muy cierto, o lo es que no tienen oración ni perfección, conforme a lo que aquí
se pretende; porque, si no ven que entiende su lenguaje y es aficionado a
hablar en Dios, no le podrán amar, porque no es su semejante. Si lo es, con las
poquísimas ocasiones que aquí habrá, o será muy simple o no querrá
desasosegarse y desasosegar a las siervas de Dios. 16. Ya que he
comenzado a hablar en esto, que -como he dicho- (17) es gran daño el que el
demonio puede hacer y muy tardío en entenderse, y así se puede ir estragando la
perfección sin saber por dónde. Porque si éste (18) quiere dar lugar a vanidad
por tenerla él, lo hace todo poco aun para las otras. Dios nos libre, por quien
Su Majestad es, de cosas semejantes. A todas las monjas bastaría a turbar,
porque sus conciencias les dice al contrario de lo que el confesor y si las
aprietan en que tengan uno solo, no saben qué hacer ni cómo se sosegar; porque
quien lo había de quietar y remediar es quien hace el daño. Hartas aflicciones
debe haber de éstas en algunas partes. Háceme gran lástima, y así no os
espantéis ponga mucho en daros a entender este peligro (19). NOTAS 1 El presente
cap. corresponde a los caps. IV y V del autógrafo. En el n. 5 comenzaba nuevo
capítulo, pero la propia Santa anotó al margen del ms. de Toledo, luego de
tachar el título correspondiente: «No ha de haber aquí capítulo, que es el
mismo quinto». -Siguiendo esta indicación, reducimos a uno solo ambos
capítulos, pero conservamos el título del «quinto», en la segunda cláusula del
presente epígrafe. 2 La 1ª
redacción añadía: Por el prelado y obispo que es vuestro prelado, y por la
Orden, ya va dicho en lo dicho, pues todo es bien de la Iglesia, y eso cosa que
es de obligación... 3 Así se leía
en la versión castellana de la Regla carmelitana usada por la Santa: «Estén
todos los hermanos siempre en sus celdas, o junto a ellas, meditando y pensando
de noche y de día en la ley de Dios y velando en oraciones, si no estuvieren
ocupados en otros justos y honestos oficios y ejercicios. 4 La Santa
modificó intencionadamente este pasaje; en la 1ª redacción se leía: Plega al
Señor hagamos las que nuestro Padres ordenaron en la regla y constituciones
cumplidamente, que son con todo cumplimiento de virtud. La modificación del
texto se debió, probablemente, a la introducción de nuevas constituciones en el
monasterio reformado de S. José. 5 En este
punto concluía el cap. IV. 6 Como yo en
otras partes, añadió la Santa entre líneas en el ms. de Toledo. 7 La Santa
amplió más tarde este número. Cf. Vida, c. 32, n. 13 nota 24. -Por eso, en el
ms. de Toledo enmendó el texto así: ... en esta casa que son pocas, todas han
de... 8 En la
redacción 1ª añadió: «si no, mírenlo por Josef», aludiendo al episodio bíblico
de los hijos de Jacob (Gn 37). -La frase siguiente -«¡es pestilencia!- es una
especie de anatema teresiano que indica la gravedad y contagiosidad de un mal
moral (cf. n. 8)). 9 Vamos,
escribió la Santa. 10 Alusión a
1 Pt 1, 19. 11 El ms. de
El Escorial ofrece una variante de interés: Y porque no se entiendan tantas
flaquezas de mujeres y no deprendan las que no lo saben, no las quiero decir
por menudo. Mas, cierto, a mí me espantaban algunas veces verlas, que yo, por
la bondad de Dios, en este caso jamás me así mucho, y por ventura sería porque
lo estaba en otras cosas peores; mas, como digo, vilo muchas veces. Y en los
más monasterios temo que pasa, porque en algunos lo he visto, y sé que para
mucha religión y perfección es malísima cosa en todas. En la prelada sería
pestilencia; esto ya se está dicho. 12
Constitución, escribió en la 1ª redacción. 13 Casa de
labor: oficina para el trabajo en común. 14 La 1ª
redacción añadía: ... y a esto nos juntamos, más que ninguna otra cosa hemos de
traer estudio en aficionarnos a lo que a esto nos aprovecha. 15 Jn 13, 34. 16 Todo este
pasaje fue decididamente modificado por la Autora, que no contenta con la
segunda redacción (ms. de Valladolid), arrancó íntegra la hoja del propio
autógrafo y la sustituyó con la que ahora leemos. Con todo, la redacción 1ª
(ms. del Escorial) sigue siendo interesante, y por ello la trascribimos
íntegra: ... otro es espiritual y que junta con él nuestra sensualidad y
flaqueza; que esto es lo que hace al caso: estas dos maneras de amarnos sin que
intervenga pasión ninguna, porque en habiéndola, va todo desconcertado este
concierto; y si con templanza y discreción tratamos el amor que tengo dicho, va
todo meritorio, porque lo que nos parece sensualidad se torna en virtud; sino
que va tan entremetido, que a veces no hay quien lo entienda, en especial si es
con algún confesor; que personas que tratan oración, si le ven santo y las
entiende la manera de proceder, tómase mucho amor. Y aquí da el demonio gran
batería de escrúpulos, que desasosiega el alma harto, que esto pretende él. En
especial si el confesor la trae a más perfección apriétala tanto que le viene a
dejar. Y no la deja con otro ni con otro de atormentar aquella tentación. Lo que en
esto pueden hacer es procurar no ocupar el pensamiento en si quieren o no
quieren; sino si quisieren, quieran. Porque, pues cobramos amor a quien nos
hace algunos bienes al cuerpo, quien siempre procura y trabaja de hacerlos al
alma ¿por qué no le hemos de querer? Antes tengo por gran principio de
aprovechar mucho tener amor al confesor, y si es santo y espiritual y veo que
pone mucho en aprovechar mi alma; porque es tal nuestra flaqueza, que algunas
veces nos ayuda mucho para poner por obra cosas muy grandes en servicio de
Dios. Si no es tal como he dicho, aquí está el peligro, y puede hacer
grandísimo daño entender él que le tienen voluntad, y en casas muy encerradas
mucho más que en otras. Y porque con dificultad se entenderá cuál es tan bueno,
es menester gran cuidado y aviso; porque decir que no entienda él que hay la
voluntad y que no se lo digan, esto sería lo mejor; mas aprieta el demonio de
arte, que no da ese lugar, porque todo cuanto tuviere que confesar le parecerá
es aquello y que está obligada a confesarlo. Por esto querría yo que creyesen
no es nada ni hiciesen caso de ello. Lleven este
aviso: si en el confesor entendieren que todas sus pláticas es para aprovechar
su alma y no le vieren ni entendieren otra vanidad (que luego se entiende a
quien no se quiere hacer boba), y le entendieren temeroso de Dios, por ninguna
tentación que ellas tengan de mucha afición se fatiguen, que de que el demonio
se canse se le quitará. Mas si en el confesor entendieren va encaminado a
alguna vanidad en lo que les dicen, todo lo tengan por sospechoso, y ninguna
manera, -aunque sean pláticas de oración ni de Dios- las tengan con él, sino
con brevedad confesarse y concluir; y lo mejor sería decir a la Madre no se
halla su alma bien con él y mudarle. Esto es lo más acertado, si hay
disposición, y espero en Dios sí habrá; y poner lo que pudiere en no tratar con
él, aunque sienta la muerte. -Prosigue en el n. 15. Todo el n. 14 faltaba en la
1ª redacción. 17 En el n.
14. 18 Este: el
confesor. -Lo hace todo poco: lo juzga cosa sin importancia. 19 En la 1ª
redacción concluía así: He visto en monasterios gran aflicción de esta parte
-aunque no en el mío- que me han movido a gran piedad. CAPÍTULO 5
Prosigue en los confesores. Dice lo que importa sean letrados.
1. No dé el
Señor a probar a nadie en esta casa el trabajo que queda dicho, por quien Su
Majestad es, de verse alma y cuerpo apretadas, o que si la prelada está bien
con el confesor, que ni a él de ella ni a ella de él no osan decir nada. Aquí
vendrá la tentación de dejar de confesar pecados muy graves, por miedo de no
estar en desasosiego. ¡Oh, válgame Dios, qué daño puede hacer aquí el demonio y
qué caro les cuesta el apretamiento y honra! Que porque no traten más de un
confesor, piensan granjean gran cosa de religión y honra del monasterio, y
ordena por esta vía el demonio coger las almas, como no puede por otra. Si
piden otro, luego parece va perdido el concierto de la religión, o que si no es
de la Orden, aunque sea un santo, aun tratar con él les parece les hace afrenta
(1). 2. Esta santa
libertad pido yo por amor del Señor a la que estuviere por mayor: (2) procure
siempre con el obispo o provincial (3) que, sin los confesores ordinarios,
procure algunas veces tratar ella y todas y comunicar sus almas con personas
que tengan letras, en especial si los confesores no las tienen, por buenos que
sean. Son gran cosa letras para dar en todo luz. Será posible hallar lo uno y
lo otro junto en algunas personas. Y mientras más merced el Señor os hiciere en
la oración, es menester más ir bien fundadas sus obras y oración. 3. Ya sabéis
que la primera piedra ha de ser buena conciencia y con todas vuestras fuerzas
libraros aun de pecados veniales y seguir lo más perfecto. Parecerá que esto
cualquier confesor lo sabe, y es engaño. A mí me acaeció tratar con uno cosas
de conciencia que había oído todo el curso de teología, y me hizo harto daño en
cosas que me decía no eran nada; y sé que no pretendía engañarme ni tenía para
qué, sino que no supo más. Y con otros dos o tres, sin éste, me acaeció (4). 4. Este tener
verdadera luz para guardar la ley de Dios con perfección es todo nuestro bien.
Sobre ésta asienta bien la oración. Sin este cimiento fuerte, todo el edificio
va falso. Si no les dieren libertad para confesarse, para tratar cosas de su
alma con personas semejantes a lo que he dicho (5). Y atrévome más a decir, que
aunque el confesor lo tenga todo, algunas veces se haga lo que digo; porque ya
puede ser él se engañe, y es bien no se engañen todas por él; procurando
siempre no sea cosa contra la obediencia, que medios hay para todo, y vale
mucho a las almas, y así es bien por las maneras que pudiere lo procure. 5. Todo esto
que he dicho toca a la prelada. Y así la torno a pedir que, pues aquí no se
pretende tener otra consolación sino la del alma, procure en esto su
consolación, que hay diferentes caminos por donde lleva Dios y no por fuerza
los sabrá todos un confesor; que yo aseguro no les falten personas santas que
quieran tratarlas y consolar sus almas, si ellas son las que han de ser, aunque
seáis pobres; que el que las sustenta los cuerpos despertará y pondrá voluntad
a quien con ella dé luz a sus almas, y remédiase este mal, que es el que yo
temo; que cuando el demonio tentase al confesor en engañarle en alguna
doctrina, como sepa trata con otros iráse a la mano y mirará mejor, en todo, lo
que hace (6). Quitada esta
entrada al demonio, yo espero en Dios no la tendrá en esta casa; y así pido por
amor del Señor al obispo que fuere, que deje a las hermanas esta libertad y que
no se la quite, cuando las personas fueren tales que tengan letras y bondad,
que luego se entiende en lugar tan chico como éste. 6. Esto que
aquí he dicho, téngolo visto y entendido y tratado con personas doctas y
santas, que han mirado lo que más convenía a esta casa para que la perfección
de esta casa fuese adelante. Y entre los peligros -que en todo le hay mientras
vivimos- éste hallamos ser el menor; y que nunca haya vicario (7) que tenga
mano de entrar y salir, ni confesor que tenga esta libertad; sino que éstos
sean para celar el recogimiento y honestidad de la casa y aprovechamiento
interior y exterior, para decirlo al prelado cuando hubiere falta; mas no que
sea él superior. 7. Y esto es
lo que se hace ahora, y no por solo mi parecer; porque el obispo que ahora
tenemos, debajo de cuya obediencia estamos (que) por causas muchas que hubo, no
se dio la obediencia a la Orden) (8), que es persona amiga de toda religión y
santidad y gran siervo de Dios (llámase) Don Alvaro de Mendoza, de gran nobleza
de linaje, y muy aficionado a favorecer esta casa de todas maneras) (9), hizo
juntar personas de letras y espíritu y experiencia para este punto, y se vino a
determinar esto. Razón será que los prelados que vinieren se lleguen a este
parecer, pues por tan buenos está determinado y con hartas oraciones pedido al
Señor alumbrase lo mejor; y, a lo que se entiende hasta ahora, cierto esto lo
es. El Señor sea servido llevarlo siempre adelante como más sea para su gloria,
amén. NOTAS 1 En la 1ª
redacción había escrito con fina ironía: Si no es de la Orden, aunque fuese un
San Jerónimo, luego hacen afrenta a la Orden toda. -Alabad mucho, hijas, a Dios
por esta libertad que tenéis que -aunque no ha de ser para con muchos- podréis
tratar con algunos, aunque no sean los ordinarios confesores, que os den luz
para todo. -Es interesante notar que en este delicado asunto la legislación
eclesiástica ha venido a dar la razón a Santa Teresa. 2 Quien
estuviere por «mayor»: la superiora. 3 O
provincial: añadido entre líneas por la Santa. En la 3ª redacción (ms. de
Toledo), la Santa tachó además obispo y escribió prelado. -Todo este pasaje
tenía sentido diverso en la 1ª redacción: procure siempre tratar con quien
tenga letras, y que traten sus monjas. Dios las libre, por espíritu que uno les
parezca tenga y en hecho de verdad le tenga, regirse en todo por él, si no es
letrado. 4 Véase Vida
c. 6, n. 4; y c. 4, n. 7; c. 5, n. 3; c. 8, n. 11; c. 26, n. 3... 45 En el
laconismo de esa frase compendia las siguientes de la 1ª redacción: Así que
gente de espíritu y de letras han menester tratar. Si el confesor no pudieren
lo tenga todo, a tiempos procurar otros; y si por ventura las ponen precepto no
se confiesen con otros, sin confesión traten su alma con personas semejantes a
lo que digo. -Uno de los censores, luego de haber subrayado largamente el texto
del autógrafo, anotó al margen: «Esto es bien; porque hay unos maestros
espirituales que, por no errar, condenan cuantos espíritus hay, por demonios, y
yerran más en esto, porque ahogan los espíritus del Señor, como dice el
Apóstol». 6 La 1ª
redacción continuaba: ... no las quite que algunas veces se confiesen con ellos
[con letrados] y traten su oración aunque haya confesores; que para muchas
cosas sé que conviene, y que el daño que puede haber es ninguno en comparación
del grande y disimulado y casi sin remedio, a manera de decir, que hay en lo
contrario. Que esto tienen los monasterio: que el bien cáese presto, si con
gran cuidado no se guarda; y el mal, si una vez comienza, es dificultosísimo de
quitarse, que muy presto la costumbre se hace hábito y naturaleza de cosas
imperfectas. 7 Vicario:
superior facultado por el Obispo o Provincial Cf. carta al P. Gracián (B.M.C.,
350, n. 1) con instrucciones para el gobierno de las carmelitas. 8 En la 1ª
redacción continuaba insistiendo: Porque, como digo, hallóse grandes causas
para ser esto lo mejor, miradas todas, y que un confesor confiese ordinario que
sea el mismo capellán, siendo tal; y que para las veces que hubiere necesidad
en un alma, puedan confesarse con personas tales como quedan dichas, nombrándolas
al mismo prelado o, si la Madre fuera tal que el Obispo que fuere fíe esto de
ella, a su disposición; que, como son pocas, poco tiempo ocuparán a nadie. Esto
se determinó después de harta oración y de muchas personas y mía -aunque
miserable- y entre personas de grandes letras y entendimiento y oración; y así
espero en el Señor es lo más acertado. 9 Véase Vida
c. 33, n. 16. -El elogio de D. Alvaro aquí hecho por la Santa, fue borrado por
ella misma en el ms. de Toledo, al preparar el libro para la edición, y
asimismo en el ms. de Madrid; lo conservó en el ms. de Salamanca. CAPITULO 6
Torna a la materia que comenzó del amor perfecto.
1. Harto me
he divertido; mas importa tanto lo que queda dicho, que quien lo entendiere no
me culpará. Tornemos ahora al amor que es bien y lícito nos tengamos (1), del
que digo es puro espiritual. No sé si sé lo que me digo. Al menos paréceme no
es menester mucho hablar en él, porque le tienen pocos. A quien el Señor se le
hubiere dado, alábele mucho, porque debe ser de grandísima perfección. En fin,
quiero tratar algo de él. Por ventura hará algún provecho, que poniéndonos
delante de los ojos la virtud, aficiónase a ella quien la desea y pretende
ganar. 2. Plega a
Dios yo sepa entenderle, cuánto más decirle, que ni creo sé cuál es espiritual,
ni cuándo se mezcla sensual, ni sé cómo me pongo a hablar en ello. Es como
quien oye hablar de lejos, que no entiende lo que dicen; así soy yo, que
algunas veces no debo entender lo que digo y quiere el Señor sea bien dicho; si
otras fuere dislate, es lo más natural a mí no acertar en nada. 3. Paréceme
ahora a mí que cuando una persona ha llegado la Dios a claro conocimiento de lo
que es el mundo, y qué cosa es mundo, y que hay otro mundo, y la diferencia que
hay de lo uno a lo otro, y que lo uno es eterno y lo otro soñado, o qué cosa es
amar al Criador o a la criatura (esto) visto por experiencia, que es otro
negocio que sólo pensarlo y creerlo), o ver y probar qué se gana con lo uno y
se pierde con lo otro, y qué cosa es Criador y qué cosa es criatura, y otras
muchas cosas que el Señor enseña a quien se quiere dar a ser enseñado de él en
la oración o a quien Su Majestad quiere, que aman muy diferentemente de los que
no hemos llegado aquí. 4. Podrá ser,
hermanas, que os parezca tratar en esto impertinente y que digáis que estas
cosas que he dicho ya todas las sabéis. Plega al Señor sea así que lo sepáis de
la manera que hace al caso, imprimido en las entrañas; pues si lo sabéis,
veréis que no miento en decir que a quien el Señor llega aquí tiene este amor.
Son estas personas que Dios las llega a este estado almas generosas, almas
reales; no se contentan con amar cosa tan ruin como estos cuerpos, por hermosos
que sean (2), por muchas gracias que tengan, bien que place a la vista y alaban
al Criador; mas para detenerse en ello, no. Digo «detenerse», de manera que por
estas cosas los tengan amor; parecerles hía que aman cosa sin tomo y que se
ponen a querer sombra; correrse hían de sí mismos y no tendrían cara, sin gran
afrenta suya, para decir a Dios que le aman. 5. Diréisme:
«esos tales no sabrán querer ni pagar la voluntad que se les tuviere». -Al menos
dáseles poco de que se la tengan. Ya que de presto algunas veces el natural
lleva a holgarse de ser amados, en tornando sobre sí ven que es disparate, si
no son personas que las ha de aprovechar su alma o con doctrina o con oración.
Todas las otras voluntades les cansan, que entienden ningún provecho les hace y
les podría dañar, no porque las dejan de agradecer y pagar con encomendarlos a Dios.
