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LA BIBLIA Versión Reina-Valera de 1909
Libro del Profeta Isaías

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Capítulo 1

1:1

VISIÓN de Isaías hijo de Amoz, la cual vió sobre Judá y Jerusalem, en días de Uzzías, Jotham, Achâz y Ezechîas, reyes de Judá.

1:2

Oid, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla el Altísimo: Crié hijos, y engrandecílos, y ellos se rebelaron contra mí.

1:3

El buey conoce á su dueño, y el asno el pesebre de su señor: Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento.

1:4

¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron á el Altísimo, provocaron á ira al Santo de Israel, tornáronse atrás.

1:5

¿Para qué habéis de ser castigados aún? todavía os rebelaréis. Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.

1:6

Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa ilesa, sino herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.

1:7

Vuestra tierra está destruída, vuestras ciudades puestas á fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida de extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.

1:8

Y queda la hija de Sión como choza en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada.

1:9

Si el Altísimo de los ejércitos no hubiera hecho que nos quedasen muy cortos residuos, como Sodoma fuéramos, y semejantes á Gomorra.

1:10

Príncipes de Sodoma, oid la palabra de el Altísimo; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.

1:11

¿Para qué á mí, dice el Altísimo, la multitud de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gruesos: no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

1:12

¿Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis á presentaros delante de mí, para hollar mis atrios?

1:13

No me traigáis más vano presente: el perfume me es abominación: luna nueva y sábado, el convocar asambleas, no las puedo sufrir: son iniquidad vuestras solemnidades.

1:14

Vuestras lunas nuevas y vuestras solemnidades tiene aborrecidas mi alma: me son gravosas; cansado estoy de llevarlas.

1:15

Cuando extendiereis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos: asimismo cuando multiplicareis la oración, yo no oiré: llenas están de sangre vuestras manos.

1:16

Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo:

1:17

Aprended á hacer bien: buscad juicio, restituid al agraviado, oid en derecho al huérfano, amparad á la viuda.

1:18

Venid luego, dirá el Altísimo, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana.

1:19

Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra:

1:20

Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos á espada: porque la boca de el Altísimo lo ha dicho.

1:21

¿Cómo te has tornado ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de juicio, en ella habitó equidad; mas ahora, homicidas.

1:22

Tu plata se ha tornado escorias, tu vino mezclado está con agua.

1:23

Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones: todos aman las dádivas, y van tras las recompensas: no oyen en juicio al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.

1:24

Por tanto, dice el Señor el Altísimo de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, vengaréme de mis adversarios:

1:25

Y volveré mi mano sobre ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré todo tu estaño:

1:26

Y restituiré tus jueces como al principio, y tus consejeros como de primero: entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel.

1:27

Sión con juicio será rescatada, y los convertidos de ella con justicia.

1:28

Mas los rebeldes y pecadores á una serán quebrantados, y los que dejan á el Altísimo serán consumidos.

1:29

Entonces os avergonzarán los olmos que amasteis, y os afrentarán los bosques que escogisteis.

1:30

Porque seréis como el olmo que se le cae la hoja, y como huerto que le faltan las aguas.

1:31

Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.

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Capítulo 2

2:1

LO que vió Isaías, hijo de Amoz, tocante á Judá y a Jerusalem.

2:2

Y acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de el Altísimo por cabeza de los montes, y será ensalzado sobre los collados, y correrán á él todas las gentes.

2:3

Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de el Altísimo, á la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalem la palabra de el Altísimo.

2:4

Y juzgará entre las gentes, y reprenderá á muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces: no alzará espada gente contra gente, ni se ensayarán más para la guerra.

2:5

Venid, oh casa de Jacob, y caminemos á la luz de el Altísimo.

2:6

Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque son henchidos de oriente, y de agoreros, como los Filisteos; y en hijos ajenos descansan.

2:7

Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin. También está su tierra llena de caballos; ni sus carros tienen número.

2:8

Además está su tierra llena de ídolos, y á la obra de sus manos se han arrodillado, á lo que fabricaron sus dedos.

2:9

Y hase inclinado el hombre, y el varón se ha humillado: por tanto no los perdonarás.

2:10

Métete en la piedra, escóndete en el polvo, de la presencia espantosa de el Altísimo y del resplandor de su majestad.

2:11

La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y el Altísimo solo será ensalzado en aquel día.

