Atrás ] Principal ] Arriba ] Siguiente ]

LA BIBLIA Versión Reina-Valera de 1909
El Santo Evangelio Según San Marcos

Para ir al capítulo deseado: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16


ir a la lista de los libros bíblicos - ir a las lecturas litúrgicas - ir a los pasajes bíblicos comentados


Capítulo 1

1:1

PRINCIPIO del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

 cm dom. 1,1-8 -

1:2

Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío á mi mensajero delante de tu faz, Que apareje tu camino delante de ti.

1:3

Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; Enderezad sus veredas.

1:4

Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados.

1:5

Y salía á Él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos, bautizados por Él en el río de Jordán, confesando sus pecados.

1:6

Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.

1:7

Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos.

 cm dom. 1,7-11 -

1:8

Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas Él os bautizará con Espíritu Santo.

1:9

Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fué bautizado por Juan en el Jordán.

1:10

Y luego, subiendo del agua, vió abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía sobre Él.

1:11

Y hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento.

1:12

Y luego el Espíritu le impele al desierto.

 cm dom. 1,12-15 -

1:13

Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.

1:14

Mas después que Juan fué encarcelado, Jesús vino á Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

 cm dom. 1,14-20 -

1:15

Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio.

1:16

Y pasando junto á la mar de Galilea, vió á Simón, y á Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores.

1:17

Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.

1:18

Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.

1:19

Y pasando de allí un poco más adelante, vió á Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan su hermano, también ellos en el navío, que aderezaban las redes.

1:20

Y luego los llamó: y dejando á su padre Zebedeo en el barco con los jornaleros, fueron en pos de Él.

1:21

Y entraron en Capernaum; y luego los sábados, entrando en la sinagoga, enseñaba.

 cm dom. 1,21-28 -

1:22

Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas.

1:23

Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dió voces,

1:24

Diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido á destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.

1:25

Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de Él.

1:26

Y el espíritu inmundo, haciéndole pedazos, y clamando á gran voz, salió de Él.

1:27

Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen?

1:28

Y vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

1:29

Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron á casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan.

1:30

Y la suegra de Simón estaba acostada con calentura; y le hablaron luego de ella.

1:31

Entonces llegando Él, la tomó de su mano y la levantó; y luego la dejó la calentura, y les servía.

1:32

Y cuando fué la tarde, luego que el sol se puso, traían á Él todos los que tenían mal, y endemoniados;

1:33

Y toda la ciudad se juntó á la puerta.

1:34

Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios que le conocían.

1:35

Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba.

1:36

Y le siguió Simón, y los que estaban con Él;

1:37

Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.

1:38

Y les dice: Vamos á los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.

1:39

Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.

 cm dom. 1,39-49 -

1:40

Y un leproso vino á Él, rogándole; é hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.

 cm dom. 1,40-45 -

1:41

Y Jesús, teniendo misericordia de Él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.

1:42

Y así que hubo Él hablado, la lepra se fué luego de aquél, y fué limpio.

1:43

Entonces le apercibió, y despidióle luego,

1:44

Y le dice: Mira, no digas á nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio á ellos.

1:45

Mas Él salido, comenzó á publicarlo mucho, y á divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos; y venían á Él de todas partes.

volver al inicio

Capítulo 2

2:1

Y ENTRÓ otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa.

 cm dom. 2,1-12 -

2:2

Y luego se juntaron á Él muchos, que ya no cabían ni aun á la puerta; y les predicaba la palabra.

2:3

Entonces vinieron á Él unos trayendo un paralítico, que era traído por cuatro.

2:4

Y como no podían llegar á Él á causa del gentío, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.

2:5

Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

2:6

Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones,

2:7

Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?

2:8

Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones?

2:9

¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?

2:10

Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico):

2:11

A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa.

2:12

Entonces Él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.

2:13

Y volvió á salir á la mar, y toda la gente venía á Él, y los enseñaba.

2:14

Y pasando, vió á Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los públicos tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose le siguió.

2:15

Y aconteció que estando Jesús á la mesa en casa de Él, muchos publicanos y pecadores estaban también á la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos: porque había muchos, y le habían seguido.

2:16

Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué es esto, que Él come y bebe con los publicanos y con los pecadores?

