[_Sgdo Corazón de Jesús_] [_Ntra Sra del Sagrado Corazón_] [_Vocaciones_MSC_]
 [_Los MSC_] [_Testigos MSC_
]

MSC en el Perú

Los Misioneros del
Sagrado Corazón
anunciamos desde
hace el 8/12/1854
el Amor de Dios
hecho Corazón
y...
Un Día como Hoy

y haga clic tendrá
Pensamiento MSC
para hoy que no
se repite hasta el
próximo año

Los MSC
a su Servicio

free counters

Historia de la Iglesia Edad Media: V. EL ISLAM Y LAS CRUZADAS

 

Emiliano Jiménez

Páginas relacionadas 

 

 

1. El nacimiento del Islam

2. Lucha contra el Islam en España

3. Las cruzadas

 

 

El escenario donde se desarrolló la historia de la Iglesia medieval fue el Occidente. Esta circunscripción fue provocada, primero, por el Islam desde el siglo VII y, segundo, por la separación de la Iglesia oriental (Bizancio, Balcanes, Rusia) desde el siglo XI.

La irrupción del Islam fue de una rapidez sorprendente. En menos de una generación el Islam inundó grandes sectores de la cristiandad oriental. Aunque hay que decir que esta avalancha se debió a que grandes espacios de la cristiandad estaban dominados por los árabes. A lo largo de la vía comercial que conducía de Damasco a la Arabia meridional, llamada ruta del incienso, se había desarrollado notablemente un régimen urbano, debido al animado tráfico de mercancías. Estas ciudades desempeñaban un papel importante como etapas de viaje y como depósitos de mercancías de las caravanas de la Meca, que se había convertido en el centro del comercio árabe. Ante los muros de estas ciudades de la ruta comercial se alzaban caravasares -albergues para las caravanas- con personal árabe. Y estos centros de vida árabe atraían a un gran número de seminómadas del desierto colindante. Además de esto, el gran desierto en torno al Mar Muerto, en Transjordania y al este de Damasco hasta el Golfo Pérsico, se había convertido también en punto de confluencia de tribus árabes.

Muchos de estos árabes, atraídos por lo vida ascética de los monjes, cansados de su dura vida de beduinos, se hicieron monjes. Los grandes Padres monásticos Eutimio y Sabas, de procedencia árabe, acogieron con benevolencia a los árabes, que llamaban a sus monasterios. Los árabes llegaron incluso a tener un obispo propio, sin sede fija, ya que en su calidad de obispo de los campamentos del desierto estaba encargado de la misión entre las diversas tribus. Este cristianismo árabe fue avanzando hacia el sur, hacia los oasis de arabia septentrional, a lo largo de las rutas caravaneras que se dirigían a la Meca y Medina. Así, al surgir Mahoma, conocía perfectamente el cristianismo, al igual que el judaísmo, a los que en un principio consideró como aliados, hasta que tanto judíos como cristianos se negaron a seguir al profeta de Alah. A la muerte del profeta, se inició una marcha incontenible del Islam. En la batalla del 20 de agosto del 635 en el Yarmuk, afluente del Jordán, quedó decidida la suerte de la Siria bizantina, que cayó bajo el Islam. En el 638 cayó Jerusalén; Alejandría, la puerta de Egipto, cae en el 640;tres años después la Pentápolis y en el 647 se inician las incursiones hacia Capadocia. Con frecuencia la Iglesia principal se transformaba en mezquita, pero en principio las iglesias y conventos gozaban de relativa libertad, aunque esto dependía, en cada caso, del talante o capricho de los gobernadores.

