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La versión Biblia de Jerusalén 

Al final de cada capítulo encontrará el mismo pasaje
en la versión de la Biblia de Jerusalén

 

Capítulo 1

1:1

LIBRO de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.

 cm dom. 1,1-25cm2 dom. 1,1-25 -

1:2

Abraham engendró á Isaac: é Isaac engendró á Jacob: y Jacob engendró á Judas y á sus hermanos:

1:3

Y Judas engendró de Thamar á Phares y á Zara: y Phares engendró á Esrom: y Esrom engendró á Aram:

1:4

Y Aram engendró á Aminadab: y Aminadab engendró á Naassón: y Naassón engendró á Salmón:

1:5

Y Salmón engendró de Rachâb á Booz, y Booz engendró de Ruth á Obed y Obed engendró á Jessé:

1:6

Y Jessé engendró al rey David: y el rey David engendró á Salomón de la que fué mujer de Urías:

1:7

Y Salomón engendró á Roboam: y Roboam engendró á Abía: y Abía engendró á Asa:

1:8

Y Asa engendró á Josaphat: y Josaphat engendró á Joram: y Joram engendró á Ozías:

1:9

Y Ozías engendró á Joatam: y Joatam engendró á Achâz: y Achâz engendró á Ezechîas:

1:10

Y Ezechîas engendró á Manasés: y Manasés engendró á Amón: y Amón engendró á Josías:

1:11

Y Josías engendró á Jechônías y á sus hermanos, en la transmigración de Babilonia.

1:12

Y después de la transmigración de Babilonia, Jechônías engendró á Salathiel: y Salathiel engendró á Zorobabel:

1:13

Y Zorobabel engendró á Abiud: y Abiud engendró á Eliachîm: y Eliachîm engendró á Azor:

1:14

Y Azor engendró á Sadoc: y Sadoc engendró á Achîm: y Achîm engendró á Eliud:

1:15

Y Eliud engendró á Eleazar: y Eleazar engendró á Mathán: y Mathán engendró á Jacob:

1:16

Y Jacob engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo.

 cm fiesta 1,16.18-21.24ª -

1:17

De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones: y desde David hasta la transmigración de Babilonia, catorce generaciones: y desde la transmigración de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

1:18

Y el nacimiento de Jesucristo fué así: Que siendo María su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo.

com prueba visible del amor de Dios -

1:19

Y José su marido, como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente.

1:20

Y pensando Él en esto, he aquí el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

1:21

Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque Él salvará á su pueblo de sus pecados.

1:22

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor, por el profeta que dijo:

1:23

He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, Y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios.

1:24

Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió á su mujer.

1:25

Y no la conoció hasta que parió á su hijo primogénito: y llamó su nombre JESUS.

Mat 1:1 Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
Mat 1:2 Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos,
Mat 1:3 Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram,
Mat 1:4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón,
Mat 1:5 Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé,
Mat 1:6 Jesé engendró al rey David. David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón,
Mat 1:7 Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf,
Mat 1:8 Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías,
Mat 1:9 Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías,
Mat 1:10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías,
Mat 1:11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.
Mat 1:12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel,
Mat 1:13 Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor,
Mat 1:14 Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud,
Mat 1:15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob,
Mat 1:16 y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.
Mat 1:17 Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
Mat 1:18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
Mat 1:19 Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.
Mat 1:20 Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
Mat 1:21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»
Mat 1:22 Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta:
Mat 1:23 Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.»
Mat 1:24 Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.
Mat 1:25 Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

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Capítulo 2

2:1

Y COMO fué nacido Jesús en Bethlehem de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del oriente á Jerusalem,

 cm dom. 2,1-12cm2 dom. 2,1-12cm3 dom. 2,1-12 -

2:2

Diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos á adorarle.

2:3

Y oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con Él.

2:4

Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

2:5

Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judea; porque así está escrito por el profeta:

2:6

Y tú, Bethlehem, de tierra de Judá, No eres muy pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará á mi pueblo Israel.

2:7

Entonces Herodes, llamando en secreto á los magos, entendió de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella;

2:8

Y enviándolos á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia por el niño; y después que le hallareis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.

2:9

Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron: y he aquí la estrella que habían visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el niño.

2:10

Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

2:11

Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso y mirra.

2:12

Y siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen á Herodes, se volvieron á su tierra por otro camino.

2:13

Y partidos ellos, he aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José, diciendo: Levántate, y toma al niño y á su madre, y huye á Egipto, y estáte allá hasta que yo te lo diga; porque ha de acontecer, que Herodes buscará al niño para matarlo.

 cm dom. 2,13-15.19-23 -

2:14

Y Él despertando, tomó al niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto;

2:15

Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor, por el profeta que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo.

2:16

Herodes entonces, como se vió burlado de los magos, se enojó mucho, y envió, y mató á todos los niños que había en Bethlehem y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que había entendido de los magos.

com. designios misteriosos de Dios -

2:17

Entonces fué cumplido lo que se había dicho por el profeta Jeremías, que dijo:

2:18

Voz fué oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido: Rachêl que llora sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.

2:19

Mas muerto Herodes, he aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José en Egipto,

2:20

Diciendo: Levántate, y toma al niño y á su madre, y vete á tierra de Israel; que muertos son los que procuraban la muerte del niño.

2:21

Entonces Él se levantó, y tomó al niño y á su madre, y se vino á tierra de Israel.

2:22

Y oyendo que Archelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, temió ir allá: mas amonestado por revelación en sueños, se fué á las partes de Galilea.

2:23

Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fué dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno.

Mat 2:1 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén,
Mat 2:2 diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»
Mat 2:3 En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.
Mat 2:4 Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo.
Mat 2:5 Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:
Mat 2:6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.»
Mat 2:7 Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella.
Mat 2:8 Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.»
Mat 2:9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
Mat 2:10 Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.
Mat 2:11 Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.
Mat 2:12 Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.
Mat 2:13 Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.»
Mat 2:14 El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;
Mat 2:15 y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Mat 2:16 Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.
Mat 2:17 Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías:
Mat 2:18 Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.
Mat 2:19 Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:
Mat 2:20 «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño.»
Mat 2:21 El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.
Mat 2:22 Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea,
Mat 2:23 y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: Será llamado Nazoreo.

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Capítulo 3

3:1

Y EN aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,

3:2

Y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.

3:3

Porque éste es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Enderezad sus veredas.

3:4

Y tenía Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.

3:5

Entonces salía á Él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán;

3:6

Y eran bautizados de Él en el Jordán, confesando sus pecados.

3:7

Y viendo Él muchos de los Fariseos y de los Saduceos, que venían á su bautismo, decíales: Generación de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de la ira que vendrá?

3:8

Haced pues frutos dignos de arrepentimiento,

3:9

Y no penséis decir dentro de vosotros: á Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras.

3:10

Ahora, ya también la segur está puesta á la raíz de los árboles; y todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

3:11

Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; Él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego

3:12

Su aventador en su mano está, y aventará su era: y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

3:13

Entonces Jesús vino de Galilea á Juan al Jordán, para ser bautizado de Él.

 cm dom. 3,13-17 - coms 3,13-17

3:14

Mas Juan lo resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes á mí?

3:15

Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó.

3:16

Y Jesús, después que fué bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre Él.

3:17

Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.

Mat 3:1 Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:
Mat 3:2 «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.»
Mat 3:3 Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.
Mat 3:4 Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre.
Mat 3:5 Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán,
Mat 3:6 y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
Mat 3:7 Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?
Mat 3:8 Dad, pues, fruto digno de conversión,
Mat 3:9 y no creáis que basta con decir en vuestro interior: "Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
Mat 3:10 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
Mat 3:11 Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Mat 3:12 En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»
Mat 3:13 Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él.
Mat 3:14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?»
Mat 3:15 Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó.
Mat 3:16 Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él.
Mat 3:17 Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

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Capítulo 4

4:1

ENTONCES Jesús fué llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo.

com 4,1 paralelismos de las tentaciones - midr Dios prueba a los fuerteshst  Lucha cuaresmal con mi zoológico Satanás es real pero ha sido vencido   

domA 4, 1-11domC 4,1-13

4:2

Y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre.

midr  40 días y noches -

4:3

Y llegándose á Él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan pan.

4:4

Mas Él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios.

 hist la Biblia pan de vida eterna -

4:5

Entonces el diablo le pasa á la santa ciudad, y le pone sobre las almenas del templo,

4:6

Y le dice: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; que escrito está: A sus ángeles mandará por ti, Y te alzarán en las manos, Para que nunca tropieces con tu pie en piedra.

4:7

Jesús le dijo: Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios.

4:8

Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y su gloria,

4:9

Y dícele: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

4:10

Entonces Jesús le dice: Vete, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y á Él solo servirás.

4:11

El diablo entonces le dejó: y he aquí los ángeles llegaron y le servían.

4:12

Mas oyendo Jesús que Juan era preso, se volvió á Galilea;

 cm. dom. 4,12-23 -

4:13

Y dejando á Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Nephtalim:

4:14

Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:

4:15

La tierra de Zabulón, y la tierra de Nephtalim, Camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los Gentiles;

4:16

El pueblo asentado en tinieblas, Vió gran luz; Y á los sentados en región y sombra de muerte, Luz les esclareció.

cm ¿cuál es la tiniebla de muerte? -

4:17

Desde entonces comenzó Jesús á predicar, y á decir: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.

com. el verdadero arrepentimiento -

4:18

Y andando Jesús junto á la mar de Galilea, vió á dos hermanos, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores.

4:19

Y díceles: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

4:20

Ellos entonces, dejando luego las redes, le siguieron.

4:21

Y pasando de allí vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en el barco con Zebedeo, su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.

4:22

Y ellos, dejando luego el barco y á su padre, le siguieron.

4:23

Y rodeó Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

4:24

Y corría su fama por toda la Siria; y le trajeron todos los que tenían mal: los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y lunáticos, y paralíticos, y los sanó.

4:25

Y le siguieron muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalem y de Judea y de la otra parte del Jordán.

Mat 4:1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
Mat 4:2 Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.
Mat 4:3 Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»
Mat 4:4 Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»
Mat 4:5 Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,
Mat 4:6 y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
Mat 4:7 Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.»
Mat 4:8 Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,
Mat 4:9 y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.»
Mat 4:10 Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.»
Mat 4:11 Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.
Mat 4:12 Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea.
Mat 4:13 Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí;
Mat 4:14 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:
Mat 4:15 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!
Mat 4:16 El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.
Mat 4:17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.»
Mat 4:18 Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores,
Mat 4:19 y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.»
Mat 4:20 Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.
Mat 4:21 Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó.
Mat 4:22 Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.
Mat 4:23 Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Mat 4:24 Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó.
Mat 4:25 Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.

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Capítulo 5

5:1

Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á Él sus discípulos.

cm dom. 5,1-12cm fiesta 5,1-12 -

5:2

Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:

5:3

Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.

com todos pueden ser felicescm dom. 5,3-16 -

5:4

Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.
com Cantalamessa -

5:5

Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.
com Cantalamessa

5:6

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.
com Cantalamessa

5:7

Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.
com Cantalamessa

5:8

Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios.
com Cantalamessa

5:9

Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.

com la verdadera paz - com: trabajar por la paz

5:10

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.

5:11

Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.

5:12

Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros.

5:13

Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.

com por vers. 5, 13-16 - ay la mediocridadla máquina para predicar  - midr el ejemplomdr si pierde el sabor - catequesis Toronto -

5:14

Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

Juan XIIII – encender una luzcom tinieblas - catequesis Toronto -

5:15

Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa.

com candelero Iglesia -

5:16

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.

 mdr administrar las cosas no bastacom las tinieblas -

5:17

No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir.

com los tres niveles del cumplimientocm dom. 5,17-37 -

5:18

Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.

5:19

De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

5:20

Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

5:21

Oísteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio.

5:22

Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego.

5:23

Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti,

5:24

Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.

5:25

Concíliate con tu adversario presto, entre tanto que estás con Él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión.

5:26

De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

5:27

Oísteis que fué dicho: No adulterarás:

5:28

Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

5:29

Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

5:30

Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

5:31

También fué dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, déle carta de divorcio:

5:32

Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.

5:33

Además habéis oído que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos.

5:34

Mas yo os digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

5:35

Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.

5:36

Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.

5:37

Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

5:38

Oísteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente.

 cm.dom. 5,38-48 -

5:39

Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra;

com yo no soy el malo de la pelicula -

5:40

Y al que quisiere ponerte á pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa;

5:41

Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con Él dos.

5:42

Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehuses.

5:43

Oísteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo.

5:44

Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

5:45

Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.

5:46

Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publicanos?

5:47

Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los Gentiles?

