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Capítulo 1
LIBRO de la
generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
Abraham engendró á Isaac: é Isaac engendró á Jacob: y
Jacob engendró á Judas y á sus hermanos:
Y Judas engendró de Thamar á Phares y á Zara: y Phares
engendró á Esrom: y Esrom engendró á Aram:
Y Aram engendró á Aminadab: y Aminadab engendró á
Naassón: y Naassón engendró á Salmón:
Y Salmón engendró de Rachâb á Booz, y Booz engendró de
Ruth á Obed y Obed engendró á Jessé:
Y Jessé
engendró al rey David: y el rey David engendró á Salomón de la que fué mujer de
Urías:
Y Salomón
engendró á Roboam: y Roboam engendró á Abía: y Abía engendró á Asa:
Y Asa
engendró á Josaphat: y Josaphat engendró á Joram: y Joram engendró á Ozías:
Y Ozías
engendró á Joatam: y Joatam engendró á Achâz: y Achâz engendró á Ezechîas:
Y Ezechîas
engendró á Manasés: y Manasés engendró á Amón: y Amón engendró á Josías:
Y Josías
engendró á Jechônías y á sus hermanos, en la transmigración de Babilonia.
Y después de
la transmigración de Babilonia, Jechônías engendró á Salathiel: y Salathiel
engendró á Zorobabel:
Y Zorobabel
engendró á Abiud: y Abiud engendró á Eliachîm: y Eliachîm engendró á Azor:
Y Azor
engendró á Sadoc: y Sadoc engendró á Achîm: y Achîm engendró á Eliud:
Y Eliud
engendró á Eleazar: y Eleazar engendró á Mathán: y Mathán engendró á Jacob:
Y Jacob
engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el
Cristo.
De manera que
todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones: y
desde David hasta la transmigración de Babilonia, catorce generaciones: y desde
la transmigración de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
Y el
nacimiento de Jesucristo fué así: Que siendo María su madre desposada con José,
antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo.
Y José su
marido, como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente.
Y pensando Él
en esto, he aquí el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo
de David, no temas de recibir á María tu mujer, porque lo que en ella es
engendrado, del Espíritu Santo es.
Y parirá un
hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque Él salvará á su pueblo de sus pecados.
Todo esto
aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor, por el profeta
que dijo:
He aquí la
virgen concebirá y parirá un hijo, Y llamarás su nombre Emmanuel, que
declarado, es: Con nosotros Dios.
Y despertando
José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió á su
mujer.
Y no la
conoció hasta que parió á su hijo primogénito: y llamó su nombre JESUS.
Capítulo 2
Y COMO fué
nacido Jesús en Bethlehem de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos
vinieron del oriente á Jerusalem,
Diciendo:
¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto
en el oriente, y venimos á adorarle.
Y oyendo esto
el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con Él.
Y convocados
todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó
dónde había de nacer el Cristo.
Y ellos le
dijeron: En Bethlehem de Judea; porque así está escrito por el profeta:
Y tú,
Bethlehem, de tierra de Judá, No eres muy pequeña entre los príncipes de Judá;
Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará á mi pueblo Israel.
Entonces
Herodes, llamando en secreto á los magos, entendió de ellos diligentemente el
tiempo del aparecimiento de la estrella;
Y enviándolos
á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia por el niño; y
después que le hallareis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
Y ellos,
habiendo oído al rey, se fueron: y he aquí la estrella que habían visto en el
oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba
el niño.
Y vista la
estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
Y entrando en
la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y
abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso y mirra.
Y siendo
avisados por revelación en sueños que no volviesen á Herodes, se volvieron á su
tierra por otro camino.
Y partidos
ellos, he aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José, diciendo:
Levántate, y toma al niño y á su madre, y huye á Egipto, y estáte allá hasta
que yo te lo diga; porque ha de acontecer, que Herodes buscará al niño para
matarlo.
Y Él
despertando, tomó al niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto;
Y estuvo allá
hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el
Señor, por el profeta que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo.
Herodes
entonces, como se vió burlado de los magos, se enojó mucho, y envió, y mató á
todos los niños que había en Bethlehem y en todos sus términos, de edad de dos
años abajo, conforme al tiempo que había entendido de los magos.
Entonces fué
cumplido lo que se había dicho por el profeta Jeremías, que dijo:
Voz fué oída
en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido: Rachêl que llora sus hijos, Y no
quiso ser consolada, porque perecieron.
Mas muerto
Herodes, he aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José en Egipto,
Diciendo:
Levántate, y toma al niño y á su madre, y vete á tierra de Israel; que muertos
son los que procuraban la muerte del niño.
Entonces Él
se levantó, y tomó al niño y á su madre, y se vino á tierra de Israel.
