LA BIBLIA Versión Reina-Valera de 1909
El Santo Evangelio Según San Lucas

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Capítulo 1

1:1

HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,

  10 rasgos del E.S. en Lucas - 

1:2

Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;

1:3

Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo,

1:4

Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.

1:5

HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet.

1:6

Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor.

1:7

Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días.

1:8

Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez,

1:9

Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner el incienso, entrando en el templo del Señor.

1:10

Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso.

1:11

Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie á la derecha del altar del incienso.

1:12

Y se turbó Zacarías viéndole, y cayó temor sobre Él.

1:13

Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.

1:14

Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.

1:15

Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre.

1:16

Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.

1:17

Porque Él irá delante de Él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.

1:18

Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.

1:19

Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas.

1:20

Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.

1:21

Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que Él se detuviese en el templo.

1:22

Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había visto visión en el templo: y Él les hablaba por señas, y quedó mudo.

1:23

Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á su casa.

1:24

Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo:

1:25

Porque el Señor me ha hecho así en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.

1:26

Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

 cm fiesta 1,26 –38cm dom. 1,26-38 -

1:27

A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.

1:28

Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.

1:29

Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.

1:30

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.

1:31

Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS.

1:32

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre:

1:33

Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.

1:34

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.

1:35

Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

1:36

Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril:

1:37

Porque ninguna cosa es imposible para Dios.

1:38

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella.

1:39

En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá;

  cm dom. 1,39-45  - cm fiesta 1,39-55 -

1:40

Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.

1:41

Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo,

1:42

Y exclamó á gran voz, y dijo. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

1:43

¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí?

1:44

Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

1:45

Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.

1:46

Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;

1:47

Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador,

1:48

Porque ha mirado á la bajeza de su criada; Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

1:49

Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre.

1:50

Y su misericordia de generación á generación A los que le temen.

1:51

Hizo valentía con su brazo: Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.

1:52

Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los humildes.

1:53

A los hambrientos hinchió de bienes; Y á los ricos envió vacíos.

1:54

Recibió á Israel su siervo, acordándose de la misericordia.

1:55

Como habló á nuestros padres A Abraham y á su simiente para siempre.

1:56

Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa.

1:57

Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo.

1:58

Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella.

1:59

Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías.

1:60

Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.

1:61

Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre.

1:62

Y hablaron por señas á su padre, cómo le quería llamar.

1:63

Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.

1:64

Y luego fué abierta su boca y su lengua, y habló bendiciendo á Dios.

1:65

Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.

1:66

Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con Él.

1:67

Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:

1:68

Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y hecho redención á su pueblo,

1:69

Y nos alzó un cuerno de salvación En la casa de David su siervo,

1:70

Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio:

1:71

Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron;

1:72

Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordándose de su santo pacto;

1:73

Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, Que nos había de dar,

1:74

Que sin temor librados de nuestros enemigos, Le serviríamos

1:75

En santidad y en justicia delante de Él, todos los días nuestros.

1:76

Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos;

1:77

Dando conocimiento de salud á su pueblo, Para remisión de sus pecados,

1:78

Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó de lo alto el Oriente,

1:79

Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.

1:80

Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu: y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró á Israel.

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Capítulo 2

2:1

Y ACONTECIÓ en aquellos días que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.

 cm dom. 2,1-14cm2 dom. 2,1-14cm3 dom. 2,1-14 - comNav 2, 1-20 -

2:2

Este empadronamiento primero fué hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria.

2:3

E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad.

2:4

Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á Judea, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;

2:5

Para ser empadronado con María su mujer, desposada con Él, la cual estaba encinta.

2:6

Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de parir.

2:7

Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

2:8

Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado.

2:9

Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor.

2:10

Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

2:11

Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.

2:12

Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre.

2:13

Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían:

2:14

Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.

2:15

Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado.

2:16

Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al niño acostado en el pesebre.

 cm dom. 2,16-21cm2 dom. 2,16-21m3 dom. 2,16-21 -

2:17

Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño.

2:18

Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.

2:19

Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón.

2:20

Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.

2:21

Y pasados los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESUS; el cual le fué puesto por el ángel antes que Él fuese concebido en el vientre.

2:22

Y como se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentarle al Señor,

 cm dom. 2,22-40 - comSagrFamhomo 2, 41-52
 

2:23

(Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor),

2:24

Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas, ó dos palominos.

2:25

Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre Él.

2:26

Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.

2:27

Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por Él conforme á la costumbre de la ley.

2:28

Entonces Él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo:

2:29

Ahora despides, Señor, á tu siervo, Conforme á tu palabra, en paz;

2:30

Porque han visto mis ojos tu salvación,

2:31

La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;

2:32

Luz para ser revelada á los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel.

2:33

Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de Él.

2:34

Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho;

2:35

Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.

2:36

Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad;

2:37

Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.

2:38

Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de Él á todos los que esperaban la redención en Jerusalem.

2:39

Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron á Galilea, á su ciudad de Nazaret.

2:40

Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él.

2:41

E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta de la Pascua.

 cm dom. 2,41-52 - 

2:42

Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem conforme á la costumbre del día de la fiesta.

2:43

Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin saberlo José y su madre.

2:44

Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos:

2:45

Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole.

2:46

Y aconteció, que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.

2:47

Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas.

2:48

Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor.

2:49

Entonces Él les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?

2:50

Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.

2:51

Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.

2:52

Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.

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Capítulo 3

3:1

Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,

 cm dom. 3,1-6 -

3:2

Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

3:3

Y Él vino por toda la tierra al rededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados;

3:4

Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Haced derechas sus sendas.

3:5

Todo valle se henchirá, Y bajaráse todo monte y collado; Y los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados;

3:6

Y verá toda carne la salvación de Dios.

3:7

Y decía á las gentes que salían para ser bautizadas de Él: ¡Oh generación de víboras, quién os enseñó á huir de la ira que vendrá?

3:8

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham.