5:48

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Mat 5:1 Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.
Mat 5:2 Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
Mat 5:3 «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Mat 5:4 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Mat 5:5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Mat 5:6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
Mat 5:7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Mat 5:8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Mat 5:9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Mat 5:10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Mat 5:11 Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Mat 5:12 Alegráos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
Mat 5:13 «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.
Mat 5:14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.
Mat 5:15 Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.
Mat 5:16 Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Mat 5:17 «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Mat 5:18 Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda.
Mat 5:19 Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.
Mat 5:20 «Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.
Mat 5:21 «Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal.
Mat 5:22 Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.
Mat 5:23 Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
Mat 5:24 deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
Mat 5:25 Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
Mat 5:26 Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.
Mat 5:27 «Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio.
Mat 5:28 Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Mat 5:29 Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna.
Mat 5:30 Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.
Mat 5:31 «También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio.
Mat 5:32 Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.
Mat 5:33 «Habéis oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos.
Mat 5:34 Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios,
Mat 5:35 ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey.
Mat 5:36 Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro.
Mat 5:37 Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno.
Mat 5:38 «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Mat 5:39 Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra:
Mat 5:40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;
Mat 5:41 y al que te obligue a andar una milla vete con él dos.
Mat 5:42 A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.
Mat 5:43 «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Mat 5:44 Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,
Mat 5:45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.
Mat 5:46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?
Mat 5:47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?
Mat 5:48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.

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Capítulo 6

6:1

MIRAD que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos: de otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los cielos.

 -

6:2

Cuando pues haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su recompensa.

6:3

Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha;

6:4

Para que sea tu limosna en secreto: y tu Padre que ve en secreto, Él te recompensará en público.

6:5

Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago.

6:6

Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.

com como y donde orar -

6:7

Y orando, no seáis prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos.

6:8

No os hagáis, pues, semejantes á ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

6:9

Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

6:10

Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

6:11

Danos hoy nuestro pan cotidiano.

6:12

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á nuestros deudores.

com más fácil -

6:13

Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

6:14

Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará también á vosotros vuestro Padre celestial.

6:15

Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

6:16

Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago.

6:17

Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro;

6:18

Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.

6:19

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladronas minan y hurtan;

6:20

Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan:

6:21

Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.

6:22

La lámpara del cuerpo es el ojo: así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso:

6:23

Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que, si la lumbre que en ti hay son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas?

6:24

Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón.

 cm dom. 6,24-34 -

6:25

Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, ó que habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir: ¿no es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?

6:26

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?.

6:27

Mas ¿quién de vosotros podrá, congojándose, añadir á su estatura un codo?

6:28

Y por el vestido ¿por qué os congojáis? Reparad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan;

6:29

Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos.

6:30

Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más á vosotros, hombres de poca fe?

6:31

No os congojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, ó qué beberemos, ó con qué nos cubriremos?

6:32

Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habéis menester.

6:33

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

6:34

Así que, no os congojéis por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día su afán.

Mat 6:1 «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
Mat 6:2 Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Mat 6:3 Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;
Mat 6:4 así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Mat 6:5 «Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Mat 6:6 Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Mat 6:7 Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados.
Mat 6:8 No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
Mat 6:9 «Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
Mat 6:10 venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Mat 6:11 Nuestro pan cotidiano dánosle hoy;
Mat 6:12 y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
Mat 6:13 y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Mat 6:14 «Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
Mat 6:15 pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.
Mat 6:16 «Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Mat 6:17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
Mat 6:18 para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Mat 6:19 «No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Mat 6:20 Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Mat 6:21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
Mat 6:22 «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
Mat 6:23 pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Mat 6:24 Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.
Mat 6:25 «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mat 6:26 Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Mat 6:27 Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?
Mat 6:28 Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Mat 6:29 Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Mat 6:30 Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?
Mat 6:31 No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Mat 6:32 Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Mat 6:33 Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Mat 6:34 Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

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Capítulo 7

7:1

NO juzguéis, para que no seáis juzgados.

7:2

Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán á medir.

7:3

Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?

7:4

O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota, y he aquí la viga en tu ojo?

7:5

¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano.

7:6

No deis lo santo á los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen.

7:7

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

7:8

Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá.

7:9

¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?

7:10

¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente?

7:11

Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden?

7:12

Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas.

7:13

Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran por ella.
com 7, 13-14 -

7:14

Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los que la hallan.

7:15

Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.

7:16

Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos?

7:17

Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos.

7:18

No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos.

7:19

Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego.

7:20

Así que, por sus frutos los conoceréis.

7:21

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

 cm dom. 7,21-27 -

7:22

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros?

7:23

Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.

7:24

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña;

7:25

Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña.

7:26

Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé á un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

7:27

Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, é hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fué grande su ruina.

7:28

Y fué que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina;

7:29

Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Mat 7:1 «No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Mat 7:2 Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá.
Mat 7:3 ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo?
Mat 7:4 ¿O cómo vas a decir a tu hermano: "Deja que te saque la brizna del ojo", teniendo la viga en el tuyo?
Mat 7:5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.
Mat 7:6 «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.
Mat 7:7 «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
Mat 7:8 Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al llama, se le abrirá.
Mat 7:9 ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra;
Mat 7:10 o si le pide un pez, le dé una culebra?
Mat 7:11 Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!
Mat 7:12 «Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.
Mat 7:13 «Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella;
Mat 7:14 mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran.
Mat 7:15 «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
Mat 7:16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?
Mat 7:17 Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.
Mat 7:18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos.
Mat 7:19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego.
Mat 7:20 Así que por sus frutos los reconoceréis.
Mat 7:21 «No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.
Mat 7:22 Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"
Mat 7:23 Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!"
Mat 7:24 «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca:
Mat 7:25 cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.
Mat 7:26 Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena:
Mat 7:27 cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»
Mat 7:28 Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina;
Mat 7:29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.

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Capítulo 8

8:1

Y COMO descendió del monte, le seguían muchas gentes.

8:2

Y he aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.

8:3

Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.

8:4

Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas á nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para testimonio á ellos.

8:5

Y entrando Jesús en Capernaum, vino á Él un centurión, rogándole,

8:6

Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado.

8:7

Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.

8:8

Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente di la palabra, y mi mozo sanará.

8:9

Porque también yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.

8:10

Y oyendo Jesús, se maravilló, y dijo á los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fe tanta.

8:11

Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos:

8:12

Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

8:13

Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creiste te sea hecho. Y su mozo fué sano en el mismo momento.

8:14

Y vino Jesús á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en cama, y con fiebre.

8:15

Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía.

8:16

Y como fué ya tarde, trajeron á Él muchos endemoniados: y echó los demonios con la palabra, y sanó á todos los enfermos;

8:17

Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

8:18

Y viendo Jesús muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar á la otra parte del lago.

8:19

Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré á donde quiera que fueres.

8:20

Y Jesús le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza.

8:21

Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dame licencia para que vaya primero, y entierre á mi padre.

8:22

Y Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren á sus muertos.

8:23

Y entrando Él en el barco, sus discípulos le siguieron.

8:24

Y he aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubría de las ondas; mas Él dormía.

8:25

Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos.

8:26

Y Él les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza.

8:27

Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen?

8:28

Y como Él hubo llegado en la otra ribera al país de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podía pasar por aquel camino.

8:29

Y he aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿has venido acá á molestarnos antes de tiempo?

8:30

Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.

8:31

Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir á aquel hato de puercos.

8:32

Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron á aquel hato de puercos: y he aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar, y murieron en las aguas.

8:33

Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.

8:34

Y he aquí, toda la ciudad salió á encontrar á Jesús: Y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos.

Mat 8:1 Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre.
Mat 8:2 En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.»
Mat 8:3 El extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de su lepra.
Mat 8:4 Y Jesús le dice: «Mira, no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.
Mat 8:5 Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó
Mat 8:6 diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.»
Mat 8:7 Dícele Jesús: «Yo iré a curarle.»
Mat 8:8 Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.
Mat 8:9 Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace.»
Mat 8:10 Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande.
Mat 8:11 Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos,
Mat 8:12 mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
Mat 8:13 Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado.
Mat 8:14 Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.
Mat 8:15 Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle.
Mat 8:16 Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos,
Mat 8:17 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.
Mat 8:18 Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla.
Mat 8:19 Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.»
Mat 8:20 Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
Mat 8:21 Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.»
Mat 8:22 Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»
Mat 8:23 Subió a la barca y sus discípulos le siguieron.
Mat 8:24 De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido.
Mat 8:25 Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!»
Mat 8:26 Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza.
Mat 8:27 Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»
Mat 8:28 Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino.
Mat 8:29 Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»
Mat 8:30 Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo.
Mat 8:31 Y le suplicaban los demonios: «Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos.»
Mat 8:32 El les dijo: «Id.» Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas.
Mat 8:33 Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados.
Mat 8:34 Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.

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Capítulo 9

9:1

ENTONCES entrando en el barco, pasó á la otra parte, y vino á su ciudad.

9:2

Y he aquí le trajeron un paralítico, echado en una cama: y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Confía, hijo; tus pecados te son perdonados.

9:3

Y he aquí, algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.

9:4

Y viendo Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

9:5

Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, y anda?

9:6

Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete á tu casa.

9:7

Entonces Él se levantó y se fué á su casa.

9:8

Y las gentes, viéndolo, se maravillaron, y glorificaron á Dios, que había dado tal potestad á los hombres.

9:9

Y pasando Jesús de allí, vió á un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.

  cm vocación - cm dom. 9,9-13 -

9:10

Y aconteció que estando Él sentado á la mesa en casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente á la mesa con Jesús y sus discípulos.

9:11

Y viendo esto los Fariseos, dijeron á sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?

9:12

Y oyéndolo Jesús, le dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.

9:13

Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: porque no he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.

9:14

Entonces los discípulos de Juan vienen á Él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los Fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?

9:15

Y Jesús les dijo: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? mas vendrán días cuando el esposo será quitado de ellos, y entonces ayunarán.

9:16

Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.

9:17

Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente.

9:18

Hablando Él estas cosas á ellos, he aquí vino un principal, y le adoraba, diciendo: Mi hija es muerta poco ha: mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.

9:19

Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos.

9:20

Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre doce años había, llegándose por detrás, tocó la franja de su vestido:

9:21

Porque decía entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré salva.

9:22

Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Confía, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer fué salva desde aquella hora.

9:23

Y llegado Jesús á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y la gente que hacía bullicio,

9:24

Díceles: Apartaos, que la muchacha no es muerta, mas duerme. Y se burlaban de Él.

9:25

Y como la gente fué echada fuera, entró, y tomóla de la mano, y se levantó la muchacha.

9:26

Y salió esta fama por toda aquella tierra.

9:27

Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.

9:28

Y llegado á la casa, vinieron á Él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor.

9:29

Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fe os sea hecho.

9:30

Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.

9:31

Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra.

9:32

Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.

9:33

Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel.

9:34

Mas los Fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.

9:35

Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo.

9:36

Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor.

 cm dom. 9,36-10,8 -

9:37

Entonces dice á sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.

9:38

Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros á su mies.

Mat 9:1 Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad.
Mat 9:2 En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»
Mat 9:3 Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando.»
Mat 9:4 Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir:
Mat 9:5 "Levántate y anda"?
Mat 9:6 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice entonces al paralítico -: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".»
Mat 9:7 El se levantó y se fue a su casa.
Mat 9:8 Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
Mat 9:9 Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.
Mat 9:10 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos.
Mat 9:11 Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?»
Mat 9:12 Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal.
Mat 9:13 Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
Mat 9:14 Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?»
Mat 9:15 Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.
Mat 9:16 Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor.
Mat 9:17 Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»
Mat 9:18 Así les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá.»
Mat 9:19 Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos.
Mat 9:20 En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto.
Mat 9:21 Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré.»
Mat 9:22 Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado.» Y se salvó la mujer desde aquel momento.
Mat 9:23 Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando,
Mat 9:24 decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él.
Mat 9:25 Mas, echada fuera la gente, entró él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó.
Mat 9:26 Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.
Mat 9:27 Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»
Mat 9:28 Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»
Mat 9:29 Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.»
Mat 9:30 Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!»
Mat 9:31 Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.
Mat 9:32 Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado.
Mat 9:33 Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel.»
Mat 9:34 Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.»
Mat 9:35 Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia.
Mat 9:36 Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.
Mat 9:37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos.
Mat 9:38 Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»

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Capítulo 10

10:1

ENTONCES llamando á sus doce discípulos, les dió potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y toda dolencia.

10:2

Y los nombres de los doce apóstoles son estos: el primero, Simón, que es dicho Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;

10:3

Felipe, y Bartolomé; Tomás, y Mateo el publicano; Jacobo hijo de Alfeo, y Lebeo, por sobrenombre Tadeo;

10:4

Simón el Cananita y Judas Iscariote, que también le entregó.

10:5

á estos doce envió Jesús, á los cuales dió mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis;

10:6

Mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de Israel.

10:7

Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.

10:8

Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia.

10:9

No aprestéis oro, ni plata, ni cobre en vuestras bolsas;

 

10:10

Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordón; porque el obrero digno es de su alimento.

10:11

Mas en cualquier ciudad, ó aldea donde entrareis, investigad quién sea en ella digno, y reposad allí hasta que salgáis.

10:12

Y entrando en la casa, saludadla.

10:13

Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá á vosotros.

10:14

Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.

10:15

De cierto os digo, que el castigo será más tolerable á la tierra de los de Sodoma y de los de Gomorra en el día del juicio, que á aquella ciudad.

10:16

He aquí, yo os envío como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

10:17

Y guardaos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus sinagogas os azotarán;

10:18

Y aun á príncipes y á reyes seréis llevados por causa de mí, por testimonio á ellos y á los Gentiles.

10:19

Mas cuando os entregaren, no os apuréis por cómo ó qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado qué habéis de hablar.

