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Novena a Nuestra Señora del Sagrado Corazón (P. D. Wacker MSC)

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 Nuestra Señora del Sagrado Corazón

 

 

 

1. ACUÉRDATE, NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN, DE LAS MARAVI­LLAS QUE DIOS HIZO EN TI

A: María, a ti hemos dado el titulo «Nuestra Señora del Sagrado Corazón». Estamos convencidos que tú tienes una re­lación muy especial para con tu Hijo Jesús.

B: El es el corazón de Dios en nuestro mundo.

A: En Jesús vemos al Buen Pastor que va en busca de las ovejas perdidas. El conoce a las suyas y da su vida por salvarlas. Nos muestra la profunda preocupación del Pa­dre, por los que son menospreciados y cu­yos derechos no son respetados. El alivia nuestras cargas y nos ofrece descanso. Pero también nos plantea exigencias y nos habla con autoridad.

B: En él hemos conocido el amor que Dios nos tiene. Hemos creído en él.

A: María, tú estás íntimamente unida a tu Hijo. Tú conoces las riquezas de su corazón. Todo su ser está llena de tu amor. Tú nos llevas a él. Tú señalas a su corazón, fuente de un amor sin limite que da nacimiento a un mundo nuevo.

B: Desde toda la eternidad, Dios te ha elegido. El te ha llenado de gracia. Tú eres un regalo de Dios para nosotros.

A:  El poder de Dios descansó sobre ti. Dios se hizo presente. Tú eres la Madre de Dios.

B : Como nadie has escuchado la pa­labra de Dios y la has dado realidad concre­ta.

A: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, acuérdate de las maravillas que Dios hizo en ti.

B: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, acuérdate de las maravillas que tú has hecho en nuestro favor. - Amén.

 

 

2. - EL TE ESCOGIO COMO MADRE DE SU HIJO

 

A: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, acuérdate que Dios se ha hecho hom­bre en ti.

B: El te ha escogido como madre de su Hijo.

A: Tú has vivido más que otras muje­res las ansias y preocupaciones de una ma­dre gestante.

B: En Belén te llegó a ti el tiempo de dar a luz.

A: Tú has aprendido de Jesús como él de ti.

B: Siempre quedó grabado en tu cora­zón lo que pasó en la infancia de tu hijo. Este privilegio compartes con todas las ma­dres del mundo.

A: A tus manos, Jesús ha hecho los primeros pasos. Le has enseñado a hablar y rezar.

B:  En la humildad del hogar de Nazaret, él ha sentido ya algo de la grandeza de Dios Padre, gracias a José y a ti.

A: Con todos los padres compartes esta gran tarea que tienen: ser médico, maestra y sacerdote para sus hijos.

B: Te ha costado aceptar tu rol duran­te la vida pública de Jesús.

A: Tú has sido su madre en los momentos felices y tristes de su vida.

B: Tú has dicho «Sí» a Dios con el entusiasmo de una joven. Pero este entusias­mo no ha sido pasajero, sino has mantenido esta afirmación hasta debajo de la cruz.

A: Desde entonces, tu maternidad se extiende a los hermanos y las hermanas de tu hijo.

B: Tú has cooperado con el Espíritu Santo como madre de Cristo y madre de la Iglesia.

A: Alabamos a Dios por las maravi­llas que ha hecho en ti, su humilde esclava.

B: Alabamos a Dios que ha obrado bien en favor de todos los hombres, por medio de ti.

A: Te confiamos a ti, la Madre de Dios, nuestras súplicas y alabanzas, pues tú conoces como nadie a tu Hijo.

B: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, acuérdate de los lazos maternales que te unen con tu Hijo. Intercede por nosotros. Prepáranos para ver en todo su amor. Con­cédenos vivir como tú, aceptando su volun­tad. - Amén.

 

 

3.  A QUIEN SEGUISTE HASTA LA CRUZ

A: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, acuérdate de los dolores que has sufri­do durante tu vida.