3:9

Y ya también el hacha está puesta á la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.

3:10

Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos?

 cm dom. 3,10-18 -

3:11

Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.

3:12

Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?

3:13

Y Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.

3:14

Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis extorsión á nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas.

3:15

Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si Él fuese el Cristo,

 cm dom. 3,15-16.21-22 -

3:16

Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego;

3:17

Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.

3:18

Y amonestando, otras muchas cosas también anunciaba al pueblo.

3:19

Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Él á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes,

3:20

Añadió también esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel.

3:21

Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fué bautizado; y orando, el cielo se abrió,

3:22

Y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.

3:23

Y el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta años, hijo de José, como se creía; que fué hijo de Elí,

3:24

Que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué Melchî, que fué de Janna, que fué de José,

3:25

Que fué de Mattathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Esli,

3:26

Que fué de Naggai, que fué de Maat, que fué de Matthathías, que fué de Semei, que fué de José, que fué de Judá,

3:27

Que fué de Joanna, que fué de Rhesa, que fué de Zorobabel, que fué de Salathiel,

3:28

Que fué de Neri, que fué de Melchî, que fué de Abdi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam, que fué de Er,

3:29

Que fué de Josué, que fué de Eliezer, que fué de Joreim, que fué de Mathat,

3:30

Que fué de Leví, que fué de Simeón, que fué de Judá, que fué de José, que fué de Jonán, que fué de Eliachîm,

3:31

Que fué de Melea, que fué de Mainán, que fué de Mattatha, que fué de Nathán,

3:32

Que fué de David, que fué de Jessé, que fué de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naassón,

3:33

Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de Esrom, que fué de Phares,

3:34

Que fué de Judá, que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Thara, que fué de Nachôr,

3:35

Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Phalec, que fué de Heber,

3:36

Que fué de Sala, que fué de Cainán, Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Lamech,

3:37

Que fué de Mathusala, que fué de Enoch, que fué de Jared, que fué de Maleleel,

3:38

Que fué de Cainán, que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.

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Capítulo 4

4:1

Y JESÚS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado por el Espíritu al desierto

 cm dom. 4,1-13 -

4:2

Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre.

4:3

Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra que se haga pan.

4:4

Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.

4:5

Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra.

4:6

Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy:

4:7

Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.

4:8

Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y á Él solo servirás.

4:9

Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo:

4:10

Porque escrito está: Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden;

4:11

Y En las manos te llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra.

4:12

Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.

4:13

Y acabada toda tentación, el diablo se fué de Él por un tiempo.

4:14

Y Jesús volvió en virtud del Espíritu á Galilea, y salió la fama de Él por toda la tierra de alrededor,

 cm dom. 4,14-21 -

4:15

Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.

4:16

Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme á su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.

4:17

Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

4:18

El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: Me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; Para pregonar á los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en libertad á los quebrantados:

4:19

Para predicar el año agradable del Señor.

4:20

Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él.

4:21

Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.

 cm dom. 4, 21-30 -

4:22

Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?

4:23

Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate á ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.

4:24

Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.

4:25

Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra;

4:26

Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda.

4:27

Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Siro.

4:28

Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas;

4:29

Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.

4:30

Mas Él, pasando por medio de ellos, se fué.

4:31

Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseñaba en los sábados.

4:32

Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.

4:33

Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,

4:34

Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos contigo Jesús Nazareno? ¿has venido á destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.

4:35

Y Jesús le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de Él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de Él, y no le hizo daño alguno.

4:36

Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen?

4:37

Y la fama de Él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.

4:38

Y levantándose Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón: y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.

4:39

E inclinándose hacia ella, riñó á la fiebre; y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les servía.

4:40

Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían á Él; y Él poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.

4:41

Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas riñéndolos no les dejaba hablar; porque sabían que Él era el Cristo.

4:42

Y siendo ya de día salió, y se fué á un lugar desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta Él; y le detenían para que no se apartase de ellos.

4:43

Mas Él les dijo: Que también á otras ciudades es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado.

4:44

Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

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Capítulo 5

5:1

Y ACONTECIÓ, que estando Él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre Él para oir la palabra de Dios.

   cm 5,1-11cm dom. 5,1-11 -

5:2

Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.

5:3

Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes.

5:4

Y como cesó de hablar, dijo á Simón: Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar.

5:5

Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.

5:6

Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía.

5:7

E hicieron señas á los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban.

5:8

Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

5:9

Porque temor le había rodeado, y á todos los que estaban con Él, de la presa de los peces que habían tomado;

5:10

Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo á Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres.

5:11

Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron.

5:12

Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.

5:13

Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de Él.

5:14

Y Él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas ve, díjole, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio á ellos.

5:15

Empero tanto más se extendía su fama: y se juntaban muchas gentes á oir y ser sanadas de sus enfermedades.

5:16

Mas Él se apartaba á los desiertos, y oraba.

5:17

Y aconteció un día, que Él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.

5:18

Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de Él.

5:19

Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús;

5:20

El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.

5:21

Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?

5:22

Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones?

5:23

¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, ó decir: Levántate y anda?

5:24

Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete á tu casa.

5:25

Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios.

5:26

Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos del temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy.

5:27

Y después de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme.

5:28

Y dejadas todas las cosas, levantándose, le siguió.

5:29

E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.

5:30

Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?

5:31

Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos.

5:32

No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.

5:33

Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discípulos comen y beben?

5:34

Y Él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?

5:35

Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días.

5:36

Y les decía también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.

5:37

Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.

5:38

Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva.

5:39

Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

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Capítulo 6

6:1

Y ACONTECIÓ que pasando Él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos.

6:2

Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados?

6:3

Y respondiendo Jesús les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, Él, y los que con Él estaban;

6:4

Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dió también á los que estaban con Él, los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes?

6:5

Y les decía. El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

6:6

Y aconteció también en otro sábado, que Él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.