Tómanlo como cosa que echan carga al Señor los que las aman, que entienden
viene de allí, porque en sí no les parece que hay qué querer, y luego les
parece las quieren porque las quiere Dios, y dejan a Su Majestad lo pague y se
lo suplican, y con esto quedan libres, que les parece no les toca. Y bien
mirado, si no es con las personas que digo que nos pueden hacer bien para ganar
bienes perfectos, yo pienso algunas veces cuán gran ceguedad se trae en este
querer que nos quieran. 6. Ahora
noten que, como el amor, cuando de alguna persona le queremos, siempre se
pretende algún interés de provecho o contento nuestro, y estas personas
perfectas ya todos los tienen debajo de los pies los bienes que en el mundo les
pueden hacer y regalos, los contentos ya están de suerte, que, aunque ellos
quieran, a manera de decir, no le pueden tener que lo sea fuera de con Dios o
en tratar de Dios. Pues ¿qué provecho les puede venir de ser amados? 7. Como se
les representa esta verdad, de sí mismos se ríen de la pena que algún tiempo
les ha dado si era pagada o no su voluntad. Aunque sea buena la voluntad, luego
nos es muy natural querer ser pagada. Venido a cobrar esta paga, es en pajas,
que todo es aire y sin tomo, que se lo lleva el viento. Porque, cuando mucho
nos hayan querido, ¿qué es esto que nos queda? Así que, si no es para provecho
de su alma con las personas que tengo dichas, porque ven ser tal nuestro
natural que si no hay algún amor luego se cansan, no se les da más ser queridas
que no. Pareceros ha
que estos tales no quieren a nadie, ni saben, sino a Dios. -Mucho más
(3), y con más verdadero amor, y con más pasión y más provechoso amor: en fin,
es amor. Y estas tales almas son siempre aficionadas a dar, mucho más que no a
recibir; aun con el mismo Criador les acaece esto. Digo que merece éste nombre
de amor, que esotras aficiones bajas le tienen usurpado el nombre. 8. También os
parecerá, que si no aman por las cosas que ven, que ¿a qué se aficionan? -Verdad es
que lo que ven aman y a lo que oyen se aficionan; mas es a cosas que ven son
estables. Luego éstos, si aman, pasan por los cuerpos y ponen los ojos en las
almas y miran si hay qué amar; y si no lo hay y ven algún principio o
disposición para que, si cavan, hallarán oro en esta mina, si la tienen amor,
no les duele el trabajo; ninguna cosa se les pone delante que de buena gana no
la hiciesen por el bien de aquel alma, porque desean durar en amarla y saben
muy bien que, si no tiene bienes y ama mucho a Dios, que es imposible. Y digo
que es imposible, aunque más la obligue y se muera queriéndola y la haga todas
las buenas obras que pueda y tenga todas las gracias de naturaleza juntas; no
tendrá fuerza la voluntad ni la podrá hacer estar con asiento. Ya sabe y tiene
experiencia de lo que es todo; no le echarán dado falso; (4) ve que no son para
en uno, y que es imposible durar a quererse el uno al otro, porque es amor que
se ha de acabar con la vida si el otro no va guardando la ley de Dios y
entiende que no le ama y que han de ir a diferentes partes. 9. Y este amor
que sólo acá dura, alma de éstas a quien el Señor ya ha infundido verdadera
sabiduría, no le estima en más de lo que vale, ni en tanto. Porque para los que
gustan de gustar de cosas del mundo, deleites y honras y riquezas, algo valdrá,
si es rico o tiene partes para dar pasatiempo y recreación; mas quien todo esto
aborrece ya, poco o nonada se le dará de aquello. Ahora, pues,
aquí -si tiene amor- es la pasión para hacer esta alma para ser amada de él;
(5) porque, como digo, sabe que no ha de durar en quererla. Es amor muy a su
costa. No deja de poner todo lo que puede porque se aproveche. Perdería mil
vidas por un pequeño bien suyo. ¡Oh precioso
amor, que va imitando al capitán del amor, Jesús, nuestro bien! NOTAS 1 Reanuda el
tema del c. 4, n. 13. -La Santa había escrito: «es bien y lícito...». 2 En el ms.
de Toledo la Santa intercaló este inciso: digo amor que sujete y ate. 3 Una segunda
mano enmendó el autógrafo así: «Digo que si aman mucho más ...». La corrección
no fue incluida por la Santa en el ms. de Toledo, ni pasó a la edición príncipe
(p. 21v), ni a la de fray Luis (p. 37). -En el ms. de Toledo la Santa misma
corrigió la frase siguiente: «... y con más pasión»: «aunque sin pasión»,
titubeo lexical que se debe a su inseguridad sobre el alcance filosófico
técnico del término «pasión»: «yo sé poco de estas pasiones del alma» (M. IV,
1, 5). Ver la nota 5. 4 Echar dado
falso: engañar. -No son para en uno: no tienen condición para vivir unidos o
conformes, o: «no son el uno para el otro». 5 Para ser
amada: equivale a «digna de, apta para ...». Uno de los
censores corrigió el autógrafo: «... para hacer esta alma ame a Dios para ser
amada de él». En el ms. de Toledo la Santa corrige «pasión» y escribe «afición»
(frase precedente), pero no acepta la enmienda del corrector, que no pasa a la
edición príncipe (p. 23), pero sí a la de fray Luis (p. 39) y a la generalidad
de las ediciones. -A continuación: «como digo»: alude a lo dicho en el n. 8. CAPITULO 7
En que trata de la misma materia de amor espiritual, y da algunos avisos
para ganarle.
1. Es cosa
extraña qué apasionado amor es éste, qué de lágrimas cuesta, qué de penitencias
y oración, qué cuidado de encomendar a todos los que piensa le han de
aprovechar con Dios para que se le encomienden, qué deseo ordinario, un no
traer contento si no le ve aprovechar. Pues si le parece está mejorado y le ve
que torna algo atrás, no parece ha de tener placer en su vida; ni come ni
duerme sino con este cuidado (1), siempre temerosa si alma que tanto quiere se
ha de perder, y si se han de apartar para siempre, que la muerte de acá no la
tienen en nada, que no quiere asirse a cosa que en un soplo se le va de entre
las manos sin poderla asir. Es -como he dicho- (2) amor sin poco ni mucho de
interés propio. Todo lo que desea y quiere es ver rica aquella alma de bienes
del cielo. Esta es
voluntad, y no estos quereres de por acá desastrados, aun no digo los malos,
que de ésos Dios nos libre: [2] en cosa que es infierno no hay que nos cansar
en decir mal, que no se puede encarecer el menor mal de él. Este no hay para
qué tomarle nosotras, hermanas, en la boca, ni pensar le hay en el mundo, en
burlas ni en veras oírle, ni consentir que delante de vosotras se trate ni
cuente de semejantes voluntades. Para ninguna cosa es bueno, y podría dañar aun
oírlo. Sino de estotros lícitos, como he dicho, que nos tenemos unas a otras, o
de deudos y amigas. Toda la voluntad es que no se nos muera: (3) si les duele
la cabeza, parece nos duele el alma; si los vemos con trabajos, no queda -como
dicen- paciencia; todo de esta manera. 3. Estotra
voluntad no es así. Aunque con la flaqueza natural se siente algo de presto,
luego la razón mira si es bien para aquel alma, si se enriquece más en virtud y
cómo lo lleva, el rogar a Dios la dé paciencia y merezca en los trabajos. Si ve
que la tiene, ninguna pena siente, antes se alegra y consuela; bien que lo
pasaría de mejor gana que vérselo pasar, si el mérito y ganancia que hay en
padecer pudiese todo dársele, mas no para que se inquiete ni desasosiegue. 4. Torno otra
vez a decir (4), que se parece y va imitando este amor al que nos tuvo el buen
amador Jesús; y así aprovechan tanto, porque no querrían ellos sino abrazar
todos los trabajos, y que los otros sin trabajar se aprovechasen de ellos. Así
ganan muy mucho los que tienen su amistad; y crean que, o los dejarán de tratar
-con particular amistad, digo- o acabarán con nuestro Señor que vayan por su
camino, pues van a una tierra, como hizo Santa Mónica (5) con San Agustín. No
les sufre el corazón tratar con ellos doblez, porque si les ven torcer el
camino, luego se lo dicen, o algunas faltas. No pueden consigo acabar otra
cosa. Y como de esto no se enmendarán ni tratan de lisonja con ellos ni de
disimularles nada, o ellos se enmendarán o apartarán de la amistad; porque no
podrán sufrirlo, ni es de sufrir; para el uno y para el otro es continua
guerra. Con andar descuidados de todo el mundo y no trayendo cuenta si sirven a
Dios o no porque sólo consigo mismos la tienen, con sus amigos no hay poder
hacer esto, ni se les encubre cosa. Las motitas ven. Digo que traen bien pesada
cruz (6). 5. Esta
manera de amar es la que yo querría tuviésemos nosotras. Aunque a los
principios no sea tan perfecta, el Señor la irá perfeccionando. Comencemos en
los medios, que aunque lleve algo de ternura, no dañará, como sea en general.
Es bueno y necesario algunas veces mostrar ternura en la voluntad, y aun
tenerla, y sentir algunos trabajos y enfermedades de las hermanas, aunque sean
pequeños; que algunas veces acaece dar una cosa muy liviana tan gran pena como
a otra daría un gran trabajo, y a personas que tienen de natural apretarle
mucho pocas cosas (7). Si vos le tenéis al contrario, no os dejéis de
compadecer; y por ventura quiere nuestro Señor reservarnos de esas penas y las
tendremos en otras cosas, y de las que para nosotras son graves -aunque de suyo
lo sean- para la otra serán leves. Así que en estas cosas no juzguemos por
nosotras ni nos consideremos en el tiempo que, por ventura sin trabajo nuestro,
el Señor nos ha hecho más fuertes, sino considerémonos en el tiempo que hemos
estado más flacas. 6. Mirad que
importa este aviso para sabernos condoler de los trabajos de los prójimos, por
pequeños que sean, en especial a almas de las que quedan dichas; (8) que ya
éstas, como desean los trabajos, todo se les hace poco, y es muy necesario
traer cuidado de mirarse cuando era flaca y ver que si no lo es, no viene de
ella; porque podría por aquí el demonio ir enfriando la caridad con los
prójimos y hacernos entender es perfección lo que es falta. En todo es menester
cuidado y andar despiertas, pues él no duerme, y en los que van en más
perfección, más; porque son muy más disimuladas las tentaciones, que no se
atreve a otra cosa, que no parece se entiende el daño hasta que está ya hecho,
si -como digo- no se trae cuidado. En fin, que es menester siempre velar y
orar, que no hay mejor remedio para descubrir estas cosas ocultas del demonio y
hacerle dar señal que la oración (9). 7. Procurar
también holgaros con las hermanas cuando tienen recreación con necesidad de
ella y el rato que es de costumbre, aunque no sea a vuestro gusto, que yendo
con consideración todo es amor perfecto (10). Así que es muy bien las unas se
apiaden de las necesidades de las otras. Miren no sea con falta de discreción
en cosas que sea contra la obediencia. Aunque le parezca áspero dentro en sí lo
que mandare la prelada, no lo muestre ni dé a entender a nadie, si no fuere a
la misma priora con humildad, que haréis mucho daño. Y sabed entender cuáles
son las cosas que se han de sentir y apiadar de las hermanas, y siempre sientan
mucho cualquiera falta, si es notoria, que veáis en la hermana. Y aquí se
muestra y ejercita bien el amor en sabérsela sufrir y no se espantar de ella,
que así harán las otras las que vos tuviereis, que aun de las que no entendéis
deben ser muchas más; y encomendarla mucho a Dios, y procurar hacer vos con
gran perfección la virtud contraria de la falta que le parece en la otra.
Esforzarse a esto, para que enseñe a aquélla por obra lo que por palabra por
ventura no lo entenderá, ni le aprovechará, ni castigo. Y esto de hacer una lo
que ve resplandecer de virtud en otra, pégase mucho. Este es buen aviso; no se
os olvide. 8. ¡Oh, qué
bueno y verdadero amor será el de la hermana que puede aprovechar a todas,
dejado su provecho por los de las otras, ir muy adelante en todas las virtudes
y guardar con gran perfección su Regla! Mejor amistad será ésta que todas las
ternuras que se pueden decir, que éstas no se usan ni han de usar en esta casa,
tal como «mi vida», «mi alma», «mi bien», y otras cosas semejantes, que a las
unas llaman uno y a las otras otro. Estas palabras regaladas déjenlas para con
su Esposo, pues tanto han de estar con El y tan a solas, que de todo se habrán
menester aprovechar, pues Su Majestad lo sufre, y muy usadas acá no enternecen
tanto con el Señor; y sin esto, no hay para qué; es muy de mujeres y no querría
yo, hijas mías, lo fueseis en nada, ni lo parecieseis, sino varones fuertes:
que si ellas hacen lo que es en sí, el Señor las hará tan varoniles que
espanten a los hombres. ¡Y qué fácil es a Su Majestad, pues nos hizo de nonada! 9. Es también
muy buena muestra de amor en procurar quitarlas de trabajo y tomarle ella para
sí en los oficios de casa, y también de holgarse y alabar mucho al Señor del
acrecentamiento que viere en sus virtudes. Todas estas cosas, dejado el gran
bien que traen consigo, ayudan mucho a la paz y conformidad de unas con otras,
como ahora lo vemos por experiencia, por la bondad de Dios. Plega a Su Majestad
lo lleve siempre adelante, porque sería cosa terrible ser al contrario, y muy
recio de sufrir, pocas y mal avenidas; no lo permita Dios. 10. Si por
dicha (11) alguna palabrilla de presto se atravesare, remédiese luego y hagan
gran oración. Y en cualquiera de estas cosas que dure, o bandillos, o deseo de
ser más, o puntito de honra (que) parece se me hiela la sangre, cuando esto
escribo, de pensar que puede en algún tiempo venir a ser, porque veo es el
principal mal de los monasterios), cuando esto hubiese, dense por perdidas.
Piensen y crean han echado a su Esposo de casa y que le necesitan a ir a buscar
otra posada, pues le echan de su casa propia. Clamen a Su Majestad. Procuren
remedio. Porque, si no le pone confesar y comulgar tan a menudo, teman si hay
algún Judas. 11. Mire
mucho la priora, por amor de Dios, en no dar lugar a esto, atajando mucho los
principios, que aquí está todo el daño o remedio; (12) y la que entendiere lo
alborota, procure se vaya a otro monasterio, que Dios las dará con qué la doten.
Echen de sí esta pestilencia. Corten como pudieren las ramas. Y si no bastare,
arranquen la raíz. Y cuando no pudiesen esto, no salga de una cárcel quien de
estas cosas tratare: mucho más vale, antes que pegue a todas tan incurable
pestilencia. ¡Oh, que es gran mal! Dios nos libre de monasterio donde entra. Yo
más querría entrase en éste un fuego que nos abrasase a todas. Porque en
otra parte creo diré algo más de esto -como en cosa que nos va tanto- no me
alargo más aquí (13) NOTAS 1 Entre
líneas añadió la Santa en el códice de Toledo: no se ha de entender que es con
inquietud interior. 2 En el c. 6,
nn. 6 y 9. 3 En el
códice de Toledo arregló la Autora este pasaje de suerte que dijese: sea
nuestra voluntad tal que no nos quite la paz y libertad. 4 Véase lo
dicho al fin del c. 6. 5 Amonica
escribe la Santa. 6 La Santa
suprimió allí un pasaje interesante de la 1ª redacción: ¡Oh dichosas almas que
son amadas de los tales! ¡dichoso el día en que los conocieron! ¡Oh Señor mío!
¿no me haríais merced que hubiese muchas que así me amasen? Por cierto, Señor,
de mejor gana lo procuraría que ser amada de todos los reyes y señores del
mundo; y con razón, pues éstos no procuran, por cuantas vías pueden, hacer
tales que señoreemos el mismo mundo y que nos estén sujetas todas las cosas de
él. Cuando alguna
persona semejante conociereis, hermanas, con todas las diligencias que pudiere
la Madre procure trate con vosotras. Quered cuanto quisiereis a los tales.
Pocos debe haber, mas no deja el Señor de querer se entienda cuando alguno hay
que llegue a la perfección. Luego os dirán que no es menester, que basta tener
a Dios. Buen medio es para tener a Dios tratar con sus amigos; siempre se saca
gran ganancia, yo lo sé por experiencia; que, después del Señor, si no estoy en
el infierno, es por personas semejantes, que siempre fui muy aficionada me
encomendasen a Dios, y ansí lo procuraba. Ahora tornemos a lo que íbamos. 7 Prosigue la
1ª redacción: Y no se espanten; que el demonio por ventura puso allí todo su
poder con más fuerza que para que vos sintieseis las penas y trabajos grandes. 8 Importa
este aviso... a almas de las que quedan dichas en el n. 4. 9 Alusión a
dos consejos del Señor: Mt 26, 41 y 17, 20. 10 En la 1ª
redacción seguían estas dos delicadas confidencias: Y es así que queriendo
tratar del que no lo es tanto [tan perfecto], que no hallo camino en esta casa
para que me parezca entre nosotras será bien tenerle; porque si por bien es,
como digo, todo se ha de volver a su principio, que es el amor que queda dicho.
Pensé decir
mucho de esotro [de la segunda especie de amor menos perfecto], y venido a
adelgazar, no me parece se sufre aquí con el modo que llevamos; y por eso, lo
quiero dejar en lo dicho, que espero en Dios, -aunque no sea con toda
perfección- no habrá en esta casa disposición para que haya otra manera de
amaros. 11 Por dicha:
equivale a «por ventura». 12 Añadía con
fuerza en la 1ª redacción: y cuando no bastare con amor, sean graves castigos. 13 El
capítulo tenía un hermoso epílogo en la 1ª redacción. Helo aquí: Porque [en]
otra parte trataré aún otra vez de esto, no digo aquí más, sino que quiero más
que se quieran y amen tiernamente y con regalo (aunque no sea tan perfecto como
el amor que queda dicho, como sea en general) que no haya un punto de
discordia. No lo permita el Señor, por quien Su Majestad es, amén. CAPITULO 8
Trata del gran bien que es desasirse de todo lo criado interior y
exteriormente.
1. Ahora
vengamos al desasimiento que hemos de tener, porque en esto está el todo, si va
con perfección. Aquí digo está el todo, porque abrazándonos con solo el Criador
y no se nos dando nada por todo lo criado, Su Majestad infunde de manera las
virtudes, que trabajando nosotros poco a poco lo que es en nosotros, no
tendremos mucho más que pelear, que el Señor toma la mano contra los demonios y
contra todo el mundo en nuestra defensa. ¿Pensáis,
hermanas, que es poco bien procurar este bien de darnos todas al Todo sin
hacernos partes? Y pues en él están todos los bienes, como digo, alabémosle
mucho, hermanas, que nos juntó aquí adonde no se trata de otra cosa sino de
esto. Y así no sé para qué lo digo, pues todas las que aquí estáis me podéis
enseñar a mí; que confieso en este caso tan importante no tener la perfección
como la deseo y entiendo conviene (1), y en todas las virtudes; y lo que aquí
digo, lo mismo, que es más fácil de escribir que de obrar; y aun a esto no
atinara, porque algunas veces consiste en experiencia el saberlo decir, y debo
atinar por el contrario de estas virtudes que he tenido. 2. Cuanto a
lo exterior, ya se ve cuán apartadas estamos aquí de todo (2). Oh hermanas,
entended, por amor de Dios, la gran merced que el Señor ha hecho a las que
trajo aquí, y cada una lo piense bien en sí, pues en solas doce quiso Su
Majestad fueseis una. Y qué de ellas mejores que yo, sé que tomaran este lugar
de buena gana, y diómele el Señor a mí, mereciéndole tan mal. Bendito seáis
Vos, mi Dios, y alábeos todo lo criado, que esta merced tampoco se puede
servir, como otras muchas que me habéis hecho, que darme estado de monja fue
grandísima. Y como lo he sido tan ruin, no os fiasteis, Señor, de mí, porque
adonde había muchas juntas buenas no se echara de ver así mi ruindad hasta que
se me acabara la vida, y trajísteisme adonde, por ser tan pocas que parece
imposible dejarse de entender, porque ande con más cuidado, quitáisme todas las
ocasiones. Ya no hay disculpa para mí, Señor, yo lo confieso, y así he más
menester vuestra misericordia, para que perdonéis la que tuviere. 3. Lo que os
pido mucho es que la que viere en sí no es para llevar lo que aquí se
acostumbra, lo diga. Otros monasterios hay adonde se sirve tan bien el Señor.
