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La versión Biblia de Jerusalén 

Al final de cada capítulo encontrará el mismo pasaje
en la versión de la Biblia de Jerusalén

 

 

Capítulo 1

1:1

EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.  
cm dom. 1,1-18 cm2 dom. 1,1-18 cm3 dom. 1,1-18 cm4 dom 1,1-18cm5 dom 1,1-18 - cm exeg. Prólogo - cm Evangelio San Juan en los escritos de Sta. Teresita -

1:2

Este era en el principio con Dios.

1:3

Todas las cosas por Él fueron hechas; y sin Él nada de lo que es hecho, fué hecho.

1:4

En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

1:5

Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.

1:6

Fué un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

 cm dom. 1,6-8.6-18 -

1:7

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, para que todos creyesen por Él.

1:8

No era Él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

1:9

Aquel era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo.

1:10

En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por Él; y el mundo no le conoció.

1:11

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

1:12

Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre:

1:13

Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios.

1:14

Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

1:15

Juan dió testimonio de Él, y clamó diciendo: Este es del que yo decía: El que viene tras mí, es antes de mí: porque es primero que yo.

1:16

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.

1:17

Porque la ley por Moisés fué dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fué hecha.

1:18

A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le declaró.

1:19

Y éste es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?

1:20

Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo.

1:21

Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.

1:22

Dijéronle: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta á los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?

1:23

Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta.

1:24

Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos.

1:25

Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?

1:26

Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros ha estado á quien vosotros no conocéis.

1:27

Este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí: del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.

1:28

Estas cosas acontecieron en Betábara, de la otra parte del Jordán, donde Juan bautizaba.

1:29

El siguiente día ve Juan á Jesús que venía á Él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

 comentario Jn 1, 29-34 

1:30

Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo.

1:31

Y yo no le conocía; más para que fuese manifestado á Israel, por eso vine yo bautizando con agua.

1:32

Y Juan dió testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre Él.

1:33

Y yo no le conocía; mas el que me envió á bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre Él, éste es el que bautiza con Espíritu Santo.

1:34

Y yo le vi, y he dado testimonio que éste es el Hijo de Dios.

1:35

El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.

 cm 1,35-39 cm dom. 1,35-42 -

1:36

Y mirando á Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

1:37

Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á Jesús.

1:38

Y volviéndose Jesús, y viéndolos seguirle, díceles: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabbí (que declarado quiere decir Maestro) ¿dónde moras?

1:39

Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con Él aquel día: porque era como la hora de las diez.

1:40

Era Andrés, hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído de Juan, y le habían seguido.

1:41

Este halló primero á su hermano Simón, y díjole: Hemos hallado al Mesías (que declarado es, el Cristo).

1:42

Y le trajo á Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Cephas (que quiere decir, Piedra).

1:43

El siguiente día quiso Jesús ir á Galilea, y halla á Felipe, al cual dijo: Sígueme.

 cm vocación -

1:44

Y era Felipe de Bethsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.

1:45

Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: á Jesús, el hijo de José, de Nazaret.

1:46

Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Ven y ve.

1:47

Jesús vió venir á sí á Natanael, y dijo de Él: He aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño.

1:48

Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús, y díjole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi.

1:49

Respondió Natanael, y díjole: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

1:50

Respondió Jesús y díjole: ¿Porque te dije, te vi debajo de la higuera, crees? cosas mayores que éstas verás.

1:51

Y dícele: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre.

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Joh 1:1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Joh 1:2 Ella estaba en el principio con Dios.
Joh 1:3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
Joh 1:4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,
Joh 1:5 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
Joh 1:6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.
Joh 1:7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.
Joh 1:8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
Joh 1:9 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
Joh 1:10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
Joh 1:11 Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Joh 1:12 Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre;
Joh 1:13 la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.
Joh 1:14 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Joh 1:15 Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»
Joh 1:16 Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
Joh 1:17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Joh 1:18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.
Joh 1:19 Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?»
Joh 1:20 El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.»
Joh 1:21 Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.» - «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.»
Joh 1:22 Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»
Joh 1:23 Dijo él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.»
Joh 1:24 Los enviados eran fariseos.
Joh 1:25 Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?»
Joh 1:26 Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis,
Joh 1:27 que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.»
Joh 1:28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
Joh 1:29 Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Joh 1:30 Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.
Joh 1:31 Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.»
Joh 1:32 Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él.
Joh 1:33 Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo."
Joh 1:34 Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.»
Joh 1:35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos.
Joh 1:36 Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.»
Joh 1:37 Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.
Joh 1:38 Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?»
Joh 1:39 Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.
Joh 1:40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.
Joh 1:41 Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo.
Joh 1:42 Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra".
Joh 1:43 Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme.»
Joh 1:44 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.
Joh 1:45 Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.»
Joh 1:46 Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.»
Joh 1:47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Joh 1:48 Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Joh 1:49 Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Joh 1:50 Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Joh 1:51 Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

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Capítulo 2

2:1

 AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.

 cm dom. 2,1-12 -

2:2

Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas.

2:3

Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.

2:4

Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.

cm Hora y juicio en San Juan

2:5

Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.

2:6

Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros.

2:7

Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.

2:8

Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáronle.

2:9

Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo,

2:10

Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.

2:11

Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en Él.

2:12

Después de esto descendió á Capernaun, Él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

2:13

Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús á Jerusalem.

 cm dom. 2,13-25 -

2:14

Y halló en el templo á los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y á los cambiadores sentados.

2:15

Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas;

2:16

Y á los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado.

2:17

Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.

2:18

Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto?

2:19

Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

2:20

Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fue este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?

2:21

Mas Él hablaba del templo de su cuerpo.

2:22

Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho.

2:23

Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.

2:24

Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos, porque Él conocía á todos,

2:25

Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque Él sabía lo que había en el hombre.

 


Joh 2:1 Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús.
Joh 2:2 Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos.
Joh 2:3 Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.»
Joh 2:4 Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.»
Joh 2:5 Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.»
Joh 2:6 Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una.
Joh 2:7 Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba.
Joh 2:8 «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron.
Joh 2:9 Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio
Joh 2:10 y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Joh 2:11 Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.
Joh 2:12 Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.
Joh 2:13 Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
Joh 2:14 Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos.
Joh 2:15 Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas;
Joh 2:16 y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.»
Joh 2:17 Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.
Joh 2:18 Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?»
Joh 2:19 Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.»
Joh 2:20 Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Joh 2:21 Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo.
Joh 2:22 Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
Joh 2:23 Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba.
Joh 2:24 Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos
Joh 2:25 y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre.

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Capítulo 3

3:1

Y HABÍA un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos.

3:2

Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con Él.

3:3

Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.

3:4

Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?

3:5

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

3:6

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

3:7

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.

3:8

El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

3:9

Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse?

3:10

Respondió Jesús, y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes esto?

3:11

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

3:12

Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

3:13

Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo.

3:14

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado;

 cm dom. 3,14-21 -

3:15

Para que todo aquel que en Él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.

3:16

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

  -

3:17

Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por Él.

3:18

El que en Él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

3:19

Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.

3:20

Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas.

3:21

Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios.

3:22

Pasado esto, vino Jesús con sus discípulos á la tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba.

3:23

Y bautizaba también Juan en Enón junto á Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.

3:24

Porque Juan, no había sido aún puesto en la cárcel.

3:25

Y hubo cuestión entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificación.

3:26

Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí bautiza, y todos vienen á Él.

3:27

Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le fuere dado del cielo.

3:28

Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de Él.

3:29

El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo es cumplido.

3:30

A Él conviene crecer, mas á mí menguar.

3:31

El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.

3:32

Y lo que vió y oyó, esto testifica: y nadie recibe su testimonio.

3:33

El que recibe su testimonio, éste signó que Dios es verdadero.

3:34

Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no da Dios el Espíritu por medida.

3:35

El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano.

3:36

El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre Él.

Joh 3:1 Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío.
Joh 3:2 Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.»
Joh 3:3 Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.»
Joh 3:4 Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?»
Joh 3:5 Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Joh 3:6 Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.
Joh 3:7 No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto.
Joh 3:8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»
Joh 3:9 Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?»
Joh 3:10 Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas?
Joh 3:11 «En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio.
Joh 3:12 Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo?
Joh 3:13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Joh 3:14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
Joh 3:15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
Joh 3:16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Joh 3:17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Joh 3:18 El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
Joh 3:19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
Joh 3:20 Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras.
Joh 3:21 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»
Joh 3:22 Después de esto, se fue Jesús con sus discípulos al país de Judea; y allí se estaba con ellos y bautizaba.
Joh 3:23 Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salim, porque había allí mucha agua, y la gente acudía y se bautizaba.
Joh 3:24 Pues todavía Juan no había sido metido en la cárcel.
Joh 3:25 Se suscitó una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación.
Joh 3:26 Fueron, pues, donde Juan y le dijeron: «Rabbí, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, aquel de quien diste testimonio, mira, está bautizando y todos se van a él.»
Joh 3:27 Juan respondió: «Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo.
Joh 3:28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije: "Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él."
Joh 3:29 El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio. Esta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud.
Joh 3:30 Es preciso que él crezca y que yo disminuya.
Joh 3:31 El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo,
Joh 3:32 da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta.
Joh 3:33 El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
Joh 3:34 Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida.
Joh 3:35 El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano.
Joh 3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.»

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Capítulo 4

4:1

DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,

4:2

(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),

4:3

Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.

4:4

Y era menester que pasase por Samaria.

4:5

Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.

 cm dom. 4,5-42 -

4:6

Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.

4:7

Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.

hst  El príncipe mendigo -

4:8

(Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)

4:9

Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.

4:10

Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de Él, y Él te daría agua viva.

4:11

La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar la, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?

4:12

¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual Él bebió, y sus hijos, y sus ganados?

4:13

Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed;

4:14

Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en Él una fuente de agua que salte para vida eterna.

4:15

La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacar la.

4:16

Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.

4:17

Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;

4:18

Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

4:19

Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.

4:20

Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.

4:21

Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.

4:22

Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.

4:23

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que adoren.

4:24

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

4:25

Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando Él viniere nos declarará todas las cosas.

4:26

Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.

4:27

Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?

4:28

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:

4:29

Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?

4:30

Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á Él.

4:31

Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.

4:32

Y Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.

4:33

Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?

4:34

Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

4:35

¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.

4:36

Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.

4:37

Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.

4:38

Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

4:39

Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.

4:40

Viniendo pues los Samaritanos á Él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.

4:41

Y creyeron muchos más por la palabra de Él.

4:42

Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

4:43

Y dos días después, salió de allí, y fuése á Galilea.

4:44

Porque el mismo Jesús dió testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.

4:45

Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido á la fiesta.

4:46

Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.

4:47

Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á Él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.

4:48

Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.

4:49

El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.

4:50

Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.

4:51

Y cuando ya Él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.

4:52

Entonces Él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.

4:53

El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó Él y toda su casa.

4:54

Esta segunda señal volvió Jesús á hacer, cuando vino de Judea á Galilea.