2:17

Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores.

2:18

Y los discípulos de Juan, y de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los Fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?

 cm dom. 2,18-22 -

2:19

Y Jesús les dice: ¿Pueden ayunar los que están de bodas, cuando el esposo está con ellos? Entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar.

2:20

Mas vendrán días, cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.

2:21

Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor.

2:22

Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

2:23

Y aconteció que pasando Él por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron á arrancar espigas.

 cm dom. 2,23 – 3,6  -

2:24

Entonces los Fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?

2:25

Y Él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, Él y los que con Él estaban:

2:26

Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino á los sacerdotes, y aun dió á los que con Él estaban?

2:27

También les dijo: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado.

2:28

Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

volver al inicio

Capítulo 3

3:1

Y OTRA vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.

3:2

Y le acechaban si en sábado le sanaría, para acusarle.

3:3

Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio.

3:4

Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábado, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla? Mas ellos callaban.

3:5

Y mirándolos alrededor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituída sana.

3:6

Entonces saliendo los Fariseos, tomaron consejo con los Herodianos contra Él, para matarle.

3:7

Mas Jesús se apartó á la mar con sus discípulos: y le siguió gran multitud de Galilea, y de Judea.

3:8

Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán. Y los de alrededor de Tiro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuán grandes cosas hacía, vinieron á Él.

3:9

Y dijo á sus discípulos que le estuviese siempre apercibida la barquilla, por causa del gentío, para que no le oprimiesen.

3:10

Porque había sanado á muchos; de manera que caían sobre Él cuantos tenían plagas, por tocarle.

3:11

Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de Él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.

3:12

Mas Él les reñía mucho que no le manifestasen.

3:13

Y subió al monte, y llamó á sí á los que Él quiso; y vinieron á Él.

3:14

Y estableció doce, para que estuviesen con Él, y para enviarlos á predicar.

3:15

Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios:

3:16

A Simón, al cual puso por nombre Pedro;

3:17

Y á Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan hermano de Jacobo; y les apellidó Boanerges, que es, Hijos del trueno;

3:18

Y á Andrés, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Mateo, y á Tomas, y á Jacobo hijo de Alfeo, y á Tadeo, y á Simón el Cananita,

3:19

Y á Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron á casa.

3:20

Y agolpóse de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan.

 cm dom. 3,20-36 -

3:21

Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decían: Está fuera de sí.

3:22

Y los escribas que habían venido de Jerusalem, decían que tenía á Beelzebub, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.

3:23

Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera á Satanás?

3:24

Y si algún reino contra sí mismo fuere dividido, no puede permanecer el tal reino.

3:25

Y si alguna casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa.

3:26

Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido, no puede permanecer; antes tiene fin.

3:27

Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no atare al valiente y entonces saqueará su casa.

3:28

De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados á los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren;

3:29

Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, mas está expuesto á eterno juicio.

3:30

Porque decían: Tiene espíritu inmundo.

3:31

Vienen después sus hermanos y su madre, y estando fuera, enviaron á Él llamándole.

3:32

Y la gente estaba sentada alrededor de Él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.

3:33

Y Él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

3:34

Y mirando á los que estaban sentados alrededor de Él, dijo: He aquí mi madre y hermanos.

3:35

Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

volver al inicio

Capítulo 4

4:1

Y OTRA vez comenzó á enseñar junto á la mar, y se juntó á Él mucha gente; tanto, que entrándose Él en un barco, se sentó en la mar: y toda la gente estaba en tierra junto á la mar.

4:2

Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:

4:3

Oid: He aquí, el sembrador salió á sembrar.

4:4

Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron.

4:5

Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y luego salió, porque no tenía la tierra profunda:

4:6

Mas salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz, se secó.

4:7

Y otra parte cayó en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron, y no dió fruto.

4:8

Y otra parte cayó en buena tierra, y dió fruto, que subió y creció: y llevó uno á treinta, y otro á sesenta, y otro á ciento.

4:9

Entonces les dijo: El que tiene oídos para oir, oiga.

4:10

Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de Él con los doce, sobre la parábola.

4:11

Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas á los que están fuera, por parábolas todas las cosas;

4:12

Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.

4:13

Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?

