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Batalla de los católicos por la dignidad humana

 
Escrito por Autores varios 
El Observador Diciembre 2010
ESPECIAL
Páginas relacionadas 



México cojo 

- Sobre la marcha 

- La Iglesia católica se preocupa y ocupa de los derechos humanos 

- Dignidad de la persona, fundamento de los derechos humanos 

- Reino de Dios: Respeto a la dignidad de mi prójimo -

 
Antiguo Testamento: El otro existe 

- «La primer violencia es la pobreza» 

- Jesuitas: en la batalla por los derechos humanos 

- Fr. Francisco de Vitoria, el precursor 

- Indígenas: una riqueza para la Iglesia 

- Cojeamos en México en la libertad religiosa

- Socorrer al extranjero, una forma de amar al prójimo 

- Libertad religiosa, un derecho humano

La Justicia de Dios y la Justicia humana


 

México cojo
Hoy mismo cuando la civilización supone la tolerancia y el entendimiento de la dignidad de la persona humana y su derecho a la libertad religiosa, hay 200 millones de cristianos perseguidos en el mundo.

El Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2010 que presenta cada dos años una organización amiga de El Observador (amiga y patrocinadora de nuestra conversión en franquicia), la agencia internacional alemana Ayuda a la Iglesia Necesitada, arroja un dato sobrecogedor: hoy mismo, siglo XXI de la era cristiana, habiendo pasado multitud de guerras y de acontecimientos infaustos, cuando la civilización supone la tolerancia y el entendimiento de la dignidad de la persona humana y su derecho a la libertad religiosa, hay 200 millones de cristianos perseguidos en el mundo.

Otro dato, ojo para nosotros los mexicanos: hay 150 millones de cristianos discriminados por expresar su religión. Discriminados quiere decir eso: hechos a un lado, mutilados en un derecho humano fundamental como lo es el derecho a expresar, libremente, en público y en privado su creencia religiosa. Si un político o un escritor (o un periodista) expresa en público, en nuestro país, que es católico, de inmediato se le cae el mundo encima, como si expresara que tiene SIDA y va a seguir siendo promiscuo. Como un aluvión se le echan los perros de caza del laicismo a la yugular. Hay que aguantar el tipo. Y, sobre todo, permanecer firmes en la fe. Pero, ¿no se supone que en México ya acabó la persecución en 1929, con los “arreglos” Iglesia-Estado que dieron fin a la guerra cristera?

Como tantas otras cuestiones en el país de la simulación, nada más se supone. Porque no está ni bien visto y puede ser causa de denuncia penal el que un obispo o un sacerdote, opine en materia política, escriba algo que contravenga el “orden sagrado del Estado laico” o, simplemente, exprese el pensamiento de la Iglesia católica en torno al (mal llamado) “matrimonio homosexual”. Cierto: no es lo mismo, como en Arabia Saudita, Bangladesh, Egipto, India, China, Uzbekistán, Eritrea, Nigeria, Vietnam, Yemen o Corea del Norte, los mayores violadores de la libertad religiosa de la actualidad mundial, donde decirte cristiano es decirte reo de muerte, que en México, donde la mayoría católica está condenada al ostracismo por la minoría que tiene pactos con lo oscuro. Allá matan, aquí no dejan vivir. No es lo mismo, pero, a la larga, es igual: el respeto de los derechos humanos esenciales para ser personas, está allá muerto, aquí anda cojito. Por Jaime Septién


La civilización cristiana no es una civilización entre otras.
“La civilización cristiana no es una civilización entre otras. Es la única civilización construida sobre los derechos de la persona humana, derechos que derivan de la fe en la inmortalidad del alma del hombre”, escribió el historiador inglés Douglas Jerrold. Dicho en español y en lenguaje limpio y claro: la civilización cristiana nació de Cristo. Y también nacieron los derechos de la persona. Quien defienda el que los derechos humanos tienen su origen en la temporalidad del hombre, o es un loco o no se ha enterado de nada. A lo peor, es un funcionario público. Santiago Norte


La Iglesia católica se preocupa y ocupa de los derechos humanos
Entre las propuestas que surgieron del Concilio Vaticano II estuvo la creación de «un organismo universal de la Iglesia que tenga como función estimular a la comunidad católica para promover el desarrollo de los países pobres y la justicia social internacional» (Gaudium et Spes n. 90). Para cumplir este mandato, Pablo VI instituyó, con un Motu proprio publicado el 6 de enero de 1967 (Catholicam Christi Ecclesiam), la Pontificia Comisión Justitia et Pax.

Actividades

Este organismo tiene como finalidad promover la justicia y la paz en el mundo según el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia. Para ello realiza diversas funciones: en primer lugar, promueve el estudio y la difusión de la doctrina social de la Iglesia; la intención es que hombres y mujeres la apliquen en sus relaciones interpersonales e intercomunitarias..

En segundo lugar, recoge informaciones y resultados de encuestas sobre la justicia y la paz, el desarrollo de los pueblos y las violaciones de los derechos humanos, los evalúa y, según los casos, comunica a las asambleas de obispos las conclusiones obtenidas; fomenta las relaciones con las asociaciones católicas internacionales y con otras instituciones existentes, incluso fuera de la Iglesia católica, que trabajen sinceramente por alcanzar los bienes de la justicia y de la paz en el mundo.