6:7

Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen.

6:8

Mas Él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y Él levantándose, se puso en pie.

6:9

Entonces Jesús les dice: Os preguntaré un cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla?

6:10

Y mirándolos á todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y Él lo hizo así, y su mano fué restaurada.

6:11

Y ellos se llenaron de rabia; y hablaban los unos á los otros qué harían á Jesús.

6:12

Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios.

6:13

Y como fué de día, llamó á sus discípulos, y escogió doce de ellos, á los cuales también llamó apóstoles:

6:14

A Simón, al cual también llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,

6:15

Mateo y Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el que se llama Celador,

6:16

Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que también fué el traidor.

6:17

Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;

 cm dom. 6,17.20-26 -

6:18

Y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos: y estaban curados.

6:19

Y toda la gente procuraba tocarle; porque salía de Él virtud, y sanaba á todos.

6:20

Y alzando Él los ojos á sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.

6:21

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

6:22

Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre.

6:23

Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres á los profetas.

6:24

Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo.

6:25

¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.

6:26

¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres á los falsos profetas.

6:27

Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen;

 cm dom. 6,27-38 - 

6:28

Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.

6:29

Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.

6:30

Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir.

6:31

Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros:

6:32

Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman.

6:33

Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.

6:34

Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto.

6:35

Amad, pues, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque Él es benigno para con los ingratos y malos.

6:36

Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

6:37

No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.

6:38

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir.

6:39

Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?
cmLucas 6, 39-45

6:40

El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto.

6:41

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?

6:42

¿O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga, que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.

6:43

Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto.

6:44

Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas.

6:45

El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca.

6:46

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?

6:47

Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré á quién es semejante:

6:48

Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña.

6:49

Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa.

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Capítulo 7

7:1

Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum.

7:2

Y el siervo de un centurión, al cual tenía Él en estima, estaba enfermo y á punto de morir.

7:3

Y como oyó hablar de Jesús, envió á Él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo.

7:4

Y viniendo ellos á Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto;

7:5

Que ama nuestra nación, y Él nos edificó una sinagoga.

7:6

Y Jesús fué con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á Él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado;

7:7

Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano.

7:8

Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.

7:9

Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de Él, y vuelto, dijo á las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

7:10

Y vueltos á casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

7:11

Y aconteció después, que Él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con Él muchos de sus discípulos, y gran compañía.

 cm dom. 7,11-17 -

7:12

Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad.

7:13

Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores.

7:14

Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á ti digo, levántate.

7:15

Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó á hablar. Y dióle á su madre.

7:16

Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo.

7:17

Y salió esta fama de Él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.

7:18

Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llamó Juan á dos de sus discípulos,

7:19

Y envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?

7:20

Y como los hombres vinieron á Él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?

7:21

Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.

7:22

Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el evangelio:

7:23

Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.

7:24

Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es agitada por el viento?

7:25

Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de vestidos delicados? He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están.

7:26

Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y aun más que profeta.

7:27

Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual aparejará tu camino delante de ti.

7:28

Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que Él.

7:29

Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.

7:30

Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de Él.

7:31

Y dice el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y á qué son semejantes?

7:32

Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.

7:33

Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.

7:34

Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.

7:35

Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.

7:36

Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con Él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.

 cm dom 7,36-8,3 -

7:37

Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento,

7:38

Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.

7:39

Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.

7:40

Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y Él dice: Di, Maestro.

7:41

Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;

7:42

Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más?

7:43

Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y Él le dijo: Rectamente has juzgado.

7:44

Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.

7:45

No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.

7:46

No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.

7:47

Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.

7:48

Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados.

7:49

Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?

7:50

Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

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Capítulo 8

8:1

Y ACONTECIÓ después, que Él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con Él,

8:2

Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios,

8:3

Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.

8:4

Y como se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á Él, dijo por una parábola:

8:5

Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron.

8:6

Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.

8:7

Y otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.

8:8

Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oir, oiga.

8:9

Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era está parábola.

8:10

Y Él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.

8:11

Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.

8:12

Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven.

8:13

Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.

8:14

Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.

8:15

Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia.

8:16

Ninguno que enciende la antorcha la cubre con vasija, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz.

8:17

Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir á luz.

8:18

Mirad pues cómo oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.

8:19

Y vinieron á Él su madre y hermanos; y no podían llegar á el por causa de la multitud.

8:20

Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte.

8:21

El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan.

8:22

Y aconteció un día que Él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron.

8:23

Pero mientras ellos navegaban, Él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchían de agua, y peligraban.

8:24

Y llegándose á Él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado Él increpó al viento y á la tempestad del agua; y cesaron, y fué hecha bonanza.

8:25

Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es éste, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?

8:26

Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea.

8:27

Y saliendo Él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.

8:28

El cual, como vió á Jesús, exclamó y se postró delante de Él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes.

8:29

(Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)

8:30

Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y Él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en Él.

8:31

Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.

8:32

Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.

8:33

Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse.

8:34

Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades.

8:35

Y salieron á ver lo que había acontecido; y vinieron á Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los pies de Jesús; y tuvieron miedo.

8:36

Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado.

8:37

Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y Él, subiendo en el barco, volvióse.

8:38

Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con Él; mas Jesús le despidió, diciendo:

8:39

Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y Él se fué, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con Él.

8:40

Y aconteció que volviendo Jesús, recibióle la gente; porque todos le esperaban.

8:41

Y he aquí un varón, llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;

8:42

Porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía.

8:43

Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada,

8:44

Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre.

8:45

Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con Él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?

8:46

Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.

8:47

Entonces, como la mujer vió que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de Él declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana.

8:48

Y Él dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz.

8:49

Estando aún Él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al Maestro.

8:50

Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.

8:51

Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie consigo, sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.

8:52

Y lloraban todos, y la plañían. Y Él dijo: No lloréis; no es muerta, sino que duerme.

