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LA BIBLIA Versión Reina-Valera de 1909
El Santo Evangelio Según San Juan

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Capítulo 1

1:1

EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.  
cm dom. 1,1-18cm2 dom. 1,1-18cm3 dom. 1,1-18cm4 dom 1,1-18cm5 dom 1,1-18 - cm exeg. Prólogo - cm Evangelio San Juan en los escritos de Sta. Teresita -

1:2

Este era en el principio con Dios.

1:3

Todas las cosas por Él fueron hechas; y sin Él nada de lo que es hecho, fué hecho.

1:4

En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

1:5

Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.

1:6

Fué un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

 cm dom. 1,6-8.6-18 -

1:7

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, para que todos creyesen por Él.

1:8

No era Él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

1:9

Aquel era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo.

1:10

En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por Él; y el mundo no le conoció.

1:11

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

1:12

Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre:

1:13

Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios.

1:14

Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

1:15

Juan dió testimonio de Él, y clamó diciendo: Este es del que yo decía: El que viene tras mí, es antes de mí: porque es primero que yo.

1:16

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.

1:17

Porque la ley por Moisés fué dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fué hecha.

1:18

A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le declaró.

1:19

Y éste es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?

1:20

Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo.

1:21

Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.

1:22

Dijéronle: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta á los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?

1:23

Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta.

1:24

Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos.

1:25

Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?

1:26

Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros ha estado á quien vosotros no conocéis.

1:27

Este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí: del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.

1:28

Estas cosas acontecieron en Betábara, de la otra parte del Jordán, donde Juan bautizaba.

1:29

El siguiente día ve Juan á Jesús que venía á Él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

 comentario Jn 1, 29-34 

1:30

Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo.

1:31

Y yo no le conocía; más para que fuese manifestado á Israel, por eso vine yo bautizando con agua.

1:32

Y Juan dió testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre Él.

1:33

Y yo no le conocía; mas el que me envió á bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre Él, éste es el que bautiza con Espíritu Santo.

1:34

Y yo le vi, y he dado testimonio que éste es el Hijo de Dios.

1:35

El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.

 cm 1,35-39cm dom. 1,35-42 -

1:36

Y mirando á Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

1:37

Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á Jesús.

1:38

Y volviéndose Jesús, y viéndolos seguirle, díceles: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabbí (que declarado quiere decir Maestro) ¿dónde moras?

1:39

Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con Él aquel día: porque era como la hora de las diez.

1:40

Era Andrés, hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído de Juan, y le habían seguido.

1:41

Este halló primero á su hermano Simón, y díjole: Hemos hallado al Mesías (que declarado es, el Cristo).

1:42

Y le trajo á Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Cephas (que quiere decir, Piedra).

1:43

El siguiente día quiso Jesús ir á Galilea, y halla á Felipe, al cual dijo: Sígueme.

 cm vocación -

1:44

Y era Felipe de Bethsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.

1:45

Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: á Jesús, el hijo de José, de Nazaret.

1:46

Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Ven y ve.

1:47

Jesús vió venir á sí á Natanael, y dijo de Él: He aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño.

1:48

Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús, y díjole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi.

1:49

Respondió Natanael, y díjole: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

1:50

Respondió Jesús y díjole: ¿Porque te dije, te vi debajo de la higuera, crees? cosas mayores que éstas verás.

1:51

Y dícele: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre.

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Capítulo 2

2:1

Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.

 cm dom. 2,1-12 -

2:2

Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas.

2:3

Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.

2:4

Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.

cm Hora y juicio en San Juan

2:5

Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.

2:6

Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros.

2:7

Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.

2:8

Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáronle.

2:9

Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo,

2:10

Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.

2:11

Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en Él.

2:12

Después de esto descendió á Capernaun, Él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

2:13

Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús á Jerusalem.

 cm dom. 2,13-25 -

2:14

Y halló en el templo á los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y á los cambiadores sentados.

