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El Evangelio según san Lucas

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La versión Biblia de Jerusalén 

Al final de cada capítulo encontrará el mismo pasaje
en la versión de la Biblia de Jerusalén

 

Capítulo 1

1:1

HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,

  10 rasgos del E.S. en Lucas - 

1:2

Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;

1:3

Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo,

1:4

Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.

1:5

HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet.

1:6

Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor.

1:7

Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días.

1:8

Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez,

1:9

Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner el incienso, entrando en el templo del Señor.

1:10

Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso.

1:11

Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie á la derecha del altar del incienso.

1:12

Y se turbó Zacarías viéndole, y cayó temor sobre Él.

1:13

Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.

1:14

Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.

1:15

Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre.

1:16

Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.

1:17

Porque Él irá delante de Él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.

1:18

Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.

1:19

Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas.

1:20

Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.

1:21

Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que Él se detuviese en el templo.

1:22

Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había visto visión en el templo: y Él les hablaba por señas, y quedó mudo.

1:23

Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á su casa.

1:24

Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo:

1:25

Porque el Señor me ha hecho así en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.

1:26

Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

 cm fiesta 1,26 –38cm dom. 1,26-38 -

1:27

A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.

1:28

Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.

1:29

Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.

1:30

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.

1:31

Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS.

1:32

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre:

1:33

Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.

1:34

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.

1:35

Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

1:36

Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril:

1:37

Porque ninguna cosa es imposible para Dios.

1:38

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella.

1:39

En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá;

  cm dom. 1,39-45  - cm fiesta 1,39-55 -

1:40

Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.

1:41

Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo,

1:42

Y exclamó á gran voz, y dijo. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

1:43

¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí?

1:44

Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

1:45

Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.

1:46

Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;

1:47

Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador,

1:48

Porque ha mirado á la bajeza de su criada; Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

1:49

Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre.

1:50

Y su misericordia de generación á generación A los que le temen.

1:51

Hizo valentía con su brazo: Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.

1:52

Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los humildes.

1:53

A los hambrientos hinchió de bienes; Y á los ricos envió vacíos.

1:54

Recibió á Israel su siervo, acordándose de la misericordia.

1:55

Como habló á nuestros padres A Abraham y á su simiente para siempre.

1:56

Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa.

1:57

Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo.

1:58

Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella.

1:59

Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías.

1:60

Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.

1:61

Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre.

1:62

Y hablaron por señas á su padre, cómo le quería llamar.

1:63

Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.

1:64

Y luego fué abierta su boca y su lengua, y habló bendiciendo á Dios.

1:65

Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.

1:66

Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con Él.

1:67

Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:

1:68

Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y hecho redención á su pueblo,

1:69

Y nos alzó un cuerno de salvación En la casa de David su siervo,

1:70

Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio:

1:71

Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron;

1:72

Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordándose de su santo pacto;

1:73

Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, Que nos había de dar,

1:74

Que sin temor librados de nuestros enemigos, Le serviríamos

1:75

En santidad y en justicia delante de Él, todos los días nuestros.

1:76

Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos;

1:77

Dando conocimiento de salud á su pueblo, Para remisión de sus pecados,

1:78

Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó de lo alto el Oriente,

1:79

Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.

1:80

Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu: y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró á Israel.

Luk 1:1 Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros,
Luk 1:2 tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra,
Luk 1:3 he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo,
Luk 1:4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
Luk 1:5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel;
Luk 1:6 los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor.
Luk 1:7 No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.
Luk 1:8 Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo,
Luk 1:9 le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.
Luk 1:10 Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.
Luk 1:11 Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
Luk 1:12 Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él.
Luk 1:13 El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan;
Luk 1:14 será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento,
Luk 1:15 porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre,
Luk 1:16 y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios,
Luk 1:17 e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.»
Luk 1:18 Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad.»
Luk 1:19 El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva.
Luk 1:20 Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.»
Luk 1:21 El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario.
Luk 1:22 Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo.
Luk 1:23 Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa.
Luk 1:24 Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses
Luk 1:25 diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres.»
Luk 1:26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
Luk 1:27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
Luk 1:28 Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Luk 1:29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
Luk 1:30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
Luk 1:31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
Luk 1:32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
Luk 1:33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
Luk 1:34 María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
Luk 1:35 El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
Luk 1:36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
Luk 1:37 porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
Luk 1:38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.
Luk 1:39 En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá;
Luk 1:40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Luk 1:41 Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;
Luk 1:42 y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;
Luk 1:43 y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?
Luk 1:44 Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.
Luk 1:45 ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
Luk 1:46 Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor
Luk 1:47 y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
Luk 1:48 porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
Luk 1:49 porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre
Luk 1:50 y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
Luk 1:51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
Luk 1:52 Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
Luk 1:53 A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.
Luk 1:54 Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
Luk 1:55 - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos.»
Luk 1:56 María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
Luk 1:57 Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo.
Luk 1:58 Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella.
Luk 1:59 Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías,
Luk 1:60 pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan.»
Luk 1:61 Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre.»
Luk 1:62 Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase.
Luk 1:63 El pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Y todos quedaron admirados.
Luk 1:64 Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
Luk 1:65 Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas;
Luk 1:66 todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.
Luk 1:67 Zacarías, su padre, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo:
Luk 1:68 «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo.
Luk 1:69 y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo,
Luk 1:70 como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas,
Luk 1:71 que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban
Luk 1:72 haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza
Luk 1:73 y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos
Luk 1:74 que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor
Luk 1:75 en santidad y justicia delante de él todos nuestros días.
Luk 1:76 Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos
Luk 1:77 y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados,
Luk 1:78 por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura,
Luk 1:79 a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»
Luk 1:80 El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

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Capítulo 2

2:1

Y ACONTECIÓ en aquellos días que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.

 cm dom. 2,1-14cm2 dom. 2,1-14cm3 dom. 2,1-14 - comNav 2, 1-20 -

2:2

Este empadronamiento primero fué hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria.

2:3

E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad.

2:4

Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á Judea, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;

2:5

Para ser empadronado con María su mujer, desposada con Él, la cual estaba encinta.

2:6

Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de parir.

2:7

Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

2:8

Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado.

2:9

Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor.

2:10

Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

2:11

Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.

2:12

Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre.

2:13

Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían:

2:14

Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.

2:15

Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado.

2:16

Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al niño acostado en el pesebre.

 cm dom. 2,16-21cm2 dom. 2,16-21m3 dom. 2,16-21 -

2:17

Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño.

2:18

Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.

2:19

Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón.

2:20

Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.

2:21

Y pasados los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESUS; el cual le fué puesto por el ángel antes que Él fuese concebido en el vientre.

2:22

Y como se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentarle al Señor,

 cm dom. 2,22-40 - comSagrFamhomo 2, 41-52
 

2:23

(Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor),

2:24

Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas, ó dos palominos.

2:25

Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre Él.

2:26

Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.

2:27

Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por Él conforme á la costumbre de la ley.

2:28

Entonces Él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo:

2:29

Ahora despides, Señor, á tu siervo, Conforme á tu palabra, en paz;

2:30

Porque han visto mis ojos tu salvación,

2:31

La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;

2:32

Luz para ser revelada á los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel.

2:33

Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de Él.

2:34

Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho;

2:35

Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.

2:36

Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad;

2:37

Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.

2:38

Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de Él á todos los que esperaban la redención en Jerusalem.

2:39

Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron á Galilea, á su ciudad de Nazaret.

2:40

Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él.

2:41

E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta de la Pascua.

 cm dom. 2,41-52 - 

2:42

Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem conforme á la costumbre del día de la fiesta.

2:43

Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin saberlo José y su madre.

2:44

Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos:

2:45

Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole.

2:46

Y aconteció, que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.

2:47

Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas.

2:48

Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor.

2:49

Entonces Él les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?

2:50

Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.

2:51

Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.

2:52

Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.

Luk 2:1 Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.
Luk 2:2 Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino.
Luk 2:3 Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
Luk 2:4 Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
Luk 2:5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
Luk 2:6 Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento,
Luk 2:7 y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
Luk 2:8 Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño.
Luk 2:9 Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor.
Luk 2:10 El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo:
Luk 2:11 os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor;
Luk 2:12 y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
Luk 2:13 Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
Luk 2:14 «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»
Luk 2:15 Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.»
Luk 2:16 Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
Luk 2:17 Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño;
Luk 2:18 y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.
Luk 2:19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
Luk 2:20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Luk 2:21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.
Luk 2:22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor,
Luk 2:23 como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor
Luk 2:24 y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
Luk 2:25 Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo.
Luk 2:26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.
Luk 2:27 Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él,
Luk 2:28 le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
Luk 2:29 «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz;
Luk 2:30 porque han visto mis ojos tu salvación,
Luk 2:31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos,
Luk 2:32 luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.»
Luk 2:33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él.
Luk 2:34 Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -
Luk 2:35 ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»
Luk 2:36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido,
Luk 2:37 y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.
Luk 2:38 Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Luk 2:39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
Luk 2:40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.
Luk 2:41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.
Luk 2:42 Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta
Luk 2:43 y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres.
Luk 2:44 Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos;
Luk 2:45 pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.
Luk 2:46 Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles;
Luk 2:47 todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.
Luk 2:48 Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.»
Luk 2:49 El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Luk 2:50 Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
Luk 2:51 Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.
Luk 2:52 Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

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Capítulo 3

3:1

Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,

 cm dom. 3,1-6 -

3:2

Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

3:3

Y Él vino por toda la tierra al rededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados;

3:4

Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Haced derechas sus sendas.

3:5

Todo valle se henchirá, Y bajaráse todo monte y collado; Y los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados;

3:6

Y verá toda carne la salvación de Dios.

3:7

Y decía á las gentes que salían para ser bautizadas de Él: ¡Oh generación de víboras, quién os enseñó á huir de la ira que vendrá?

3:8

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham.

3:9

Y ya también el hacha está puesta á la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.

3:10

Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos?

 cm dom. 3,10-18 -

3:11

Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.

3:12

Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?

3:13

Y Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.

3:14

Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis extorsión á nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas.

3:15

Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si Él fuese el Cristo,

 cm dom. 3,15-16.21-22 -

3:16

Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego;

3:17

Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.

3:18

Y amonestando, otras muchas cosas también anunciaba al pueblo.

3:19

Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Él á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes,

3:20

Añadió también esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel.

3:21

Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fué bautizado; y orando, el cielo se abrió,

3:22

Y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.

3:23

Y el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta años, hijo de José, como se creía; que fué hijo de Elí,

3:24

Que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué Melchî, que fué de Janna, que fué de José,

3:25

Que fué de Mattathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Esli,

3:26

Que fué de Naggai, que fué de Maat, que fué de Matthathías, que fué de Semei, que fué de José, que fué de Judá,

3:27

Que fué de Joanna, que fué de Rhesa, que fué de Zorobabel, que fué de Salathiel,

3:28

Que fué de Neri, que fué de Melchî, que fué de Abdi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam, que fué de Er,

3:29

Que fué de Josué, que fué de Eliezer, que fué de Joreim, que fué de Mathat,

3:30

Que fué de Leví, que fué de Simeón, que fué de Judá, que fué de José, que fué de Jonán, que fué de Eliachîm,

3:31

Que fué de Melea, que fué de Mainán, que fué de Mattatha, que fué de Nathán,

3:32

Que fué de David, que fué de Jessé, que fué de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naassón,

3:33

Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de Esrom, que fué de Phares,

3:34

Que fué de Judá, que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Thara, que fué de Nachôr,

3:35

Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Phalec, que fué de Heber,

3:36

Que fué de Sala, que fué de Cainán, Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Lamech,

3:37

Que fué de Mathusala, que fué de Enoch, que fué de Jared, que fué de Maleleel,

3:38

Que fué de Cainán, que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.