2:12

Porque día de el Altísimo de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, y sobre todo ensalzado; y será abatido:

2:13

Y sobre todos los cedros del Líbano altos y sublimes, y sobre todos los alcornoques de Basán;

2:14

Y sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados levantados;

2:15

Y sobre toda torre alta, y sobre todo muro fuerte;

2:16

Y sobre todas las naves de Tarsis, y sobre todas pinturas preciadas.

2:17

Y la altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y solo el Altísimo será ensalzado en aquel día.

2:18

Y quitará totalmente los ídolos.

2:19

Y meteránse en las cavernas de las peñas, y en las aberturas de la tierra, por la presencia espantosa de el Altísimo, y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare él para herir la tierra.

2:20

Aquel día arrojará el hombre, á los topos y murciélagos, sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase;

2:21

Y se entrarán en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia formidable de el Altísimo, y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare para herir la tierra.

2:22

Dejaos del hombre, cuyo hálito está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?

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Capítulo 3

3:1

PORQUE he aquí que el Señor el Altísimo de los ejércitos quita de Jerusalem y de Judá el sustentador y el fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua;

3:2

El valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano;

3:3

El capitán de cincuenta, y el hombre de respeto, y el consejero, y el artífice excelente, y el hábil orador.

3:4

Y pondréles mozos por príncipes, y muchachos serán sus señores.

3:5

Y el pueblo hará violencia los unos á los otros, cada cual contra su vecino: el mozo se levantará contra el viejo, y el villano contra el noble.

3:6

Cuando alguno trabare de su hermano, de la familia de su padre, y le dijere, Que vestir tienes, tú serás nuestro príncipe, y sea en tu mano esta ruina;

3:7

El jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir: no me hagáis príncipe del pueblo.

3:8

Pues arruinada está Jerusalem, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra el Altísimo, para irritar los ojos de su majestad.

3:9

La apariencia del rostro de ellos los convence: que como Sodoma predican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque allegaron mal para sí.

3:10

Decid al justo que le irá bien: porque comerá de los frutos de sus manos.

3:11

¡Ay del impío! mal le irá: porque según las obras de sus manos le será pagado.

3:12

Los exactores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen la carrera de tus caminos.

3:13

el Altísimo está en pie para litigar, y está para juzgar los pueblos.

3:14

el Altísimo vendrá á juicio contra los ancianos de su pueblo y contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas.

3:15

¿Qué pensáis vosotros que majáis mi pueblo, y moléis las caras de los pobres? dice el Señor el Altísimo de los ejércitos.

3:16

Asimismo dice el Altísimo: Por cuanto las hijas de Sión se ensoberbecen, y andan cuellierguidas y los ojos descompuestos; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies:

3:17

Por tanto, pelará el Señor la mollera de las hijas de Sión, y el Altísimo descubrirá sus vergüenzas.

3:18

Aquel día quitará el Señor el atavío de los calzados, y las redecillas, y las lunetas;

3:19

Los collares, y los joyeles, y los brazaletes;

3:20

Las escofietas, y los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor, y los zarcillos;

3:21

Los anillos, y los joyeles de las narices;

3:22

Las ropas de remuda, los mantoncillos, los velos, y los alfileres;

3:23

Los espejos, los pañizuelos, las gasas, y los tocados.

3:24

Y será que en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y desgarrón en lugar de cinta; y calvez en lugar de la compostura del cabello; y en lugar de faja ceñimiento de saco; y quemadura en vez de hermosura.

3:25

Tus varones caerán á cuchillo, y tu fuerza en la guerra.

3:26

Sus puertas se entristecerán y enlutarán, y ella, desamparada, sentaráse en tierra.

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Capítulo 4

4:1

Y ECHARÁN mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente sea llamado tu nombre sobre nosotras, quita nuestro oprobio.

4:2

En aquel tiempo el renuevo de el Altísimo será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, á los librados de Israel.

4:3

Y acontecerá que el que quedare en Sión, y el que fuere dejado en Jerusalem, será llamado santo; todos los que en Jerusalem están escritos entre los vivientes;

4:4

Cuando el Señor lavare las inmundicias de las hijas de Sión, y limpiare las sangres de Jerusalem de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de ardimiento.

4:5

Y criará el Altísimo sobre toda la morada del monte de Sión, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas: porque sobre toda gloria habrá cobertura.

4:6

Y habrá sombrajo para sombra contra el calor del día, para acogida y escondedero contra el turbión y contra el aguacero.