Joh 4:1 Cuando Jesús se enteró de que había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan -
Joh 4:2 aunque no era Jesús mismo el que bautizaba, sino sus discípulos -,
Joh 4:3 abandonó Judea y volvió a Galilea.
Joh 4:4 Tenía que pasar por Samaria.
Joh 4:5 Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José.
Joh 4:6 Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
Joh 4:7 Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.»
Joh 4:8 Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana:
Joh 4:9 «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)
Joh 4:10 Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.»
Joh 4:11 Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva?
Joh 4:12 ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Joh 4:13 Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed;
Joh 4:14 pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.»
Joh 4:15 Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla.»
Joh 4:16 El le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá.»
Joh 4:17 Respondió la mujer: «No tengo marido.» Jesús le dice: «Bien has dicho que no tienes marido,
Joh 4:18 porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad.»
Joh 4:19 Le dice la mujer: «Señor, veo que eres un profeta.
Joh 4:20 Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.»
Joh 4:21 Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
Joh 4:22 Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Joh 4:23 Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.
Joh 4:24 Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.»
Joh 4:25 Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo.»
Joh 4:26 Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando.»
Joh 4:27 En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?» o «¿Qué hablas con ella?»
Joh 4:28 La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
Joh 4:29 «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»
Joh 4:30 Salieron de la ciudad e iban donde él.
Joh 4:31 Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: «Rabbí, come.»
Joh 4:32 Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis.»
Joh 4:33 Los discípulos se decían unos a otros: «¿Le habrá traído alguien de comer?»
Joh 4:34 Les dice Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.
Joh 4:35 ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya
Joh 4:36 el segador recibe el salario, y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador.
Joh 4:37 Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador:
Joh 4:38 yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga.»
Joh 4:39 Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»
Joh 4:40 Cuando llegaron donde él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.
Joh 4:41 Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras,
Joh 4:42 y decían a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»
Joh 4:43 Pasados los dos días, partió de allí para Galilea.
Joh 4:44 Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.
Joh 4:45 Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Joh 4:46 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.
Joh 4:47 Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir.
Joh 4:48 Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creéis.»
Joh 4:49 Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo.»
Joh 4:50 Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Joh 4:51 Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía.
Joh 4:52 El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.»
Joh 4:53 El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia.
Joh 4:54 Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

 

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Capítulo 5

5:1

DESPUÉS de estas cosas, era un día de fiesta de los Judíos, y subió Jesús á Jerusalem.

5:2

Y hay en Jerusalem á la puerta del ganado un estanque, que en hebraico es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales.

5:3

En éstos yacía multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua.

5:4

Porque un ángel descendía á cierto tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero descendía en el estanque después del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese.

5:5

Y estaba allí un hombre que había treinta y ocho años que estaba enfermo.

5:6

Como Jesús vió á éste echado, y entendió que ya había mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano?

5:7

Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estanque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mí ha descendido.

5:8

Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda.

5:9

Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é íbase. Y era sábado aquel día.

5:10

Entonces los Judíos decían á aquel que había sido sanado: Sábado es: no te es lícito llevar tu lecho.

5:11

Respondióles: El que me sanó, Él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.

5:12

Preguntáronle entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?

5:13

Y el que había sido sanado, no sabía quién fuese; porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.

5:14

Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.

5:15

El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús era el que le había sanado.

5:16

Y por esta causa los Judíos perseguían á Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado.

5:17

Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.

5:18

Entonces, por tanto, más procuraban los Judíos matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también á su Padre llamaba Dios, haciéndose igual á Dios.

5:19

Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque todo lo que Él hace, esto también hace el Hijo juntamente.

5:20

Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que Él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis.

5:21

Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo á los que quiere da vida.

5:22

Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo;

5:23

Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

5:24

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida.

5:25

De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán.

5:26

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo:

5:27

Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre.

5:28

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

5:29

Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación.

5:30

No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre.

5:31

Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.

5:32

Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí, es verdadero.

5:33

Vosotros enviasteis á Juan, y Él dió testimonio á la verdad.

5:34

Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.

5:35

El era antorcha que ardía y alumbraba: y vosotros quisisteis recrearos por un poco á su luz.

5:36

Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan: porque las obras que el Padre me dió que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me haya enviado.

5:37

Y el que me envió, el Padre, Él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer.

5:38

Ni tenéis su palabra permanente en vosotros; porque al que Él envió, á éste vosotros no creéis.

5:39

Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.

5:40

Y no queréis venir á mí, para que tengáis vida.

5:41

Gloria de los hombres no recibo.

5:42

Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.

5:43

Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, á aquél recibiréis.

5:44

¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que de sólo Dios viene?

5:45

No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis.

5:46

Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeríais á mí; porque de mí escribió Él.

5:47

Y si á sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis á mis palabras?

Joh 5:1 Después de esto, hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Joh 5:2 Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos.
Joh 5:3 En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua.
Joh 5:4 Porque el Ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera.
Joh 5:5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Joh 5:6 Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?»
Joh 5:7 Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo.»
Joh 5:8 Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda.»
Joh 5:9 Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día.
Joh 5:10 Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla.»
Joh 5:11 El le respondió: «El que me ha curado me ha dicho: Toma tu camilla y anda.»
Joh 5:12 Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: Tómala y anda?»
Joh 5:13 Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar.
Joh 5:14 Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor.»
Joh 5:15 El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
Joh 5:16 Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
Joh 5:17 Pero Jesús les replicó: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo.»
Joh 5:18 Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.
Joh 5:19 Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo.
Joh 5:20 Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis.
Joh 5:21 Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.
Joh 5:22 Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo,
Joh 5:23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado.
Joh 5:24 En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
Joh 5:25 En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán.
Joh 5:26 Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo,
Joh 5:27 y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre.
Joh 5:28 No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz
Joh 5:29 y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio.
Joh 5:30 Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Joh 5:31 «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido.
Joh 5:32 Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí.
Joh 5:33 Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad.
Joh 5:34 No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis.
Joh 5:35 El era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz.
Joh 5:36 Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.
Joh 5:37 Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro,
Joh 5:38 ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que El ha enviado.
Joh 5:39 «Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí;
Joh 5:40 y vosotros no queréis venir a mí para tener vida.
Joh 5:41 La gloria no la recibo de los hombres.
Joh 5:42 Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.
Joh 5:43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis.
Joh 5:44 ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios?
Joh 5:45 No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza.
Joh 5:46 Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí.
Joh 5:47 Pero si no creéis en sus escritos, cómo vais a creer en mis palabras?»

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Capítulo 6

6:1

PASADAS estas cosas, fuése Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberias.

 cm dom. 6,1-15 -

6:2

Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos.

6:3

Y subió Jesús á un monte, y se sentó allí con sus discípulos.

6:4

Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos.

6:5

Y como alzó Jesús los ojos, y vió que había venido á Él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?

6:6

Mas esto decía para probarle; porque Él sabía lo que había de hacer.

6:7

Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco.

6:8

Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro:

6:9

Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos?

6:10

Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones.

6:11

Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los peces, cuanto querían.

6:12

Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada.

6:13

Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habían comido.

6:14

Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.

6:15

Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, Él solo.

6:16

Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar;

6:17

Y entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido á ellos.

6:18

Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba.

6:19

Y como hubieron navegado como veinticinco ó treinta estadios, ven á Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo.

6:20

Mas Él les dijo: Yo soy; no tengáis miedo.

6:21

Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban.

6:22

El día siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vió que no había allí otra navecilla sino una, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habían ido solos;

6:23

Y que otras navecillas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber el Señor dado gracias;

6:24

Como vió pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesús.

 cm dom. 6,24-35 -

6:25

Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabbí, ¿cuándo llegaste acá?

6:26

Respondióles Jesús, y dijo; De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.

6:27

Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á éste señaló el Padre, que es Dios.

6:28

Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?

6:29

Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado.

6:30

Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras?

6:31

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer.

6:32

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dió Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

6:33

Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

6:34

Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan.

6:35

Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

6:36

Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

6:37

Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le hecho fuera.

6:38

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió.

6:39

Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero.

6:40

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.

6:41

Murmuraban entonces de Él los Judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo.

 cm dom. 6,41-51 -

6:42

Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?

6:43

Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros.

6:44

Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

6:45

Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí.

6:46

No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre.

6:47

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

6:48

Yo soy el pan de vida.

6:49

Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.

6:50

Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de Él comiere, no muera.

6:51

Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

 cm dom. 6,51-58 com2 dom. 6,51-58 - com_corpus -

6:52

Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne á comer?

6:53

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.

6:54

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.

6:55

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

6:56

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en Él.

6:57

Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, Él también vivirá por mí.

6:58

Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente.

6:59

Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.

6:60

Y muchos de sus discípulos oyéndolo, dijeron: Dura es esta palabra: ¿quién la puede oir?

 cm dom. 6,60-69 -

6:61

Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, díjoles: ¿Esto os escandaliza?

6:62

¿Pues qué, si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero?

6:63

El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida.

6:64

Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.

6:65

Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre.

6:66

Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él.

6:67

Dijo entonces Jesús á los doce: ¿Queréis vosotros iros también?

6:68

Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna.

6:69

Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente.

6:70

Jesús le respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?

6:71

Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.

Joh 6:1 Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades,
Joh 6:2 y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos.
Joh 6:3 Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.
Joh 6:4 Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
Joh 6:5 Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?»
Joh 6:6 Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.
Joh 6:7 Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.»
Joh 6:8 Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:
Joh 6:9 «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
Joh 6:10 Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos 5.000.
Joh 6:11 Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.
Joh 6:12 Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.»
Joh 6:13 Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
Joh 6:14 Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.»
Joh 6:15 Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.
Joh 6:16 Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar,
Joh 6:17 y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos;
Joh 6:18 soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse.
Joh 6:19 Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo.
Joh 6:20 Pero él les dijo: «Soy yo. No temáis.»
Joh 6:21 Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.
Joh 6:22 Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos.
Joh 6:23 Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan.
Joh 6:24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
Joh 6:25 Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?»
Joh 6:26 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.
Joh 6:27 Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.»
Joh 6:28 Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»
Joh 6:29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»
Joh 6:30 Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
Joh 6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.»
Joh 6:32 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;
Joh 6:33 porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.»
Joh 6:34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
Joh 6:35 Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
Joh 6:36 Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis.
Joh 6:37 Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera;
Joh 6:38 porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Joh 6:39 Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día.
Joh 6:40 Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.»
Joh 6:41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.»
Joh 6:42 Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?»
Joh 6:43 Jesús les respondió: «No murmuréis entre vosotros.
Joh 6:44 «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día.
Joh 6:45 Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
Joh 6:46 No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.
Joh 6:47 En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
Joh 6:48 Yo soy el pan de la vida.
Joh 6:49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron;
Joh 6:50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
Joh 6:51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»
Joh 6:52 Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Joh 6:53 Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
Joh 6:54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
Joh 6:55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
Joh 6:56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
Joh 6:57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
Joh 6:58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»
Joh 6:59 Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.
Joh 6:60 Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»
Joh 6:61 Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza?
Joh 6:62 ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?...
Joh 6:63 «El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.
Joh 6:64 «Pero hay entre vosotros algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Joh 6:65 Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.»
Joh 6:66 Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.
Joh 6:67 Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Joh 6:68 Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna,
Joh 6:69 y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»
Joh 6:70 Jesús les respondió: «¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es un diablo.»
Joh 6:71 Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste le iba a entregar, uno de los Doce.