Luk 3:1 En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene;
Luk 3:2 en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Luk 3:3 Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,
Luk 3:4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas;
Luk 3:5 todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.
Luk 3:6 Y todos verán la salvación de Dios.
Luk 3:7 Decía, pues, a la gente que acudía para ser bautizada por él: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?
Luk 3:8 Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: "Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
Luk 3:9 Y ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.»
Luk 3:10 La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?»
Luk 3:11 Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo.»
Luk 3:12 Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?»
Luk 3:13 El les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado.»
Luk 3:14 Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.»
Luk 3:15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo;
Luk 3:16 respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Luk 3:17 En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»
Luk 3:18 Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.
Luk 3:19 Pero Herodes, el tetrarca, reprendido por él a causa de Herodías, la mujer de su hermano, y a causa de todas las malas acciones que había hecho,
Luk 3:20 añadió a todas ellas la de encerrar a Juan en la cárcel.
Luk 3:21 Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo,
Luk 3:22 y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: «Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado.»
Luk 3:23 Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José, hijo de Helí,
Luk 3:24 hijo de Mattat, hijo de Leví, hijo de Melkí, hijo de Jannái, hijo de José,
Luk 3:25 hijo de Mattatías, hijo de Amós, hijo de Naúm, hijo de Eslí, hijo de Nangay,
Luk 3:26 hijo de Maaz, hijo de Mattatías, hijo de Semeín, hijo de Josec, hijo de Jodá,
Luk 3:27 hijo de Joanán, hijo de Resá, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Nerí,
Luk 3:28 hijo de Melkí, hijo de Addí, hijo de Cosam, hijo de Elmadam, hijo de Er,
Luk 3:29 hijo de Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Mattat, hijo de Leví,
Luk 3:30 hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonam, hijo de Eliaquim,
Luk 3:31 hijo de Meleá, hijo de Menná, hijo de Mattatá, hijo de Natán, hijo de David,
Luk 3:32 hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naassón,
Luk 3:33 hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá,
Luk 3:34 hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tara, hijo de Najor,
Luk 3:35 hijo de Serug, hijo de Ragáu, hijo de Fálek, hijo de Eber, hijo de Sala,
Luk 3:36 hijo de Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lámek,
Luk 3:37 hijo de Matusalén, hijo de Henoc, hijo de Járet, hijo de Maleleel, hijo de Cainam,
Luk 3:38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adam, hijo de Dios.

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Capítulo 4

4:1

Y JESÚS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado por el Espíritu al desierto

 cm dom. 4,1-13 -

4:2

Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre.

4:3

Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra que se haga pan.

4:4

Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.

4:5

Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra.

4:6

Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy:

4:7

Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.

4:8

Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y á Él solo servirás.

4:9

Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo:

4:10

Porque escrito está: Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden;

4:11

Y En las manos te llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra.

4:12

Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.

4:13

Y acabada toda tentación, el diablo se fué de Él por un tiempo.

4:14

Y Jesús volvió en virtud del Espíritu á Galilea, y salió la fama de Él por toda la tierra de alrededor,

 cm dom. 4,14-21 -

4:15

Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.

4:16

Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme á su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.

4:17

Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

4:18

El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: Me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; Para pregonar á los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en libertad á los quebrantados:

4:19

Para predicar el año agradable del Señor.

4:20

Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él.

4:21

Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.

 cm dom. 4, 21-30 -

4:22

Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?

4:23

Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate á ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.

4:24

Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.

4:25

Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra;

4:26

Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda.

4:27

Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Siro.

4:28

Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas;

4:29

Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.

4:30

Mas Él, pasando por medio de ellos, se fué.

4:31

Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseñaba en los sábados.

4:32

Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.

4:33

Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,

4:34

Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos contigo Jesús Nazareno? ¿has venido á destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.

4:35

Y Jesús le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de Él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de Él, y no le hizo daño alguno.

4:36

Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen?

4:37

Y la fama de Él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.

4:38

Y levantándose Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón: y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.

4:39

E inclinándose hacia ella, riñó á la fiebre; y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les servía.

4:40

Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían á Él; y Él poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.

4:41

Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas riñéndolos no les dejaba hablar; porque sabían que Él era el Cristo.

4:42

Y siendo ya de día salió, y se fué á un lugar desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta Él; y le detenían para que no se apartase de ellos.

4:43

Mas Él les dijo: Que también á otras ciudades es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado.

4:44

Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

Luk 4:1 Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto,
Luk 4:2 durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre.
Luk 4:3 Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.»
Luk 4:4 Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.»
Luk 4:5 Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra;
Luk 4:6 y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero.
Luk 4:7 Si, pues, me adoras, toda será tuya.»
Luk 4:8 Jesús le respondió: «Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.»
Luk 4:9 Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo;
Luk 4:10 porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden.
Luk 4:11 Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
Luk 4:12 Jesús le respondió: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.»
Luk 4:13 Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.
Luk 4:14 Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región.
Luk 4:15 El iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.
Luk 4:16 Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura.
Luk 4:17 Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:
Luk 4:18 El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos
Luk 4:19 y proclamar un año de gracia del Señor.
Luk 4:20 Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.
Luk 4:21 Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.»
Luk 4:22 Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
Luk 4:23 El les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.»
Luk 4:24 Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»
Luk 4:25 «Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país;
Luk 4:26 y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón.
Luk 4:27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.»
Luk 4:28 Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira;
Luk 4:29 y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle.
Luk 4:30 Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.
Luk 4:31 Bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Luk 4:32 Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.
Luk 4:33 Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces:
Luk 4:34 «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»
Luk 4:35 Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él.» Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño.
Luk 4:36 Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen.»
Luk 4:37 Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.
Luk 4:38 Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella.
Luk 4:39 Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles.
Luk 4:40 A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
Luk 4:41 Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.
Luk 4:42 Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde él, trataban de retenerle para que no les dejara.
Luk 4:43 Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.»
Luk 4:44 E iba predicando por las sinagogas de Judea.

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Capítulo 5

5:1

Y ACONTECIÓ, que estando Él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre Él para oir la palabra de Dios.

   cm 5,1-11cm dom. 5,1-11 -

5:2

Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.

5:3

Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes.

5:4

Y como cesó de hablar, dijo á Simón: Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar.

5:5

Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.

5:6

Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía.

5:7

E hicieron señas á los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban.

5:8

Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

5:9

Porque temor le había rodeado, y á todos los que estaban con Él, de la presa de los peces que habían tomado;

5:10

Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo á Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres.

5:11

Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron.

5:12

Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.

5:13

Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de Él.

5:14

Y Él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas ve, díjole, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio á ellos.

5:15

Empero tanto más se extendía su fama: y se juntaban muchas gentes á oir y ser sanadas de sus enfermedades.

5:16

Mas Él se apartaba á los desiertos, y oraba.

5:17

Y aconteció un día, que Él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.

5:18

Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de Él.

5:19

Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús;

5:20

El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.

5:21

Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?

5:22

Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones?

5:23

¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, ó decir: Levántate y anda?

5:24

Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete á tu casa.

5:25

Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios.

5:26

Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos del temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy.

5:27

Y después de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme.

5:28

Y dejadas todas las cosas, levantándose, le siguió.

5:29

E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.

5:30

Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?

5:31

Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos.

5:32

No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.

5:33

Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discípulos comen y beben?

5:34

Y Él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?

5:35

Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días.

5:36

Y les decía también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.

5:37

Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.

5:38

Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva.

5:39

Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

Luk 5:1 Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios,
Luk 5:2 cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes.
Luk 5:3 Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
Luk 5:4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.»
Luk 5:5 Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.»
Luk 5:6 Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse.
Luk 5:7 Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
Luk 5:8 Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.»
Luk 5:9 Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado.
Luk 5:10 Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.»
Luk 5:11 Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
Luk 5:12 Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Luk 5:13 El extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante le desapareció la lepra.
Luk 5:14 Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»
Luk 5:15 Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades.
Luk 5:16 Pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.
Luk 5:17 Un día que estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones.
Luk 5:18 En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de él.
Luk 5:19 Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús.
Luk 5:20 Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados.»
Luk 5:21 Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?»
Luk 5:22 Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones?
Luk 5:23 ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te quedan perdonados", o decir: "Levántate y anda"?
Luk 5:24 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, - dijo al paralítico -: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".»
Luk 5:25 Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios.
Luk 5:26 El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles.»
Luk 5:27 Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Luk 5:28 El, dejándolo todo, se levantó y le siguió.
Luk 5:29 Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos.
Luk 5:30 Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?»
Luk 5:31 Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal.
Luk 5:32 No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores.»
Luk 5:33 Ellos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben.»
Luk 5:34 Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?
Luk 5:35 Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días.»
Luk 5:36 Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo.
Luk 5:37 «Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder;
Luk 5:38 sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos.
Luk 5:39 Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: «El añejo es el bueno.»

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Capítulo 6

6:1

Y ACONTECIÓ que pasando Él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos.

6:2

Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados?

6:3

Y respondiendo Jesús les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, Él, y los que con Él estaban;

6:4

Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dió también á los que estaban con Él, los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes?

6:5

Y les decía. El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

6:6

Y aconteció también en otro sábado, que Él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.

6:7

Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen.

6:8

Mas Él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y Él levantándose, se puso en pie.

6:9

Entonces Jesús les dice: Os preguntaré un cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla?

6:10

Y mirándolos á todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y Él lo hizo así, y su mano fué restaurada.

6:11

Y ellos se llenaron de rabia; y hablaban los unos á los otros qué harían á Jesús.

6:12

Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios.

6:13

Y como fué de día, llamó á sus discípulos, y escogió doce de ellos, á los cuales también llamó apóstoles:

6:14

A Simón, al cual también llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,

6:15

Mateo y Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el que se llama Celador,

6:16

Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que también fué el traidor.

6:17

Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;

 cm dom. 6,17.20-26 -

6:18

Y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos: y estaban curados.

6:19

Y toda la gente procuraba tocarle; porque salía de Él virtud, y sanaba á todos.

6:20

Y alzando Él los ojos á sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.

6:21

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

6:22

Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre.

6:23

Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres á los profetas.

6:24

Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo.

6:25

¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.

6:26

¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres á los falsos profetas.

6:27

Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen;

 cm dom. 6,27-38 - 

6:28

Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.

6:29

Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.

6:30

Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir.

6:31

Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros:

6:32

Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman.

6:33

Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.

6:34

Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto.

6:35

Amad, pues, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque Él es benigno para con los ingratos y malos.

6:36

Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

6:37

No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.

6:38

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir.

6:39

Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?
cmLucas 6, 39-45

6:40

El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto.

6:41

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?

6:42

¿O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga, que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.

6:43

Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto.

6:44

Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas.

6:45

El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca.

6:46

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?

6:47

Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré á quién es semejante:

6:48

Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña.

6:49

Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa.

Luk 6:1 Sucedió que cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos.
Luk 6:2 Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?»
Luk 6:3 Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban,
Luk 6:4 cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?»
Luk 6:5 Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del sábado.»
Luk 6:6 Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca.
Luk 6:7 Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle.
Luk 6:8 Pero él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte ahí en medio.» El, levantándose, se puso allí.
Luk 6:9 Entonces Jesús les dijo: «Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla.»
Luk 6:10 Y mirando a todos ellos, le dijo: «Extiende tu mano.» El lo hizo, y quedó restablecida su mano.
Luk 6:11 Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.
Luk 6:12 Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios.
Luk 6:13 Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles.
Luk 6:14 A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé,
Luk 6:15 a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes;
Luk 6:16 a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.
Luk 6:17 Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
Luk 6:18 que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados.
Luk 6:19 Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
Luk 6:20 Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Luk 6:21 Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.
Luk 6:22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre.
Luk 6:23 Alegráos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.
Luk 6:24 «Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo.
Luk 6:25 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto.
Luk 6:26 ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.
Luk 6:27 «Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien,
Luk 6:28 bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen.
Luk 6:29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
Luk 6:30 A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames.
Luk 6:31 Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente.
Luk 6:32 Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman.
Luk 6:33 Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto!
Luk 6:34 Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente.
Luk 6:35 Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.
Luk 6:36 «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo.
Luk 6:37 No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.
Luk 6:38 Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.»
Luk 6:39 Les añadió una parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
Luk 6:40 No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado, será como su maestro.
Luk 6:41 ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?
Luk 6:42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo", no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.
Luk 6:43 «Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno.
Luk 6:44 Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas.
Luk 6:45 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.
Luk 6:46 «¿Por qué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo?
Luk 6:47 «Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante:
Luk 6:48 Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada.
Luk 6:49 Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa.»

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Capítulo 7

7:1

Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum.

7:2

Y el siervo de un centurión, al cual tenía Él en estima, estaba enfermo y á punto de morir.

7:3

Y como oyó hablar de Jesús, envió á Él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo.

7:4

Y viniendo ellos á Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto;

7:5

Que ama nuestra nación, y Él nos edificó una sinagoga.

7:6

Y Jesús fué con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á Él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado;

7:7

Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano.

7:8

Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.

7:9

Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de Él, y vuelto, dijo á las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

7:10

Y vueltos á casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

7:11

Y aconteció después, que Él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con Él muchos de sus discípulos, y gran compañía.

 cm dom. 7,11-17 -

7:12

Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad.