10:20

Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

10:21

Y el hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.

10:22

Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre; mas el que soportare hasta el fin, éste será salvo.

10:23

Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de cierto os digo, que no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre.

10:24

El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.

10:25

Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto más á los de su casa?

10:26

Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.

 cm dom. 10,26-33 -

10:27

Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído predicadlo desde los terrados.

10:28

Y no temáis á los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

10:29

¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre.

10:30

Pues aun vuestros cabellos están todos contados.

10:31

Así que, no temáis: más valéis vosotros que muchos pajarillos.

10:32

Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos.

10:33

Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos.

10:34

No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada.

10:35

Porque he venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra.

10:36

Y los enemigos del hombre serán los de su casa.

10:37

El que ama padre ó madre más que á mí, no es digno de mí; y el que ama hijo ó hija más que á mí, no es digno de mí.

 cm dom. 10,37-47 -

10:38

Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí.

10:39

El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.

10:40

El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió.

10:41

El que recibe profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibirá; y el que recibe justo en nombre de justo, merced de justo recibirá.

10:42

Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su recompensa.

Mat 10:1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
Mat 10:2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;
Mat 10:3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo;
Mat 10:4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó.
Mat 10:5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;
Mat 10:6 dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Mat 10:7 Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.
Mat 10:8 Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.
Mat 10:9 No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas;
Mat 10:10 ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.
Mat 10:11 «En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis.
Mat 10:12 Al entrar en la casa, saludadla.
Mat 10:13 Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros.
Mat 10:14 Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies.
Mat 10:15 Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.
Mat 10:16 «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas.
Mat 10:17 Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas;
Mat 10:18 y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Mat 10:19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento.
Mat 10:20 Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.
Mat 10:21 «Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán.
Mat 10:22 Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
Mat 10:23 «Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre.
Mat 10:24 «No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo.
Mat 10:25 Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!
Mat 10:26 «No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse.
Mat 10:27 Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados.
Mat 10:28 «Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.
Mat 10:29 ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre.
Mat 10:30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
Mat 10:31 No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.
Mat 10:32 «Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos;
Mat 10:33 pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
Mat 10:34 «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.
Mat 10:35 Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra;
Mat 10:36 y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.
Mat 10:37 «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
Mat 10:38 El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí.
Mat 10:39 El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
Mat 10:40 «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado.
Mat 10:41 «Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá.
Mat 10:42 «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.»

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Capítulo 11

11:1

Y FUE, que acabando Jesús de dar mandamientos á sus doce discípulos, se fué de allí á enseñar y á predicar en las ciudades de ellos.

 cm dom. 11,1-45 -

11:2

Y oyendo Juan en la prisión los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos,

 cm dom. 11,2-11 -

11:3

Diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?

11:4

Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber á Juan las cosas que oís y veis:

11:5

Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los sordos oyen; los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciado el evangelio.

11:6

Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.

11:7

E idos ellos, comenzó Jesús á decir de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es meneada del viento?

11:8

Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de delicados vestidos? He aquí, los que traen vestidos delicados, en las casas de los reyes están.

11:9

Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y más que profeta.

11:10

Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, Que aparejará tu camino delante de ti.

11:11

De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista; mas el que es muy más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que Él.

11:12

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.

11:13

Porque todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron.

11:14

Y si queréis recibir, Él es aquel Elías que había de venir.

11:15

El que tiene oídos para oir, oiga.

11:16

Mas ¿á quién compararé esta generación? Es semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros,

11:17

Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis.

11:18

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene.

11:19

Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada por sus hijos.

11:20

Entonces comenzó á reconvenir á las ciudades en las cuales habían sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habían arrepentido, diciendo:

11:21

¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! porque si en Tiro y en Sidón fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo se hubieran arrepentido en saco y en ceniza.

11:22

Por tanto os digo, que á Tiro y á Sidón será más tolerable el castigo en el día del juicio, que á vosotras.

11:23

Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás abajada; porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en ti, hubieran quedado hasta el día de hoy.

11:24

Por tanto os digo, que á la tierra de los de Sodoma será más tolerable el castigo en el día del juicio, que á ti.

11:25

En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado á los niños.

 cm dom. 11,25-30 -

11:26

Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos.

11:27

Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo lo quisiere revelar.

11:28

Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.

11:29

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

11:30

Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Mat 11:1 Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
Mat 11:2 Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle:
Mat 11:3 «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»
Mat 11:4 Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis:
Mat 11:5 los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
Mat 11:6 ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»
Mat 11:7 Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
Mat 11:8 ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes.
Mat 11:9 Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.
Mat 11:10 Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino.
Mat 11:11 «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.
Mat 11:12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.
Mat 11:13 Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron.
Mat 11:14 Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.
Mat 11:15 El que tenga oídos, que oiga.
Mat 11:16 «¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:
Mat 11:17 "Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado."
Mat 11:18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Demonio tiene."
Mat 11:19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»
Mat 11:20 Entonces se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido:
Mat 11:21 «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido.
Mat 11:22 Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras.
Mat 11:23 Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy.
Mat 11:24 Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti.»
Mat 11:25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.
Mat 11:26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
Mat 11:27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Mat 11:28 «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
Mat 11:29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
Mat 11:30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

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Capítulo 12

12:1

EN aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en sábado; y sus discípulos tenían hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer.

12:2

Y viéndolo los Fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer es sábado.

12:3

Y Él les dijo: ¿No habéis leído qué hizo David, teniendo Él hambre y los que con Él estaban:

12:4

Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no le era lícito comer, ni á los que estaban con Él, sino á solos los sacerdotes¿

12:5

O ¿no habéis leído en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes profanan el sábado, y son sin culpa?

12:6

Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.

12:7

Mas si supieseis qué es: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenarías á los inocentes:

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12:8

Porque Señor es del sábado el Hijo del hombre.

12:9

Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos.

12:10

Y he aquí había allí uno que tenía una mano seca: y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle.

12:11

Y Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere ésta en una fosa en sábado, no le eche mano, y la levante?

12:12

Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que, lícito es en los sábados hacer bien.

12:13

Entonces dijo á aquel hombre: Extiende tu mano. Y Él la extendió, y fué restituída sana como la otra.

12:14

Y salidos los Fariseos, consultaron contra Él para destruirle.

12:15

Mas sabiendo lo Jesús, se apartó de allí: y le siguieron muchas gentes, y sanaba á todos.

12:16

Y Él les encargaba eficazmente que no le descubriesen:

12:17

Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dijo:

12:18

He aquí mi siervo, al cual he escogido; Mi Amado, en el cual se agrada mi alma: Pondré mi Espíritu sobre Él Y á los Gentiles anunciará juicio.

12:19

No contenderá, ni voceará: Ni nadie oirá en las calles su voz.

12:20

La caña cascada no quebrará, Y el pábilo que humea no apagará, Hasta que saque á victoria el juicio.

12:21

Y en su nombre esperarán los Gentiles.

12:22

Entonces fué traído á Él un endemoniado, ciego y mudo, y le sanó; de tal manera, que el ciego y mudo hablaba y veía.

12:23

Y todas las gentes estaban atónitas, y decían: ¿Será éste aquel Hijo de David?

12:24

Mas los Fariseos, oyéndolo, decían: Este no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, príncipe de los demonios.

12:25

Y Jesús, como sabía los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad ó casa dividida contra sí misma, no permanecerá.

12:26

Y si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?

12:27

Y si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.

12:28

Y si por espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado á vosotros el reino de Dios.

12:29

Porque, ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entonces saqueará su casa.

12:30

El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, derrama.

12:31

Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres: mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada á los hombres.

12:32

Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.

12:33

O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, ó haced el árbol corrompido, y su fruto dañado; porque por el fruto es conocido el árbol.

12:34

Generación de víboras, ¿cómo podéis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazón habla la boca.

12:35

El hombre bueno del buen tesoro del corazón saca buenas cosas: y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas.

12:36

Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio;

12:37

Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

12:38

Entonces respondiendo algunos de los escribas y de los Fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.

12:39

Y Él respondió, y les dijo: La generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta.

12:40

Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

12:41

Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron á la predicación de Jonás; y he aquí más que Jonás en este lugar.

12:42

La reina del Austro se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de Salomón: y he aquí más que Salomón en este lugar.

12:43

Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.

12:44

Entonces dice: Me volveré á mi casa de donde salí: y cuando viene, la halla desocupada, barrida y adornada.

12:45

Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que Él, y entrados, moran allí; y son peores las cosas; últimas del tal hombre que las primeras: así también acontecerá á esta generación mala.

12:46

Y estando Él aún hablando á las gentes, he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar.

12:47

Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar.

12:48

Y respondiendo Él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?

12:49

Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.

12:50

Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.

Mat 12:1 En aquel tiempo cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas.
Mat 12:2 Al verlo los fariseos, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.»
Mat 12:3 Pero él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban,
Mat 12:4 cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes?
Mat 12:5 ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa?
Mat 12:6 Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo.
Mat 12:7 Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio, no condenaríais a los que no tienen culpa.
Mat 12:8 Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.»
Mat 12:9 Pasó de allí y se fue a la sinagoga de ellos.
Mat 12:10 Había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le preguntaron si era lícito curar en sábado, para poder acusarle.
Mat 12:11 El les dijo: «¿Quién de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca?
Mat 12:12 Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en sábado.»
Mat 12:13 Entonces dice al hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió, y quedó restablecida, sana como la otra.
Mat 12:14 Pero los fariseos, en cuanto salieron, se confabularon contra él para ver cómo eliminarle.
Mat 12:15 Jesús, al saberlo, se retiró de allí. Le siguieron muchos y los curó a todos.
Mat 12:16 Y les mandó enérgicamente que no le descubrieran;
Mat 12:17 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:
Mat 12:18 He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones.
Mat 12:19 No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz.
Mat 12:20 La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio:
Mat 12:21 en su nombre pondrán las naciones su esperanza.
Mat 12:22 Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo. Y le curó, de suerte que el mudo hablaba y veía.
Mat 12:23 Y toda la gente atónita decía: «¿No será éste el Hijo de David?»
Mat 12:24 Mas los fariseos, al oírlo, dijeron: «Este no expulsa los demonios más que por Beelzebul, Príncipe de los demonios.»
Mat 12:25 El, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir.
Mat 12:26 Si Satanás expulsa a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, va a subsistir su reino?
Mat 12:27 Y si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces.
Mat 12:28 Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.
Mat 12:29 «O, ¿cómo puede uno entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte? Entonces podrá saquear su casa.
Mat 12:30 «El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
Mat 12:31 «Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.
Mat 12:32 Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.
Mat 12:33 «Suponed un árbol bueno, y su fruto será bueno; suponed un árbol malo, y su fruto será malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
Mat 12:34 Raza de víboras, ¿cómo podéis vosotros hablar cosas buenas siendo malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
Mat 12:35 El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas.
Mat 12:36 Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio.
Mat 12:37 Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado.»
Mat 12:38 Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti.»
Mat 12:39 Mas él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás.
Mat 12:40 Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches.
Mat 12:41 Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.
Mat 12:42 La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.
Mat 12:43 «Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de reposo, pero no lo encuentra.
Mat 12:44 Entonces dice: "Me volveré a mi casa, de donde salí." Y al llegar la encuentra desocupada, barrida y en orden.
Mat 12:45 Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio. Así le sucederá también a esta generación malvada.»
Mat 12:46 Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él.
Mat 12:47 Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.»
Mat 12:48 Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»
Mat 12:49 Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
Mat 12:50 Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

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Capítulo 13

13:1

Y AQUEL día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto á la mar.

 cm dom. 13,1-23cm dom. 13,1-15 -

13:2

Y se allegaron á Él muchas gentes; y entrándose Él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba á la ribera.

13:3

Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió á sembrar.

13:4

Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron.

13:5

Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra:

13:6

Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenía raíz.

13:7

Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.

13:8

Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, cuál a ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta.

13:9

Quien tiene oídos para oir, oiga.

13:10

Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

13:11

Y Él respondiendo, les dijo: Por que á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido.

13:12

Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

13:13

Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

13:14

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no miraréis.

13:15

Porque el corazón de este pueblo está engrosado, Y de los oídos oyen pesadamente, Y de sus ojos guiñan: Para que no vean de los ojos, Y oigan de los oídos, Y del corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.

13:16

Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

13:17

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oir lo que oís, y no lo oyeron.

13:18

Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra:

13:19

Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino.

13:20

Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo.

13:21

Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende.

13:22

Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa.

13:23

Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.

13:24

Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo:

 cm dom. 13,24-43 -

13:25

Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fué.

13:26

Y como la hierba salió é hizo fruto, entonces apareció también la cizaña.

13:27

Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde, pues, tiene cizaña?

13:28

Y Él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la cojamos?

13:29

Y Él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo.

13:30

Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré á los segadores: Coged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí.

13:31

Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo:

13:32

El cual á la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.

13:33

Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo.

13:34

Todo esto habló Jesús por parábolas á las gentes, y sin parábolas no les hablaba:

13:35

Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; Rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo.

13:36

Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino á casa; y llegándose á Él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.