2:15

Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas;

2:16

Y á los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado.

2:17

Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.

2:18

Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto?

2:19

Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

2:20

Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fue este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?

2:21

Mas Él hablaba del templo de su cuerpo.

2:22

Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho.

2:23

Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.

2:24

Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos, porque Él conocía á todos,

2:25

Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque Él sabía lo que había en el hombre.

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Capítulo 3

3:1

Y HABÍA un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos.

3:2

Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con Él.

3:3

Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.

3:4

Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?

3:5

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

3:6

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

3:7

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.

3:8

El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

3:9

Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse?

3:10

Respondió Jesús, y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes esto?

3:11

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

3:12

Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

3:13

Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo.

3:14

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado;

 cm dom. 3,14-21 -

3:15

Para que todo aquel que en Él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.

3:16

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

  -

3:17

Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por Él.

3:18

El que en Él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

3:19

Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.

3:20

Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas.

3:21

Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios.

3:22

Pasado esto, vino Jesús con sus discípulos á la tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba.

3:23

Y bautizaba también Juan en Enón junto á Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.

3:24

Porque Juan, no había sido aún puesto en la cárcel.

3:25

Y hubo cuestión entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificación.

3:26

Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí bautiza, y todos vienen á Él.

3:27

Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le fuere dado del cielo.

3:28

Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de Él.

3:29

El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo es cumplido.

3:30

A Él conviene crecer, mas á mí menguar.

3:31

El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.

3:32

Y lo que vió y oyó, esto testifica: y nadie recibe su testimonio.

3:33

El que recibe su testimonio, éste signó que Dios es verdadero.

3:34

Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no da Dios el Espíritu por medida.

3:35

El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano.

3:36

El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre Él.

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Capítulo 4

4:1

DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,

4:2

(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),

4:3

Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.

4:4

Y era menester que pasase por Samaria.

4:5

Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.

 cm dom. 4,5-42 -

4:6

Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.

4:7

Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.

hst  El príncipe mendigo -

4:8

(Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)

4:9

Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.

4:10

Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de Él, y Él te daría agua viva.

4:11

La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar la, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?

4:12

¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual Él bebió, y sus hijos, y sus ganados?

4:13

Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed;

4:14

Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en Él una fuente de agua que salte para vida eterna.

4:15

La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacar la.

4:16

Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.

4:17

Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;

4:18

Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

4:19

Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.

4:20

Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.

4:21

Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.

4:22

Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.

4:23

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que adoren.

4:24

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

4:25

Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando Él viniere nos declarará todas las cosas.

4:26

Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.

4:27

Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?

4:28

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:

4:29

Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?

4:30

Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á Él.

4:31

Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.

4:32

Y Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.

4:33

Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?

4:34

Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

4:35

¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.

4:36

Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.

4:37

Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.

4:38

Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

4:39

Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.

4:40

Viniendo pues los Samaritanos á Él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.

4:41

Y creyeron muchos más por la palabra de Él.

4:42

Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

4:43

Y dos días después, salió de allí, y fuése á Galilea.

4:44

Porque el mismo Jesús dió testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.

4:45

Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido á la fiesta.

4:46

Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.

4:47

Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á Él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.

4:48

Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.

4:49

El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.

4:50

Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.

4:51

Y cuando ya Él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.

4:52

Entonces Él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.

4:53

El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó Él y toda su casa.

4:54

Esta segunda señal volvió Jesús á hacer, cuando vino de Judea á Galilea.

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Capítulo 5

5:1

DESPUÉS de estas cosas, era un día de fiesta de los Judíos, y subió Jesús á Jerusalem.

5:2

Y hay en Jerusalem á la puerta del ganado un estanque, que en hebraico es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales.

5:3

En éstos yacía multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua.

5:4

Porque un ángel descendía á cierto tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero descendía en el estanque después del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese.

5:5

Y estaba allí un hombre que había treinta y ocho años que estaba enfermo.

5:6

Como Jesús vió á éste echado, y entendió que ya había mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano?