Y, finalmente, sensibiliza respecto al deber de promover la paz. Esto lo hace especialmente con la Jornada para lograr la paz en el mundo.

Campos de acción

Hay tres áreas donde esta organización trabaja. La primera es en los derechos humanos. Allì se hace profundización doctrinal, se estudian los temas debatidos por las organizaciones internacionales, y se hace especial hincapié en la preocupación por las víctimas de las violaciones de los derechos del hombre.

El segundo aspecto es la justicia. Allí se tratan las cuestiones correspondientes a la justicia social, con los problemas específicos del mundo del trabajo; la justicia internacional, con los problemas relativos al desarrollo y su dimensión social. También anima la reflexión, bajo el perfil ético, de la evolución de los sistemas económicos y financieros, y examina la problemática unida a la cuestión ambiental y al uso responsable en la administración de los bienes de la tierra.

Finalmente está el aspecto de la paz, en donde se reflexiona sobre los problemas relativos a la guerra, al desarme, a los armamentos y al comercio de las armas, a la seguridad internacional y a la violencia bajo sus diversos y cambiantes aspectos (terrorismo, nacionalismo exacerbado, etc.), el Pontificio Consejo fija también su atención en los sistemas políticos y en el compromiso de los católicos en el campo político. Se encarga también de promover la Jornada Mundial de la Paz.

Una batalla constante.

Esta institución es una de las formas en que la Iglesia responde al mandato de Cristo de construir un mundo donde la «justicia y la paz se besen». Desde aquí surge la iluminación de los derechos humanos por la fe.



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La dignidad humana descansa en el amor de Dios

 



Dignidad de la persona, fundamento de los derechos humanos

Extractos del Discurso de Benedicto XVI ante la Organización de las Naciones Unidas en el 2008
Los derechos humanos son presentados cada vez más como el lenguaje común y el sustrato ético de las relaciones internacionales. Al mismo tiempo, la universalidad, la indivisibilidad y la interdependencia de los derechos humanos sirven como garantía para la salvaguardia de la dignidad humana.

Estos derechos se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Arrancar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos. Así pues, no se debe permitir que esta vasta variedad de puntos de vista oscurezca no sólo el hecho de que los derechos son universales, sino que también lo es la persona humana, sujeto de estos derechos.

La promoción de los derechos humanos sigue siendo la estrategia más eficaz para extirpar las desigualdades entre países y grupos sociales, así como para aumentar la seguridad. Es cierto que las víctimas de la opresión y la desesperación, cuya dignidad humana se ve impunemente violada, pueden ceder fácilmente al impulso de la violencia y convertirse ellas mismas en transgresoras de la paz. Sin embargo, el bien común que los derechos humanos permiten conseguir no puede lograrse simplemente con la aplicación de procedimientos correctos ni tampoco a través de un simple equilibrio entre derechos contrapuestos. La Declaración Universal tiene el mérito de haber permitido confluir en un núcleo fundamental de valores y, por lo tanto, de derechos, a diferentes culturas, expresiones jurídicas y modelos institucionales. No obstante, hoy es preciso redoblar los esfuerzos ante las presiones para reinterpretar los fundamentos de la Declaración y comprometer con ello su íntima unidad, facilitando así su alejamiento de la protección de la dignidad humana para satisfacer meros intereses, con frecuencia particulares. La Declaración fue adoptada como un «ideal común» (preámbulo) y no puede ser aplicada por partes separadas, según tendencias u opciones selectivas que corren simplemente el riesgo de contradecir la unidad de la persona humana y por tanto la indivisibilidad de los derechos humanos.


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Reino de Dios: Respeto a la dignidad de mi prójimo
El Nuevo Testamento básicamente nos relata la vida y enseñanzas de Jesús y la forma de vivir de las primeras comunidades cristianas. Aquí también se encuentran enseñanzas profundas sobre los derechos humanos.

Cristo y los derechos humanos


La proclamación de Jesús fue escandalosa para Israel porque desproveía de seguridades a la religión judía y quitaba a los gobernantes la justificación teológica de la marginación en la que mantenían a los pobres.

Desde aquí se puede entender la radicalidad de la opción evangélica por los pobres, pues apela al eros y no al logos, es decir, a la compasión más que a la razón. Los evangelios nos enseñan que la única manera de saber qué es lo que Dios quiere es optar por un proyecto liberador y humanizador.

La predicación de Cristo sobre el Reino de Dios nos habla de la transformación que debería haber en las relaciones sociales, un cambio donde se primara el respeto y la caridad por el prójimo. Hay tres textos donde se aprecia la relación entre derechos humanos y Reino de Dios: el envío que Juan Bautista hace de dos discípulos para averiguar qué significaba la predicación de Jesús (Mt 11,2-6 y Lc 7,18-23); su conclusión es que el nuevo gobierno que Dios viene a establecer consiste en hacer recobrar a los seres humanos la humanidad perdida de mil maneras. El segundo texto es de san Lucas, en donde Jesús, al inicio de su ministerio, entra a la sinagoga de Nazaret (Lc 4,14-19); en este texto aparece la misión de Jesús descrita como dar la buena noticia a los pobres, y, finalmente, las bienaventuranzas: allí se especifica quiénes son los que definen la apuesta de felicidad que trae Jesús y de qué manera quiere hacerlos felices dicho reinado de Dios.