7:13

Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores.

7:14

Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á ti digo, levántate.

7:15

Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó á hablar. Y dióle á su madre.

7:16

Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo.

7:17

Y salió esta fama de Él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.

7:18

Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llamó Juan á dos de sus discípulos,

7:19

Y envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?

7:20

Y como los hombres vinieron á Él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?

7:21

Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.

7:22

Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el evangelio:

7:23

Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.

7:24

Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es agitada por el viento?

7:25

Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de vestidos delicados? He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están.

7:26

Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y aun más que profeta.

7:27

Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual aparejará tu camino delante de ti.

7:28

Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que Él.

7:29

Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.

7:30

Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de Él.

7:31

Y dice el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y á qué son semejantes?

7:32

Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.

7:33

Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.

7:34

Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.

7:35

Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.

7:36

Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con Él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.

 cm dom 7,36-8,3 -

7:37

Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento,

7:38

Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.

7:39

Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.

7:40

Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y Él dice: Di, Maestro.

7:41

Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;

7:42

Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más?

7:43

Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y Él le dijo: Rectamente has juzgado.

7:44

Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.

7:45

No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.

7:46

No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.

7:47

Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.

7:48

Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados.

7:49

Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?

7:50

Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

Luk 7:1 Cuando hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm.
Luk 7:2 Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste.
Luk 7:3 Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo.
Luk 7:4 Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas,
Luk 7:5 porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga.»
Luk 7:6 Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo,
Luk 7:7 por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado.
Luk 7:8 Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace.»
Luk 7:9 Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.»
Luk 7:10 Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.
Luk 7:11 Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre.
Luk 7:12 Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad.
Luk 7:13 Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores.»
Luk 7:14 Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.»
Luk 7:15 El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre.
Luk 7:16 El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».
Luk 7:17 Y lo que se decía de él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.
Luk 7:18 Sus discípulos llevaron a Juan todas estas noticias. Entonces él, llamando a dos de ellos,
Luk 7:19 los envió a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»
Luk 7:20 Llegando donde él aquellos hombres, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a decirte: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»
Luk 7:21 En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos.
Luk 7:22 Y les respondió: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
Luk 7:23 ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»
Luk 7:24 Cuando los mensajeros de Juan se alejaron, se puso a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
Luk 7:25 ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten magníficamente y viven con molicie están en los palacios.
Luk 7:26 Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.
Luk 7:27 Este es de quien está escrito: He aquí que envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino.
Luk 7:28 «Os digo: Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan; sin embargo el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él.
Luk 7:29 Todo el pueblo que le escuchó, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, haciéndose bautizar con el bautismo de Juan.
Luk 7:30 Pero los fariseos y los legistas, al no aceptar el bautismo de él, frustraron el plan de Dios sobre ellos.
Luk 7:31 «¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen?
Luk 7:32 Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: "Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis llorado."
Luk 7:33 «Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: "Demonio tiene."
Luk 7:34 Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores."
Luk 7:35 Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.»
Luk 7:36 Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa.
Luk 7:37 Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume,
Luk 7:38 y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.
Luk 7:39 Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.»
Luk 7:40 Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» El dijo: «Di, maestro.»
Luk 7:41 Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta.
Luk 7:42 Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?»
Luk 7:43 Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» El le dijo: «Has juzgado bien»,
Luk 7:44 y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos.
Luk 7:45 No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.
Luk 7:46 No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume.
Luk 7:47 Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.»
Luk 7:48 Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.»
Luk 7:49 Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?»
Luk 7:50 Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»

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Capítulo 8

8:1

Y ACONTECIÓ después, que Él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con Él,

8:2

Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios,

8:3

Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.

8:4

Y como se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á Él, dijo por una parábola:

8:5

Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron.

8:6

Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.

8:7

Y otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.

8:8

Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oir, oiga.

8:9

Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era está parábola.

8:10

Y Él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.

8:11

Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.

8:12

Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven.

8:13

Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.

8:14

Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.

8:15

Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia.

8:16

Ninguno que enciende la antorcha la cubre con vasija, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz.

8:17

Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir á luz.

8:18

Mirad pues cómo oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.

8:19

Y vinieron á Él su madre y hermanos; y no podían llegar á el por causa de la multitud.

8:20

Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte.

8:21

El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan.

8:22

Y aconteció un día que Él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron.

8:23

Pero mientras ellos navegaban, Él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchían de agua, y peligraban.

8:24

Y llegándose á Él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado Él increpó al viento y á la tempestad del agua; y cesaron, y fué hecha bonanza.

8:25

Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es éste, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?

8:26

Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea.

8:27

Y saliendo Él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.

8:28

El cual, como vió á Jesús, exclamó y se postró delante de Él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes.

8:29

(Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)

8:30

Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y Él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en Él.

8:31

Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.

8:32

Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.

8:33

Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse.

8:34

Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades.

8:35

Y salieron á ver lo que había acontecido; y vinieron á Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los pies de Jesús; y tuvieron miedo.

8:36

Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado.

8:37

Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y Él, subiendo en el barco, volvióse.

8:38

Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con Él; mas Jesús le despidió, diciendo:

8:39

Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y Él se fué, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con Él.

8:40

Y aconteció que volviendo Jesús, recibióle la gente; porque todos le esperaban.

8:41

Y he aquí un varón, llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;

8:42

Porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía.

8:43

Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada,

8:44

Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre.

8:45

Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con Él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?

8:46

Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.

8:47

Entonces, como la mujer vió que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de Él declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana.

8:48

Y Él dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz.

8:49

Estando aún Él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al Maestro.

8:50

Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.

8:51

Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie consigo, sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.

8:52

Y lloraban todos, y la plañían. Y Él dijo: No lloréis; no es muerta, sino que duerme.

8:53

Y hacían burla de Él, sabiendo que estaba muerta.

8:54

Mas Él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.

8:55

Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego: y Él mando que le diesen de comer.

8:56

Y sus padres estaban atónitos; á los cuales Él mandó, que á nadie dijesen lo que había sido hecho.

Luk 8:1 Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce,
Luk 8:2 y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios,
Luk 8:3 Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
Luk 8:4 Habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a él de todas las ciudades, dijo en parábola:
Luk 8:5 «Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron;
Luk 8:6 otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad;
Luk 8:7 otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron.
Luk 8:8 Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Luk 8:9 Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola,
Luk 8:10 y él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.
Luk 8:11 «La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios.
Luk 8:12 Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven.
Luk 8:13 Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten.
Luk 8:14 Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez.
Luk 8:15 Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.
Luk 8:16 «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
Luk 8:17 Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto.
Luk 8:18 Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará.»
Luk 8:19 Se presentaron donde él su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente.
Luk 8:20 Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.»
Luk 8:21 Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen.»
Luk 8:22 Sucedió que cierto día subió a una barca con sus discípulos, y les dijo: «Pasemos a la otra orilla del lago.» Y se hicieron a la mar.
Luk 8:23 Mientras ellos navegaban, se durmió. Se abatió sobre el lago una borrasca; se inundaba la barca y estaban en peligro.
Luk 8:24 Entonces, acercándose, le despertaron, diciendo: «¡Maestro, Maestro, que perecemos!» El, habiéndose despertado, increpó al viento y al oleaje, que amainaron, y sobrevino la bonanza.
Luk 8:25 Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «Pues ¿quién es éste, que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?»
Luk 8:26 Arribaron a la región de los gerasenos, que está frente a Galilea.
Luk 8:27 Al saltar a tierra, vino de la ciudad a su encuentro un hombre, poseído por los demonios, y que hacía mucho tiempo que no llevaba vestido, ni moraba en una casa, sino en los sepulcros.
Luk 8:28 Al ver a Jesús, cayó ante él, gritando con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te suplico que no me atormentes.»
Luk 8:29 Es que él había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre; pues en muchas ocasiones se apoderaba de él; le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarle, pero rompiendo las ligaduras era empujado por el demonio al desierto.
Luk 8:30 Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre? «El contestó: «Legión»; porque habían entrado en él muchos demonios.
Luk 8:31 Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo.
Luk 8:32 Había allí una gran piara de puercos que pacían en el monte; y le suplicaron que les permitiera entrar en ellos; y se lo permitió.
Luk 8:33 Salieron los demonios de aquel hombre y entraron en los puercos; y la piara se arrojó al lago de lo alto del precipicio, y se ahogó.
Luk 8:34 Viendo los porqueros lo que había pasado, huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas.
Luk 8:35 Salieron, pues, a ver lo que había ocurrido y, llegando donde Jesús, encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Jesús; y se llenaron de temor.
Luk 8:36 Los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.
Luk 8:37 Entonces toda la gente del país de los gerasenos le rogaron que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran temor. El, subiendo a la barca, regresó.
Luk 8:38 El hombre de quien habían salido los demonios, le pedía estar con él; pero le despidió, diciendo:
Luk 8:39 «Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo.» Y fue por toda la ciudad proclamando todo lo que Jesús había hecho con él.
Luk 8:40 Cuando regresó Jesús, le recibió la muchedumbre, pues todos le estaban esperando.
Luk 8:41 Y he aquí que llegó un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba entrara en su casa,
Luk 8:42 porque tenía una sola hija, de unos doce años, que estaba muriéndose. Mientras iba, las gentes le ahogaban.
Luk 8:43 Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie,
Luk 8:44 se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre.
Luk 8:45 Jesús dijo: «¿Quién me ha tocado?» Como todos negasen, dijo Pedro: «Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.»
Luk 8:46 Pero Jesús dijo: «Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí.»
Luk 8:47 Viéndose descubierta la mujer, se acercó temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada.
Luk 8:48 El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz.»
Luk 8:49 Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del jefe de la sinagoga llega diciendo: «Tu hija está muerta. No molestes ya al Maestro.»
Luk 8:50 Jesús, que lo oyó, le dijo: «No temas; solamente ten fe y se salvará.»
Luk 8:51 Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago, al padre y a la madre de la niña.
Luk 8:52 Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: «No lloréis, no ha muerto; está dormida.»
Luk 8:53 Y se burlaban de él, pues sabían que estaba muerta.
Luk 8:54 El, tomándola de la mano, dijo en voz alta: «Niña, levántate.»
Luk 8:55 Retornó el espíritu a ella, y al punto se levantó; y él mandó que le dieran a ella de comer.
Luk 8:56 Sus padres quedaron estupefactos, y él les ordenó que a nadie dijeran lo que había pasado.

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Capítulo 9

9:1

Y JUNTANDO á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.

9:2

Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos.

9:3

Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno.

9:4

Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.

9:5

Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.

9:6

Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.

9:7

Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;

9:8

Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.

9:9

Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.

9:10

Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.

9:11

Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y Él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenían necesidad de cura.

 cm dom. 9,11-17 -

9:12

Y el día había comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á las gentes, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.

9:13

Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.

9:14

Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta.

9:15

Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.

9:16

Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes.

9:17

Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.

9:18

Y aconteció que estando Él solo orando, estaban con Él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?

 cm dom 9,18-24 -

9:19

Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.

9:20

Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.

9:21

Mas Él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto;

9:22

Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.

9:23

Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.

9:24

Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.

9:25

Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y sé pierda Él á sí mismo, ó corra peligro de sí?

9:26

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.

9:27

Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.

9:28

Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.

 cm dom. 9,28-36 -

9:29

Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.

9:30

Y he aquí dos varones que hablaban con Él, los cuales eran Moisés y Elías;

9:31

Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.

9:32

Y Pedro y los que estaban con Él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con Él.

9:33

Y aconteció, que apartándose ellos de Él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.

9:34

Y estando Él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.

9:35

Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á Él oid.

9:36

Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto.

9:37

Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro.

9:38

Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo:

9:39

Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de Él quebrantándole.

9:40

Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.

9:41

Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.

9:42

Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.

9:43

Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos:

9:44

Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.

9:45

Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.

9:46

Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.

9:47

Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí,

9:48

Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mí nombre, á mí recibe; y cualquiera que me recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.

9:49

Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.

9:50

Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

9:51

Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, Él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.

 cm dom. 9,51-62 -

9:52

Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.

9:53

Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.

9:54

Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?

9:55

Entonces volviéndose Él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;

9:56

Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea.

9:57

Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres.

9:58

Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.

9:59

Y dijo á otro: Sígueme. Y Él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre.

9:60

Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios.

9:61

Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.

9:62

Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.