No turben estas poquitas que aquí Su Majestad ha juntado. En otras partes hay
libertad para consolarse con deudos; aquí, si algunos se admiten, es para
consuelo de los mismos. Mas la monja que deseare ver deudos para su consuelo,
si no son espirituales, téngase por imperfecta; crea no está desasida, no está
sana, no tendrá libertad de espíritu, no tendrá entera paz, menester ha médico,
y digo que, si no se le quita y sana, que no es para esta casa. 4. El remedio
que veo mejor es no los ver hasta que se vea libre y lo alcance del Señor con
mucha oración. Cuando se vea de manera que lo tome por cruz, véalos
enhorabuena, que entonces les hará provecho a ellos y no daño a sí (3). NOTAS 1 ... que
confieso en este caso tan importante soy la más imperfecta; mas, pues me lo
mandáis, tocaré en algunas cosas que se me ofrecen... -Así en la 1ª redacción. 2 En la 1ª
redacción escribió con mucha más espontaneidad y vehemencia: parece nos quiere
el Señor apartar de todo a las que aquí nos trajo, para llegarnos más sin
embarazo a Su Majestad aquí. -¡Oh Criador y Señor mío! ¿Cuándo merecí yo tan
gran dignidad, que parece habéis andando rodeando cómo os llegar más a
nosotras? Plegue a vuestra bondad no lo perdamos por nuestra culpa. ¿Oh
hermanas mías!... 3 En la 1ª
redacción insistía: mas si los tiene amor, si le duelen mucho sus penas y
escucha sus sucesos del mundo de buena gana, crea que a sí se dañará, y a ellos
no les hará ningún provecho. CAPITULO 9
Que trata del gran bien que hay en huir los deudos los que han dejado el
mundo, y cuán más verdaderos amigos hallan.
1. ¡Oh, si
entendiésemos las religiosas el daño que nos viene de tratar mucho con deudos,
cómo huiríamos de ellos! Yo no entiendo qué consolación es ésta que dan, aun
dejado lo que toca a Dios, sino para solo nuestro sosiego y descanso, que de
sus recreaciones no podemos ni es lícito gozar, y sentir sus trabajos sí;
ninguno dejan de llorar, y algunas veces más que los mismos. A usadas (1), que
si algún regalo hacen al cuerpo, que lo paga bien el espíritu. De eso estáis
aquí quitadas, que como todo es en común y ninguna puede tener regalo
particular, así la limosna que las hacen es en general, y queda libre de
contentarlos por esto, que ya sabe que el Señor las ha de proveer por junto. 2. Espantada
estoy el daño que hace tratarlos; no creo lo creerá sino quien lo tuviere por
experiencia. ¡Y qué olvidada parece está el día de hoy en las religiones esta
perfección! (2) No sé yo qué es lo que dejamos del mundo las que decimos que
todo lo dejamos por Dios, si no nos apartamos de lo principal, que son los
parientes. Viene ya la cosa a estado, que tienen por falta de virtud no querer
y tratar mucho los religiosos a sus deudos, y como que lo dicen ellos y alegan
sus razones. 3. En esta
casa, hijas, mucho cuidado de encomendarlos a Dios (3), que es razón; en lo
demás, apartarlos de la memoria lo más que podamos, porque es cosa natural
asirse a ellos nuestra voluntad más que a otras personas. Yo he sido
querida mucho de ellos, a lo que decían, y yo los quería tanto, que no los
dejaba olvidarme. Y tengo por experiencia, en mí y en otras, que dejados padres
(que) por maravilla dejan de hacer por los hijos, y es razón con ellos cuando
tuvieren necesidad de consuelo, si viéremos no nos hace daño a lo principal, no
seamos extraños, que con desasimiento se puede hacer, y con hermanos), en los
demás, aunque me he visto en trabajos, mis deudos han sido y quien menos ha
ayudado en ellos; los siervos de Dios, sí (4). 4. Creed,
hermanas, que sirviéndole vosotras como debéis, que no hallaréis mejores deudos
que los que Su Majestad os enviare. Yo sé que es así, y puestas en esto -como
lo vais- y entendiendo que en hacer otra cosa faltáis al verdadero amigo y
esposo vuestro, creed que muy en breve ganaréis esta libertad, y que de los que
por solo él os quisieren, podéis fiar más que de todos vuestros deudos, y que
no os faltarán; y en quien no pensáis, hallaréis padres y hermanos. Porque como
éstos pretenden la paga de Dios, hacen por nosotras; los que la pretenden de
nosotras, como nos ven pobres y que en nada les podemos aprovechar, cánsanse
presto. Y aunque esto no sea en general, es lo más usado ahora en el mundo,
porque, en fin, es mundo. Quien os
dijere otra cosa y que es virtud hacerla, no los creáis, que si dijese todo el
daño que trae consigo, me había de alargar mucho; y porque otros, que saben lo
que dicen mejor, han escrito en esto, baste lo dicho. Paréceme que, pues con
ser tan imperfecta lo he entendido tanto, ¿qué harán los que son perfectos? 5. Todo este
decirnos que huyamos del mundo, que nos aconsejan los Santos, claro está que es
bueno. Pues creedme que lo que, como he dicho (5), más se apega de él son los
deudos y más malo de desapegar. Por eso hacen bien los que huyen de sus
tierras; si les vale, digo, que no creo va en huir el cuerpo, sino en que
determinadamente se abrace el alma con el buen Jesús, Señor nuestro, que como
allí lo halla todo, lo olvida todo; aunque ayuda es apartarnos muy grande hasta
que ya tengamos conocida esta verdad; que después podrá ser quiera el Señor,
por darnos cruz en lo que solíamos tener gusto, que tratemos con ellos. NOTAS 1 A usadas,
escribe la Santa, deformando la expresión clásica «a osadas», que equivale a
«con resolución, sin miedo o bien a «ciertamente». Cobarruvias la explica así:
de osadía «se forma una manera de decir antigua aosadas, que vale tanto como
'osaría yo apostar» (s. v. «osar»). 2 ... al menos
en las más, aunque no en todos los santos que escribieron, o muchos (1ª
redacción). -Sigue una alusión a los consejos evangélicos (Lc 14, 33). 3 ... después
de los dicho que toca a su Iglesia (1ª redacción). 4 Las últimas
frases han sido retocadas en los autógrafos y en las ediciones. En la primera
redacción escribió «En los demás, aunque me he visto en trabajos, mis deudos
han sido; y quien me ha ayudado en ellos, los siervos de Dios». En la nueva
redacción, copió materialmente esa frase. Luego la enmendó, no muy
certeramente, tal como se transcribe en el texto. Tanto la edición príncipe (f
31r) como fray Luis de León (p. 55) deforman el texto. Aunque la frase es poco
feliz, el sentido es claro: en los trabajos, sus deudos (parientes) la han
ayudado menos que los siervos de Dios. 5 Lo ha dicho
en el n. 2. CAPITULO 10
Trata cómo no basta desasirse de lo dicho, si no nos desasimos de
nosotras mismas, y cómo están juntas esta virtud y la humildad.
1.
Desasiéndonos del mundo y deudos y encerradas aquí con las condiciones que
están dichas, ya parece lo tenemos todo hecho y que no hay que pelear con nada.
¡Oh hermanas mías!, no os aseguréis ni os echéis a dormir, que será como el que
se acuesta muy sosegado habiendo muy bien cerrado sus puertas por miedo de
ladrones, y se los deja en casa. Y ya sabéis que no hay peor ladrón, pues
quedamos nosotras mismas, que si no se anda con gran cuidado y cada una -como
en negocio más importante que todos- no se mira mucho en andar contradiciendo
su voluntad, hay muchas cosas para quitar esta santa libertad de espíritu, que
pueda volar a su Hacedor sin ir cargada de tierra y de plomo. 2. Gran
remedio es para esto traer muy continuo en el pensamiento la vanidad que es
todo y cuán presto se acaba, para quitar las afecciones de las cosas que son
tan baladíes y ponerla en lo que nunca se ha de acabar. Y aunque parece flaco
medio, viene a fortalecer mucho el alma, y en las muy pequeñas cosas traer gran
cuidado; en aficionándonos a alguna, procurar apartar el pensamiento de ella y
volverle a Dios, y Su Majestad ayuda. Y hanos hecho gran merced, que en esta
casa lo más está hecho, puesto que (1) este apartarnos de nosotras mismas y ser
contra nosotras, es recia cosa, porque estamos muy juntas y nos amamos mucho. 3. Aquí puede
entrar la verdadera humildad, porque esta virtud y estotra (2) paréceme andan
siempre juntas. Son dos hermanas que no hay para qué las apartar. No son éstos
los deudos de que yo aviso se aparten, sino que los abracen, y las amen y nunca
se vean sin ellas. ¡Oh soberanas virtudes, señoras de todo lo criado,
emperadoras del mundo, libradoras de todos los lazos y enredos que pone el
demonio, tan amadas de nuestro enseñador Cristo, que nunca un punto se vio sin
ellas! Quien las tuviere, bien puede salir y pelear con todo el infierno junto
y contra todo el mundo y sus ocasiones. No haya miedo de nadie, que suyo es el
reino de los cielos. No tiene a quién temer, porque nada no se le da de
perderlo todo ni lo tiene por pérdida; sólo teme descontentar a su Dios; y suplicarle
(3) las sustente en ellas porque no las pierda por su culpa. 4. Verdad es
que estas virtudes tienen tal propiedad, que se esconden de quien las posee, de
manera que nunca las ve ni acaba de creer que tiene ninguna, aunque se lo
digan; mas tiénelas en tanto, que siempre anda procurando tenerlas, y valas
perfeccionando en sí más, aunque bien se señalan los que las tienen; luego se
da a entender a los que los tratan, sin querer ellos. Mas ¡qué
desatino ponerme yo a loar humildad y mortificación, estando tan loadas del Rey
de la gloria y tan confirmadas con tantos trabajos suyos! Pues, hijas mías,
aquí es el trabajar por salir de tierra de Egipto, que en hallándolas hallaréis
el maná; (4) todas las cosas os sabrán bien; por mal sabor que al gusto de los
del mundo tengan, se os harán dulces. 5. Ahora,
pues, lo primero que hemos de procurar es quitar de nosotras el amor de este
cuerpo, que somos algunas tan regaladas de nuestro natural, que no hay poco que
hacer aquí, y tan amigas de nuestra salud, que es cosa para alabar a Dios la
guerra que dan, a monjas en especial, y aun a los que no lo son. Mas algunas
monjas no parece que venimos a otra cosa al monasterio, sino a procurar no
morirnos. Cada una lo procura como puede. Aquí, a la verdad, poco lugar hay de eso
con la obra, mas no querría yo hubiese el deseo. Determinaos, hermanas, que
venís a morir por Cristo, y no a regalaros por Cristo; que esto pone el demonio
«que para llevar y guardar la Orden»; (5) y tanto enhorabuena se quiere guardar
la Orden con procurar la salud para guardarla y conservarla, que se muere sin
cumplirla enteramente un mes, ni por ventura un día. Pues no sé yo a qué
venimos. 6. No hayan
miedo nos falte discreción en este caso por maravilla, que luego temen los
confesores nos hemos de matar con penitencias. Y es tan aborrecido de nosotras
esta falta de discreción, que así lo cumpliésemos todo. Las que lo hicieren al
contrario, yo sé que no se les dará nada de que diga esto, ni a mí de que digan
juzgo por mí, que dicen verdad (6). Tengo para mí que así quiere el Señor
seamos más enfermas; al menos a mí hízome en serlo gran misericordia, porque
como me había de regalar así como así, quiso fuese con causa. Pues es cosa
donosa las que andan con este tormento que ellas mismas se dan, y algunas veces
dales un deseo de hacer penitencias sin camino ni concierto, que duran dos
días, a manera de decir. Después pónelas el demonio en la imaginación que las
hizo daño; hácelas temer de la penitencia y no osar después cumplir la que
manda la Orden, «que ya lo probaron». No guardamos unas cosas muy bajas de la
Regla -como el silencio, que no nos ha de hacer mal- y no nos ha dolido la
cabeza, cuando dejamos de ir al coro, -que tampoco nos mata-, y queremos
inventar penitencias de nuestra cabeza para que no podamos hacer lo uno ni lo
otro (7). Y a las veces es poco el mal, y nos parece no estamos obligadas a
hacer nada, que con pedir licencia cumplimos. 7. Diréis
¿que por qué la da la priora? -A saber lo interior, por ventura no haría; mas
como le hacéis información de necesidad y no falta un médico que ayuda por la
misma que vos le hacéis, y una amiga que llore al lado, o parienta, ¿qué ha de
hacer? Queda con escrúpulo si falta en la caridad. Quiere más faltéis vos que
ella (8). 8. Estas son
cosas que puede ser pasen alguna vez, y porque os guardéis de ellas las pongo
aquí. Porque si el demonio nos comienza a amedrentar con que nos faltará la
salud, nunca haremos nada. El Señor nos dé luz para acertar en todo, amén. NOTAS 1 Puesto que,
en acepción de aunque. -El pasaje es más claro en la 1ª redacción: Y hanos
hecho gran merced, que en esta casa lo más está hecho; mas queda desasirnos de
nosotros mismos. Este es recio apartar... 2 estotra: la
virtud del desasimiento, de que viene hablando. 3 Suplícale
debió escribir. En la 1ª redacción concluía así: No tiene a quién temer, sino
suplicar a Dios le sustente en ellas para que no las pierda por su culpa. 4 Alusión a
Sab 16, 20, y al Ex c. 16. 5 Un
corrector enmendó sin motivo el autógrafo: «que esto pone el demonio que es
menester para llevar y guardar la orden». -Recuérdese que pone equivale a
sugiere. -Guardar la orden equivale a guardar la observancia de la Orden.
-Tanto enhorabuena: tan enhorabuena. 6 En la 1ª
redacción escribió más lacónicamente: Creo, y sélo cierto, que tengo más
compañeras que tendré injuriadas por hacer lo contrario. 7 En la 1ª
redacción era más fina la ironía y fuerza de este pasaje. Algunas veces dales
un frenesí de hacer penitencias sin camino ni concierto.... La imaginación que
les pone el demonio 'que las hizo daño' 'que ¡nunca más penitencia!, ni la que
manda la orden que ya lo probaron'. No guardan unas cosas muy bajas de la Regla
-como es el silencio, que no nos ha de hacer mal-, y no nos ha venido la
imaginación de que nos duele la cabeza, cuando dejamos de ir al coro -que
tampoco nos mata-, un día porque nos dolió, y otro porque nos ha dolido, y
otros tres porque no nos duela. 8 Y no le
parece justo juzgarnos mal -añadía la 1ª redacción-. -En lugar del n.
siguiente, la redacción primitiva concluía así: ¡Oh, este quejar -válgame Dios-
entre monjas!; que El me lo perdone, que temo es ya costumbre. A mí me acaeció
una vez ver esto: que la tenía una de quejarse de la cabeza, y quejábaseme
mucho de ella. Venido a averiguar, poco ni mucho le dolía, sino en otra parte
tenía algún dolor. -Todo este capítulo es mucho más espontáneo y finamente
cáustico en la redacción escurialense. CAPITULO 11
Prosigue en la mortificación, y dice la que se ha de adquirir en las
enfermedades.
1. Cosa
imperfecta me parece, hermanas mías, este quejarnos siempre con livianos males;
si podéis sufrirlo, no lo hagáis. Cuando es grave el mal, él mismo se queja; es
otro quejido y luego se parece (1). Mirad que sois pocas, y si una tiene esta
costumbre es para traer fatigadas a todas, si os tenéis amor y hay caridad;
sino que la que estuviere de mal que sea de veras, lo diga y tome lo necesario;
que si perdéis el amor propio, sentiréis tanto cualquier regalo, que no hayáis
miedo le toméis sin necesidad ni os quejéis sin causa. Cuando la hay, sería muy
peor no decirlo que tomarle sin ella, y muy malo si no os apiadasen. 2. Mas de
eso, a buen seguro que adonde hay caridad y tan pocas, que nunca falte el
cuidado de curaros (2). Mas unas flaquezas y malecillos de mujeres, olvidaos de
quejarlas, que algunas veces pone el demonio imaginación de esos dolores;
quítanse y pónense. Si no se pierde la costumbre de decirlo y quejaros de todo
si no fuere a Dios, nunca acabaréis (3). Porque este cuerpo tiene una falta,
que mientras más le regalan, más necesidades descubre. Es cosa extraña lo que
quiere ser regalado; y como tiene aquí algún buen color, por poca que sea la
necesidad, engaña a la pobre del alma para que no medre. 3. Acordaos
qué de pobres enfermos habrá que no tengan a quién se quejar. Pues pobres y
regaladas, no lleva camino. Acordaos también de muchas casadas; -yo sé que las
hay- y personas de suerte, que con graves males, por no dar enfado a sus
maridos, no se osan quejar, y con graves trabajos. Pues ¡pecadora de mí!, sí,
que no venimos aquí a ser más regaladas que ellas. ¡Oh, que estáis libres de
grandes trabajos del mundo, sabed sufrir un poquito por amor de Dios sin que lo
sepan todos! Pues es una mujer muy malcasada (4), y porque no sepa su marido lo
dice y se queja, pasa mucha malaventura sin descansar con nadie, ¿y no
pasaremos algo entre Dios y nosotras de los males que nos da por nuestros
pecados? ¡Cuánto más que es nonada lo que se aplaca el mal! 4. En todo
esto que he dicho, no trato de males recios, cuando hay calentura mucha, aunque
pido haya moderación y sufrimiento siempre, sino unos malecillos que se pueden
pasar en pie. Mas ¿qué fuera si éste se hubiera de ver fuera de esta casa?,
¿qué dijeran todas las monjas de mí? Y ¡qué de buena gana, si alguna se enmendara,
lo sufriera yo! Porque por una que haya de esta suerte, viene la cosa a
términos que, por la mayor parte, no creen a ninguna, por graves males que
tenga (5). Acordémonos
de nuestros Padres santos pasados ermitaños, cuya vida pretendemos imitar: ¡qué
pasarían de dolores, y qué a solas, y de fríos y hambre y sol y calor, sin
tener a quién se quejar sino a Dios! ¿Pensáis que eran de hierro? Pues tan
delicados eran como nosotras. Y creed, hijas, que en comenzando a vencer estos
corpezuelos, no nos cansan tanto. Hartas habrá que miren lo que es menester;
descuidaos de vosotras, si no fuere a necesidad conocida. Si no nos
determinamos a tragar de una vez la muerte y la falta de salud, nunca haremos
nada. 5. Procurad
de no temerla, y dejaros toda en Dios, venga lo que viniere. ¿Qué va en que
muramos? De cuantas veces nos ha burlado el cuerpo, ¿no burlaríamos alguna de
él? Y creed que esta determinación importa más de lo que podemos entender;
porque de muchas veces que poco a poco lo vayamos (6) haciendo, con el favor
del Señor, quedaremos señoras de él. Pues vencer un tal enemigo, es gran
negocio para pasar en la batalla de esta vida. Hágalo el Señor como puede. Bien
creo no entiende la ganancia sino quien ya goza de la victoria, que es tan
grande, a lo que creo, que nadie sentiría pasar trabajo por quedar en este
sosiego y señorío. NOTAS 1 Luego se
parece: se pone de manifiesto. -En la 1ª redacción el capítulo comenzaba en
términos más perentorios: Cosa imperfectísima me parece, hermanas mías, este
aullar y quejar siempre y enflaquecer la habla haciéndola de enferma... 2 ... adonde
hay «oración» y caridad y tan pocas... -había escrito en la 1ª redacción. 3 En la 1ª
redacción añadía: Pongo tanto en esto, porque tengo para mí importa y que es
una cosa que tiene muy relajados los monasterios. 4 Malcasada:
en la acepción de desafortunada en el matrimonio, o -como dice la Santa- «que
pasa mucha malaventura». 5 La 1ª
redacción proseguía: En fín, viene la cosa a términos, que pierden unas por
otras; y si alguna hay sufrida, aún los mismos médicos no la creen, como han
visto a otras con poco mal quejarse tanto. (Como es para solas mis hijas, todo
puede pasar). 6 Vamos,
escribió la Santa, contracción frecuente en su pluma (como hais por hayais; cf.
este mismo cap. en la 1ª red. n. 1). CAPÍTULO 12
Trata de cómo ha de tener en poco la vida el verdadero amador de Dios, y
la honra.