Hay textos en los que Jesús dio instrucciones precisas acerca de las relaciones entre los discípulos y de éstos con el mundo; aquí resaltan dos aspectos: la necesidad de compartir los bienes y las relaciones de igualdad fraterna que debían existir entre los discípulos.

La comunidad cristiana

Encontramos ya delineados los principios rectores de la comunidad cristiana en cuanto comunidad alternativa, que tiene que ser signo de una nueva manera de vivir que debe buscar, por todos los medios, establecer este mínimo de valores en la convivencia social. El tipo de sociedad al que deben aspirar los cristianos, y hacia la cual deben dirigir sus esfuerzos organizados, es una sociedad en la que el lucro y la ganancia no ocupen el primer puesto. Una sociedad opuesta a la acumulación desmedida de bienes que lleva, como contraparte, la pobreza de muchos. Y debe procurar una organización social que responda al ideal fraterno que le marcó su Fundador, es decir, una sociedad con igualdad de oportunidades, con trato igualitario y respetuoso para todos los ciudadanos, con leyes que impidan el abuso de los unos sobre los otros. Estas características se ven plasmadas de manera especial en los dos sumarios de Hechos de los Apóstoles (2,42-47; 4,32-35), junto con dos textos que nos enseñan la manera de proceder de los primeros cristianos frente al uso y a la transmisión del poder en la comunidad (Hech 1,12-14 y Hech 6,1-7).

El reto

Desde estos textos se ofrece una fundamentación neotestamentaria de la necesidad de respetar, promover y defender los derechos humanos. La predicación de Jesús sobre el reinado de Dios y lo que éste significa de transformación del mundo en el que vivimos, es el punto de partida. Las actitudes de fraternidad e igualdad, recomendadas por Jesús a sus discípulos y vividas paradigmáticamente por las primitivas comunidades cristianas, fueron el segundo elemento de la reflexión.

Desde aquí podemos entender que el reino que Jesús vino a establecer se identifica con el trabajo a favor de la plena humanización de las personas y de las sociedades; la experiencia de las comunidades primitivas así nos lo confirma. Todo lo que la iglesia, sacerdotes y laicos, hagan por ayudar a que le sea devuelta su dignidad a los pobres y desamparados, es decir, a que sean respetados los derechos humanos, no es, pues, otra cosa que el cumplimiento de su misión.

O.A.E


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Antiguo Testamento - El otro existe
Omar Árcega E.

Efraín llegó emocionado a su casa. En la escuela le habían hablado sobre los «Derechos humanos». Le contaron que nacieron en Francia. Le mencionaron que antes de ellos el mundo vivía en la barbarie. Todo esto se lo platicaba a Fabiola, su hermana, y entre otras cosas, catequista de la parroquia. Ella le miraba divertida y al fin dijo: ¿Por qué te parecen tan novedosos? El Antiguo Testamento ya los menciona, aunque no con el término «Derechos humanos». Efraín no podía creerlo, ¿eran tan viejos los Derechos Humanos?.

Como Efraín, muchos católicos se sorprenden al saber que la mayor inspiración en la formulación de estos derechos proviene del pensamiento judeo-cristiano. En efecto, a lo largo del Antiguo Testamento(AT) encontramos narraciones que nos enseñan a respetar la integridad física del prójimo, la no discriminación, el respeto a la vida, la lucha contra la pobreza, la liberación contra la esclavitud. La lista es inmensa, pero veamos algunos casos en concreto.

Oposición a la esclavitud

El Levítico, el libro donde se detallan normas y prácticas de convivencia, es muy claro al respecto. Prohíbe que un individuo esclavice a otro: si el prójimo, por causa de deudas, se vende a sí mismo no se le tomará por esclavo sino como huésped hasta que la deuda quede resuelta o llegue el año del jubileo, periodo en el que todas las deudas quedaban pagadas (ver Lev 25, 39-42).

El Génesis, compendio de derechos

Los relatos de los orígenes y el anuncio de la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios nos ayudan a comprender la dignidad humana como uno de los elementos fundamentales de la revelación bíblica.

Dos cosas resaltan en los textos del Génesis en relación con la dignidad humana: la primera es la posibilidad de poder vivir y convivir con Dios, de lograr la plena armonía con la naturaleza y con los demás seres humanos; un segundo elemento es la afirmación del libro del Génesis acerca de la igual dignidad entre el hombre y la mujer: se reconoce a la mujer como semejante al hombre, por tanto cualquier postura de menosprecio por parte de alguno de los dos sexos no es querida por Dios.

El derecho y la justicia

En el AT el derecho y la justicia no aparecen en el marco de una relación legal, a manera de un contrato de compraventa o arrendamiento, sino como la respuesta de un pueblo que ha experimentado el amor liberador de su Dios.