Luk 9:1 Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades;
Luk 9:2 y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.
Luk 9:3 Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno.
Luk 9:4 Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí.
Luk 9:5 En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.»
Luk 9:6 Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.
Luk 9:7 Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos;
Luk 9:8 otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado.
Luk 9:9 Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y buscaba verle.
Luk 9:10 Cuando los apóstoles regresaron, le contaron cuanto habían hecho. Y él, tomándolos consigo, se retiró aparte, hacia una ciudad llamada Betsaida.
Luk 9:11 Pero las gentes lo supieron, y le siguieron; y él, acogiéndolas, les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados.
Luk 9:12 Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.»
Luk 9:13 El les dijo: «Dadles vosotros de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.»
Luk 9:14 Pues había como 5.000 hombres. El dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.»
Luk 9:15 Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos.
Luk 9:16 Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente.
Luk 9:17 Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.
Luk 9:18 Y sucedió que mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Luk 9:19 Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado.»
Luk 9:20 Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contestó: «El Cristo de Dios.»
Luk 9:21 Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.
Luk 9:22 Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.»
Luk 9:23 Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
Luk 9:24 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará.
Luk 9:25 Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?
Luk 9:26 Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su gloria, en la de su Padre y en la de los santos ángeles.
Luk 9:27 «Pues de verdad os digo que hay algunos, entre los aquí presentes, que no gustarán la muerte hasta que vean el Reino de Dios.»
Luk 9:28 Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar.
Luk 9:29 Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante,
Luk 9:30 y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías;
Luk 9:31 los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.
Luk 9:32 Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
Luk 9:33 Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía.
Luk 9:34 Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor.
Luk 9:35 Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle.»
Luk 9:36 Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
Luk 9:37 Sucedió que al día siguiente, cuando bajaron del monte, le salió al encuentro mucha gente.
Luk 9:38 En esto, un hombre de entre la gente empezó a gritar: «Maestro, te suplico que mires a mi hijo, porque es el único que tengo,
Luk 9:39 y he aquí que un espíritu se apodera de él y de pronto empieza a dar gritos, le hace retorcerse echando espuma, y difícilmente se aparta de él, dejándole quebrantado.
Luk 9:40 He pedido a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.»
Luk 9:41 Respondió Jesús: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros y habré de soportaros? ¡Trae acá a tu hijo!»
Luk 9:42 Cuando se acercaba, el demonio le arrojó por tierra y le agitó violentamente; pero Jesús increpó al espíritu inmundo, curó al niño y lo devolvió a su padre;
Luk 9:43 y todos quedaron atónitos ante la grandeza de Dios. Estando todos maravillados por todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos:
Luk 9:44 «Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»
Luk 9:45 Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.
Luk 9:46 Se suscitó una discusión entre ellos sobre quién de ellos sería el mayor.
Luk 9:47 Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado,
Luk 9:48 y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor.»
Luk 9:49 Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros.»
Luk 9:50 Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros.»
Luk 9:51 Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén,
Luk 9:52 y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada;
Luk 9:53 pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén.
Luk 9:54 Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?»
Luk 9:55 Pero volviéndose, les reprendió;
Luk 9:56 y se fueron a otro pueblo.
Luk 9:57 Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.»
Luk 9:58 Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
Luk 9:59 A otro dijo: «Sígueme.» El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.»
Luk 9:60 Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.»
Luk 9:61 También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.»
Luk 9:62 Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»

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Capítulo 10

10:1

Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde Él había de venir.

 cm dom. 10,1-12.17-20 -

10:2

Y les decía: La mies á la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros á su mies.

10:3

Andad, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.

10:4

No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludéis en el camino.

10:5

En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea á esta casa.

10:6

Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre Él; y si no, se volverá á vosotros.

10:7

Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.

10:8

Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;

10:9

Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado á vosotros el reino de Dios.

10:10

Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:

10:11

Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado á vosotros.

10:12

Y os digo que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad.

10:13

¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.

10:14

Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio.

10:15

Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.

10:16

El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.

10:17

Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.

10:18

Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo.

10:19

He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.

10:20

Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

10:21

En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó.

10:22

Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.

10:23

Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:

10:24

Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.

10:25

Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?

 cm dom. 10,25-37 -

10:26

Y Él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿cómo lees?

10:27

Y Él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo.

10:28

Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.

10:29

Mas Él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

10:30

Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.

10:31

Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado.

10:32

Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.

10:33

Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de Él, y viéndole, fué movido á misericordia;

10:34

Y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de Él.

10:35

Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.

10:36

¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones?

10:37

Y Él dijo: El que usó con Él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

10:38

Y aconteció que yendo, entró Él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa.

 cm dom. 10,38-42 -

10:39

Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose á los pies de Jesús, oía su palabra.

10:40

Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.

10:41

Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:

10:42

Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.

Luk 10:1 Después de esto, designó el Señor a otros 72, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir.
Luk 10:2 Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
Luk 10:3 Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos.
Luk 10:4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.
Luk 10:5 En la casa en que entréis, decid primero: "Paz a esta casa."
Luk 10:6 Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros.
Luk 10:7 Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa.
Luk 10:8 En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan;
Luk 10:9 curad los enfermos que haya en ella, y decidles: "El Reino de Dios está cerca de vosotros."
Luk 10:10 En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid:
Luk 10:11 "Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca."
Luk 10:12 Os digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad.
Luk 10:13 «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido.
Luk 10:14 Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras.
Luk 10:15 Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás!
Luk 10:16 «Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.»
Luk 10:17 Regresaron los 72 alegres, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
Luk 10:18 El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Luk 10:19 Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño;
Luk 10:20 pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos.»
Luk 10:21 En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
Luk 10:22 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»
Luk 10:23 Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis!
Luk 10:24 Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»
Luk 10:25 Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
Luk 10:26 El le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?»
Luk 10:27 Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.»
Luk 10:28 Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.»
Luk 10:29 Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?»
Luk 10:30 Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto.
Luk 10:31 Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo.
Luk 10:32 De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo.
Luk 10:33 Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión;
Luk 10:34 y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él.
Luk 10:35 Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva."
Luk 10:36 ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?»
Luk 10:37 El dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.»
Luk 10:38 Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa.
Luk 10:39 Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra,
Luk 10:40 mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.»
Luk 10:41 Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas;
Luk 10:42 y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.»

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Capítulo 11

11:1

Y ACONTECIÓ que estando Él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.

 cm dom. 11,1-13 -

11:2

Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

11:3

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

11:4

Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo.

11:5

Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á Él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,

11:6

Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante;

11:7

Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte?

11:8

Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.

11:9

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.

11:10

Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.

11:11

¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?, ó, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?

11:12

O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?

11:13

Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de Él?

11:14

Y estaba Él lanzando un demonio, el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló y las gentes se maravillaron.

11:15

Mas algunos de ellos decían: En Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.

11:16

Y otros, tentando, pedían de Él señal del cielo.

11:17

Mas Él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.

11:18

Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís que en Beelzebub echo yo fuera los demonios.

11:19

Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebub, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.

11:20

Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros.

11:21

Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee.

11:22

Mas si sobreviniendo otro más fuerte que Él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.

11:23

El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.

11:24

Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré á mi casa de donde salí.

11:25

Y viniendo, la halla barrida y adornada.

11:26

Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que Él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.

11:27

Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.

 cm fiesta 11,27-28 -

11:28

Y Él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.

11:29

Y juntándose las gentes á Él, comenzó á decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás.

11:30

Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre á esta generación.

11:31

La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar.

11:32

Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque á la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí más que Jonás en este lugar.

11:33

Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.

11:34

La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso.

11:35

Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas.

11:36

Así que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra.

11:37

Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariseo que comiese con Él: y entrado Jesús, se sentó á la mesa.

11:38

Y el Fariseo, como lo vió, maravillóse de que no se lavó antes de comer.

11:39

Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad.

11:40

Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?

11:41

Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio.

11:42

Mas ¡ay de vosotros, Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasáis de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras.

11:43

¡Ay de vosotros, Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.

11:44

¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.

11:45

Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas á nosotros.

11:46

Y Él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas.

11:47

¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.

11:48

De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.

11:49

Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles; y de ellos á unos matarán y á otros perseguirán;

11:50

Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo;

11:51

Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación.

11:52

¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.

11:53

Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron á apretar le en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas;

11:54

Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.

Luk 11:1 Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.»
Luk 11:2 El les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino,
Luk 11:3 danos cada día nuestro pan cotidiano,
Luk 11:4 y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación.»
Luk 11:5 Les dijo también: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: "Amigo, préstame tres panes,
Luk 11:6 porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle",
Luk 11:7 y aquél, desde dentro, le responde: "No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos",
Luk 11:8 os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.»
Luk 11:9 Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
Luk 11:10 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
Luk 11:11 ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra;
Luk 11:12 o, si pide un huevo, le da un escorpión?
Luk 11:13 Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»
Luk 11:14 Estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron.
Luk 11:15 Pero algunos de ellos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios.»
Luk 11:16 Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.
Luk 11:17 Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae.
Luk 11:18 Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?.. porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul.
Luk 11:19 Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces.
Luk 11:20 Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.
Luk 11:21 Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro;
Luk 11:22 pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos.»
Luk 11:23 «El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
Luk 11:24 «Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: "Me volveré a mi casa, de donde salí."
Luk 11:25 Y al llegar la encuentra barrida y en orden.
Luk 11:26 Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio.»
Luk 11:27 Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!»
Luk 11:28 Pero él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.»
Luk 11:29 Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás.
Luk 11:30 Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación.
Luk 11:31 La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.
Luk 11:32 Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.
Luk 11:33 «Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor.
Luk 11:34 La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está luminoso; pero cuando está malo, también tu cuerpo está a oscuras.
Luk 11:35 Mira, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad.
Luk 11:36 Si, pues, tu cuerpo está enteramente luminoso, no teniendo parte alguna oscura, estará tan enteramente luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su fulgor.»
Luk 11:37 Mientras hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa.
Luk 11:38 Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer.
Luk 11:39 Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad.
Luk 11:40 ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior?
Luk 11:41 Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros.
Luk 11:42 Pero, ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello.
Luk 11:43 ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas!
Luk 11:44 ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!»
Luk 11:45 Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!»
Luk 11:46 Pero él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!
Luk 11:47 «¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron!
Luk 11:48 Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis.
Luk 11:49 «Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán,
Luk 11:50 para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo,
Luk 11:51 desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación.
Luk 11:52 «¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.»
Luk 11:53 Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas,
Luk 11:54 buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.

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Capítulo 12

12:1

EN esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresía.

12:2

Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.

12:3

Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados.

12:4

Mas os digo, amigos míos: No temáis de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer.

12:5

Mas os enseñaré á quién temáis: temed á aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: así os digo: á éste temed.

12:6

¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.

12:7

Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.

12:8

Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;

12:9

Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.

12:10

Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.

12:11

Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo ó qué hayáis de responder, ó qué hayáis de decir;

12:12

Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir.

12:13

Y díjole uno de la compañía: Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia.

 cm dom. 12,13-21 -

12:14

Mas Él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor sobre vosotros?

12:15

Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

12:16

Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho;

12:17

Y Él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos?

12:18

Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;

12:19

Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate.

12:20

Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será?

12:21

Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.

12:22

Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis.

12:23

La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido.

12:24

Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves?

12:25

¿Y quién de vosotros podrá con afán añadir á su estatura un codo?

12:26

Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás?

12:27

Considerad los lirios, cómo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

12:28

Y si así viste Dios á la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe?

12:29

Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, ó qué hayáis de beber: ni estéis en ansiosa perplejidad.

12:30

Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.

12:31

Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

12:32

No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino.

 cm dom. 12,32-48 -

12:33

Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe.

12:34

Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.

12:35

Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas;

12:36

Y vosotros semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran.

12:37

Bienaventurados aquellos siervos, á los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá.

12:38

Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.

12:39

Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.

12:40

Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.

12:41

Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó también á todos?

12:42

Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que á tiempo les dé su ración?

12:43

Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así.

12:44

En verdad os digo, que Él le pondrá sobre todos sus bienes.

12:45

Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir: y comenzare á herir á los siervos y á las criadas, y á comer y á beber y á embriagarse;

12:46

Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y á la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles.

12:47

Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.

12:48

Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de Él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido.

12:49

Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?

 cm dom. 12,49-53 -

12:50

Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!

12:51

¿Pensáis que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo; mas disensión.

12:52

Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres.

12:53

El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

12:54

Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así.

12:55

Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay.

12:56

¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?

12:57

¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo?

12:58

Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de Él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.