Así, pues, mientras la Iglesia se extendía por las regiones del norte de Europa, la irrupción del Islam le arrebataba regiones enteras de profunda raigambre cristiana. Con la idea islámica de la conquista del mundo se hizo realidad la migración de los pueblos árabes hacia el noroeste y el nordeste, incoada ya muchos siglos antes de Mahoma. Desde el punto de vista de la historia de la Iglesia, el Islam fue como un huracán aniquilador que hizo que se perdieran para la Iglesia las provincias cristianas más antiguas: Siria, Palestina, Egipto y norte de Africa. Además, un siglo después de la primera aparición de Mahoma, en el 611, cayó víctima del Islam el reino cristiano visigodo de España. El Islam acabó con la equiparación entre el Imperio y la Ecumene cristiana.

 

Historia de la Iglelsia Edad Media:  Nacimiento del Islam

a) EL NACIMIENTO DEL ISLAM

La patria de origen del Islam es Arabia. Y su fundador es Mahoma (570-632), que tiene su primera aparición en el 611. Toda su vida está entretejida de visiones y leyendas. En sus viajes conoció el cristianismo y el judaísmo. Por ello desarrolló su doctrina -recogida en el Corán, el libro sagrado del Islam- influido por el pensamiento judío y por el pensamiento escatológico cristiano. El reconoce a Cristo y a Moisés como verdaderos profetas. Pero a partir del 611 se consideró a sí mismo como enviado de Alah, el Unico. Predicó su doctrina en la Meca, de la que tuvo que huir, trasladándose a Medina con un grupo de seguidores. En diez años consiguió dominar toda Arabia, implantando su religión, barriendo todo vestigio de paganismo. Las victorias musulmanas siguen un ritmo sorprendente: Damasco, Siria, Jerusalén (638), Alejandría; Constantinopla es asediada dos veces (en 673 y en 717). Lo mismo sucede con las poblaciones cristianas de Africa. En el 698 conquistaron Cartago y toda el Africa romana cayó en sus manos, desapareciendo por completo el cristianismo; los cristianos bereberes apostataron en masa y se pasaron al islamismo. Las iglesias fueron convertidas en mezquitas; desaparecen los obispados, de los que sólo subsisten los títulos episcopales. Y de Africa pasan a España, cuya población visigoda está en lucha con los bizantinos hasta el punto que, mientras son atacados por un enemigo común como el Islam, en vez de unirse para defenderse de él, se hacen la guerra mutuamente. De este modo se derrumbó la Iglesia española ante el asalto musulmán. La Iglesia española, ocupada en los asuntos políticos, se había identificado con el Estado y cayó con él. La dominación árabe en España duraría hasta el año 1492. Se destruyeron iglesias; se impedía a los cristianos las reuniones de culto, suscitando la reacción de los cristianos, que se atrevían a insultar públicamente a Mahoma y eran martirizados, como Adulfo, Juan y otros compañeros en el 824, Perfecto y los monjes Juan, Isaac y Pedro, los fieles Aurelio y Félix con sus esposas, los presbíteros Fandila, Félix, Abundio, etc, las vírgenes Columba, Pomposa, Digna, etc. Y San Eulogio, defensor de los mártires con su obra Apología de los mártires, fue degollado en el 859, cuando ya había sido nombrado arzobispo de Toledo. En el 732 las fuerzas de Occidente fueron capaces de mantener alejada de la Galia aquella oleada de infieles, logrando así salvar el naciente Occidente cristiano, es decir, Europa con la victoria de Carlos Martel en Tours y Poitiers.