B: Tú has participado en el camino de la cruz de tu hijo.

A: Desde el comienzo, las reacciones de los hombres frente a tu hijo, su creciente rechazo y enemistad han atravesado tu alma como una espada.

B: Como madre de Jesús, estabas jun­to a la cruz.

A: Tú, la Madre Dolorosa, has recibi­do en el momento de sufrimiento un encar­go especial: ser la madre de todos los des­amparados y abandonados.

B: No te alejes de nosotros, cuando sufrimos. Quédate a lado de nuestras cru­ces.

A: Ayúdanos a mantener la confianza en la voluntad de Dios.

B: Sea nuestro consuelo y fuerza para que aprendamos que nuestro sufrimiento tie­ne un sentido.

A: En nuestras dolencias podemos ha­cernos participes del sufrimiento redentor de Cristo.

B: La más valiosa forma de coopera­ción misionera alcanza su máxima eficacia precisamente en la unión de nuestros sufri­mientos con el sacrificio de Cristo Reden­tor.

A: Que seamos nosotros corazón de Cristo en nuestro mundo: sensibles a las angustias de nuestro tiempo y traspasados por una esperanza que no muere.

B: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón,

A: Ruega por nosotros. Amén.

 

 

4. - TE GLORIFICÓ CON ÉL, ESCUCHANDO CON AGRADO TUS PLEGARIAS

 

A: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, tú sabes que tu Hijo se fue a la muerte por obediencia, a esa vergonzosa muerte en la cruz. Pero tú has experimentado también que Dios le dio el más alto honor.

B: Contigo doblamos la rodilla al nombre de Jesús. Todos juntos reconocemos: Jesucristo es el Señor para honra de Dios Padre.

A: Jesús resucitado quiere transmitir a todos los hombres lo que ya se realizó en ti. La vida en la gloria ya no es promesa vacía para nosotros.

B: En comunión contigo, damos gra­cias a Dios por las maravillas que él hizo en ti. A ti nos dirigimos para que su bondad se extienda a todos los hombres.

A: Tu gloria es la nuestra. Participa­mos en tu victoria. Totalmente se ha cum­plido en ti lo que es diseño provisional en nosotros todavía.

B: Tú compartes ahora la gloria de tu Hijo. Tú estás junto a él para siempre.

A: De esta manera estás más cerca de todos los hombres. Tú te das a conocer siem­pre como nuestra Madre que vela por nosotros.

B: Tú nos amas y estás íntimamente unida a Jesús. Aprovechamos de esta feliz coincidencia y te pedimos: ¡interceda por nosotros

A: María, Madre de la Iglesia y Ma­dre de todos los hombres, habla por nosotros y de nosotros al Corazón de tu Hijo re­sucitado.

B: Con agrado te escucha. - Amén.

 

 

5. - TU CONOCES NUESTRAS NECESIDADES.

      HABLA AL SEÑOR POR NOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES

 

A: María, tú eres nuestra hermana. A nuestro lado compartes nuestra vida.

B: Tú conoces nuestras alegría y pe­nas, nuestros fracasos y éxitos.

A: No estaban ajenos a ti la humilla­ción y el rechazo, la inseguridad y la ingra­titud, el miedo y la preocupación.

B: Como nosotros necesitabas el reconocimiento y el aliento que animan en si­tuaciones difíciles.

A: En los momentos importantes de tu vida sabías dirigirte a Dios. Tus oraciones son modelos para nosotros. Contigo pode­mos rezar.

B: Contigo nos ponemos a disposición de Dios. Estamos convencidos que nuestra oración está sostenida por la tuya.

A: Acompañados por ti, cantamos las maravillas que Dios ha realizado en ti y en­tre nosotros. Dios tiene siempre misericor­dia de quienes lo reverencian..

B: También hoy, Dios pone en alto a los que ponen su confianza en él. A los ham­brientos llena con bienes y ayuda a su pue­blo.

A: No se olvida de tratarnos con cle­mencia. Sus promesas tienen plena validez para nosotros.

B: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, a ti         venimos con nuestras súplicas.

A: Tú eres la orante perfecta. Habla al Señor por nosotros y por todos los hombres. - Amén.

 

 

6.- AYÚDANOS A VIVIR EN SU AMOR

 

A: María, hermana nuestra, el cora­zón de tu Hijo es signo del amor de Dios que vive entre nosotros.

B: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, ahora pedimos tu intercesión.

A: Cuando Jesús entregó su vida, cuando fue abierto su costado, nos dio su espíritu que derrama tu amor en nuestros corazones y nos da la voluntad de servir.

B: Mirando a aquel que fue traspasa­do, descubrimos el Corazón de Jesús como fuente inagotable de vida.

A: Podemos vivir nuestra fe en el amor del Padre, manifestado en el Corazón de Cristo.

B: Queremos ser como Jesús que ama con un corazón humano. Queremos amar por él y con él y proclamar su amor al mundo.

A: El amor de Jesús nos inspira. Si­guiendo su ejemplo, nos esforzamos por lle­var los demás a Dios, para unirlos a él me­diante el amor y librarlos del temor.

B: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, debemos constatar que muchas veces nuestra vida no es movida por este espíritu de amor y de bondad, de humildad y senci­llez.

A: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, enséñanos de nuevo el amor de tu Hijo. Ayúdanos a vivir en su amor.

B: Haznos vivir tu reino de vida y verdad, tu reino de gracia y santidad, tu rei­no de justicia, de amor y de paz. - Amén.

 

 

7. CONDÚCENOS A LAS FUENTES DE AGUA VIVA QUE BROTAN DE SU CORAZÓN.

 

A: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, contigo venimos a las fuentes, al cora­zón de Cristo.

B: El evangelista Juan resume sus re­flexiones sobre la muerte de Jesús con las palabras: "Del costado abierto salió sangre y agua".

A: Juan quiere subrayar la muerte, verdadera, cruel y sangrienta de Jesús en la cruz. Jesús acepta esta forma de morir. Su muerte no es una casualidad. Jesús se hace matar. Se sacrifica por nosotros.

B: La sangre derramada en la cruz es para siempre el sacrificio verdadero. En el futuro, ni más se necesita recurrir a los sa­crificios acostumbrados.

A: La alianza que una vez fue sellada entre Dios y los hombres, siempre estaba en peligro de fracasar. Los hombres no sabían cumplir las cláusulas del contrato. Pero ahora, una vez para siempre, Jesús ha aceptado nuestra parte.

B: Jesús nos salva. Del costado abier­to, con la sangre y el agua, nacen los sacra­mentos. Jesús quiere salvarnos en nuestra Iglesia.

A: María, madre nuestra, haznos va­lorizar los sacramentos que nos dan vida en Dios. Ellos manifiestan siempre el amor que Dios nos tiene.

B: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, necesitamos de los sacramentos. En nuestro camino que andamos contigo, son ellos señales que conducen a Dios y a nues­tro prójimo. - Amén.

 

 

8.  DE DONDE BROTAN PARA LA VIDA DEL MUNDO LA ESPERANZA Y EL PERDÓN, LA FIDELIDAD Y LA SALVACIÓN

 

A: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, acuérdate de tu posición especial que tienes en la vida de Jesús y de nuestra Igle­sia.

B: María, tú tienes gran influencia sobre Jesús. Por eso te buscamos. Contigo nos acercamos a él.

A: Tú nos haces ver a un Dios que abre nuevos horizontes, que ama y perdona, da esperanza y solución en los conflictos.

B: El corazón abierto de tu Hijo nos enseña a vivir nuestra propia soledad.

A: En la oscuridad de nuestro aisla­miento cae como rayo de sol tu presencia consolador. En el desierto de nuestra deses­peración crece una planta llena de vida.

B: Tú quitas el miedo de nosotros, cuando aceptamos ser misioneros del amor de tu Hijo.

A: Tú has trazado un nuevo camino para nosotros. Cuando estamos fatigados y sobrecargados, nos invitas al descanso.

B: Nos ayudas a tomar sobre nosotros el yugo que a veces nosotros mismos nos imponemos.

A: Contigo podemos aprender de Je­sús, el manso y humilde, cuando no esta­mos bien con los demás.

B: Necesitamos descanso, justamente para iniciar de nuevo esta caminata de nues­tra vida y este reto de nuestra misión.

A: Tú infundes un espíritu nuevo en nosotros. Nuestros corazones de piedras re­emplazas por los de carne.

B: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, tu relación personal e inmediata con Dios nos ayude, ser fieles a él y a la misión que él nos confió. - Amén.

 

 

9. - TU PETICIÓN DE MADRE ES PODEROSA.

     QUE DIOS RESPONDE A NUESTRA ESPERANZA.

 

A: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, tú eres la Madre de Dios.

B: Tus lazos maternales nos conectan a nosotros con Cristo.

A: Tu relación tan singular con tu Hijo nos une también con los hermanos en los cuales Cristo ha dejado su rostro.

B: Tú eres nuestra madre. A ti pode­mos ir con nuestras preocupaciones y temores, en los momentos tristes y felices de nues­tra vida.

A: Tú nos conduces a Jesús que confía en su Padre y reza: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo".

B:             En un momento muy difícil de su vida, se dirige a su Padre y dice: "No mi voluntad, sino la tuya".

A: Esta oración le da la fuerza de aguantar la captura, las falsas acusaciones, los sufrimientos y la muerte cruel en la cruz.

B: Contigo podemos rezar. Podemos presentar todo lo que nos aflige. Tú nos en­señas a aceptar la oración de tu Hijo como nuestra.

A: Desde ahora te damos gracias. Tú no eres indiferente a nuestras súplicas. Pues tú eres nuestra Madre.

B: Madre, mira a tus hijos. Escucha sus ruegos, sobre todo de los que sufren y de los que lloran.

A: Te pedimos por los que ya no se atreven de acercarse a ti.

B: Pedimos tu intercesión por todos los que están en peligro de dejar la misión que tu Hijo les ha confiado.

A: Que te preocupes por nuestra Igle­sia, para que sea signo más claro de Cristo en nuestro mundo.

B: En las pruebas quédate a nuestro lado.

A: Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón, abre para nosotros perspectivas de es­peranza.

B: Rompe los muros que nos encierran y no nos hacen ver el otro lado, donde estás Tú, esperándonos. - Amén

 

NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZON

 

A: Nuestra Señora del Sagrado Corazón, acuérdate de las maravillas que el Señor hizo en ti.

B: El te ha elegido como Madre de su Hijo.

A: Tú Hijo Jesús ha aprendido de ti, como todos los hijos tienen en sus padres los primeros médicos, profesores y sacerdotes.

B: María, sea nuestra madre, médico, profesora y sacerdote.

A: Tú has acompañado a Jesús hasta la cruz.

B: Por eso, él te hace compartir su gloria y escucha tus súplicas por nosotros.

A: Ofrécele nuestras alabanzas y nuestra gratitud.

B: Haznos vivir como tú, en el amor a tu Hijo.

A: Conduce a todos los hombres a la fuente de agua viva que brota de su Corazón.

B: Por intermedio de él y con tu protección, tenemos motivos para esperar de nuevo, para buscar nuevos senderos de justicia y de paz.

A: Mira nuestra confianza y atiende nuestras súplicas.

B: Muéstrate siempre como madre nuestra.

A: Nuestra Señor del Sagrado Corazón:

B: Ruega por nosotros.

 

Oración a nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, abogada de las causas desesperadas

 

 Nuestra Señora del Sagrado Corazón

 


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