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Capítulo 7

7:1

Y PASADAS estas cosas andaba Jesús en Galilea: que no quería andar en Judea, porque los Judíos procuraban matarle.

7:2

Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, la de los tabernáculos.

7:3

Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y vete á Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.

7:4

Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.

7:5

Porque ni aun sus hermanos creían en Él.

7:6

Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aun no ha venido; mas vuestro tiempo siempre está presto.

7:7

No puede el mundo aborreceros á vosotros; mas á mí me aborrece, porque yo doy testimonio de Él, que sus obras son malas.

7:8

Vosotros subid á esta fiesta; yo no subo aún á esta fiesta, porque mi tiempo aun no es cumplido.

7:9

Y habiéndoles dicho esto, quedóse en Galilea.

7:10

Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces Él también subió á la fiesta, no manifiestamente, sino como en secreto.

7:11

Y buscábanle los Judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?

7:12

Y había grande murmullo de Él entre la gente: porque unos decían: Bueno es; y otros decían: No, antes engaña á las gentes.

7:13

Mas ninguno hablaba abiertamente de Él, por miedo de los Judíos.

7:14

Y al medio de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.

7:15

y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, no habiendo aprendido?

7:16

Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquél que me envió.

7:17

El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, ó si yo hablo de mí mismo.

7:18

El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en Él injusticia.

7:19

¿No os dió Moisés la ley, y ninguno de vosotros hace la ley? ¿Por qué me procuráis matar?

7:20

Respondió la gente, y dijo: Demonio tienes: ¿quién te procura matar?

7:21

Jesús respondió, y díjoles: Una obra hice, y todos os maravilláis.

7:22

Cierto, Moisés os dió la circuncisión (no porque sea de Moisés, mas de los padres); y en sábado circuncidáis al hombre.

7:23

Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado hice sano todo un hombre?

7:24

No juzguéis según lo que parece, mas juzgad justo juicio.

7:25

Decían entonces unos de los de Jerusalem: ¿No es éste al que buscan para matarlo?

7:26

Y he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada; ¿si habrán entendido verdaderamente los príncipes, que éste es el Cristo?

7:27

Mas éste, sabemos de dónde es: y cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de dónde sea.

7:28

Entonces clamaba Jesús en el templo, enseñando y diciendo: Y á mí me conocéis, y sabéis de dónde soy: y no he venido de mí mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros no conocéis.

7:29

Yo le conozco, porque de Él soy, y Él me envió.

7:30

Entonces procuraban prenderle; mas ninguno puso en Él mano, porque aun no había venido su hora.

7:31

Y muchos del pueblo creyeron en Él, y decían: El Cristo, cuando viniere, ¿hará más señales que las que éste hace?

7:32

Los Fariseos oyeron á la gente que murmuraba de Él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos enviaron servidores que le prendiesen.

7:33

Y Jesús dijo: Aun un poco de tiempo estaré con vosotros, é iré al que me envió.

7:34

Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir.

7:35

Entonces los Judíos dijeron entre sí: ¿A dónde se ha de ir éste que no le hallemos? ¿Se ha de ir á los esparcidos entre los Griegos, y á enseñar á los Griegos?

7:36

¿Qué dicho es éste que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir?

7:37

Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí y beba.

 cm dom. 7,37-39 cm2 dom. 7,37-39cm3 dom. 7,37-39 -

7:38

El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre.

7:39

(Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él: pues aun no había venido el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún glorificado.)

7:40

Entonces algunos de la multitud, oyendo este dicho, decían: Verdaderamente éste es el profeta.

7:41

Otros decían: Este es el Cristo. Algunos empero decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?

7:42

¿No dice la Escritura, que de la simiente de David, y de la aldea de Bethlehem, de donde era David, vendrá el Cristo?

7:43

Así que había disensión entre la gente acerca de Él.

7:44

Y algunos de ellos querían prenderle; mas ninguno echó sobre Él manos.

7:45

Y los ministriles vinieron á los principales sacerdotes y á los Fariseos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis?

7:46

Los ministriles respondieron: Nunca ha hablado hombre así como este hombre.

7:47

Entonces los Fariseos les respondieron: ¿Estáis también vosotros engañados?

7:48

¿Ha creído en Él alguno de los príncipes, ó de los Fariseos?

7:49

Mas estos comunales que no saben la ley, malditos son.

7:50

Díceles Nicodemo (el que vino á Él de noche, el cual era uno de ellos):

7:51

¿Juzga nuestra ley á hombre, si primero no oyere de Él, y entendiere lo que ha hecho?

7:52

Respondieron y dijéronle: ¿Eres tú también Galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se levantó profeta.

7:53

Y fuése cada uno á su casa.

Joh 7:1 Después de esto, Jesús andaba por Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle.
Joh 7:2 Pero se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
Joh 7:3 Y le dijeron sus hermanos: «Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces,
Joh 7:4 pues nadie actúa en secreto cuando quiere ser conocido. Si haces estas cosas, muéstrate al mundo.»
Joh 7:5 Es que ni siquiera sus hermanos creían en él.
Joh 7:6 Entonces les dice Jesús: «Todavía no ha llegado mi tiempo, en cambio vuestro tiempo siempre está a mano.
Joh 7:7 El mundo no puede odiaros; a mí sí me aborrece, porque doy testimonio de que sus obras son perversas.
Joh 7:8 Subid vosotros a la fiesta; yo no subo a esta fiesta porque aún no se ha cumplido mi tiempo.»
Joh 7:9 Dicho esto, se quedó en Galilea.
Joh 7:10 Pero después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.
Joh 7:11 Los judíos, durante la fiesta, andaban buscándole y decían: «¿Dónde está ése?»
Joh 7:12 Entre la gente había muchos comentarios acerca de él. Unos decían: «Es bueno.» Otros decían: «No, sino que engaña al pueblo.»
Joh 7:13 Pero nadie hablaba de él abiertamente por miedo a los judíos.
Joh 7:14 Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar.
Joh 7:15 Los judíos, asombrados, decían: «¿Cómo entiende de letras sin haber estudiado?»
Joh 7:16 Jesús les respondió: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado.
Joh 7:17 Si alguno quiere cumplir su voluntad, verá si mi doctrina es de Dios o hablo yo por mi cuenta.
Joh 7:18 El que habla por su cuenta, busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le ha enviado, ese es veraz; y no hay impostura en él.
Joh 7:19 ¿No es Moisés el que os dio la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué queréis matarme?»
Joh 7:20 Respondió la gente: «Tienes un demonio. ¿Quién quiere matarte?»
Joh 7:21 Jesús les respondió: «Una sola obra he hecho y todos os maravilláis.
Joh 7:22 Moisés os dio la circuncisión (no que provenga de Moisés, sino de los patriarcas) y vosotros circuncidáis a uno en sábado.
Joh 7:23 Si se circuncida a un hombre en sábado, para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿os irritáis contra mí porque he curado a un hombre entero en sábado?
Joh 7:24 No juzguéis según la apariencia. Juzgad con juicio justo.»
Joh 7:25 Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar?
Joh 7:26 Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que este es el Cristo?
Joh 7:27 Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es.»
Joh 7:28 Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero vosotros no le conocéis.
Joh 7:29 Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado.»
Joh 7:30 Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
Joh 7:31 Y muchos entre la gente creyeron en él y decían: «Cuando venga el Cristo, ¿hará más señales que las que ha hecho éste?»
Joh 7:32 Se enteraron los fariseos que la gente hacía estos comentarios acerca de él y enviaron guardias para detenerle.
Joh 7:33 Entonces él dijo: «Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, y me voy al que me ha enviado.
Joh 7:34 Me buscaréis y no me encontraréis; y adonde yo esté, vosotros no podéis venir.»
Joh 7:35 Se decían entre sí los judíos: «¿A dónde se irá éste que nosotros no le podamos encontrar? ¿Se irá a los que viven dispersos entre los griegos para enseñar a los griegos?
Joh 7:36 ¿Qué es eso que ha dicho: "Me buscaréis y no me encontraréis", y "adonde yo esté, vosotros no podéis venir"?»
Joh 7:37 El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba
Joh 7:38 el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva.
Joh 7:39 Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado.
Joh 7:40 Muchos entre la gente, que le habían oído estas palabras, decían: «Este es verdaderamente el profeta.»
Joh 7:41 Otros decían: «Este es el Cristo.» Pero otros replicaban: «¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo?
Joh 7:42 ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?»
Joh 7:43 Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de él.
Joh 7:44 Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano.
Joh 7:45 Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: «¿Por qué no le habéis traído?»
Joh 7:46 Respondieron los guardias: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre.»
Joh 7:47 Los fariseos les respondieron: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar?
Joh 7:48 ¿Acaso ha creído en él algún magistrado o algún fariseo?
Joh 7:49 Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos.»
Joh 7:50 Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús:
Joh 7:51 «¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?»
Joh 7:52 Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta.»
Joh 7:53 Y se volvieron cada uno a su casa.

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Capítulo 8

8:1

Y JESÚS se fué al monte de las Olivas.

 cm dom. 8,1-11

8:2

Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino á Él: y sentado Él, los enseñaba.

8:3

Entonces los escribas y los Fariseos le traen una mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio,

8:4

Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho, adulterando;

8:5

Y en la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales: tú pues, ¿qué dices?

8:6

Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Empero Jesús, inclinado hacia abajo, escribía en tierra con el dedo.

8:7

Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles: El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero.

8:8

Y volviéndose á inclinar hacia abajo, escribía en tierra.

8:9

Oyendo, pues, ellos, redargüidos de la conciencia, salíanse uno á uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros: y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.

8:10

Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer, díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?

8:11

Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más.

8:12

Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida.

8:13

Entonces los Fariseos le dijeron: Tú de ti mismo das testimonio: tu testimonio no es verdadero.

8:14

Respondió Jesús, y díjoles: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y á dónde voy; mas vosotros no sabéis de dónde vengo, y á dónde voy.

8:15

Vosotros según la carne juzgáis; mas yo no juzgo á nadie.

8:16

Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo, sino yo y el que me envió, el Padre.

8:17

Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.

8:18

Yo soy el que doy testimonio de mí mismo: y da testimonio de mí el que me envió, el Padre.

8:19

Y decíanle: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni á mí me conocéis, ni á mi Padre; si á mí me conocieseis, á mi Padre también conocierais.

8:20

Estas palabras habló Jesús en el lugar de las limosnas, enseñando en el templo: y nadie le prendió; porque aun no había venido su hora.