 Historia de la Iglelsia Edad Media: Reconquista de España

b) LUCHA CONTRA EL ISLAM EN ESPAÑA

Pero también en España, poco a poco, la persecución fue cediendo y los cristianos, se fueron habituando a vivir con los musulmanes, acabando por colaborar con los dominadores y aceptando sus costumbres y cultura, sin perder su fe. Y mientras en el Occidente cristiano rebrotaba la barbarie, en España florecía una elevada cultura arábigo-musulmana. Los cristianos empezaron a gozar de libertad de religión, aunque los obispos eran nombrados o confirmados por los árabes. Mientras tanto, en la España no dominada por los árabes, desde el siglo IX, Santiago de Compostela se convirtió en un centro de irradiación de piedad cristiana. Y, cuando los reinos cristianos de la península fueron ampliando sus dominios, la mayoría de los cristianos mozárabes se fueron pasando a tierras cristianas. La Iglesia se fue reorganizando en la medida en que la reconquista avanzaba hacia el sur. La lucha contra los enemigos de la fe llenaba de entusiasmo religioso a los españoles. Bajo el Papa Alejandro II (1061-1073) los reinos españoles, que han vivido desconectados de Europa, vuelven a adquirir importancia en la historia de la Iglesia, quedando más estrechamente vinculados a Roma; el Papa apoya la reconquista contra los árabes con la primera indulgencia de cruzada. Cluny sirvió de lazo entre España y el resto de la Iglesia en lo espiritual y Santiago de Compostela en el orden cultural.

A partir del año 1072 los españoles emprendieron con más decisión la reconquista. Auxiliados por cruzados europeos, de Francia y Alemania, Alfonso VI conquistó en 1085 la ciudad de Toledo; famosas son las conquistas del Cid Campeador (+ 1099). Durante el siglo XII se formaron las Ordenes militares españolas para luchar contra los musulmanes: la de Santiago, la de Calatrava y la de Alcántara, aprobadas por Alejandro III. En 1212 tomaron parte en la batalla de las Navas de Tolosa cruzados convocados por el Papa Inocencio III y se quebrantó realmente el poder musulmán en España. A partir de esa victoria les fue fácil a Fernando III el Santo (1217-1252) y a Jaime I de Aragón (1213-1276) conquistar casi toda la península. El poder musulmán quedó limitado al reino de Granada. A medida que iba avanzando la reconquista se iban restaurando las diócesis y las iglesias visigodas y se fundaron otras nuevas.

 Historia de la Iglelsia Edad Media:  Las cruzadas

c) LAS CRUZADAS

Cuando los musulmanes conquistaron Jerusalén (637), los cristianos de Palestina, a costa de fuertes impuestos, conservaron su libertad religiosa. También fueron toleradas por los musulmanes las peregrinaciones a Tierra Santa, cuyo origen se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Pero esta situación cambió radicalmente cuando los fatimistas se adueñaron de Jerusalén (969) y sobre todo en tiempos del califa Hakem (1009) que hizo destruir la iglesia del Santo Sepulcro y persiguió a los cristianos y a los peregrinos. Y el colmo fue cuando los turcos seléucidas entraron a sangre y fuego en Jerusalén el año 1076.

Si bien la separación de la iglesia oriental y occidental fue un hecho funesto para la vida del cristianismo, las cruzadas pusieron de manifiesto que no había desaparecido del todo el sentimiento de unidad. A Gregorio VII, a la vez que la recuperación del sepulcro del Señor, le "impulsaba ardientemente" la reunificación de las dos Iglesias. Por ello deseó intervenir en ayuda de los griegos, pero no pudo hacerlo por sus luchas con Enrique IV. Pero desde Urbano II (+1099) hasta Clemente V (1314) el papado fue el animador de las cruzadas [2]. Los Papas se dieron cuenta del peligro que para occidente suponían los musulmanes y quisieron contenerlos dentro de sus fronteras. Por eso las cruzadas, en su intención, fueron más defensivas que ofensivas.