12:59

Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí.

Luk 12:1 En esto, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, se puso a decir primeramente a sus discípulos: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
Luk 12:2 Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse.
Luk 12:3 Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados.
Luk 12:4 «Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
Luk 12:5 Os mostraré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése.
Luk 12:6 «¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios.
Luk 12:7 Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos.
Luk 12:8 «Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios.
Luk 12:9 Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
Luk 12:10 «A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Luk 12:11 Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis,
Luk 12:12 porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir.»
Luk 12:13 Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.»
Luk 12:14 El le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?»
Luk 12:15 Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.»
Luk 12:16 Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto;
Luk 12:17 y pensaba entre sí, diciendo: "¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?"
Luk 12:18 Y dijo: "Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes,
Luk 12:19 y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea."
Luk 12:20 Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?"
Luk 12:21 Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.»
Luk 12:22 Dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis:
Luk 12:23 porque la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido;
Luk 12:24 fijaos en los cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!
Luk 12:25 Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un codo a la medida de su vida?
Luk 12:26 Si, pues, no sois capaces ni de lo más pequeño, ¿por qué preocuparos de lo demás?
Luk 12:27 Fijaos en los lirios, cómo ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos.
Luk 12:28 Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!
Luk 12:29 Así pues, vosotros no andéis buscando qué comer ni qué beber, y no estéis inquietos.
Luk 12:30 Que por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe vuestro Padre que tenéis la necesidad de eso.
Luk 12:31 Buscad más bien su Reino, y esas cosas se os darán por añadidura.
Luk 12:32 «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino.
Luk 12:33 «Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla;
Luk 12:34 porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Luk 12:35 «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas,
Luk 12:36 y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.
Luk 12:37 Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.
Luk 12:38 Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!
Luk 12:39 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa.
Luk 12:40 También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.»
Luk 12:41 Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?»
Luk 12:42 Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente?
Luk 12:43 Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
Luk 12:44 De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda.
Luk 12:45 Pero si aquel siervo se dice en su corazón: "Mi señor tarda en venir", y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse,
Luk 12:46 vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles.
Luk 12:47 «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes;
Luk 12:48 el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.
Luk 12:49 «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!
Luk 12:50 Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!
Luk 12:51 «¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división.
Luk 12:52 Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres;
Luk 12:53 estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»
Luk 12:54 Decía también a la gente: «Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: "Va a llover", y así sucede.
Luk 12:55 Y cuando sopla el sur, decís: "Viene bochorno", y así sucede.
Luk 12:56 ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo?
Luk 12:57 «¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?
Luk 12:58 Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.
Luk 12:59 Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

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Capítulo 13

13:1

Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.

 cm dom.  13,1-9  -

13:2

Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos?

13:3

No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.

13:4

O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?

13:5

No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.

13:6

Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló.

13:7

Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?

13:8

El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.

13:9

Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.

13:10

Y enseñaba en una sinagoga en sábado.

13:11

Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar.

13:12

Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad.

13:13

Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.

13:14

Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en días de sábado.

13:15

Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey ó su asno del pesebre, y lo lleva á beber?

13:16

Y á esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado?

13:17

Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por Él hechas.

13:18

Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?

13:19

Semejante es al grano de la mostaza, que tomándolo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.

13:20

Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?

13:21

Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.

13:22

Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando á Jerusalem.

 cm dom. 13,22-30 -

13:23

Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y Él les dijo:
cm 13,23ss  -

13:24

Porfiad á entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

13:25

Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y llamar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis.

13:26

Entonces comenzaréis á decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste;

13:27

Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad.

13:28

Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos.

13:29

Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.

13:30

Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros

13:31

Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.

13:32

Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.

13:33

Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.

13:34

¡Jerusalem, Jerusalem! que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste!

13:35

He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

Luk 13:1 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
Luk 13:2 Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?
Luk 13:3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.
Luk 13:4 O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?
Luk 13:5 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»
Luk 13:6 Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
Luk 13:7 Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?"
Luk 13:8 Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono,
Luk 13:9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas."»
Luk 13:10 Estaba un sábado enseñando en una sinagoga,
Luk 13:11 y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse.
Luk 13:12 Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»
Luk 13:13 Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.
Luk 13:14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado.»
Luk 13:15 Replicóle el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar?
Luk 13:16 Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?»
Luk 13:17 Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.
Luk 13:18 Decía, pues: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé?
Luk 13:19 Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.»
Luk 13:20 Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios?
Luk 13:21 Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»
Luk 13:22 Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén.
Luk 13:23 Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» El les dijo:
Luk 13:24 «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán.
Luk 13:25 «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: "¡Señor, ábrenos!" Y os responderá: "No sé de dónde sois."
Luk 13:26 Entonces empezaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas";
Luk 13:27 y os volverá a decir: "No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!"
Luk 13:28 «Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera.
Luk 13:29 Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios.
Luk 13:30 «Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos.»
Luk 13:31 En aquel mismo momento se acercaron algunos fariseos, y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte.»
Luk 13:32 Y él les dijo: «Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.
Luk 13:33 Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén.
Luk 13:34 «¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido!
Luk 13:35 Pues bien, se os va a dejar vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»

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Capítulo 14

14:1

Y ACONTECIÓ que entrando en casa de un príncipe de los Fariseos un sábado á comer pan, ellos le acechaban.

 cm dom. 14,1.7-14 -  

14:2

Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de Él.

14:3

Y respondiendo Jesús, habló á los doctores de la ley y á los Fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?

14:4

Y ellos callaron. Entonces Él tomándole, le sanó, y despidióle.

14:5

Y respondiendo á ellos dijo: ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en algún pozo, y no lo sacará luego en día de sábado?

14:6

Y no le podían replicar á estas cosas.

14:7

Y observando cómo escogían los primeros asientos á la mesa, propuso una parábola á los convidados, diciéndoles:

 cm dom. 14,7-14 -

14:8

Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más honrado que tú esté por Él convidado,

14:9

Y viniendo el que te llamó á ti y á Él, te diga: Da lugar á éste: y entonces comiences con vergüenza á tener el lugar último.

14:10

Mas cuando fueres convidado, ve, y siéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa.

14:11

Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.

14:12

Y dijo también al que le había convidado: Cuando haces comida ó cena, no llames á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á vecinos ricos; porque también ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha compensación.

14:13

Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos;

14:14

Y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir; mas te será recompensado en la resurrección de los justos.

14:15

Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.
com Dios no fracasa Lc 14, 15-24 -

14:16

El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convido á muchos.

 

14:17

Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid, que ya está todo aparejado.

14:18

Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito salir y verla; te ruego que me des por excusado.

14:19

Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos; ruégote que me des por excusado.

14:20

Y el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.

14:21

Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entonces enojado el padre de la familia, dijo á su siervo: Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.

14:22

Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar.

14:23

Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos á entrar, para que se llene mi casa.

14:24

Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados, gustará mi cena.

14:25

Y muchas gentes iban con Él; y volviéndose les dijo:

 cm dom. 14,25-33 -

14:26

Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo.

14:27

Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

14:28

Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla?

14:29

Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de Él,

14:30

Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.

14:31

¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra Él con veinte mil?

14:32

De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada.

14:33

Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.

14:34

Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará?

14:35

Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien tiene oídos para oir, oiga.

Luk 14:1 Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando.
Luk 14:2 Había allí, delante de él, un hombre hidrópico.
Luk 14:3 Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado, o no?»
Luk 14:4 Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó, y le despidió.
Luk 14:5 Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento?»
Luk 14:6 Y no pudieron replicar a esto.
Luk 14:7 Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola:
Luk 14:8 «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú,
Luk 14:9 y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: "Deja el sitio a éste", y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto.
Luk 14:10 Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa.
Luk 14:11 Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
Luk 14:12 Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa.
Luk 14:13 Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos;
Luk 14:14 y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»
Luk 14:15 Habiendo oído esto, uno de los comensales le dijo: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!»
Luk 14:16 El le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos;
Luk 14:17 a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: "Venid, que ya está todo preparado."
Luk 14:18 Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: "He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses."
Luk 14:19 Y otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses."
Luk 14:20 Otro dijo: "Me he casado, y por eso no puedo ir."
Luk 14:21 «Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: "Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos."
Luk 14:22 Dijo el siervo: "Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio."
Luk 14:23 Dijo el señor al siervo: "Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa."
Luk 14:24 Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.»
Luk 14:25 Caminaba con él mucha gente, y volviéndose les dijo:
Luk 14:26 «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.
Luk 14:27 El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Luk 14:28 «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla?
Luk 14:29 No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo:
Luk 14:30 "Este comenzó a edificar y no pudo terminar."
Luk 14:31 O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000?
Luk 14:32 Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.
Luk 14:33 Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.
Luk 14:34 «Buena es la sal; mas si también la sal se desvirtúa, ¿con qué se la sazonará?
Luk 14:35 No es útil ni para la tierra ni para el estercolero; la tiran afuera. El que tenga oídos para oír, que oiga.»

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Capítulo 15

15:1

Y SE llegaban á Él todos los publicanos y pecadores á oirle.

 cm dom. 15,1-32 -

15:2

Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.

15:3

Y Él les propuso esta parábola, diciendo:

15:4

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?

15:5

Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;

15:6

Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.

15:7

Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.

15:8

¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?

15:9

Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.

15:10

Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

15:11

Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;

 cm dom. 15,11-32 -

15:12

Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.

15:13

Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.

15:14

Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.

15:15

Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.

15:16

Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.

15:17

Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

15:18

Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;

15:19

Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.

15:20

Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.

15:21

Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

15:22

Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.

15:23

Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:

15:24

Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.

15:25

Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;

15:26

Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.

15:27

Y Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.

15:28

Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.

15:29

Mas Él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:

15:30

Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para Él el becerro grueso.

15:31

El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

15:32

Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.

Luk 15:1 Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle,
Luk 15:2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»
Luk 15:3 Entonces les dijo esta parábola.
Luk 15:4 «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?
Luk 15:5 Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros;
Luk 15:6 y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido."
Luk 15:7 Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.
Luk 15:8 «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra?
Luk 15:9 Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido."
Luk 15:10 Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
Luk 15:11 Dijo: «Un hombre tenía dos hijos;
Luk 15:12 y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda.
Luk 15:13 Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
Luk 15:14 «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.
Luk 15:15 Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos.
Luk 15:16 Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.
Luk 15:17 Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!
Luk 15:18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti.
Luk 15:19 Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."
Luk 15:20 Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.
Luk 15:21 El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo."
Luk 15:22 Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies.
Luk 15:23 Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta,
Luk 15:24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta.
Luk 15:25 «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas;
Luk 15:26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Luk 15:27 El le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano."
Luk 15:28 El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba.
Luk 15:29 Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos;
Luk 15:30 y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"
Luk 15:31 «Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
Luk 15:32 pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."»

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Capítulo 16

16:1

Y DIJO también á sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fué acusado delante de Él como disipador de sus bienes.

 cm dom. 16,1-13 -

16:2

Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.

16:3

Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza.

16:4

Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.

16:5

Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor?

16:6

Y Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta.

16:7

Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y Él dijo: Cien coros de trigo. Y Él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta.

16:8

Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz.

16:9

Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas.

16:10

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.

16:11

Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles. ¿quién os confiará lo verdadero?

16:12

Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?

16:13

Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas.

16:14

Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de Él.

16:15

Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.

16:16

La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza á entrar en Él.

16:17

Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley.

16:18

Cualquiera que repudia á su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.

16:19

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.

 cm dom. 16,19-31 -

16:20

Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de Él, lleno de llagas,

16:21

Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

16:22

Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fué sepultado.

16:23

Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno.

16:24

Entonces Él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.

16:25

Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.

16:26

Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.

16:27

Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre;

16:28

Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también á este lugar de tormento.

16:29

Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos.

16:30

El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se arrepentirán.

16:31

Mas Abraham le dijo: Si no oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.