13:37

Y respondiendo Él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre;

13:38

Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo;

13:39

Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

13:40

De manera que como es cogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo.

13:41

Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad,

13:42

Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.

13:43

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oir, oiga.

13:44

Además, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

 cm dom. 13,44-52 -

13:45

También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas;

13:46

Que hallando una preciosa perla, fué y vendió todo lo que tenía, y la compró.

13:47

Asimismo el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar, coge de todas suertes de peces:

13:48

La cual estando llena, la sacaron á la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.

13:49

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los justos,

13:50

Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.

13:51

Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor.

13:52

Y Él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.

13:53

Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, pasó de allí.

13:54

Y venido á su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y estas maravillas?

13:55

¿No es éste el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas?

13:56

¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?

13:57

Y se escandalizaban en Él. Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa.

13:58

Y no hizo allí muchas maravillas, á causa de la incredulidad de ellos.

Mat 13:1 Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar.
Mat 13:2 Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera.
Mat 13:3 Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar.
Mat 13:4 Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron.
Mat 13:5 Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra;
Mat 13:6 pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron.
Mat 13:7 Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron.
Mat 13:8 Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.
Mat 13:9 El que tenga oídos, que oiga.»
Mat 13:10 Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»
Mat 13:11 El les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.
Mat 13:12 Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
Mat 13:13 Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
Mat 13:14 En ellos se cumple la profecía de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis.
Mat 13:15 Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane.
Mat 13:16 «¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!
Mat 13:17 Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.
Mat 13:18 «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador.
Mat 13:19 Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino.
Mat 13:20 El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría;
Mat 13:21 pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida.
Mat 13:22 El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto.
Mat 13:23 Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.»
Mat 13:24 Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo.
Mat 13:25 Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue.
Mat 13:26 Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.
Mat 13:27 Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?"
Mat 13:28 El les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?"
Mat 13:29 Díceles: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo.
Mat 13:30 Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero."»
Mat 13:31 Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo.
Mat 13:32 Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.»
Mat 13:33 Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»
Mat 13:34 Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas,
Mat 13:35 para que se cumpliese el oráculo del profeta: Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
Mat 13:36 Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.»
Mat 13:37 El respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
Mat 13:38 el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno;
Mat 13:39 el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
Mat 13:40 De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo.
Mat 13:41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad,
Mat 13:42 y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Mat 13:43 Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.
Mat 13:44 «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.»
Mat 13:45 «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas,
Mat 13:46 y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.
Mat 13:47 «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases;
Mat 13:48 y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos.
Mat 13:49 Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos
Mat 13:50 y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Mat 13:51 «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.»
Mat 13:52 Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.»
Mat 13:53 Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.
Mat 13:54 Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?
Mat 13:55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?
Mat 13:56 Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?»
Mat 13:57 Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.»
Mat 13:58 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

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Capítulo 14

14:1

EN aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús,

14:2

Y dijo á sus criados: Este es Juan el Bautista: Él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en Él.

14:3

Porque Herodes había prendido á Juan, y le había aprisionado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;

14:4

Porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.

14:5

Y quería matarle, mas temía al pueblo; porque le tenían como á profeta.

14:6

Mas celebrándose el día del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó á Herodes.

14:7

Y prometió Él con juramento de darle todo lo que pidiese.

14:8

Y ella, instruída primero de su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.

14:9

Entonces el rey se entristeció; mas por el juramento, y por los que estaban juntamente á la mesa, mandó que se le diese.

14:10

Y enviando, degolló á Juan en la cárcel.

14:11

Y fué traída su cabeza en un plato y dada á la muchacha; y ella la presentó á su madre.

14:12

Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y fueron, y dieron las nuevas á Jesús.

14:13

Y oyéndolo Jesús, se apartó de allí en un barco á un lugar desierto, apartado: y cuando las gentes lo oyeron, le siguieron á pie de las ciudades.

 cm dom. 14,13-21 -

14:14

Y saliendo Jesús, vió un gran gentío, y tuvo compasión de ellos, y sanó á los que de ellos había enfermos.

14:15

Y cuando fué la tarde del día, se llegaron á Él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que se vayan por las aldeas, y compren para sí de comer.

14:16

Y Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse: dadles vosotros de comer.

14:17

Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.

14:18

Y Él les dijo: Traédmelos acá.

14:19

Y mandando á las gentes recostarse sobre la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dió los panes á los discípulos, y los discípulos á las gentes.

14:20

Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.

14:21

Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños.

14:22

Y luego Jesús hizo á sus discípulos entrar en el barco, é ir delante de Él á la otra parte del lago, entre tanto que Él despedía á las gentes.

 cm dom. 14,22-33 -

14:23

Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, á orar: y como fué la tarde del día, estaba allí solo.

14:24

Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario.

14:25

Mas á la cuarta vela de la noche, Jesús fué á ellos andando sobre la mar.

14:26

Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo.

14:27

Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.

14:28

Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo vaya á ti sobre las aguas.

14:29

Y Él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir á Jesús.

14:30

Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame.

14:31

Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de Él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

14:32

Y como ellos entraron en el barco, sosegóse el viento.

14:33

Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

14:34

Y llegando á la otra parte, vinieron á la tierra de Genezaret.

14:35

Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron á Él todos los enfermos;

14:36

Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, quedaron sanos.

Mat 14:1 En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús,
Mat 14:2 y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
Mat 14:3 Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.
Mat 14:4 Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla.»
Mat 14:5 Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.
Mat 14:6 Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes,
Mat 14:7 que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese.
Mat 14:8 Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».
Mat 14:9 Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese,
Mat 14:10 y envió a decapitar a Juan en la cárcel.
Mat 14:11 Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre.
Mat 14:12 Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.
Mat 14:13 Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades.
Mat 14:14 Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.
Mat 14:15 Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida.»
Mat 14:16 Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.»
Mat 14:17 Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.»
Mat 14:18 El dijo: «Traédmelos acá.»
Mat 14:19 Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.
Mat 14:20 Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.
Mat 14:21 Y los que habían comido eran unos 5.000. hombres, sin contar mujeres y niños.
Mat 14:22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Mat 14:23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.
Mat 14:24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario.
Mat 14:25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.
Mat 14:26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar.
Mat 14:27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.»
Mat 14:28 Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.»
Mat 14:29 «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús.
Mat 14:30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!»
Mat 14:31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
Mat 14:32 Subieron a la barca y amainó el viento.
Mat 14:33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.»
Mat 14:34 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.
Mat 14:35 Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos.
Mat 14:36 Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.

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Capítulo 15

15:1

ENTONCES llegaron á Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo:

15:2

¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no se lavan las manos cuando comen pan.

15:3

Y Él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?

15:4

Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y á la madre, y, El que maldijere al padre ó á la madre, muera de muerte.

15:5

Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere al padre ó á la madre: Es ya ofrenda mía á Dios todo aquello con que pudiera valerte;

15:6

No deberá honrar á su padre ó á su madre con socorro. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.

15:7

Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:

15:8

Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón lejos está de mí.

15:9

Mas en vano me honran, Enseñando doctrinas y mandamientos de hombres.

15:10

Y llamando á sí las gentes, les dijo: Oid, y entended:

15:11

No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.

15:12

Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron?

15:13

Mas respondiendo Él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.

15:14

Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.

15:15

Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.

15:16

Y Jesús dijo: ¿Aun también vosotros sois sin entendimiento?

15:17

¿No entendéis aún, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina?

15:18

Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.

15:19

Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.

15:20

Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre.

15:21

Y saliendo Jesús de allí, se fué á las partes de Tiro y de Sidón.

 cm dom. 15,21-28 -

15:22

Y he aquí una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.

15:23

Mas Él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.

15:24

Y Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel.

15:25

Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor socórreme.

15:26

Y respondiendo Él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos.

15:27

Y ella dijo: Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.

15:28

Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora.

15:29

Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea: y subiendo al monte, se sentó allí.

15:30

Y llegaron á Él muchas gentes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos: y los echaron á los pies de Jesús, y los sanó:

15:31

De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel.

15:32

Y Jesús llamando á sus discípulos, dijo: Tengo lástima de la gente, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos ayunos no quiero, porque no desmayen en el camino.

15:33

Entonces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos á tan gran compañía?

15:34

Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.

15:35

Y mandó á las gentes que se recostasen sobre la tierra.

15:36

Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, partió y dió á sus discípulos; y los discípulos á la gente.

15:37

Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas.

15:38

Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños.

15:39

Entonces, despedidas las gentes, subió en el barco: y vino á los términos de Magdalá.

Mat 15:1 Entonces se acercan a Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, y le dicen:
Mat 15:2 «¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los antepasados?; pues no se lavan las manos a la hora de comer.»
Mat 15:3 El les respondió: «Y vosotros, ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?
Mat 15:4 Porque Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte.
Mat 15:5 Pero vosotros decís: El que diga a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda es ofrenda",
Mat 15:6 ése no tendrá que honrar a su padre y a su madre. Así habéis anulado la Palabra de Dios por vuestra tradición.
Mat 15:7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:
Mat 15:8 Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
Mat 15:9 En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.»
Mat 15:10 Luego llamó a la gente y les dijo: «Oíd y entended.
Mat 15:11 No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.»
Mat 15:12 Entonces se acercan los discípulos y le dicen: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra?»
Mat 15:13 El les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz.
Mat 15:14 Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.»
Mat 15:15 Tomando Pedro la palabra, le dijo: «Explícanos la parábola.»
Mat 15:16 El dijo: «¿También vosotros estáis todavía sin inteligencia?
Mat 15:17 ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado?
Mat 15:18 En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre.
Mat 15:19 Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias.
Mat 15:20 Eso es lo que contamina al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.»
Mat 15:21 Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón.
Mat 15:22 En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.»
Mat 15:23 Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.»
Mat 15:24 Respondió él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»
Mat 15:25 Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
Mat 15:26 El respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»
Mat 15:27 «Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.»
Mat 15:28 Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.
Mat 15:29 Pasando de allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí.
Mat 15:30 Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó.
Mat 15:31 De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel.
Mat 15:32 Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.»
Mat 15:33 Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?»
Mat 15:34 Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos.»
Mat 15:35 El mandó a la gente acomodarse en el suelo.
Mat 15:36 Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Mat 15:37 Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.
Mat 15:38 Y los que habían comido eran 4.000. hombres, sin contar mujeres y niños.
Mat 15:39 Despidiendo luego a la muchedumbre, subió a la barca, y se fue al término de Magadán.

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Capítulo 16

16:1

Y LLEGÁNDOSE los Fariseos y los Saduceos para tentarle, le pedían que les mostrase señal del cielo.

16:2

Mas Él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del día, decís: Sereno; porque el cielo tiene arreboles.

16:3

Y á la mañana: Hoy tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabéis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las señales de los tiempos no podéis?

16:4

La generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fué.

16:5

Y viniendo sus discípulos de la otra parte del lago, se habían olvidado de tomar pan.

16:6

Y Jesús les dijo: Mirad, y guardaos de la levadura de los Fariseos y de los Saduceos.

16:7

Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no tomamos pan.

16:8

Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tomasteis pan?

16:9

¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántos cestos alzasteis?

16:10

¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas espuertas tomasteis?

16:11

¿Cómo es que no entendéis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los Fariseos y de los Saduceos?

16:12

Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariseos y de los Saduceos.

16:13

Y viniendo Jesús á las partes de Cesarea de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?

 cm dom. 16,13-20 cm fiesta 16,13-19 -

16:14

Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros; Jeremías, ó alguno de los profetas.

16:15

El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?

16:16

Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

16:17

Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.

16:18

Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

16:19

Y á ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

16:20

Entonces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que Él era Jesús el Cristo.

16:21

Desde aquel tiempo comenzó Jesús á declarar á sus discípulos que le convenía ir á Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.

 cm dom. 16,21-27 -

16:22

Y Pedro, tomándolo aparte, comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti: en ninguna manera esto te acontezca.

16:23

Entonces Él, volviéndose, dijo á Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres escándalo; porque no entiendes lo que es de Dios sino lo que es de los hombres.

16:24

Entonces Jesús dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

16:25

Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.

16:26

Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?

16:27

Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará á cada uno conforme á sus obras.

16:28

De cierto os digo: hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su reino.

Mat 16:1 Se acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerle a prueba, le pidieron que les mostrase una señal del cielo.
Mat 16:2 Mas él les respondió: «Al atardecer decís: "Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego",
Mat 16:3 y a la mañana:' Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío." ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir las señales de los tiempos!
Mat 16:4 ¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide y no se le dará otra señal que la señal de Jonás.» Y dejándolos, se fue.
Mat 16:5 Los discípulos, al pasar a la otra orilla, se habían olvidado de tomar panes.
Mat 16:6 Jesús les dijo: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.»
Mat 16:7 Ellos hablaban entre sí diciendo: «Es que no hemos traído panes.»
Mat 16:8 Mas Jesús, dándose cuenta, dijo: «Hombres de poca fe, ¿por qué estáis hablando entre vosotros de que no tenéis panes?
Mat 16:9 ¿Aún no comprendéis, ni os acordáis de los cinco panes de los 5.000. hombres, y cuántos canastos recogisteis?
Mat 16:10 ¿Ni de los siete panes de los 4.000, y cuántas espuertas recogisteis?
Mat 16:11 ¿Cómo no entendéis que no me refería a los panes? Guardaos, sí, de la levadura de los fariseos y saduceos.»
Mat 16:12 Entonces comprendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.
Mat 16:13 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?»
Mat 16:14 Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.»
Mat 16:15 Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?»
Mat 16:16 Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»
Mat 16:17 Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Mat 16:18 Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Mat 16:19 A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
Mat 16:20 Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.
Mat 16:21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.
Mat 16:22 Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!»
Mat 16:23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!
Mat 16:24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
Mat 16:25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.
Mat 16:26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?
Mat 16:27 «Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
Mat 16:28 Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.»