Con la reforma gregoriana había despertado la conciencia cristiana y eclesial de Occidente. El espíritu de Occidente había comenzado a expresar la plenitud y armonía del patrimonio cristiano-eclesial con la primera Escolástica y con el gótico primitivo. Se anunciaba ya la época de esplendor de la Edad Media. Era necesario defender a Occidente de la invasión del Islam, que continuaba presionando constantemente sobre Constantinopla como primer paso para llegar a Occidente. Es cierto que en las cruzadas se mezclaron muchos motivos, como la codicia, la ambición, el afán de aventura, pero el fin primero era rescatar el Santo Sepulcro. La devoción a la humanidad de Cristo, la defensa de los Santos Lugares [3]s, donde Cristo nació, vivió y murió es lo que movió a la multitud de cristianos que se pusieron en marcha, dispuestos a dar la vida. Morir en defensa de Tierra Santa se equiparó al martirio. Junto con la veneración de las reliquias, típica de la Edad Media, la piedad occidental se había manifestado en el ansia de visitar los Santos Lugares. En el siglo XI se multiplicaron las peregrinaciones a Tierra Santa. Hasta entonces, a pesar del mahometanismo imperante desde el año 637, los peregrinos y los cristianos de Palestina apenas habían sido molestados. Pero cuando los musulmanes fueron expulsados de Sicilia y la reconquista española obtuvo sobre los moros la victoria de Toledo, la presión enemiga sobre Constantinopla se hizo tan fuerte, que Alejo I (1081-1118), emperador bizantino, pidió ayuda a la Iglesia latina. Las lamentaciones de los peregrinos por la intolerancia y fanatismo de los seléucidas ya se habían hecho sentir. Con frecuencia las narraciones sobre los padecimientos de los cristianos en Palestina se convertía en canto de lamentación que estremecía las conciencias.

El núcleo religioso fue evidente en el período inicial y, particularmente con Bernardo de Claraval. La pérdida de la tierra de Dios conmovió profundamente a los cristianos. La cruzada se vio como oferta de la infinita misericordia de Dios a la humanidad pecadora, la oferta de luchar por él contra sus enemigos y de este modo expiar los propios pecados. Esto estaba en consonancia con el sentido de la penitencia como expiación propia de la Edad Media por influencia de la mentalidad germánica. Occidente se había constituido en una unidad de carácter cristiano-eclesiástico. Por ello toda acción realizada en favor de él entraba en el ámbito cristiano de la salvación. Esto llevó incluso a la convicción de que cualquier acción guerrera en favor de esta cristiandad era meritoria para la bienaventuranza, se trataba de la "guerra de Cristo" con la que se "salva el alma". El que moría en la "guerra santa" moría como testigo de Cristo y contaba con la gloria de los mártires. La vinculación entre el Imperio y el Sacerdocio, lo espiritual y lo temporal, propio de toda la Edad Media, alcanzó en las cruzadas su máxima expresión.

El Papado en este momento se convirtió de hecho en la voz que tenía eco en toda la cristiandad, que con ocasión de las cruzadas secundaba esa voz. Y, por lo que se refiere a la asociación entre lo religioso y la guerra, la Iglesia estaba por aquel momento intentando superarla entre los cristianos con la imposición de la "tregua de Dios". Esta idea de la limitación de la guerra se irradió desde Cluny: "el que mata a un cristiano derrama sangre de Cristo". Pero, como contrapartida, la guerra contra los enemigos de la fe estaba en pleno auge, hasta a veces como un sustitutivo para los guerreros: "Quienes antes han luchado contra los fieles en pequeñas guerras, deberán combatir ahora contra los infieles, para obtener la victoria en una guerra que ya debía haber comenzado; que quienes hasta ahora han sido bandidos, se hagan soldados; que los que han combatido contra los hermanos, lo hagan contra los bárbaros". Como consecuencia de la historia de las persecuciones y luchas contra los invasores se había formado la conciencia de la legitimidad de una lucha que resultaba defensiva más que ofensiva. La cruzada era, pues, una guerra santa, no tanto de conquista material, sino de recuperación de los Santos Lugares, convocada y dirigida por los legados del Papa y enriquecida con gracias espirituales.

Se suelen señalar ocho cruzadas principales, ya que durante el siglo XII hubo otras muchas expediciones espontáneas e informales, como la "cruzada de los pastores" o la "cruzada de los niños", con su lamentable desastre.