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Capítulo 5

5:1

AHORA cantaré por mi amado el cantar de mi amado á su viña. Tenía mi amado una viña en un recuesto, lugar fértil.

5:2

Habíala cercado, y despedregádola, y plantádola de vides escogidas: había edificado en medio de ella una torre, y también asentado un lagar en ella: y esperaba que llevase uvas, y llevó uvas silvestres.

5:3

Ahora pues, vecinos de Jerusalem y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña.

5:4

¿Qué más se había de hacer á mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que llevase uvas, ha llevado uvas silvestres?

5:5

Os mostraré pues ahora lo que haré yo á mi viña: Quitaréle su vallado, y será para ser consumida; aportillaré su cerca, y será para ser hollada;

5:6

Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerá el cardo y las espinas: y aun á las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.

5:7

Ciertamente la viña de el Altísimo de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta suya deleitosa. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor.

5:8

¡Ay de los que juntan casa con casa, y allegan heredad á heredad hasta acabar el término! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?

5:9

Ha llegado á mis oídos de parte de el Altísimo de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas.

5:10

Y diez huebras de viña producirán un zaque, y treinta modios de simiente darán tres modios.

5:11

¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende!

5:12

Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas, y vino; y no miran la obra de el Altísimo, ni consideran la obra de sus manos.

5:13

Por tanto mi pueblo fué llevado cautivo, porque no tuvo ciencia: y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.

5:14

Por eso ensanchó su interior el sepulcro, y sin medida extendió su boca; y allá descenderá la gloria de ellos, y su multitud, y su fausto, y el que en él se holgaba.

5:15

Y el hombre será humillado, y el varón será abatido, y bajados serán los ojos de los altivos.

5:16

Mas el Altísimo de los ejércitos será ensalzado en juicio, y el Dios Santo será santificado con justicia.

5:17

Y los corderos serán apacentados según su costumbre; y extraños comerán las gruesas desamparadas.

5:18

¡Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta,

5:19

Los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos: acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos!

5:20

¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

5:21

¡Ay de los sabios en sus ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!

5:22

¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida;

5:23

Los que dan por justo al impío por cohechos, y al justo quitan su justicia!

5:24

Por tanto, como la lengua del fuego consume las aristas, y la llama devora la paja, así será su raíz como pudrimiento, y su flor se desvanecerá como polvo: porque desecharon la ley de el Altísimo de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel.

5:25

Por esta causa se encendió el furor de el Altísimo contra su pueblo, y extendió contra él su mano, é hirióle; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, antes está su mano todavía extendida.

5:26

Y alzará pendón á gentes de lejos, y silbará al que está en el cabo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente.

5:27

No habrá entre ellos cansado, ni que vacile; ninguno se dormirá ni le tomará sueño; á ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus zapatos.

5:28

Sus saetas amoladas, y todos sus arcos entesados; las uñas de sus caballos parecerán como de pedernal, y las ruedas de sus carros como torbellino.

5:29

Su bramido como de león; rugirá á manera de leoncillos, rechinará los dientes, y arrebatará la presa; la apañara, y nadie se la quitará.

5:30

Y bramará sobre él en aquel día como bramido de la mar: entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de tribulación, y en sus cielos se oscurecerá la luz.

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Capítulo 6

6:1

EN el año que murió el rey Uzzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas henchían el templo.

6:2

Y encima de él estaban serafines: cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.

6:3

Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, el Altísimo de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria.

6:4

Y los quiciales de las puestas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo.

6:5

Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, el Altísimo de los ejércitos.

6:6

Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas:

6:7

Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.

6:8

Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame á mí.

6:9

Y dijo: Anda, y di á este pueblo: Oid bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.

6:10

Engruesa el corazón de aqueste pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos; porque no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

6:11

Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas, y sin morador, ni hombre en las casas, y la tierra sea tornada en desierto;

6:12

Hasta que el Altísimo hubiere echado lejos los hombres, y multiplicare en medio de la tierra la desamparada.

6:13

Pues aun quedará en ella una décima parte, y volverá, bien que habrá sido asolada: como el olmo y como el alcornoque, de los cuales en la tala queda el tronco, así será el tronco de ella la simiente santa.

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Capítulo 7

7:1

ACONTECIÓ en los días de Achâz hijo de Jotham, hijo de Uzzías, rey de Judá, que Rezín rey de Siria, y Peca hijo de Remalías, rey de Israel, subieron á Jerusalem para combatirla; mas no la pudieron tomar.