Los sujetos son casi siempre autoridades: por una parte está Yahveh, el dueño de toda la tierra, que ordena a su pueblo seguir sus normas y preceptos, porque él mismo es el autor, hacedor y garante del derecho: «¿O es que el juez de la tierra no aceptará lo que es justo?» (Gen 18,25). Por otra parte están los sacerdotes y los jueces, especialmente en los textos del Deuteronomio, que son los encargados de administrar el derecho y la justicia (Dt 17,9). Son ellos, precisamente por su deber de impartir justicia, quienes están sujetos a la tentación del soborno y de la acepción de personas (Dt 16,19)

Hay gran cantidad de textos que hablan de los pobres, los huérfanos, las viudas y los forasteros. Se trata del grupo de los indefensos, los que, dada su particular situación económica y social, no tienen acceso al poder y de los que es fácil aprovecharse. Dios es el defensor de estos indefensos. Esto es muy claro, tanto en el Código de la Alianza (Ex 20,22-23,33), como en el libro del Deuteronomio y en el Código Sacerdotal (Lev 17-26). Así, todos los textos legislativos del Pentateuco entienden el derecho siempre en relación con la alianza establecida entre Dios y el pueblo, y en referencia obligada a los más indefensos de la sociedad.

Las mismas conclusiones se desprenden del estudio de los libros proféticos y sapienciales, con la particularidad de que el velar por los derechos de los indefensos encuentra un coronamiento especial en la literatura profética.

Herencia y reto

Como podemos ver, desde el AT se visualiza una sociedad donde impere la justicia. Para lograr esto, el respeto al prójimo y el reconocimiento de la igualdad de todos los seres humanos son herramientas indispensables. Por esta razón una y otra vez se vuelve sobre estos temas que son una herencia que tenemos como cristianos, pero también un reto, pues debemos hacerlos vida.


«La primer violencia es la pobreza»
Mons. Raúl Vera, obispo de la diócesis de Saltillo, un reconocido promotor de los derechos humanos y fundador de diversas instituciones, ha recibido recientemente el premio Rafto 2010. Habla sobre la Iglesia y los derechos humanos.

¿Cómo se define Raúl Vera López?

Me considero un obispo dominico apasionado por una pastoral transformadora de la historia, una pastoral que haga acontecer, con la ayuda de Dios, la justicia, el derecho para todos, el amor y la verdad en esta tierra. Me defino como una persona que quiere apasionadamente anunciar y construir el Reino de Dios en la historia humana.

En el tema de los derechos humanos, ¿de dónde surge el carisma, la vocación y ese amor hacia los grupos vulnerables?

Siempre compartí mi vida con los pobres y, aunque tuve acceso a una calidad de vida suficiente, yo era pobre y viví entre ellos. También desde pequeño entendí que la estructura social debe estar organizada; de ahí depende si tenemos acceso a la vida digna o se frenan las oportunidades. En la universidad entendí lo que eran las estructuras empresariales para las que debía de trabajar y que no facilitaban el progreso del país. Dos hechos en el tiempo de la universidad me ayudaron a madurar muchísimo, que fueron los movimientos universitarios, uno con el fin de derrocar al rector Ignacio Chávez y otro el movimiento del 68.

¿Qué lo hace optar por la vida religiosa?

Cuando decidí ser dominico fue para incidir en la transformación del mundo; me decía: «este mundo tiene que cambiar, tiene que darnos oportunidades a las personas». Por eso la experiencia como obispo en lugares como Guerrero, Chiapas o Coahuila no la veo en un solo plano, eso es parte de los resortes que me impulsan. Eso también me ha llevado a compartir la vida con personas con semejante modo de pensar y ha potenciado mucho mi búsqueda por la justicia y la paz.

¿Nos podría explicar cuál es el enfoque teológico de los derechos humanos?

Los derechos humanos tienen su fundamento en las Sagradas Escrituras: «Y Dios hizo el hombre, al ser humano, a su imagen y semejanza». Nosotros somos imagen y semejanza de Dios en cuanto a que nos movemos con la libertad que Dios nos da; esto le da dignidad a la persona. Nos hace individuos libres, conscientes, pensantes, con capacidad de juicio.

Cada ser humano es irrepetible y es digno de ser amado y querido por sí mismo; la persona humana no puede instrumentarse en orden a tener un beneficio; se pueden alcanzar beneficios junto a los seres humanos, pero no a costa de otros. Si se asocian unos seres humanos para obtener sus beneficios instrumentalizando a otros, están violando la dignidad de esa persona, están violando el derecho que tiene a una vida en la que reciba un trato respetuoso, una vida en la que colabore con otros a la construcción del Reino.

Hablando de la estructura eclesial, ¿qué le falta a la Iglesia como institución para que se respeten los derechos humanos?

Debemos abandonar la estructura basada en poder. Los ordenados sacerdotes a veces pensamos que tenemos una dignidad mayor a la de los bautizados, y luego ya entre los sacerdotes, quienes llegamos a ser obispos creemos que tenemos una dignidad mayor de un simple presbítero; esas son lecturas de poder, esas son lecturas que no son del Evangelio.

En cambio, si entendemos las cosas como realmente son, la común dignidad de nuestro bautismo no cambia, y los dones que recibimos son en orden a servir al crecimiento de los demás. Somos hermanos, dijo Cristo; todos tienen un Padre del Cielo, solamente tienen un Maestro. Tenemos que perder esa visión piramidal y monárquica que nos asemeja a la sociedad medieval.

