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Decimocuarto día: NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN

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Nuestra Señora del Sagrado Corazón Abogada de las causas difíciles y desesperadas

 




¡Qué magnífica cadena nos ha hecho descubrir este estudio! Hemos visto esta cadena misteriosa que une el corazón del hombre al Corazón de Cristo y el Corazón de Cristo al Corazón mismo de Dios. Y el eslabón común que hace de unión... es María, la que formó de su propia sangre, por la virtud del Espíritu Santo, el Corazón Sagrado de Jesús... Comprendo la grandeza de su dignidad y el poder inefable que su Divino Hijo le ha dado sobre su Corazón adorable; comprendo también todo el interés que Ella siente por los hombres, que son sus hijos (S 137).

Nuestra Señora estuvo íntimamente ligada a la fundación (1854) y a la vida de la joven Congre­gación de los Misioneros del Sagrado Corazón, entre los que fue honrada muy pronto (1859) bajo el título de «Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón»: Este título parecía venir de lo alto —comenta Chevalier—; era a la vez la expresión del vivo reconocimiento que los nuevos religiosos debían a su augusta bienhechora y el símbolo del poder que Dios le dio sobre el Corazón de su Hijo (ND 4).

«Nuestra Señora del Sagrado Corazón...» 1859. Durante un recreo, a la sombra de tres tilos que sigue habiendo todavía hoy en el patio inte­rior de Issoudun, después de un corto diálogo, Chevalier propuso a sus compañeros el título de «Nuestra Señora del Sagrado Corazón»: Este vo­cablo —explicó— ...quiere decir que María, como consecuencia de su maternidad divina, posee un gran poder sobre el Corazón de Jesús, y por Ella es como debemos ir a este divino Corazón.

—¡Esto es una novedad!..., observó Piperon.

—Un nombre nuevo, quizá; pero que nos apa­rece escrito en letras de oro, de la mano de Dios mismo, en las primeras páginas del libro de las grandezas de María (ND 29).

—Este título de «Nuestra Señora del Sagrado Co­razón» se extendió como un reguero de pólvora por todos los continentes, y sigue siendo de tanta actualidad que su mejor comentario se encuentra sin duda en la Redemptoris Mater (RM, marzo de 1987), carta encíclica de Juan Pablo II:

—1. «Por su "sí" lleno de amor —dice— María es la primera en proclamar con fuerza la verdad no ofuscada sobre Dios, que es la fuente de todo don» (RM 37). Contrapunto de Chevalier: María no fue separada de su Hijo en la elección divina... Ella será la madre del mundo entero, la fuente universal. Dios, al escogerla y predesti­narla a la maternidad divina, deposita en Ella todas las gracias que destinaba a los ángeles y a los hombres, la dota de todas las prerrogativas (ND 24).

2. «Por su "sí" lleno de fe, María es la pri­mera en "levantar la sospecha" que el padre de la mentira había hecho surgir en el corazón de Eva» (RM 37). Contrapunto de Chevalier: Dios puede contar totalmente con María: [Él] no temía en absoluto que la obra de nuestra justificación fracasara si la ponía en manos de la Virgen Inmaculada; María, siendo la más perfecta de las creaturas, no podía querer otra cosa que lo que Dios quería ... (ND 186).

3. «Por su "sí" sin reservas, María se encuen­tra sumida en el centro mismo de la plenitud de Cristo» (RM 36) «y en el centro mismo de aque­lla lucha que acompaña la historia de la humani­dad en la tierra y la historia misma de la salva­ción» (RM 11). Contrapunto de Chevalier: el Corazón de María está perfectamente acorde con el de su Hijo: Así, cuando María consintió en la proposición del ángel, sabía bien que sería la Madre del que habría de ser holocausto a causa del pecado... Sabía bien que la cruz sería la con­sumación de un sacrificio que había comenzado en el pesebre. Ella quiso este sacrificio no sólo por los hombres en general, sino para cada uno de ellos en particular... (ND 189).

Nuestra Señora del Sagrado Corazón y el P. Julio Chevalier msc



¿Cómo resumir mejor en un lenguaje más actual lo que Chevalier dice de Nuestra Señora del Sagrado Corazón? Al darle este glorioso nombre, al invocarla bajo este título, estamos seguros de agradarle, pues le recordamos el objeto más que­rido de su amor, lo único deseado de su corazón, el Corazón Sagrado de su Hijo (apuntes en hojas sueltas). Y cuando Chevalier añade además que María es «la esperanza de los desesperados», Juan Pablo II le hace eco diciendo que Ella «sigue siendo para todos los' hombres una señal de esperanza segura» (RM 11). Para la humanidad, llegaba el alba de una vida nueva, mientras que para Satanás, león que sigue rugiendo pero ya encadenado, era el crepúsculo de una derrota anunciada (M1 p. 702).

Fiel a las promesas de la novena de 1855, Che­valier hizo componer en 1861 la primera vidrie­ra dedicada a Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón; y el 6 de abril de 1864, movido por la piedad popular, Mons. de la Tour d'Auvergne fundó la Asociación de Nuestra Señora del Sagrado Cora­zón (A 18). Casi inmediatamente después apare­ció el primer número de los Anales de Notre Dame du Sacré-Coeur (1866). ¡Qué alegría cuando, el 8 de diciembre de 1869, en medio de una extraordinaria concurrencia de 40.000 fieles, de cientos de sacerdotes y de doce obispos (ND 20), fue solemnemente coronada la estatua de Nuestra Señora del Sagrado Corazón!