8:21

Y díjoles otra vez Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, mas en vuestro pecado moriréis: á donde yo voy, vosotros no podéis venir.

8:22

Decían entonces los Judíos: ¿Hase de matar á sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?

8:23

Y decíales: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

8:24

Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados: porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.

8:25

Y decíanle: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho.

8:26

Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros: mas el que me envió, es verdadero: y yo, lo que he oído de Él, esto hablo en el mundo.

8:27

Mas no entendieron que Él les hablaba del Padre.

8:28

Díjoles pues, Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo.

8:29

Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que á Él agrada, hago siempre.

8:30

Hablando Él estas cosas, muchos creyeron en Él.

8:31

Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

8:32

Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.

8:33

Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos á nadie: ¿cómo dices tú: Seréis libres?

8:34

Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado.

8:35

Y el siervo no queda en casa para siempre: el hijo queda para siempre.

8:36

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

8:37

Sé que sois simiente de Abraham, mas procuráis matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros.

8:38

Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.

8:39

Respondieron y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesús: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham harías.

8:40

Empero ahora procuráis matarme, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios: no hizo esto Abraham.

8:41

Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle entonces: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.

8:42

Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais: porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí mismo, mas Él me envió.

8:43

¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? porque no podéis oir mi palabra.

8:44

Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en Él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

8:45

Y porque yo digo verdad, no me creéis.

8:46

¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?

8:47

El que es de Dios, las palabras de Dios oye: por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.

8:48

Respondieron entonces los Judíos, y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y tienes demonio?

8:49

Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro á mi Padre; y vosotros me habéis deshonrado.

8:50

Y no busco mi gloria: hay quien la busque, y juzgue.

8:51

De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre.

8:52

Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas, y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre.

8:53

¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? y los profetas murieron: ¿quién te haces á ti mismo?

8:54

Respondió Jesús: Si yo me glorifico á mí mismo, mi gloria es nada: mi Padre es el que me glorifica; el que vosotros decís que es vuestro Dios;

8:55

Y no le conocéis: mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros mentiroso: mas le conozco, y guardo su palabra.

8:56

Abraham vuestro padre se gozó por ver mi día; y lo vió, y se gozó.

8:57

Dijéronle entonces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años, ¿y has visto á Abraham?

8:58

Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.

8:59

Tomaron entonces piedras para tirarle: mas Jesús se encubrió, y salió del templo; y atravesando por medio de ellos, se fué.

Joh 8:1 Mas Jesús se fue al monte de los Olivos.
Joh 8:2 Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.
Joh 8:3 Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio
Joh 8:4 y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Joh 8:5 Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?»
Joh 8:6 Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.
Joh 8:7 Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.»
Joh 8:8 E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.
Joh 8:9 Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio.
Joh 8:10 Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?»
Joh 8:11 Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.»
Joh 8:12 Jesús les habló otra vez diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.»
Joh 8:13 Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale.»
Joh 8:14 Jesús les respondió: «Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy.
Joh 8:15 Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie;
Joh 8:16 y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado.
Joh 8:17 Y en vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido.
Joh 8:18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo y también el que me ha enviado, el Padre, da testimonio de mí.»
Joh 8:19 Entonces le decían: «¿Dónde está tu Padre?» Respondió Jesús: «No me conocéis ni a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre.»
Joh 8:20 Estas palabras las pronunció en el Tesoro, mientras enseñaba en el Templo. Y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.
Joh 8:21 Jesús les dijo otra vez: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir.»
Joh 8:22 Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: "Adonde yo voy, vosotros no podéis ir?»
Joh 8:23 El les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
Joh 8:24 Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados.»
Joh 8:25 Entonces le decían: «¿Quién eres tú?» Jesús les respondió: «Desde el principio, lo que os estoy diciendo.
Joh 8:26 Mucho podría hablar de vosotros y juzgar pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a él es lo que hablo al mundo.»
Joh 8:27 No comprendieron que les hablaba del Padre.
Joh 8:28 Les dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.
Joh 8:29 Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él.»
Joh 8:30 Al hablar así, muchos creyeron en él.
Joh 8:31 Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos,
Joh 8:32 y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.»
Joh 8:33 Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?»
Joh 8:34 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo.
Joh 8:35 Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre.
Joh 8:36 Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.
Joh 8:37 Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros.
Joh 8:38 Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre.»
Joh 8:39 Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham.» Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham.
Joh 8:40 Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham.
Joh 8:41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.» Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios.»
Joh 8:42 Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado.
Joh 8:43 ¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi Palabra.
Joh 8:44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira.
Joh 8:45 Pero a mí, como os digo la verdad, no me creéis.
Joh 8:46 ¿Quién de vosotros puede probar que soy pecador? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?
Joh 8:47 El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios.»
Joh 8:48 Los judíos le respondieron: «¿No decimos, con razón, que eres samaritano y que tienes un demonio?»
Joh 8:49 Respondió Jesús: «Yo no tengo un demonio; sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí.
Joh 8:50 Pero yo no busco mi gloria; ya hay quien la busca y juzga.
Joh 8:51 En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás.»
Joh 8:52 Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: "Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás."
Joh 8:53 ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?»
Joh 8:54 Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: "El es nuestro Dios",
Joh 8:55 y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra.
Joh 8:56 Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró.»
Joh 8:57 Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?»
Joh 8:58 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy.»
Joh 8:59 Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

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Capítulo 9

9:1

Y PASANDO Jesús, vió un hombre ciego desde su nacimiento.

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9:2

Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego?

 hist. Dios escribe derecho sobre líneas torcidas -

9:3

Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en Él.

9:4

Conviéneme obrar las obrar del que me envió, entre tanto que el día dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar.

9:5

Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.

9:6

Esto dicho, escupió en tierra, é hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego,

9:7

Y díjole: Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, si lo interpretares, Enviado). Y fué entonces, y lavóse, y volvió viendo.

9:8

Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿no es éste el que se sentaba y mendigaba?

9:9

Unos decían: Este es; y otros: A Él se parece. El decía: Yo soy.

9:10

Y dijéronle: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?

9:11

Respondió Él y dijo: El hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate: y fuí, y me lavé, y recibí la vista.

9:12

Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquél? El dijo: No sé.

9:13

Llevaron á los Fariseos al que antes había sido ciego.

9:14

Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.

9:15

Y volviéronle á preguntar también los Fariseos de qué manera había recibido la vista. Y Él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.

9:16

Entonces unos de los Fariseos decían: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.

9:17

Vuelven á decir al ciego: ¿Tú, qué dices del que te abrió los ojos? Y Él dijo: Que es profeta.

9:18

Mas los Judíos no creían de Él, que había sido ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron á los padres del que había recibido la vista;

9:19

Y preguntáronles, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?

9:20

Respondiéronles sus padres y dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego:

9:21

Mas cómo vea ahora, no sabemos; ó quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; Él tiene edad, preguntadle á Él; Él hablará de sí.

9:22

Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los Judíos: porque ya los Judíos habían resuelto que si alguno confesase ser Él el Mesías, fuese fuera de la sinagoga.

9:23

Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle á Él.

9:24

Así que, volvieron á llamar al hombre que había sido ciego, y dijéronle: Da gloria á Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador.

9:25

Entonces Él respondió, y dijo: Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

9:26

Y volviéronle á decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

9:27

Respondióles: Ya os lo he dicho, y no habéis atendido: ¿por qué lo queréis otra vez oir? ¿queréis también vosotros haceros sus discípulos?

9:28

Y le ultrajaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros discípulos de Moisés somos.

9:29

Nosotros sabemos que á Moisés habló Dios: mas éste no sabemos de dónde es.

9:30

Respondió aquel hombre, y díjoles: Por cierto, maravillosa cosa es ésta, que vosotros no sabéis de dónde sea, y á mí me abrió los ojos.

9:31

Y sabemos que Dios no oye á los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, á éste oye.

9:32

Desde el siglo no fué oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego.

9:33

Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.

9:34

Respondieron, y dijéronle: En pecados eres nacido todo, ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera.

9:35

Oyó Jesús que le habían echado fuera; y hallándole, díjole: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?

9:36

Respondió Él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en Él?

9:37

Y díjole Jesús: Y le has visto, y el que habla contigo, Él es.

9:38

Y Él dice: Creo, Señor; y adoróle.

 

9:39

Y dijo Jesús: Yo, para juicio he venido á este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.

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9:40

Y ciertos de los Fariseos que estaban con Él oyeron esto, y dijéronle: ¿Somos nosotros también ciegos?

9:41

Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado: mas ahora porque decís, Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.

Joh 9:1 Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento.
Joh 9:2 Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»
Joh 9:3 Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios.
Joh 9:4 Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
Joh 9:5 Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.»
Joh 9:6 Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego
Joh 9:7 y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.
Joh 9:8 Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?»
Joh 9:9 Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.»
Joh 9:10 Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?»
Joh 9:11 El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: "Vete a Siloé y lávate." Yo fui, me lavé y vi.»
Joh 9:12 Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?» El respondió: «No lo sé.»
Joh 9:13 Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego.
Joh 9:14 Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
Joh 9:15 Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»
Joh 9:16 Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y había disensión entre ellos.
Joh 9:17 Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» El respondió: «Que es un profeta.»
Joh 9:18 No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista
Joh 9:19 y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?»
Joh 9:20 Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.
Joh 9:21 Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo.»
Joh 9:22 Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga.
Joh 9:23 Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él.»
Joh 9:24 Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.»
Joh 9:25 Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.»
Joh 9:26 Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?»
Joh 9:27 El replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?»
Joh 9:28 Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés.
Joh 9:29 Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.»
Joh 9:30 El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos.
Joh 9:31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha.
Joh 9:32 Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento.
Joh 9:33 Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.»
Joh 9:34 Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?» Y le echaron fuera.
Joh 9:35 Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?»
Joh 9:36 El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Joh 9:37 Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es.»
Joh 9:38 El entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
Joh 9:39 Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.»
Joh 9:40 Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?»
Joh 9:41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: "Vemos" vuestro pecado permanece.»

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Capítulo 10

10:1

DE cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal es ladrón y robador.

 cm dom. 10,1-10 -

10:2

Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

10:3

A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y á sus ovejas llama por nombre, y las saca.

10:4

Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

10:5

Mas al extraño no seguirán, antes huirán de Él: porque no conocen la voz de los extraños.

10:6

Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que les decía.

10:7

Volvióles, pues, Jesús á decir: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.

10:8

Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores; mas no los oyeron las ovejas.

10:9

Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

10:10

El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

10:11

Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.

 cm dom. 10,11-18 -

10:12

Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye, y el lobo las arrebata, y esparce las ovejas.

10:13

Así que, el asalariado, huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas.

10:14

Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.

10:15

Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

10:16

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

10:17

Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla á tomar.

10:18

Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla á tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

10:19

Y volvió á haber disensión entre los Judíos por estas palabras.