Luk 16:1 Decía también a sus discípulos: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda;
Luk 16:2 le llamó y le dijo: "¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando."
Luk 16:3 Se dijo a sí mismo el administrador: "¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.
Luk 16:4 Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas."
Luk 16:5 «Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi señor?"
Luk 16:6 Respondió: "Cien medidas de aceite." El le dijo: "Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta."
Luk 16:7 Después dijo a otro: "Tú, ¿cuánto debes?" Contestó: "Cien cargas de trigo." Dícele: "Toma tu recibo y escribe ochenta."
Luk 16:8 «El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.
Luk 16:9 «Yo os digo: Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas.
Luk 16:10 El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho.
Luk 16:11 Si, pues, no fuisteis fieles en el Dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero?
Luk 16:12 Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?
Luk 16:13 «Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.»
Luk 16:14 Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de él.
Luk 16:15 Y les dijo: «Vosotros sois los que os la dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios.
Luk 16:16 «La Ley y los profetas llegan hasta Juan; desde ahí comienza a anunciarse la Buena Nueva del Reino de Dios, y todos se esfuerzan con violencia por entrar en él.
Luk 16:17 «Más fácil es que el cielo y la tierra pasen, que no que caiga un ápice de la Ley.
Luk 16:18 «Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una repudiada por su marido, comete adulterio.
Luk 16:19 «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas.
Luk 16:20 Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas,
Luk 16:21 deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Luk 16:22 Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado.
Luk 16:23 «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
Luk 16:24 Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama."
Luk 16:25 Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.
Luk 16:26 Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros."
Luk 16:27 «Replicó: "Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
Luk 16:28 porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento."
Luk 16:29 Díjole Abraham: "Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan."
Luk 16:30 El dijo: "No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán."
Luk 16:31 Le contestó: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite."»

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Capítulo 17

17:1

Y Á SUS discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquél por quien vienen!

17:2

Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos.

17:3

Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.

17:4

Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.

17:5

Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.

 cm dom. 17,5-10 -

17:6

Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis á este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá.

17:7

¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa?

17:8

¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe?

17:9

¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.

17:10

Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.

17:11

Y aconteció que yendo Él á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea.

 cm dom. 17,11-19 -

17:12

Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos,

17:13

Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.

17:14

Y como Él los vió, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.

17:15

Entonces uno de ellos, como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz;

17:16

Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias: y éste era Samaritano.

17:17

Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?

17:18

¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios sino este extranjero?

17:19

Y díjole: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

17:20

Y preguntado por los Fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia;

17:21

Ni dirán: Helo aquí, ó helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está.

17:22

Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.

17:23

Y os dirán: Helo aquí, ó helo allí. No vayáis, ni sigáis.

17:24

Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día.

17:25

Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación.

17:26

Y como fué en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre.

17:27

Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos.

17:28

Asimismo también como fué en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;

17:29

Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos:

17:30

Como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará.

17:31

En aquel día, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda á tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.

17:32

Acordaos de la mujer de Lot.

17:33

Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará.

17:34

Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado.

17:35

Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra dejada.

17:36

Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.

17:37

Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.

Luk 17:1 Dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!
Luk 17:2 Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños.
Luk 17:3 Cuidaos de vosotros mismos. «Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale.
Luk 17:4 Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento", le perdonarás.»
Luk 17:5 Dijeron los apóstoles al Señor; «Auméntanos la fe.»
Luk 17:6 El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: "Arráncate y plántate en el mar", y os habría obedecido.»
Luk 17:7 «¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: "Pasa al momento y ponte a la mesa?"
Luk 17:8 ¿No le dirá más bien: "Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?"
Luk 17:9 ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado?
Luk 17:10 De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.»
Luk 17:11 Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaria y Galilea,
Luk 17:12 y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia
Luk 17:13 y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»
Luk 17:14 Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios.
Luk 17:15 Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz;
Luk 17:16 y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano.
Luk 17:17 Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
Luk 17:18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?»
Luk 17:19 Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
Luk 17:20 Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir.
Luk 17:21 Y no dirán: "Vedlo aquí o allá", porque el Reino de Dios ya está entre vosotros.»
Luk 17:22 Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.
Luk 17:23 Y os dirán: "Vedlo aquí, vedlo allá." No vayáis, ni corráis detrás.
Luk 17:24 Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.
Luk 17:25 Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
Luk 17:26 «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre.
Luk 17:27 Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
Luk 17:28 Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían;
Luk 17:29 pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos.
Luk 17:30 Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.
Luk 17:31 «Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás.
Luk 17:32 Acordaos de la mujer de Lot.
Luk 17:33 Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.
Luk 17:34 Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado;
Luk 17:35 habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada.»
Luk 17:36 Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?» El les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.»

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Capítulo 18

18:1

Y PROPÚSOLES también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar,

 cm dom. 18,1-8 -

18:2

Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre.

18:3

Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía á Él diciendo: Hazme justicia de mi adversario.

18:4

Pero Él no quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre,

18:5

Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela.

18:6

Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto.

18:7

¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á Él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos?

18:8

Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?

18:9

Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola:

 cm dom. 18,9-14 -

18:10

Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano.

18:11

El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;

18:12

Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.

18:13

Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí pecador.

18:14

Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.

18:15

Y traían á Él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos les reñían.

18:16

Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios.

18:17

De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en Él.

18:18

Y preguntóle un príncipe, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?

18:19

Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno sino sólo Dios.

18:20

Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre y á tu madre.

18:21

Y Él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.

18:22

Y Jesús, oído esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

18:23

Entonces Él, oídas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.

18:24

Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

18:25

Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.

18:26

Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?

18:27

Y Él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios.

18:28

Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido.

18:29

Y Él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,

18:30

Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

18:31

Y Jesús, tomando á los doce, les dijo: He aquí subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre.

18:32

Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y escupido.

18:33

Y después que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer día resucitará.

18:34

Pero ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía.

18:35

Y aconteció que acercándose Él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;

18:36

El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello.

18:37

Y dijéronle que pasaba Jesús Nazareno.

18:38

Entonces dió voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.

18:39

Y los que iban delante, le reñían que callase; mas Él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.

18:40

Jesús entonces parándose, mandó traerle á sí: y como Él llegó, le preguntó,

18:41

Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y Él dijo: Señor, que vea.

18:42

Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo.

18:43

Y luego vió, y le seguía, glorificando á Dios: y todo el pueblo como lo vió, dió á Dios alabanza.

Luk 18:1 Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer.
Luk 18:2 «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres.
Luk 18:3 Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: "¡Hazme justicia contra mi adversario!"
Luk 18:4 Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,
Luk 18:5 como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme."»
Luk 18:6 Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto;
Luk 18:7 y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar?
Luk 18:8 Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?»
Luk 18:9 Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola:
Luk 18:10 «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.
Luk 18:11 El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: "¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano.
Luk 18:12 Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias."
Luk 18:13 En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!"
Luk 18:14 Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
Luk 18:15 Le presentaban también los niños pequeños para que los tocara, y al verlo los discípulos, les reñían.
Luk 18:16 Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.
Luk 18:17 Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.»
Luk 18:18 Uno de los principales le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
Luk 18:19 Le dijo Jesús: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.
Luk 18:20 Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre.»
Luk 18:21 El dijo: «Todo eso lo he guardado desde mi juventud.»
Luk 18:22 Oyendo esto Jesús, le dijo: «Aún te falta una cosa. Todo cuanto tienes véndelo y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego, ven y sígueme.»
Luk 18:23 Al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
Luk 18:24 Viéndole Jesús, dijo: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!
Luk 18:25 Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.»
Luk 18:26 Los que lo oyeron, dijeron: «¿Y quién se podrá salvar?»
Luk 18:27 Respondió: «Lo imposible para los hombres, es posible para Dios.»
Luk 18:28 Dijo entonces Pedro: «Ya lo ves, nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido.»
Luk 18:29 El les dijo: «Yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por el Reino de Dios,
Luk 18:30 quedará sin recibir mucho más al presente y, en el mundo venidero, vida eterna.»
Luk 18:31 Tomando consigo a los Doce, les dijo: «Mirad que subimos a Jerusalén, y se cumplirá todo lo que los profetas escribieron para el Hijo del hombre;
Luk 18:32 pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burlas, insultado y escupido;
Luk 18:33 y después de azotarle le matarán, y al tercer día resucitará.»
Luk 18:34 Ellos nada de esto comprendieron; estas palabras les quedaban ocultas y no entendían lo que decía.
Luk 18:35 Sucedió que, al acercarse él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna;
Luk 18:36 al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello.
Luk 18:37 Le informaron que pasaba Jesús el Nazoreo
Luk 18:38 y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!»
Luk 18:39 Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Luk 18:40 Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó:
Luk 18:41 «¿Qué quieres que te haga?» El dijo: «¡Señor, que vea!»
Luk 18:42 Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado.»
Luk 18:43 Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

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Capítulo 19

19:1

Y HABIENDO entrado Jesús, iba pasando por Jericó;

 cm dom. 19,1-10 -

19:2

Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;

19:3

Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.

19:4

Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.

19:5

Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.

19:6

Entonces Él descendió apriesa, y le recibió gozoso.

19:7

Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador.

19:8

Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.

19:9

Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto Él también es hijo de Abraham.

19:10

Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.

19:11

Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.

19:12

Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver.

19:13

Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo.

19:14

Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de Él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.

19:15

Y aconteció, que vuelto Él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

19:16

Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.

19:17

Y Él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.

19:18

Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.

19:19

Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.

19:20

Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:

19:21

Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.

19:22

Entonces Él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;

19:23

¿Por qué, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?

19:24

Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.

19:25

Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.

19:26

Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

19:27

Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.

19:28

Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem.

19:29

Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,

19:30

Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.

19:31

Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.

19:32

Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.

19:33

Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?

19:34

Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.

19:35

Y trajéronlo á Jesús; y habiendo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima.

19:36

Y yendo Él tendían sus capas por el camino.

19:37

Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,

19:38

Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo!

19:39

Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos.

19:40

Y Él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.

19:41

Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella,

19:42

Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.

19:43

Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho,

19:44

Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

19:45

Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en Él.

19:46

Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

19:47

Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.

19:48

Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.

Luk 19:1 Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad.
Luk 19:2 Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico.
Luk 19:3 Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura.
Luk 19:4 Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.
Luk 19:5 Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.»
Luk 19:6 Se apresuró a bajar y le recibió con alegría.
Luk 19:7 Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.»
Luk 19:8 Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.»
Luk 19:9 Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham,
Luk 19:10 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
Luk 19:11 Estando la gente escuchando estas cosas, añadió una parábola, pues estaba él cerca de Jerusalén, y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro.
Luk 19:12 Dijo pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse.
Luk 19:13 Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: "Negociad hasta que vuelva."
Luk 19:14 Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: "No queremos que ése reine sobre nosotros."
Luk 19:15 «Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
Luk 19:16 Se presentó el primero y dijo: "Señor, tu mina ha producido diez minas."
Luk 19:17 Le respondió: "¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades."
Luk 19:18 Vino el segundo y dijo: "Tu mina, Señor, ha producido cinco minas."
Luk 19:19 Dijo a éste: "Ponte tú también al mando de cinco ciudades."
Luk 19:20 «Vino el otro y dijo: "Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo;
Luk 19:21 pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste."
Luk 19:22 Dícele: "Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré;
Luk 19:23 pues ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses."
Luk 19:24 Y dijo a los presentes: "Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas."
Luk 19:25 Dijéronle: "Señor, tiene ya diez minas."
Luk 19:26 - "Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará."
Luk 19:27 «"Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí."»
Luk 19:28 Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén.
Luk 19:29 Y sucedió que, al aproximarse a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos,
Luk 19:30 diciendo: «Id al pueblo que está enfrente y, entrando en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre; desatadlo y traedlo.
Luk 19:31 Y si alguien os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?", diréis esto: "Porque el Señor lo necesita."»
Luk 19:32 Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho.
Luk 19:33 Cuando desataban el pollino, les dijeron los dueños: «¿Por qué desatáis el pollino?»
Luk 19:34 Ellos les contestaron: «Porque el Señor lo necesita.»
Luk 19:35 Y lo trajeron donde Jesús; y echando sus mantos sobre el pollino, hicieron montar a Jesús.
Luk 19:36 Mientras él avanzaba, extendían sus mantos por el camino.
Luk 19:37 Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que habían visto.
Luk 19:38 Decían: «Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas.»
Luk 19:39 Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos.»
Luk 19:40 Respondió: «Os digo que si éstos callan gritarán las piedras.»
Luk 19:41 Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella,
Luk 19:42 diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos.
Luk 19:43 Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes,
Luk 19:44 y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita.»
Luk 19:45 Entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían,
Luk 19:46 diciéndoles: «Está escrito: Mi Casa será Casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!»
Luk 19:47 Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle,
Luk 19:48 pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.

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Capítulo 20

20:1

Y ACONTECIÓ un día, que enseñando Él al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegáronse los príncipes de los sacerdotes y los escribas, con los ancianos;

20:2

Y le hablaron, diciendo: Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿ó quién es el que te ha dado esta potestad?