Y oyendo que
Archelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, temió ir allá: mas
amonestado por revelación en sueños, se fué á las partes de Galilea.
Y vino, y
habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fué
dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno.
Capítulo 3
Y EN aquellos
días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,
Y diciendo:
Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.
Porque éste
es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz de uno que
clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Enderezad sus veredas.
Y tenía Juan
su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y
su comida era langostas y miel silvestre.
Entonces
salía á Él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del
Jordán;
Y eran
bautizados de Él en el Jordán, confesando sus pecados.
Y viendo Él
muchos de los Fariseos y de los Saduceos, que venían á su bautismo, decíales:
Generación de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de la ira que vendrá?
Haced pues
frutos dignos de arrepentimiento,
Y no penséis
decir dentro de vosotros: á Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que
puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras.
Ahora, ya
también la segur está puesta á la raíz de los árboles; y todo árbol que no hace
buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
Yo á la
verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, más
poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; Él os
bautizará en Espíritu Santo y en fuego
Su aventador
en su mano está, y aventará su era: y allegará su trigo en el alfolí, y quemará
la paja en fuego que nunca se apagará.
Entonces
Jesús vino de Galilea á Juan al Jordán, para ser bautizado de Él.
Mas Juan lo
resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes á
mí?
Empero
respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia.
Entonces le dejó.
Y Jesús,
después que fué bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron
abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre
Él.
Y he aquí una
voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo
contentamiento.
Capítulo 4
ENTONCES
Jesús fué llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo.
Y habiendo
ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre.
Y llegándose
á Él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan
pan.
Mas Él
respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el hombre, mas con
toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el
diablo le pasa á la santa ciudad, y le pone sobre las almenas del templo,
Y le dice: Si
eres Hijo de Dios, échate abajo; que escrito está: A sus ángeles mandará por
ti, Y te alzarán en las manos, Para que nunca tropieces con tu pie en piedra.
Jesús le
dijo: Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios.
Otra vez le
pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y
su gloria,
Y dícele:
Todo esto te daré, si postrado me adorares.
Entonces
Jesús le dice: Vete, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y á
Él solo servirás.
El diablo
entonces le dejó: y he aquí los ángeles llegaron y le servían.
Mas oyendo Jesús que Juan era preso, se volvió á
Galilea;
Y dejando á
Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en los confines de
Zabulón y de Nephtalim:
Para que se
cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:
La tierra de
Zabulón, y la tierra de Nephtalim, Camino de la mar, de la otra parte del
Jordán, Galilea de los Gentiles;
El pueblo
asentado en tinieblas, Vió gran luz; Y á los sentados en región y sombra de
muerte, Luz les esclareció.
Desde
entonces comenzó Jesús á predicar, y á decir: Arrepentíos, que el reino de los
cielos se ha acercado.
Y andando
Jesús junto á la mar de Galilea, vió á dos hermanos, Simón, que es llamado
Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran
pescadores.
Y díceles:
Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
Ellos
entonces, dejando luego las redes, le siguieron.
Y pasando de
allí vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en el
barco con Zebedeo, su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.
Y ellos,
dejando luego el barco y á su padre, le siguieron.
Y rodeó Jesús
toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio
del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Y corría su
fama por toda la Siria; y le trajeron todos los que tenían mal: los tomados de
diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y lunáticos, y
paralíticos, y los sanó.
Y le
siguieron muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalem y de Judea y
de la otra parte del Jordán.
Capítulo 5
Y VIENDO las
gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á Él sus discípulos.
Y abriendo su
boca, les enseñaba, diciendo:
Bienaventurados
los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados
los que lloran: porque ellos recibirán consolación.
com Cantalamessa -
Bienaventurados
los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.
com Cantalamessa
Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.
com Cantalamessa
Bienaventurados
los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.
com Cantalamessa
Bienaventurados
los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios.
com Cantalamessa
Bienaventurados
los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados
los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el
reino de los cielos.
Bienaventurados
sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal
por mi causa, mintiendo.
Gozaos y
alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron á
los profetas que fueron antes de vosotros.
Vosotros sois
la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale
más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.
Vosotros sois
la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
Ni se
enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y
alumbra á todos los que están en casa.
Así alumbre
vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y
glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.
No penséis
que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar,
sino á cumplir.
Porque de
cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un
tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.
De manera que
cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así
enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas
cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los
cielos.
Porque os
digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los
Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Oísteis que
fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado
del juicio.
Mas yo os
digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del
juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y
cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego.
Por tanto, si
trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo
contra ti,
Deja allí tu
presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y
entonces ven y ofrece tu presente.
