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Miércoles de Ceniza: Preparemos en familia, Iglesia del Hogar, como Iglesia doméstica la acogida de la Palabra de Dios proclamada al comienzo de la Cuaresma.

Páginas adicionales para la preparación

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

 

introducción a las Lecturas del miércoles de ceniza

1. 1 Primera lectura: Joel 2, 12-18
Hay cosas que uno comprende solamente cuando uno está involucrado personalmente. Se comprende la necesidad de la medicina cuando uno está enfermo; se comprende como necesidad vital el aire cuando hace falta. Si no, miren nomás a un asmático. La Cuaresma y lo que significa solamente se comprende cuando uno se sabe pecador y sufre por ello y eso por amor a Dios.

Algunos hemos hecho una tregua con nosotros mismos en este sentido. Mientras que no se note demasiado y no nos haga demasiado daño no le vamos a prestar especial atención al pecado. Otros lo consideran como parte inevitable de la vida. "Los humanos somos así", dicen alzando los hombros. Otros prefieren la política del olvido. Lo que no me gusta, no existe. Algo así como los nobles de antaño pretendían que no existían los plebeyos y no los tomaban en cuenta. Otros viven amargados porque su orgullo no concibe que su preciosa personalidad pueda tener imperfecciones, odios, resentimientos envidias, deseos carnales, intemperancias, gulas, inercias.

Para todos ellos hay salvación ¡Con una condición! Que reconozcan que son pecadores y que acepten el llamado del Señor a la conversión. La lectura nos dice que Dios está pronto a perdonar. Escuchemos este llamado conmovedor del profeta y consideremos este llamado como quien habla a mi y a nadie más. Alégrate porque Dios te quiere a pesar de tus barbaridades.


1. 2 Segunda lectura: 2 Cor 5, 20 - 6, 2
Este pasaje no necesita comentario basta escucharlo. Es de mucha ayuda leerlo en voz alta y no como quien lee un pasaje de literatura. El texto mismo contiene una urgencia y un apremio insoslayable. Cuando se lee en voz alta dejemos traslucir esta urgencia en el sonido de la voz. Es el amor de Dios que llama a la puerta de tu corazón.


1. 3 Evangelio: Mt 6, 1-6. 16-18
Habrá visto muchas veces en los templos placas recordatorias: "donado por fulano de tal". Seguramente se ha querido estimular así la generosidad y premiarla. Sin embargo, puede que los sacerdotes que hemos permitido eso, alejamos a los cristianos del Evangelio. Porque las cosas que se hacen por ser vistos, ya tienen su recompensa simplemente porque son apreciadas por los demás. El Evangelio nos exhorta a hacer las cosas por amor a Dios y sin que nadie lo vea para que no pueda alabarnos por ello. Ahora bien, la persona que vive radicalmente su fe, tarde o temprano es sorprendida en su vivencia. Pero siempre buscará esconderse, a disminuir su importancia y tratara de considerarse menos que los demás.

Además el pasaje bíblico nos ofrece de la boca del Señor unas preciosas ayudas de cómo vivir esta Cuaresma, es decir, cómo luchar contra nuestra debilidad y como crecer en la generosidad del amor. Supongo que no es necesario defender la necesidad y utilidad de las cosas que recomienda Jesús. Los modernos están redescubriendo nuevamente el valor del ayuno mientras que nunca se ha dudado de la necesidad urgente de la oración y del compartir nuestros bienes con los que no tienen nada. Evidentemente el ayuno no es para adelgazar sino para hacer penitencia, para convertirnos. Escuchemos con atención este Evangelio y luego pongámonos a pensar un poco como podemos darle más importancia diaria la oración, a la limosna y al ayuno.


Reflexionemos

Los Padres


Este día tradicionalmente acudimos a la Iglesia a que nos marquen con la señal de la Cruz con ceniza. “Acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te has de convertir”.

Con estas palabras viene a nuestro pensamiento el momento de nuestra muerte y que no somos nada sin Dios.

La meta final para el cristiano, es el Cielo, no debemos perderla de vista. Pensar en la muerte no debe entristecernos, sino nos ha de llevar a pensar si aprovechamos bien el tiempo que tenemos entre las manos. El pasado ya quedó atrás, el futuro no sabemos si llegará, pero hoy cada momento que tengo entre mis manos, ese es el que he de aprovechar para amar primero a Dios y luego a los demás.

El miércoles de ceniza es el inicio de la Cuaresma y ésta es tiempo de conversión. La verdadera conversión se manifiesta en las obras, en la conducta diaria, continua. En una lucha por mejorar en el comportamiento con la familia, en la oficina, en el lugar que nos toca trabajar o pasar muchas horas del día, quizá en la cama cuando uno está enfermo, ahí también puede haber una verdadera conversión.