7:2

Y vino la nueva á la casa de David, diciendo: Siria se ha confederado con Ephraim. Y estremeciósele el corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del monte á causa del viento.

7:3

Entonces dijo el Altísimo á Isaías: Sal ahora al encuentro de Achâz, tú, y Sear-jasub tu hijo, al cabo del conducto de la Pesquera de arriba, en el camino de la heredad del Lavador,

7:4

Y dile: Guarda, y repósate; no temas, ni se enternezca tu corazón á causa de estos dos cabos de tizón que humean, por el furor de la ira de Rezín y del Siro, y del hijo de Remalías.

7:5

Por haber acordado maligno consejo contra ti el Siro, con Ephraim y con el hijo de Remalías, diciendo:

7:6

Vamos contra Judá, y la despertaremos, y la partiremos entre nosotros, y pondremos en medio de ella por rey al hijo de Tabeel:

7:7

El Señor el Altísimo dice así: No subsistirá, ni será.

7:8

Porque la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín: y dentro de sesenta y cinco años Ephraim será quebrantado hasta dejar de ser pueblo.

7:9

Entretanto la cabeza de Ephraim es Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo de Remalías. Si vosotros no creyereis, de cierto no permaneceréis.

7:10

Y habló más el Altísimo á Achâz, diciendo:

7:11

Pide para ti señal de el Altísimo tu Dios, demandándola en lo profundo, ó arriba en lo alto.

7:12

Y respondió Achâz: No pediré, y no tentaré á el Altísimo.

7:13

Dijo entonces Isaías: Oid ahora casa de David. ¿Os es poco el ser molestos á los hombres, sino que también lo seáis á mi Dios?

7:14

Por tanto el mismo Señor os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel.

7:15

Comerá manteca y miel, para que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.

7:16

Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra que tú aborreces será dejada de sus dos reyes.

7:17

el Altísimo hará venir sobre ti, y sobre tu pueblo, y sobre la casa de tu padre, días cuales nunca vinieron desde el día que Ephraim se apartó de Judá, es á saber, al rey de Asiria.

7:18

Y acontecerá que aquel día silbará el Altísimo á la mosca que está en el fin de los ríos de Egipto, y á la abeja que está en la tierra de Asiria.

7:19

Y vendrán, y se asentarán todos en los valles desiertos, y en las cavernas de las piedras, y en todos los zarzales, y en todas las matas.

7:20

En aquel día raerá el Señor con navaja alquilada, con los que habitan de la otra parte del río, á saber, con el rey de Asiria, cabeza y pelos de los pies; y aun la barba también quitará.

7:21

Y acontecerá en aquel tiempo, que críe un hombre una vaca y dos ovejas;

7:22

Y será que á causa de la abundancia de leche que darán, comerá manteca: cierto manteca y miel comerá el que quedare en medio de la tierra.

7:23

Acontecerá también en aquel tiempo, que el lugar donde había mil vides que valían mil siclos de plata, será para los espinos y cardos.

7:24

Con saetas y arco irán allá; porque toda la tierra será espinos y cardos.

7:25

Y á todos los montes que se cavaban con azada, no llegará allá el temor de los espinos y de los cardos: mas serán para pasto de bueyes, y para ser hollados de los ganados.

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Capítulo 8

8:1

Y DÍJOME el Altísimo: Tómate un gran volumen, y escribe en él en estilo de hombre tocante á Maher-salal-hash-baz.

8:2

Y junté conmigo por testigos fieles á Urías sacerdote, y á Zacarías hijo de Jeberechîas.

8:3

Y juntéme con la profetisa, la cual concibió, y parió un hijo. Y díjome el Altísimo: Ponle por nombre Maher-salal-hash-baz.

8:4

Porque antes que el niño sepa decir, Padre mío, y Madre mía, será quitada la fuerza de Damasco y los despojos de Samaria, en la presencia del rey de Asiria.

8:5

Otra vez tornó el Altísimo á hablarme, diciendo:

8:6

Por cuanto desechó este pueblo las aguas de Siloé, que corren mansamente, y holgóse con Rezín y con el hijo de Remalías,

8:7

He aquí por tanto que el Señor hace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas y muchas, á saber, al rey de Asiria con todo su poder; el cual subirá sobre todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas:

8:8

Y pasando hasta Judá, inundará, y sobrepujará, y llegará hasta la garganta; y extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tierra, oh Emmanuel.