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Capítulo 17

17:1

Y DESPUÉS de seis días, Jesús toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano, y los lleva aparte á un monte alto:
Com: ¡Para enamorarse hay que frecuentarse!...También con Cristo  -

17:2

Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.

Com: Dios se revela como siervo -  Com: Dos montes, el Sinaí y el Tabor -

17:3

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Él.

17:4

Y respondiendo Pedro, dijo á Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías.

 hst Un poco más, por favor -   

17:5

Y estando aún Él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y he aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: á él oid.

17:6

Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.

17:7

Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

17:8

Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesús.

17:9

Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis á nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.

17:10

Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los escribas que es menester que Elías venga primero?

17:11

Y respondiendo Jesús, les dijo: á la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas.

17:12

Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron en Él todo lo que quisieron: así también el Hijo del hombre padecerá de ellos.

17:13

Los discípulos entonces entendieron, que les habló de Juan el Bautista.

17:14

Y como ellos llegaron al gentío, vino á Él un hombre hincándosele de rodillas,

17:15

Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.

17:16

Y le he presentado á tus discípulos, y no le han podido sanar.

17:17

Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y torcida! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traédmele acá.

17:18

Y Jesús le reprendió, y salió el demonio de Él; y el mozo fué sano desde aquella hora.

17:19

Entonces, llegándose los discípulos á Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no lo pudimos echar fuera?

17:20

Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis á este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará: y nada os será imposible.

17:21

Mas este linaje no sale sino por oración y ayuno.

17:22

Y estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres,

17:23

Y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.

17:24

Y como llegaron á Capernaum, vinieron á Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?

17:25

El dice: Sí. Y entrando Él en casa, Jesús le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran los tributos ó el censo? ¿de sus hijos ó de los extraños?

17:26

Pedro le dice: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos son francos.

17:27

Mas porque no los escandalicemos, ve á la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca, hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí y por ti.

Mat 17:1 Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto.
Mat 17:2 Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Mat 17:3 En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.
Mat 17:4 Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Mat 17:5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.»
Mat 17:6 Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo.
Mat 17:7 Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.»
Mat 17:8 Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mat 17:9 Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.»
Mat 17:10 Sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?»
Mat 17:11 Respondió él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo.
Mat 17:12 Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.»
Mat 17:13 Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.
Mat 17:14 Cuando llegaron donde la gente, se acercó a él un hombre que, arrodillándose ante él,
Mat 17:15 le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua.
Mat 17:16 Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle.»
Mat 17:17 Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!
Mat 17:18 Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento.
Mat 17:19 Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?
Mat 17:20 Díceles: «Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: "Desplázate de aquí allá", y se desplazará, y nada os será imposible.»
Mat 17:22 Yendo un día juntos por Galilea, les dijo Jesús: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres;
Mat 17:23 le matarán, y al tercer día resucitará.» Y se entristecieron mucho.
Mat 17:24 Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?»
Mat 17:25 Dice él: «Sí.» Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?»
Mat 17:26 Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos.
Mat 17:27 Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti.»

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Capítulo 18

18:1

EN aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?

18:2

Y llamando Jesús á un niño, le puso en medio de ellos,

18:3

Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

18:4

Así que, cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos.

18:5

Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe.

18:6

Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar.

18:7

¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos; mas ¡ay de aquel hombre por el cual viene el escándalo!

18:8

Por tanto, si tu mano ó tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo y échalo de ti: mejor te es entrar cojo ó manco en la vida, que teniendo dos manos ó dos pies ser echado en el fuego eterno.

18:9

Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego.

18:10

Mirad no tengáis en poco á alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos.

18:11

Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.

18:12

¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, á buscar la que se había descarriado?

18:13

Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquélla, que de las noventa y nueve que no se descarriaron.

18:14

Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.

18:15

Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y Él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano.

 cm dom. 18,15-20 -

18:16

Mas si no te oyere, toma aún contigo uno ó dos, para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda palabra.

18:17

Y si no oyere á ellos, dilo á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, tenle por étnico y publicano.

18:18

De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo.

18:19

Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.

18:20

Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.

18:21

Entonces Pedro, llegándose á Él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?

 cm dom. 18,21-35 -

18:22

Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.

18:23

Por lo cual, el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos.

18:24

Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debía diez mil talentos.

18:25

Mas á éste, no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y á su mujer é hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase.

18:26

Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

18:27

El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda.

18:28

Y saliendo aquel siervo, halló á uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y trabando de Él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes.

18:29

Entonces su consiervo, postrándose á sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

18:30

Mas Él no quiso; sino fué, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda.

18:31

Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon á su señor todo lo que había pasado.

18:32

Entonces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste:

18:33

¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?

18:34

Entonces su señor, enojado, le entregó á los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.

18:35

Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas.

Mat 18:1 En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?»
Mat 18:2 El llamó a un niño, le puso en medio de ellos
Mat 18:3 y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.
Mat 18:4 Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.
Mat 18:5 «Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.
Mat 18:6 Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar.
Mat 18:7 ¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!
Mat 18:8 «Si, pues, tu mano o tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida manco o cojo que, con las dos manos o los dos pies, ser arrojado en el fuego eterno.
Mat 18:9 Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida con un solo ojo que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna del fuego.
Mat 18:10 «Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.
Mat 18:12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada?
Mat 18:13 Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las 99. no descarriadas.
Mat 18:14 De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños.
Mat 18:15 «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
Mat 18:16 Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos.
Mat 18:17 Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.
Mat 18:18 «Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Mat 18:19 «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.
Mat 18:20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»
Mat 18:21 Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?»
Mat 18:22 Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.»
Mat 18:23 «Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.
Mat 18:24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000. talentos.
Mat 18:25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase.
Mat 18:26 Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré."
Mat 18:27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
Mat 18:28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes."
Mat 18:29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré."
Mat 18:30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.
Mat 18:31 Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido.
Mat 18:32 Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste.
Mat 18:33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?"
Mat 18:34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía.
Mat 18:35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.»

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Capítulo 19

19:1

Y ACONTECIÓ que acabando Jesús estas palabras, se pasó de Galilea, y vino á los términos de Judea, pasado el Jordán.

19:2

Y le siguieron muchas gentes, y los sanó allí.

19:3

Entonces se llegaron á Él los Fariseos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar á su mujer por cualquiera causa?

19:4

Y Él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo,

19:5

Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne?

19:6

Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.

19:7

Dícenle: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla?

19:8

Díceles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar á vuestras mujeres: mas al principio no fué así.

19:9

Y yo os digo que cualquiera que repudiare á su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera.

19:10

Dícenle sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.

19:11

Entonces Él les dijo: No todos reciben esta palabra, sino aquellos á quienes es dado.

19:12

Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos que se hicieron á sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos; el que pueda ser capaz de eso, séalo.

19:13

Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les riñeron.

19:14

Y Jesús dijo: Dejad á los niños, y no les impidáis de venir á mí; porque de los tales es el reino de los cielos.

19:15

Y habiendo puesto sobre ellos las manos se partió de allí.

19:16

Y he aquí, uno llegándose le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

19:17

Y Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, es á saber, Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

19:18

Dícele: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No mataras: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio:

19:19

Honra á tu padre y á tu madre: y, Amarás á tu prójimo como á ti mismo.

19:20

Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta?

19:21

Dícele Jesús: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y da lo á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

19:22

Y oyendo el mancebo esta palabra, se fué triste, porque tenía muchas posesiones.

19:23

Entonces Jesús dijo á sus discípulos: De cierto os digo, que un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos.

19:24

Mas os digo, que más liviano trabajo es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.

19:25

Mas sus discípulos, oyendo estas cosas, se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo?

19:26

Y mirándolos Jesús, les dijo: Para con los hombres imposible es esto; mas para con Dios todo es posible.

19:27

Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido: ¿qué pues tendremos?

19:28

Y Jesús les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando se sentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria, vosotros también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar á las doce tribus de Israel.

19:29

Y cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y heredará la vida eterna.

19:30

Mas muchos primeros serán postreros, y postreros primeros.

Mat 19:1 Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
Mat 19:2 Le siguió mucha gente, y los curó allí.
Mat 19:3 Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?»
Mat 19:4 El respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra,
Mat 19:5 y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne?
Mat 19:6 De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.»
Mat 19:7 Dícenle: «Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?»
Mat 19:8 Díceles: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así.
Mat 19:9 Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer - no por fornicación - y se case con otra, comete adulterio.»
Mat 19:10 Dícenle sus discípulos: «Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse.»
Mat 19:11 Pero él les dijo: «No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido.
Mat 19:12 Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.»
Mat 19:13 Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían.
Mat 19:14 Mas Jesús les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.»
Mat 19:15 Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.
Mat 19:16 En esto se le acercó uno y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?»
Mat 19:17 El le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.»
Mat 19:18 «¿Cuáles?» - le dice él. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio,
Mat 19:19 honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.»
Mat 19:20 Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?»
Mat 19:21 Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme.»
Mat 19:22 Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.
Mat 19:23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos.
Mat 19:24 Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos.»
Mat 19:25 Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?»
Mat 19:26 Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible.»
Mat 19:27 Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?»
Mat 19:28 Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
Mat 19:29 Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna.
Mat 19:30 «Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.»

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Capítulo 20

20:1

PORQUE el reino de los cielos es semejante á un hombre, padre de familia, que salió por la mañana á ajustar obreros para su viña.

 cm dom. 20,1-16

20:2

Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al día, los envió á su viña.

20:3

Y saliendo cerca de la hora de las tres, vió otros que estaban en la plaza ociosos;

20:4

Y les dijo: Id también vosotros á mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron.

20:5

Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, é hizo lo mismo.

20:6

Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos; y díceles: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?

20:7

Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado. Díceles: Id también vosotros á la viña, y recibiréis lo que fuere justo.

20:8

Y cuando fué la tarde del día, el señor de la viña dijo á su mayordomo: Llama á los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.

20:9

Y viniendo los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.

20:10

Y viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.

20:11

Y tomándolo, murmuraban contra el padre de la familia,

20:12

Diciendo: Estos postreros sólo han trabajado una hora, y los has hecho iguales á nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día.

20:13

Y Él respondiendo, dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario?

20:14

Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar á este postrero, como á ti.

20:15

¿No me es lícito á mi hacer lo que quiero con lo mío? ó ¿es malo tu ojo, porque yo soy bueno?

20:16

Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

20:17

Y subiendo Jesús á Jerusalem, tomó sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:

20:18

He aquí subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes y á los escribas, y le condenarán á muerte;

20:19

Y le entregarán á los Gentiles para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercer día resucitará.

20:20

Entonces se llegó á Él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándole, y pidiéndole algo.

20:21

Y Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos míos, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino.

20:22

Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís: ¿podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Y ellos le dicen: Podemos.

20:23

Y Él les dice: A la verdad mi vaso beberéis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados; mas el sentaros á mi mano derecha y á mi izquierda, no es mío dar lo, sino á aquellos para quienes está aparejado de mi Padre.

20:24

Y como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos hermanos.

20:25

Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.

20:26

Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;

20:27

Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:

20:28

Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

20:29

Entonces saliendo ellos de Jericó, le seguía gran compañía.

20:30

Y he aquí dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.

20:31

Y la gente les reñía para que callasen; mas ellos clamaban más, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.

20:32

Y parándose Jesús, los llamó, y dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros?

20:33

Ellos le dicen: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.

20:34

Entonces Jesús, teniendo misericordia de ellos, les tocó los ojos, y luego sus ojos recibieron la vista; y le siguieron.

Mat 20:1 «En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña.
Mat 20:2 Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.
Mat 20:3 Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados,
Mat 20:4 les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo."
Mat 20:5 Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo.
Mat 20:6 Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: "¿Por qué estáis aquí todo el día parados?"
Mat 20:7 Dícenle: "Es que nadie nos ha contratado." Díceles: "Id también vosotros a la viña."
Mat 20:8 Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: "Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros."
Mat 20:9 Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno.
Mat 20:10 Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno.
Mat 20:11 Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario,
Mat 20:12 diciendo: "Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor."
Mat 20:13 Pero él contestó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario?
Mat 20:14 Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.
Mat 20:15 ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?".
Mat 20:16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»
Mat 20:17 Cuando iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino:
Mat 20:18 «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte
Mat 20:19 y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará.
Mat 20:20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo.
Mat 20:21 El le dijo: «¿Qué quieres?» Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino.»
Mat 20:22 Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Dícenle: «Sí, podemos.»
Mat 20:23 Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre.
Mat 20:24 Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos.
Mat 20:25 Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder.
Mat 20:26 No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor,
Mat 20:27 y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo;
Mat 20:28 de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»
Mat 20:29 Cuando salían de Jericó, le siguió una gran muchedumbre.
Mat 20:30 En esto, dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al enterarse que Jesús pasaba, se pusieron a gritar: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David!»
Mat 20:31 La gente les increpó para que se callaran, pero ellos gritaron más fuerte: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David!»
Mat 20:32 Entonces Jesús se detuvo, los llamó y dijo: «¿Qué queréis que os haga?»
Mat 20:33 Dícenle: «¡Señor, que se abran nuestros ojos!»
Mat 20:34 Movido a compasión Jesús tocó sus ojos, y al instante recobraron la vista; y le siguieron.