10:20

Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿para qué le oís?

10:21

Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?

10:22

Y se hacía la fiesta de la dedicación en Jerusalem; y era invierno;

10:23

Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón.

10:24

Y rodeáronle los Judíos y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

10:25

Respondióles Jesús: Os lo he dicho, y no creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;

10:26

Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.

10:27

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;

 

10:28

Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.

10:29

Mi Padre que me las dió, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

10:30

Yo y el Padre una cosa somos.

10:31

Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle.

10:32

Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de esas me apedreáis?

10:33

Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios.

10:34

Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses sois?

10:35

Si dijo, dioses, á aquellos á los cuales fué hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada);

10:36

¿A quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?

10:37

Si no hago obras de mi Padre, no me creáis.

10:38

Mas si las hago, aunque á mí no creáis, creed á las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

10:39

Y procuraban otra vez prenderle; mas Él se salió de sus manos;

10:40

Y volvióse tras el Jordán, á aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan; y estúvose allí.

10:41

Y muchos venían á Él, y decían: Juan, á la verdad, ninguna señal hizo; mas todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.

10:42

Y muchos creyeron allí en Él.

Joh 10:1 «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador;
Joh 10:2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.
Joh 10:3 A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera.
Joh 10:4 Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
Joh 10:5 Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Joh 10:6 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.
Joh 10:7 Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.
Joh 10:8 Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon.
Joh 10:9 Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto.
Joh 10:10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
Joh 10:11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.
Joh 10:12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa,
Joh 10:13 porque es asalariado y no le importan nada las ovejas.
Joh 10:14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí,
Joh 10:15 como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.
Joh 10:16 También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.
Joh 10:17 Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo.
Joh 10:18 Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.»
Joh 10:19 Se produjo otra vez una disensión entre los judíos por estas palabras.
Joh 10:20 Muchos de ellos decían: «Tiene un demonio y está loco. ¿Por qué le escucháis?»
Joh 10:21 Pero otros decían: «Esas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?»
Joh 10:22 Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno.
Joh 10:23 Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón.
Joh 10:24 Le rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.»
Joh 10:25 Jesús les respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí;
Joh 10:26 pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas.
Joh 10:27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen.
Joh 10:28 Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.
Joh 10:29 El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre.
Joh 10:30 Yo y el Padre somos uno.»
Joh 10:31 Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle.
Joh 10:32 Jesús les dijo: «Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?»
Joh 10:33 Le respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.»
Joh 10:34 Jesús les respondió: «¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois?
Joh 10:35 Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios - y no puede fallar la Escritura -
Joh 10:36 a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: "Yo soy Hijo de Dios"?
Joh 10:37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis;
Joh 10:38 pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
Joh 10:39 Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos.
Joh 10:40 Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí.
Joh 10:41 Muchos fueron donde él y decían: «Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad.»
Joh 10:42 Y muchos allí creyeron en él.

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Capítulo 11

11:1

ESTABA entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Bethania, la aldea de María y de Marta su hermana.

11:2

(Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos)

11:3

Enviaron, pues, sus hermanas á Él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo.

11:4

Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

11:5

Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro.

11:6

Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba.

11:7

Luego, después de esto, dijo á los discípulos: Vamos á Judea otra vez.

11:8

Dícenle los discípulos: Rabbí, ahora procuraban los Judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?

11:9

Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.

11:10

Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en Él.

11:11

Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á despertarle del sueño.

11:12

Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará.

11:13

Mas esto decía Jesús de la muerte de Él: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.

11:14

Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto;

11:15

Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis: mas vamos á Él.

11:16

Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo, á sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con Él.

11:17

Vino pues Jesús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el sepulcro.

11:18

Y Bethania estaba cerca de Jerusalem, como quince estadios;

11:19

Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y á María, á consolarlas de su hermano.

11:20

Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió á encontrarle; mas María se estuvo en casa.

11:21

Y Marta dijo á Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto;

11:22

Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.

 com Sobre la oración (Tertuliano) -

11:23

Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.

11:24

Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.

11:25

Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

  hist La muerte se muere   -     

11:26

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

-

11:27

Dícele: Sí Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

11:28

Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí y te llama.

11:29

Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene á Él.

11:30

(Que aun no había llegado Jesús á la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había encontrado.)

11:31

Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí.

11:32

Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse á sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano.

11:33

Jesús entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse,

11:34

Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve.

11:35

Y lloró Jesús.

11:36

Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba.

11:37

Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que éste no muriera?

11:38

Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Era una cueva, la cual tenía una piedra encima.

11:39

Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se había muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cuatro días.

11:40

Jesús le dice: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?

11:41

Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído.

11:42

Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado.

11:43

Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera.

11:44

Y el que había estado muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatadle, y dejadle ir.

11:45

Entonces muchos de los Judíos que habían venido á María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en Él.

11:46

Mas algunos de ellos fueron á los Fariseos, y dijéronles lo que Jesús había hecho.

11:47

Entonces los pontífices y los Fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchas señales.

11:48

Si le dejamos así, todos creerán en Él: y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación.

11:49

Y Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;

11:50

Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda.

11:51

Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación:

11:52

Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados.

11:53

Así que, desde aquel día consultaban juntos de matarle.

11:54

Por tanto, Jesús ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas fuése de allí á la tierra que está junto al desierto, á una ciudad que se llama Ephraim: y estábase allí con sus discípulos

11:55

Y la Pascua de los Judíos estaba cerca: y muchos subieron de aquella tierra á Jerusalem antes de la Pascua, para purificarse;

11:56

Y buscaban á Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo. ¿Qué os parece, que no vendrá á la fiesta?

11:57

Y los pontífices y los Fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese dónde estuviera, lo manifestase, para que le prendiesen.

Joh 11:1 Había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta.
Joh 11:2 María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo.
Joh 11:3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo.»
Joh 11:4 Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Joh 11:5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Joh 11:6 Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba.
Joh 11:7 Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.»
Joh 11:8 Le dicen los discípulos: «Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?»
Joh 11:9 Jesús respondió: «¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
Joh 11:10 pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él.»
Joh 11:11 Dijo esto y añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.»
Joh 11:12 Le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se curará.»
Joh 11:13 Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño.
Joh 11:14 Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto,
Joh 11:15 y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él.»
Joh 11:16 Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.»
Joh 11:17 Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro.
Joh 11:18 Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios,
Joh 11:19 y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano.
Joh 11:20 Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa.
Joh 11:21 Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Joh 11:22 Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Joh 11:23 Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará.»
Joh 11:24 Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.»
Joh 11:25 Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
Joh 11:26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»
Joh 11:27 Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.»
Joh 11:28 Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama.»
Joh 11:29 Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde él.
Joh 11:30 Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado.
Joh 11:31 Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí.
Joh 11:32 Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
Joh 11:33 Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó
Joh 11:34 y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le responden: «Señor, ven y lo verás.»
Joh 11:35 Jesús se echó a llorar.
Joh 11:36 Los judíos entonces decían: «Mirad cómo le quería.»
Joh 11:37 Pero algunos de ellos dijeron: «Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?»
Joh 11:38 Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra.
Joh 11:39 Dice Jesús: «Quitad la piedra.» Le responde Marta, la hermana del muerto: «Señor, ya huele; es el cuarto día.»
Joh 11:40 Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?»
Joh 11:41 Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado.
Joh 11:42 Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado.»
Joh 11:43 Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!»
Joh 11:44 Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y dejadle andar.»
Joh 11:45 Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él.
Joh 11:46 Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Joh 11:47 Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales.
Joh 11:48 Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.»
Joh 11:49 Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada,
Joh 11:50 ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación.»
Joh 11:51 Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación
Joh 11:52 - y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.
Joh 11:53 Desde este día, decidieron darle muerte.
Joh 11:54 Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí residía con sus discípulos.
Joh 11:55 Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse.
Joh 11:56 Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: «¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?»
Joh 11:57 Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.

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Capítulo 12

12:1

Y JESÚS, seis días antes de la Pascua, vino á Bethania, donde estaba Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos.

12:2

E hiciéronle allí una cena y Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa juntamente con Él.

12:3

Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento.

12:4

Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar:

12:5

¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dió á los pobres?

12:6

Mas dijo esto, no por el cuidado que Él tenía de los pobres: sino porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella.

12:7

Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto;

12:8

Porque á los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas á mí no siempre me tenéis.

12:9

Entonces mucha gente de los Judíos entendió que Él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, mas también por ver á Lázaro, al cual había resucitado de los muertos.

12:10

Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar también á Lázaro;

12:11

Porque muchos de los Judíos iban y creían en Jesús por causa de Él.

12:12

El siguiente día, mucha gente que había venido á la fiesta, como oyeron que Jesús venía á Jerusalem,

12:13

Tomaron ramos de palmas, y salieron á recibirle, y clamaban: ¡Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!

12:14

Y halló Jesús un asnillo, y se sentó sobre Él, como está escrito:

12:15

No temas, hija de Sión: he aquí tu Rey viene, sentado sobre un pollino de asna.

12:16

Estas cosas no las entendieron sus discípulos de primero: empero cuando Jesús fué glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas de Él, y que le hicieron estas cosas.

12:17

Y la gente que estaba con Él, daba testimonio de cuando llamó á Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos.

12:18

Por lo cual también había venido la gente á recibirle, porque había oído que Él había hecho esta señal;

12:19

Mas los Fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he aquí, el mundo se va tras de Él.

12:20

Y había ciertos Griegos de los que habían subido á adorar en la fiesta:

 cm dom. 12,20-33 -

12:21

Estos pues, se llegaron á Felipe, que era de Bethsaida de Galilea, y rogáronle, diciendo: Señor, querríamos ver á Jesús.

12:22

Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen á Jesús.

12:23

Entonces Jesús les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado.

12:24

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, Él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva.

12:25

El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

12:26

Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

12:27

Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora.

12:28

Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.

12:29

Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Angel le ha hablado.

12:30

Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros.

12:31

Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

12:32

Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo.

12:33

Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir.

12:34

Respondióle la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre: ¿cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?

12:35

Entonces Jesús les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va.

12:36

Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y fuése, y escondióse de ellos.

12:37

Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en Él.

12:38

Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién ha creído á nuestro dicho? ¿Y el brazo del Señor, á quién es revelado?

12:39

Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías:

12:40

Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Porque no vean con los ojos, y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane.

12:41

Estas cosas dijo Isaías cuando vió su gloria, y habló de Él.

12:42

Con todo eso, aun de los príncipes, muchos creyeron en Él; mas por causa de los Fariseos no lo confesaban, por no ser echados de la sinagoga.

12:43

Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

12:44

Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;

12:45

Y el que me ve, ve al que me envió.

12:46

Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.

12:47

Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo.

12:48

El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

12:49

Porque yo no he hablado de mí mismo; mas el Padre que me envió, Él me dió mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.

12:50

Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo.