1) En el año 1095 el Papa Urbano II, antiguo prior de Cluny y sucesor de Gregorio VII como Papa, en el Concilio de Piacenza, al que acudió el emperador Alejo I, lanzó la idea de la cruzada. Y en el mismo año la confirmó en el sínodo de Clermont. Para ella fue comisionado, como legado pontificio, Adamaro, Obispo de Puy. El Occidente entero se puso en pie de guerra al grito de ¡Dios lo quiere!, inflamado por la predicación de Pedro el Ermitaño. Toda Europa se siente convocada al servicio de una gran idea. Occidente no puede aceptar que se cierre el acceso de los cristianos a los Santos Lugares. La Iglesia concedía una indulgencia plenaria a todos los cruzados. La expedición, según lo anuncia el papa, debía ser una expiación de la cristiandad mancillada por el robo, el asesinato y la opresión de los infieles. Incluso los ermitaños y los solitarios salieron de su soledad para tomar parte en la piadosa empresa. Hasta el mismo Papa Urbano II tuvo que intervenir para frenar esta participación demasiado numerosa de monjes, obispos y religiosos.

Capitaneados por Pedro el Ermitaño y Gualterio se pusieron en marcha masas de gente desocupada, labriegos, mendigos y aventureros, que murieron en el camino o cayeron al filo de la espada de los turcos seléucidas al llegar al Asia Menor. Otro ejército, compuesto por unos 600.000 guerreros, emprendieron la marcha más organizados, divididos en cuatro grupos, todos ellos bajo el jefe espiritual Adamaro de Puy. Este ejército conquista Nicea, asedia y conquista por dos veces Antioquía, aunque allí la peste acabó con muchos soldados y murió también Adamaro de Puy. De Antioquía partieron para Jerusalén que, después de mes y medio de asedio, cayó en sus manos (15-7-1099). Después de esta primera cruzada el pensamiento misionero cristiano adquirió una fisonomía especial dentro de la caballería. Los estados cristianos surgidos en Palestina y sus alrededores, por la inseguridad de las circunstancias, hicieron necesario que las órdenes de caballería se dedicaran permanentemente a su protección. Los caballeros se hicieron monjes, o mejor, fueron mitad monjes y mitad soldados, uniendo la cruz y la espada.

2) El toque de alarma de la nueva cruzada fue el hecho de que en 1144 Edesa cae en manos de los musulmanes, sacudiendo de nuevo a Europa. El Papa Eugenio III encarga a San Bernardo, ya en edad avanzada, pero en plenitud de prestigio, la predicación de la segunda cruzada. Europa central se convirtió en púlpito para su inflamada predicación. Esta cruzada contó con dos ejércitos, capitaneados uno por Conrado III de Alemania y el otro por Luis VII de Francia. El resultado fue un total fracaso, muriendo o quedando prisioneros muchos cruzados. La enorme aflicción que causó el fracaso de esta cruzada, que San Bernardo predicó con tanto entusiasmo, quedó plasmada en su exclamación: "¡Benditos sean tus juicios, Señor!".

3) Jerusalén volvió a caer en manos de los musulmanes en tiempos del sultán Saladino. La noticia llegó con toda rapidez y el Occidente se conmovió. El anciano Papa Urbano III no superó la triste noticia y murió. Los Papas Gregorio VIII -cuyo pontificado duró únicamente dos meses- y Clemente III predicaron una tercera cruzada a la que respondió todo el Occidente. El Emperador Federico Barbarroja, con 100.000 hombres partió por tierra y venció a los turcos en Iconio (1190). Pero al atravesar el río Cidno pereció ahogado y entonces muchos de los cruzados se volvieron a Alemania. Por otra parte Ricardo Corazón de León de Inglaterra y Felipe II de Francia marcharon juntos por mar. Asediaron y conquistaron San Juan de Acre (1191). Pero surgieron disensiones entre ambos reyes y no siguieron adelante. Sólo Ricardo Corazón de León permaneció en Palestina durante dos años. Venció a Saladino en dos batallas, pero no conquistó Jerusalén. Lo único que logró fue firmar un pacto con Saladino por el que se aseguraba la libertad de los peregrinos a visitar los Santos Lugares.