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Capítulo 21

21:1

Y COMO se acercaron á Jerusalem, y vinieron á Bethfagé, al monte de las Olivas, entonces Jesús envió dos discípulos,

21:2

Diciéndoles: Id á la aldea que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella: desatadla, y traédmelos.

21:3

Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los ha menester. Y luego los dejará.

21:4

Y todo esto fué hecho, para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo:

21:5

Decid á la hija de Sión: He aquí, tu Rey viene á ti, Manso, y sentado sobre una asna, Y sobre un pollino, hijo de animal de yugo.

21:6

Y los discípulos fueron, é hicieron como Jesús les mandó;

21:7

Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y se sentó sobre ellos.

21:8

Y la compañía, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino: y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino.

21:9

Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

21:10

Y entrando Él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo. ¿Quién es éste?

21:11

Y las gentes decían: Este es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea.

21:12

Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas;

21:13

Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho.

21:14

Entonces vinieron á Él ciegos y cojos en el templo, y los sanó.

21:15

Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y á los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,

21:16

Y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dice: Sí: ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?

21:17

Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad, á Bethania; y posó allí.

21:18

Y por la mañana volviendo á la ciudad, tuvo hambre.

21:19

Y viendo una higuera cerca del camino, vino á ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente, y le dijo: Nunca más para siempre nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.

21:20

Y viendo esto los discípulos, maravillados decían: ¿Cómo se secó luego la higuera?

21:21

Y respondiendo Jesús les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera: mas si á este monte dijereis: Quítate y échate en la mar, será hecho.

21:22

Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.

21:23

Y como vino al templo, llegáronse á Él cuando estaba enseñando, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciendo. ¿Con qué autoridad haces esto? ¿y quién te dió esta autoridad?

21:24

Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os preguntaré una palabra, la cual si me dijereis, también yo os diré con qué autoridad hago esto.

21:25

El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo, ó de los hombres? Ellos entonces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis?

21:26

Y si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen á Juan por profeta.

21:27

Y respondiendo á Jesús, dijeron: No sabemos. Y Él también les dijo: Ni yo os digo con qué autoridad hago esto.

21:28

Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy á trabajar en mi viña.

 cm dom. 21,28-32 -

21:29

Y respondiendo Él, dijo: No quiero; mas después, arrepentido, fué.

21:30

Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo Él, dijo: Yo, señor, voy. Y no fué.

21:31

¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dicen ellos: El primero. Díceles Jesús: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras os van delante al reino de Dios.

21:32

Porque vino á vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

21:33

Oid otra parábola: Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la dió á renta á labradores, y se partió lejos.

 cm dom. 21,33-43 -

21:34

Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos á los labradores, para que recibiesen sus frutos.

21:35

Mas los labradores, tomando á los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon.

21:36

Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; é hicieron con ellos de la misma manera.

21:37

Y á la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo.

21:38

Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y tomemos su heredad.

21:39

Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron.

21:40

Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores?

21:41

Dícenle: á los malos destruirá miserablemente, y su viña dará á renta á otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos.

21:42

Díceles Jesús: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, Esta fué hecha por cabeza de esquina: Por el Señor es hecho esto, Y es cosa maravillosa en nuestros ojos?

21:43

Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga los frutos de Él.

21:44

Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

21:45

Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos.

21:46

Y buscando cómo echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenían por profeta.

Mat 21:1 Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces envió Jesús a dos discípulos,
Mat 21:2 diciéndoles: «Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos.
Mat 21:3 Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.»
Mat 21:4 Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta:
Mat 21:5 Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo.
Mat 21:6 Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado:
Mat 21:7 trajeron el asna y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima.
Mat 21:8 La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino.
Mat 21:9 Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»
Mat 21:10 Y al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. «¿Quién es éste?» decían.
Mat 21:11 Y la gente decía: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.»
Mat 21:12 Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas.
Mat 21:13 Y les dijo: «Está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración. ¡Pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de bandidos!»
Mat 21:14 También en el Templo se acercaron a él algunos ciegos y cojos, y los curó.
Mat 21:15 Mas los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el Templo: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron
Mat 21:16 y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen éstos?» «Sí - les dice Jesús -. ¿No habéis leído nunca que De la boca de los niños y de los que aún maman te preparaste alabanza?»
Mat 21:17 Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche.
Mat 21:18 Al amanecer, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre;
Mat 21:19 y viendo una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró en ella más que hojas. Entonces le dice: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!» Y al momento se secó la higuera.
Mat 21:20 Al verlo los discípulos se maravillaron y decían: «¿Cómo al momento quedó seca la higuera?»
Mat 21:21 Jesús les respondió: «Yo os aseguro: si tenéis fe y no vaciláis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que si aun decís a este monte: "Quítate y arrójate al mar", así se hará.
Mat 21:22 Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis.»
Mat 21:23 Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?»
Mat 21:24 Jesús les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto.
Mat 21:25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: "Del cielo", nos dirá: "Entonces ¿por qué no le creísteis?"
Mat 21:26 Y si decimos: "De los hombres", tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta.»
Mat 21:27 Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos.» Y él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
Mat 21:28 «Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: "Hijo, vete hoy a trabajar en la viña."
Mat 21:29 Y él respondió: "No quiero", pero después se arrepintió y fue.
Mat 21:30 Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: "Voy, Señor", y no fue.
Mat 21:31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» - «El primero» - le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios.
Mat 21:32 Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.
Mat 21:33 «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó.
Mat 21:34 Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.
Mat 21:35 Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon.
Mat 21:36 De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera.
Mat 21:37 Finalmente les envió a su hijo, diciendo: "A mi hijo le respetarán."
Mat 21:38 Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia."
Mat 21:39 Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron.
Mat 21:40 Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Mat 21:41 Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.»
Mat 21:42 Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?
Mat 21:43 Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.»
Mat 21:45 Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos.
Mat 21:46 Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

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Capítulo 22

22:1

Y RESPONDIENDO Jesús, les volvió á hablar en parábolas, diciendo:

 cm dom. 22,1-14  -

22:2

El reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que hizo bodas á su hijo;

22:3

Y envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas; mas no quisieron venir.

22:4

Volvió á enviar otros siervos, diciendo: Decid á los llamados: He aquí, mi comida he aparejado; mis toros y animales engordados son muertos, y todo está prevenido: venid á las bodas.

22:5

Mas ellos no se cuidaron, y se fueron, uno á su labranza, y otro á sus negocios;

22:6

Y otros, tomando á sus siervos, los afrentaron y los mataron.

22:7

Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó á aquellos homicidas, y puso fuego á su ciudad.

22:8

Entonces dice á sus siervos: Las bodas á la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos.

22:9

Id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las bodas á cuantos hallareis.

22:10

Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron á todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados.

22:11

Y entró el rey para ver los convidados, y vió allí un hombre no vestido de boda.

22:12

Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca.

22:13

Entonces el rey dijo á los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

22:14

Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

22:15

Entonces, idos los Fariseos, consultaron cómo le tomarían en alguna palabra.

 cm dom. 22,15-21 -

22:16

Y envían á Él los discípulos de ellos, con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te curas de nadie, porque no tienes acepción de persona de hombres.

22:17

Dinos pues, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo á César, ó no?

22:18

Mas Jesús, entendida la malicia de ellos, les dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?

22:19

Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.

22:20

Entonces les dice: ¿Cúya es esta figura, y lo que está encima escrito?

22:21

Dícenle: De César. Y díceles: Pagad pues á César lo que es de César, y á Dios lo que es de Dios.

22:22

Y oyendo esto, se maravillaron, y dejándole se fueron.

22:23

Aquel día llegaron á Él los Saduceos, que dicen no haber resurrección, y le preguntaron,

22:24

Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y despertará simiente á su hermano.

22:25

Fueron pues, entre nosotros siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generación, dejó su mujer á su hermano.

22:26

De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta los siete.

22:27

Y después de todos murió también la mujer.

22:28

En la resurrección pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer? porque todos la tuvieron.

22:29

Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las Escrituras, y el poder de Dios.

22:30

Porque en la resurrección, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres marido; mas son como los ángeles de Dios en el cielo.

22:31

Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os es dicho por Dios, que dice:

22:32

Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

22:33

Y oyendo esto las gentes, estaban atónitas de su doctrina.

22:34

Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca á los Saduceos, se juntaron á una.

 cm dom. 22,34-40 -

22:35

Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole y diciendo:

22:36

Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley?

22:37

Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.

22:38

Este es el primero y el grande mandamiento.

22:39

Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo.

22:40

De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

22:41

Y estando juntos los Fariseos, Jesús les preguntó,

22:42

Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿de quién es Hijo? Dícenle: De David.

22:43

El les dice: ¿Pues cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo:

22:44

Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies?

22:45

Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo?

22:46

Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

Mat 22:1 Tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo:
Mat 22:2 «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo.
Mat 22:3 Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir.
Mat 22:4 Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda."
Mat 22:5 Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio;
Mat 22:6 y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron.
Mat 22:7 Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
Mat 22:8 Entonces dice a sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos.
Mat 22:9 Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda."
Mat 22:10 Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
Mat 22:11 «Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda,
Mat 22:12 le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" El se quedó callado.
Mat 22:13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes."
Mat 22:14 Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.»
Mat 22:15 Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra.
Mat 22:16 Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas.
Mat 22:17 Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?»
Mat 22:18 Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
Mat 22:19 Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario.
Mat 22:20 Y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?»
Mat 22:21 Dícenle: «Del César.» Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.»
Mat 22:22 Al oír esto, quedaron maravillados, y dejándole, se fueron.
Mat 22:23 Aquel día se le acercaron unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le preguntaron:
Mat 22:24 «Maestro, Moisés dijo: Si alguien muere sin tener hijos, su hermano se casará con la mujer de aquél para dar descendencia a su hermano.
Mat 22:25 Ahora bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y murió; y, no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.
Mat 22:26 Sucedió lo mismo con el segundo, y con el tercero, hasta los siete.
Mat 22:27 Después de todos murió la mujer.
Mat 22:28 En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron.»
Mat 22:29 Jesús les respondió: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios.
Mat 22:30 Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo.
Mat 22:31 Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído aquellas palabras de Dios cuando os dice:
Mat 22:32 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos.»
Mat 22:33 Al oír esto, la gente se maravillaba de su doctrina.
Mat 22:34 Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo,
Mat 22:35 y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba:
Mat 22:36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?»
Mat 22:37 El le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
Mat 22:38 Este es el mayor y el primer mandamiento.
Mat 22:39 El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Mat 22:40 De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.»
Mat 22:41 Estando reunidos los fariseos, les propuso Jesús esta cuestión:
Mat 22:42 «¿Qué pensáis acerca del Cristo? ¿De quién es hijo?» Dícenle: «De David.»
Mat 22:43 Díceles: «Pues ¿cómo David, movido por el Espíritu, le llama Señor, cuando dice:
Mat 22:44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies?
Mat 22:45 Si, pues, David le llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»
Mat 22:46 Nadie era capaz de contestarle nada; y desde ese día ninguno se atrevió ya a hacerle más preguntas.

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Capítulo 23

23:1

ENTONCES habló Jesús á las gentes y á sus discípulos,

 cm dom. 23,1-12 -

23:2

Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos:

23:3

Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme á sus obras: porque dicen, y no hacen.

23:4

Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.

23:5

Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;

23:6

Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas;

23:7

Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabbí, Rabbí.

23:8

Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabbí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos.

23:9

Y vuestro padre no llaméis á nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos.

23:10

Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.

23:11

El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.

23:12

Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado.

23:13

Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entráis, ni á los que están entrando dejáis entrar.

midrash 4 tipos de discípulos -

23:14

¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque coméis las casas de las viudas, y por pretexto hacéis larga oración: por esto llevaréis mas grave juicio.

23:15

¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque rodeáis la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le hacéis hijo del infierno doble más que vosotros.

23:16

¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el templo es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es.

23:17

¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, ó el templo que santifica al oro?

23:18

Y: Cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el presente que está sobre Él, deudor es.

23:19

¡Necios y ciegos! porque, ¿cuál es mayor, el presente, ó el altar que santifica al presente?

23:20

Pues el que jurare por el altar, jura por Él, y por todo lo que está sobre Él;

23:21

Y el que jurare por el templo, jura por Él, y por Aquél que habita en Él;

23:22

Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquél que está sentado sobre Él.

23:23

¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es á saber, el juicio y la misericordia y la fe: esto era menester hacer, y no dejar lo otro.