1. Vamos a
otras cosas que también importan harto, aunque parecen menudas. Trabajo grande
parece todo, y con razón, porque es guerra contra nosotros mismos; mas
comenzándose a obrar, obra Dios tanto en el alma y hácela tantas mercedes, que
todo le parece poco cuanto se puede hacer en esta vida. Y pues las monjas
hacemos lo más, que es dar la libertad por amor de Dios poniéndola en otro
poder, y pasan tantos trabajos, ayunos, silencio, encerramiento, servir el
coro, que por mucho que nos queramos regalar es alguna vez, y por ventura sola
yo en muchos monasterios que he visto, pues ¿por qué nos hemos de detener en
mortificar lo interior, pues en esto está el ir todo estotro muy más meritorio
y perfecto, y después obrarlo con más suavidad y descanso? Esto se adquiere con
ir -como he dicho- (1) poco a poco, no haciendo nuestra voluntad y apetito, aun
en cosas menudas, hasta acabar de rendir el cuerpo al espíritu. 2. Torno a
decir (2) que está el todo o gran parte en perder cuidado de nosotros mismos y
nuestro regalo; que quien de verdad comienza a servir al Señor, lo menos que le
puede ofrecer es la vida. Pues le ha dado su voluntad, ¿qué teme? Claro está
que si es verdadero religioso o verdadero orador (3), y pretende gozar regalos
de Dios, que no ha de volver las espaldas a desear morir por él y pasar
martirio. Pues ¿ya no sabéis, hermanas, que la vida del buen religioso y que
quiere ser de los allegados amigos de Dios es un largo martirio? Largo, porque
para compararle a los que de presto los degollaban, puédese llamar largo; mas
toda es corta la vida, y algunas cortísimas. ¿Y qué sabemos si seremos de tan
corta, que desde una hora o momento que nos determinemos a servir del todo a
Dios se acabe? Posible sería; que, en fin, todo lo que tiene fin no hay que
hacer caso de ello; y pensando que cada hora es la postrera, ¿quién no la
trabajará? Pues creedme que pensar esto es lo más seguro. 3. Por eso
mostrémonos a contradecir en todo nuestra voluntad; que si traéis cuidado, como
he dicho (4), sin saber cómo, poco a poco os hallaréis en la cumbre. Mas ¡qué
gran rigor parece decir no nos hagamos placer en nada, como no se dice qué
gustos y deleites trae consigo esta contradicción y lo que se gana con ella!
Aun en esta vida, ¡qué seguridad! Aquí, como todas lo usáis, estáse lo más
hecho; unas a otras se despiertan y ayudan; en esto ha cada una procurar (5) ir
adelante de las otras. 4. En los
movimientos interiores se traiga mucha cuenta, en especial si tocan en
mayorías. Dios nos libre, por su Pasión, de decir ni pensar para detenerse en
ello «si soy más antigua», «si he más años», «si he trabajado más», «si tratan
a la otra mejor». Estos pensamientos, si vinieren, es menester atajarlos con
presteza; que si se detienen en ellos, o lo ponen en plática, es pestilencia y
de donde nacen grandes males (6). Si tuvieren priora que consiente cosa de
éstas, por poco que sea, crean por sus pecados ha permitido Dios la tengan para
comenzarse a perder, y hagan gran oración porque dé el remedio, porque están en
gran peligro (7). 5. Podrá ser
que digan «que para qué pongo tanto en esto» y «que va con rigor»; «que regalos
hace Dios a quien no está tan desasido». -Yo lo creo,
que con su sabiduría infinita ve que conviene para traerlos a que lo dejen todo
por El. No llamo «dejarlo», entrar en religión, que impedimentos puede haber, y
en cada parte puede el alma perfecta estar desasida y humilde; ello a más
trabajo suyo, que gran cosa es el aparejo. Mas créanme una cosa, que si hay
punto de honra o de hacienda (8) (y) esto tan bien puede haberlo en los
monasterios como fuera, aunque más quitadas están las ocasiones y mayor sería
la culpa), que aunque tengan muchos años de oración (o,) por mejor decir,
consideración, porque oración perfecta, en fin, quita estos resabios), que
nunca medrarán mucho ni llegarán a gozar el verdadero fruto de la oración. 6. Mirad si
os va algo, hermanas, en estas cosas, pues no estáis aquí a otra cosa. Vosotras
no quedáis más honradas, y el provecho perdido para lo que podríais más ganar;
así que deshonra y pérdida cabe aquí junto (9). Cada una mire
en sí lo que tiene de humildad y verá lo que está aprovechada. Paréceme que al
verdadero humilde aun de primer movimiento no osará el demonio tentarle en cosa
de mayorías; porque, como es tan sagaz, teme el golpe. Es imposible, si uno es
humilde, que no gane más fortaleza en esta virtud, y aprovechamiento, si el
demonio le tienta por ahí; porque está claro que ha de dar vuelta sobre su
vida, y mirar (10) lo que ha servido con lo que debe al Señor, y las grandezas
que hizo en bajarse a sí para dejarnos ejemplo de humildad, y mirar sus pecados
y adónde merecía estar por ellos. Sale el alma tan gananciosa, que no osa
tornar (11) otro día por no ir quebrada la cabeza. 7. Este
consejo tomad de mí y no se os olvide: que no sólo en lo interior -que sería
gran mal no quedar con ganancia-, mas en lo exterior procurad la saquen las
hermanas de vuestra tentación; si queréis vengaros del demonio y libraros más
presto de la tentación, que así como os venga pidáis a la prelada que os mande
hacer algún oficio bajo o, como pudiereis, los hagáis vos, y andéis estudiando
en esto cómo doblar vuestra voluntad en cosas contrarias, que el Señor os las
descubrirá, y con esto durará poco la tentación (12). Dios nos libre de
personas que le quieren servir acordarse de honra. Mirad que es mala ganancia,
y -como he dicho- (13) la misma honra se pierde con desearla, en especial en
las mayorías, que no hay tóxico en el mundo que así mate como estas cosas la
perfección. 8. Diréis
«que son cosillas naturales, que no hay que hacer caso». -No os
burléis con eso, que crece como espuma, y no hay cosa pequeña en tan notable
peligro como son estos puntos de honra y mirar si nos hicieron agravio. ¿Sabéis
por qué, sin otras hartas cosas? -Por ventura en una comienza por poco y no es
casi nada, y luego mueve el demonio a que al otro le parezca mucho, y aun
pensará es caridad decirle que cómo consiente aquel agravio, que Dios le dé
paciencia, que se lo ofrezcáis, que no sufriera más un santo. Pone un caramillo
en la lengua de la otra (14), que ya que acabáis con vos de sufrir, quedáis aún
tentada de vanagloria de lo que no sufristeis con la perfección que se había de
sufrir. 9. Y es esta
nuestra naturaleza tan flaca, que aun diciéndonos que no hay qué sufrir,
pensamos hemos hecho algo y lo sentimos, cuánto más ver que lo sienten por
nosotras. Y así va perdiendo el alma las ocasiones que había tenido para merecer,
y queda más flaca y abierta la puerta al demonio para que otra vez venga con
otra cosa peor; y aun podrá acaecer, aun cuando vos queráis sufrirlo, que
vengan a vos y os dirán «que si sois bestia», «que bien es que se sientan las
cosas» (15). ¡Oh, por amor de Dios, hermanas mías!, que a ninguna le mueva
indiscreta caridad para mostrar lástima de la otra en cosa que toque a estos
fingidos agravios, que es como la que tuvieron los amigos del santo Job con él
(16), y su mujer. NOTAS 1 En el c.
11, n. 5. -Los pensamientos que preceden tenían otro matiz en la 1ª redacción:
Pues ¿por qué nos detenemos en mortificar estos cuerpos en naderías, que es no
hacerlos placer en nada, sino andar en cuidado llevándolos por donde no quieren
hasta tenerlos rendidos al espíritu? 2 Cf. c. 11,
n. 4. 3 Verdadero
orador: verdadera persona de oración. 4 En el n. 1
y en el c. 11, n. 5. -Uno de los censores acotó este pasaje con una larga nota,
que luego fue introducida en el texto por el amanuense del ms. de Salamanca.
Dice así: No nos hagamos placer etc.: en esta mortificación parece que en todo
se huelgan y hacen placer queriéndolo todo; porque tienen lo que quieren y
quieren lo que tienen, en lo cual consiste nuestro contentamiento siendo bueno
lo que se quiere». 5 En esto ha
cada una de procurar... 6 En la 1ª
redacción: ...de donde nacen grandes males en los monasterios. ¡Miren que lo sé
mucho! 7 En la 1ª
redacción: ... clamen a él y toda su oración sea porque dé el remedio en
religioso o persona de oración; que quien de veras la tiene con determinación
de gozar de las mercedes que hace Dios y regalos en ella, esto del desasimiento
a todos conviene. 8 Punto de
honra o de hacienda: vana estima o deseo de una u otra. En la 1ª redacción
había escrito: punto de honra o deseo de hacienda. 9 Alusión a
una especie de ley del código del honor. En la 1ª redacción la alusión es
explícita. 10 Mirar
(comparar) lo que ha servido con lo que debe. Al margen anotó uno de los
censores: «remedio de humildes contra la soberbia». 11 No osa tornar
«el demonio», añadió la Santa en el ms. de Madrid. 12 La 1ª
redacción añadía: (en cosas contrarias...) y con mortificaciones públicas, pues
se usan en esta casa. Como de pestilencia huid de tales tentaciones del
demonio, y procurad que esté poco con vos». 13 En el n.
6. 14 Caramillo
era una flautilla de caña, y en sentido figurado, «chisme o enredo». «Poner un
caramillo en la lengua» es «inducir a algo seduciendo». 15 En la 1ª
redacción añadía una de sus típicas exclamaciones finamente irónica: ¡Uh, que
si hay alguna amiga! 16 Job 2, 11.
-En el ms. de Toledo la Santa enmendó la frase final, equívoca: ... y la que
tuvo su mujer. CAPÍTULO 13
Prosigue en la mortificación, y cómo ha de huir de los puntos y razones
del mundo para llegarse a la verdadera razón.
1. Muchas
veces os lo digo, hermanas, y ahora lo quiero dejar escrito aquí, porque no se
os olvide, que en esta casa, y aun toda persona que quisiere ser perfecta, huya
mil leguas de «razón tuve», «hiciéronme sinrazón», «no tuvo razón quien esto
hizo conmigo»... De malas razones nos libre Dios. ¿Parece que había razón para
que nuestro buen Jesús sufriese tantas injurias y se las hiciesen y tantas
sinrazones? La que no quisiere llevar cruz sino la que le dieren muy puesta en
razón, no sé yo para qué está en el monasterio; tórnese al mundo, adonde aun no
le guardarán esas razones. ¿Por ventura podéis pasar tanto que no debáis más?
¿Qué razón es ésta? Por cierto, yo no la entiendo. 2. Cuando nos
hicieren alguna honra o regalo o buen tratamiento, saquemos esas razones, que
cierto es contra razón nos le hagan en esta vida. Mas cuando agravios -que así
los nombran sin hacernos agravio-, yo no sé qué hay que hablar. O somos esposas
de tan gran rey, o no. Si lo somos, ¿qué mujer honrada hay que no participe de
las deshonras que a su esposo hacen? Aunque no lo quiera por su voluntad, en
fin, de honra o deshonra participan entrambos. Pues tener parte en su reino y
gozarle, y de las deshonras y trabajos querer quedar sin ninguna parte, es
disparate. 3. No nos lo
deje Dios querer, sino que la que le pareciere es tenida entre todas en menos,
se tenga por más bienaventurada; y así lo es, si lo lleva como lo ha de llevar,
que no le faltará honra en esta vida ni en la otra. Créanme esto a mí. Mas qué
disparate he dicho, que me crean a mí, diciéndolo la verdadera Sabiduría (1). Parezcámonos,
hijas mías, en algo a la gran humildad de la Virgen Sacratísima, cuyo hábito
traemos, que es confusión nombrarnos monjas suyas; que por mucho que nos
parezca nos humillamos, quedamos bien cortas para ser hijas de tal Madre y
esposas de tal Esposo. Así que si
las cosas dichas no se atajan con diligencia, lo que hoy no parece nada mañana
por ventura será pecado venial; y es de tan mala digestión, que si os dejáis no
quedará solo. Es cosa muy mala para congregaciones. 4. En esto
habíamos de mirar mucho las que estamos en ella, por no dañar a las que
trabajan por hacernos bien y darnos buen ejemplo. Y si entendiésemos cuán gran
daño se hace en que se comience una mala costumbre, más querríamos morir que
ser causa de ello; (2) porque es muerte corporal, y pérdidas en las almas es
gran pérdida y que no parece se acaba de perder; porque muertas unas vienen
otras, y a todas por ventura les cabe más parte de una mala costumbre que
pusimos, que de muchas virtudes; porque el demonio no la deja caer, y las
virtudes la misma flaqueza natural las hace perder. 5. ¡Oh, qué
grandísima caridad haría y qué gran servicio a Dios la monja que en sí viese
que no puede llevar las costumbres que hay en esta casa, conocerlo e irse! Y
mire que le cumple, si no quiere tener un infierno acá y plega a Dios no sea
otro allá (3), porque hay muchas causas para temer esto, y por ventura ella ni
las demás no lo entenderán como yo. 6. Créanme en
esto, y si no, el tiempo les doy por testigo. Porque el estilo que pretendemos
llevar es no sólo de ser monjas, sino ermitañas, y así se desasen de todo lo
criado, y a quien el Señor ha escogido para aquí, particularmente veo la hace
esta merced. Aunque ahora no sea en toda perfección, vese que va ya a ella por
el gran contento que le da y alegría ver que no ha de tornar a tratar con cosa
de la vida, y el sabor todas las de la Religión. Torno a decir
que si inclina a cosas del mundo, que se vaya si no se ve ir aprovechando; e
irse, si todavía quiere ser monja, a otro monasterio, y si no, verá cómo le
sucede. No se queje de mí, que comencé éste, porque no la aviso. 7. Esta casa
es un cielo, si le puede haber en la tierra, para quien se contenta sólo de
contentar a Dios y no hace caso de contento suyo; tiénese muy buena vida; en
queriendo algo más, se perderá todo, porque no lo puede tener; y alma
descontenta es como quien tiene gran hastío, que por bueno que sea el manjar,
la da en rostro, y de lo que los sanos toman gran gusto comer, le hace asco en
el estómago. En otra parte se salvará mejor, y podrá ser que poco o poco llegue
a la perfección que aquí no pudo sufrir por tomarse por junto. Que aunque en lo
interior se aguarde tiempo para del todo desasirse y mortificarse, en lo exterior
ha de ser luego. Y a quien con ver que todas lo hacen y con andar en tan buena
compañía siempre, no le aprovecha en un año, temo que no aprovechará en muchos,
más, sino menos. No digo sea tan cumplidamente como en las otras, mas que se
entienda va cobrando salud, que luego se ve cuándo el mal es mortal. NOTAS 1 En la 1ª
redacción: ¡Qué disparate he dicho que me crean a mí, diciéndolo la verdadera
Sabiduría -que es la misma Verdad-. Y la Reina de los ángeles. -Alusión a la
sentencia evangélica de Lc 14, 11... y a dos versos del Magnificat: Lc 1, 48, y
52. -Proseguía enseguida: Siquiera en algo, imitemos esta su humildad, digo
algo, porque por mucho que nos bajemos y humillemos, no hace nada una como yo,
que por sus pecados tenía merecido la hiciesen bajar y despreciar los demonios,
ya que ella no quisiese. Porque aunque no tengan tantos pecados, por maravilla
habrá quien deje de tener alguno por que haya perecido el infierno. 2 Una mala
costumbre de estos puntillos de honra; mas querríamos morir mil muertes; así en
la primera redacción. 3 El releer
la Santa este pasaje ya listo para la imprenta, encontró dura su amenaza «si no
quiere tener un infierno acá y otro allá», y la tachó. Entre líneas completó la
frase anterior: ... lo conociese y se fuese «antes que profesase, como otra vez
he dicho». El texto de
la 1ª redacción era más extensivo y mucho más fuerte: ¡Oh, qué grandísima
caridad haría y qué gran servicio a Dios, la monja que se viese no puede llevar
las perfecciones y costumbres que hay en esta casa, conocerse e irse y dejar a
las otras en paz...! Y aun en todos los monasterios (al menos si me creen a mí)
no lo tendrán ni darán profesión hasta que de muchos años esté probado a ver si
se enmiendan.. -No llamo faltas en la penitencia y ayunos, porque aunque lo es,
no son cosas que hacen tanto daño. Mas unas condiciones que hay de suyo amigas
de ser estimadas y tenidas, y mirar las faltas ajenas y nunca conocer las suyas
y otras cosas semejantes, que verdaderamente nace de poca humildad; si Dios no
favorece con darla gran espíritu, hasta de muchos años verla enmendada, os
libre Dios de que quede en vuestra compañía. Entended que ni ella sosegará ni
os dejará sosegar a todas. Como no tomáis dote, háceos Dios merced para esto,
que es lo que me lastima de los monasterios: que muchas veces, por no tornar a
dar el dinero, dejan el ladrón que les robe el tesoro, o por la honra de sus
deudos. En esta casa tenéis ya aventurada y perdida la honra del mundo, porque
los pobres no son honrados; no tan a vuestra costa queráis que lo sean los
otros. Nuestra honra, hermanas, ha de ser servir a Dios. Quien pensare que de
esto os ha de estorbar, quédese con su honra en su casa; que para esto
ordenaron nuestros padres la probación de un año, y en nuestra Orden que no se
dé en cuatro, que para esto hay libertad. Aquí querría yo no se diese en diez.
La monja humilde poco se le dará en no ser profesa; ya sabe que si es buena, no
la echarán; si no, ¿para qué quiere hacer daño a este colegio de Cristo. Y no
llamo no ser buena, cosa de vanidad, que, con el favor de Dios, creo estará
lejos de esta casa; llamo no ser buena, no estar mortificada, sino con
asimiento de cosas del mundo o de sí en estas cosas que he dicho. Y la que
mucho en sí no le viere, créame ella mesma y no haga profesión si no quiere
tener un infierno acá, y plega a Dios no sea otro allá, porque hay muchas
causas en ella para ello; y por ventura las mesmas de la casa no las
entenderán, ni la mesma, como yo las tengo entendidas». 4 Y a
quien... no le aprovecha en un año, o medio, temo no aprovechará más en muchos,
sino menos; así en la 1ª redacción. CAPÍTULO 14
En que trata lo mucho que importa no dar profesión a ninguna que vaya
contrario su espíritu de las cosas que quedan dichas.
1. Bien creo
que favorece el Señor mucho a quien bien se determina, y por eso se ha de mirar
qué intento tiene la que entra, no sea sólo por remediarse (como) acaecerá a
muchas), puesto que el Señor puede perfeccionar este intento, si es persona de
buen entendimiento, que si no, en ninguna manera se tome; porque ni ella se
entenderá cómo entra, ni después a las que la quisieren poner en lo mejor.