8:53

Y hacían burla de Él, sabiendo que estaba muerta.

8:54

Mas Él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.

8:55

Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego: y Él mando que le diesen de comer.

8:56

Y sus padres estaban atónitos; á los cuales Él mandó, que á nadie dijesen lo que había sido hecho.

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Capítulo 9

9:1

Y JUNTANDO á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.

9:2

Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos.

9:3

Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno.

9:4

Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.

9:5

Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.

9:6

Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.

9:7

Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;

9:8

Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.

9:9

Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.

9:10

Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.

9:11

Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y Él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenían necesidad de cura.

 cm dom. 9,11-17 -

9:12

Y el día había comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á las gentes, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.

9:13

Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.

9:14

Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta.

9:15

Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.

9:16

Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes.

9:17

Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.

9:18

Y aconteció que estando Él solo orando, estaban con Él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?

 cm dom 9,18-24 -

9:19

Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.

9:20

Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.

9:21

Mas Él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto;

9:22

Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.

9:23

Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.

9:24

Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.

9:25

Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y sé pierda Él á sí mismo, ó corra peligro de sí?

9:26

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.

9:27

Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.

9:28

Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.

 cm dom. 9,28-36 -

9:29

Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.

9:30

Y he aquí dos varones que hablaban con Él, los cuales eran Moisés y Elías;

9:31

Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.

9:32

Y Pedro y los que estaban con Él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con Él.

9:33

Y aconteció, que apartándose ellos de Él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.

9:34

Y estando Él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.

9:35

Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á Él oid.

9:36

Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto.

9:37

Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro.

9:38

Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo:

9:39

Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de Él quebrantándole.

9:40

Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.

9:41

Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.

9:42

Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.

9:43

Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos:

9:44

Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.

9:45

Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.

9:46

Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.

9:47

Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí,

9:48

Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mí nombre, á mí recibe; y cualquiera que me recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.

9:49

Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.

9:50

Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

9:51

Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, Él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.

 cm dom. 9,51-62 -

9:52

Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.

9:53

Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.

9:54

Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?

9:55

Entonces volviéndose Él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;

9:56

Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea.

9:57

Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres.

9:58

Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.

9:59

Y dijo á otro: Sígueme. Y Él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre.

9:60

Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios.

9:61

Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.

9:62

Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.

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Capítulo 10

10:1

Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde Él había de venir.

 cm dom. 10,1-12.17-20 -

10:2

Y les decía: La mies á la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros á su mies.

10:3

Andad, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.

10:4

No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludéis en el camino.

10:5

En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea á esta casa.

10:6

Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre Él; y si no, se volverá á vosotros.

10:7

Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.

10:8

Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;

10:9

Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado á vosotros el reino de Dios.

10:10

Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:

10:11

Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado á vosotros.

10:12

Y os digo que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad.

10:13

¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.

10:14

Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio.

10:15

Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.

10:16

El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.

10:17

Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.

10:18

Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo.

10:19

He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.

10:20

Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

10:21

En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó.

10:22

Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.

10:23

Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:

10:24

Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.

10:25

Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?

 cm dom. 10,25-37 -

10:26

Y Él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿cómo lees?

10:27

Y Él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo.

10:28

Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.

10:29

Mas Él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

10:30

Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.

10:31

Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado.

10:32

Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.

10:33

Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de Él, y viéndole, fué movido á misericordia;

10:34

Y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de Él.

10:35

Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.

10:36

¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones?

10:37

Y Él dijo: El que usó con Él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

10:38

Y aconteció que yendo, entró Él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa.

 cm dom. 10,38-42 -

10:39

Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose á los pies de Jesús, oía su palabra.

10:40

Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.

10:41

Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:

10:42

Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.

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Capítulo 11

11:1

Y ACONTECIÓ que estando Él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.

 cm dom. 11,1-13 -

11:2

Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

11:3

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

11:4

Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo.

11:5

Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á Él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,

11:6

Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante;

11:7

Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte?

11:8

Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.

11:9

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.

11:10

Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.

11:11

¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?, ó, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?

11:12

O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?

11:13

Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de Él?

11:14

Y estaba Él lanzando un demonio, el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló y las gentes se maravillaron.

11:15

Mas algunos de ellos decían: En Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.

11:16

Y otros, tentando, pedían de Él señal del cielo.

11:17

Mas Él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.

11:18

Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís que en Beelzebub echo yo fuera los demonios.

11:19

Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebub, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.

11:20

Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros.

11:21

Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee.

11:22

Mas si sobreviniendo otro más fuerte que Él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.

11:23

El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.

11:24

Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré á mi casa de donde salí.

11:25

Y viniendo, la halla barrida y adornada.

11:26

Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que Él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.

11:27

Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.

 cm fiesta 11,27-28 -

11:28

Y Él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.

11:29

Y juntándose las gentes á Él, comenzó á decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás.

11:30

Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre á esta generación.

11:31

La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar.

11:32

Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque á la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí más que Jonás en este lugar.

11:33

Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.

11:34

La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso.

11:35

Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas.

11:36

Así que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra.

11:37

Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariseo que comiese con Él: y entrado Jesús, se sentó á la mesa.

11:38

Y el Fariseo, como lo vió, maravillóse de que no se lavó antes de comer.

11:39

Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad.

11:40

Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?

11:41

Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio.

11:42

Mas ¡ay de vosotros, Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasáis de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras.

11:43

¡Ay de vosotros, Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.

11:44

¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.

11:45

Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas á nosotros.

11:46

Y Él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas.

11:47

¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.

11:48

De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.

11:49

Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles; y de ellos á unos matarán y á otros perseguirán;

11:50

Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo;

11:51

Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación.

11:52

¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.

11:53

Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron á apretar le en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas;

11:54

Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.

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Capítulo 12

12:1

EN esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresía.

12:2

Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.

12:3

Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados.

12:4

Mas os digo, amigos míos: No temáis de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer.