Joh 12:1 Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos.
Joh 12:2 Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
Joh 12:3 Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.
Joh 12:4 Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar:
Joh 12:5 «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?»
Joh 12:6 Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.
Joh 12:7 Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura.
Joh 12:8 Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre tendréis.»
Joh 12:9 Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
Joh 12:10 Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro,
Joh 12:11 porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.
Joh 12:12 Al día siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén,
Joh 12:13 tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: «¡ Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, y el Rey de Israel!»
Joh 12:14 Jesús, habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según está escrito:
Joh 12:15 No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna.
Joh 12:16 Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando Jesús fue glorificado, cayeron en la cuenta de que esto estaba escrito sobre él, y que era lo que le habían hecho.
Joh 12:17 La gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro de la tumba y le resucitó de entre los muertos, daba testimonio.
Joh 12:18 Por eso también salió la gente a su encuentro, porque habían oído que él había realizado aquella señal.
Joh 12:19 Entonces los fariseos se dijeron entre sí: «¿Veis cómo no adelantáis nada?, todo el mundo se ha ido tras él.»
Joh 12:20 Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta.
Joh 12:21 Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús.»
Joh 12:22 Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Joh 12:23 Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.
Joh 12:24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.
Joh 12:25 El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.
Joh 12:26 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
Joh 12:27 Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!
Joh 12:28 Padre, glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.»
Joh 12:29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.»
Joh 12:30 Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.
Joh 12:31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.
Joh 12:32 Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»
Joh 12:33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.
Joh 12:34 La gente le respondió: «Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que es preciso que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre?»
Joh 12:35 Jesús les dijo: «Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que camina en tinieblas, no sabe a dónde va.
Joh 12:36 Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.» Dicho esto, se marchó Jesús y se ocultó de ellos.
Joh 12:37 Aunque había realizado tan grandes señales delante de ellos, no creían en él;
Joh 12:38 para que se cumpliera el oráculo pronunciado por el profeta Isaías: Señor, ¿quién dio crédito a nuestras palabras? Y el brazo del Señor, ¿a quién se le reveló?
Joh 12:39 No podían creer, porque también había dicho Isaías:
Joh 12:40 Ha cegado sus ojos, ha endurecido su corazón; para que no vean con los ojos, ni comprendan con su corazón, ni se conviertan, ni yo los sane.
Joh 12:41 Isaías dijo esto porque vio su gloria y habló de él.
Joh 12:42 Sin embargo, aun entre los magistrados, muchos creyeron en él; pero, por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga,
Joh 12:43 porque prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios.
Joh 12:44 Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado;
Joh 12:45 y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado.
Joh 12:46 Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas.
Joh 12:47 Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.
Joh 12:48 El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día;
Joh 12:49 porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar,
Joh 12:50 y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.»

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Capítulo 13

13:1

ANTES de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había venido para que pasase de este mundo al Padre, como había amado á los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin.

 cm fiest. 13,1-15 -

13:2

Y la cena acabada, como el diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que le entregase,

13:3

Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y á Dios iba,

13:4

Levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñóse.

13:5

Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó á lavar los pies de los discípulos, y á limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido.

13:6

Entonces vino á Simón Pedro; y Pedro le dice: ¿Señor, tú me lavas los pies?

13:7

Respondió Jesús, y díjole: Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás después.

13:8

Dícele Pedro: No me lavarás los pies jamás. Respondióle Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

13:9

Dícele Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, mas aun las manos y la cabeza.

13:10

Dícele Jesús: El que está lavado, no necesita sino que lave los pies, mas está todo limpio: y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

13:11

Porque sabía quién le había de entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

13:12

Así que, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, volviéndose á sentar á la mesa, díjoles: ¿Sabéis lo que os he hecho?

13:13

Vosotros me llamáis, Maestro, y, Señor: y decís bien; porque lo soy.

13:14

Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos á los otros.

13:15

Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

13:16

De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el apóstol es mayor que el que le envió.

13:17

Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis.

13:18

No hablo de todos vosotros: yo sé los que he elegido: mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.

13:19

Desde ahora os lo digo antes que se haga, para que cuando se hiciere, creáis que yo soy.

13:20

De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió.

13:21

Como hubo dicho Jesús esto, fué conmovido en el espíritu, y protestó, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.

13:22

Entonces los discípulos mirábanse los unos á los otros, dudando de quién decía.

13:23

Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado en el seno de Jesús.

13:24

A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquél de quien decía.

13:25

El entonces recostándose sobre el pecho de Jesús, dícele: Señor, ¿quién es?

13:26

Respondió Jesús: Aquél es, á quien yo diere el pan mojado. Y mojando el pan, diólo á Judas Iscariote, hijo de Simón.

13:27

Y tras el bocado Satanás entró en Él. Entonces Jesús le dice: Lo que haces, haz lo más presto.

13:28

Mas ninguno de los que estaban á la mesa entendió á qué propósito le dijo esto.

13:29

Porque los unos pensaban, por que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta: ó, que diese algo á los pobres.

13:30

Como Él pues hubo tomado el bocado, luego salió: y era ya noche.

13:31

Entonces como Él salió, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él.

 cm dom. 13,31-35 -

13:32

Si Dios es glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo, y luego le glorificará.

13:33

Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije á los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; así digo á vosotros ahora.

13:34

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos á otros: como os he amado, que también os améis los unos á los otros.

13:35

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

13:36

Dícele Simón Pedro: Señor, ¿adónde vas? Respondióle Jesús: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás después.

13:37

Dícele Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? mi alma pondré por ti.

13:38

Respondióle Jesús: ¿Tu alma pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.

Joh 13:1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Joh 13:2 Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle,
Joh 13:3 sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía,
Joh 13:4 se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó.
Joh 13:5 Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
Joh 13:6 Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?»
Joh 13:7 Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.»
Joh 13:8 Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.»
Joh 13:9 Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.»
Joh 13:10 Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Joh 13:11 Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.»
Joh 13:12 Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
Joh 13:13 Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy.
Joh 13:14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
Joh 13:15 Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.
Joh 13:16 «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía.
Joh 13:17 «Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís.
Joh 13:18 No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que come mi pan ha alzado contra mí su talón.
Joh 13:19 «Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy.
Joh 13:20 En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado.»
Joh 13:21 Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.»
Joh 13:22 Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba.
Joh 13:23 Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús.
Joh 13:24 Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando.»
Joh 13:25 El, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?»
Joh 13:26 Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.» Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote.
Joh 13:27 Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.»
Joh 13:28 Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía.
Joh 13:29 Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres.
Joh 13:30 En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche.
Joh 13:31 Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él.
Joh 13:32 Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»
Joh 13:33 «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.
Joh 13:34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.
Joh 13:35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.»
Joh 13:36 Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde.»
Joh 13:37 Pedro le dice: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.»
Joh 13:38 Le responde Jesús: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces.»

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Capítulo 14

14:1

NO se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

 cm dom. 14,1-2 -

14:2

En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.

14:3

Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

14:4

Y sabéis á dónde yo voy; y sabéis el camino.

14:5

Dícele Tomás: Señor, no sabemos á dónde vas: ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

14:6

Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí.

14:7

Si me conocieseis, también á mi Padre conocierais: y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

14:8

Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.

14:9

Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

14:10

¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, Él hace las obras.

14:11

Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras.

14:12

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también Él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre.

14:13

Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

14:14

Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

14:15

Si me amáis, guardad mis mandamientos;

 cm dom. 14,15-21 -

14:16

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

14:17

Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros.

14:18

No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros.

14:19

Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis; porque yo vivo, y vosotros también viviréis.

14:20

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

14:21

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á Él.

14:22

Dícele Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te hayas de manifestar á nosotros, y no al mundo?

14:23

Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á Él, y haremos con Él morada.

 cm dom. 14,23-29 -

14:24

El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió.

14:25

Estas cosas os he hablado estando con vosotros.

14:26

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho.

14:27

La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

14:28

Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo.

14:29

Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que cuando se hiciere, creáis.

14:30

Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí.

14:31

Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dió el mandamiento, así hago. Levantaos, vamos de aquí,

Joh 14:1 «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí.
Joh 14:2 En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar.
Joh 14:3 Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros.
Joh 14:4 Y adonde yo voy sabéis el camino.»
Joh 14:5 Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Joh 14:6 Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.
Joh 14:7 Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.»
Joh 14:8 Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Joh 14:9 Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"?
Joh 14:10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.
Joh 14:11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.
Joh 14:12 En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.
Joh 14:13 Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Joh 14:14 Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.
Joh 14:15 Si me amáis, guardaréis mis mandamientos;
Joh 14:16 y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,
Joh 14:17 el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros.
Joh 14:18 No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.
Joh 14:19 Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis.
Joh 14:20 Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.
Joh 14:21 El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.»
Joh 14:22 Le dice Judas - no el Iscariote -: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?»
Joh 14:23 Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.
Joh 14:24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado.
Joh 14:25 Os he dicho estas cosas estando entre vosotros.
Joh 14:26 Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Joh 14:27 Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.
Joh 14:28 Habéis oído que os he dicho: "Me voy y volveré a vosotros." Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Joh 14:29 Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
Joh 14:30 Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder;
Joh 14:31 pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado. Levantaos. Vámonos de aquí.»

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Capítulo 15

15:1

YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

 cm dom. 15,1-8 -

15:2

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto.

15:3

Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado.

15:4

Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí.

15:5

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en Él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.

15:6

El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden.

15:7

Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho.

15:8

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

15:9

Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor.

 cm  dom. 15,9-17 -

15:10

Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.

15:11

Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

15:12

Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado.

15:13

Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.

15:14

Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando.

15:15

Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias.

15:16

No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, Él os lo dé.

15:17

Esto os mando: Que os améis los unos á los otros.

15:18

Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció antes que á vosotros.

15:19

Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; mas porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo.

15:20

Acordaos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor. Si á mí me han perseguido, también á vosotros perseguirán: si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

15:21

Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.

15:22

Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado.

15:23

El que me aborrece, también á mi Padre aborrece.

15:24

Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; mas ahora, y las han visto, y me aborrecen á mí y á mi Padre.

15:25

Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que sin causa me aborrecieron.

15:26

Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, Él dará testimonio de mí.

15:27

Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

Joh 15:1 «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.
Joh 15:2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.
Joh 15:3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.
Joh 15:4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
Joh 15:5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
Joh 15:6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.
Joh 15:7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.
Joh 15:8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.
Joh 15:9 Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.
Joh 15:10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
Joh 15:11 Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.
Joh 15:12 Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
Joh 15:13 Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.
Joh 15:14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Joh 15:15 No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
Joh 15:16 No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.
Joh 15:17 Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.»
Joh 15:18 «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.
Joh 15:19 Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.
Joh 15:20 Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán.
Joh 15:21 Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
Joh 15:22 Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado.
Joh 15:23 El que me odia, odia también a mi Padre.
Joh 15:24 Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre.
Joh 15:25 Pero es para que se cumpla lo que está escrito en su Ley: Me han odiado sin motivo.
Joh 15:26 Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.
Joh 15:27 Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

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Capítulo 16

16:1

ESTAS cosas os he hablado, para que no os escandalicéis.