Dos corazones perfectamente de acuerdo: ...Ese Corazón... sois Vos quien lo ha dado al mundo, quien lo ha dado al Cielo y a Dios. ¡Oh, María! ¡Qué gloria para Vos! (S 84-85); pero también, «¡qué completo desmentido!» (RM 18). El ángel de la anunciación había prometido el trono de David, pero en la cruz, cuando «su Hijo agoniza sobre aquel madero», su fe heroica y penetrante la pone en comunión perfecta con Él (cf. RM 18). Los discípulos... le entregan el cuerpo ensangren­tado del Salvador... Ella considera la profundidad de sus llagas abiertas; se detiene sobre todo en la del Corazón Sagrado, pues comprende todos los misterios de amor que allí están encerrados... (M1 467). En este momento es cuando María se con­vierte realmente en Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Al invocarla bajo este título, recurrimos al poder inefable que su Hijo le ha dado sobre su Corazón adorable, recurrimos a su ternura, que nos manifiesta a fin de hacernos partícipes de sus divinas riquezas (M1 62-63).



¿Mediación «maternal» de Nuestra Señora del Sagrado Corazón?

Por este hermoso título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón reconocemos la «influencia ma­ternal» que ejerce sobre los méritos de su Hijo y... sobre su Divino Corazón, que es su fuente ado­rable (S 160). ¿Habrá olvidado Chevalier que Jesús es el único Mediador? En el «Acordaos», primera oración de la Asociación de Nuestra Señora del Sagrado Corazón (1864), por ejemplo, él habla del poder sin límites que vuestro Hijo divi­no os ha dado sobre su Corazón adorable. Algu­nos se sintieron celosos ante tales audacias... Sin razón, pues era hacer poco caso de los matices y hasta de las correcciones que él recordaba, por otra parte, en todas las ocasiones: Sólo a Jesús la gloria de ser nuestro único mediador. Sólo a Él el poder absoluto de un Dios; y, a Vos, ¡oh María!, el poder de intercesión de una Madre amada (ND 171).

Juan Pablo II, al meditar sobre el misterio de Caná, no dice otra cosa: «María se pone "en medio"... Actúa como mediadora, no como una persona extraña, sino en su papel de madre...» (RM 21). Éste es el objeto de la devoción a Nues­tra Señora del Sagrado Corazón y la explicación de este hermoso título. ¡Oh!, qué capaz es de excitar nuestra confianza cuando sabemos que María es nuestra Madre y que nos ama tan tier­namente. Digámosle a menudo: ¡Nuestra Señora del Sagrado Corazón, rogad por nosotros! (M1 718). Queda, sin embargo, el hecho de que este conflicto acarreó a Chevalier muchas dificultades a menudo dolorosas. Pero no por ello tenía menos confianza y paz interior, pues estaba entregado por completo a la voluntad de Dios: Elegid lo que más debéis admirar, o la muy humilde sumisión del Hijo, o la excelente dignidad de la Madre (apuntes en hojas sueltas). Parece claro que en este asunto Chevalier fue víctima de un malentendido.

La devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón —escribe en 1895 a Mons. Boyer, arzobispo de Bourges—, es importante que lo diga, no es en modo alguno el hecho de una intervención sobrenatural; se desprende por deducción de la Maternidad divina, fuente de todas las grandezas y prerrogativas de María... (ND 19). En marzo de 1971, en el espíritu del Concilio, apareció en los Annales de Notre Dame du Sacré-Coeur una nueva redacción del antiguo «Acordaos», fiel en esencia a lo que había querido expresar el padre Chevalier:



Acuérdate,

Nuestra Señora del Sagrado Corazón,

de las maravillas

que el Señor hizo en ti.

Te eligió como Madre

y te quiso junto a su cruz.

Hoy te hace compartir su gloria y escucha tu oración.

Ofrécele nuestras alabanzas

y nuestra acción de gracias.

Preséntale nuestras peticiones...

Haznos vivir como tú en el amor de tu Hijo,

para que venga a nosotros su reino.

Lleva a todos los hombres

a la fuente de agua viva

que brota de su Corazón,

derramando sobre el mundo

la esperanza y la salvación,

la justicia y la paz.

¡Mira nuestra confianza,

atiende nuestra súplica

y muéstrate siempre como Madre nuestra! Amén.



Oración

Pero este Corazón adorable, para conseguir cosas tan grandes, se sirve de un instrumento; y este instrumento sois Vos, ¡oh María! ¿Quién podrá decir el lugar que ocupáis en el plan divi­no que acaba de desplegarse ante nuestros ojos? Vos habéis hecho brotar esta fuente de vida, de luz y de bendición; es a través de vuestras bendi­tas manos como llegan a nosotros tantas riquezas... Puesto que el Corazón de vuestro Hijo es el centro en el que todo converge, el punto de reu­nión de todos los mundos, la glorificación de todos los seres, el reposo de todos los elegidos, conducidnos a este crisol luminoso donde todo se transfigura y se deifica (S 93).

 

Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús abogada de las causas difíciles y desesperadas

 

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