12:5

Mas os enseñaré á quién temáis: temed á aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: así os digo: á éste temed.

12:6

¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.

12:7

Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.

12:8

Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;

12:9

Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.

12:10

Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.

12:11

Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo ó qué hayáis de responder, ó qué hayáis de decir;

12:12

Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir.

12:13

Y díjole uno de la compañía: Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia.

 cm dom. 12,13-21 -

12:14

Mas Él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor sobre vosotros?

12:15

Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

12:16

Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho;

12:17

Y Él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos?

12:18

Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;

12:19

Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate.

12:20

Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será?

12:21

Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.

12:22

Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis.

12:23

La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido.

12:24

Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves?

12:25

¿Y quién de vosotros podrá con afán añadir á su estatura un codo?

12:26

Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás?

12:27

Considerad los lirios, cómo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

12:28

Y si así viste Dios á la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe?

12:29

Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, ó qué hayáis de beber: ni estéis en ansiosa perplejidad.

12:30

Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.

12:31

Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

12:32

No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino.

 cm dom. 12,32-48 -

12:33

Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe.

12:34

Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.

12:35

Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas;

12:36

Y vosotros semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran.

12:37

Bienaventurados aquellos siervos, á los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá.

12:38

Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.

12:39

Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.

12:40

Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.

12:41

Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó también á todos?

12:42

Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que á tiempo les dé su ración?

12:43

Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así.

12:44

En verdad os digo, que Él le pondrá sobre todos sus bienes.

12:45

Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir: y comenzare á herir á los siervos y á las criadas, y á comer y á beber y á embriagarse;

12:46

Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y á la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles.

12:47

Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.

12:48

Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de Él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido.

12:49

Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?

 cm dom. 12,49-53 -

12:50

Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!

12:51

¿Pensáis que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo; mas disensión.

12:52

Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres.

12:53

El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

12:54

Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así.

12:55

Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay.

12:56

¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?

12:57

¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo?

12:58

Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de Él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.

12:59

Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí.

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Capítulo 13

13:1

Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.

 cm dom.  13,1-9  -

13:2

Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos?

13:3

No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.

13:4

O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?

13:5

No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.

13:6

Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló.

13:7

Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?

13:8

El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.

13:9

Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.

13:10

Y enseñaba en una sinagoga en sábado.

13:11

Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar.

13:12

Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad.

13:13

Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.

13:14

Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en días de sábado.

13:15

Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey ó su asno del pesebre, y lo lleva á beber?

13:16

Y á esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado?

13:17

Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por Él hechas.

13:18

Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?

13:19

Semejante es al grano de la mostaza, que tomándolo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.

13:20

Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?

13:21

Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.

13:22

Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando á Jerusalem.

 cm dom. 13,22-30 -

13:23

Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y Él les dijo:
cm 13,23ss  -

13:24

Porfiad á entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

13:25

Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y llamar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis.

13:26

Entonces comenzaréis á decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste;

13:27

Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad.

13:28

Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos.

13:29

Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.

13:30

Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros

13:31

Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.

13:32

Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.

13:33

Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.

13:34

¡Jerusalem, Jerusalem! que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste!

13:35

He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

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Capítulo 14

14:1

Y ACONTECIÓ que entrando en casa de un príncipe de los Fariseos un sábado á comer pan, ellos le acechaban.

 cm dom. 14,1.7-14 -  

14:2

Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de Él.

14:3

Y respondiendo Jesús, habló á los doctores de la ley y á los Fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?

14:4

Y ellos callaron. Entonces Él tomándole, le sanó, y despidióle.

14:5

Y respondiendo á ellos dijo: ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en algún pozo, y no lo sacará luego en día de sábado?

14:6

Y no le podían replicar á estas cosas.

14:7

Y observando cómo escogían los primeros asientos á la mesa, propuso una parábola á los convidados, diciéndoles:

 cm dom. 14,7-14 -

14:8

Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más honrado que tú esté por Él convidado,

14:9

Y viniendo el que te llamó á ti y á Él, te diga: Da lugar á éste: y entonces comiences con vergüenza á tener el lugar último.

14:10

Mas cuando fueres convidado, ve, y siéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa.

14:11

Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.

14:12

Y dijo también al que le había convidado: Cuando haces comida ó cena, no llames á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á vecinos ricos; porque también ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha compensación.

14:13

Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos;

14:14

Y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir; mas te será recompensado en la resurrección de los justos.

14:15

Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.
com Dios no fracasa Lc 14, 15-24 -

14:16

El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convido á muchos.

 

14:17

Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid, que ya está todo aparejado.

14:18

Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito salir y verla; te ruego que me des por excusado.

14:19

Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos; ruégote que me des por excusado.

14:20

Y el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.

14:21

Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entonces enojado el padre de la familia, dijo á su siervo: Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.

14:22

Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar.

14:23

Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos á entrar, para que se llene mi casa.

14:24

Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados, gustará mi cena.

14:25

Y muchas gentes iban con Él; y volviéndose les dijo:

 cm dom. 14,25-33 -

14:26

Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo.

14:27

Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

14:28

Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla?

14:29

Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de Él,

14:30

Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.

14:31

¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra Él con veinte mil?

14:32

De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada.

14:33

Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.

14:34

Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará?

14:35

Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien tiene oídos para oir, oiga.

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Capítulo 15

15:1

Y SE llegaban á Él todos los publicanos y pecadores á oirle.

 cm dom. 15,1-32 -

15:2

Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.

15:3

Y Él les propuso esta parábola, diciendo:

15:4

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?

15:5

Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;

15:6

Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.

15:7

Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.

15:8

¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?

15:9

Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.

15:10

Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

15:11

Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;

 cm dom. 15,11-32 -

15:12

Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.

15:13

Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.

15:14

Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.

15:15

Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.

15:16

Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.

15:17

Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

15:18

Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;

15:19

Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.

15:20

Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.

15:21

Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

15:22

Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.

15:23

Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:

15:24

Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.

15:25

Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;

15:26

Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.

15:27

Y Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.

15:28

Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.

15:29

Mas Él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:

15:30

Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para Él el becerro grueso.

15:31

El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

15:32

Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.

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Capítulo 16

16:1

Y DIJO también á sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fué acusado delante de Él como disipador de sus bienes.

 cm dom. 16,1-13 -

16:2

Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.

16:3

Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza.

16:4

Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.

16:5

Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor?

16:6

Y Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta.

16:7

Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y Él dijo: Cien coros de trigo. Y Él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta.

16:8

Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz.

16:9

Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas.

16:10

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.

16:11

Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles. ¿quién os confiará lo verdadero?

16:12

Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?

16:13

Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas.

16:14

Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de Él.

16:15

Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.

16:16

La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza á entrar en Él.

16:17

Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley.

16:18

Cualquiera que repudia á su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.

16:19

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.

 cm dom. 16,19-31 -

16:20

Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de Él, lleno de llagas,

16:21

Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

16:22

Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fué sepultado.

16:23

Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno.

16:24

Entonces Él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.

16:25

Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.

16:26

Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.

16:27

Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre;

16:28

Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también á este lugar de tormento.

16:29

Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos.

16:30

El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se arrepentirán.

16:31

Mas Abraham le dijo: Si no oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.

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Capítulo 17

17:1

Y Á SUS discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquél por quien vienen!

17:2

Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos.

17:3

Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.

17:4

Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.

17:5

Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.

 cm dom. 17,5-10 -

17:6

Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis á este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá.

17:7

¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa?

17:8

¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe?

17:9

¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.

17:10

Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.

17:11

Y aconteció que yendo Él á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea.

 cm dom. 17,11-19 -

17:12

Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos,

17:13

Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.

17:14

Y como Él los vió, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.

17:15

Entonces uno de ellos, como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz;

17:16

Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias: y éste era Samaritano.

17:17

Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?

17:18

¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios sino este extranjero?

17:19

Y díjole: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

17:20

Y preguntado por los Fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia;

17:21

Ni dirán: Helo aquí, ó helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está.

17:22

Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.

17:23

Y os dirán: Helo aquí, ó helo allí. No vayáis, ni sigáis.

17:24

Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día.

17:25

Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación.

17:26

Y como fué en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre.

17:27

Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos.

17:28

Asimismo también como fué en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;

17:29

Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos:

17:30

Como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará.

17:31

En aquel día, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda á tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.

17:32

Acordaos de la mujer de Lot.

17:33

Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará.

17:34

Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado.

17:35

Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra dejada.

17:36

Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.

17:37

Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.

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Capítulo 18

18:1

Y PROPÚSOLES también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar,

 cm dom. 18,1-8 -

18:2

Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre.

18:3

Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía á Él diciendo: Hazme justicia de mi adversario.

18:4

Pero Él no quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre,

18:5

Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela.

18:6

Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto.

18:7

¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á Él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos?

18:8

Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?

18:9

Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola:

 cm dom. 18,9-14 -

18:10

Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano.

18:11

El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;

18:12

Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.

18:13

Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí pecador.

18:14

Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.

18:15

Y traían á Él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos les reñían.

18:16

Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios.

18:17

De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en Él.

18:18

Y preguntóle un príncipe, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?

18:19

Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno sino sólo Dios.

18:20

Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre y á tu madre.

18:21

Y Él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.

18:22

Y Jesús, oído esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

18:23

Entonces Él, oídas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.

18:24

Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

18:25

Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.

18:26

Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?

18:27

Y Él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios.

18:28

Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido.

18:29

Y Él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,

18:30

Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

18:31

Y Jesús, tomando á los doce, les dijo: He aquí subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre.

18:32

Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y escupido.

18:33

Y después que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer día resucitará.

18:34

Pero ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía.

18:35

Y aconteció que acercándose Él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;

18:36

El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello.

18:37

Y dijéronle que pasaba Jesús Nazareno.

18:38

Entonces dió voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.

18:39

Y los que iban delante, le reñían que callase; mas Él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.

18:40

Jesús entonces parándose, mandó traerle á sí: y como Él llegó, le preguntó,

18:41

Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y Él dijo: Señor, que vea.

18:42

Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo.

18:43

Y luego vió, y le seguía, glorificando á Dios: y todo el pueblo como lo vió, dió á Dios alabanza.

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Capítulo 19

19:1

Y HABIENDO entrado Jesús, iba pasando por Jericó;

 cm dom. 19,1-10 -

19:2

Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;

19:3

Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.

19:4

Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.

19:5

Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.

19:6

Entonces Él descendió apriesa, y le recibió gozoso.

19:7

Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador.

19:8

Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.

19:9

Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto Él también es hijo de Abraham.

19:10

Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.

19:11

Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.

19:12

Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver.

19:13

Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo.

19:14

Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de Él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.

19:15

Y aconteció, que vuelto Él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

19:16

Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.

19:17

Y Él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.

19:18

Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.

19:19

Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.

19:20

Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:

19:21

Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.

19:22

Entonces Él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;

19:23

¿Por qué, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?

19:24

Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.

19:25

Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.

19:26

Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

19:27

Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.

19:28

Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem.

19:29

Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,

19:30

Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.

19:31

Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.

19:32

Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.

19:33

Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?

19:34

Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.

19:35

Y trajéronlo á Jesús; y habiendo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima.

19:36

Y yendo Él tendían sus capas por el camino.

19:37

Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,

19:38

Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo!

19:39

Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos.

19:40

Y Él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.

19:41

Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella,

19:42

Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.

19:43

Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho,

19:44

Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

19:45

Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en Él.

19:46

Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

19:47

Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.

19:48

Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.

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Capítulo 20

20:1

Y ACONTECIÓ un día, que enseñando Él al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegáronse los príncipes de los sacerdotes y los escribas, con los ancianos;

20:2

Y le hablaron, diciendo: Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿ó quién es el que te ha dado esta potestad?