Hoy Dios nos pide una penitencia especial que es el ayuno y la abstinencia. Esto ayudará a fortalecer el espíritu, e inclinarlo más hacia Él. Cumplámoslo con alegría y generosidad, es tan poco lo que nos pide El Señor a comparación de lo que Él pasó por nosotros.

Después de hoy también tradicionalmente hacemos una lista de pequeños actos de penitencia. ¿Soy capaz de no tomar el postre?, ¿de preferir un vaso de agua en lugar de un refresco?, ¿de mostrar una sonrisa y pasar por alto un momento difícil?, esto nos hará mas fuertes y resistentes ante las tentaciones del demonio.

No es tan complicado lo que se nos pide, es olvidarnos de nuestras preferencias para pensar en otros, es pasar por encima de mi mal humor para hacer mas agradable la vida a los demás. Vivirlo y enseñar a otros a vivirlo, por ejemplo a nuestros hijos según su edad sugerir o que ellos mismos opinen de que cosa podrían privarse, o que servicio pueden prestar a otros.

Esto nos llevará a ser el consuelo de Dios, cuando vea que nos esforzamos, aunque a veces no podamos lograrlo del todo, sonreirá y escucharemos esas palabras dirigidas a aquellos que luchan y no desfallecen “Siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu Señor”.

Me gusta recordar unas palabras de Santa Teresa de Ávila: “aunque no quiera, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera”. Que sea así nuestra determinación de caminar con Cristo esta Cuaresma, de caminar con mis hermanos los hombres, con tal de que sean felices.

El camino al cielo es un camino arduo pero feliz, no olvidemos que lo que vale cuesta y vale mucho la pena el Cielo y la Felicidad Eterna.

¡Todo por amor a Cristo y a su Iglesia!

(Cynthia G. de Hernández, familiacatolica-org.blogspot.com/)



Con los Hijos
(Este artículo de es.catholic.net le proporciona abundantes ideas como para realizar una reflexión cuaresmal con los hijos)

Miércoles de Ceniza: el inicio de la Cuaresma

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”

“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.
Origen de la costumbre

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio

Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

Conclusión

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.

Sugerencias para vivir la fiesta

Asistir a la iglesia a ponerse ceniza con la actitud de conversión que debemos tener.

Leer la parábola del hijo pródigo, San Lucas 15, 11-32 o el texto evangélico de San Mateo 6, 1-8.



Vivencia familiar

Se sugiere que cada miembro de familia primero revise las sugerencias ofrecidas, haga un examen de conciencia y luego se comparte en familia respecto a lo que podemos hacer todos juntos. (Descargar la hoja)

Obras de Caridad.
Estas tienen que ver con dos tipos de acciones:
la perfección de nuestro deber diario y la perfección de nuestra caridad hacia nuestro prójimo. Algunas ideas para practicar la caridad son:

Analiza tu deber diario como: hijo(a) de Dios, esposo(a), papá, mamá, hijo(a), trabajador, empleador, estudiante...

¿Los deberes hacia Dios son parte de tu rutina?

Esfuérzate por hacer tu deber lo mejor posible, y buscar ser más pacientes, másalegres, más eficientes, más caritativos, menos criticones, menos chismosos, etc.

Aprovecha conscientemente el tiempo que Dios te da cada día, evita perder el tiempo.

Practicar las virtudes como la obediencia, la caridad, la humildad, la castidad y laperseverancia.

Piensa más en los demás y menos en tí. Se pro-activo al buscar pasar más tiempo contu familia en lugar de ver Tele, leer, navegar por internet, jugar un video juego, etc.

Haz un esfuerzo conciente de ser más alegres y positivo con nuestra familia, no sólo con extraños.

Nuestros propósitos como familia son...

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Estudio y Superación.
El estudiar nuestra fe ayuda a desarrollar nuestro espíritu. Para vivir y amar nuestra fe católica necesitamos leer, reflexionar y conocer la Palabra de Dios,las enseñanzas de nuestra Iglesia y nuestra Tradición católica.La finalidad de esta práctica es buscar crecer espiritualmente en la oración ypor consecuencia, en la relación personal con Jesús nuestro Señor. Esto le darámás sentido a nuestra vida, y nos ayudará a ser santos.Esto lo podemos hacer a través de lectura tanto personal como familiar

Algunos autores sugieren estos tipos de lectura:

Para la mente: Puede ser estudiar encíclicas, leer el Catecismo de la Iglesia Católica,hacer investigación en algún tema de historia, filosofía, etc.

Para el alma : Debe ser lectura de formación espiritual que ofrezca un programa decrecimiento, guía, dirección espiritual...como los escritos de Sta. Teresa de Ávila o Sn.Francisco de Sales, etc. Busca asistir a las Reflexiones Cuaresmales de tu parroquia.