En este momento de la historia de México, ¿cuál es el reto para los cristianos y para usted como obispo?

El reto es alcanzar un grado tal de justicia, de convivencia en el respeto a la dignidad de cada uno de nosotros los mexicanos, que esto nos lleve a vivir en paz y al verdadero progreso; en una sociedad desigual siempre habrá connatos de violencia que genera violencia. La primer violencia que se presenta en una sociedad en un gran número de personas es la miseria y el hambre.

El gran reto es llegar con la colaboración de todos los ciudadanos y con la actuación de ellos, sin corrupción de quienes están en la función pública. Que en este país haya la suficiente justicia que nos lleve a la paz y al progreso verdadero. Entonces el reto es erradicar la corrupción, eliminar la desigualdad, erradicar las injusticias y la impunidad en la que vivimos.

(Entrevista resumida)


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Investiga: ¿en tu vida existe la justicia?



Jesuitas: en la batalla por los derechos humanos
Todos recordamos la película “La misión”, la cual relata la expulsión de los jesuitas de las misiones que habían edificado en la frontera entre Paraguay y Brasil en el s.XVIII, en el film se muestra el compromiso social que ha caracterizado a esta orden. En nuestros días y en México podemos encontrar los frutos de la Compañía de Jesús en cuanto a la defensa de los derechos humanos y para muestra dos botones.

Centro Prodh

El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Prodh (Centro Prodh) fue creado en 1988 por la Compañía de Jesús con la finalidad de promover e incidir en el respeto de los derechos humanos en el país. Una de las principales características de este compromiso ha sido la cercanía a las víctimas y la profesionalidad en la defensa y promoción de los derechos humanos.

En septiembre de 2001, el Centro Prodh recibió el Estatus Consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas. De igual manera, la institución es reconocida como Organización Acreditada ante la Organización de Estados Americanos.

La misión del Centro Prodh es promover y defender los derechos humanos de personas y colectivos. Ha tenido una fuerte presencia en casos de protección a indígenas, uno de los casos más sonados que defendió desde un principio fue el de Jacinta Francisco Marcial, la indígena acusada de secuestro a policías federales en el muncipio de Amealco en Querétaro.

Las estrategias

Para lograr sus fines tiene diversas lineas de acción, en primer lugar tiene una presencia activa en diversas redes de organizaciones, al mismo tiempo tiene constante comunicación con instancias académicas y de investigación; una acción vital es la defensa de casos claves en los procesos de democratización y justicia en el país

Como segunda linea de acción realiza activismo, litigio y otras formas de participación exitosa ante instancias internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, los Comités y los mecanismos especiales de la Organización de las Naciones Unidas, como son los Relatores Especiales.

Finalmente tiene lazos con organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional, la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, Human Rights Watch, la Organización Mundial contra la Tortura, la Comisión Internacional de Juristas, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), entre otras.

Cada año presenta un informe sobre el estado de los derechos humanos en México, con el fin de dar a conocer a la sociedad los retos que se afrontan en este terreno.

Acompañando a los migrantes

El Servicio Jesuita a Migrantes México (SJM/MEX) es una Organización no gubernamental, de carácter humanitario. Su objetivo es fortalecer las comunidades de origen, tránsito y destino de trabajadores migrantes y sus familias a través de la generación de proyectos autogestivos, s y articulados en redes, e incidir política y socialmente para lograr un impacto significativo en el mejoramiento de sus condiciones de vida y en la reducción de sus niveles de vulnerabilidad.

Fue creada en el año 2001, desarrolla sus actividades en México a través de la asociación civil “MIGRAMEX, A.C.”, constituida en el año 2003.El SJM/MEX tiene sus oficinas en la Ciudad de México y además trabaja directamente en 17 municipios del sur de Veracruz.

Entre otras cosas a generado un programa de capacitación para agentes de pastoral en las diócesis de Tapachula y San Cristóbal de las Casas, Chiapas; Puerto Escondido, Oaxaca, Coatzacoalcos, Veracruz y Estado de México. Ha tenido una activa participación en los talleres nacionales de capacitación de agentes de pastoral, organizados por la Dimensión de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal .Se han generado de materiales de educación popular sobre el tema migratorio.

Una batalla permanente

La Iglesia, a través de estos ministerios jesuitas responde a la exigencia de velar por la dignidad del pobre, del necesitado y del vulnerable. La invitación a que todos los católicos, desde nuestras muy particulares trincheras trasmitamos a la sociedad que construir el Reino de Dios en este mundo globalizado pasa necesariamente por la defensa de los derechos humanos.

OAE


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Fr. Francisco de Vitoria, el precursor

Redacción El Observador

Nace en Burgos(España) en 1485. Con 20 años ingresó en el noviciado de la Orden de Predicadores (más conocida como Orden Dominica), donde inició sus estudios humanísticos. En 1508 fray Francisco se incorporó a uno de los colegios que formaban parte de la Universidad de la Sorbona: el Colegio de Santiago. En París recibió los grados de licenciado y doctor. Afrontó los mayores desafíos intelectuales de su época renovando métodos y temáticas. Su obra gira en torno a la dignidad y los problemas morales de la condición humana.