20:3

Respondiendo entonces Jesús, les dijo: Os preguntaré yo también una palabra; respondedme:

20:4

El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres?

20:5

Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?

20:6

Y si dijéremos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará: porque están ciertos que Juan era profeta.

20:7

Y respondieron que no sabían de dónde.

20:8

Entonces Jesús les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas.

20:9

Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y arrendóla á labradores, y se ausentó por mucho tiempo.

20:10

Y al tiempo, envió un siervo á los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores le hirieron, y enviaron vacío.

20:11

Y volvió á enviar otro siervo; mas ellos á éste también, herido y afrentado, le enviaron vacío.

20:12

Y volvió á enviar al tercer siervo; mas ellos también á éste echaron herido.

20:13

Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré mi hijo amado: quizás cuando á éste vieren, tendrán respeto.

20:14

Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra.

20:15

Y echáronle fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué pues, les hará el señor de la viña?

20:16

Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. Y como ellos lo oyeron, dijeron: ¡Dios nos libre!

20:17

Mas Él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que condenaron los edificadores, Esta fué por cabeza de esquina?

20:18

Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzará.

20:19

Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola: mas temieron al pueblo.

20:20

Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente.

20:21

Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; antes enseñas el camino de Dios con verdad.

20:22

¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no?

20:23

Mas Él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?

20:24

Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.

20:25

Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios.

20:26

Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.

20:27

Y llegándose unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,

 cm dom. 20,27-38 -

20:28

Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente á su hermano.

20:29

Fueron, pues, siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos.

20:30

Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.

20:31

Y la tomó el tercero: asimismo también todos siete: y murieron sin dejar prole.

20:32

Y á la postre de todos murió también la mujer.

20:33

En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer.

20:34

Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento:

20:35

Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento:

20:36

Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección.

20:37

Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.

20:38

Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven á Él.

20:39

Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.

20:40

Y no osaron más preguntarle algo.

20:41

Y Él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?

20:42

Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra,

20:43

Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.

20:44

Así que David le llama Señor: ¿cómo pues es su hijo?

20:45

Y oyéndole todo el pueblo, dijo á sus discípulos:

20:46

Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;

20:47

Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oración: éstos recibirán mayor condenación.

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Capítulo 21

21:1

Y MIRANDO, vió á los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio.

21:2

Y vió también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas.

21:3

Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos:

21:4

Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.

21:5

Y á unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo:

 cm dom. 21,5-19 -

21:6

Estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída.

21:7

Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas?

21:8

El entonces dijo: Mirad, no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y, el tiempo está cerca: por tanto, no vayáis en pos de ellos.

21:9

Empero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego será el fin.

21:10

Entonces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino;

21:11

Y habrá grandes terremotos, y en varios lugares hambres y pestilencias: y habrá espantos y grandes señales del cielo.

21:12

Mas antes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán, entregándoos á las sinagogas y á las cárceles, siendo llevados á los reyes y á los gobernadores por causa de mi nombre.

21:13

Y os será para testimonio.

21:14

Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder:

21:15

Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán.

21:16

Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán á algunos de vosotros.

21:17

Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.

21:18

Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá.

21:19

En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas.

21:20

Y cuando viereis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.

21:21

Entonces los que estuvieren en Judea, huyan á los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.

21:22

Porque estos son días de venganza: para que se cumplan todas las cosas que están escritas.

21:23

Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! porque habrá apuro grande sobre la tierra é ira en este pueblo.

21:24

Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos á todas las naciones: y Jerusalem será hollada de las gentes, hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos.

21:25

Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas:

 cm dom. 21,25-28.34-36 -

21:26

Secándose los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas.

21:27

Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande.

21:28

Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.

21:29

Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles:

21:30

Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca.

21:31

Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios.

21:32

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo sea hecho.

21:33

El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán.

21:34

Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

21:35

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

21:36

Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.

21:37

Y enseñaba de día en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas.

21:38

Y todo el pueblo venía á Él por la mañana, para oirle en el templo.

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Capítulo 22

22:1

Y ESTABA cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua.

22:2

Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarían; mas tenían miedo del pueblo.

22:3

Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;

22:4

Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría.

22:5

Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero.

22:6

Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin bulla.

22:7

Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua.

22:8

Y envió á Pedro y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos.

22:9

Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos?

22:10

Y Él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare,

22:11

Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos?

22:12

Entonces Él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí.

22:13

Fueron pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua.

22:14

Y como fué hora, sentóse á la mesa, y con Él los apóstoles.

 cm dom. 22,14-23,56 -

22:15

Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca;

22:16

Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios.

22:17

Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros;

22:18

Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.

22:19

Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí.

22:20

Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

22:21

Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa.

22:22

Y á la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ¡ay de aquél hombre por el cual es entregado!

22:23

Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto.

22:24

Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor.

22:25

Entonces Él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores:

22:26

Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve.

22:27

Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve.

22:28

Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones:

22:29

Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó á mí,

22:30

Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel.

22:31

Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo;

22:32

Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos.

22:33

Y Él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte.

22:34

Y Él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

22:35

Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.

22:36

Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada.

22:37

Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene.

22:38

Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y Él les dijo: Basta.

22:39

Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron.

22:40

Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.

22:41

Y Él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,

22:42

Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

22:43

Y le apareció un ángel del cielo confortándole.

22:44

Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

22:45

Y como se levantó de la oración, y vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza;

22:46

Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.

22:47

Estando Él aún hablando, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse á Jesús para besarlo.

22:48

Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?

22:49

Y viendo los que estaban con Él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo?

22:50

Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha.

22:51

Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.

22:52

Y Jesús dijo á los que habían venido á Él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos?

22:53

Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

22:54

Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos.

22:55

Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos.

22:56

Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, fijóse en Él, y dijo: Y éste con Él estaba.

22:57

Entonces Él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco.