20:3

Respondiendo entonces Jesús, les dijo: Os preguntaré yo también una palabra; respondedme:

20:4

El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres?

20:5

Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?

20:6

Y si dijéremos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará: porque están ciertos que Juan era profeta.

20:7

Y respondieron que no sabían de dónde.

20:8

Entonces Jesús les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas.

20:9

Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y arrendóla á labradores, y se ausentó por mucho tiempo.

20:10

Y al tiempo, envió un siervo á los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores le hirieron, y enviaron vacío.

20:11

Y volvió á enviar otro siervo; mas ellos á éste también, herido y afrentado, le enviaron vacío.

20:12

Y volvió á enviar al tercer siervo; mas ellos también á éste echaron herido.

20:13

Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré mi hijo amado: quizás cuando á éste vieren, tendrán respeto.

20:14

Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra.

20:15

Y echáronle fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué pues, les hará el señor de la viña?

20:16

Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. Y como ellos lo oyeron, dijeron: ¡Dios nos libre!

20:17

Mas Él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que condenaron los edificadores, Esta fué por cabeza de esquina?

20:18

Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzará.

20:19

Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola: mas temieron al pueblo.

20:20

Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente.

20:21

Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; antes enseñas el camino de Dios con verdad.

20:22

¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no?

20:23

Mas Él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?

20:24

Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.

20:25

Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios.

20:26

Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.

20:27

Y llegándose unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,

 cm dom. 20,27-38 -

20:28

Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente á su hermano.

20:29

Fueron, pues, siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos.

20:30

Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.

20:31

Y la tomó el tercero: asimismo también todos siete: y murieron sin dejar prole.

20:32

Y á la postre de todos murió también la mujer.

20:33

En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer.

20:34

Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento:

20:35

Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento:

20:36

Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección.

20:37

Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.

20:38

Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven á Él.

20:39

Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.

20:40

Y no osaron más preguntarle algo.

20:41

Y Él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?

20:42

Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra,

20:43

Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.

20:44

Así que David le llama Señor: ¿cómo pues es su hijo?

20:45

Y oyéndole todo el pueblo, dijo á sus discípulos:

20:46

Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;

20:47

Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oración: éstos recibirán mayor condenación.

Luk 20:1 Y sucedió que un día enseñaba al pueblo en el Templo y anunciaba la Buena Nueva; se acercaron los sumos sacerdotes y los escribas junto con los ancianos,
Luk 20:2 y le preguntaron: «Dinos: ¿Con qué autoridad haces esto, o quién es el que te ha dado tal autoridad?»
Luk 20:3 El les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa. Decidme:
Luk 20:4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?»
Luk 20:5 Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: "Del cielo", dirá: "¿Por qué no le creísteis?"
Luk 20:6 Pero si decimos: "De los hombres", todo el pueblo nos apedreará, pues están convencidos de que Juan era un profeta.»
Luk 20:7 Respondieron, pues, que no sabían de dónde era.
Luk 20:8 Jesús entonces les dijo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
Luk 20:9 Se puso a decir al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña y la arrendó a unos labradores, y se ausentó por mucho tiempo.
Luk 20:10 «A su debido tiempo, envió un siervo a los labradores, para que le diesen parte del fruto de la viña. Pero los labradores, después de golpearle, le despacharon con las manos vacías.
Luk 20:11 Volvió a enviar otro siervo, pero ellos, después de golpearle e insultarle, le despacharon con las manos vacías.
Luk 20:12 Tornó a enviar un tercero, pero ellos, después de herirle, le echaron.
Luk 20:13 Dijo, pues, el dueño de la viña: "¿Qué haré? Voy a enviar a mi hijo querido; tal vez le respeten."
Luk 20:14 Pero los labradores, al verle, se dijeron entre sí: "Este es el heredero; matémosle, para que la herencia sea nuestra."
Luk 20:15 Y, echándole fuera de la viña, le mataron. «¿Qué hará, pues, con ellos el dueño de la viña?
Luk 20:16 Vendrá y dará muerte a estos labradores, y entregará la viña a otros.» Al oír esto, dijeron: «De ninguna manera.»
Luk 20:17 Pero él clavando en ellos la mirada, dijo: «Pues, ¿qué es lo que está escrito: La piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido?
Luk 20:18 Todo el que caiga sobre esta piedra, se destrozará, y a aquel sobre quien ella caiga, le aplastará.»
Luk 20:19 Los escribas y los sumos sacerdotes trataron de echarle mano en aquel mismo momento - pero tuvieron miedo al pueblo - porque habían comprendido que aquella parábola la había dicho por ellos.
Luk 20:20 Quedándose ellos al acecho, le enviaron unos espías, que fingieran ser justos, para sorprenderle en alguna palabra y poderle entregar al poder y autoridad del procurador.
Luk 20:21 Y le preguntaron: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud, y que no tienes en cuenta la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios:
Luk 20:22 ¿Nos es lícito pagar tributo al César o no?»
Luk 20:23 Pero él, habiendo conocido su astucia, les dijo:
Luk 20:24 «Mostradme un denario. ¿De quién lleva la imagen y la inscripción?» Ellos dijeron: «Del César.»
Luk 20:25 El les dijo: «Pues bien, lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.»
Luk 20:26 No pudieron sorprenderle en ninguna palabra ante el pueblo y, maravillados por su respuesta, se callaron.
Luk 20:27 Acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron:
Luk 20:28 «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano.
Luk 20:29 Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos;
Luk 20:30 y la tomó el segundo,
Luk 20:31 luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos.
Luk 20:32 Finalmente, también murió la mujer.
Luk 20:33 Esta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer.»
Luk 20:34 Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido;
Luk 20:35 pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido,
Luk 20:36 ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.
Luk 20:37 Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Luk 20:38 No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.»
Luk 20:39 Algunos de los escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.»
Luk 20:40 Pues ya no se atrevían a preguntarle nada.
Luk 20:41 Les preguntó: «¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?
Luk 20:42 Porque David mismo dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra
Luk 20:43 hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies.
Luk 20:44 David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?»
Luk 20:45 Estando todo el pueblo oyendo, dijo a los discípulos:
Luk 20:46 «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje y quieren ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas, y los primeros puestos en los banquetes;
Luk 20:47 y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa.»

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Capítulo 21

21:1

Y MIRANDO, vió á los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio.

21:2

Y vió también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas.

21:3

Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos:

21:4

Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.

21:5

Y á unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo:

 cm dom. 21,5-19 -

21:6

Estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída.

21:7

Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas?

21:8

El entonces dijo: Mirad, no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y, el tiempo está cerca: por tanto, no vayáis en pos de ellos.

21:9

Empero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego será el fin.

21:10

Entonces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino;

21:11

Y habrá grandes terremotos, y en varios lugares hambres y pestilencias: y habrá espantos y grandes señales del cielo.

21:12

Mas antes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán, entregándoos á las sinagogas y á las cárceles, siendo llevados á los reyes y á los gobernadores por causa de mi nombre.

21:13

Y os será para testimonio.

21:14

Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder:

21:15

Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán.

21:16

Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán á algunos de vosotros.

21:17

Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.

21:18

Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá.

21:19

En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas.

21:20

Y cuando viereis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.

21:21

Entonces los que estuvieren en Judea, huyan á los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.

21:22

Porque estos son días de venganza: para que se cumplan todas las cosas que están escritas.

21:23

Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! porque habrá apuro grande sobre la tierra é ira en este pueblo.

21:24

Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos á todas las naciones: y Jerusalem será hollada de las gentes, hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos.

21:25

Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas:

 cm dom. 21,25-28.34-36 -

21:26

Secándose los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas.

21:27

Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande.

21:28

Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.

21:29

Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles:

21:30

Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca.

21:31

Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios.

21:32

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo sea hecho.

21:33

El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán.

21:34

Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

21:35

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

21:36

Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.

21:37

Y enseñaba de día en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas.

21:38

Y todo el pueblo venía á Él por la mañana, para oirle en el templo.

Luk 21:1 Alzando la mirada, vió a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro;
Luk 21:2 vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas,
Luk 21:3 y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos.
Luk 21:4 Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir.»
Luk 21:5 Como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo:
Luk 21:6 «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.»
Luk 21:7 Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?»
Luk 21:8 El dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy" y "el tiempo está cerca". No les sigáis.
Luk 21:9 Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.»
Luk 21:10 Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Luk 21:11 Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo.
Luk 21:12 «Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre;
Luk 21:13 esto os sucederá para que deis testimonio.
Luk 21:14 Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa,
Luk 21:15 porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.
Luk 21:16 Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros,
Luk 21:17 y seréis odiados de todos por causa de mi nombre.
Luk 21:18 Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza.
Luk 21:19 Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
Luk 21:20 «Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación.
Luk 21:21 Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella;
Luk 21:22 porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.
Luk 21:23 ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y Cólera contra este pueblo;
Luk 21:24 y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles.
Luk 21:25 «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas,
Luk 21:26 muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
Luk 21:27 Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.
Luk 21:28 Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.»
Luk 21:29 Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los árboles.
Luk 21:30 Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca.
Luk 21:31 Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca.
Luk 21:32 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
Luk 21:33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Luk 21:34 «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros,
Luk 21:35 como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra.
Luk 21:36 Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.»
Luk 21:37 Por el día enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos.
Luk 21:38 Y todo el pueblo madrugaba para ir donde él y escucharle en el Templo.

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Capítulo 22

22:1

Y ESTABA cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua.

22:2

Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarían; mas tenían miedo del pueblo.

22:3

Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;

22:4

Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría.

22:5

Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero.

22:6

Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin bulla.

22:7

Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua.

22:8

Y envió á Pedro y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos.

22:9

Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos?

22:10

Y Él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare,

22:11

Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos?

22:12

Entonces Él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí.

22:13

Fueron pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua.

22:14

Y como fué hora, sentóse á la mesa, y con Él los apóstoles.

 cm dom. 22,14-23,56 -

22:15

Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca;

22:16

Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios.

22:17

Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros;

22:18

Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.

22:19

Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí.

22:20

Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

22:21

Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa.

22:22

Y á la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ¡ay de aquél hombre por el cual es entregado!

22:23

Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto.

22:24

Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor.

22:25

Entonces Él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores:

22:26

Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve.

22:27

Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve.

22:28

Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones:

22:29

Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó á mí,

22:30

Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel.

22:31

Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo;

22:32

Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos.

22:33

Y Él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte.

22:34

Y Él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

22:35

Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.

22:36

Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada.

22:37

Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene.

22:38

Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y Él les dijo: Basta.

22:39

Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron.

22:40

Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.

22:41

Y Él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,

22:42

Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

22:43

Y le apareció un ángel del cielo confortándole.

22:44

Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

22:45

Y como se levantó de la oración, y vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza;

22:46

Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.

22:47

Estando Él aún hablando, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse á Jesús para besarlo.

22:48

Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?

22:49

Y viendo los que estaban con Él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo?

22:50

Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha.

22:51

Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.

22:52

Y Jesús dijo á los que habían venido á Él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos?

22:53

Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

22:54

Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos.

22:55

Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos.

22:56

Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, fijóse en Él, y dijo: Y éste con Él estaba.

22:57

Entonces Él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco.

22:58

Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy.

22:59

Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con Él, porque es Galileo.

22:60

Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando Él aún hablando, el gallo cantó.

22:61

Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

22:62

Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.

22:63

Y los hombres que tenían á Jesús, se burlaban de Él hiriéndole;

22:64

Y cubriéndole, herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza quién es el que te hirió.

22:65

Y decían otras muchas cosas injuriándole.

22:66

Y cuando fué de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio,

22:67

Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;

22:68

Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis:

22:69

Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios.

22:70

Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y Él les dijo: Vosotros decís que yo soy.

22:71

Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.