4:14

El que siembra es el que siembra la palabra.

4:15

Y éstos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada: mas después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fué sembrada en sus corazones.

4:16

Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, luego la toman con gozo;

4:17

Mas no tienen raíz en sí, antes son temporales, que en levantándose la tribulación ó la persecución por causa de la palabra, luego se escandalizan.

4:18

Y éstos son los que son sembrados entre espinas: los que oyen la palabra;

4:19

Mas los cuidados de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

4:20

Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno á treinta, otro á sesenta, y otro á ciento.

4:21

También les dijo: ¿Tráese la antorcha para ser puesta debajo del almud, ó debajo de la cama? ¿No es para ser puesta en el candelero?

4:22

Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de descubrirse.

4:23

Si alguno tiene oídos para oir, oiga.

4:24

Les dijo también: Mirad lo que oís: con la medida que medís, os medirán otros, y será añadido á vosotros los que oís.

4:25

Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

4:26

Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra;

  cm dom. 4,26-34 -

4:27

Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y crece como Él no sabe.

4:28

Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;

4:29

Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada.

4:30

Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola le compararemos?

4:31

Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra;

4:32

Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra.

4:33

Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oir.

4:34

Y sin parábola no les hablaba; mas á sus discípulos en particular declaraba todo.

4:35

Y les dijo aquel día cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte.

 cm dom. 4,35-41 -

4:36

Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con Él otros barquitos.

4:37

Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se henchía.

4:38

Y Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?

4:39

Y levantándose, increpó al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha grande bonanza.

4:40

Y á ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

4:41

Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?

volver al inicio

Capítulo 5

5:1

Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos.

5:2

Y salido Él del barco, luego le salió al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,

5:3

Que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar;

5:4

Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por Él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía domar.

5:5

Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras.

5:6

Y como vió á Jesús de lejos, corrió, y le adoró.

5:7

Y clamando á gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.

5:8

Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.

5:9

Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.

5:10

Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.

5:11

Y estaba allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo.

5:12

Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos á los puercos para que entremos en ellos.

5:13

Y luego Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos, y la manada cayó por un despeñadero en la mar; los cuales eran como dos mil; y en la mar se ahogaron.

5:14

Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido.

5:15

Y vienen á Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.

5:16

Y les contaron los que lo habían visto, cómo había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos.

5:17

Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos.

5:18

Y entrando Él en el barco, le rogaba el que había sido fatigado del demonio, para estar con Él.

5:19

Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.

5:20

Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuan grandes cosas Jesús había hecho con Él: y todos se maravillaban.

5:21

Y pasando otra vez Jesús en un barco á la otra parte, se juntó á Él gran compañía; y estaba junto á la mar.

 cm dom. 5,21-43 -

5:22

Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vió, se postró á sus pies,

5:23

Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.

5:24

Y fué con Él, y le seguía gran compañía, y le apretaban.

5:25

Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía,

5:26

Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,

5:27

Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido.

5:28

Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.

5:29

Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.

5:30

Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de Él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?

5:31

Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?

5:32

Y Él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto.

5:33

Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de Él, y le dijo toda la verdad.

5:34

Y Él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.

5:35

Hablando aún Él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?

5:36

Mas luego Jesús, oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.

5:37

Y no permitió que alguno viniese tras Él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.

5:38

Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.

5:39

Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La muchacha no es muerta, mas duerme.

5:40

Y hacían burla de Él: mas Él, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban con Él, y entra donde la muchacha estaba.

5:41

Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.

5:42

Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce años. Y se espantaron de grande espanto.

5:43

Mas Él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.

volver al inicio

Capítulo 6

6:1

Y SALIÓ de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.

 cm dom. 6,1-6 -

6:2

Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?

6:3

¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en Él.

6:4

Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.

6:5

Y no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

6:6

Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas de alrededor, enseñando.

6:7

Y llamó á los doce, y comenzó á enviarlos de dos en dos: y les dió potestad sobre los espíritus inmundos.

 cm dom. 6,7-13 -

6:8

Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa;

6:9

Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.

6:10

Y les decía: Donde quiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de allí.

6:11

Y todos aquellos que no os recibieren ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio á ellos. De cierto os digo que más tolerable será el castigo de los de Sodoma y Gomorra el día del juicio, que el de aquella ciudad.