5:7

Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estanque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mí ha descendido.

5:8

Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda.

5:9

Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é íbase. Y era sábado aquel día.

5:10

Entonces los Judíos decían á aquel que había sido sanado: Sábado es: no te es lícito llevar tu lecho.

5:11

Respondióles: El que me sanó, Él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.

5:12

Preguntáronle entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?

5:13

Y el que había sido sanado, no sabía quién fuese; porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.

5:14

Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.

5:15

El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús era el que le había sanado.

5:16

Y por esta causa los Judíos perseguían á Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado.

5:17

Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.

5:18

Entonces, por tanto, más procuraban los Judíos matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también á su Padre llamaba Dios, haciéndose igual á Dios.

5:19

Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque todo lo que Él hace, esto también hace el Hijo juntamente.

5:20

Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que Él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis.

5:21

Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo á los que quiere da vida.

5:22

Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo;

5:23

Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

5:24

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida.

5:25

De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán.

5:26

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo:

5:27

Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre.

5:28

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

5:29

Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación.

5:30

No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre.

5:31

Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.

5:32

Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí, es verdadero.

5:33

Vosotros enviasteis á Juan, y Él dió testimonio á la verdad.

5:34

Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.

5:35

El era antorcha que ardía y alumbraba: y vosotros quisisteis recrearos por un poco á su luz.

5:36

Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan: porque las obras que el Padre me dió que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me haya enviado.

5:37

Y el que me envió, el Padre, Él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer.

5:38

Ni tenéis su palabra permanente en vosotros; porque al que Él envió, á éste vosotros no creéis.

5:39

Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.

5:40

Y no queréis venir á mí, para que tengáis vida.

5:41

Gloria de los hombres no recibo.

5:42

Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.

5:43

Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, á aquél recibiréis.

5:44

¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que de sólo Dios viene?

5:45

No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis.

5:46

Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeríais á mí; porque de mí escribió Él.

5:47

Y si á sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis á mis palabras?

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Capítulo 6

6:1

PASADAS estas cosas, fuése Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberias.

 cm dom. 6,1-15 -

6:2

Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos.

6:3

Y subió Jesús á un monte, y se sentó allí con sus discípulos.

6:4

Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos.

6:5

Y como alzó Jesús los ojos, y vió que había venido á Él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?

6:6

Mas esto decía para probarle; porque Él sabía lo que había de hacer.

6:7

Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco.

6:8

Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro:

6:9

Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos?

6:10

Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones.

6:11

Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los peces, cuanto querían.

6:12

Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada.

6:13

Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habían comido.

6:14

Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.

6:15

Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, Él solo.

6:16

Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar;

6:17

Y entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido á ellos.

6:18

Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba.

6:19

Y como hubieron navegado como veinticinco ó treinta estadios, ven á Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo.

6:20

Mas Él les dijo: Yo soy; no tengáis miedo.

6:21

Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban.

6:22

El día siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vió que no había allí otra navecilla sino una, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habían ido solos;

6:23

Y que otras navecillas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber el Señor dado gracias;

6:24

Como vió pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesús.

 cm dom. 6,24-35 -

6:25

Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabbí, ¿cuándo llegaste acá?

6:26

Respondióles Jesús, y dijo; De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.

6:27

Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á éste señaló el Padre, que es Dios.

6:28

Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?

6:29

Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado.

6:30

Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras?

6:31

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer.

6:32

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dió Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

6:33

Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

6:34

Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan.

6:35

Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

6:36

Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

6:37

Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le hecho fuera.

6:38

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió.

6:39

Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero.

6:40

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.

6:41

Murmuraban entonces de Él los Judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo.

 cm dom. 6,41-51 -

6:42

Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?

6:43

Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros.

6:44

Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

6:45

Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí.

6:46

No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre.

6:47

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

6:48

Yo soy el pan de vida.

6:49

Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.

6:50

Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de Él comiere, no muera.

6:51

Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré e