Nuestra Señora del Sagrado Corazón Mejor Conocida (Julio Chevalier)
Capítulo I
Origen del Título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y la Devoción a Él ligada.
Para encontrar el origen de la
Devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón, tal como hoy existe, es
necesario remontarse al 8 de diciembre de 1854, fecha eternamente memorable de
la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.
Efectivamente,
fue en ese día cuando dos sacerdotes de la diócesis de Bourges terminaban, en
Issoudun, una novena de oraciones con el objeto de pedir al Corazón de Jesús,
por medio de María Inmaculada, la fundación de una Congregación de Misioneros
del Sagrado Corazón. Siendo tan numerosas las dificultades para llevar a cabo
tal proyecto y, no pudiendo ser allanadas sino por una gracia particular, los
nuevos Apóstoles se habían obligado, por escrito, a hacer honrar a María de un
modo especial si Ella les obtenía este precioso favor. La Virgen Inmaculada
aceptó esta empresa para ellos realmente difícil y, el último día de la novena,
el 8 de diciembre de 1854, cuando el mundo católico se estremecía de gozo, Ella
triunfaba sobre todos los obstáculos: la gracia era concedida... se nos antoja
inútil hablar aquí del hecho maravilloso que tuvo lugar en ese día memorable y
que dio a los futuros Misioneros la seguridad de que sus deseos habían sido
atendidos[1].
Esta Congregación religiosa nació,
pues, del Sagrado
Corazón de Jesús bajo los auspicios de María Inmaculada. Crece en
medio de obstáculos siempre renovados y, felizmente, siempre superados, por su
poderosa Protectora, que parecía re-clamar para sí, como suya, y a justo
título, la ejecución de la promesa. Más, ahí estaba la dificultad. ¿Cómo hacer
honrar a María de un modo especial? ¿Qué nuevo título se le podría ofrecer?
¿Qué homenaje que Ella no hubiera ya recibido en los siglos precedentes?...
Había pasado un año y seguíamos
esperando la solución al problema.
En el año de gracia de 1855, el
9 de septiembre, domingo y fiesta del Santo Nombre de María, los Misioneros se
instalaban en una humilde vivienda con la aquiescencia de S. Em. el Cardenal
Dupont, arzobispo de Bourges y les otorgaba, oficialmente, el nombre de
Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús.
Ese mismo día, deseando
testimoniar a María su amor y su gratitud, les vino al pensamiento la idea de
darle el Nombre de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
¡Solamente el cielo pudo ser capaz
de crear semejantes coincidencias, y suscitar semejantes armonías!
Este Título, inspirado por Dios,
era a la vez la expresión del vivo reconocimiento que los nuevos Religiosos
debían a su augusta Bienhechora y el símbolo de su Poder sobre el Corazón de su
Hijo.
Poco tiempo después de su
instalación, colocaban en su jardín, bajo una glorieta de tilos (que todavía
puede verse) una estatua de la Virgen Inmaculada con esta inscripción donde,
por primera vez, se leía: ¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Rogad por
nosotros!
La primitiva capilla de los Padres
del Sagrado Corazón, instalada provisionalmente en un establo, amenazaba ruina.
Incluso, una parte acababa de derrumbarse, cuando, en 1857, ayudados por
la caridad de algunos piadosos fieles, pusieron los fundamentos de un nuevo
santuario dedicado a glorificar al Corazón de Jesús.
Y es entonces, cuando conciben el
proyecto de dedicar el altar de la Virgen a NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN
y hacer representar a María, invocada bajo este nuevo Título, en una vidriera
que todavía puede ser contemplada al fondo de la Iglesia. Al final de esta
obra, puede leerse la descripción de esta preciosa Imagen. Este altar y esta
vidriera no fueron colocados hasta 1860 en el día de la inauguración de la
primera parte del Santuario.
Este Título de Nuestra Señora del
Sagrado Corazón respondía al deseo de los piadosos Misioneros porque expresa lo
que ellos querían.
Al mismo tiempo que es, para
ellos, un medio de testimoniar a María su reconocimiento de acuerdo con la
promesa que le habían hecho, manifiesta, además, lo que es María en sus
relaciones con el Corazón de Jesús y proclama su intercesión todopoderosa ante
Él y que Ella es la Tesorera de sus gracias y la generosa Dispensadora de sus
bienes, y presagia su maravillosa cooperación en el establecimiento y la
difusión de esta admirable devoción al Sagrado Corazón que tan poderosamente
debe contribuir a la salvación de los hombres.
El Título de Nuestra Señora del Sagrado
Corazón fue, pues, como un rayo de luz. . . Era la respuesta de María al voto
de sus hijos.
¡Nuestra Señora del Sagrado
Corazón de Jesús!... Esta invocación tan sencilla y tan natural parece cada vez
más suave y llena de propósitos. Meditada, era un tema siempre inagotable de
piadosos sentimientos; examinada bajo el punto de vista de la teología, de la
doctrina de los Santos Padres y de la Tradición, aparecía irreprochable;
estuvo, desde el principio, sometida a la autoridad de Monseñor el Arzobispo de
Bourges que la aprobó. En 1862, apareció el primer opúsculo que trataba de la
devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
Una treintena de Obispos de
Francia, al recibir comunicación de este trabajo, de inmediato la ayudaron con
su alta aprobación y sus inapreciables alientos (cfr. capítulo de aprobaciones
episcopales).
El nuevo Título mariano, expresión
de la fe constante de la Iglesia, fue acogido con solicitud en todas partes.
Respondía a una necesidad de los corazones. En el momento en que escribimos
estas líneas (mayo de 1879) CUATROCIENTOS Arzobispos u Obispos han aprobado
públicamente esta devoción y la han propagado en sus diócesis.