Luk 22:1 Se acercaba la fiesta de los Azimos, llamada Pascua.
Luk 22:2 Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían al pueblo.
Luk 22:3 Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce;
Luk 22:4 y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregárselo.
Luk 22:5 Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero.
Luk 22:6 El aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera.
Luk 22:7 Llegó el día de los Azimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua;
Luk 22:8 y envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.»
Luk 22:9 Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?»
Luk 22:10 Les dijo: «Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre,
Luk 22:11 y diréis al dueño de la casa: "El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?"
Luk 22:12 El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos.»
Luk 22:13 Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
Luk 22:14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles;
Luk 22:15 y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;
Luk 22:16 porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.»
Luk 22:17 Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros;
Luk 22:18 porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.»
Luk 22:19 Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»
Luk 22:20 De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.
Luk 22:21 «Pero la mano del que me entrega está aquí conmigo sobre la mesa.
Luk 22:22 Porque el Hijo del hombre se marcha según está determinado. Pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!»
Luk 22:23 Entonces se pusieron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer aquello.
Luk 22:24 Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor.
Luk 22:25 El les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores;
Luk 22:26 pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve.
Luk 22:27 Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
Luk 22:28 «Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas;
Luk 22:29 yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí,
Luk 22:30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Luk 22:31 «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;
Luk 22:32 pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.»
Luk 22:33 El dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte.»
Luk 22:34 Pero él dijo: «Te digo, Pedro: No cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces.»
Luk 22:35 Y les dijo: «Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?» Ellos dijeron: «Nada.»
Luk 22:36 Les dijo: «Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y compre una espada;
Luk 22:37 porque os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: "Ha sido contado entre los malhechores." Porque lo mío toca a su fin.»
Luk 22:38 Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas.» El les dijo: «Basta.»
Luk 22:39 Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron.
Luk 22:40 Llegado al lugar les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación.»
Luk 22:41 Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba
Luk 22:42 diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
Luk 22:43 Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba.
Luk 22:44 Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.
Luk 22:45 Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza;
Luk 22:46 y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación.»
Luk 22:47 Todavía estaba hablando, cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Jesús para darle un beso.
Luk 22:48 Jesús le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!»
Luk 22:49 Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿herimos a espada?»
Luk 22:50 y uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha.
Luk 22:51 Pero Jesús dijo: «¡Dejad! ¡Basta ya!» Y tocando la oreja le curó.
Luk 22:52 Dijo Jesús a los sumos sacerdotes, jefes de la guardia del Templo y ancianos que habían venido contra él: «¿Como contra un salteador habéis salido con espadas y palos?
Luk 22:53 Estando yo todos los días en el Templo con vosotros, no me pusisteis las manos encima; pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.»
Luk 22:54 Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos.
Luk 22:55 Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos.
Luk 22:56 Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Este también estaba con él.»
Luk 22:57 Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!»
Luk 22:58 Poco después, otro, viéndole, dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro dijo: «Hombre, no lo soy!»
Luk 22:59 Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.»
Luk 22:60 Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!» Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo,
Luk 22:61 y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.»
Luk 22:62 Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
Luk 22:63 Los hombres que le tenían preso se burlaban de él y le golpeaban;
Luk 22:64 y cubriéndole con un velo le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?»
Luk 22:65 Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas.
Luk 22:66 En cuanto se hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, sumos sacerdotes y escribas, le hicieron venir a su Sanedrín
Luk 22:67 y le dijeron: «Si tú eres el Cristo, dínoslo.» El respondió: «Si os lo digo, no me creeréis.
Luk 22:68 Si os pregunto, no me responderéis.
Luk 22:69 De ahora en adelante, el Hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios.»
Luk 22:70 Dijeron todos: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?» El les dijo: «Vosotros lo decís: Yo soy.»
Luk 22:71 Dijeron ellos: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos, pues nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca?»

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Capítulo 23

23:1

LEVANTÁNDOSE entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato.

23:2

Y comenzaron á acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo á César, diciendo que Él es el Cristo, el rey.

23:3

Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices.

23:4

Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre.

23:5

Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.

23:6

Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo.

23:7

Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió á Herodes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días.

23:8

Y Herodes, viendo á Jesús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de Él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal.

23:9

Y le preguntaba con muchas palabras; mas Él nada le respondió:

23:10

Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía.

23:11

Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle á enviar á Pilato.

23:12

Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí.

23:13

Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo,

23:14

Les dijo: Me habéis presentado á éste por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquéllas de que le acusáis.

 

23:15

Y ni aun Herodes; porque os remití á Él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho.

23:16

Le soltaré, pues, castigado.

23:17

Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.

23:18

Mas toda la multitud dió voces á una, diciendo: Quita á éste, y suéltanos á Barrabás:

23:19

(El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.)

23:20

Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesús.

23:21

Pero ellos volvieron á dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale.

23:22

Y Él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ninguna culpa de muerte he hallado en Él: le castigaré, pues, y le soltaré.

23:23

Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían.

23:24

Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían;

23:25

Y les soltó á aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó á Jesús á la voluntad de ellos.

23:26

Y llevándole, tomaron á un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.

23:27

Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban.

23:28

Mas Jesús, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos.

23:29

Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron.

23:30

Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos.

23:31

Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?

23:32

Y llevaban también con Él otros dos, malhechores, á ser muertos.

23:33

Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda.

23:34

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.

23:35

Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de Él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios.

 cm dom. 23,35-43 -

23:36

Escarnecían de Él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre,

23:37

Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo.

23:38

Y había también sobre Él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.

23:39

Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros.

23:40

Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación?

23:41

Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo.

23:42

Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino.

23:43

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.

23:44

Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

23:45

Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio.

23:46

Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.

23:47

Y como el centurión vió lo que había acontecido, dió gloria á Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

23:48

Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos.

23:49

Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.

23:50

Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo,

23:51

(El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios;

23:52

Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

23:53

Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto.

23:54

Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado.

23:55

Y las mujeres que con Él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo.

23:56

Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.

Luk 23:1 Y levantándose todos ellos, le llevaron ante Pilato.
Luk 23:2 Comenzaron a acusarle diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey.»
Luk 23:3 Pilato le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Sí, tú lo dices.»
Luk 23:4 Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «Ningún delito encuentro en este hombre.»
Luk 23:5 Pero ellos insistían diciendo: «Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí.»
Luk 23:6 Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo.
Luk 23:7 Y, al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos días estaba también en Jerusalén.
Luk 23:8 Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.
Luk 23:9 Le preguntó con mucha palabrería, pero él no respondió nada.
Luk 23:10 Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia.
Luk 23:11 Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido vestido y le remitió a Pilato.
Luk 23:12 Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.
Luk 23:13 Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo
Luk 23:14 y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis.
Luk 23:15 Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte.
Luk 23:16 Así que le castigaré y le soltaré.»
Luk 23:18 Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!»
Luk 23:19 Este había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.
Luk 23:20 Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Jesús,
Luk 23:21 pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!»
Luk 23:22 Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré.»
Luk 23:23 Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes.
Luk 23:24 Pilato sentenció que se cumpliera su demanda.
Luk 23:25 Soltó, pues, al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Jesús se lo entregó a su voluntad.
Luk 23:26 Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús.
Luk 23:27 Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.
Luk 23:28 Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.
Luk 23:29 Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron!
Luk 23:30 Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos!
Luk 23:31 Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?»
Luk 23:32 Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él.
Luk 23:33 Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Luk 23:34 Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando a suertes.
Luk 23:35 Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.»
Luk 23:36 También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre
Luk 23:37 y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!»
Luk 23:38 Había encima de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos.»
Luk 23:39 Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!»
Luk 23:40 Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?
Luk 23:41 Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.»
Luk 23:42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.»
Luk 23:43 Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»
Luk 23:44 Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
Luk 23:45 El velo del Santuario se rasgó por medio
Luk 23:46 y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» y, dicho esto, expiró.
Luk 23:47 Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.»
Luk 23:48 Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho.
Luk 23:49 Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea.
Luk 23:50 Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo,
Luk 23:51 que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.
Luk 23:52 Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús
Luk 23:53 y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía.
Luk 23:54 Era el día de la Preparación, y apuntaba el sábado.
Luk 23:55 Las mujeres que habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo,
Luk 23:56 Y regresando, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según el precepto.

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Capítulo 24

24:1

Y EL primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáticas que habían aparejado, y algunas otras mujeres con ellas.

 cm dom. 24,1-12 -

24:2

Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro.

24:3

Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

24:4

Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, he aquí se pararon junto á ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;

24:5

Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

24:6

No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea,

24:7

Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.

24:8

Entonces ellas se acordaron de sus palabras,

24:9

Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas á los once, y á todos los demás.

24:10

Y eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, las que dijeron estas cosas á los apóstoles.

24:11

Mas á ellos les parecían como locura las palabras de ellas, y no las creyeron.

24:12

Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro: y como miró dentro, vió solos los lienzos echados; y se fué maravillándose de lo que había sucedido.

24:13

Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día á una aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmaús.

 cm dom. 24,13-35 cm Catequesis JPII -

24:14

E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acaecido.

24:15

Y aconteció que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesús se llegó, é iba con ellos juntamente.

24:16

Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen.

24:17

Y díjoles: ¿Qué pláticas son estas que tratáis entre vosotros andando, y estáis tristes?

24:18

Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Tú sólo peregrino eres en Jerusalem, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos días?

24:19

Entonces Él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús Nazareno, el cual fué varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;

24:20

Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros príncipes á condenación de muerte, y le crucificaron.

24:21

Mas nosotros esperábamos que Él era el que había de redimir á Israel: y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer día que esto ha acontecido.

24:22

Aunque también unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del día fueron al sepulcro:

24:23

Y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que Él vive.

24:24

Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho; más á Él no le vieron.

24:25

Entonces Él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!

24:26

¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?

24:27

Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de Él decían.

24:28

Y llegaron á la aldea á donde iban: y Él hizo como que iba más lejos.

24:29

Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró pues á estarse con ellos.

24:30

Y aconteció, que estando sentado con ellos á la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió, y dióles.

24:31

Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas Él se desapareció de los ojos de ellos.

24:32

Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?

24:33

Y levantándose en la misma hora, tornáronse á Jerusalem, y hallaron á los once reunidos, y á los que estaban con ellos.

24:34

Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á Simón.

24:35

Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo había sido conocido de ellos al partir el pan.

 cm dom. 24,25-48 -

24:36

Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, Él se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz á vosotros.

24:37

Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu.

24:38

Mas Él les dice: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones?

24:39

Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

24:40

Y en diciendo esto, les mostró las manos y los pies.

24:41

Y no creyéndolo aún ellos de gozo, y maravillados, díjoles: ¿Tenéis aquí algo de comer?

24:42

Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.

24:43

Y Él tomó, y comió delante de ellos.

24:44

Y Él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.

24:45

Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras;

24:46

Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;

 cm dom. 24,46-53 -

24:47

Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem.

24:48

Y vosotros sois testigos de estas cosas.

24:49

Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto.

24:50

Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo.

24:51

Y aconteció que bendiciéndolos, se fué de ellos; y era llevado arriba al cielo.

24:52

Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron á Jerusalem con gran gozo;

24:53

Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo á Dios. Amén.

Luk 24:1 El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado.
Luk 24:2 Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro,
Luk 24:3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Luk 24:4 No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes.
Luk 24:5 Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?
Luk 24:6 No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo:
Luk 24:7 "Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite. "»
Luk 24:8 Y ellas recordaron sus palabras.
Luk 24:9 Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás.
Luk 24:10 Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas.
Luk 24:11 Pero todas estas palabras les parecían como desatinos y no les creían.
Luk 24:12 Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero sólo vio las vendas y se volvió a su casa, asombrado por lo sucedido.
Luk 24:13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén,
Luk 24:14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.
Luk 24:15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos;
Luk 24:16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.
Luk 24:17 El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido.
Luk 24:18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?»
Luk 24:19 El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;
Luk 24:20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron.
Luk 24:21 Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó.
Luk 24:22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,
Luk 24:23 y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía.
Luk 24:24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»
Luk 24:25 El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!
Luk 24:26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»
Luk 24:27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.
Luk 24:28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante.
Luk 24:29 Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos.
Luk 24:30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
Luk 24:31 Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.
Luk 24:32 Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Luk 24:33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos,
Luk 24:34 que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!»
Luk 24:35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
Luk 24:36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
Luk 24:37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.
Luk 24:38 Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?
Luk 24:39 Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.»
Luk 24:40 Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies.
Luk 24:41 Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?»
Luk 24:42 Ellos le ofrecieron parte de un pez asado.
Luk 24:43 Lo tomó y comió delante de ellos.
Luk 24:44 Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."»
Luk 24:45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras,
Luk 24:46 y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día
Luk 24:47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.
Luk 24:48 Vosotros sois testigos de estas cosas.
Luk 24:49 «Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.»
Luk 24:50 Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.
Luk 24:51 Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
Luk 24:52 Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo,
Luk 24:53 y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

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