En toda su obra intentó establecer reglas que humanizaran a los conflictos armados y que han servido de sustento para el moderno derecho humanitario.

Teórico de los derechos humanos

Supone la primacía de la persona sobre las formas sociales, las estructuras económicas y los regímenes políticos —«lo humano, por tanto, no en cuanto encarnado en una raza culturalmente privilegiada o en un pueblo carismáticamente predestinado, sino lo humano como realidad universal que es justicia general e igualdad para todos los hombres»—. De aquí que Vitoria deduzca de la solidaridad humana la solidaridad e interdependencia de todos los pueblos: el mundo ha de estar sometido a leyes objetivas.

Entonces nos encontramos con el llamado «Derecho natural». Este surge de la misma naturaleza, y todo aquello que exista según el orden natural comparte ese derecho. La conclusión obvia es que todos los hombres comparten la misma naturaleza; también, por tanto, comparten los mismos derechos, como el de igualdad y el de libertad. Puesto que el hombre no vive aislado sino en sociedad, la ley natural no se limita al individuo.

Formuló 12 derechos llamados «del hombre», los cuales son el antecedente de lo que hoy conocemos como «Derechos Humanos». Entre otras cosas, en ellos se menciona: la libertad de los seres humanos al nacer, la igualdad de las personas, la dignidad que todo individuo tiene por el sólo hecho ser humano, la obligatoriedad de las autoridades de dar leyes justas, y el no castigo para los que no hayan sido juzgados rectamente. Todo esto debería verse reflejado en las relaciones entre los individuos y a nivel de los países.

El gran acierto de fray Francisco fue su concepción de un orden moderno internacional, basado en los principios de igualdad de los pueblos y de respeto de la personalidad humana.

Como podemos apreciar, miembros destacados de la Iglesia contribuyeron al reconocimiento de una dignidad del hombre. Con ello colaboraron en lo que hoy conocemos como «Derechos Humanos», y que, sin duda, son uno de los pilares de nuestra civilización.


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Dominicos, comprometidos con la dignidad

El Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria fue creado en octubre de 1984 por la Provincia de Santiago de la Orden de Predicadores de México, los frailes dominicos. En sus primeros años el Centro Vitoria se ocupó de los derechos humanos en el área de Centroamérica, particularmente en El Salvador y Guatemala. 

Desde 1988 comenzó a ocuparse de lleno de la situación de los Derechos Humanos en el país. Sin embargo, en el año 2000 suspendió sus actividades para reiniciarlas el 19 de febrero de 2001.

Trabajo en la mies

El trabajo del Centro Vitoria se ha distinguido por incidir en la promoción y en la defensa de los derechos humanos en México por medio de proyectos tan innovadores como el Programa de Capacitación en Reclusorios Femeniles, implementado en la Ciudad de México, la Cátedra de Derechos Humanos, la Escuela para Promotoras y Promotores Juveniles de Derechos Humanos, los Cine Debates, exposiciones de carteles y arte relacionado con los derechos humanos.

Otra de sus actividades es el desarrollo de una metodología de investigación para el análisis de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA) a nivel nacional y local, lo que permite comparar de manera objetiva la dinámica del respeto de los derechos humanos en cada estado de la república.

El Centro Vitoria, además, cuenta con un trabajo comprometido en materia de litigio en casos de violaciones a los derechos humanos y proporciona orientación jurídica gratuita.

A nivel internacional ha tenido la oportunidad de presentar casos ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), así como ante la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Minorías de Naciones Unidas, en la cual, en 1998, logró, con otras organizaciones, la aprobación de una resolución sobre la evolución de la situación de los derechos humanos en México.

Tiene una área de publicaciones relacionada con la práctica de los derechos humanos en México. Su trabajo más reciente es Derechos Humanos de las Juventudes en México 2010.


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Jesús es el rey de justicia



Indígenas: una riqueza para la Iglesia
Conversación con el padre Jesús García, asesor de la Pastoral Social del Episcopado Mexicano y del Centro Nacional de Misiones Indígenas (CENAMI)

Por Gilberto Hernández García

A la Iglesia le ha tocado acompañar a los pueblos indígenas. ¿Cómo fue el principio de este acompañamiento?

«Con el advenimiento de la conquista el caminar de los pueblos indígenas se ve frenado y obstaculizado por el invasor, pero también encuentra comprensión, defensa y acompañamiento en los primeros misioneros y evangelizadores. La presencia y acción de la Iglesia en relación con los pueblos indígenas entrelaza ambas marchas y caminos, el de los pueblos indígenas y el de la Iglesia en Mesoamérica y México».

¿Cómo se ha situado históricamente la Iglesia en México frente a la realidad indígena?

«Yo señalo tres tipos o modelos misioneros-pastorales. Tomando en cuenta el lugar y papel de los indígenas en el actuar de la Iglesia, que va desde ser un sujeto destinatario de la preocupación y acción de Iglesia, resulta una acción misionera y pastoral para los indígenas; pasando a ser un sujeto colaborador en los programas y proyectos de mejoramiento de los pueblos indígenas, acción de la Iglesia con los indígenas, hasta llegar a ser el sujeto definitorio y decisorio de sus luchas, aspiraciones, proyectos y programas, con el apoyo y acompañamiento de los actores pastorales».