4) Para neutralizar las ambiciones de los sucesores de Enrique VI, muerto cuando preparaba una poderosa flota con no muy piadosos objetivos contra Oriente, Inocencio III quiso fijar nuevamente la verdadera inspiración de las cruzadas. Al morir Saladino (1194), el Papa Inocencio III pensó que había llegado el momento de liberar Jerusalén y encomendó a Pedro de Capua y a Fulco de Neuilly la predicación de la cuarta cruzada. Pero ésta se le escapó de las manos. Los intereses de los Estados estaban muy lejos de la orientación religiosa. Por otra parte, la situación era complicada: cisma en Bizancio, ambiciones de Felipe de Sicilia al Imperio, reivindicaciones del usurpador Alejo, intereses de Bonifacio de Monferrato... Contra la prohibición expresa del Papa Inocencio III de combatir en ningún país cristiano, la cuarta cruzada terminó en el asedio y saqueo de Constantinopla (1204), distanciando aún más a los griegos de los cristianos de Occidente. Los cruzados proclamaron el Imperio latino de Oriente, cosa que ni los griegos aceptaron ni el Papa quería lograr por esos medios, aunque una vez consumados los hechos los aceptó, entendiendo que es Dios quien "cambia los tiempos y traslada los imperios". El Imperio latino de Oriente duró hasta que Constantinopla fue recuperada por Miguel VIII en 1261.

5) La quinta cruzada fue promovida por el Papa Inocencio III en el concilio de Letrán (1215) y por su sucesor Honorio III. Su resultado fue prácticamente nulo, fuera del pacto firmado por el califa para que los cristianos pudieran visitar libremente Jerusalén.

6) La sexta cruzada no fue propiamente cruzada. Federico II de Alemania se dirigió en 1228 a Palestina y, en vez de luchar, con negociaciones logró firmar un pacto con el Sultán de Egipto (1229) por el que las ciudades de Jerusalén, Belén, Nazaret, Tiro y Sidón pasaban al rey alemán con la condición de que la mezquita de Omar en Jerusalén quedase en manos de los musulmanes. Estos tratados de Federico II con el Sultán no fueron reconocidos en Occidente.

7 y 8) En 1244 Jerusalén volvió a caer en poder de los musulmanes y el Papa Inocencio IV promovió la séptima cruzada en el concilio I de Lyón (1245). Al llamamiento del Papa sólo respondió San Luis de Francia, que conquistó Damieta, pero al dirigirse a conquistar el Cairo él mismo cayó prisionero y tuvo que devolver Damieta como rescate. Al enterarse de la muerte de su madre, Doña Blanca de Castilla, regresa a Francia sin ningún resultado. De nuevo San Luis, la más noble figura de toda la historia de las cruzadas, pese al desastre de su primera expedición, se puso en camino hacia Túnez con la intención de convertir al Sultán y proseguir hacia Jerusalén. Pero muere de peste en Túnez (1270), sellando su vida con la exclamación "Jerusalén, Jerusalén". Era el epitafio de una empresa que agotó el entusiasmo de la mística peregrinante de las generaciones de dos siglos.

Los efectos de las cruzadas, a pesar de las escasas y efímeras conquistas territoriales, fueron incalculables. A pesar de las muchas deficiencias de las cruzadas, -discordias, envidias, espíritu aventurero, afán de lucro-, la vida religiosa experimentó un fuerte impulso. La imagen del Salvador pobre, peregrinando por Palestina y, sobre todo, sufriente hasta la cruz, cobró una gran fuerza en los cristianos. La historia entera de la salvación se acercó y se hizo más viva para todos los occidentales. Igualmente, las cruzadas despertaron el sentido comunitario de la fe cristiana, lo mismo que el espíritu misionero de la Iglesia. San Bernardo, en la predicación de la segunda cruzada, dio el sentido de ellas: "Por todo el mundo vuela la fama del nuevo género de milicia que se ha establecido en el mismo país que el Hijo de Dios, hecho visible en la carne, honró con su presencia".