Para el corazón : También necesitamos inspiración. Lo mejor es leer la vida de los santos o de gente que ha puesto su vida de fe en acción.

Para cada día: “La Sagrada Escritura es nuestro alimento espiritual por excelencia, la iglesia anima a leerla, a estudiarla y a meditarla”. (CIC #2653)

Nuestros propósitos como familia son...

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Escoge metas accesibles. No te propongas más de lo que puedes lograr.

Escoge penitencias prácticas, es decir, que sean de servicio a los demás.

Se honesto - Busca las penitencias que valgan la pena y hazlo sin buscar el crédito de la gente.

Escribe tus propósitos en una hoja y colócala en algún lugar que sólo tú puedas ver, como recordatorio diario.

Busca activamente vivir la Cuaresma en familia y asiste a lascelebraciones de su parroquia.


(foxolivos)


Fuentes: CIC (Catecismo de la Iglesia Católica); "Lo que todo Católico debe saber acerca de la Cuaresma”; "Evangelizar con la Vida", SEDEC. Parroquia de SanMartín de Porres. Monterrey, N.L. México. 2002; "A Personal Lenten Program”, Knights of Columbus. Lent 2001

Vea también:

Algunas ideas creativas para la Cuaresma

Algunas ideas raras para Cuaresma que harán que seas más santo





Nos habla la Iglesia

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014

Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de San Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de San Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?

La gracia de Cristo

Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se "vació", para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama.

La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).

La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice San Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica.

¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, San Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).

¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros.

La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura.

La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su "yugo llevadero", nos invita a enriquecernos con esta "rica pobreza" y "pobre riqueza" suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).

Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.

Nuestro testimonio

Podríamos pensar que este "camino" de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.

A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual.

La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad.

En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.

No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente.

Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.

El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza!

Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.

Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza.

La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.

Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.


Vaticano, 26 de diciembre de 2013
Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir

FRANCISCUS

 



Leer la Biblia con la Iglesia

Jueves:     Dt 30, 15-20       Salmo 1         Lc 9, 22-25
Viernes:     Is 58, 1-9a         Salmo 50        Mt 9, 14-15
Sábado:     Is 58, 9b-14       Salmo 85        Lc 5, 27-32




Oraciones

Oración penitencial de San Ambrosio de Milán

Oh, Señor, que tienes misericordia de todos,
quita de mí mis pecados,
y misericordiosamente enciende en mí
el fuego de tu Espíritu Santo.
Quita de mí el corazón de piedra,
y dame un corazón de carne,
un corazón para amarte y adorarte,
un corazón para deleitarse en Ti,
para seguirte y disfrutar de Ti, en el nombre de Cristo, Amén.
De San Ambrosio de Milán (DC 339-397)



Oración penitencial de San Agustín

Oh Señor,
La casa de mi alma es estrecha;
agrándala para que puedas entrar en ella.
Es ruinosa, ¡repárala!
No es agradable a tu vista.
Lo confieso, lo sé.
Pero, ¿quién la limpiará?,
¿A quién he de implorar sino a Ti?
Límpiame de mis transgresiones secretas, Oh Señor,
y libra a tu siervo de extraños pecados.
De San Agustín de Hipona (AD 354-430)


Oración del Salmo Penitencial 50 51
Salmo en que el Rey David expresó su arrepentimiento y con el que tantos santos han suplicado perdón al Señor :Oh Dios, ten compasión de mí
Miserere mei, Deus

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, le decimos a Jesús.
Lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti solo pequé.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme, no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
El Señor nos atenderá si en el día de hoy le repetimos de corazón, a modo de jaculatoria: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.

(misalvador777.tirpod.com-manantial)



Oración del Miércoles de Ceniza

Me decía la serpiente del paraíso:
«Se te abrirán los ojos,
conocerás el bien y el mal, serás como un dios».
Me decía también: «Ocúpate de ti mismo,
cierra los ojos al sufrimiento de los hombres,
olvídate que son tus hermanos
y prescinde de ellos, querido Caín.
Constrúyete la torre de tu orgullo,
siéntete superior a todos, no escuches el llanto del hambre
ni levantes los ojos de tus libros
y así no verás las manos impertinentes de quienes te necesitan.
Con tu Babel, ya no necesitas para nada a Dios. Tú eres un dios».

Y yo me lo he ido creyendo todo.
Me doy cuenta de que tengo ganas de decidir yo lo que está bien,
incluso a costa de olvidar la palabra dada.
¡Cuántas ocasiones perdidas para haber sido testigo de lo que creo,
para haber dicho, con palabras y obras, que me tomo en serio el Evangelio!
Me ha podido la comodidad, la cobardía, el no complicarme la vida...