23:24

¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, mas tragáis el camello!

23:25

¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo que está de fuera del vaso y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de injusticia.

23:26

¡Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera se haga limpio!

23:27

¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad.

23:28

Así también vosotros de fuera, á la verdad, os mostráis justos á los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía é iniquidad.

23:29

¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos,

23:30

Y decís: Si fuéramos en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas.

23:31

Así que, testimonio dais á vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron á los profetas.

23:32

¡Vosotros también henchid la medida de vuestros padres!

23:33

¡Serpientes, generación de víboras! ¿cómo evitaréis el juicio del infierno?

23:34

Por tanto, he aquí, yo envío á vosotros profetas, y sabios, y escribas: y de ellos, á unos mataréis y crucificaréis, y á otros de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad:

23:35

Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Barachîas, al cual matasteis entre el templo y el altar.

23:36

De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.

23:37

¡Jerusalem, Jerusalem, que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti! ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!

23:38

He aquí vuestra casa os es dejada desierta.

23:39

Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Mat 23:1 Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos
Mat 23:2 y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.
Mat 23:3 Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.
Mat 23:4 Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.
Mat 23:5 Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto;
Mat 23:6 quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
Mat 23:7 que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".
Mat 23:8 «Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos.
Mat 23:9 Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo.
Mat 23:10 Ni tampoco os dejéis llamar "Directores", porque uno solo es vuestro Director: el Cristo.
Mat 23:11 El mayor entre vosotros será vuestro servidor.
Mat 23:12 Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
Mat 23:13 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar.
Mat 23:15 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!
Mat 23:16 «¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!"
Mat 23:17 ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro?
Mat 23:18 Y también: "Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado."
Mat 23:19 ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?
Mat 23:20 Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él.
Mat 23:21 Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita.
Mat 23:22 Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él.
Mat 23:23 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.
Mat 23:24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
Mat 23:25 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia!
Mat 23:26 ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!
Mat 23:27 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!
Mat 23:28 Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
Mat 23:29 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos,
Mat 23:30 y decís: "Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!"
Mat 23:31 Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas.
Mat 23:32 ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!
Mat 23:33 «¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?
Mat 23:34 Por eso, he aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad,
Mat 23:35 para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar.
Mat 23:36 Yo os aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación.
Mat 23:37 «¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!
Mat 23:38 Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa.
Mat 23:39 Porque os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»

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Capítulo 24

24:1

Y SALIDO Jesús, íbase del templo; y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo.

24:2

Y respondiendo Él, les dijo: ¿Veis todo esto? de cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruída.

24:3

Y sentándose Él en el monte de las Olivas, se llegaron á Él los discípulos aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?

24:4

Y respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.

24:5

Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y á muchos engañarán.

24:6

Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad que no os turbéis; porque es menester que todo esto acontezca; mas aún no es el fin.

24:7

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares.

24:8

Y todas estas cosas, principio de dolores.

24:9

Entonces os entregarán para ser afligidos, y os matarán; y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

24:10

Y muchos entonces serán escandalizados; y se entregarán unos á otros, y unos á otros se aborrecerán.

24:11

Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán á muchos.

24:12

Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará.

24:13

Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.

24:14

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin.

24:15

Por tanto, cuando viereis la abominación del asolamiento, que fué dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo, (el que lee, entienda),

24:16

Entonces los que están en Judea, huyan á los montes;

24:17

Y el que sobre el terrado, no descienda á tomar algo de su casa;

24:18

Y el que en el campo, no vuelva atrás á tomar sus vestidos.

24:19

Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días!

24:20

Orad, pues, que vuestra huída no sea en invierno ni en sábado;

24:21

Porque habrá entonces grande aflicción, cual no fué desde el principio del mundo hasta ahora, ni será.

24:22

Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

24:23

Entonces, si alguno os dijere: He aquí está el Cristo, ó allí, no creáis.

24:24

Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aun á los escogidos.

24:25

He aquí os lo he dicho antes.

24:26

Así que, si os dijeren: He aquí en el desierto está; no salgáis: He aquí en las cámaras; no creáis.

24:27

Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre.

24:28

Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.

24:29

Y luego después de la aflicción de aquellos días, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas.

24:30

Y entonces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria.

24:31

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.

24:32

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis que el verano está cerca.

24:33

Así también vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, á las puertas.

24:34

De cierto os digo, que no pasará esta generación, que todas estas cosas no acontezcan.

24:35

El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

24:36

Empero del día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo.

24:37

Mas como los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.

 cm dom. 24,37-44 -

24:38

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca,

24:39

Y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó á todos, así será también la venida del Hijo del hombre.

24:40

Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado:

24:41

Dos mujeres moliendo á un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada.

24:42

Velad pues, porque no sabéis á qué hora ha de venir vuestro Señor.

24:43

Esto empero sabed, que si el padre de la familia supiese á cuál vela el ladrón había de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.

24:44

Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensáis.

24:45

¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su familia para que les dé alimento á tiempo?

24:46

Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su señor viniere, le hallare haciendo así.

24:47

De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá.

24:48

Y si aquel siervo malo dijere en su corazón Mi señor se tarda en venir:

24:49

Y comenzare á herir á sus consiervos, y aun á comer y á beber con los borrachos;

24:50

Vendrá el señor de aquel siervo en el día que no espera, y á la hora que no sabe,

24:51

Y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro y el crujir de dientes.

Mat 24:1 Salió Jesús del Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo.
Mat 24:2 Pero él les respondió: «¿Veis todo esto? Yo os aseguro no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida.»
Mat 24:3 Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus discípulos, y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo.»
Mat 24:4 Jesús les respondió: «Mirad que no os engañe nadie.
Mat 24:5 Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy el Cristo", y engañarán a muchos.
Mat 24:6 Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin.
Mat 24:7 Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambre y terremotos.
Mat 24:8 Todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento.
Mat 24:9 «Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.
Mat 24:10 Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente.
Mat 24:11 Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos.
Mat 24:12 Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará.
Mat 24:13 Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
Mat 24:14 «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.
Mat 24:15 «Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda),
Mat 24:16 entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes;
Mat 24:17 el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa;
Mat 24:18 y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto.
Mat 24:19 ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
Mat 24:20 Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado.
Mat 24:21 Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla.
Mat 24:22 Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.
Mat 24:23 «Entonces, si alguno os dice: "Mirad, el Cristo está aquí o allí, no lo creáis.
Mat 24:24 Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos.
Mat 24:25 ¡Mirad que os lo he predicho!
Mat 24:26 «Así que si os dicen: "Está en el desierto", no salgáis; "Está en los aposentos", no lo creáis.
Mat 24:27 Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre.
Mat 24:28 Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.
Mat 24:29 «Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
Mat 24:30 Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.
Mat 24:31 El enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.
Mat 24:32 «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.
Mat 24:33 Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que El está cerca, a las puertas.
Mat 24:34 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
Mat 24:35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Mat 24:36 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
Mat 24:37 «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.
Mat 24:38 Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca,
Mat 24:39 y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.
Mat 24:40 Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado;
Mat 24:41 dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.
Mat 24:42 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Mat 24:43 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa.
Mat 24:44 Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.
Mat 24:45 «¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo?
Mat 24:46 Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
Mat 24:47 Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.
Mat 24:48 Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: "Mi señor tarda",
Mat 24:49 y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos,
Mat 24:50 vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe,
Mat 24:51 le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

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Capítulo 25

25:1

ENTONCES el reino de los cielos será semejante á diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo.

 cm dom. 25,1-13 -

25:2

Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas.

25:3

Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;

25:4

Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.

25:5

Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.

25:6

Y á la media noche fué oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid á recibirle.

25:7

Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.

25:8

Y las fatuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.

25:9

Mas las prudentes respondieron, diciendo. Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id antes á los que venden, y comprad para vosotras.

25:10

Y mientras que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con Él á las bodas; y se cerró la puerta.

25:11

Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.

25:12

Mas respondiendo Él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

25:13

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.

25:14

Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes.

 cm dom. 25,14-30 -

25:15

Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos.

25:16

Y el que había recibido cinco talentos se fué, y granjeó con ellos, é hizo otros cinco talentos.

25:17

Asimismo el que había recibido dos, ganó también Él otros dos.

25:18

Mas el que había recibido uno, fué y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

25:19

Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos.

25:20

Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.

25:21

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

25:22

Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.

25:23

Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

25:24

Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste;

25:25

Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.

25:26

Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí;

25:27

Por tanto te convenía dar mi dinero á los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura.

25:28

Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.

25:29

Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

25:30

Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

25:31

Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.

 cm dom. 25,31-46 -

25:32

Y serán reunidas delante de Él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

25:33

Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda.

25:34

Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

25:35

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis;

25:36

Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.

25:37

Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿ó sediento, y te dimos de beber?

25:38

¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos?

25:39

¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á ti?

25:40

Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis.

25:41

Entonces dirá también á los que estarán á la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles:

25:42

Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

25:43

Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.

25:44

Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos?

25:45

Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí lo hicisteis.

25:46

E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna.

Mat 25:1 «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio.
Mat 25:2 Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes.
Mat 25:3 Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite;
Mat 25:4 las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas.
Mat 25:5 Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron.
Mat 25:6 Mas a media noche se oyó un grito: "¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!"
Mat 25:7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.
Mat 25:8 Y las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan."
Mat 25:9 Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis."
Mat 25:10 Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta.
Mat 25:11 Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!"
Mat 25:12 Pero él respondió: "En verdad os digo que no os conozco."
Mat 25:13 Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.
Mat 25:14 «Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda:
Mat 25:15 a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó.
Mat 25:16 Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco.
Mat 25:17 Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos.
Mat 25:18 En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.
Mat 25:19 Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos.
Mat 25:20 Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado."
Mat 25:21 Su señor le dijo: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor."
Mat 25:22 Llegándose también el de los dos talentos dijo: "Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado."
Mat 25:23 Su señor le dijo: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor."
Mat 25:24 Llegándose también el que había recibido un talento dijo: "Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste.
Mat 25:25 Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo."
Mat 25:26 Mas su señor le respondió: "Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí;
Mat 25:27 debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses.
Mat 25:28 Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos.
Mat 25:29 Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
Mat 25:30 Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes."
Mat 25:31 «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria.
Mat 25:32 Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.
Mat 25:33 Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.
Mat 25:34 Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Mat 25:35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis;
Mat 25:36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme."
Mat 25:37 Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?
Mat 25:38 ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?
Mat 25:39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"
Mat 25:40 Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis."
Mat 25:41 Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.
Mat 25:42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
Mat 25:43 era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis."
Mat 25:44 Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Mat 25:45 Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo."
Mat 25:46 E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»

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Capítulo 26

26:1

Y ACONTECIÓ que, como hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo á sus discípulos:

 

26:2

Sabéis que dentro de dos días se hace la pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado.

26:3

Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron al patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás;

26:4

Y tuvieron consejo para prender por engaño á Jesús, y matarle.

26:5

Y decían: No en el día de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo.

26:6

Y estando Jesús en Bethania, en casa de Simón el leproso,

26:7

Vino á Él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de Él, estando sentado á la mesa.

26:8

Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por qué se pierde esto?

26:9

Porque esto se podía vender por gran precio, y darse á los pobres.

26:10

Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué dais pena á esta mujer? Pues ha hecho conmigo buena obra.

26:11

Porque siempre tendréis pobres con vosotros, mas á mí no siempre me tendréis.

26:12

Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme lo ha hecho.

26:13

De cierto os digo, que donde quiera que este evangelio fuere predicado en todo el mundo, también será dicho para memoria de ella, lo que ésta ha hecho.

26:14

Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fué á los príncipes de los sacerdotes,

 cm dom. 26,14-27,66 -

26:15

Y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le señalaron treinta piezas de plata.

26:16

Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.

26:17

Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos á Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para ti para comer la pascua?

26:18

Y Él dijo: Id á la ciudad á cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa haré la pascua con mis discípulos.

26:19

Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y aderezaron la pascua.

26:20

Y como fué la tarde del día, se sentó á la mesa con los doce.

26:21

Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.

26:22

Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor?

26:23

Entonces Él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me ha de entregar.

26:24

A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de Él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.

26:25

Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo. ¿Soy yo, Maestro? Dícele: Tú lo has dicho.

26:26

Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed. esto es mi cuerpo.

26:27

Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dió, diciendo: Bebed de Él todos;

26:28

Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.

26:29

Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

26:30

Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.

26:31

Entonces Jesús les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas.

26:32

Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galilea.

26:33

Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado.

26:34

Jesús le dice: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

26:35

Dícele Pedro. Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

26:36

Entonces llegó Jesús con ellos á la aldea que se llama Gethsemaní, y dice á sus discípulos: Sentaos aquí, hasta que vaya allí y ore.

26:37

Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedeo, comenzó á entristecerse y á angustiarse en gran manera.

26:38

Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

26:39

Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.

26:40

Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora?

26:41

Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma.

26:42

Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo. Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

26:43

Y vino, y los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados.

26:44

Y dejándolos fuése de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.

26:45

Entonces vino á sus discípulos y díceles: Dormid ya, y descansad: he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.

26:46

Levantaos, vamos: he aquí ha llegado el que me ha entregado.

26:47

Y hablando aún Él, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con Él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.

26:48

Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle.