Las cruzadas favorecieron y expresaron una devoción a Cristo más viva y distinta a la de tiempos anteriores. La predicación de los monjes, obispos y clérigos seculares, familiarizados con la Sagrada Escritura, sobre todo con el Nuevo Testamento, llevó a ver a Cristo, más que como rey y señor, como Jesús de Nazaret, que peregrina por la tierra, que sufre y está cerca de los hombres, redime más que dominar. La historia de la salvación culminada en Jesús, que nace y muere por nuestra salvación, se hace viva y concreta. El espíritu de las cruzadas inserta a los cristianos en esta historia de la salvación. Seguir a Cristo, defendiendo los lugares de su peregrinación en la tierra, es algo que llena la predicación y la piedad de los cruzados. Las Gesta Francorum, compuestas por un laico, comienzan con este párrafo: "Cuando fue llegado aquel tiempo que el Señor Jesús señalaba diariamente a sus fieles, especialmente cuando en el Evangelio se dice: 'El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame' (Mt 16,24), un poderoso movimiento sacudió a todas las tierras francas, de forma que todo el que deseaba seguir a Dios con corazón puro y espíritu fervoroso y llevar fielmente la cruz tras él, no vacilaba en tomar lo antes posible el camino del santo sepulcro".



     [1] El nombre de cruzada proviene de la pequeña cruz de paño rojo que los soldados llevaban sobre el hombro derecho.

     [1] Hoy las naciones (ONU) aprueban la guerra contra Iraq y, sin embargo, se juzga sin consideración la empresa de las cruzadas que entusiasmó a Europa durante dos siglos.

     [1] Hoy, con las falsas teologías de la inculturación o el indigenismo, que hacen del cristianismo un mito o una ideología, olvidando la historicidad del cristianismo, la encarnación de Cristo en una historia y en una geografía, no se comprende el valor de las cruzadas. Los Franciscanos, custodios de los Santos Lugares, hijos del cruzado San Francisco, con su presencia en Tierra Santa, defendiendo las piedras, mantienen vivo el valor de la historicidad del cristianismo.

 


[_Principal_]     [_Aborto_]     [_Adopte_a_un_Seminarista_]     [_La Biblia_]     [_Biblioteca_]    [_Blog siempre actual_]     [_Castidad_]     [_Catequesis_]     [_Consultas_]     [_De Regreso_a_Casa_]     [_Domingos_]      [_Espiritualidad_]     [_Flash videos_]    [_Filosofía_]     [_Gráficos_Fotos_]      [_Canto Gregoriano_]     [_Homosexuales_]     [_Humor_]     [_Intercesión_]     [_Islam_]     [_Jóvenes_]     [_Lecturas _Domingos_Fiestas_]     [_Lecturas_Semanales_Tiempo_Ordinario_]     [_Lecturas_Semanales_Adv_Cuar_Pascua_]     [_Mapa_]     [_Liturgia_]     [_María nuestra Madre_]     [_Matrimonio_y_Familia_]     [_La_Santa_Misa_]     [_La_Misa_en_62_historietas_]     [_Misión_Evangelización_]     [_MSC_Misioneros del Sagrado Corazón_]     [_Neocatecumenado_]     [_Novedades_en_nuestro_Sitio_]     [_Persecuciones_]     [_Pornografía_]     [_Reparos_]    [_Gritos de PowerPoint_]     [_Sacerdocip_]     [_Los Santos de Dios_]     [_Las Sectas_]     [_Teología_]     [_Testimonios_]     [_TV_y_Medios_de_Comunicación_]     [_Textos_]     [_Vida_Religiosa_]     [_Vocación_cristiana_]     [_Videos_]     [_Glaube_deutsch_]      [_Ayúdenos_a_los_MSC_]      [_Faith_English_]     [_Utilidades_]