¿Qué modelo encarna Vasco de Quiroga?

«Un modelo de promoción comunitaria y autogestora. Él pretendía dar a los pueblos indígenas instrumentos eficaces, hacerles conscientes de su calidad de sujeto colectivo organizado.

« A través de técnicas que trajo de España en diversas artesanías y enseres domésticos, y aprovechando los que ya fabricaban los tarascos, especializó a las diversas poblaciones en un producto para evitar la competencia y en Pátzcuaro se hacía el intercambio de productos. Generó lo que hoy se conoce como una micro región económica y se adelantó varios siglos al modelo de complementariedad económica y no de rivalidad y competencia, como en el actual modelo neo-liberal.

«Su limitación a una cultura, la purépecha-tarasca, con su reducido espacio geográfico, hizo que quedara como un islote de sobrevivencia de la identidad, cultura y autonomía indígenas, en un inmenso continente».

¿Qué trascendencia tuvo el modelo pastoral de don Vasco?

«La trascendencia de este modelo de organización social fue reconocida y rescatada en parte por la UNESCO, a través del Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina (CREFAL), creado por ahí de 1950, para la formación de cuadros expertos en la educación fundamental y organización comunitaria.

«Algo similar a la experiencia de don Vasco realizaron los jesuitas en el Paraguay y Bolivia con las famosa reducciones jesuíticas de Paraguay (parte de las cuales pertenecen ahora a Bolivia)».

Se habla de Bartolomé de Las Casas como un paradigma en la acción pastoral de la Iglesia de aquella «primera hora» americana. ¿Cómo define su actuar?

«Si el anterior modelo misionero de promoción comunitaria aparecía como un islote en el continente junto con las reducciones jesuíticas del Paraguay, este modelo crítico-profético, ejemplificado sobre todo en Bartolomé de Las Casas, aparecía no sólo aislado, sino como peligroso y subversivo al sistema colonial, pues se preocupaba de analizar y denunciar como anti-natural, anti-humano y anti-evangélico ese sistema fundado en la invasión, despojo y servidumbre de los pueblos indígenas.

«La referencia que hace del célebre sermón de fray Antonio de Montesinos en el adviento de 1521 —21 de diciembre en Santo Domingo, Isla La Española—, donde echa en cara las injusticias que cometen los encomenderos cristianos, es el más claro análisis y denuncia del sistema colonial.

«Durante todo el siglo XVI y principios del XVII hubo por todo el continente obispos y misioneros que denunciaban los abusos y arbitrariedades de los colonizadores hacia los indígenas, tal vez no con la claridad, firmeza y constancia de Bartolomé de las Casas y sus colegas vecinos de Centroamérica, los obispos Francisco Marroquín de Guatemala y Antonio de Valdivieso, O.P.».

¿Qué implicaciones tuvo esta postura de Bartolomé de Las Casas?

«Este pasaje tan importante en la historia no sólo incorpora la justicia y la defensa de los derechos humanos como parte constitutiva de la Iglesia (como lo dice Juan XXIII en Mater et Magistra) sino de la historia humana en general, y constituyó uno de los mejores ejemplos del caminar juntos la Iglesia y sus pastores con los pobres y los indígenas y otros sectores en semejante situación de injusticia.

«Esta posición le valió a Bartolomé de Las Casas, así como a muchos otros casos parecidos, no sólo el aislamiento sino la incomprensión y descalificación».


Cojeamos en México en la libertad religiosa
Redacción de El Observador

Para nadie es un secreto que México no se distingue por sus avances en libertad religiosa; muy al contrario, siempre ha sido un tema debatido y, lamentablemente, la balanza se ha inclinado hacia los que buscan eliminar este derecho humano.

Cambio en la legislación

Esto una vez más se comprueba con el informe sobre la libertad religiosa en México que presenta la asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN). En primer lugar da cuenta sobre cambios en la legislación con la finalidad de «frenar el activismo de la jerarquía católica». Según uno de sus promotores, se argumenta la construcción de un estado laico, pero la reforma crea un ambiente de sospecha y persecución religiosa. El arzobispo de León, monseñor Martín Rábago, expresó: «la Iglesia católica no teme la laicidad del Estado; más aún, si bien se entiende, la Iglesia promueve el carácter laico del Estado como el recto camino jurídico para el reconocimiento en plenitud del derecho humano a la libertad religiosa». Sin embargo, si con esta ley se genera un estado perseguidor esto sería un retroceso en la construcción de un México democrático.

Imposición de leyes arbitrarias

Se buscó imponer una «cartilla de salud» donde se violentaba el derecho de los padres a decidir sobre la educación sexual de los hijos. Esto genera un movimiento social de rechazo. La conferencia de obispos pidió que se rehiciera el documento con la participación de los padres de familia.

Víctimas de la violencia

Se tiene registrada la muerte de dos sacerdotes y dos seminaristas, aparte de las amenazas y secuestros a numerosos presbíteros por parte de la delincuencia organizada. En su momento, un estudio del Centro Multimedial Católico mostró que México era el segundo país más peligroso de Iberoamérica para ejercer el sacerdocio.