Concíliate
con tu adversario presto, entre tanto que estás con Él en el camino; porque no
acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al
alguacil, y seas echado en prisión.
De cierto te
digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
Oísteis que
fué dicho: No adulterarás:
Mas yo os digo,
que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su
corazón.
Por tanto, si
tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te
es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al
infierno.
Y si tu mano
derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que
se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al
infierno.
También fué
dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, déle carta de divorcio:
Mas yo os
digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de fornicación, hace que
ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.
Además habéis
oído que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus
juramentos.
Mas yo os
digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios;
Ni por la
tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad
del gran Rey.
Ni por tu
cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.
Mas sea
vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
Oísteis que
fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente.
Mas yo os
digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla
diestra, vuélvele también la otra;
Y al que
quisiere ponerte á pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa;
Y á
cualquiera que te cargare por una milla, ve con Él dos.
Al que te
pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehuses.
Oísteis que
fué dicho: Amarás á tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo.
Mas yo os
digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á
los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
Para que
seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga
sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.
Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa
tendréis? ¿no hacen también lo mismo los
publicanos?
Y si abrazareis
á vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los
Gentiles?
Sed, pues,
vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Capítulo 6
MIRAD que no
hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos: de
otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los cielos.
-
Cuando pues
haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas
en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto
os digo, que ya tienen su recompensa.
Mas cuando tú
haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha;
Para que sea
tu limosna en secreto: y tu Padre que ve en secreto, Él te recompensará en
público.
Y cuando
oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas,
y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de
cierto os digo, que ya tienen su pago.
Mas tú,
cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está
en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.
Y orando, no
seáis prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos.
No os hagáis,
pues, semejantes á ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis
necesidad, antes que vosotros le pidáis.
Vosotros
pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
nombre.
Venga tu
reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
Danos hoy
nuestro pan cotidiano.
Y perdónanos
nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á nuestros deudores.
Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder,
y la gloria, por todos los siglos. Amén.
Porque si
perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará también á vosotros vuestro
Padre celestial.
Mas si no
perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará
vuestras ofensas.
Y cuando
ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus
rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen
su pago.
Mas tú,
cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro;
Para no
parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto: y tu
Padre que ve en secreto, te recompensará en público.
No os hagáis
tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladronas
minan y hurtan;
Mas haceos
tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no
minan ni hurtan:
Porque donde
estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.
La lámpara
del cuerpo es el ojo: así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será
luminoso:
Mas si tu ojo
fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que, si la lumbre que en ti hay
son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas?
Ninguno puede
servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará
al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón.
Por tanto os
digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, ó que habéis de
beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir: ¿no es la vida más que el
alimento, y el cuerpo que el vestido?
Mirad las
aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro
Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?.
Mas ¿quién de
vosotros podrá, congojándose, añadir á su estatura un codo?
Y por el
vestido ¿por qué os congojáis? Reparad los lirios del campo, cómo crecen; no
trabajan ni hilan;
Mas os digo,
que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos.
Y si la
hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así,
¿no hará mucho más á vosotros, hombres de poca fe?
No os
congojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, ó qué beberemos, ó con qué nos
cubriremos?
Porque los
Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de
todas estas cosas habéis menester.
Mas buscad
primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas.
Así que, no
os congojéis por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga: basta
al día su afán.
Capítulo 7
NO juzguéis,
para que no seáis juzgados.
Porque con el
juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os
volverán á medir.
Y ¿por qué
miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que
está en tu ojo?
O ¿cómo dirás
á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota, y he aquí la viga en tu ojo?
¡Hipócrita!
echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás en echar la mota del ojo de
tu hermano.
No deis lo
santo á los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no
las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen.
Pedid, y se
os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
Porque
cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá.
¿Qué hombre
hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?
¿Y si le
pidiere un pez, le dará una serpiente?
Pues si
vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más
vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden?
Así que,
todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así
también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas.
Entrad por la
puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á
perdición, y muchos son los que entran por ella.
com 7, 13-14 -
Porque
estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los
que la hallan.
Y guardaos de
los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de
dentro son lobos rapaces.
Por sus
frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos?
Así, todo
buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos.
No puede el
buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos.
Todo árbol
que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego.
Así que, por
sus frutos los conoceréis.
No todo el
que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que
hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Muchos me dirán
en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros?
Y entonces
les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.
Cualquiera,
pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente,
que edificó su casa sobre la peña;
Y descendió
lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no
cayó: porque estaba fundada sobre la peña.
Y cualquiera
que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé á un hombre insensato,
que edificó su casa sobre la arena;
Y descendió
lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, é hicieron ímpetu en aquella casa;
y cayó, y fué grande su ruina.
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