22:58

Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy.

22:59

Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con Él, porque es Galileo.

22:60

Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando Él aún hablando, el gallo cantó.

22:61

Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

22:62

Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.

22:63

Y los hombres que tenían á Jesús, se burlaban de Él hiriéndole;

22:64

Y cubriéndole, herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza quién es el que te hirió.

22:65

Y decían otras muchas cosas injuriándole.

22:66

Y cuando fué de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio,

22:67

Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;

22:68

Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis:

22:69

Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios.

22:70

Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y Él les dijo: Vosotros decís que yo soy.

22:71

Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.

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Capítulo 23

23:1

LEVANTÁNDOSE entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato.

23:2

Y comenzaron á acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo á César, diciendo que Él es el Cristo, el rey.

23:3

Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices.

23:4

Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre.

23:5

Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.

23:6

Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo.

23:7

Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió á Herodes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días.

23:8

Y Herodes, viendo á Jesús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de Él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal.

23:9

Y le preguntaba con muchas palabras; mas Él nada le respondió:

23:10

Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía.

23:11

Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle á enviar á Pilato.

23:12

Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí.

23:13

Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo,

23:14

Les dijo: Me habéis presentado á éste por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquéllas de que le acusáis.

 

23:15

Y ni aun Herodes; porque os remití á Él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho.

23:16

Le soltaré, pues, castigado.

23:17

Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.

23:18

Mas toda la multitud dió voces á una, diciendo: Quita á éste, y suéltanos á Barrabás:

23:19

(El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.)

23:20

Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesús.

23:21

Pero ellos volvieron á dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale.

23:22

Y Él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ninguna culpa de muerte he hallado en Él: le castigaré, pues, y le soltaré.

23:23

Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían.

23:24

Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían;

23:25

Y les soltó á aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó á Jesús á la voluntad de ellos.

23:26

Y llevándole, tomaron á un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.

23:27

Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban.

23:28

Mas Jesús, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos.

23:29

Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron.

23:30

Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos.

23:31

Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?

23:32

Y llevaban también con Él otros dos, malhechores, á ser muertos.

23:33

Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda.

23:34

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.

23:35

Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de Él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios.

 cm dom. 23,35-43 -

23:36

Escarnecían de Él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre,

23:37

Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo.

23:38

Y había también sobre Él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.

23:39

Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros.

23:40

Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación?

23:41

Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo.

23:42

Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino.

23:43

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.

23:44

Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

23:45

Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio.

23:46

Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.

23:47

Y como el centurión vió lo que había acontecido, dió gloria á Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

23:48

Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos.

23:49

Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.

23:50

Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo,

23:51

(El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios;

23:52

Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

23:53

Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto.

23:54

Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado.

23:55

Y las mujeres que con Él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo.

23:56

Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.

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Capítulo 24

24:1

Y EL primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáticas que habían aparejado, y algunas otras mujeres con ellas.

 cm dom. 24,1-12 -

24:2

Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro.

24:3

Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

24:4

Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, he aquí se pararon junto á ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;

24:5

Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

24:6

No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea,

24:7

Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.

24:8

Entonces ellas se acordaron de sus palabras,

24:9

Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas á los once, y á todos los demás.

24:10

Y eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, las que dijeron estas cosas á los apóstoles.

24:11

Mas á ellos les parecían como locura las palabras de ellas, y no las creyeron.

24:12

Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro: y como miró dentro, vió solos los lienzos echados; y se fué maravillándose de lo que había sucedido.

24:13

Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día á una aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmaús.

 cm dom. 24,13-35 cm Catequesis JPII -

24:14

E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acaecido.

24:15

Y aconteció que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesús se llegó, é iba con ellos juntamente.

24:16

Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen.

24:17

Y díjoles: ¿Qué pláticas son estas que tratáis entre vosotros andando, y estáis tristes?

24:18

Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Tú sólo peregrino eres en Jerusalem, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos días?

24:19

Entonces Él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús Nazareno, el cual fué varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;

24:20

Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros príncipes á condenación de muerte, y le crucificaron.

24:21

Mas nosotros esperábamos que Él era el que había de redimir á Israel: y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer día que esto ha acontecido.

24:22

Aunque también unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del día fueron al sepulcro:

24:23

Y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que Él vive.

24:24

Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho; más á Él no le vieron.

24:25

Entonces Él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!

24:26

¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?

24:27

Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de Él decían.

24:28

Y llegaron á la aldea á donde iban: y Él hizo como que iba más lejos.

24:29

Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró pues á estarse con ellos.

24:30

Y aconteció, que estando sentado con ellos á la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió, y dióles.

24:31

Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas Él se desapareció de los ojos de ellos.

24:32

Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?

24:33

Y levantándose en la misma hora, tornáronse á Jerusalem, y hallaron á los once reunidos, y á los que estaban con ellos.

24:34

Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á Simón.

24:35

Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo había sido conocido de ellos al partir el pan.

 cm dom. 24,25-48 -

24:36

Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, Él se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz á vosotros.

24:37

Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu.

24:38

Mas Él les dice: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones?

24:39

Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

24:40

Y en diciendo esto, les mostró las manos y los pies.

24:41

Y no creyéndolo aún ellos de gozo, y maravillados, díjoles: ¿Tenéis aquí algo de comer?

24:42

Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.

24:43

Y Él tomó, y comió delante de ellos.

24:44

Y Él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.

24:45

Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras;

24:46

Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;

 cm dom. 24,46-53 -

24:47

Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem.

24:48

Y vosotros sois testigos de estas cosas.

24:49

Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto.

24:50

Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo.

24:51

Y aconteció que bendiciéndolos, se fué de ellos; y era llevado arriba al cielo.

24:52

Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron á Jerusalem con gran gozo;

24:53

Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo á Dios. Amén.

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adaptación de la Biblia cortesía de http://www.awmach.org/


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