Los retos

En México estamos lejos de ser una sociedad que garantice la libertad religiosa. Confundimos un sano laicismo con un eliminar la libre expresión de las convicciones espirituales. Este informe es una llamada de atención para, desde nuestras trincheras, trabajar por un México más justo.


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Socorrer al extranjero, una forma de amar al prójimo
Redacción de El Observador

Entre las actividades en pro de los derechos humanos que realiza la Iglesia católica está la defensa y asistencia de los migrantes. Esto se percibe claramente en México, pues somos un país expulsor y de tránsito para hombres y mujeres que salen de sus países en busca de ese sueño llamado Estados Unidos.

Como ya lo hemos documentado en este semanario, mediante los artículos de Gilberto Hernández (ver Nos. 791 al 796), los migrantes sufren vejaciones y maltratos a su paso por México. Bandas del crimen organizado los secuestran con la finalidad de obtener rescates de las familias.

En medio de este infierno, donde algunas autoridades están vinculadas a los criminales, las casas del migrante y los esfuerzos de cientos de católicos son oasis de esperanza y amor. En efecto, a lo largo de su recorrido los migrantes encuentran diversos albergues donde, aparte de alimentar el cuerpo y reponer fuerzas, se les fortalece en el espíritu y se toma nota de sus testimonios con el fin de denunciar los abusos, de evitar que esta confabulación entre malos servidores públicos y criminales quede impune.

Este esfuerzo lo encabezan los misioneros de San Carlos Scalabrinianos, con su red de «Casas del Migrante», en donde proporcionan alojamiento, comida, apoyo espiritual, orientación, primera atención médica y defensa y promoción de los derechos humanos. Lo hacen con el apoyo de voluntarios de diversas partes de la república mexicana. Tienen presencia en Tijuana, B.C. ; Ciudad Juárez, Chih.; Tecún Umán, en Guatemala; Tapachula, Chis.; Ciudad de Guatemala, y Agua Prieta, Son.

Al mismo tiempo hay diversas organizaciones de inspiración católica que prestan servicios similares a lo largo del recorrido que se hace entre la frontera sur y norte. En el Bajío, por ejemplo, existe una asociación presidida por un presbítero que brinda alimentos a los migrantes que pasan por el municipio de Tequisquiapan. Decenas de casos como éste los podemos encontrar a lo largo del país. Podríamos llenar libros con los testimonios de estos hombres y mujeres de Iglesia, que hacen vida el mandato de socorrer al extranjero, que tienen esa actitud de amar y entregarse al prójimo.


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Libertad religiosa, un derecho humano
Uno de los derechos humanos fundamentales es el de la libertad religiosa; es decir, la posibilidad de que cada ser humano viva y exprese su sentir religioso.

Cada dos años la organización católica Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) elabora un informe sobre la libertad religiosa en el mundo. Para ello analiza la situación de 194 países.

En el informe 2010 se destaca que hay 200 millones perseguidos por la fe y 150 millones discriminados, una cifra parecida a la de hace dos años. Los países donde hay mayores violaciones a la libertad religiosa de los cristianos son: China, India, Indonesia, Rusia y Pakistán. La situación ha empeorado desde el anterior informe, debido, sobre todo, a la mayor radicalización en el mundo musulmán, que hace aumentar el fanatismo, la intolerancia y las vejaciones.

En Iberoamérica resaltan los casos de Brasil, Colombia, Bolivia y Venezuela. En los cuatro países se mantienen actitudes desfavorables para la Iglesia.

En Brasil, en un año hubo 6 sacerdotes católicos asesinados, numerosas agresiones contra representantes del clero y se pretende impulsar una ley para eliminar los símbolos religiosos de los espacios públicos.

En Colombia se ha denunciado el asesinato de cinco sacerdotes en la zona dominada por la guerrilla de las FARC.

En Bolivia existe una actitud hostil hacia la Iglesia católica en numerosas declaraciones gubernamentales.

En 2009 el gobierno de Venezuela promulgó una ley sobre educación en la que no se hacía referencia alguna a la instrucción religiosa. De hecho, el Estado asume además el control doctrinal sobre la educación al establecer fuertes sanciones en el caso de que se enseñen principios «contrarios a la soberanía nacional». La oposición considera que esta frase es ambigua y que está abierta a la interpretación arbitraria. También se ha llevado a cabo una intensa propaganda hostil contra los representantes de la Iglesia católica a través de los periódicos cercanos a las posturas del gobierno.

La situación en Cuba está sin cambio en lo que se refiere a la legislación represiva y a las prácticas administrativas. Ha mostrado señales de apertura al autorizarse, por ejemplo, la celebración de servicios religiosos anteriormente prohibidos y al anularse la prohibición de llevar a cabo actos de culto en las cárceles. A pesar de estas señales positivas, se mantiene una enorme incertidumbre en lo que respecta a la evolución de este régimen.

El análisis permite constatar que los cristianos conforman el grupo religioso que con mayor frecuencia e intensidad sufre ataques.

 

Huye del pecado y de la injusticia

 


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