6:12

Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.

6:13

Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite á muchos enfermos, y sanaban.

6:14

Y oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado de los muertos, y por tanto, virtudes obran en Él.

6:15

Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es, ó alguno de los profetas.

6:16

Y oyéndolo Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degollé: Él ha resucitado de los muertos.

6:17

Porque el mismo Herodes había enviado, y prendido á Juan, y le había aprisionado en la cárcel á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer.

6:18

Porque Juan decía á Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.

6:19

Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía:

6:20

Porque Herodes temía á Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le tenía respeto: y oyéndole, hacía muchas cosas; y le oía de buena gana.

6:21

Y venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su nacimiento, daba una cena á sus príncipes y tribunos, y á los principales de Galilea;

6:22

Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando á Herodes y á los que estaban con Él á la mesa, el rey dijo á la muchacha: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré.

6:23

Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino.

6:24

Y saliendo ella, dijo á su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista.

6:25

Entonces ella entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan Bautista.

6:26

Y el rey se entristeció mucho; mas á causa del juramento, y de los que estaban con Él á la mesa, no quiso desecharla.

6:27

Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traída su cabeza;

6:28

El cual fué, y le degolló en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y la dió á la muchacha, y la muchacha la dió á su madre.

6:29

Y oyéndolo sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro.

6:30

Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.

 cm dom. 6,30-34 -

6:31

Y Él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer.

6:32

Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte.

6:33

Y los vieron ir muchos, y le conocieron; y concurrieron allá muchos á pie de las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron á Él.

6:34

Y saliendo Jesús vió grande multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y les comenzó á enseñar muchas cosas.

6:35

Y como ya fuese el día muy entrado, sus discípulos llegaron á Él, diciendo: El lugar es desierto, y el día ya muy entrado;

6:36

Envíalos para que vayan á los cortijos y aldeas de alrededor, y compren para sí pan; porque no tienen qué comer.

6:37

Y respondiendo Él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?

6:38

Y Él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y vedlo. Y sabiéndolo, dijeron: Cinco, y dos peces.

6:39

Y les mandó que hiciesen recostar á todos por partidas sobre la hierba verde.

6:40

Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.

6:41

Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dió á sus discípulos para que los pusiesen delante: y repartió á todos los dos peces.

6:42

Y comieron todos, y se hartaron.

6:43

Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces.

6:44

Y los que comieron eran cinco mil hombres.

6:45

Y luego dió priesa á sus discípulos á subir en el barco, é ir delante de Él á Bethsaida de la otra parte, entre tanto que Él despedía la multitud.

6:46

Y después que los hubo despedido, se fué al monte á orar.

6:47

Y como fué la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y Él solo en tierra.

6:48

Y los vió fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino á ellos andando sobre la mar, y quería precederlos.

6:49

Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces;

6:50

Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Alentaos; yo soy, no temáis.

6:51

Y subió á ellos en el barco, y calmó el viento: y ellos en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban:

6:52

Porque aun no habían considerado lo de los panes, por cuanto estaban ofuscados sus corazones.

6:53

Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron á tierra de Genezaret, y tomaron puerto.

6:54

Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron.

6:55

Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron á traer de todas partes enfermos en lechos, á donde oían que estaba.

6:56

Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó ciudades, ó heredades, ponían en las calles á los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos.

volver al inicio

Capítulo 7

7:1

Y SE juntaron á Él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalem;

 cm dom. 7,1-8a.14-15.21-23 -

7:2

Los cuales, viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es á saber, no lavadas, los condenaban.

7:3

(Porque los Fariseos y todos los Judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.

7:4

Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)

7:5

Y le preguntaron los Fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme á la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos comunes?

7:6

Y respondiendo Él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, Mas su corazón lejos está de mí.

7:7

Y en vano me honra, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.

7:8

Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes.

7:9

Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

7:10

Porque Moisés dijo: Honra á tu padre y á tu madre, y: El que maldijera al padre ó á la madre, morirá de muerte.

7:11

Y vosotros decís: Basta si dijere un hombre al padre ó á la madre: Es Corbán (quiere decir, don mío á Dios) todo aquello con que pudiera valerte;

7:12