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Tratado de la Paciencia
Autor: Tertuliano

Capítulo 14: Grandes modelos de paciencia


Contando con las fuerzas de la paciencia, Isaías no dejó de profetizar del Señor sino cuando fue aserrado vivo. San Esteban, mientras era apedreado, pedía perdón para sus enemigos (Act., VII, 59-60). ¡Oh cuán dichosísimo fue Job, el cual con toda clase de paciencia, desbarató todas las fuerzas del diablo! Jamás negó a Dios la paciencia ni la fe que le debía; ni cuando le arrebataron su hacienda, ni la totalidad de sus rebaños; ni cuando de un solo golpe perdió a sus hijos bajo las ruinas de la casa; ni siquiera cuando fue atormentado por una úlcera que cubría todo su cuerpo. ¡Contra él inútilmente ejercitó el diablo todas sus fuerzas!

 

Éste es el mismo que, torturado por tantísimos dolores, jamás faltó al respeto a Dios, sino que se constituyó para todos nosotros en modelo y testimonio de la paciencia que debemos observar, tanto del espíritu como de la carne, tanto del alma como del cuerpo, para que no caigamos ante la pérdida de los bienes materiales, ni de las personas que nos son queridas, ni siquiera ante las aflicciones del cuerpo. ¡Qué féretro hizo Dios con este hombre para el diablo! 25 !Qué estandarte desplegó contra el enemigo de su gloria, cuando este mortal, ante el amargo sucederse de los mensajeros, no abrió su boca sino para dar gracias a Dios; y cuando reprocha a su esposa que, hastiada de tantos males, les aconseja remedios perniciosos! Y ¿entre tanto? ¡Dios sonreía, mientras Satanás se despedazaba al ver cómo Job con gran serenidad de ánimo sacaba la asquerosa abundancia de sus llagas: o cuando se entretenía en devolver a sus cuevas y comida, los gusanos caídos de su destrozada carne!
 

Y así, este gran realizador de la victoria de Dios, después de haber mellado todos los dardos de las tentaciones con la armadura y el escudo de su paciencia, recuperó de Dios la salud de su cuerpo; y todo lo que había perdido volviólo a poseer por duplicado. Y si hubiese querido también los hijos se le hubieran restituido para que nuevamente fuera llamado padre por ellos 26. Prefirió, sin embargo, que se los devolviera en el último día. Tan seguro estaba de Dios que dilató así su total alegría, soportando voluntariamente esta pérdida para no vivir sin algún motivo de ejercitar la paciencia.

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