26:49

Y luego que llegó á Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó.

26:50

Y Jesús le dijo: Amigo, ¿á qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano á Jesús, y le prendieron.

26:51

Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja.

26:52

Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán.

26:53

¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y Él me daría más de doce legiones de ángeles?

26:54

¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho?

26:55

En aquella hora dijo Jesús á las gentes: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos á prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.

26:56

Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos huyeron, dejándole.

26:57

Y ellos, prendido Jesús, le llevaron á Caifás pontífice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos.

26:58

Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del pontífice; y entrando dentro, estábase sentado con los criados, para ver el fin.

26:59

Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle á la muerte;

26:60

Y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban; mas á la postre vinieron dos testigos falsos,

26:61

Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.

26:62

Y levantándose el pontífice, le dijo: ¿No respondes nada? ¿qué testifican éstos contra ti?

26:63

Mas Jesús callaba. Respondiendo el pontífice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios.

26:64

Jesús le dijo: Tú lo has dicho: y aun os digo, que desde ahora habéis de ver al Hijo de los hombres sentado á la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo.

26:65

Entonces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia.

26:66

¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte.

26:67

Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herían con mojicones,

26:68

Diciendo: Profetízanos tú, Cristo, quién es el que te ha herido.

26:69

Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se llegó á Él una criada, diciendo: Y tú con Jesús el Galileo estabas.

26:70

Mas Él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.

26:71

Y saliendo Él á la puerta, le vió otra, y dijo á los que estaban allí: También éste estaba con Jesús Nazareno.

26:72

Y negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.

26:73

Y un poco después llegaron los que estaban por allí, y dijeron á Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu habla te hace manifiesto.

26:74

Entonces comenzó á hacer imprecaciones, y á jurar, diciendo: No conozco al hombre. Y el gallo cantó luego.

26:75

Y se acordó Pedro de las palabras de Jesús, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente.

Mat 26:1 Y sucedió que, cuando acabó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos:
Mat 26:2 «Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado.»
Mat 26:3 Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás;
Mat 26:4 y resolvieron prender a Jesús con engaño y darle muerte.
Mat 26:5 Decían sin embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el pueblo.»
Mat 26:6 Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
Mat 26:7 se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa.
Mat 26:8 Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este despilfarro?
Mat 26:9 Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres.»
Mat 26:10 Mas Jesús, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una "obra buena" ha hecho conmigo.
Mat 26:11 Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre.
Mat 26:12 Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho.
Mat 26:13 Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»
Mat 26:14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes,
Mat 26:15 y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata.
Mat 26:16 Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.
Mat 26:17 El primer día de los Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?»
Mat 26:18 El les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos."»
Mat 26:19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.
Mat 26:20 Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce.
Mat 26:21 Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.»
Mat 26:22 Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?»
Mat 26:23 El respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará.
Mat 26:24 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
Mat 26:25 Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú lo has dicho.»
Mat 26:26 Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.»
Mat 26:27 Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos,
Mat 26:28 porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados.
Mat 26:29 Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»
Mat 26:30 Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
Mat 26:31 Entonces les dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño.
Mat 26:32 Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»
Mat 26:33 Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.»
Mat 26:34 Jesús le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.»
Mat 26:35 Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo mismo dijeron también todos los discípulos.
Mat 26:36 Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
Mat 26:37 Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
Mat 26:38 Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.»
Mat 26:39 Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.»
Mat 26:40 Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?
Mat 26:41 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»
Mat 26:42 Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.»
Mat 26:43 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados.
Mat 26:44 Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
Mat 26:45 Viene entonces donde los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.
Mat 26:46 ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.»
Mat 26:47 Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
Mat 26:48 El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle.»
Mat 26:49 Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso.
Mat 26:50 Jesús le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.
Mat 26:51 En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.
Mat 26:52 Dícele entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán.
Mat 26:53 ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?
Mat 26:54 Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?»
Mat 26:55 En aquel momento dijo Jesús a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis.
Mat 26:56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron.
Mat 26:57 Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
Mat 26:58 Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final.
Mat 26:59 Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte,
Mat 26:60 y no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos,
Mat 26:61 que dijeron: «Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días edificarlo.»
Mat 26:62 Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?»
Mat 26:63 Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»
Mat 26:64 Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.»
Mat 26:65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
Mat 26:66 ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»
Mat 26:67 Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle,
Mat 26:68 diciendo: «Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?»
Mat 26:69 Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.»
Mat 26:70 Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.»
Mat 26:71 Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazoreo.»
Mat 26:72 Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
Mat 26:73 Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!»
Mat 26:74 Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo.
Mat 26:75 Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.

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Capítulo 27

27:1

Y VENIDA la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesús, para entregarle á muerte.

27:2

Y le llevaron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente.

27:3

Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta piezas de plata á los príncipes de los sacerdotes y á los ancianos,

27:4

Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué se nos da á nosotros? Viéraslo tú.

27:5

Y arrojando las piezas de plata en el templo, partióse; y fué, y se ahorcó.

27:6

Y los príncipes de los sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de los dones, porque es precio de sangre.

27:7

Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por sepultura para los extranjeros.

27:8

Por lo cual fué llamado aquel campo, Campo de sangre, hasta el día de hoy.

27:9

Entonces se cumplió lo que fué dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, que fué apreciado por los hijos de Israel;

27:10

Y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.

27:11

Y Jesús estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.

27:12

Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió.

27:13

Pilato entonces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?

27:14

Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho,

27:15

Y en el día de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso, cual quisiesen.

27:16

Y tenían entonces un preso famoso que se llamaba Barrabás.

27:17

Y juntos ellos, les dijo Pilato; ¿Cuál queréis que os suelte? ¿á Barrabás ó á Jesús que se dice el Cristo?

27:18

Porque sabía que por envidia le habían entregado.

27:19

Y estando Él sentado en el tribunal, su mujer envió á Él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de Él.

27:20

Mas los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese á Barrabás, y á Jesús matase.

27:21

Y respondiendo el presidente les dijo: ¿Cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: á Barrabás.

27:22

Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesús que se dice el Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado.

27:23

Y el presidente les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban más, diciendo: Sea crucificado.

27:24

Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se hacía más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo veréis lo vosotros.

27:25

Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.

27:26

Entonces les soltó á Barrabás: y habiendo azotado á Jesús, le entregó para ser crucificado.

27:27

Entonces los soldados del presidente llevaron á Jesús al pretorio, y juntaron á Él toda la cuadrilla;

27:28

Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana;

27:29

Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; é hincando la rodilla delante de Él, le burlaban, diciendo: ¡Salve, Rey de los Judíos!

27:30

Y escupiendo en Él, tomaron la caña, y le herían en la cabeza.

27:31

Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

27:32

Y saliendo, hallaron á un Cireneo, que se llamaba Simón: á éste cargaron para que llevase su cruz.

27:33

Y como llegaron al lugar que se llamaba Gólgotha, que es dicho, El lugar de la calavera,

27:34

Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel: y gustando, no quiso beber lo

27:35

Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.

27:36

Y sentados le guardaban allí.

27:37

Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS EL REY DE LOS JUDIOS.

27:38

Entonces crucificaron con Él dos ladrones, uno á la derecha, y otro á la izquierda.

27:39

Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas,

27:40

Y diciendo: Tú, el que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate á ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.

27:41

De esta manera también los príncipes de los sacerdotes, escarneciendo con los escribas y los Fariseos y los ancianos, decían:

27:42

á otros salvó, á sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en Él.

27:43

Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.

27:44

Lo mismo también le zaherían los ladrones que estaban crucificados con Él.

27:45

Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

27:46

Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

27:47

Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama éste.

27:48

Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la hinchió de vinagre, y poniéndola en una caña, dábale de beber.

27:49

Y los otros decían: Deja, veamos si viene Elías á librarle.

27:50

Mas Jesús, habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu.

27:51

Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo: y la tierra tembló, y las piedras se hendieron;

27:52

Y abriéronse los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

27:53

Y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos.

27:54

Y el centurión, y los que estaban con Él guardando á Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era éste.

27:55

Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido de Galilea á Jesús, sirviéndole:

27:56

Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

27:57

Y como fué la tarde del día, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también había sido discípulo de Jesús.

27:58

Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús: entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.

27:59

Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,

27:60

Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña: y revuelta una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué.

27:61

Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.

27:62

Y el siguiente día, que es después de la preparación, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos á Pilato,

27:63

Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.

27:64

Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el día tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.

27:65

Y Pilato les dijo: Tenéis una guardia: id, aseguradlo como sabéis.

27:66

Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, con la guardia.

Mat 27:1 Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte.
Mat 27:2 Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato.
Mat 27:3 Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos,
Mat 27:4 diciendo: «Pequé entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú verás.»
Mat 27:5 El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó.
Mat 27:6 Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
Mat 27:7 Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los forasteros.
Mat 27:8 Por esta razón ese campo se llamó «Campo de Sangre», hasta hoy.
Mat 27:9 Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue apreciado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel,
Mat 27:10 y las dieron por el Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor.»
Mat 27:11 Jesús compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió Jesús: «Sí, tú lo dices.»
Mat 27:12 Y, mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada.
Mat 27:13 Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?»
Mat 27:14 Pero él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido.
Mat 27:15 Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran.
Mat 27:16 Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás.
Mat 27:17 Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?»,
Mat 27:18 pues sabía que le habían entregado por envidia.
Mat 27:19 Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.»
Mat 27:20 Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
Mat 27:21 Y cuando el procurador les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron: «¡A Barrabás!»
Mat 27:22 Díceles Pilato: «Y ¿qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?» Y todos a una: «¡Sea crucificado!» -
Mat 27:23 «Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!»
Mat 27:24 Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»
Mat 27:25 Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
Mat 27:26 Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.
Mat 27:27 Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte.
Mat 27:28 Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura;
Mat 27:29 y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»;
Mat 27:30 y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.
Mat 27:31 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.
Mat 27:32 Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz.
Mat 27:33 Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, «Calvario»,
Mat 27:34 le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo.
Mat 27:35 Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes.
Mat 27:36 Y se quedaron sentados allí para custodiarle.
Mat 27:37 Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Este es Jesús, el Rey de los judíos.»
Mat 27:38 Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Mat 27:39 Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo:
Mat 27:40 «Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
Mat 27:41 Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo:
Mat 27:42 «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él.
Mat 27:43 Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: "Soy Hijo de Dios."»
Mat 27:44 De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él.
Mat 27:45 Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
Mat 27:46 Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»
Mat 27:47 Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías llama éste.»
Mat 27:48 Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber.
Mat 27:49 Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.»
Mat 27:50 Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.
Mat 27:51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron.
Mat 27:52 Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron.
Mat 27:53 Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
Mat 27:54 Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era Hijo de Dios.»
Mat 27:55 Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle.
Mat 27:56 Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Mat 27:57 Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús.
Mat 27:58 Se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dio orden de que se le entregase.
Mat 27:59 José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
Mat 27:60 y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.
Mat 27:61 Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
Mat 27:62 Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato
Mat 27:63 y le dijeron: «Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: "A los tres días resucitaré."
Mat 27:64 Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: "Resucitó de entre los muertos", y la última impostura sea peor que la primera.»
Mat 27:65 Pilato les dijo: «Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis.»
Mat 27:66 Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.

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Capítulo 28

28:1

Y LA víspera de sábado, que amanece para el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro.

 cm dom. 28,1-10

28:2

Y he aquí, fué hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, había revuelto la piedra, y estaba sentado sobre ella.

28:3

Y su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.

28:4

Y de miedo de Él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos.

28:5

Y respondiendo el ángel, dijo á las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis á Jesús, que fué crucificado.

28:6

No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fué puesto el Señor.

28:7

E id presto, decid á sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros á Galilea; allí le veréis; he aquí, os lo he dicho.

28:8

Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo á dar las nuevas á sus discípulos. Y mientras iban á dar las nuevas á sus discípulos,

28:9

He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: Salve. Y ellas se llegaron y abrazaron sus pies, y le adoraron.

28:10

Entonces Jesús les dice: No temáis: id, dad las nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galilea, y allí me verán.

28:11

Y yendo ellas, he aquí unos de la guardia vinieron á la ciudad, y dieron aviso á los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.

28:12

Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero á los soldados,

28:13

Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros.

28:14

Y si esto fuere oído del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros.

28:15

Y ellos, tomando el dinero, hicieron como estaban instruídos: y este dicho fué divulgado entre los Judíos hasta el día de hoy.

28:16

Mas los once discípulos se fueron á Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.

 cm dom. 28,16-20 -

28:17

Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.

28:18

Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

28:19

Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:

28:20

Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Mat 28:1 Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.
Mat 28:2 De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.
Mat 28:3 Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve.
Mat 28:4 Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos.
Mat 28:5 El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado;
Mat 28:6 no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.
Mat 28:7 Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis." Ya os lo he dicho.»
Mat 28:8 Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos.
Mat 28:9 En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!» Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron.
Mat 28:10 Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mat 28:11 Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado.
Mat 28:12 Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados,
Mat 28:13 advirtiéndoles: «Decid: "Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos."
Mat 28:14 Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones.»
Mat 28:15 Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.
Mat 28:16 Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Mat 28:17 Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
Mat 28:18 Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.
Mat 28:19 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
Mat 28:20 y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»

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