Una sed inmensa se apodera de mí y me devora.
He querido llenar mi vacío interior,
pero no he acertado a escoger el Agua Viva y fresca
y he acabado enturbiando y secando
lo más vivo de mí mismo, lo mejor de mi pozo interior.
Ya casi ni escucho esa voz que me acompaña,
esa presencia divina que me habita.
¡Cuánto ruido ensordecedor busqué para no oírme,
para no oírte, y qué sordo me volví!

Hay algo que me llama y tira de mí muchas veces
para que huya de mi casa -la tuya-,
hacia tierras lejanas.
Y ahora me encuentro bien lejos,
he malgastado mi tiempo y tus dones,
me he rebajado y me he metido en el fango
y me avergüenza ver lo bajo que he caído.

Me gusta, Padre, hacer mi santa voluntad
hasta que descubro, con tristeza,
que mis manos se han ido vaciando poco a poco
y ahora no tengo en ellas nada que merezca la pena,
nada que dar y ofrecer porque todo lo derroché.
Incluso a mis amigos los siento lejos
porque he confundido la entrega con las discusiones vacías y las excusas.

No soy infinito,
aunque tengo sed de infinito.
La tierra y el polvo me recuerdan lo que soy y lo que seré.
La tierra y el polvo me recuerdan que Tú eres mi Alfarero,
pero yo no me he dejado moldear, arcilla rebelde,
ni cocer al fuego de tu Espíritu.

Miércoles de ceniza:
Es hora de volver a casa,
desde este país donde ya no hay alimento
que pueda saciar mi hambre.

Miércoles de ceniza:
Hora de hacer una hoguera
con todo mi egoísmo y mi estupidez.
Hora de reducir a cenizas mi absurda torre de Babel
y bajarme a la tierra y comenzar a dar manos.
Hora de quitar estorbos de mis oídos,
y hacer silencio para volver a escucharte y a escucharme.

Miércoles de ceniza:
Como ella, debo entrar en el horno de tu Espíritu
y dejarme transformar en el cántaro que tú quieras.
Aunque mi sí quedó hecho cenizas,
sé que puedo renovarlo. Y quiero hacerlo, con tu ayuda.

Miércoles de ceniza:
Cuarenta días para dejarme encontrar por Ti,
para darme cuenta de que me esperas a la puerta de casa.
Cuarenta días para pedirte perdón
y ayunar de tantas cosas que me sobran y otros necesitan.
Cuarenta días para escuchar más atento tu Palabra,
y dejar que sea tu Pan quien me sacie
y tu perdón quien me restaure.

Un poco de ceniza en el rostro
me puede poner en camino de verdad:
NO HAY CAMINO FUERA DE DIOS.
Y hoy mismo comienzo el camino de retorno a Tu casa.

(Sergio García Risco/Enrique Martínez, ciudadredonda.org)



Cuaresma: ¡Un Gozoso Tiempo de Conversión!
Pregón de Cuaresma


Conviértanse a mí de todo corazón
con ayuno, llantos y lamentos.
Desgarren su corazón
y no sus vestiduras,
y vuelvan al Señor, su Dios,
porque El es bondadoso y compasivo
lento para la ira y rico en piedad (J1. 2, 12-13).
Así habla el Señor.
Hermanos:
Les anuncio una buena noticia, un gran gozo para todo el pueblo
cristiano: HOY COMIENZA LA CUARESMA.
Hermano, quienquiera que seas,
escucha hoy la voz del Señor:
Busquen al Señor
mientras se deja encontrar.
Que el malvado abandone sus caminos
y el hombre perverso sus pensamientos,
que vuelva al Señor,
y El le tendrá compasión;
a nuestro Dios que es generoso
en perdonar (Is. 55, 6-7).
Ahora es el tiempo oportuno.
Ahora es el tiempo de recomenzar.
Ahora es el tiempo de aceptar la gracia de Dios.
No te escondas.
No te desanimes.
No te distraigas.
Vuelve al Señor, tu Dios,
porque El es bondadoso y compasivo
lento para la ira y rico en piedad.
Nada está perdido. ¡Ven, te dice el Señor!
Más allá del pecado siempre hay un camino. Yo soy el Camino.
Más allá de la frustración siempre hay una esperanza. Yo soy la Resurrección y la Vida.
Hermano, quienquiera que seas
Escucha hoy la voz del Señor.
conviértanse a mí de todo corazón
con ayuno, llantos y lamento.
Desgarren su corazón
Y no sus vestiduras,
Y vuelvan al Señor, su Dios,
porque El es bondadoso y compasivo
lento para la ira y rico en piedad (J1. 2, 12-13)
(misalvador777.tirpod.com-manantial)




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