Porque, por la mayor parte, quien esta falta tiene, siempre les parece atinan
más lo que les conviene que los más sabios; y es mal que le tengo por
incurable, porque por maravilla deja de traer consigo malicia. Adonde hay
muchas, podráse tolerar, y entre tan pocas no se podrá sufrir. 2. Un buen
entendimiento, si se comienza a aficionar al bien, ásese a él con fortaleza,
porque ve es lo más acertado; y cuando no aproveche para mucho espíritu,
aprovechará para buen consejo y para hartas cosas, sin cansar a nadie (1).
Cuando éste falta, yo no sé para qué puede aprovechar en comunidad, y podría
dañar harto. Esta falta
(2) no se ve muy en breve, porque muchas hablan bien y entienden mal, y otras
hablan corto y no muy cortado, y tienen entendimiento para mucho bien. Que hay
unas simplicidades santas que saben poco para negocios y estilo de mundo, y
mucho para tratar con Dios. Por eso es menester gran información para tomarlas
y larga probación para hacerlas profesas. Entienda una vez el mundo que tenéis
libertad para echarlas, que en monasterio donde hay asperezas, muchas ocasiones
hay, y como se use, no lo tendrán por agravio. 3. Digo esto,
porque son tan desventurados estos tiempos y tanta nuestra flaqueza, que no
basta tenerlo por mandamiento de nuestros pasados, para que dejemos de mirar lo
que han tomado por honra los presentes para no agraviar los deudos. Plega a
Dios no lo paguemos en la otra vida las que las admitimos, que nunca falta un
color con que nos hacemos entender se sufre hacerlo (3). 4. Y éste es
un negocio que cada una por sí le había de mirar y encomendar a Dios y animar a
la prelada, pues es cosa que tanto importa. Y así suplico a Dios en ello os dé
luz, que harto bien tenéis en no recibir dotes, que adonde se toman podría
acaecer que por no tornar a dar el dinero -que ya no lo tienen- dejen el ladrón
en casa que les robe el tesoro, que no es pequeña lástima. Vosotras, para en
este caso, no la tengáis de nadie, porque será dañar a quien pretendéis hacer
provecho. NOTAS 1 Antes, es
recreación, proseguía la 1ª redacción. 2 ... y las
demás! (1ª red.). 3 La 1ª
redacción añadía: Y en caso tan importante ninguno es bueno; porque cuando el
Prelado sin afición ni pasión mira lo que está bien a la casa, nunca creo Dios
le dejará errar. Y en mirar estas piedades y puntos necios tengo para mí que no
deja de haber yerro. CAPÍTULO 15
Que trata del gran bien que hay en no disculparse, aunque se vean
condenar sin culpa.
1. Confusión
grande me hace lo que os voy a persuadir (1), porque había de haber obrado
siquiera algo de lo que os digo en esta virtud; es así que yo confieso haber
aprovechado muy poco. Jamás me parece me falta una causa para parecerme mayor
virtud dar disculpa. Como algunas veces es lícito y sería mal no lo hacer, no
tengo discreción -o, por mejor decir, humildad- para hacerlo cuando conviene.
Porque, verdaderamente, es de gran humildad verse condenar sin culpa y callar,
y es gran imitación del Señor que nos quitó todas las culpas. Y así os ruego
mucho traigáis en esto gran estudio, porque trae consigo grandes ganancias, y
en procurar nosotras mismas librarnos de culpa, ninguna, ninguna veo, si no es
-como digo- en algunos casos que podría causar enojo o escándalo no decir la
verdad. Esto quien tuviere más discreción que yo lo entenderá. 2. Creo va
mucho en acostumbrarse a esta virtud, o en procurar alcanzar del Señor
verdadera humildad, que de aquí debe venir; porque el verdadero humilde ha de
desear con verdad ser tenido en poco y perseguido y condenado sin culpa, aun en
cosas graves. Porque si quiere imitar al Señor, ¿en qué mejor puede que en
esto? Que aquí no son menester fuerzas corporales ni ayuda de nadie, sino de
Dios. 3. Estas
virtudes grandes, hermanas mías, querría yo estudiásemos mucho e hiciésemos
penitencia, que en demasiadas penitencias ya sabéis os voy a la mano, porque
pueden hacer daño a la salud si son sin discreción. En estotro no hay que
temer, porque por grandes que sean las virtudes interiores, no quitan las
fuerzas del cuerpo para servir la religión, sino fortalecen el alma; y de cosas
muy pequeñas se pueden -como he dicho otras veces- acostumbrar para salir con
victoria en las grandes (2). En éstas no he yo podido hacer esta prueba, porque
nunca oí decir cosa mala de mí que no viese quedaban cortos; porque, aunque no
era en las mismas cosas, tenía ofendido a Dios en otras muchas, y parecíame
habían hecho harto en dejar aquéllas, y siempre me huelgo yo más que digan de
mí lo que no es, que no las verdades (3). 4. Ayuda
mucho traer consideración de lo mucho que se gana por todas vías y cómo nunca
-bien mirado- nunca nos culpan sin culpas, que siempre andamos llenas de ellas,
pues cae siete veces al día el justo, y sería mentira decir no tenemos pecado
(4). Así que, aunque no sea en lo mismo que nos culpan, nunca estamos sin culpa
del todo, como lo estaba el buen Jesús. 5. ¡Oh Señor
mío!, cuando pienso por qué de maneras padecisteis y cómo por ninguna lo
merecíais, no sé qué me diga de mí, ni dónde tuve el seso cuando no deseaba
padecer, ni adónde estoy cuando me disculpo. Ya sabéis Vos, Bien mío, que si
tengo algún bien, que no es dado por otras manos sino por las vuestras. Pues
¿qué os va, Señor, más en dar mucho que poco? Si es por no lo merecer yo,
tampoco merecía las mercedes que me habéis hecho. ¿Es posible que he yo de
querer que sienta nadie bien de cosa tan mala, habiendo dicho tantos males de
Vos, que sois bien sobre todos los bienes? No se sufre, no se sufre, Dios mío
-ni querría yo lo sufrieseis Vos- que haya en vuestra sierva cosa que no
contente a vuestros ojos. Pues mirad, Señor, que los míos están ciegos y se
contentan de muy poco. Dadme Vos luz y haced que con verdad desee que todos me
aborrezcan, pues tantas veces os he dejado a Vos, amándome con tanta fidelidad.
6. ¿Qué es
esto, mi Dios? ¿Qué pensamos sacar de contentar a las criaturas? ¿Qué nos va en
ser muy culpadas de todas ellas, si delante del Señor estamos sin culpa? ¡Oh
hermanas mías, que nunca acabamos de entender esta verdad, y así nunca acabamos
de estar perfectas, si mucho no la andamos considerando y pensando qué es lo
que es y qué es lo que no es! Pues cuando
no hubiese otra ganancia sino la confusión que le quedará a la persona que os
hubiere culpado de ver que vos sin ella os dejáis condenar, es grandísimo. Más
levanta una cosa de éstas a las veces el alma que diez sermones. Pues todas
hemos de procurar de ser predicadoras de obras, pues el Apóstol y nuestra
inhabilidad nos quita que lo seamos en las palabras (5). 7. Nunca
penséis ha de estar secreto el mal o el bien que hiciereis, por encerradas que
estéis. Y ¿pensáis que aunque vos, hija, no os disculpéis, ha de faltar quien
torne de vos? Mirad cómo respondió el Señor por la Magdalena en casa del
Fariseo y cuando su hermana la culpaba (6). No os llevará por el rigor que a
sí, que ya al tiempo que tuvo un ladrón que tornase por El, estaba en la cruz;
(7) así que Su Majestad moverá a quien torne por vosotras, y cuando no, no será
menester. Esto yo lo he visto y es así, aunque no querría se os acordase, sino
que os holgaseis de quedar culpadas, y el provecho que veréis en vuestra alma,
el tiempo os doy por testigo. Porque se comienza a ganar libertad y no se da
más que digan mal que bien, antes parece es negocio ajeno. Y es como cuando
están hablando dos personas, y como no es con nosotras mismas, estamos
descuidadas de la respuesta. Así es acá: con la costumbre que está hecha de que
no hemos de responder, no parece hablan con nosotras. Parecerá esto
imposible a los que somos muy sentidos y poco mortificados. A los principios
dificultoso es; mas yo sé que se puede alcanzar esta libertad y negación y
desasimiento de nosotros mismos con el favor del Señor. NOTAS 1 En la 1ª
redacción precedía una introducción interesante: Mas ¡qué desconcertado
escribo! Bien como quien no sabe qué hace. Vosotras tenéis la culpa, hermanas,
pues me lo mandáis. Leedlo como pudiéreis, que así lo escribo yo como puedo; y
si no, quemadlo por mal que va. Quiérese asiento, y yo tengo tan poco lugar
como veis, que se pasan ocho días que no escribo; y así, se me olvida lo que he
dicho y aun lo que voy a decir, que ahora será mal de mí y rogaros no lo hagáis
vosotras en esto que acabo de hacer, que es disculparme; que veo ser una
costumbre perfectísima y de gran edificación y mérito; y aunque os la enseño
muchas veces, y por la bondad de Dios lo hacéis, nunca Su Majestad me la ha
dado. 2 Cf. c. 12,
nn. 1-2 y c. 11, n. 5. -En la 1ª redacción añadía: Mas ¡qué bien se escribe esto,
y qué mal lo hago yo! A la verdad, en cosas grandes nunca he podido hacer esta
prueba. 3 La 1ª
redacción contenía otros detalles: Estotras cosas, por graves que fuesen, no.
Mas en cosas pequeñas seguía mi naturaleza -y sigo- sin advertir qué es lo más
perfecto. Por eso querría yo lo comenzáseis temprano a entender, y cada una a
traer consideración de lo mucho que gana por todas vías, y por ninguna pierde,
a mi parecer. Gana lo principal en seguir en algo al Señor. Digo algo, porque
-como he dicho- nunca nos culpan sin culpas. 4 Alusiones a
Pv 24, 16 y Jn 1, 8-10. 5 Alusión a
la prescripción paulina de 1 Cor 16, 34. 6 Lc 7, 36-40
y 10, 38. 7 Lc 23, 41. CAPÍTULO 16
De la diferencia que ha de haber en la perfección de la vida de los
contemplativos a los que se contentan con oración mental, y cómo es posible
algunas veces subir Dios un alma distraída a perfecta contemplación y la causa
de ello. -Es mucho de notar este capítulo y el que viene cabe él (1).
1. Y no os
parezca mucho todo esto, que voy entablando el juego, como dicen. Pedísteisme
os dijese el principio de oración; yo, hijas, aunque no me llevó Dios por este
principio, porque aún no le debo tener de estas virtudes (2), no sé otro. Pues
creed que quien no sabe concertar las piezas en el juego de ajedrez, que sabrá
mal jugar, y si no sabe dar jaque, no sabrá dar mate. Así me habéis de
reprender porque hablo en cosa de juego, no le habiendo en esta casa ni
habiéndole de haber. Aquí veréis la madre que os dio Dios, que hasta esta
vanidad sabía; mas dicen que es lícito algunas veces. Y cuán lícito será para
nosotras esta manera de jugar, y cuán presto, si mucho lo usamos, daremos mate
a este Rey divino, que no se nos podrá ir de las manos ni querrá. 2. La dama
(3) es la que más guerra le puede hacer en este juego, y todas las otras piezas
ayudan. No hay dama que así le haga rendir como la humildad. Esta le trajo del
cielo en las entrañas de la Virgen, y con ella le traeremos nosotras de un
cabello a nuestras almas (4). Y creed que quien más tuviere, más le tendrá, y
quien menos, menos. Porque no puedo yo entender cómo haya ni pueda haber
humildad sin amor, ni amor sin humildad, ni es posible estar estas dos virtudes
sin gran desasimiento de todo lo criado. 3. Diréis,
mis hijas, «que para qué os hablo en virtudes, que hartos libros tenéis que os
las enseñan, que no queréis sino contemplación». -Digo yo que aun si pidierais
meditación pudiera hablar de ella y aconsejar a todos la tuvieran, aunque no
tengan virtudes; porque es principio para alcanzar todas las virtudes, y cosa
que nos va la vida en comenzarla todos los cristianos, y ninguno, por perdido
que sea, si Dios le despierta a tan gran bien, lo habrá de dejar, como ya tengo
escrito en otra parte (5), y otros muchos que saben lo que escriben, que yo por
cierto que no lo sé; Dios lo sabe. 4. Mas
contemplación es otra cosa, hijas, que éste es el engaño que todos traemos, que
en llegándose uno un rato cada día a pensar sus pecados (que) está obligado a
ello si es cristiano de más que nombre), luego dicen es muy contemplativo, y
luego le quieren con tan grandes virtudes como está obligado a tener el muy
contemplativo, y aun él se quiere, mas yerra. En los principios no supo
entablar el juego: pensó bastaba conocer las piezas para dar mate, y es
imposible, que no se da este Rey sino a quien se le da del todo. 5. Así que,
hijas, si queréis que os diga el camino para llegar a la contemplación, sufrid
que sea un poco larga en cosas aunque no os parezcan luego tan importantes,
aunque a mi parecer no lo dejan de ser. Y si no las queréis oír ni obrar,
quedaos con vuestra oración mental toda vuestra vida, que yo os aseguro a
vosotras y a todas las personas que pretendieren este bien (ya) puede ser yo me
engañe, porque juzgo por mí que lo procuré veinte años) que no lleguéis a
verdadera contemplación. 6. Quiero
ahora declarar -porque algunas no lo entenderéis- qué es oración mental, y
plega a Dios que ésta tengamos como se ha de tener; mas también he miedo que se
tiene con harto trabajo si no se procuran las virtudes, aunque no en tan alto
grado como para la contemplación son menester. Digo que no vendrá el Rey de la
gloria a nuestra alma -digo a estar unido con ella- si no nos esforzamos a
ganar las virtudes grandes. Quiérolo declarar, porque si en alguna cosa que no
sea verdad me tomáis, no creeréis cosa, y tendríais razón si fuese con
advertencia, mas no me dé Dios tal lugar; será no saber más, o no lo entender.
Quiero, pues, decir que algunas veces querrá Dios a personas que estén en mal
estado hacerles tan gran favor para sacarlas por este medio de las manos al
demonio (6). 7. ¡Oh Señor
mío, qué de veces os hacemos andar a brazos (7) con el demonio! ¿No bastara que
os dejasteis tomar en ellos cuando os llevó al pináculo, para enseñarnos a
vencerle? Mas, ¡qué sería, hijas, ver junto a aquel Sol con las tinieblas y qué
temor llevaría aquel desventurado sin saber de qué, que no permitió Dios lo
entendiese! (8) Bendita sea tanta piedad y misericordia; que vergüenza habíamos
de haber los cristianos de hacerle andar cada día a brazos -como he dicho- con
tan sucia bestia. Bien fue menester, Señor, los tuvieseis tan fuertes; mas
¿cómo no os quedaron flacos de tantos tormentos como pasasteis en la cruz? ¡Oh,
que todo lo que se pasa con amor torna a soldarse! Y así creo, si quedarais con
la vida, el mismo amor que nos tenéis tornara a soldar vuestras llagas, que no
fuera menester otra medicina (9). ¡Oh Dios mío, y quién la pusiese tal en todas
las cosas, que me diesen pena y trabajos! Qué de buena gana las desearía, si
tuviese cierto ser curada con tan saludable ungüento! 8. Tornando a
lo que decía (10), hay almas que entiende Dios que por este medio las puede
granjear para sí. Ya que las ve del todo perdidas, quiere Su Majestad que no
quede por El, y aunque estén en mal estado y faltas de virtudes, dale gustos y
regalos y ternura que la comienza a mover los deseos, y aun pónela en
contemplación algunas veces, pocas, y dura poco. Y esto, como digo, hace porque
las prueba si con aquel favor se querrán disponer a gozarle muchas veces. Mas
si no se dispone, perdonen -o perdonadnos Vos, Señor, por mejor decir- que
harto mal es que os lleguéis Vos a un alma de esta suerte, y se llegue ella
después a cosa de la tierra para atarse a ella. 9. Tengo para
mí que hay muchos con quien Dios nuestro Señor hace esta prueba, y pocos los
que se disponen para gozar de esta merced; que cuando el Señor la hace y no
queda por nosotros, tengo por cierto que nunca cesa de dar hasta llegar a muy
alto grado. Cuando no nos damos a Su Majestad con la determinación que El se da
a nosotros, harto hace de dejarnos en oración mental y visitarnos de cuando en
cuando, como a criados que están en su viña (11). Mas estotros son hijos
regalados, no los querría quitar de cabe sí; ni los quita, porque ya ellos no
se quieren quitar; siéntalos a su mesa, dales de lo que come hasta quitar el
bocado de la boca para dársele. 10. ¡Oh
dichoso cuidado, hijas mías! ¡Oh bienaventurada dejación de cosas tan pocas y
tan bajas, que llega a tan gran estado! Mirad qué se os dará, estando en los
brazos de Dios, que os culpe todo el mundo. Poderoso es para libraros de todo,
que una vez que mandó hacer el mundo, fue hecho: su querer es obra. Pues no
hayáis miedo que si no es para más bien del que le ama, consienta hablar contra
vos: no quiere tan poco a quien le quiere (12). Pues ¿por qué, mis hermanas, no
le mostraremos nosotras, en cuanto podemos, el amor? Mirad que es hermoso
trueco dar nuestro amor por el suyo. Mirad que lo puede todo y acá no podemos
nada sino lo que El nos hace poder. Pues ¿qué es esto que hacemos por Vos,
Señor, Hacedor nuestro? Que es tanto como nada, una determinacioncilla. Pues si
lo que no es nada quiere Su Majestad que merezcamos por ello el todo, no seamos
desatinadas. 11. ¡Oh
Señor! que todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos, que si
no mirásemos otra cosa sino al camino, presto llegaríamos; mas damos mil caídas
y tropiezos y erramos el camino por no poner los ojos -como digo- en el
verdadero camino. Parece que nunca se anduvo, según se nos hace nuevo. Cosa es
para lastimar, por cierto, lo que algunas veces pasa (13). Pues tocar en
un puntito de ser menos, no se sufre, ni parece se ha de poder sufrir; luego
dicen: «¡no somos santos!». [12] Dios nos libre, hermanas, cuando algo
hiciéremos no perfecto decir: «no somos ángeles», «no somos santas». Mirad que,
aunque no lo somos, es gran bien pensar, si nos esforzamos, lo podríamos ser,
dándonos Dios la mano; y no hayáis miedo que quede por El, si no queda por
nosotras. Y pues no venimos aquí a otra cosa (14), manos a labor, como dicen:
no entendamos cosa en que se sirve más el Señor, que no presumamos salir con
ella con su favor. Esta presunción querría yo en esta casa, que hace siempre
crecer la humildad: tener una santa osadía, que Dios ayuda a los fuertes y no
es aceptador de personas. 13. Mucho me
he divertido. Quiero tornar a lo que decía (15), que es declarar qué es oración
mental y contemplación. Impertinente parece, mas para vosotras todo pasa; podrá
ser lo entendáis mejor por mi grosero estilo que por otros elegantes. El Señor
me dé favor para ello, amén. NOTAS 1 Los cuatro
primeros números de este capítulo están tomados de la primera redacción.
También en la segunda los incluyó la Autora, pero luego arrancó ella mismas las
páginas que los contenían y comenzó con el n. 5. Los cuatro párrafos suprimidos
llevan por título: Que trata de cuán necesario ha sido lo que queda dicho para
comenzar a tratar de oración. 2 Estas
virtudes: humildad y silencio cuando se nos acusa (cf. c. 15, nn. 2-3)). 3 La dama: la
reina. 4 Alusión a
Ct 4, 9. 5 En Vida c.
8, n. 4 y passim. 6 Con esta
proposición comienza un pasaje doctrinalmente interesante, profusamente
discutido y comentado por teresianistas y teólogos de la espiritualidad.
Facilitamos su estudio con los siguientes datos de índole textual: -1º. La
proposición que precede enmienda un texto tachado al arrancar los cuatro
primeros números del capítulo, y que decía así: En el capítulo pasado dije que
no vendría el Rey de la gloria a nuestra alma -digo a estar unido con ella-, si
no nos esforzábamos a ganar las virtudes que allí dije. -2º. Ténganse en cuenta
los matices nuevos del segundo planteamiento del problema en el número 8:
aunque estén en mal estado y faltas de virtudes... -3º. La primera redacción
contiene diferencias textuales importantes; en el n. 6: Acaece muchas veces que
el Señor pone un alma muy ruin -entiéndase no estando en pecado mortal
entonces, a mi parecer- ... [el sentido queda suspenso; probablemente quiso
escribir: «el Señor pone en contemplación un alma muy ruin, etc.»]; porque una
visión, aunque sea muy buena, permitirá el Señor que la vea uno estando en mal
estado para tornarle a sí; mas ponerle en contemplación no lo puedo creer
porque en aquella unión divina, adonde el Señor se regala con el alma y el alma
con El, no lleva camino alma sucia deleitarse con ella la limpieza de los
cielos y el regalo de los ángeles con cosa que no sea suya, pues ya sabemos
que, en pecando uno mortalmente, es del demonio: con él se puede regalar, pues
le ha contentado (que ya sabemos son sus regalos continuo tormento aun en esta
vida), que no le faltará a mi Señor hijos suyos con quien se huelgue sin que
ande a tomar los ajenos. Hará Su Majestad lo que hace muchas veces, que es
sacárselos de las manos. -El comienzo del n. 8: Ansí que, cuando el Señor
quiere, torna el alma a sí; pónela, estando aun sin tener estas virtudes, en
contemplación algunas veces; pocas, y dura poco. -Finalmente, en la redacción
del manuscrito de Toledo, autorizada por la Santa, se leen nuevas variantes; en
el n. 6: «Quiero, pues, decir que querrá Dios algunas veces hacer tan gran
merced a personas que están en mal estado, que las suba a perfecta
contemplación, para sacarlas por este medio de las manos del demonio». -Todo este
forcejeo de la Santa por llegar a una formulación satisfactoria de «su
problema», demuestra que había en él datos huidizos, no captados plenamente por
su mente, ni fáciles de expresar. 7 Andar a
brazos: luchar a brazo partido, cuerpo a cuerpo. -Sigue una alusión a Mt 4, 5. 8 ... y cuán
merecido había por tan gran atrevimiento que criara Dios otro infierno nuevo
para él: frase que tachó la propia Santa en el autógrafo de El Escorial (1ª
red.). 9 La 1ª
redacción continuaba: Parece que desatino; pues no hago, que mayores cosas que
éstas hace el amor divino, y por no parecer curiosa -ya que lo soy- y daros mal
ejemplo, no traigo aquí algunas. 10 Tornando a
lo que decía en el n. 6. 11 Alusión a
Mt 21, 37. 12 La 1ª
redacción añadía: de cuantas maneras puede mostrar el amor, le muestra; pero
uno de los censores juzgó poco atildada teológicamente la frase y la borró. 13 Proseguía
la 1ª redacción: Digo que no parecemos cristianos, ni que leímos la Pasión en
nuestra vida. ¡Válgame Dios, tocar en un puntillo de honra! Luego, quien os
dice que no hagáis caso de ello parece no es cristiano. Yo me reía -o me
afligía- alguna vez de lo que veía en el mundo, y aun, por mis pecados, en las
religiones: ¡tocar en un puntillo de ser menos no se sufre! Luego dicen que no
somos santos, o lo decía yo... 14 Aquí otra
cosa, escribió la Santa. Lo corregimos por la 1ª redacción. 15 Ef 6, 9.
-La 1ª redacción contiene variantes de interés: ... humildad: siempre estar con
ánimo, que Dios le da a los fuertes -y no es aceptador de personas y os le dará
a vosotras y a mí. 16 En el n.
6. CAPÍTULO 17
De cómo no todas las almas son para contemplación, y cómo algunas llegan
a ella tarde, y que el verdadero humilde ha de ir contento por el camino que le
llevare el Señor.
1. Parece que
me voy entrando en la oración, y fáltame un poco por decir, que importa mucho,
porque es de la humildad y es necesario en esta casa; (1) porque es el
ejercicio principal de oración y, como he dicho (2), cumple mucho tratéis de
entender cómo ejercitaros mucho en la humildad, y éste es un gran punto de ella
y muy necesario para todas las personas que se ejercitan en oración: ¿cómo
podrá el verdadero humilde pensar que es él tan bueno como los que llegan a ser
contemplativos? Que Dios le puede hacer tal, sí, por su bondad y misericordia.
Mas, de mi consejo, siempre se siente en el más bajo lugar, que así nos dijo el
Señor lo hiciésemos y nos lo enseñó por la obra (3). Dispóngase para si Dios le
quisiere llevar por ese camino. Cuando no, para eso es la humildad, para
tenerse por dichosa en servir a las siervas del Señor y alabarle porque,
mereciendo ser sierva de los demonios en el infierno, la trajo Su Majestad
entre ellas. 2. No digo
esto sin gran causa, porque, como he dicho (4), es cosa que importa mucho
entender que no a todos lleva Dios por un camino, y por ventura el que le
pareciere va por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor. Así que no
porque en esta casa todas traten de oración, han de ser todas contemplativas
(5). Es imposible. Y será gran desconsolación para la que no lo es, no entender
esta verdad, que esto es cosa que lo da Dios; y pues no es necesario para la
salvación, ni nos lo pide de premio (6), no piense se lo pedirá nadie. Que por
eso no dejará de ser muy perfecta si hace lo que queda dicho. Antes podrá ser
tenga mucho más mérito, porque es a más trabajo suyo y la lleva el Señor como a
fuerte y la tiene guardado junto todo lo que aquí no goza. No por eso desmaye
ni deje la oración y de hacer lo que todas, que a las veces viene el Señor muy
tarde y paga tan bien y tan por junto como en muchos años ha ido dando a otros. 3. Yo estuve
más de catorce que nunca podía tener aun meditación sino junto con lección.
Habrá muchas personas de este arte, y otras que, aunque sea con la lección, no
puedan tener meditación, sino rezar vocalmente, y aquí se detienen más. Hay
pensamientos tan ligeros que no pueden estar en una cosa, sino siempre
desasosegados, y en tanto extremo que, si quieren detenerle a pensar en Dios,
se les va a mil disparates y escrúpulos y dudas (7). Yo conozco
una persona bien vieja, de harto buena vida, penitente y muy sierva de Dios, y
gasta hartas horas, hartos años ha, en oración vocal, y en mental no hay
remedio; (8) cuando más puede, poco a poco en las oraciones vocales se va
deteniendo. Y otras personas hay hartas de esta manera, y si hay humildad, no
creo yo saldrán peor libradas al cabo, sino muy en igual de los que llevan
muchos gustos, y con más seguridad en parte; porque no sabemos si los gustos
son de Dios o si los pone el demonio. Y si no son de Dios, es más peligro,
porque en lo que él trabaja aquí es en poner soberbia; que si son de Dios, no
hay que temer; consigo traen la humildad, como escribí muy largo en el otro
libro (9). 4. Estotros
(10) andan con humildad, sospechosos que es por su culpa, siempre con cuidado
de ir adelante. No ven a otros llorar una lágrima, que, si ella no las tiene,
no le parezca está muy atrás en el servicio de Dios, y debe estar por ventura
muy más adelante; porque no son las lágrimas, aunque son buenas, todas
perfectas; y la humildad y mortificación y desasimiento y otras virtudes,
siempre hay más seguridad. No hay qué temer, ni hayáis miedo que dejéis de
llegar a la perfección como los muy contemplativos. 5. Santa era
santa Marta, aunque no dicen era contemplativa. Pues ¿qué más queréis que poder
llegar a ser como esta bienaventurada, que mereció tener a Cristo nuestro Señor
tantas veces en su casa y darle de comer y servirle y comer a su mesa? (11) Si
se estuviera como la Magdalena, embebidas, no hubiera quien diera de comer a
este divino Huésped. Pues pensad que es esta congregación la casa de santa
Marta y que ha de haber de todo. Y las que fueren llevadas por la vida activa,
no murmuren a las que mucho se embebieren en la contemplación, pues saben ha de
tornar el Señor de ellas, aunque callen, que, por la mayor parte, hace
descuidar de sí y de todo (12). 6. Acuérdense
que es menester quien le guise la comida, y ténganse por dichosas en andar
sirviendo con Marta. Miren que la verdadera humildad está mucho en estar muy
prontos en contentarse con lo que el Señor quisiere hacer de ellos, y siempre
hallarse indignos de llamarse sus siervos. Pues si contemplar y tener oración
mental y vocal y curar enfermos y servir en las cosas de casa y trabajar -sea
en lo más bajo-, todo es servir al Huésped que se viene con nosotras a estar y
a comer y recrear, ¿qué más se nos da en lo uno que en lo otro? 7. No digo yo
que quede por nosotras, sino que lo probéis todo, porque no está esto en
vuestro escoger, sino en el del Señor. Mas si después de muchos años quisiere a
cada una para su oficio, gentil humildad será querer vosotras escoger. Dejad
hacer al Señor de la casa. Sabio es, poderoso es, entiende lo que os conviene y
lo que le conviene a El también. Estad seguras que haciendo lo que es en
vosotras y aparejándoos para contemplación con la perfección que queda dicha,
que si El no os la da (lo) que creo no dejará de dar, si es de veras el
desasimiento y humildad), que os tiene guardado este regalo para dároslo junto
en el cielo, y que -como otra vez he dicho- (13) os quiere llevar como a
fuertes, dándoos acá cruz como siempre Su Majestad la tuvo. ¿Y qué mejor
amistad que querer lo que quiso para Sí para vos? Y pudiera ser no tuvierais
tanto premio en la contemplación. Juicios son suyos, no hay que meternos en
ellos. Harto bien es que no quede a nuestro escoger, que luego -como nos parece
más descanso- fuéramos todos grandes contemplativos. ¡Oh gran
ganancia, no querer ganar por nuestro parecer para no temer pérdida, pues nunca
permite Dios la tenga el bien mortificado, sino para ganar más! NOTAS 1 Monasterio
de San José de Avila. 2 En el c.
12, n. 6-7. 3 Lc 14, 10. 4 En el c.
16, n. 9. 5 Recogemos
una variante de la 1ª red.: No porque en esta casa haya costumbre y ejercicio
de oración, es por fuerza que han de ser todas contemplativas... -En cambio, en
el ms. de Toledo borró la Santa la afirmación siguiente: «es imposible». 6 Premio,
escribe la Santa. Fray Luis de León (p. 93) conservó el término. -El amanuense
del ms. toledano trascribió «de premio», y la Santa tachó simplemente ambos
vocablos. -«Pedir de apremio» equivale a exigir. 7 ... en la
fe: añadía la 1ª red. 8 En la 1ª
redacción es más explícita: Yo conozco a una monja bien vieja, -que pluguiera a
Dios fuera mi vida como la suya-, muy santa y penitente y en todo gran monja y
de mucha oración vocal y muy ordinaria. 9 En Vida c.
15, n. 14; c. 17, n. 3; c. 20, nn. 7 y 29, etc. 10 estotros:
los no agraciados con gustos espirituales en la oración. 11 Más
gráficamente en la 1ª redacción: ... darle de comer y servirle y por ventura
comer a su mesa y aun en su plato? -Alude a Lc 10, 38-42. 12 Tornar...
por ellas, que por la mayor parte la contemplación hace descuidar... 13 En el n.
2. CAPÍTULO 18
Que prosigue en la misma materia y dice cuánto mayores son los trabajos
de los contemplativos que de los activos. -Es de mucha consolación para ellos.
1. Pues yo os
digo, hijas, a las que no lleva Dios por este camino, que a lo que he visto y
entendido de los que van por él, que no llevan la cruz más liviana y que os
espantaríais por las vías y maneras que las da Dios. Yo sé de unos y de otros,
y sé claro que son intolerables los trabajos que Dios da a los contemplativos,
y son de tal suerte, que si no les diese aquel manjar de gustos no se podrían
sufrir. Y está claro que, pues lo es que a los que Dios mucho quiere lleva por
camino de trabajos, y mientras más los ama, mayores, no hay por qué creer que
tiene aborrecidos los contemplativos, pues por su boca los alaba y tiene por amigos
(1). 2. Pues creer
que admite a su amistad estrecha gente regalada y sin trabajos, es disparate.
Tengo por muy cierto se los da Dios mucho mayores. Y así como los lleva por
camino barrancoso y áspero, y a las veces que les parece se pierden y han de comenzar
de nuevo a tornarle a andar, que así ha menester Su Majestad darles
mantenimiento, y no de agua, sino de vino, para que, emborrachados, no
entiendan lo que pasan, y lo puedan sufrir. Y así pocos veo verdaderos
contemplativos que no los vea animosos y determinados a padecer; que lo primero
que hace el Señor, si son flacos, es ponerles ánimo y hacerlos que no teman
trabajos. 3. Creo
piensan los de la vida activa, por un poquito que los ven regalados, que no hay
más que aquello. Pues yo digo que por ventura un día de los que pasan no lo
pudieseis sufrir. Así que el Señor, como conoce a todos para lo que son, da a
cada uno su oficio, el que más ve conviene a su alma y al mismo Señor y al bien
de los prójimos; y como no quede por no os haber dispuesto, no hayáis miedo se
pierda vuestro trabajo. Mirad que digo que todas lo procuremos, pues no estamos
aquí a otra cosa; y no un año, ni dos solos, ni aun diez, porque no parezca lo
dejamos de cobardes, y es bien que el Señor entienda no queda por nosotras; como
los soldados que, aunque mucho hayan servido, siempre han de estar a punto para
que el capitán los mande en cualquier oficio que quiera ponerlos, pues les ha
de dar su sueldo. ¡Y cuán mejor pagado lo paga nuestro Rey que los de la
tierra! (2) 4. Como los ve
presentes y con gana de servir y tiene ya entendido para lo que es cada uno,
reparte los oficios como ve las fuerzas; y si no estuviesen presentes, no les
daría nada ni mandaría en qué sirviesen. Así que,
hermanas, oración mental, y quien ésta no pudiere, vocal y lección y coloquios
con Dios, como después diré (3). No se deje las horas de oración que todas. No
sabe cuándo llamará el Esposo (no) os acaezca como a las vírgenes locas) (4) y
la querrá dar más trabajo, disfrazado con gusto. Si no, entiendan no son para
ello y que les conviene aquello, y aquí entra el merecer con la humildad
creyendo con verdad que aun para lo que hacen no son (5). 5. Andar
alegres sirviendo en lo que les mandan, como he dicho; (6) y si es de veras
esta humildad, bienaventurada tal sierva de vida activa, que no murmurará sino
de sí (7). Deje a las otras con su guerra, que no es pequeña. Porque aunque en
las batallas el alférez no pelea, no por eso deja de ir en gran peligro, y en
lo interior debe de trabajar más que todos; porque como lleva la bandera, no se
puede defender, y aunque le hagan pedazos no la ha de dejar de las manos. Así
los contemplativos han de llevar levantada la bandera de la humildad y sufrir
cuantos golpes les dieren sin dar ninguno; porque su oficio es padecer como
Cristo, llevar en alto la cruz, no la dejar de las manos por peligros en que se
vean, ni que vean en él flaqueza en padecer; para eso le dan tan honroso
oficio. Mire lo que hace, porque si él (8) deja la bandera, perderse ha la
batalla. Y así creo que se hace gran daño en los que no están tan adelante, si
a los que tienen ya en cuento de capitanes y amigos de Dios les ven no ser sus
obras conforme al oficio que tienen. 6. Los demás
soldados vanse como pueden, y a las veces se apartan de donde ven el mayor
peligro, y no los echa nadie de ver ni pierden honra; estotros llevan todos los
ojos en ellos, no se pueden bullir. Así que bueno
es el oficio, y honra grande y merced hace el rey a quien le da, mas no se
obliga a poco en tomarle. Así que, hermanas, no sabemos lo que pedimos; (9)
dejemos hacer al Señor; que hay algunas personas que por justicia parece
quieren pedir a Dios regalos. ¡Donosa manera de humildad! Por eso hace bien el
conocedor de todos, que pocas veces creo lo da a éstos: ve claro que no son
para beber el cáliz (10). 7. Vuestro
entender, hijas, si estáis aprovechadas, será en si entendiere cada una es la
más ruin de todas, y esto que se entienda en sus obras que lo conoce así para
aprovechamiento y bien de las otras; y no en la que tiene más gustos en la
oración y arrobamientos o visiones o mercedes que hace el Señor de esta suerte,
que hemos de aguardar al otro mundo para ver su valor. Estotro es moneda que se
corre, es renta que no falta, son juros perpetuos y no censos de al quitar, que
estotro quítase y pónese; (11) una virtud grande de humildad y mortificación,
de gran obediencia en no ir en un punto contra lo que manda el prelado, que
sabéis verdaderamente que os lo manda Dios, pues está en su lugar. En esto de
obediencia es en lo que más había de poner, y por parecerme que, si no la hay,
es no ser monjas, no digo nada de ello, porque hablo con monjas, y a mi parecer
buenas, al menos que lo desean ser. En cosa tan sabida e importante, no más de
una palabra porque no se olvide. 8. Digo que
quien estuviere por voto debajo de obediencia y faltare no trayendo todo
cuidado en cómo cumplirá con mayor perfección este voto, que no sé para qué
está en el monasterio; al menos yo la aseguro que mientras aquí faltare, que
nunca llegue a ser contemplativa ni aun buena activa; y esto tengo por muy muy
cierto. Y aunque no sea persona que tiene a esto obligación, si quiere o
pretende llegar a contemplación, ha menester, para ir muy acertada, dejar su
voluntad con toda determinación en un confesor que sea tal (12). Porque esto es
ya cosa muy sabida, que aprovechan más de esta suerte en un año que sin esto en
muchos, y para vosotras no es menester, no hay que hablar de ello. 9. Concluyo
con que estas virtudes son las que yo deseo tengáis, hijas mías, y las que
procuréis y las que santamente envidiéis. Esotras devociones no curéis de tener
pena por no tenerlas; es cosa incierta. Podrá ser en otras personas sean de
Dios, y en vos permitirá Su Majestad sea ilusión del demonio y que os engañe,
como ha hecho a otras personas (13). En cosa dudosa ¿para qué queréis servir al
Señor, teniendo tanto en qué seguro? ¿Quién os mete en esos peligros? 10. Heme
alargado tanto en esto, porque sé conviene, que esta nuestra naturaleza es
flaca, y a quien Dios quisiere dar la contemplación, Su Majestad le hará
fuerte; a los que no, heme holgado de dar estos avisos, por donde también se
humillarán los contemplativos (14). El Señor, por
quien es, nos dé luz para seguir en todo su voluntad, y no habrá de qué temer. NOTAS 1 Alusión al
pasaje evangélico (Lc 10,41) de que habló en el c. 17, n. 5. 2 En la 1ª
redacción: ¡Y cuán mejor pagado es que los que sirven al rey! Andan los tristes
muriendo, y después sabe Dios cómo se paga. 3 Cf. c. 30
passim, y n. 7. -La frase siguiente se refiere a las horas de oración
obligatorias a todas por ley. 4 Mt 25,
1-13. -En la 1ª redacción persistía el símil guerrero, en lugar de esta alusión
evangélica: No sabe cuándo la llamará el capitán y la querrá dar más trabajo
disfrazado con gusto. Si no las llamaren, entiendan que no son para él y que
les convino aquello. -Este párrafo comenzaba así: Como no estén ausentes y los
ve el capitán con deseo de servir, ya tiene entendido -aunque no también como
nuestro celestial Capitán- para lo que es cada uno... 5 Lc 17, 10. 6 En el n. 4;
y en el c. 17, n. 6. 7 Añadía la
1ª red.: Harto más querría yo ser ella que algunas contemplativas. -Todo el
tema militar que sigue, tiene desarrollo diverso en la primera redacción. 8 Porque que
si él, escribió la Santa. 9 Mt 20, 22.
No sabemos lo que pedimos, cuando solicitamos los regalos de la contemplación.
-En la 1ª red.: Dejemos hacer al Señor, que nos conoce mejor que nosotras
mismas. Y la verdadera humildad es andar contentas con lo que nos dan. 10 Alusión a
Mt 20, 22. 11 Censos de
al quitar eran los censos redimibles, en contraposición a los juros, que de
suyo eran perpetuos, como la misma Autora insinúa. 12 En la 1ª
redacción: Que sea tal que le entienda. Porque esto se sabe ya muy sabido y lo
han escrito muchos y para vosotras no es menester, no hay que hablar de ello. 13 Que en
mujeres es cosa peligrosa, añadía la 1ª redacción. 14 Proseguía
la 1ª red.: Si decís, hijas, que vosotras no los habéis menester, alguna vendrá
que por ventura se huelgue con ellos. CAPÍTULO 19
Que comienza a tratar de la oración. -Habla con almas que no pueden
discurrir con el entendimiento.
1. Ha tantos
días que escribí lo pasado sin haber tenido lugar para tornar a ello, que si no
lo tornase a leer no sé lo que decía. Por no ocupar tiempo habrá de ir como
saliere, sin concierto. Para entendimientos concertados y almas que están
ejercitadas y pueden estar consigo mismas, hay tantos libros escritos y tan
buenos y de personas tales, que sería yerro hicieseis caso de mi dicho en cosa
de oración, pues, como digo, tenéis libros tales adonde van por días de la
semana repartidos los misterios de la vida del Señor y de su Pasión, y
meditaciones del juicio e infierno y nuestra nonada y lo mucho que debemos a
Dios, con excelente doctrina y concierto para principio y fin de la oración
(1). Quien pudiere y tuviere ya costumbre de llevar este modo de oración, no
hay que decir, que por tan buen camino el Señor le sacará a puerto de luz, y
con tan buenos principios el fin lo será, y todos los que pudieren ir por él
llevarán descanso y seguridad; porque, atado el entendimiento, vase con
descanso (2). Mas de lo que
querría tratar y dar algún remedio, si el Señor quisiese acertase (y) si no, al
menos que entendáis hay muchas almas que pasan este trabajo, para que no os
fatiguéis las que le tuviereis), es esto: 2. Hay unas
almas y entendimientos tan desbaratados como unos caballos desbocados, que no
hay quien las haga parar. Ya van aquí, ya van allí, siempre con desasosiego
(3). Es su misma naturaleza, o Dios que lo permite. Heles mucha lástima, porque
me parecen como unas personas que han mucha sed y ven el agua de muy lejos, y
cuando quieren ir allá, hallan quien las defienda el paso (4) al principio y
medio y fin. Acaece que, cuando ya con su trabajo -y con harto trabajo- han
vencido los primeros enemigos, a los segundos se dejan vencer y quieren más
morir de sed que beber agua que tanto ha de costar. Acabóseles el esfuerzo,
faltóles ánimo. Y ya que algunos le tienen para vencer también los segundos
enemigos, a los terceros se les acaba la fuerza, y por ventura no estaban dos
pasos de la fuente de agua viva que dijo el Señor a la Samaritana, que quien la
bebiere no tendrá sed (5). Y con cuánta razón y verdad, como dicho de la boca
de la misma Verdad, que no la tendrá de cosa de esta vida, aunque crece muy
mayor de lo que acá podemos imaginar de las cosas de la otra por esta sed
natural. Mas ¡con qué sed se desea tener esta sed! Porque entiende el alma su
gran valor, y aunque (6) es sed penosísima que fatiga, trae consigo la misma
satisfacción con que se mata aquella sed, de manera que es una sed que no ahoga
sino a las cosas terrenas, antes da hartura, de manera que cuando Dios la
satisface, la mayor merced (7) que puede hacer al alma es dejarla con la misma
necesidad, y mayor queda siempre de tornar a beber esta agua. 3. El agua
tiene tres propiedades, que ahora se me acuerda que me hacen al caso, que
muchas más tendrá. La una es que
enfría, que, por calor que hayamos, en llegando al agua, se quita; y si hay
gran fuego, con ella se mata, salvo si no es de alquitrán (8), que se enciende
más. ¡Oh, válgame Dios, qué maravillas hay en este encenderse más el fuego con
el agua, cuando es fuego fuerte, poderoso, no sujeto a los elementos, pues
éste, con ser su contrario, no le empece, antes le hace crecer! Mucho valiera
aquí poder hablar con quien supiera filosofía, porque sabiendo las propiedades
de las cosas, supiérame declarar, que me voy regalando en ello y no lo sé decir
y aun por ventura no lo sé entender. 4. De que Dios,
hermanas, os traiga a beber de esta agua y las que ahora lo bebéis, gustaréis
de esto y entenderéis cómo el verdadero amor de Dios -si está en su fuerza, ya
libre de cosas de tierra del todo y que vuela sobre ellas- cómo es señor de
todos los elementos y del mundo. Y como el agua procede de la tierra, no hayáis
miedo (9) que mate este fuego de amor de Dios; no es de su jurisdicción. Aunque
son contrarios, es ya señor absoluto; no le está sujeto. Y así no os
espantaréis, hermanas, de lo mucho que he puesto en este libro para que
procuréis esta libertad. ¿No es linda cosa que una pobre monja de San José
pueda llegar a señorear toda la tierra y elementos? Y ¿qué mucho que los santos
hiciesen de ellos lo que querían, con el favor de Dios? A San Martín el fuego y
las aguas le obedecían; a San Francisco hasta las aves y los peces, y así a
otros muchos santos. Se veía claro ser tan señores de todas las cosas del
mundo, por haber bien trabajado de tenerle en poco y sujetádose de veras con
todas sus fuerzas al Señor de él. Así que, como digo, el agua que nace en la
tierra no tiene poder contra él; (10) sus llamas son muy altas, y su nacimiento
no comienza en cosa tan baja. Otros fuegos
hay de pequeño amor de Dios, que cualquiera suceso los matará; mas a éste no,
no: aunque toda la mar de tentaciones venga, no le harán que deje de arder de
manera que no se enseñoree de ellas (11). 5. Pues si es
agua de lo que llueve del cielo, muy menos le matará. No son contrarios, sino
de una tierra (12). No hayáis miedo se hagan mal el un elemento al otro, antes
ayuda el uno al otro a su efecto. Porque el agua de las lágrimas verdaderas
(que) son las que proceden en verdadera oración, bien dadas del Rey del cielo)
le ayuda a encender más y hace que dure, y el fuego ayuda al agua a enfriar.
¡Oh, válgame Dios, qué cosa tan hermosa y de tanta maravilla, que el fuego
enfría! Sí, y aun hiela todas las afecciones del mundo, cuando se junta con el
agua viva del cielo, que es la fuente de donde proceden las lágrimas que quedan
dichas, que son dadas y no adquiridas por nuestra industria. Así que a buen
seguro que no deja calor en ninguna cosa del mundo para que se detenga en
ellas, si no es para si puede pegar este fuego, que es natural suyo no se
contentar con poco, sino que, si pudiese, abrasaría todo el mundo. 6. Es la otra
propiedad limpiar cosas no limpias. Si no hubiese agua para lavar, ¿qué sería
del mundo? ¿Sabéis qué tanto limpia esta agua viva, esta agua celestial, esta
agua clara, cuando no está turbia, cuando no tiene lodo, sino que cae del
cielo? Que de una vez que se beba, tengo por cierto deja el alma clara y limpia
de todas las culpas. Porque -como tengo escrito- (13) no da Dios lugar a que
beban de esta agua (que) no está en nuestro querer, por ser cosa muy
sobrenatural esta divina unión), si no es para limpiarla y dejarla limpia y
libre del lodo y miseria en que por las culpas estaba metida. Porque otros
gustos que vienen por medianería del entendimiento, por mucho que hagan, traen
el agua corriendo por la tierra; no lo beben junto a la fuente; nunca falta en
este camino cosas lodosas en que se detengan, y no va tan puro ni tan limpio.
No llamo yo esta oración -que, como digo, va discurriendo con el entendimiento-
«agua viva», conforme a mi entender, digo; porque, por mucho que queramos
hacer, siempre se pega a nuestra alma, ayudada de este nuestro cuerpo y bajo
natural, algo de camino de lo que no querríamos. 7. Quiérome
declarar más: estamos pensando qué es el mundo y cómo se acaba todo, para
menospreciarlo. Casi sin entendernos, nos hallamos metidos en cosas que amamos
de él. Y deseándolas huir, por lo menos nos estorba un poco pensar cómo fue y
cómo será y qué hice y qué haré. Y para pensar lo que hace al caso para
librarnos, a las veces nos metemos de nuevo en el peligro. No porque esto se ha
de dejar, mas hase de temer. Es menester no ir descuidados. Acá lleva
este cuidado el mismo Señor, que no quiere fiarnos de nosotros (14). Tiene en
tanto nuestra alma, que no la deja meter en cosas que la puedan dañar por aquel
tiempo que quiere favorecerla; sino pónela de presto junto cabe sí y muéstrale
en un punto más verdades y dala más claro conocimiento de lo que es todo, que
acá pudiéramos tener en muchos años. Porque no va libre la vista; ciéganos el
polvo como vamos caminando. Acá llévanos el Señor al fin de la jornada sin
entender cómo. 8. La otra
propiedad del agua es que harta y quita la sed. Porque sed me parece a mí
quiere decir deseo de una cosa que nos hace gran falta, que si del todo nos
falta nos mata. Extraña cosa es que si nos falta nos mata, y si nos sobra nos
acaba la vida, como se ve morir muchos ahogados. ¡Oh Señor mío, y quién se
viese tan engolfada en esta agua viva que se le acabase la vida! Mas ¿no puede
ser esto? Sí, que tanto puede crecer el amor y deseo de Dios, que no lo pueda
sufrir el sujeto natural, y así ha habido personas que han muerto. Yo sé de una
que, si no la socorriera Dios presto con esta agua viva tan en gran abundancia,
que (15) casi la sacaba de sí con arrobamientos. Digo que casi la sacaban de sí,
porque aquí descansa el alma. Parece que, ahogada de no poder sufrir el mundo,
resucita en Dios, y Su Majestad la habilita para que pueda gozar lo que,
estando en sí, no pudiera sin acabarse la vida. 9. Entiéndase
de aquí que, como en nuestro sumo Bien no puede haber cosa que no sea cabal,
todo lo que El da es para nuestro bien, y por mucha abundancia de esta agua que
dé, no puede haber demasía en cosa suya; porque si da mucho, hace -como he
dicho- (16) hábil el alma para que sea capaz de beber mucho; como un vidriero,
que hace la vasija del tamaño que ve es menester para que quepa lo que quiere
echar en ella. En el
desearlo, como es de nosotros, nunca va sin falta. Si alguna cosa buena lleva,
es lo que en él ayuda el Señor. Mas somos tan indiscretos que, como es pena
suave y gustosa, nunca nos pensamos hartar de esta pena; comemos sin tasa,
ayudamos como acá podemos a este deseo, y así algunas veces mata. ¡Dichosa tal
muerte! Mas, por ventura, con la vida ayudara a otros para morir por deseo de
esta muerte. Y esto creo hace el demonio, porque entiende el daño que ha de
hacer con vivir, y así tienta aquí de indiscretas penitencias para quitar la
salud, y no le va poco en ello. 10. Digo que
quien llega a tener esta sed tan impetuosa, que se mire mucho, porque crea que
tendrá esta tentación; y aunque no muera de sed, acabará la salud y dará
muestras exteriores, aunque no quiera, que se han de excusar por todas vías.
Algunas veces aprovechará poco nuestra diligencia, que no podremos todo lo que
se quiere encubrir. Mas estemos con cuidado, cuando vienen estos ímpetus tan
grandes de crecimiento de este deseo, para no añadir en él, sino con suavidad
cortar el hilo con otra consideración; que nuestra naturaleza a veces podrá ser
obre tanto como el amor, que hay personas que cualquier cosa, aunque sea mala,
desean con gran vehemencia. Estas no creo serán las muy mortificadas, que para
todo aprovecha la mortificación. Parece
desatino que cosa tan buena se ataje. Pues no lo es, que yo no digo se quite el
deseo, sino que se ataje, y por ventura será con otro que se merezca tanto. 11. Quiero
decir algo para darme mejor a entender. Da un gran deseo de verse ya con Dios y
desatado de esta cárcel, como le tenía San Pablo: (17) pena por tal causa y que
debe en sí ser muy gustosa; no será menester poca mortificación para atajarla,
y del todo no podrá. Mas cuando viere aprieta tanto que casi va a quitar el
juicio (como) yo vi a una persona no ha mucho, y de natural impetuosa (18),
aunque demostrada a quebrar su voluntad -me parece lo ha ya perdido, porque se
ve en otras cosas- digo que por un rato, que la vi como desatinada de la gran
pena y fuerza que se hizo en disimularla), digo que en caso tan excesivo,
aunque fuese espíritu de Dios, tengo por humildad temer, porque no hemos de
pensar tenemos tanta caridad, que nos pone en tan gran aprieto. 12. Y digo
que no tendré por malo (si) puede -digo- que por ventura todas veces no podrá)
que mude el deseo pensando si vive servirá más a Dios, y podrá ser a alguna
alma que se había de perder la dé luz, y que con servir más, merecerá por donde
pueda gozar más de Dios, y témase lo poco que ha servido. Y son buenos
consuelos para tan gran trabajo, y aplacará su pena y ganará mucho, pues por
servir al mismo Señor se quiere acá pasar y vivir con su pena. Es como si uno
tuviese un gran trabajo o grave dolor, consolarle con decir tenga paciencia y
se deje en las manos de Dios, y que cumpla en él su voluntad, que dejarnos en
ellas es lo más acertado en todo. 13. Y si el
demonio ayudó en alguna manera a tan gran deseo, que sería posible, como cuenta
creo Casiano de un ermitaño de asperísima vida, que le hizo entender se echase
en un pozo porque vería más presto a Dios; yo bien creo no debía haber servido
con humildad ni bien; porque fiel es el Señor (19) y no consintiera Su Majestad
se cegara en cosa tan manifiesta (20). Mas está claro si el deseo fuera de
Dios, no le hiciera mal: trae consigo la luz y la discreción y la medida. Esto
es claro, sino que este adversario, enemigo nuestro, por dondequiera que puede,
procura dañar (21). Y pues él no anda descuidado, no lo andemos nosotros. Este
es punto importante para muchas cosas, así para acortar el tiempo de la
oración, por gustosa que sea, cuando se ven acabar las fuerzas corporales o
hacer daño a la cabeza. En todo es muy necesario discreción. 14. ¿Para qué
pensáis, hijas, que he pretendido declarar el fin y mostrar el premio antes de
la batalla, con deciros el bien que trae consigo llegar a beber de esta fuente
celestial, de esta agua viva? Para que no os congojéis del trabajo y
contradicción que hay en el camino, y vayáis con ánimo y no os canséis. Porque
-como he dicho- (22) podrá ser que después de llegadas, que no os falta sino
bajaros a beber en la fuente, lo dejéis todo y perdáis este bien, pensando no
tendréis fuerza para llegar a él y que no sois para ello. 15. Mirad que
convida el Señor a todos. Pues es la misma verdad, no hay que dudar. Si no
fuera general este convite, no nos llamara el Señor a todos, y aunque los
llamara, no dijera: «Yo os daré de beber» (23). Pudiera decir: «Venid todos,
que, en fin, no perderéis nada; y los que a mí me pareciere, yo los daré de
beber». Mas como dijo, sin esta condición, «a todos», tengo por cierto que
todos los que no se quedaren en el camino, no les faltará esta agua viva. Dénos el
Señor, que la promete, gracia para buscarla como se ha de buscar, por quien Su
Majestad es. NOTAS 1 Se refiere
muy probablemente a los libros del P. Granada, conocidos y estimados de la
Santa, recomendados a sus monjas en las Constituciones, y alabados en términos
superlativos en carta al autor: «De las muchas personas que aman en el Señor a
Vuestra Paternidad y por haber escrito tan santa y provechosa doctrina, y dan
gracias a Su Majestad, y por haberle dado a Vuestra Paternidad para tan grande
y universal bien de las almas, soy yo una» (BMC, t. 7, p. 211). 2 Y así no
hablo ahora con estas almas, añadió la Santa en el ms. de Toledo. 3 Y aunque si
es diestro el que va en él, no peligra muchas veces, algunas sí; y cuando va
seguro de la vida, no lo está del hacer cosa en él que no sea desdón, y va con
gran trabajo siempre. -Desdón: falta de gracia, desdoro (cf. COROMINAS,
Diccionario crítico, etimológico de la lengua castellana, -Madrid 1954-., s.v.
(«donaire»). 4 Defienda el
p.: en acepción de prohibir. 5 Alusión a
Jn 4, 13. -En el ms. de Toledo añadió la Santa: ... no tendrá sed de manera que
pierda a Dios; entiéndese no la dejándola El de su mano; y ansí siempre se ha
de andar con temor». 6 Aunque: en
el autógrafo parece de mano ajena. 7 Por
escrúpulo teológico un censor corrigió: una de las mayores mercedes... 8 Alquitrán:
«Es una especie de betún de que se hacen fuegos inextinguibles para arrojar a
los enemigos»; así lo define Cobarrubias, S.V. _. La exposición que sigue se basa
en la antigua teoría filosófica de los cuatro elementos simples de que consta
el universo: tierra, aire, agua y fuego; eran contrarios entre sí el primero y
el segundo, el tercero y el cuarto; de ahí las aplicaciones que hace la Santa
al «agua viva» y el «fuego del amor», lamentándose de no saber filosofía que
-creía ella- la hubiera iniciado en el conocimiento de las «propiedades de las
cosas». 9 Fiados en
la misericordia de Dios, escribió la Santa entre líneas en el ms. toledano. 10 Contra él:
añadido al margen por la Santa. 11 Alusión a
Ct, 8, 7. _. En lugar de estos tres últimos períodos. («Se... veía... de
ellas»), en la 1ª redacción escribió: Pues con ayuda de Dios, ya haciendo lo
que han podido, casi se lo pueden pedir de derecho. Que ¿pensáis porque dice el
Salmista que todas las cosas están sujetas y puestas debajo de los pies de los
hombres, pensáis que de todos? -No hayáis miedo, antes los veo yo sujetos a
ellos debajo de los pies de ellas; y conocí un caballero que, en porfiando
sobre medio real, le mataron: mira si se sujetó a miserable precio. Y hay
muchas cosas que veis cada día por donde conoceréis que digo verdad. Pues sí,
que el Salmista no pudo mentir, que es dicho del Espíritu Santo, sino que me
parece a mí (ya puede ser yo no lo entienda y sea disbarate -que lo he leído),
que es dicho por los perfectos, «que todas las cosas de la tierra señoreen».
-Alude la Santa al Salmo 8: pero el severo censor no le perdonó esta audacia
exegética; tachó el pasaje con una enorme cruz en aspa y un buen borrón, y
luego anotó al margen: «No es este el sentido de la autoridad, sino de Cristo y
también de Adán en el estado de la Inocencia». Esto bastó para que la Santa
descartase radicalmente el texto de las siguientes redacciones. 12 De una
tierra: de un mismo país (cf. c. 40, n. 8), es decir, tienen un mismo origen. 13 En el c.
16, n. 6 s. 14 Nótese que
compara el «agua viva» (contemplación infusa) con el «agua fangosa» (oración
discursiva). -«Acá» se refiere al «agua viva», es decir, a la contemplación.
-En las dos frases siguientes: ... dala más claro conocimiento de lo que es
todo, que acá» [o sea más de lo que acá en la tierra] pudiéramos tener... Acá
[en la contemplación infusa] llévanos el Señor... 15 Queda
suspenso el sentido. -La Santa alude a sí misma: véase el c. 20 de Vida y la
Relación 1ª. -En la primera redacción lo refería así: Yo sé de una que, si no
la socorriera Dios presto con esta agua viva en grandísima abundancia con
arrobamientos, tenía tan grande esta sed, iba en tanto crecimiento su deseo,
que entendía claro era muy posible -si no la remediaran- morir de sed. ¡Bendito
sea el que nos convida que va[ya]mos a beber en su evangelio!... (Jn 7,37). Y
así como en nuestro Bien y Señor no puede haber cosa que no sea cabal, como es
sólo de El darnos esta agua, da la que hemos menester. -En el ms. de Toledo la
frase quedó así: «casi la sacaba de sí con una gran suspensión»: las tres
últimas palabras son autógrafas de la Santa. 16 En el n.
8. 17 Cf. Fp 1,
23. 18 Y no de
natural, escribió; el no fue tachado quizá por la propia Autora. Cf.
r 3, 4. 19 1 Cor 10,
13. 20 Se trata
del solitario Herón, cuya historia refiere Casiano en la Conferencia II, c. 5.
-Sobre la afición de Santa Teresa a los libros de Casiano, depone María
Bautista en el Proceso Remisorial (Avila 1610): «Imitando al dicho Padre Santo
Domingo, era muy devota de las Colaciones de Casiano y Padres del Desierto, y
así, cuando esta declarante estuvo con ella, la Santa Madre la mandaba cada día
que leyese dos o tres vidas de aquellos santos por no tener ella siempre lugar
por sus justas y santas ocupaciones, y que a las noches se las refiriese esta
declarante, y así lo hacía» (BMC, t. 19, p. 591). 21 Alusión al
texto bíblico de 1 Pt 5, 8 que la Santa leía en la Regla carmelitana. -En la 1ª
red. concluía así: pues él [el diablo] no anda descuidado, no lo andemos
nosotros. Este es punto importante para muchas cosas, que algunas veces hay
gran necesidad de no nos olvidar de él. 22 En el n.
2. 23 Jn 7, 37.
Este texto no aparece en la Biblia en la forma citada por la Santa. Parece una
combinación de Jn 7, 37 y Mt 11, 28 conservando el pensamiento del primero y la
forma gramatical del segundo. CAPÍTULO 20
Trata cómo por diferentes vías nunca falta consolación en el camino de
la oración, y aconseja a las hermanas de esto sean sus pláticas siempre.
1. Parece que
me contradigo en este capítulo pasado de lo que había dicho; porque, cuando
consolaba a las que no llegaban aquí (1), dije que tenía el Señor diferentes
caminos por donde iban a El, así como había muchas moradas (2). Así lo torno
ahora a decir; porque, como entendió Su Majestad nuestra flaqueza, proveyó como
quien es. Mas no dijo: «por este camino vengan unos y por éste otros»; antes
fue tan grande su misericordia, que a nadie quitó procurase venir a esta fuente
de vida a beber. ¡Bendito sea por siempre, y con cuánta razón me lo quitara a
mí! 2. Pues no me
mandó lo dejase cuando lo comencé e hizo que me echasen en el profundo, a buen
seguro que no lo quite a nadie, antes públicamente nos llama a voces (3). Mas,
como es tan bueno, no nos fuerza, antes da de muchas maneras a beber a los que
le quieren seguir, para que ninguno vaya desconsolado ni muera de sed. Porque
de esta fuente caudalosa salen arroyos, unos grandes y otros pequeños, y algunas
veces charquitos para niños, que aquello les basta, y más sería espantarlos ver
mucha agua; éstos son los que están en los principios. Así que,
hermanas, no hayáis miedo muráis de sed en este camino. Nunca falta agua de
consolación tan falto que no se pueda sufrir. Y pues esto es así, tomad mi
consejo y no os quedéis en el camino, sino pelead como fuertes hasta morir en
la demanda, pues no estáis aquí a otra cosa sino a pelear. Y con ir siempre con
esta determinación de antes morir que dejar de llegar al fin del camino, si os
llevare el Señor con alguna sed en esta vida, en la que es para siempre os dará
con toda abundancia de beber y sin temor que os ha de faltar. Plega al Señor no
le faltemos nosotras, amén (4). 3. Ahora,
para comenzar este camino que queda dicho (5) de manera que no se yerre desde
el principio, tratemos un poco de cómo se ha de principiar esta jornada, porque
es lo que más importa; digo que importa el todo para todo. No digo que quien no
tuviere la determinación que aquí diré le deje de comenzar, porque el Señor le
irá perfeccionando; y cuando no hiciese más de dar un paso, tiene en sí tanta
virtud, que no haya miedo lo pierda ni le deje de ser muy bien pagado. Es -digamos-
como quien tiene una cuenta de perdones (6), que si la reza una vez gana, y
mientras más veces, más. Mas si nunca llega a ella, sino que se la tiene en el
arca, mejor fuera no tenerla. Así que, aunque no vaya después por el mismo
camino, lo poco que hubiere andado de él le dará luz para que vaya bien por los
otros, y si más andare, más. En fin, tenga cierto que no le hará daño el
haberle comenzado para cosa ninguna, aunque le deje, porque el bien nunca hace
mal. Por eso todas
las personas que os trataren, hijas, habiendo disposición y alguna amistad,
procurad quitarlas el miedo de comenzar tan gran bien. Y por amor de Dios os
pido que vuestro trato sea siempre ordenado a algún bien de quien hablareis,
pues vuestra oración ha de ser para provecho de las almas. Y pues esto habéis
siempre de pedir al Señor, mal parecería, hermanas, no lo procurar de todas
maneras. 4. Si queréis
ser buen deudo, ésta es la verdadera amistad. Si buena amiga, entended que no
lo podéis ser sino por este camino. Ande la verdad en vuestros corazones, como
ha de andar por la meditación, y veréis claro el amor que somos obligadas a
tener a los prójimos. No es ya
tiempo, hermanas, de juego de niños, que no parece otra cosa estas amistades
del mundo, aunque sean buenas; ni haya entre vosotras tal plática de «si me
queréis», «no me queréis», ni con deudos ni nadie, si no fuere yendo fundadas
en un gran fin y provecho de aquel ánima. Que puede acaecer, para que os
escuche vuestro deudo o hermano o persona semejante una verdad y la admita,
haber de disponerle con estas pláticas y muestras de amor que a la sensualidad
siempre contentan; y acaecerá tener en más una buena palabra -que así la
llaman- y disponer más que muchas de Dios, para que después éstas quepan. Y
así, yendo con advertencia de aprovechar, no las quito. Mas si no es para esto,
ningún provecho pueden traer, y podrán hacer daño sin entenderlo vosotras. Ya
saben que sois religiosas y que vuestro trato es de oración. No se os ponga
delante: «no quiero que me tengan por buena», porque es provecho o daño común
el que en vos vieren. Y es gran mal a las que tanta obligación tienen de no
hablar sino en Dios, como las monjas, les parezca bien disimulación en este
caso, si no fuese alguna vez para más bien. Este es
vuestro trato y lenguaje; quien os quisiere tratar, depréndale; y si no,
guardaos de deprender vosotras el suyo: será infierno. 5. Si os
tuvieren por groseras, poco va en ello; si por hipócritas, menos. Ganaréis de
aquí que no os vea sino quien se entendiere por esta lengua. Porque no lleva
camino uno que no sabe algarabía (7), gustar de hablar mucho con quien no sabe
otro lenguaje. Y así, ni os cansarán ni dañarán, que no sería poco daño
comenzar a hablar nueva lengua, y todo el tiempo se os iría en eso. Y no podéis
saber como yo, que lo he experimentado, el gran mal que es para el alma, porque
por saber la una se le olvida la otra, y es un perpetuo desasosiego, del que en
todas maneras habéis de huir. Porque lo que mucho conviene para este camino que
comenzamos a tratar es paz y sosiego en el alma. 6. Si las que
os trataren quisieren deprender vuestra lengua, ya que no es vuestro de
enseñar, podéis decir las riquezas que se ganan en deprenderla. Y de esto no os
canséis, sino con piedad y amor y oración porque le aproveche, para que,
entendiendo la gran ganancia, vaya a buscar maestro que le enseñe; que no sería
poca merced que os hiciese el Señor despertar a algún alma para este bien. Mas ¡qué de
cosas se ofrecen en comenzando a tratar de este camino aun a quien tan mal ha
andado por él como yo! Plega al Señor os lo sepa, hermanas, decir mejor que lo
he hecho, amén (8). NOTAS 1 En el c.
17, n. 2. 2 Cf. Jn 14,
2. 3 Alusión a
Pv 1, 20 s., y a Jn 7, 37. 4 En la 1ª
redacción matizaba así este importante pasaje: Y con ir siempre con esta
determinación de antes morir que dejar de llegar a esta fuente, si os lleva el
Señor sin llegar a ella en esta vida, en la otra os la dará con toda
abundancia; beberéis sin temor que por vuestra culpa os ha de faltar. Plega al
Señor que no nos falte su misericordia, amén. 5 Este camino
que queda dicho: el de la oración, único de que trata el libro entre los muchos
a que alude el n. 1 y c. 19, título. 6 Cuenta de
perdones: especie de rosario indulgenciado, que servía para contar el número de
veces que se rezaban las oraciones prescritas. Perdones = indulgencias. 7 Algarabía:
chapurreo del idioma árabe: lengua atropellada e ininteligible (cf. Vida c. 14,
n. 8 nota). Vuestro trato y lenguaje (n. 4), esta lengua: son expresiones con
que se indica el matiz peculiar e inconfundible que caracteriza la conversación
de quien vive la vida de oración. 8 La 1ª
redacción concluía de otra manera: ¡ojalá pudiera yo escribir con muchas manos,
para que unas por otras no se olvidaran! CAPÍTULO 21
Que dice lo mucho que importa comenzar con gran determinación a tener
oración, y no hacer caso de los inconvenientes que el demonio pone.
1. No os
espantéis, hijas, de las muchas cosas que es menester mirar para comenzar este
viaje divino, que es camino real para el cielo. Gánase yendo por él gran
tesoro, no es mucho que cueste mucho a nuestro parecer. Tiempo vendrá que se
entienda cuán nonada es todo para tan gran precio. 2. Ahora,
tornando a los que quieren ir por él y no parar hasta el fin (1), que es llegar
a beber de esta agua de vida, cómo han de comenzar, digo que importa mucho, y
el todo (2), una grande y muy determinada determinación de no parar hasta
llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que
se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera
en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se
hunda el mundo, como muchas veces acaece con decirnos: «hay peligros», «fulana
por aquí se perdió», «el otro se engañó», «el otro, que rezaba mucho, cayó»,
«hacen daño a la virtud», «no es para mujeres, que les podrán venir ilusiones»,
«mejor será que hilen», «no han menester esas delicadeces», «basta el
Paternóster y Avemaría». 3. Esto así
lo digo yo, hermanas, y ¡cómo si basta! Siempre es gran bien fundar vuestra
oración sobre oraciones dichas de tal boca como la del Señor. En esto tienen
razón, que si no estuviese ya nuestra flaqueza tan flaca y nuestra devoción tan
tibia, no eran menester otros conciertos de oraciones, ni eran menester otros
libros. Y así me ha parecido ahora (pues,) como digo (3), hablo con almas que
no pueden recogerse en otros misterios, que les parece es menester artificio y
hay algunos ingenios tan ingeniosos que nada les contenta), iré fundando por
aquí unos principios y medios y fines de oración, aunque en cosas subidas no me
detendré; (4) y no os podrán quitar libros, que si sois estudiosas, y teniendo
humildad, no habéis menester otra cosa. 4. Siempre yo
he sido aficionada y me han recogido más las palabras de los Evangelios (5) que
libros muy concertados. En especial, si no era el autor muy aprobado, no los
había gana de leer. Allegada, pues, a este Maestro de la sabiduría, quizá me
enseñará alguna consideración que os contente. No digo que
diré declaración de estas oraciones divinas (6) (que) no me atrevería y hartas
hay escritas; y que no las hubiera, sería disparate), sino consideración sobre
las palabras del Paternóster. Porque algunas veces con muchos libros parece se
nos pierde la devoción en lo que tanto nos va tenerla, que está claro que el
mismo maestro cuando enseña una cosa toma amor con el discípulo, y gusta de que
le contente lo que le enseña, y le ayuda mucho a que lo deprenda, y así hará
este Maestro celestial con nosotras. 5. Por eso,
ningún caso hagáis de los miedos que os pusieren (7) ni de los peligros que os
pintaren. Donosa cosa es que quiera yo ir por un camino adonde hay tantos
ladrones, sin peligros, y a ganar un gran tesoro. Pues bueno anda el mundo para
que os le dejen tomar en paz; sino que por un maravedí de interés se pondrán a
no dormir muchas noches y a desasosegaros cuerpo y alma. Pues cuando yéndole a
ganar -o a robar, como dice el Señor que le ganan los esforzados- (8) y por
camino real y por camino seguro, por el que fue nuestro Rey y por el que fueron
todos sus escogidos y santos, os dicen hay tantos peligros y os ponen tantos
temores, los que van, a su parecer, a ganar este bien sin camino, ¿qué son los
peligros que llevarán? 6. ¡Oh hijas
mías!, que muchos más sin comparación, sino que no los entienden hasta dar de
ojos en el verdadero peligro, cuando no hay quien les dé la mano, y pierden del
todo el agua sin beber poca ni mucha, ni de charco ni de arroyo. Pues ya veis,
sin gota de esta agua ¿cómo se pasará camino adonde hay tantos con quien
pelear? Está claro que al mejor tiempo morirán de sed; porque, queramos que no,
hijas mías, todos caminamos para esta fuente, aunque de diferentes maneras.
Pues creedme vosotras y no os engañe nadie en mostraros otro camino sino el de
la oración. [7] Yo no hablo ahora en que sea mental o vocal para todos; para vosotras
digo que lo uno y lo otro habéis menester. Este es el oficio de los religiosos.
Quien os dijere que esto es peligro, tenedle a él por el mismo peligro y huid
de él. Y no se os olvide, que por ventura habéis menester este consejo. Peligro
será no tener humildad y las otras virtudes; mas camino de oración camino de
peligro, nunca Dios tal quiera. El demonio parece ha inventado poner estos
miedos, y así ha sido mañoso a hacer caer a algunos que tenían oración, al
parecer. 8. Y mirad
qué ceguedad del mundo, que no miran los muchos millares que han caído en
herejías y en grandes males sin tener oración, sino distracción, y entre la
multitud de éstos, si el demonio, por hacer mejor su negocio, ha hecho caer a
algunos que tenían oración, ha hecho poner tanto temor a algunos para las cosas
de virtud. Estos que (9) toman este amparo para librarse, se guarden; porque
huyen del bien para librarse del mal. Nunca tan mala invención he visto: bien
parece del demonio. ¡Oh Señor mío!, tornad por Vos; mirad que entienden al
revés vuestras palabras. No permitáis semejantes flaquezas en vuestros siervos
(10). 9. Hay un
gran bien: que siempre veréis algunos que os ayuden. Porque esto tiene el
verdadero siervo de Dios, a quien Su Majestad ha dado luz del verdadero camino,
que en estos temores le crece más el deseo de no parar. Entiende claro por
dónde va a dar el golpe el demonio, y húrtale el cuerpo y quiébrale la cabeza.
Más siente él (11) esto, que cuantos placeres otros le hacen le contentan.
Cuando en un tiempo de alboroto, en una cizaña que ha puesto -que parece lleva
a todos tras sí medio ciegos, porque es debajo de buen celo-, levanta Dios uno
que los abra los ojos y diga que miren los ha puesto niebla para no ver el
camino, ¡qué grandeza de Dios, que puede más a las veces un hombre solo o dos
que digan verdad, que muchos juntos!; tornan poco a poco a descubrir el camino,
dales Dios ánimo. Si dicen que hay peligro en la oración, procura se entienda
cuán buena es la oración, si no por palabras, por obras. Si dicen que no es
bien a menudo las comuniones, entonces las frecuentan más. Así que como haya
uno o dos que sin temor sigan lo mejor, luego torna el Señor poco a poco a
ganar lo perdido. 10. Así que,
hermanas, dejaos de estos miedos. Nunca hagáis caso en cosas semejantes de la
opinión del vulgo. Mirad que no son tiempos de creer a todos, sino a los que
viereis van conforme a la vida de Cristo. Procurad tener limpia conciencia y
humildad, menosprecio de todas las cosas del mundo y creer firmemente lo que
tiene la Madre Santa Iglesia, y a buen seguro que vais buen camino. Dejaos -como
he dicho- (12) de temores, adonde no hay qué temer. Si alguno os los pusiere,
declaradle con humildad el camino. Decid que Regla tenéis que os manda orar sin
cesar -que así nos lo manda- y que la habéis de guardar (13). Si os dijeren que
sea vocalmente, apurad si ha de estar el entendimiento y corazón en lo que
decís. Si os dijeren que sí -que no podrán decir otra cosa-, veis adonde
confiesan que habéis forzado de tener oración mental, y aun contemplación, si
os la diere Dios allí. NOTAS 1 Ahora
tornando al tema: comenzó a tratarlo en el c. 19, nn. 1-2. 2 La 1ª
redacción intercalaba aquí una interesante referencia literaria: «importa... el
todo y aunque en algún libro he leído lo bien que es llevar este principio -y
aun en algunos- me parece no se pierde nada en decirlo aquí... 3 Alude al c.
19, n. 2. 4 En la 1ª
redacción decía: ... en cosas subidas no haré sino tocar, porque -como digo-
las tengo ya escritas [se refiere al libro de la Vida]; y no os podrán quitar
libro, que no os quede tan buen libro... -Esta última expresión alude a la
reciente prohibición de libros en lengua vulgar («Indice de libros
prohibidos...» del Inquisidor F. de Valdés, 1559) que tan honda pena causó a la
Santa (cf. Vida c. 26, n. 5). 5 ... que se
salieron por aquella sacratísima boca así como las decía, añadía la 1ª red. 6 Estas
oraciones: el paternóster y avemaría, porque en un principio se propuso
comentar las dos, renunciando luego a la segunda. -La frase siguiente: «y si no
las hubiere (otras obras escritas), sería disparate (escribirlas yo)». 7 Pusiera,
escribió por distracción. 8 Mt 11, 12. 9 Estos
que...: los que huyen de la oración para evitar sus peligros. 10 Haced
bien, hijas, que no os quitarán el paternóster y avemaría. Así proseguía la 1ª
redacción, aludiendo nuevamente a la prohibición inquisitorial (cf. nuestra
nota al n. 3); pero esta vez la alusión no fue del agrado de uno de los
censores, que la tachó en el autógrafo de El Escorial y añadió al margen:
«Parece que reprehende a los Inquisidores que prohibieron los libros de
oración». Esta glosa marginal fue tachada tan meticulosamente, que hasta el
presente no había sido descifrada. 11 Siente él:
el demonio. 12 En el n. 5
y 10. 13 Véase el
texto de la Regla en c. 4, nota 3. Volver al Inicio del Documento |
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