16:2

Os echarán de los sinagogas; y aun viene la hora, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio á Dios.

16:3

Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre ni á mí.

16:4

Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordéis que yo os lo había dicho. Esto empero no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros.

16:5

Mas ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas?

16:6

Antes, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro corazón.

16:7

Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría á vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré.

16:8

Y cuando Él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio:

16:9

De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí;

16:10

Y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;

16:11

Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo es juzgado.

16:12

Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar.

 cm dom. 16,12-15 -

16:13

Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, Él os guiará á toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir.

16:14

El me glorificará: porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

16:15

Todo lo que tiene el Padre, mío es: por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

16:16

Un poquito, y no me veréis; y otra vez un poquito, y me veréis: porque yo voy al Padre.

16:17

Entonces dijeron algunos de sus discípulos unos á otros: ¿Qué es esto que nos dice: Un poquito, y no me veréis; y otra vez un poquito, y me veréis: y, por que yo voy al Padre?

16:18

Decían pues: ¿Qué es esto que dice: Un poquito? No entendemos lo que habla.

16:19

Y conoció Jesús que le querían preguntar, y díjoles: ¿Preguntáis entre vosotros de esto que dije: Un poquito, y no me veréis, y otra vez un poquito, y me veréis?

16:20

De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará: empero aunque vosotros estaréis tristes, vuestra tristeza se tornará en gozo.

16:21

La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas después que ha parido un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.

16:22

También, pues, vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo.

16:23

Y aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.

16:24

Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.

16:25

Estas cosas os he hablado en proverbios: la hora viene cuando ya no os hablaré por proverbios, pero claramente os anunciaré del Padre.

16:26

Aquel día pediréis en mi nombre: y no os digo, que yo rogaré al Padre por vosotros;

16:27

Pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me amasteis, y habéis creído que yo salí de Dios.

16:28

Salí del Padre, y he venido al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.

16:29

Dícenle sus discípulos: He aquí, ahora hablas claramente, y ningún proverbio dices.

16:30

Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios.

16:31

Respondióles Jesús: ¿Ahora creéis?

16:32

He aquí, la hora viene, y ha venido, que seréis esparcidos cada uno por su parte, y me dejaréis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

16:33

Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo.

Joh 16:1 Os he dicho esto para que no os escandalicéis.
Joh 16:2 Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios.
Joh 16:3 Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Joh 16:4 Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. «No os dije esto desde el principio porque estaba yo con vosotros.
Joh 16:5 Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Dónde vas?"
Joh 16:6 Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza.
Joh 16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré:
Joh 16:8 y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio;
Joh 16:9 en lo referente al pecado, porque no creen en mí;
Joh 16:10 en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis;
Joh 16:11 en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado.
Joh 16:12 Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.
Joh 16:13 Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.
Joh 16:14 El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
Joh 16:15 Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
Joh 16:16 «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver.»
Joh 16:17 Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: "Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver" y "Me voy al Padre"?»
Joh 16:18 Y decían: «¿Qué es ese "poco"? No sabemos lo que quiere decir.»
Joh 16:19 Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: "Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?"
Joh 16:20 «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.
Joh 16:21 La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo.
Joh 16:22 También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar.
Joh 16:23 Aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre.
Joh 16:24 Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado.
Joh 16:25 Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre.
Joh 16:26 Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros,
Joh 16:27 pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios.
Joh 16:28 Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre.»
Joh 16:29 Le dicen sus discípulos: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola.
Joh 16:30 Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios.»
Joh 16:31 Jesús les respondió: «¿Ahora creéis?
Joh 16:32 Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Joh 16:33 Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.»

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Capítulo 17

17:1

ESTAS cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora es llegada; glorifica á tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique á ti;

17:2

Como le has dado la potestad de toda carne, para que dé vida eterna á todos los que le diste.

17:3

Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado.

17:4

Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese.

17:5

Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese.

17:6

He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra.

17:7

Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, son de ti;

17:8

Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

17:9

Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son:

17:10

Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he sido glorificado en ellas.

17:11

Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo á ti vengo. Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como también nosotros.

17:12

Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; á los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición; para que la Escritura se cumpliese.

17:13

Mas ahora vengo á ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.

17:14

Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

17:15

No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

17:16

No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

17:17

Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad.

17:18

Como tú me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo.

17:19

Y por ellos yo me santifico á mí mismo, para que también ellos sean santificados en verdad.

17:20

Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.

17:21

Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste.

17:22

Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa.

17:23

Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también á mí me has amado.

17:24

Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde antes de la constitución del mundo.

17:25

Padre justo, el mundo no te ha conocido, mas yo te he conocido; y éstos han conocido que tú me enviaste;

17:26

Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestaré lo aún; para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

Joh 17:1 Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.
Joh 17:2 Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado.
Joh 17:3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.
Joh 17:4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
Joh 17:5 Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.
Joh 17:6 He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra.
Joh 17:7 Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti;
Joh 17:8 porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.
Joh 17:9 Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos;
Joh 17:10 y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos.
Joh 17:11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.
Joh 17:12 Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
Joh 17:13 Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada.
Joh 17:14 Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo.
Joh 17:15 No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno.
Joh 17:16 Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo.
Joh 17:17 Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad.
Joh 17:18 Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.
Joh 17:19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.
Joh 17:20 No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí,
Joh 17:21 para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Joh 17:22 Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno:
Joh 17:23 yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Joh 17:24 Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo.
Joh 17:25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado.
Joh 17:26 Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.»

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Capítulo 18

18:1

COMO Jesús hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el arroyo de Cedrón, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesús y sus discípulos.

 cm fiesta 18,1-19,42cm2 dom. 18,1-19,43 -

18:2

Y también Judas, el que le entregaba, sabía aquel lugar; porque muchas veces Jesús se juntaba allí con sus discípulos.

18:3

Judas pues tomando una compañía, y ministros de los pontífices y de los Fariseos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas.

18:4

Empero Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de venir sobre Él, salió delante, y díjoles: ¿A quién buscáis?

18:5

Respondiéronle: A Jesús Nazareno. Díceles Jesús; Yo soy (Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.)

18:6

Y como les dijo, Yo soy, volvieron atrás, y cayeron en tierra.

18:7

Volvióles, pues, á preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno.

18:8

Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy: pues si á mi buscáis, dejad ir á éstos.

18:9

Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me diste, ninguno de ellos perdí.

18:10

Entonces Simón Pedro, que tenía espada, sacóla, é hirió al siervo del pontífice, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.

18:11

Jesús entonces dijo á Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?

18:12

Entonces la compañía y el tribuno, y los ministros de los Judíos, prendieron á Jesús y le ataron,

18:13

Y lleváronle primeramente á Anás; porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice de aquel año.

18:14

Y era Caifás el que había dado el consejo á los Judíos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo.

18:15

Y seguía á Jesús Simón Pedro, y otro discípulo. Y aquel discípulo era conocido del pontífice, y entró con Jesús al atrio del pontífice;

18:16

Mas Pedro estaba fuera á la puerta. Y salió aquel discípulo que era conocido del pontífice, y habló á la portera, y metió dentro á Pedro.

18:17

Entonces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dice Él: No soy.

18:18

Y estaban en pie los siervos y los ministros que habían allegado las ascuas; porque hacía frío, y calentábanse: y estaba también con ellos Pedro en pie, calentándose.

18:19

Y el pontífice preguntó á Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.

18:20

Jesús le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los Judíos, y nada he hablado en oculto.

18:21

¿Qué me preguntas á mí? Pregunta á los que han oído, qué les haya yo hablado: he aquí, ésos saben lo que yo he dicho.

18:22

Y como Él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí, dió una bofetada á Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice?

18:23

Respondióle Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien, ¿por qué me hieres?

18:24

Y Anás le había enviado atado á Caifás pontífice.

18:25

Estaba pues Pedro en pie calentándose. Y dijéronle: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No soy.

18:26

Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquél á quien Pedro había cortado la oreja, le dice: ¿No te vi yo en el huerto con Él?

18:27

Y negó Pedro otra vez: y luego el gallo cantó.

18:28

Y llevaron á Jesús de Caifás al pretorio: y era por la mañana: y ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la pascua.

18:29

Entonces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?

18:30

Respondieron y dijéronle: Si éste no fuera malhechor, no te le habríamos entregado.

18:31

Díceles entonces Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie:

18:32

Para que se cumpliese el dicho de Jesús, que había dicho, dando á entender de qué muerte había de morir.

18:33

Así que, Pilato volvió á entrar en el pretorio, y llamó á Jesús, y díjole: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?

 cm dom. 18,33-37 -

18:34

Respondióle Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, ó te lo han dicho otros de mí?

18:35

Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu gente, y los pontífices, te han entregado á mí: ¿qué has hecho?

18:36

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado á los Judíos: ahora, pues, mi reino no es de aquí.

18:37

Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tu? Respondió Jesús: Tu dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio á la verdad. Todo aquél que es de la verdad, oye mi voz.

18:38

Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, salió otra vez á los Judíos, y díceles: Yo no hallo en Él ningún crimen.

18:39

Empero vosotros tenéis costumbre, que os suelte uno en la Pascua: ¿queréis, pues, que os suelte al Rey de los Judíos?

18:40

Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á éste, sino á Barrabás. Y Barrabás era ladrón.

Joh 18:1 Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos.
Joh 18:2 Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos.
Joh 18:3 Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas.
Joh 18:4 Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?»
Joh 18:5 Le contestaron: «A Jesús el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos.
Joh 18:6 Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra.
Joh 18:7 Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno».
Joh 18:8 Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.»
Joh 18:9 Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.»
Joh 18:10 Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco.
Joh 18:11 Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?»
Joh 18:12 Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron
Joh 18:13 y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suero de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año.
Joh 18:14 Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo.
Joh 18:15 Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote,
Joh 18:16 mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro.
Joh 18:17 La muchacha portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?» Dice él: «No lo soy.»
Joh 18:18 Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose.
Joh 18:19 El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina.
Joh 18:20 Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas.
Joh 18:21 ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho.»
Joh 18:22 Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote?»
Joh 18:23 Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?»
Joh 18:24 Anás entonces le envió atado al Sumo Sacerdote Caifás.
Joh 18:25 Estaba allí Simón Pedro calentándose y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?» El lo negó diciendo: «No lo soy.»
Joh 18:26 Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: «¿No te vi yo en el huerto con él?»
Joh 18:27 Pedro volvió a negar, y al instante cantó un gallo.
Joh 18:28 De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua.
Joh 18:29 Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre?»
Joh 18:30 Ellos le respondieron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado.»
Joh 18:31 Pilato replicó: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley.» Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie.»
Joh 18:32 Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir.
Joh 18:33 Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»
Joh 18:34 Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?»
Joh 18:35 Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
Joh 18:36 Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.»
Joh 18:37 Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para est he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»
Joh 18:38 Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él.
Joh 18:39 Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?»
Joh 18:40 Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ése, no; a Barrabás!» Barrabás era un salteador.