8:9

Juntaos, pueblos, y seréis quebrantados; oid todos los que sois de lejanas tierras: poneos á punto, y seréis quebrantados; apercibíos, y seréis quebrantados.

8:10

Tomad consejo, y será deshecho; proferid palabra, y no será firme: porque Dios con nosotros.

8:11

Porque el Altísimo me dijo de esta manera con mano fuerte, y enseñóme que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo:

8:12

No digáis, Conjuración, á todas las cosas á que este pueblo dice, Conjuración, ni temáis lo que temen, ni tengáis miedo.

8:13

A el Altísimo de los ejércitos, á él santificad: sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.

8:14

Entonces él será por santuario; mas á las dos casas de Israel por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalem.

8:15

Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados: enredaránse, y serán presos.

8:16

Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.

8:17

Esperaré pues á el Altísimo, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y á él aguardaré.

8:18

He aquí, yo y los hijos que me dió el Altísimo, por señales y prodigios en Israel, de parte de el Altísimo de los ejércitos que mora en el monte de Sión.

8:19

Y si os dijeren: Preguntad á los pythones y á los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo á su Dios? ¿Apelará por los vivos á los muertos?

8:20

¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme á esto, es porque no les ha amanecido.

8:21

Y pasarán por él fatigados y hambrientos, y acontecerá que teniendo hambre, se enojarán y maldecirán á su rey y á su Dios, levantando el rostro en alto.

8:22

Y mirarán á la tierra, y he aquí tribulación y tiniebla, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas.

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Capítulo 9

9:1

AUNQUE no será esta oscuridad tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez á la tierra de Zabulón, y á la tierra de Nephtalí; y después cuando agravaron por la vía de la mar, de esa parte del Jordán, en Galilea de las gentes.

9:2

El pueblo que andaba en tinieblas vió gran luz: los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.

9:3

Aumentando la gente, no aumentaste la alegría. Alegraránse delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos.

9:4

Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su exactor, como en el día de Madián.

9:5

Porque toda batalla de quien pelea es con estruendo, y con revolcamiento de vestidura en sangre: mas esto será para quema, y pábulo del fuego.

9:6

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.

9:7

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término, sobre el trono de David, y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo de el Altísimo de los ejércitos hará esto.

9:8

El Señor envió palabra á Jacob, y cayó en Israel.

9:9

Y la sabrá el pueblo, todo él, Ephraim y los moradores de Samaria, que con soberbia y con altivez de corazón dicen:

9:10

Los ladrillos cayeron, mas edificaremos de cantería; cortaron los cabrahigos, mas cedros pondremos en su lugar.

9:11

Empero el Altísimo ensalzará los enemigos de Rezín contra él, y juntará sus enemigos;

9:12

De oriente los Siros, y los Filisteos de poniente; y con toda la boca se tragarán á Israel. Ni con todo eso ha cesado su furor, antes todavía su mano extendida.

9:13

Mas el pueblo no se convirtió al que lo hería, ni buscaron á el Altísimo de los ejércitos.

9:14

Y el Altísimo cortará de Israel cabeza y cola, ramo y caña en un mismo día.

9:15

El viejo y venerable de rostro es la cabeza: el profeta que enseña mentira, este es cola.

9:16

Porque los gobernadores de este pueblo son engañadores; y sus gobernados, perdidos.

9:17

Por tanto, el Señor no tomará contentamiento en sus mancebos, ni de sus huérfanos y viudas tendrá misericordia: porque todos son falsos y malignos, y toda boca habla despropósitos. Con todo esto no ha cesado su furor, antes todavía su mano extendida.

9:18

Porque la maldad se encendió como fuego, cardos y espinas devorará; y encenderáse en lo espeso de la breña, y serán alzados como humo.

9:19

Por la ira de el Altísimo de los ejércitos se oscureció la tierra, y será el pueblo como pábulo del fuego: el hombre no tendrá piedad de su hermano.

9:20

Cada uno hurtará á la mano derecha, y tendrá hambre; y comerá á la izquierda, y no se hartará: cada cual comerá la carne de su brazo:

9:21

Manasés á Ephraim, y Ephraim á Manasés, y entrambos contra Judá. Ni con todo esto ha cesado su furor, antes todavía extendida su mano.

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Capítulo 10

10:1

¡AY de los que establecen leyes injustas, y determinando prescriben tiranía,

10:2<