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Capítulo 19

19:1

ASÍ que, entonces tomó Pilato á Jesús, y le azotó.

19:2

Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéronla sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana;

19:3

Y decían: ¡Salve, Rey de los Judíos! y dábanle de bofetadas.

19:4

Entonces Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: He aquí, os le traigo fuera, para que entendáis que ningún crimen hallo en Él.

19:5

Y salió Jesús fuera, llevando la corona de espinas y la ropa de grana. Y díceles Pilato: He aquí el hombre.

19:6

Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en Él crimen.

19:7

Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios.

19:8

Y como Pilato oyó esta palabra, tuvo más miedo.

19:9

Y entró otra vez en el pretorio, y dijo á Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dió respuesta.

19:10

Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?

19:11

Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dado de arriba: por tanto, el que á ti me ha entregado, mayor pecado tiene.

19:12

Desde entonces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si á éste sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, á César contradice.

19:13

Entonces Pilato, oyendo este dicho, llevó fuera á Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en hebreo Gabbatha.

19:14

Y era la víspera de la Pascua, y como la hora de sexta. Entonces dijo á los Judíos: He aquí vuestro Rey.

19:15

Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey sino á César.

19:16

Así que entonces lo entregó á ellos para que fuese crucificado. Y tomaron á Jesús, y le llevaron.

19:17

Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en hebreo, Gólgotha;

19:18

Donde le crucificaron, y con Él otros dos, uno á cada lado, y Jesús en medio.

19:19

Y escribió también Pilato un título, que puso encima de la cruz. Y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS.

19:20

Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba crucificado Jesús era cerca de la ciudad: y estaba escrito en hebreo, en griego, y en latín.

19:21

Y decían á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas, Rey de los Judíos: sino, que Él dijo: Rey soy de los Judíos.

19:22

Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

19:23

Y como los soldados hubieron crucificado á Jesús, tomaron sus vestidos, é hicieron cuatro partes (para cada soldado una parte); y la túnica; mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba.

19:24

Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quién será; para que se cumpliese la Escritura, que dice: Partieron para sí mis vestidos, Y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados hicieron esto.

19:25

Y estaban junto á la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.

19:26

Y como vió Jesús á la madre, y al discípulo que Él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, he ahí tu hijo.

19:27

Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo.

19:28

Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.

19:29

Y estaba allí un vaso lleno de vinagre: entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y rodeada á un hisopo, se la llegaron á la boca.

19:30

Y como Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, dió el espíritu.

19:31

Entonces los Judíos, por cuanto era la víspera de la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, pues era el gran día del sábado, rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados.

19:32

Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con Él.

19:33

Mas cuando vinieron á Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas:

19:34

Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua.

19:35

Y el que lo vió, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y Él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.

19:36

Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantaréis de Él.

19:37

Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

19:38

Después de estas cosas, José de Arimatea, el cual era discípulo de Jesús, mas secreto por miedo de los Judíos, rogó á Pilato que pudiera quitar el cuerpo de Jesús: y permitióselo Pilato. Entonces vino, y quitó el cuerpo de Jesús.

19:39

Y vino también Nicodemo, el que antes había venido á Jesús de noche, trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.

19:40

Tomaron pues el cuerpo de Jesús, y envolviéronlo en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar.

19:41

Y en aquel lugar donde había sido crucificado, había un huerto; y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no había sido puesto ninguno.

19:42

Allí, pues, por causa de la víspera de la Pascua de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesús.

Joh 19:1 Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle.
Joh 19:2 Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura;
Joh 19:3 y, acercándose a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos.» Y le daban bofetadas.
Joh 19:4 Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él.»
Joh 19:5 Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre.»
Joh 19:6 Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él.»
Joh 19:7 Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios.»
Joh 19:8 Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más.
Joh 19:9 Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le dio respuesta.
Joh 19:10 Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?»
Joh 19:11 Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.»
Joh 19:12 Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César.»
Joh 19:13 Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá.
Joh 19:14 Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey.»
Joh 19:15 Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César.»
Joh 19:16 Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús,
Joh 19:17 y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota,
Joh 19:18 y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
Joh 19:19 Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos.»
Joh 19:20 Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego.
Joh 19:21 Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: "El Rey de los judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy Rey de los judíos".»
Joh 19:22 Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito.»
Joh 19:23 Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo.
Joh 19:24 Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca.» Para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados.
Joh 19:25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena.
Joh 19:26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Joh 19:27 Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Joh 19:28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.»
Joh 19:29 Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.
Joh 19:30 Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu.
Joh 19:31 Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado - porque aquel sábado era muy solemne - rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.
Joh 19:32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él.
Joh 19:33 Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas,
Joh 19:34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.
Joh 19:35 El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis.
Joh 19:36 Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno.
Joh 19:37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Joh 19:38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo.
Joh 19:39 Fue también Nicodemo - aquel que anteriormente había ido a verle de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras.
Joh 19:40 Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar.
Joh 19:41 En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado.
Joh 19:42 Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

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Capítulo 20

20:1

Y EL primer día de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aún obscuro, al sepulcro; y vió la piedra quitada del sepulcro.

 cm dom. 20,1-9 cm2 dom. 20,1-9cm3 dom. 20,1-12 -

20:2

Entonces corrió, y vino á Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesús, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto.

20:3

Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro.

20:4

Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

20:5

Y bajándose á mirar, vió los lienzos echados; mas no entró.

20:6

Llegó luego Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos echados,

20:7

Y el sudario, que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.

20:8

Y entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro, y vió, y creyó.

20:9

Porque aun no sabían la Escritura, que era necesario que Él resucitase de los muertos.

20:10

Y volvieron los discípulos á los suyos.

20:11

Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro: y estando llorando, bajóse á mirar el sepulcro;

20:12

Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.

20:13

Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado á mi Señor, y no sé dónde le han puesto.

20:14

Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vió á Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.

20:15

Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.

20:16

Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro.

20:17

Dícele Jesús: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas ve á mis hermanos, y diles: Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios.

20:18

Fué María Magdalena dando las nuevas á los discípulos de que había visto al Señor, y que Él le había dicho estas cosas.

20:19

Y como fué tarde aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús, y púsose en medio, y díjoles: Paz á vosotros.

  cm2 dom. 20,19-23cm3 dom. 20,19-23 cm dom. 20,19-31cm2 dom. 20,19-31 –- com. Sab 20, 19-23  - 

20:20

Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los discípulos se gozaron viendo al Señor.

 cm dom. 20,19-31 -

20:21

Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz á vosotros: como me envió el Padre, así también yo os envío.

20:22

Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo:

20:23

A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los retuviereis, serán retenidos.

20:24

Empero Tomás, uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.

20:25

Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

20:26

Y ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Vino Jesús, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: Paz á vosotros.

20:27

Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel.

20:28

Entonces Tomás respondió, y díjole: ¡Señor mío, y Dios mío!

20:29

Dícele Jesús: Porque me has visto, Tomás, creiste: bienaventurados los que no vieron y creyeron.

20:30

Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro.

20:31

Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Joh 20:1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.
Joh 20:2 Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.»
Joh 20:3 Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.
Joh 20:4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
Joh 20:5 Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Joh 20:6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo,
Joh 20:7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte.
Joh 20:8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó,
Joh 20:9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Joh 20:10 Los discípulos, entonces, volvieron a casa.
Joh 20:11 Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro,
Joh 20:12 y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.
Joh 20:13 Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.»
Joh 20:14 Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Joh 20:15 Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.»
Joh 20:16 Jesús le dice: «María.» Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» - que quiere decir: «Maestro» -.
Joh 20:17 Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.»
Joh 20:18 Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.
Joh 20:19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
Joh 20:20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.
Joh 20:21 Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»
Joh 20:22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.
Joh 20:23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Joh 20:24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Joh 20:25 Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.»
Joh 20:26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.»
Joh 20:27 Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.»
Joh 20:28 Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.»
Joh 20:29 Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»
Joh 20:30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro.
Joh 20:31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

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Capítulo 21

21:1

DESPUÉS se manifestó Jesús otra vez á sus discípulos en la mar de Tiberias; y manifestóse de esta manera.

 

21:2

Estaban juntos Simón Pedro, y Tomás, llamado al Dídimo, y Natanael, el que era de Caná de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.

21:3

Díceles Simón: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada.

21:4

Y venida la mañana, Jesús se puso á la ribera: mas los discípulos no entendieron que era Jesús.

21:5

Y díjoles: Mozos, ¿tenéis algo de comer? Respondiéronle: No.

21:6

Y Él les dice: Echad la red á la mano derecha del barco, y hallaréis. Entonces la echaron, y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces.

21:7

Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo á Pedro: El Señor es. Y Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar.

21:8

Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos de tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces.

21:9

Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.

21:10

Díceles Jesús; Traed de los peces que cogisteis ahora.

21:11

Subió Simón Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió.

21:12

Díceles Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos osaba preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.

21:13

Viene pues Jesús, y toma el pan, y les da; y asimismo del pez.

21:14

Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestó á sus discípulos, habiendo resucitado de los muertos.

21:15

Y cuando hubieron comido, Jesús dijo á Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Dícele; Sí Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos.

21:16

Vuélvele á decir la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas.

21:17

Dícele la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y dícele: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo. Dícele Jesús: Apacienta mis ovejas.

21:18

De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará á donde no quieras.

21:19

Y esto dijo, dando á entender con qué muerte había de glorificar á Dios. Y dicho esto, dícele: Sígueme.

21:20

Volviéndose Pedro, ve á aquel discípulo al cual amaba Jesús, que seguía, el que también se había recostado á su pecho en la cena, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?

21:21

Así que Pedro vió á éste, dice á Jesús: Señor, ¿y éste, qué?

21:22

Dícele Jesús: Si quiero que Él quede hasta que yo venga, ¿qué á ti? Sígueme tú.

21:23

Salió entonces este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no había de morir. Mas Jesús no le dijo, No morirá; sino: Si quiero que Él quede hasta que yo venga ¿qué á ti?

21:24

Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero.

21:25

Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.

Joh 21:1 Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera.
Joh 21:2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
Joh 21:3 Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Joh 21:4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Joh 21:5 Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.»
Joh 21:6 El les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
Joh 21:7 El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar.
Joh 21:8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
Joh 21:9 Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.
Joh 21:10 Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.»
Joh 21:11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
Joh 21:12 Jesús les dice: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor.
Joh 21:13 Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.
Joh 21:14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Joh 21:15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.»
Joh 21:16 Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.»
Joh 21:17 Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.
Joh 21:18 «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.»
Joh 21:19 Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
Joh 21:20 Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Joh 21:21 Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?»
Joh 21:22 Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.»
Joh 21:23 Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: « No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga.»
Joh 21:24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Joh 21:25 Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

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